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viernes, 25 de enero de 2019

Un cóctel de plaguicidas en la comida de los europeos

El sistema de seguridad alimentaria de la UE no es tan seguro. Tres de cada 100 alimentos presentan residuos de pesticidas por encima de los valores máximos permitidos

KOLDO HERNÁNDEZ KISTIÑE GARCÍA
Viñedos de Sakonnet (EE.UU.).
NATIONAL INSTITUTE FOR OCCUPATIONAL SAFETY AND HEALTH (NIOSH)  
La UE quiere transmitir una imagen de control de la seguridad de sus alimentos respecto a la presencia de plaguicidas que no se sostiene con los datos de sus propios informes oficiales1.

Según la Autoridad de Seguridad Alimentaria, organismo encargado de controlar que los alimentos no contengan residuos de plaguicidas peligrosos para la población, los alimentos de venta en Europa están libres de residuos de pesticidas. También el comisario de Salud y Seguridad Alimentaria de la Unión Europea Vytenis Andriukaitis ofrece un mensaje tranquilizador alabando la cadena alimentaria de la Unión Europea, que según él, permite asegurar la mejora continua.

Sin embargo, los últimos informes2 oficiales sobre la presencia de pesticidas en muestras de alimentos desmienten la complaciente versión oficial.

Empecemos por el cumplimiento de la ley, que obliga a que los residuos de pesticidas que quedan en los alimentos estén por debajo de una cantidad o límite considerado seguro.

En 2014, el 97,1% de las muestras tomadas tenían residuos por debajo de ese límite de seguridad. En 2015, prácticamente se repitieron los datos de 2014. Sin embargo, los datos empeoran en 2016, en el que el 96,2% de las muestras tomadas satisfacían los requisitos de la ley.

EN 2016 EL 3,8% DE ALIMENTOS A LA VENTA EN EUROPA NO ERAN SEGUROS POR NO CUMPLIR LA LEY

Aunque los valores de cumplimiento superiores al 96% de los tres últimos años pueden entenderse como muy satisfactorios (y así lo hacen las autoridades europeas), la interpretación de los datos cambia con solo hacer la lectura inversa. Así, se obtiene que en 2016 el 3,8% de alimentos a la venta en Europa no eran seguros por no cumplir la ley. También contenían más tóxicos de los permitidos el 2,8% de los alimentos consumidos en 2015 y el 2,9% en 2014.

Es decir, aproximadamente tres de cada 100 alimentos que comemos los europeos presentan residuos de plaguicidas por encima de los valores máximos que la legislación concibe como adecuados para proteger nuestra salud y la de nuestros hijos e hijas.

Por sí solos, estos porcentajes desmienten que el sistema de vigilancia de seguridad alimentaria en materia de residuos de plaguicidas posibilite la mejora continua. Por un lado, los porcentajes de cumplimiento son similares año tras año. Por otro lado, el empeoramiento de los datos observado en 2016 con respecto al 2015 debería ser motivo más que suficiente para una acción correctiva de envergadura por parte de la Unión Europea. En conclusión, el sistema incumple su objetivo principal de velar por la salud y mejorar la seguridad alimentaria.

Los datos de España, si bien distintos e inclusive mejores a los de la media de la Unión Europea, no alteran el paradigma descrito de satisfacción administrativa por los datos de cumplimiento, que en 2014 fueron del 98,6%, del 98,9% en 2015 y del 98% en 2016.

EN ESPAÑA EN 2016 SE ANALIZARON 571 PLAGUICIDAS, 122 EN CADA MUESTRA, FRENTE A LOS 682 Y 266 RESPECTIVAMENTE DE ALEMANIA Y LOS 566 Y 303 DE FRANCIA

Otro aspecto que pone en entredicho el sistema de vigilancia europeo es el escaso número de muestras analizadas. Así, en el caso español, las muestras analizadas fueron de 2.295, 2.186 y 2.384 en los años 2016 a 2014, lo que nos sitúa a la cola de Europa en lo que se refiere al número de muestras por cada 100.000 habitantes: fuimos el furgón de escoba en el 2015 y los antepenúltimos de 2016.

La media española, en este último año fue de 4,9 muestras por cada 100.000 habitantes muy alejada de la media europea de 16,4 y mucho más de la de Alemania con un 24,2 o Italia con un 18,2, e incluso del 10,2 de Francia.

A la discrecionalidad del tamaño de la muestra analizada en España le acompaña el menor número de plaguicidas examinados por muestra y el número de fitosanitarios evaluados en total. En España en el año 2016 se analizaron 571 plaguicidas, 122 en cada muestra, frente a los 682 y 266 respectivamente de Alemania, los 499 y 133 de Italia y los 566 y 303 de Francia.

La diferencia en el número de muestras y el total de plaguicidas estudiados señalan inequívocamente la disparidad de criterios entre los distintos Estados miembros de la Unión Europea. Puede concluirse que el sistema de vigilancia se basa en la voluntad, quizá arbitraria de las autoridades nacionales, en su capacidad analítica y en su decisión política de velar por la seguridad alimentaria, más que en un sistema de gestión uniforme y con los mismos estándares para todos los países.

La falta de mejora continua indicada en los párrafos anteriores se evidencia con mayor fuerza en los datos europeos sobre la presencia de múltiples residuos en la misma muestra. Así, en 2016 se detectaron residuos de varios plaguicidas en el 30,1% de las muestras de alimentos no procesados y en el 28% de comida procesada. Al respecto, un dato que merece destacarse es que en 2016 en la Unión Europea fueron detectadas 589 muestras con más de 10 o más pesticidas.

Estos datos evidencian que la ciudadanía europea se ve expuesta a un cóctel de sustancias plaguicidas en su alimentación, lo que supone un riesgo para la salud humana, más cuando la evaluación de los residuos de estas sustancias en la comida se realiza de manera individual para cada tóxico y no se analiza la realidad, es decir, el efecto conjunto de los distintos plaguicidas en un mismo alimento.

493 SUSTANCIAS PLAGUICIDAS QUE SON COMERCIALIZADAS EN EUROPA, DE 53 A 162 DE ÉSTAS CON PROPIEDADES DE ALTERACIÓN ENDOCRINA

A esto, se añade el hecho que de las 493 sustancias plaguicidas que son comercializadas en Europa, dependiendo de las fuentes, al menos 534 o 1625 de éstas son sustancias con propiedades de alteración endocrina, también conocidas como disruptores endocrinos, que tienen la capacidad de alterar el equilibrio hormonal y pueden alterar la fisiología a lo largo de la vida del individuo, desde el desarrollo fetal hasta la edad adulta6. Lejos de tener una presencia anecdótica en nuestra comida, un 33,6% de las muestras de alimentos analizadas en España en 2015 tenían residuos de este tipo de plaguicidas, lo que resulta extremadamente preocupante, ya que este tipo de sustancias por sus especiales características no tienen un nivel seguro de exposición, por lo que los límites legales de residuos no protegen a la población.

La Comisión debe cumplir lo indicado por la norma europea7 que regula los residuos de plaguicidas en alimentos y evaluar las sustancias plaguicidas por la combinación de éstas en la comida y no individualmente como se viene haciendo hasta este momento e impedir la comercialización de los plaguicidas disruptores endocrinos.

De no hacerlo Unión Europea continuará vulnerando el derecho internacional al medio ambiente por no contribuir de manera eficaz a la reducción del uso de plaguicidas, el derecho humano al disfrute del más alto nivel posible de salud, puesto que la presencia de residuos de plaguicidas en los alimentos es causa de enfermedades y, en especial, el derecho humano a una alimentación adecuada. Puesto que el concepto “adecuada” según la Observación General número, 12 de 1999 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales debe de interpretarse no solo como cantidad sino también como calidad.

El Comité considera que este derecho humano implica una alimentación libre de sustancias nocivas y sostiene que los Estados deben aplicar requisitos en materia de seguridad alimentaria y, por ende, en el sector de los plaguicidas en contacto con los alimentos que velen para que éstos sean seguros y adecuados desde un punto de vista cualitativo. El actual sistema de vigilancia europeo quizá no sea, como afirma el Comisario de Salud y Seguridad Alimentaria, el más eficiente de los que podrían ser implementados, ni el que impida la vulneración de los derechos humanos de los europeos.

1 EFSA, The 2014 European Union Report on Pesticide Residues in Food, http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4611 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2015 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4791 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2016 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/5348 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018).

2 EFSA, The 2014 European Union Report on Pesticide Residues in Food, http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4611 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2015 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4791 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2016 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/5348 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018)

4 PESTICIDE ACTION NETWORK, An assessment of endocrine disrupting pesticides by PAN Europe, http://www.disruptingfood.info/en/what-we-do-blog/41-an-assessment-of-endocrine-disrupting-pesticides-by-pan-europe (fecha de consulta: 10 de agosto de 2018).

5 COMISIÓN EUROPEA, .COMMISSION STAFF WORKING DOCUMENT IMPACT ASSESSMENT . Defining criteria for identifying endocrine disruptors in the context of the implementation of the plant protection products regulation and biocidal products regulation. Main report. SWD (2016) 211 final . Brussels, 15.6.2016)

6 GORE A. C., Gore, CHAPPELL V. A., FENTON S. E., FLAWS J. A., NADAL A., PRINS G. S., TOPPARI J., ZOELLER R. T. Endocrine Societystatement 2EDC-2: The Endocrine Society’s econd Scientific. Statementon Endocrine Disrupting Chemicals. (Endocrine Reviews 36: E1–E150, 2015) doi: 10.1210/er.2015-1010.

7 Reglamento (CE) nº 396/2005 del Parlamento europeo y del Consejo, de 23 de febrero de 2005. Relativo a los límites máximos de residuos de plaguicidas en alimentos y piensos de origen vegetal y animales y que modifica la Directiva 91/414/CEE.

Koldo Hernández y Kistiñe García son miembros de Ecologistas en Acción.

AUTOR

Koldo Hernández

Kistiñe García

jueves, 20 de septiembre de 2018

«El sulfato de la viña también me mata»

La asociación gallega de SQM solicita al consello Rías Baixas el uso de productos ecológicos en la viticultura
MÓNICA IRAGO
BEA COSTA CAMBADOS / LA VOZ 02/09/2018

Hace un par de años empezó a notar que algo no iba bien. Vómitos, irritación de la piel, asfixia… algo le hacía daño y no sabía qué hasta que por fin en abril del 2017 dieron con el problema: le diagnosticaron sensibilidad química múltiple (SQM).

A María Costa le hace daño todo lo que contenga componentes químicos, desde un detergente a una colonia, desde el humo del tabaco a una lechuga de invernadero. Su última penitencia le llegó con un simple nardo. Su madre le regaló la flor con la mejor intención, «pero debía de estar tratada con algún producto, que me mataba», explica. La contaminación del aire también le afecta, y en un municipio vitivinícola como el suyo, Cambados, lo tiene complicado.

Los agricultores aplican durante todo el año productos fitosanitarios en el viñedo para combatir las plagas de la viña, pero la medicina de las plantas, enferma a personas como ella. «Y seguramente a más gente, pero no se sabe», matiza.

María Costa se ha propuesto aportar su grano de arena en la batalla por una atmósfera libre de químicos, de modo que la semana pasada se presentó en unas jornadas sobre sostenibilidad y enoturismo que se celebraron en Castrelo (Cambados) para hablar de su problema. Ante científicos, profesores y profesionales del sector relató los efectos que le provocan los productos fitosanitarios. «Si cuando sulfatan van con mascarilla y cubiertos como si fueran a tratar el ébola, ¿cómo al día siguiente de dejar esos productos en la viña no van a estar en el aire, cómo no le va afectar a la gente?. La normativa dice que no se puede sulfatar a menos de quinientos metros de las casas, pero no se cumple», afirma. «Es necesario concienciar a la gente desde abajo, es la única forma de cambiar las cosas», y en su opinión son muchas las cosas que hay que cambiar.

La cambadesa forma parte de la asociación gallega de afectados por sensibilidad química múltiple, que ha iniciado una campaña para dar visibilidad a su enfermedad y a los problemas con que se encuentran a diario los afectados.

Demandas de los enfermos

Entre las muchas gestiones que tienen en su agenda se incluye pedir una reunión con el Consello Regulador da Denominación de Orixe Rías Baixas para solicitar al sector viticultor que dé prioridad a los productos ecológicos en detrimento de los químicos a la hora de tratar el viñedo.

«En O Salnés algo raro tiene que haber, por algo será que aquí hay más cánceres que en ningún otro sitio. Está claro que tiene que haber un problema ambiental general porque están surgiendo un montón de enfermedades. La gente tiene que saberlo», insiste María Costa.

Más allá del caso puntual que atañe a los viticultores, desde la asociación gallega tienen otras muchas demandas, especialmente dirigidas a la administración. Reclaman una atención sanitaria adaptada a sus necesidades, porque, hoy por hoy, incluso tienen problemas para que se les diagnostique la enfermedad. Los afectados por SQM sostienen que no hay profesionales especializados ni protocolos de actuación para tratarlos en centros de salud y hospitales, lo cual aumenta los riesgos para su salud. «Antes que ir a las urgencias del PAC de Cambados prefiero morirme de dolor en casa, si vas te pinchan cualquier cosa, y te mueres. Menos mal que mi médico de cabecera está concienciado, me da la vida», relata María.

La asociación nació de la desesperación de personas como ella, y ya no se van a callar más. En septiembre esperan empezar a ser recibidos por los grupos del Parlamento de Galicia; se van a dirigir a la ministra de Sanidad para instar a que la Organización Mundial de la Salud reconozca esta enfermedad y van a iniciar un programa de charlas en los colegios para dar a conocer los efectos de los productos químicos entre las personas, entre otras medidas.

Esperando juicio para que se le reconozca la incapacidad

María Costa está dispuesta a pelear, aunque para ello tenga que dejar la burbuja de su hogar -allí no entra comida sin revisar ni nadie que se haya duchado con un champú del súper- y no desprenderse de esa mascarilla que la protege del veneno ambiental. Además de alzar la voz en aquellos foros en los que la dejen expresarse, también acudirá a los juzgados. Para octubre del 2019 tiene fijada la vista de la demanda que ha interpuesto contra el Instituto Nacional de la Seguridad Social para que le reconozca una incapacidad laboral permanente. María trabaja en el despacho de un procurador en el que está de cara al público «y no me dejan ponerme la mascarilla», afirma.

Esta exposición pública le provoca continuos problemas de salud que la obligan a encerrarse en casa, con dolor, asfixia y vómitos, y la aboca a coger bajas continuamente. «No sé que va a pasar hasta el juicio, yo así no puedo volver a trabajar. Y lo mío no es un problema psiquiátrico ni psicológico como dicen».

El ejemplo de Merchi Álvarez

María Costa tiene un espejo en el que mirarse. El de otra cambadesa, Merchi Álvarez, que se ha convertido en el rostro de la lucha contra la atrofia muscular espinal (AME) y que, gracias a su labor incansable, ha conseguido dar a conocer el problema que representa esta enfermedad rara y que los poderes públicos empiecen a implicarse en la búsqueda de tratamientos. «Sí, conozco su trabajo y la conozco a ella», comenta María Costa, y está dispuesta a seguir su ejemplo. Salir en los medios de comunicación contando su historia es uno de los caminos que está dispuesta a recorrer.


lunes, 23 de julio de 2018

Los plaguicidas afectan a la pérdida de funciones cerebrales en abejas

Investigadores de la Universidad de Almería han comprobado que la exposición a pesticidas de los insectos encargados de la floración y polinización de las plantas provoca la pérdida de neuropéptidos en su organismo. Estas moléculas regulan los mecanismos nerviosos del aprendizaje y la memoria, el apetito, el comportamiento sexual o el control del dolor y de la presión arterial.
Polinización, Universidad de Almería  
Expertos del Departamento de Física y Química de la Universidad de Almería (UAL) han confirmado que la exposición a plaguicidas o puede afectar a las funciones cerebrales de las abejas, ya que provocan una disminución de neuropéptidos. Estas pequeñas moléculas son claves en la regulación de los mecanismos nerviosos del aprendizaje y la memoria, el apetito, el comportamiento sexual o el control del dolor y de la presión arterial.

Según los expertos, la presencia de estas sustancias se incluye entre los motivos por los que desaparecen estos insectos, que son los responsables de la floración y polinización de las plantas. Los trabajos se han desarrollado a nivel de campo, en 60 colmenares de toda España.

Los investigadores han identificado 25 péptidos que se ven alterados en el grupo de abejas más afectadas por plaguicidas. Los resultados, aseguran las doctoras de la UAL, María José Gómez y María del Mar Gómez, son contundentes, ya que, cuando las abejas se exponen a pesticidas, se produce una alteración de estos elementos.
La exposición a plaguicidas o puede afectar a las funciones cerebrales de las abejas, ya que provocan una disminución de neuropéptidos
Los expertos destacan como novedad, además de ser un estudio de campo, que existen muy pocos que traten sobre neuropéptidos, dada su dificultad para analizarlos. También es complicado, añaden, relacionarlo con los plaguicidas en una situación de exposición real. De hecho, es el primero que conecta esta idea, e impulsará trabajos que profundicen en este ámbito. Asimismo, se ha constatado que la exposición a varias de estas sustancias a la vez produce efectos sinérgicos, es decir, potencia el impacto de todos ellos en el insecto.

El proceso está publicado en la revista Environmental Pollution. Esta investigación puede impulsar más ensayos en situaciones reales. En este sentido, proyectos de organismos internacionales, financiados por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria han conseguido, hace pocos meses, retirar del mercado pesticidas muy utilizados en control de plagas.

El papel de las abejas, debido a su labor polinizadora en las plantas, resulta primordial para mantener los ecosistemas naturales o producir alimentos. Durante los últimos años, se están registrando declives en las colonias de estos animales, en todo el planeta. Numerosos estudios a nivel mundial, en el que se incluye el que realiza el grupo de Residuos de Plaguicidas de la UAL, cuyo responsable es el profesor Amadeo R. Fernández-Alba, tratan de descubrir qué está sucediendo con estos insectos, esenciales para preservar la biodiversidad. Por esta razón es fundamental encontrar una solución a este problema global.

Altos y bajos niveles

En una etapa previa al estudio se analizaron los niveles de un total de 260 pesticidas en las abejas, y se clasificaron en dos grupos, uno con altos y otro con bajos niveles de pesticidas. La investigación se dividió en dos partes. En la primera, analizaron los neuropéptidos conocidos, escogiendo los más relevantes que han sido descritos en otros estudios, y se cuantificaron.

Posteriormente se examinaron las diferencias entre los dos grupos de estos insectos, comparando los que presentaron concentraciones de pesticidas altas y bajas. Para ello, se diseccionaban las cabezas. La muestra de cada uno de los 60 colmenares observados estaba compuesta por 500 ejemplares, de seis de sus colmenas seleccionadas al azar.
En el estudio de campo se han analizado muestras de 60 colmenares de toda España
El análisis de estos grupos de abejas se acomete a través de una serie de técnicas avanzadas; la cromatografía líquidos, acoplada a espectrometría de masas de baja y alta resolución. Con estos procedimientos se consigue identificar, separar y cuantificar los distintos elementos de la muestra, obteniéndose datos de miles de compuestos. Seguidamente, se realiza un análisis estadístico para priorizar los más importantes. A través de un programa informático específico, esta información se traslada a una base de datos para identificar los neuropéptidos que están presentes. 

Anteriores publicaciones han confirmado que algunos grupos de pesticidas son disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de alterar el equilibrio hormonal que afecta al metabolismo de los neuropéptidos. Este estudio ha dado un paso más, al constatar que sí existen diferencias en los cambios de éstos, pero se desconoce aún hasta qué punto tienen relevancia estas modificaciones. Por lo tanto, habría que comprobar cómo actúa cada uno de los que se han identificado en estos insectos o a qué función del cerebro le afecta.

Las científicas de la UAL señalan que se está produciendo un declive de abejas por varios motivos: parásitos, patógenos, modificación de los hábitats, especies invasivas, o el cambio climático. Sin embargo, numerosos trabajos han concluido que los pesticidas son también un factor importante en esa pérdida de población.

La investigación está financiada por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en el marco del plan Nacional de I+D+I, dentro de los proyectos Mejora de las condiciones de producción en explotaciones apícolas, impacto de tratamientos veterinarios en gestión convencional, e indicadores de bienestar de la colonia, y Evaluación y estudio integrado de pesticidas y perfiles de masa molecular para la caracterización de neuropéptidos y biomarcadores relacionados con la despoblación de abejas melíferas.

viernes, 4 de mayo de 2018

OLACANTABRIA ASTILLERO REGISTRA INICIATIVA CONTRA USO DE HERBICIDAS QUÍMICOS EN NO AGRARIAS

Parlamento de Cantabria 01 de Mayo de 2018 
La portavoz Beatriz Hazas considera importante que se apruebe dado que el Ayuntamiento redactará unos nuevos pliegos para adjudicar el servicio de Parques y Jardines

OlaCantabria en El Astillero ha registrado una moción en el Ayuntamiento para que se prohíba la utilización de herbicidas químicos en las actividades no agrarias, tanto en los espacios públicos, carreteras o redes de servicio, y solicita que los trabajos de eliminación de vegetación se realicen con métodos no químicos.

La portavoz Beatriz Hazas considera importante que se apruebe esta moción, dado que el Ayuntamiento redactará unos nuevos pliegos de condiciones para adjudicar el servicio de Parques y Jardines.

Beatriz Hazas señaló que el uso de herbicidas químicos tiene efectos muy tóxicos sobre la salud y el medio ambiente. “El glifosato, un herbicida que se emplea para matar hierbas y arbustos, se infiltra en el suelo, es muy soluble en el agua, y persistente en el suelo, de tal forma que contamina los acuíferos, es tóxico para la fauna acuática, los animales domésticos o el ganado, y se esparce sin control por el subsuelo”, remarcó.

OlaCantabria en El Astillero incide en que existen estudios científicos que relacionan el uso del glifosato con afecciones y enfermedades, como toxicidad subaguda y crónica, daños genéticos, trastornos reproductivos, aumento de la frecuencia de anomalías espermáticas, y carcinogénesis. 

Además, cada preparado herbicida que contiene glifosato viene acompañado de otras sustancias que facilitan su absorción y que son cancerígenos. “En la fauna, incluso el glifosato puede provocar la muerte de anfibios”, indicó Beatriz Hazas.

Beatriz Hazas señaló que existen diferentes estudios que demuestran que el glifosato, componente de los herbicidas de uso más extendido, tiene efectos muy tóxicos sobre la salud y el medio ambiente porque se infiltra en el suelo, es muy soluble en el agua, y persistente en el suelo. Contamina los acuíferos, es tóxico para la fauna acuática, los animales domésticos o el ganado, y se esparce sin control por el subsuelo.

También hay que tener en cuenta, apuntó Beatriz Hazas, que conforme a la directiva marco para un uso sostenible de los plaguicidas, aprobada por el Parlamento Europeo el 13 de enero de 2009, como al Real Decreto 1311/2012, de 14 de septiembre, que traspone dicha directiva al ordenamiento español, se debe de minimizar o prohibir el uso de plaguicidas y sustituirlos por métodos no químicos, en las carreteras, espacios utilizados por el público en general o por grupos vulnerables, como los parques, jardines públicos, campos de deportes y áreas de recreo, recintos escolares y campos de juego y los espacios cercanos a los centros de asistencia sanitaria.

Además, en la moción se insta al Ayuntamiento a que realice una campaña informativa en el municipio para evitar el uso doméstico de herbicidas.

Igualmente, exige a la empresa concesionaria del mantenimiento de Parques y Jardines que deje de utilizar herbicidas de ningún tipo en los trabajos de eliminación de vegetación y que sean acometidos con métodos no químicos.

“El uso de herbicidas como el glifosato debe ser sustituido por métodos no contaminantes que no dañen la salud ni al medio ambiente, incluyendo métodos mecánicos y térmicos que ya se aplican en la mayoría de los países de la Unión Europea”, comentó.

Para finalizar, la moción requiere al Ayuntamiento que solicite a la Consejería de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria y al Ministerio de Fomento, el abandono del uso de herbicidas en el tratamiento de las cunetas de la red viaria que pasa por El Astillero para que la protección de la salud de las personas y el medio ambiente sea realmente efectiva.

viernes, 11 de agosto de 2017

Prohibir los plaguicidas más tóxicos y marcar límites a sus residuos para proteger la salud pública

La OMS ha alertado de que estos productos son una de las principales causas de muerte por intoxicación y aunque reconoce que se seguirán utilizando, es necesario que "su producción, distribución y utilización se controle y regule".


La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha abogado por prohibir los plaguicidas que sean más tóxicos para el ser humano y los que permanecen durante más tiempo en el medio ambiente, y además establecer límites máximos de sus residuos en alimentos y agua para la protección de la salud pública.

Más de mil plaguicidas se usan en el mundo. Su toxicidad depende de su función y de otros factores como la dosis y la vía por la que se produce la exposición (ingestión, inhalación o el contacto directo con la piel). Las personas que corren más riesgo son aquellas directamente expuestas, como los trabajadores agrícolas y las personas próximas en el momento de la propagación. No obstante, la población general no cercana también está expuesta, aunque en cantidades muy inferiores, porque estos productos pueden estar presentes de forma residual en alimentos y agua.

La OMS ha alertado de que los plaguicidas son una de las principales causas de muerte por intoxicación voluntaria. "Debido a que son intrínsecamente tóxicos y se aplican deliberadamente para que se propaguen en el medio ambiente, su producción, distribución y utilización debe regirse por un control y una reglamentación estrictos", ha explicado la organización.

Asimismo, y de acuerdo con las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, el 80 por ciento del aumento de la producción de alimentos necesario para hacer frente al crecimiento demográfico inminente en los países en desarrollo se obtendrá gracias al mayor rendimiento de los cultivos y al aumento de las cosechas anuales en el mismo suelo. Por tanto, solo el 20 por ciento del crecimiento de la producción de alimentos provendrá de la expansión de las tierras de cultivo.

"Los plaguicidas se continuarán utilizando porque permiten evitar pérdidas importantes de las cosechas. Sin embargo, sus efectos sobre las personas y el medio ambiente son una preocupación permanente". Los que debe hacer que "su uso debe cumplir con las prácticas agrícolas correctas con independencia de la situación económica del país y los agricultores no deben aplicar más cantidades de las necesarias para proteger sus cultivos", ha zanjado la OMS.

Residuos de plaguicidas en los alimentos

Nota descriptiva Julio de 2017

Datos y cifras
  • Los plaguicidas se utilizan para proteger los cultivos de los insectos, las malas hierbas, los hongos y otras plagas.
  • Pueden ser tóxicos para el ser humano y causar efectos tanto agudos como crónicos sobre la salud, en función de la cantidad y del modo de exposición.
  • Algunos de los plaguicidas más antiguos y baratos pueden permanecer durante años en el suelo y el agua. Su uso en agricultura se ha prohibido en los países desarrollados, pero se continúan utilizando en muchos países en desarrollo.
  • La exposición a estos productos conlleva mayores riesgos para las personas que entran en contacto con ellas en su trabajo, su domicilio o su jardín.
  • Los plaguicidas son muy importantes para producir alimentos, ya que mantienen o aumentan el rendimiento de las cosechas y el número de ellas que se recogen por año en el mismo suelo, algo especialmente importante en los países que sufren escasez de alimentos.
  • Para proteger a los consumidores de los efectos perjudiciales de los plaguicidas, la OMS examina los datos científicos disponibles y establece límites máximos de residuos que son aceptados a nivel internacional.
Introducción

En el mundo se utilizan más de 1000 plaguicidas para evitar que las plagas estropeen o destruyan los alimentos. Cada plaguicida tiene propiedades y efectos toxicológicos distintos. Muchos de los plaguicidas más antiguos y baratos que ya no están protegidos por patentes, como el diclorodifeniltricloroetano (DDT) y el lindano, pueden permanecer durante años en el suelo y el agua. Estas sustancias han sido prohibidas en los países signatarios del Convenio de Estocolmo de 2011, un acuerdo internacional cuyo objetivo es eliminar o restringir la producción y la utilización de contaminantes orgánicos persistentes.

La toxicidad de un plaguicida depende de su función y de otros factores. Por ejemplo, los insecticidas suelen ser más tóxicos para el ser humano que los herbicidas. Además, el mismo producto puede causar efectos distintos en función de la dosis, es decir, la cantidad a la que está expuesta la persona. Otro factor importante es la vía por la que se produce la exposición, ya sea la ingestión, la inhalación o el contacto directo con la piel.

Ningún plaguicida cuyo uso en alimentos comercializados a nivel internacional ha sido autorizado causa efectos genotóxicos (es decir, no dañan el ADN de modo que puedan producirse mutaciones o cáncer). Los efectos adversos de estos plaguicidas solo se producen a partir de determinado nivel de exposición. Cuando una persona entra en contacto con grandes cantidades de uno de estos productos, puede presentar una intoxicación aguda y sufrir efectos adversos a largo plazo, entre ellos cáncer y trastornos de la reproducción.

Alcance del problema

Los plaguicidas son una de las principales causas de muerte por intoxicación voluntaria, sobre todo en los países de ingresos intermedios y bajos.

Debido a que son intrínsecamente tóxicos y se aplican deliberadamente para que se propaguen en el medio ambiente, su producción, distribución y utilización debe regirse por un control y una reglamentación estrictos. Además, es necesario hacer un seguimiento regular de sus residuos en los alimentos.

La OMS tiene dos objetivos en relación con estos productos:
  • hacer que se prohíban los plaguicidas más tóxicos para el ser humano y los que permanecen durante más tiempo en el medio ambiente;
  • proteger la salud pública mediante el establecimiento de límites máximos de residuos de los plaguicidas en los alimentos y el agua.
¿Quién está expuesto a riesgo?

Las personas que corren más riesgo son las que están directamente expuestas a los plaguicidas, como los trabajadores agrícolas que aplican estos productos y las personas que se encuentran en zonas próximas en el momento en que se propagan o poco después.

La población general que no se encuentra en la zona donde se utilizan los plaguicidas también está expuesta a estos productos, si bien a cantidades muy inferiores, porque pueden estar presentes de forma residual en los alimentos y el agua que ingieren.

Prevención y control

Nadie debería estar expuesto a cantidades peligrosas de plaguicidas.

Las personas que aplican estos productos en cultivos, en los hogares o en jardines deberían protegerse adecuadamente, y las que no participan directamente en esas actividades deberían alejarse de la zona durante la aplicación y en el periodo inmediatamente posterior.

Los alimentos que se venden o donan (como los de la ayuda alimentaria) deben cumplir con los reglamentos sobre plaguicidas, sobre todo con los límites máximos de residuos. Las personas que cultivan para el autoconsumo deben seguir las instrucciones de uso de los plaguicidas y protegerse con guantes y máscaras siempre que sea necesario.

Los consumidores pueden reducir la ingesta de residuos de plaguicidas pelando o lavando las frutas y hortalizas, lo cual reduce también otras fuentes de peligro, como las bacterias patógenas.

Impacto mundial

La División de Población de las Naciones Unidas ha calculado que, en 2050, la población mundial será de 9700 millones de personas, un 30% más que en 2017, y que la gran mayoría de este crecimiento se producirá en los países en desarrollo.

De acuerdo con las previsiones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el 80% del aumento de la producción de alimentos necesario para hacer frente a este crecimiento demográfico en los países en desarrollo se obtendrá gracias al mayor rendimiento de los cultivos y al aumento de las cosechas anuales en el mismo suelo. Por tanto, solo el 20% del crecimiento de la producción de alimentos provendrá de la expansión de las tierras de cultivo.

Los plaguicidas se continuarán utilizando porque permiten evitar pérdidas importantes de las cosechas. Sin embargo, sus efectos sobre las personas y el medio ambiente son una preocupación permanente.

El uso de plaguicidas para producir alimentos, tanto para el consumo local como para la exportación, debe cumplir con las prácticas agrícolas correctas con independencia de la situación económica del país. Los agricultores no deben aplicar más cantidades de estos productos que las necesarias para proteger sus cultivos.

Por otro lado, en determinadas condiciones también es posible producir alimentos sin necesidad de plaguicidas.

Respuesta de la OMS

La OMS, en colaboración con la FAO, se encarga de evaluar los riesgos de los plaguicidas para el ser humano —ya sea por exposición directa o a través de los residuos presentes en los alimentos— y de recomendar medidas de protección adecuadas.

El órgano responsable de la evaluación de los residuos de plaguicidas en los alimentos es el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), un grupo internacional e independiente de expertos científicos. En las evaluaciones se tiene en cuenta todos los datos presentados para solicitar el registro de plaguicidas en todos los países, así como todos los estudios científicos publicados en revistas arbitradas. Tras evaluar el nivel de riesgo, el JECFA establece límites para la ingesta sin riesgos de residuos de plaguicidas en los alimentos de modo que una persona pueda ingerirlos en el transcurso de su vida sin que su salud se vea perjudicada.

Los gobiernos y los organismos internacionales encargados de gestionar los riesgos, como la Comisión del Codex Alimentarius (un organismo internacional de normalización en la esfera de los alimentos) se basan en la ingesta diaria admisible para establecer los límites máximos de residuos de plaguicidas en los alimentos. Las normas del Codex son la referencia para el comercio internacional de productos alimenticios, de modo que los consumidores de todo el mundo tengan la seguridad de que los alimentos que ingieren cumplen los criterios convenidos de inocuidad y calidad, con independencia de su lugar de fabricación. El Codex ha establecido normas para más de 100 plaguicidas distintos.

La OMS y la FAO han elaborado conjuntamente el Código Internacional de Conducta para la Gestión de Plaguicidas. Este marco de carácter voluntario, cuya edición más reciente se publicó en 2014, guía a las autoridades gubernamentales de reglamentación, el sector privado, la sociedad civil y las demás partes interesadas sobre las mejores prácticas en el manejo de los plaguicidas durante su ciclo de vida, desde su producción a su eliminación.

domingo, 25 de junio de 2017

La AMS analiza la contaminación del suelo

elmercuriodigital.- junio 23, 2017

La reunión anual de Alianza Mundial por el Suelo (AMS) se centra en los “suelos negros” y en el intercambio de información

Abordar el desafío de la contaminación de los suelos, debida esencialmente a la actividad humana que deja un exceso de productos químicos en los suelos utilizados para producir alimentos, ha centrado la 5ª Asamblea Plenaria de la Alianza mundial por el Suelo (AMS), celebrada esta semana en la sede de la FAO.

El exceso de nitrógeno y metales pesados como arsénico, cadmio, plomo y mercurio pueden perjudicar el metabolismo de las plantas y reducir la productividad de los cultivos, llegando a poner en peligro las tierras cultivables. Cuando entran en la cadena alimentaria, estos contaminantes representan también riesgos para la seguridad alimentaria, los recursos hídricos, los medios de vida rurales y la salud humana.

“La contaminación de los suelos es un problema emergente, pero, debido a que se presenta en tantas formas diferentes, la única manera en que podemos reducir las lagunas de conocimiento y promover una gestión sostenible del suelo es intensificar la colaboración mundial y conseguir evidencias científicas fiables”, apuntó Ronald Vargas, experto en suelos de la FAO y Secretario de la AMS.

“Combatir la contaminación de los suelos y buscar su manejo sostenible es esencial para abordar el cambio climático”, señaló a su vez Rattan Lal, Presidente de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo, en su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria. Solucionar los problemas causados por los seres humanos a través de prácticas sostenibles significa que “se producirán más cambios de aquí a 2050 que durante los doce milenios transcurridos desde el inicio de la agricultura”, según Lal.

“La Asamblea Plenaria de la AMS es una plataforma única, neutral y con participación múltiple para debatir cuestiones globales sobre el suelo, aprender de las buenas prácticas y decidir actuaciones que garanticen suelos sanos que provean de forma efectiva servicios ecosistémicos y alimentos para todos”, aseguró María Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO para Clima y Recursos Naturales, añadiendo que “la acción a nivel de país es la nueva frontera”.

La Asamblea Plenaria aprobó tres nuevas iniciativas destinadas a facilitar el intercambio de información: el Sistema Mundial de Información sobre el Suelo; la Red Global de Laboratorios de Suelos –con el objetivo de coordinar y normalizar las mediciones entre países; y la Red Internacional de Suelos Negros, para fomentar el conocimiento sobre los suelos agrícolas más fértiles del mundo, conocidos por su alto contenido de carbono.

Mayor vigilancia sobre la contaminación del suelo

Alrededor de un tercio de los suelos del mundo están degradados, debido principalmente a prácticas insostenibles de gestión. Cada año se pierden decenas de miles de millones de toneladas de suelo, y de las causas es su contaminación, que en algunos países afecta hasta una quinta parte de todas las tierras agrícolas.

El término contaminación del suelo se refiere a la presencia en los suelos de sustancias químicas que están fuera de lugar o en concentraciones superiores a las normales. Esta contaminación puede proceder de la minería y la actividad industrial o de una gestión inadecuada del alcantarillado y los residuos. En algunos casos, los contaminantes se dispersan en zonas extensas transportados por el viento y la lluvia. Los insumos agrícolas -como fertilizantes, herbicidas y plaguicidas-, e incluso los antibióticos contenidos en el estiércol animal, son también importantes contaminantes potenciales y plantean retos particulares debido a sus composiciones químicas, que cambian con rapidez.

La contaminación del suelo es una amenaza insidiosa, porque resulta más difícil de observar que otros procesos de degradación del suelo, como la erosión. Los peligros que plantea dependen de cómo las propiedades del suelo afecten el comportamiento de los productos químicos y la velocidad con que éstos entren en los ecosistemas.

La diversidad de contaminantes y tipos de suelos, y las formas en que interactúan, hacen que los análisis para determinar las amenazas a los suelos sean complejos y costosos. Los miembros de la AMS acordaron convocar un simposio mundial sobre contaminación y polución de los suelos, a celebrarse en abril de 2018, y apoyaron la creación de redes mundiales para compartir información y armonizar las normas para abordar el problema.

Suelos negros

Aunque comúnmente se les denomina así en las clasificaciones nacionales, los “suelos negros” no resultan para nada uniformes. La nueva Red Internacional de Suelos Negros los define como teniendo al menos 25 centímetros de humus y un contenido de carbono orgánico del suelo superior al 2 por ciento A esta definición se adaptan cerca de 916 millones de hectáreas, equivalentes al 7 por ciento de la superficie terrestre del mundo libre de hielo.

Alrededor de una cuarta parte de los suelos negros son del tipo clásico “chernozem”, con una capa de humus de más de 1 metro: se encuentran en las regiones agrícolas muy productivas de las estepas de Europa oriental y Asia central y en las antiguas praderas de América del Norte. La Red Internacional de Suelos Negros promoverá su conservación y productividad a largo plazo, elaborando informes analíticos y ejerciendo de plataforma para el intercambio de conocimientos y la cooperación técnica.

viernes, 31 de marzo de 2017

La causa de muchas de las enfermedades occidentales es la sobrecarga tóxica

Por Miguel Jara 30 de marzo de 2017

Una de los aspectos que destaca con cierta frecuencia la farmacéutica naturista Palmira Pozuelo, a la que entrevistamos en este blog, son los mecanismos del propio organismo para autocurarse. Hoy publico la segunda parte de dicha conversación que empieza por la pregunta: 

¿Cuales serían los principales mecanismos que tenemos para intentar superar la enfermedad?

Palmira Pozuelo.  
Pozuelo, está especializada en plantas medicinales y diplomada en alimentación y nutrición aplicada y en dermofarmacia y cosmetología, profesora de la Universidad María Cristina de El Escorial, contesta:

Los hipocráticos griegos hablaban de la “phisis” como la fuerza sanadora de la Naturaleza, la que hace que cuando nos hacemos un corte se pongan en marcha los mecanismos para sanar por sí misma esa herida o cuando tenemos una infección nuestro hipotálamo haga subir la temperatura corporal con la fiebre para destruir gérmenes.

Cuando enfermamos habría que facilitar la actuación de esa fuerza sanadora que tiene nuestro organismo y evitar obstaculizarla. Hipócrates insistía en la prevención de la enfermedad a través de una dieta adecuada, el ejercicio, el contacto con la naturaleza y los cuatro elementos.

Los principios hipocráticos, que aún en día juran los médicos al terminar sus estudios, hablan de: La naturaleza es la que cura; curar sin agredir; curar la causa y no los síntomas.

Cuando utilizamos un antiinflamatorio para calmar un dolor menstrual, articular o de cabeza, estamos realizando una agresión a la mucosa estomacal, intestinal y al funcionamiento renal y además no estamos tratando la causa sino que estamos suprimiendo un síntoma.

Por ello se ha de valorar la situación concreta en la que se han de utilizar y no olvidarse de tratar y buscar la causa del problema. Saber también que nuestro organismo está diseñado para la vida y que contiene y produce medicamentos que nos ayudan a reequilibrarnos: 

producimos corticoides (cortisol), analgésicos opioides (endorfinas), somníferos (melatonina), antiinflamatorios (prostaglandinas 1 y 3), antidepresivos (serotonina), entre otros muchos.

Algunas de las pautas de reequilibrio serían el descanso y la dieta, especialmente el ayuno o descanso digestivo, para que nuestro organismo se dedique a la restauración y reparación.

Al igual que descansamos uno o dos días a la semana, nuestros órganos digestivos y emuntorios (de eliminación) también necesitan este descanso, sería muy benéfico integrar el ayuno aunque corto en nuestras vidas: un día a la semana o semiayuno como por ejemplo no cenar o no desayunar o bien una dieta a base de caldos de verduras, frutas de la estación o licuados durante un día o en la noche, ya que la causa de muchas de las enfermedades occidentales es la sobrecarga tóxica.

-Luego está la botica que más usamos (o no), la cotidiana, la alimentación. Usted es especialista en nutrición ¿puede resumirnos cual sería la dieta ideal para mantenernos sanos y además prevenir enfermedades?

Otro principio de la medicina hipocrática es: “Que tu alimento sea tu único medicamento” y hago especial hincapié en lo de único, palabra que suele omitirse cuando se usa esta frase, es decir que lo que comemos cada día sea fuente de salud en lugar de enfermedad, como está ocurriendo hoy en día.

Según los últimos datos del estudio Global Burden of Disease (Coste mundial de la enfermedad), publicado en The Lancet, la dieta inadecuada es responsable del 21% de las muertes evitables y así una de cada cuatro personas que muere en el mundo lo hace debido a una dieta inadecuada, cuestión que sería prevenible con una buena educación nutricional aportada desde la infancia.

En España el número ascendería a 90.000 personas al año. Debido a la instauración de la producción industrial de alimentos se ha disparado el consumo de alimentos con alto contenido de grasas insanas (saturadas y refinadas) azúcares añadidos y sal. En el Estado español el 70% de nuestra alimentación es ya procesada.

Tenemos un muy buen referente en la dieta mediterránea, la cual ha demostrado prevenir enfermedades cardiovasculares, degenerativas y obesidad. El problema es que la mayoría de la gente piensa en nuestro país y otros del entorno mediterráneo, que sigue esta dieta, porque utiliza aceite de oliva, bebe vino tinto y come pescado de vez en cuando.

En realidad, se incumplen varias de sus premisas, voy a comentar las más importantes:

En la pirámide de la dieta mediterránea actualizada que además coincide con las recomendaciones de la Universidad de Harvard o plato Harvard, se recomienda consumir cereales enteros sin refinar y habitualmente la población suele comer arroz blanco, pasta refinada, bollería con harinas refinadas y pan blanco.

Otro incumplimiento es en relación a los productos de origen animal que hoy en día se consumen en exceso, por ejemplo la pirámide recomienda comer carne roja no más de dos veces a la semana y carne procesada (embutidos) una o menos de una vez a las semana. Las legumbres, verduras y frutas sin embargo se consumen en menores cantidades de las recomendadas y el azúcar que está en el vértice de la pirámide con la recomendación de consumo ocasional, se consume a diario y con profusión.

Concluyendo, daría algunas recomendaciones: comer alimentos visibles y no procesados (ir más al mercado que al supermercado), comer al menos la mitad de lo que comemos al día a base de alimentos frescos y vivos (frutas, hortalizas, ensaladas) comer los alimentos tal como los ofrece la naturaleza sin refinar ni procesar (semillas, alimentos integrales).

Comer alimentos limpios sin aditivos (para conservarlos) ni venenos, pesticidas, herbicidas y nitratos químicos (para cultivarlos). Evitar el azúcar y tomarlo en los alimentos que lo contienen de manera natural como frutas, pasas o dátiles. No comer más de un alimento animal al día, una opción saludable para nuestro organismo y para el planeta.

-Se habla últimamente de “superalimentos”, ¿son una moda, parte del marketing de las diferentes industrias alimentarias o existen como tales y cuales son los más interesantes y sus aplicaciones?

Cierto y siempre oímos hablar de alimentos y frutos con nombres exóticos que provienen de países lejanos y su publicidad varía por temporadas, pero alimentos con cualidades nutricionales excepcionales han existido siempre, aunque sí es interesante hoy en día conocer las propiedades de los nutrientes que contienen y sus aplicaciones.

Selecciono algunos superalimentos cercanos y de siempre: por ejemplo las bayas silvestres son muy ricas en antioxidantes y vitamina C, al final del verano nos las ofrece la naturaleza para afrontar la estación fría del invierno, así tenemos las moras, arándanos o los escaramujos.

Los frutos secos tradicionales sin calentar ni tostar: almendras, avellanas y nueces contienen antioxidantes, vitamina E y ácidos grasos esenciales además de ser fuente de proteínas de calidad y una muy buena alternativa a la carne.

Con siete almendras que comiésemos al día tendríamos todos los nutrientes necesarios, poseen además siete veces más calcio que la leche.

Especias como nuestro pimentón, rico en licopeno un potente antioxidante que ha demostrado ser protector frente a varios tipos de cáncer. Las frutas en su mayoría son en sí superalimentos, especialmente si son recogidas en su momento de madurez y cultivadas de manera orgánica, así su riqueza en nutrientes llega a ser mucho mayor (hasta un 60% mayor) especialmente por poderlas consumir muchas de ellas con la cáscara donde se encuentran grandes cantidades de vitaminas y antioxidantes.

Un ejemplo: hacen falta cuatro naranjas convencionales para conseguir la misma cantidad de vitamina C que contiene una naranja ecológica.

-Por sus explicaciones se nota que a usted le apasiona su profesión y que vive lo que explica, usted hace muchos de los remedios que promueve, aceites esenciales, tinturas o pomadas ¿tiene huerto propio? ¿A las personas que no lo tienen qué les aconseja?

Tengo un pequeño jardín medicinal y hasta hace muy poco he formado parte de un grupo de amigos que compartíamos un huerto ecológico.

Recojo las plantas medicinales que cultivo en mi pequeño jardín y en algunas terrazas de la casa, también recojo algunas plantas y frutos silvestres en lugares de confianza como los alrededores del huerto donde teníamos cultivadas plantas aromáticas y también crecían muchas plantas silvestres de uso medicinal (como malva, aciano, salvia, tomillo, romero, etc).

Para las personas que no tengan estas posibilidades, les animaría a que destinaran alguna parte de la casa, terraza o una parte del jardín a las plantas medicinales, especialmente las plantas aromáticas, ya que son fáciles de mantener y no requieren muchos cuidados ni tanta agua, es muy gratificante utilizarlas como aliño de la comida o en alguna infusión.

-¿Qué puede decirnos sobre las pruebas científicas de los alimentos ecológicos, hay muchos estudios sobre ello, son más nutritivos, mejores? Me consta que usted está en un grupo de consumo ecológico de El Escorial, donde vive y sabe de ello.

Es increíble que haya que estar continuamente demostrando que los alimentos cultivados con respeto a los ciclos de la naturaleza y a la tierra son mejores que aquellos que han sido cultivados con agrotóxicos, donde vemos a los trabajadores que los aplican embutidos en trajes tipo escafandras para que no les afecte su toxicidad y que cuyo único fin es la mayor producción y el beneficio económico, sin respeto a la Tierra, a sus aguas subterráneas a sus pequeños animales que la componen y la mantienen viva y sin respeto a la salud de los consumidores.

Hay muchos trabajos publicados, especialmente destaco toda la labor del Dr. Nicolás Olea (Hospital clínico de Granada) para dar a conocer la incidencia de los pesticidas en el desarrollo de cánceres hormonodependientes.

Según él, el origen de la mayoría de los cánceres es medioambiental y no genético y sus causas se deben a la presencia de tóxicos y pesticidas en alimentos y medio ambiente. También los trabajos y libros del bioquímico Albert Ronal Morales conocido por sus trabajos e investigaciones sobre frutoterapia, en su último trabajo Alimentación sana vs transgénicos, aditivos y nanotecnología, da a conocer el daño en el organismo humano y la alteración medioambiental de este tipo de agricultura insana.

Por mucho que científicos al servicio de estas empresas y lobbies agroquímicos quieran demostrar lo indemostrable para no dañar sectores de consumo, es lógico pensar que comer de manera más limpia es más sano que no hacerlo.

La población cada vez es más consciente de esto y el mercado verde va en aumento, siendo nuestro país el mayor productor de alimentos ecológicos de toda Europa y aunque en una gran parte se exportan, cada vez hay más demanda interna de estos productos.

En el pueblo en el que vivo, como mencionas, tenemos un grupo de consumo para pedir alimentos ecológicos a productores cercanos, una manera de acceder directamente y sin intermediarios abaratándose el coste de estos productos y sobre todo la garantía de comer alimentos más sanos y apoyar a personas que apuestan por la salud de las personas y la del planeta.

Hay ya cooperativas de consumo y grupos de consumo ecológicos en todas partes de modo que solo hay que ponerse en contacto con los más cercanos o bien organizar un nuevo grupo.