miércoles, 14 de marzo de 2012
Contestación del INSS después de casi 2 años de concentraciones los días 12 de cada mes
Hemos esperado esta contestación casi dos años y justo la recibo por la tarde, el mismo día de la concentración del 12 de Marzo en Madrid, la respuesta como podéis leer y ver, me ha dejado sin palabras durante unos minutos, pasado el trago de releer otra vez el tema he optado por colgarlo y que vosotros mismos opinéis al respecto.
Contestación del INSS después de casi 2 años de concentraciones los días 12 de cada mes
Publicado por
Dori Fernández
en
3/14/2012 10:11:00 p. m.
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Derechos enfermos,
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INSS,
Sanidad publica,
Sensibilidad Química Múltiple,
Síndrome de Fatiga Crónica/Encefalomielitis Miálgica
El último refugio de la 'niña burbuja'
10-03
|
En
un remoto poblado del desierto de Arizona viven aislados 60 enfermos
hipersensibles a los contaminantes
Cuando
las tormentas del desierto le permiten abrir la ventana, Jennyfer ve
a lo lejos montones de cactus, chumberas y yucas. Más allá, donde
la vista casi no alcanza, el Lago Seco, las Montañas Blancas, el
parque nacional del Bosque Petrificado y macizos rocosos imponentes
arañados por los vientos. Cerca de 300.000 km2 de tierra árida,
inviernos suaves, veranos de infierno y aire puro, muy puro. ¡Esto
es Arizona, baby!
De
vecinos, Jennyfer, nacida en Valladolid, España, tiene a una
exejecutiva de Silicon Valley, un broker de Chicago, un bombero de
Nueva York... Todos ellos viviendo en medio de la nada. Con lo
mínimo. Sesenta personas que eligieron el autodestierro para poder
sobrevivir. Le llaman comunidad terapéutica de Snowflake, un
lazareto al revés. Ellos no contagian a nadie.
Al
contrario. Es la vida moderna, con sus pesticidas, su aire sucio, sus
pegamentos, sus perfumes y un sinfín más de químicos industriales,
la que los ha envenenado hasta la enfermedad y los obliga al
aislamiento.
Azucena
García levanta el teléfono a la sexta llamada.
-¿Hola,
quién es...?- pregunta una voz apagada al otro lado del Atlántico.
Ni
se imagina que el Mundo la ha localizado en pleno desierto, a más de
9.000 kilómetros de Madrid.
Cambia el tono, se alegra, bendice el
detalle.
-Vengo
de lavar la ropa en casa de una vecina -dice ya más animada-. No
podemos tener ni lavadora. Jenny, ahora, tampoco puede estar cerca de
aparatos eléctricos. No lo resiste. Le dan vértigos y mareos, se
fatiga mucho...
Jennyfer
Sausa, la hija de Azucena, es un caso extremo. Tiene grado 4, el
nivel más agudo de sensibilidad química múltiple (SQM). La sufre
desde los 17 años (ya cumple 27). Escondida. Huyendo de un lado para
otro con su madre para al menos poder respirar. Primero por media
España viajando las dos en un viejo Fiat mientras buscaban un lugar
sano. Ahora por el interior salvaje de EE.UU., allí donde los
western de verdad.
-Lo
que peor se lleva es no tener más a mano las cosas...
-¿A
qué se refiere?
-A
la comida, por ejemplo. Aquí todos están muy enfermos. Igual que
Jenny, no pueden comer lo que los demás comemos ni siquiera beber el
agua embotellada. Su organismo está tan sensible que cualquiera de
estas personas podría morir, explica.
Va
para nueve meses que "la niña burbuja" olvidada y su madre
emprendieron, con ayuda de El Mundo y la Fundación Adecco, el vuelo
a Dallas, Texas, EE.UU. Su destino de curación era el Environmental
Health, referencia mundial en el tratamiento de la sensibilidad
química múltiple. Habían recorrido cerca de 10.000 kilómetros. Y
de ahí a Arizona.
-Tuvimos
que salir corriendo de la ciudad en un todoterreno que nos prestaron,
cuenta Azucena.
Otra
huida. Otro destino. No se le ocurrió otra cosa al dueño del
apartamento que habían alquilado que ponerse a pintar en otra
vivienda suya cercana. Y Jenny, claro, no lo soportó.
"Yo
sabía, por Internet, que existía un poblado de estos enfermos en
Arizona, se lo comenté por teléfono al doctor William Rea, quien
trataba a mi hija, y para allá nos fuimos sin mirar atrás".
Cargaron las medicinas básicas y la comida en el Toyota pick up y
pusieron rumbo al desierto de Arizona. Dos días conduciendo por
carreteras y caminos de arena. "Como lo hacían las viejas
caravanas de colonos". Al llegar: "la primera sensación
que tuvimos era de que el tiempo se había detenido", recuerda
Azucena, 45 años.
Snowflake
(Copo de nieve, lo bautizaron los primeros colonos, allá por 1878,
por las nevadas que de vez en cuando caen en invierno) alberga a sus
afueras la única comunidad en el mundo de afectados por SQM.
Unos
60 vecinos, entre mujeres y hombres. Todos se ayudan. Como Bill, un
bombero de Nueva York, quien se trasladó allí en 1990 tras
descubrirse que su esposa había desarrollado sensibilidad química.
Ahora Bill ayuda a algún vecino a construir su casa sin tóxicos.
Jenny
es la más joven y la última en llegar a esta tierra "de
curación".
-Mamá,
aquí sí respiro- fue lo primero que le dijo a su madre cuando, tras
recorrer más de 1.400 km desde Dallas, por fin llegaron a las
puertas de Snowflake, antaño territorio único de apaches y navajos.
Su
casa, de planta baja, tiene las paredes forradas de metal, igual que
el tejado. Se la alquilaron a la familia de una enferma fallecida.
Los tabiques interiores están recubiertos con pinturas orgánicas y
los suelos son de cerámica. Nada en la casa que desprenda partículas
sintéticas de origen industrial. Ni olor. Es la ley en Snowflake.
Bruce
McCreary, 65 años, es uno de los voluntarios de ese lazareto. Llegó
a principios de los 90. Trabajaba como ingeniero en una fábrica de
aviones, en Mesa, una ciudad mediana de Arizona. El contacto con
productos químicos destruyó sus defensas. Hoy, más recuperado,
ayuda a otros vecinos a construir sus nuevas casas sin plásticos ni
colas ni barnices. "En ello nos va la vida a todos",
justifica.
Otros,
como Kathy Hemenway, una exejecutiva del Silicon Valley, California,
han optado por tunear su hogar. Las corrientes eléctricas, además
de los químicos industriales, le dan náuseas y siente un cansancio
extremo. Así que Kathy se ha blindado contra las ondas
electromagnéticas. La nevera, por ejemplo, se desconecta mediante un
detector de movimiento cada vez que se acerca a la cocina. Otro
vecino ha metido el televisor en una especie de embudo de metal, de
más de dos metros de largo, a través del cual ve las imágenes,
manteniéndose así alejado de la pantalla y de los componentes
electrónicos.
Sin
saber unos de los otros, quienes llegan a Snowflake cargan con
historias casi calcadas a la de Jennyfer.
Como
la del agente inmobiliario Gary Gumbel, de 54 años, un broker de
Chicago a quien los pesticidas esparcidos por las afueras de la
ciudad, donde vivía, arruinaron tanto su salud que tenía que estar
enchufado día y noche a una bomba de oxígeno. O Susan Molloy, 56
años y también enferma, a quien se le atribuye la fundación de
este poblado tan especial en 1994: "Tengo suerte, ahora estoy
más sana que algunas personas".
-¿Y
Jenny? ¿Se recupera?
-Al
no tener contaminantes cerca, va mejor. Vino con 41 kilos y ahora
pesa 52.
-Estando
a dos días de viaje de Dallas, apenas podrá ver el médico a su
hija. ¿Cómo se arreglan?
-A
distancia- dice Azucena-. Todas las semanas el doctor Rea me llama
por teléfono. Y si Jenny necesita atención, la llevo a un médico
que está a dos horas de aquí y conoce la historia.
Ninguna
de las "mujeres burbuja" de Snowflake -mayoría en el
lugar- podrá jamás regresar a su ciudad. Jenny, la primera. Como
ella, llevan en la sangre veneno de pesticidas, conservantes,
mercurio... No pueden usar champús, ni suavizantes, ni pasta de
dientes. Ni siquiera vestir ropa normal, pisar una moqueta o
simplemente pasear entre la gente corriente.
-Aquí
vive un chico, de unos 30 y tantos, que anda desnudo -cuenta Azucena-
porque su piel ya no soporta el contacto con la ropa. Lleva mucho
tiempo sin salir de casa. Tampoco hay para elegir. La ausencia
absoluta de distracción es lo que más echan en falta los vecinos de
Snowflake. Ni un café adaptado, ni un cine, ni una pista de deporte,
ni siquiera un lugar de reunión donde matar la horas charlando o
jugando a las cartas. Aquí cada enfermo vive intramuros. Con el
ancho desierto por horizonte.
Jenny
le pidió que nos hiciera llegar unas palabras; ella no puede
escribir, es alérgica a las ondas electromagnéticas del ordenador y
al papel.
-Diles,
mamá, que soy la prueba viva de un mundo irracional y peligroso. Que
somos las víctimas ocultadas de esa comida insana, de tantos
productos que enferman pero llenan las teles y las revistas de
anuncios. Y diles, que no esperemos a que las leyes prohíban lo que
nos está matando. Cambiemos cada uno nuestra forma de vida...
-¿Volverán
a España?
-De
momento, este es un viaje sin retorno.
Paco
Rego n Madrid
Defensa de la Sanidad Pública pide derogar la reforma laboral porque afectará a la salud de los trabajadores
Y
DE LA POBLACIÓN GENERAL
Defensa de la Sanidad Pública pide
derogar la reforma laboral porque afectará a la salud de los
trabajadores
MADRID, 12 Mar. (EUROPA PRESS) -
Federación
de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Publica (FADSP) ha
pedido este lunes la derogación de la reforma laboral aprobada por
el Gobierno la pasada semana al considerar que tiene, entre otros
muchos efectos negativos, uno muy significativo para la salud de los
trabajadores.
Concretamente,
se refiere al articulo que permite el despido por causas objetivas a
aquellos trabajadores que tengan ausencias entre el 20 al 25 por
ciento de la jornada laboral, incluyendo en las mismas a las bajas
por enfermedad común de duración inferior a los 20 días, sin tener
en cuenta la tasa de absentismo de la empresa.
Este
artículo provocará, a su juicio, una disminución del número de
bajas por enfermedad, sobre todo por procesos agudos, el problema,
continúa es que, como las enfermedades no disminuirán, "se
producirá con frecuencia el hecho de que personas que están
enfermas continuaran trabajando con los efectos que ello
conlleva", lo que significa una disminución de la
capacidad de trabajo, problemas en la baja del rendimiento y en la
calidad de la producción.
Por
otra parte, destaca que es probable que se produzca un aumento de la
accidentabilidad porque "trabajadores con sus capacidades
físicas disminuidas tienen una mayor propensión a padecer
accidentes laborales"; además aumentarán los trabajadores con
enfermedades infectocontagiosas lo que, añade, "será un riesgo
para la propagación de las mismas en el entorno laboral", y, en
los casos en que los trabajadores tienen atención directa a los
ciudadanos, "se convertirán en un foco de diseminación y
contagio de la enfermedad".
"Dejando
de lado lo que significa de perdida de derechos de los trabajadores,
esta reforma implica también un riesgo para la salud de los
trabajadores directamente y para el conjunto de la población de una
manera indirecta", concluye.
Publicado por
Dori Fernández
en
3/14/2012 12:00:00 a. m.
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