Joana Sintes Coll padece sensibilidad
química múltiple y lucha por el reconocimiento de esta dolencia y
la financiación pública de los tratamientos
Fela Saborit | @Felaphine | 07/06/2015
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La vida cotidiana, tras una mascarilla
06-06-2015 | Josep Bagur Gomila
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Una ración de atún del Mediterráneo
marinado cambió la vida de Joana Sintes Coll. Tras ingerir el
pescado -uno de los que más nivel de mercurio puede acumular-, su
organismo reaccionó con un cuadro de vómitos que fue tomado por una
simple gastroenteritis. Pero no lo era, ya que su cuerpo ya estaba
«contaminado» con metimercurio a través de una vacuna recibida en
2009, explica.
Un año después aquel bocado fue el detonante de
la enfermedad que hoy padece, la sensibilidad química múltiple
(SQM), que ha convertido acciones cotidianas como lavarse las manos
con jabón, ponerse colonia u olerla en alguien que la usa, en un
tormento.
«Sin la mascarilla oler el perfume es para mí como si
inhalara salfumán», cuenta Joana, una mujer de Ciutadella que ha
iniciado una batalla personal no solo contra la SQM sino también
para darla a conocer y reivindicar que los tratamientos, como jabones
especiales, alimentos ecológicos, mascarillas, filtros para el agua
y en su caso, las infusiones intravenosas de vitaminas y minerales y
terapia quelante que recibe pagándolo de su bolsillo, puedan ser
financiados por la Seguridad Social.
Joana Sintes ha iniciado una
campaña para recoger fondos y así poder tratarse con medicina
ortomolecular y ozonoterapia que ayudan a su cuerpo a eliminar los
metales tóxicos. «Somos la señal de lo mal que está nuestro
mundo», alerta, «como los pájaros de la mina», el nombre también
de un filme sobre la enfermedad y las personas que la sufren.