Mostrando entradas con la etiqueta Tóxicos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Tóxicos. Mostrar todas las entradas

viernes, 28 de febrero de 2020

No hace falta mucha más investigación sobre los tóxicos, solo faltan decisiones políticas porque las medidas son lentas

Nicolás Olea, médico e investigador  
Por Saúl García Publicado el Feb 28, 2020

El doctor Olea acaba de publicar el libro ‘Libérate de tóxicos’. Estuvo en Lanzarote para participar en una charla organizada por la Reserva de la Biosfera: ‘Pesticidas, plásticos, cosméticos, textiles y otras hormonas’. Es una de las mayores autoridades mundiales en medio ambiente y salud, con especial atención a la relación entre disruptores endocrinos y cáncer.

-¿Cómo llegan estos elementos tóxicos a nosotros y quiénes son los responsables?

-Nosotros estudiamos una parte reducida de todos los compuestos y empezamos hace años a estudiar compuestos químicos que imitan a las hormonas, que confunden el mensaje hormonal o hackean el mensaje de las hormonas. Esas sustancias químicas son de origen industrial y están en procesos tan variados como pesticidas, envases alimentarios, cosméticos… y, ahora, la novedad es que son parte de los textiles. No son muchos pero están en muchos sitios porque tienen cualidades distintas, maravillosas, que hacen que una botella de PET se pueda convertir en un jersey. Casi todas o todas son de síntesis del petróleo. Aparecen en los años 50 o 60 y revolucionan nuestro mundo en cosméticos, fertilizantes, pesticidas, envases alimentarios y la ropa.

-¿Todos estos elementos se han lanzado al mercado sin haberse testado las consecuencias?

-Probablemente sí, porque las reglas del juego eran reducidas y los compuestos eran carcinogénicos, mutagénicos o tóxicos para la reproducción pero no se había pensado en los de efecto más sutil, que modifican las hormonas. Una vez lanzados y que ha ocurrido la exposición humana empezamos a ver que hay un efecto indeseable: aumento de cánceres, problemas en las funciones de las hormonas, la calidad del semen que ha caído un cincuenta por ciento en 40 años…

-Pero, ¿se sabe que es por esta razón o se intuye?

-Se dice que son enfermedades del mundo moderno, de nuestros hábitos de vida, y se queda ahí la cosa como si fuera algo impreciso. La hipótesis más potente es la disrupción endocrina. Es complicado: resulta que tu mal contaje espermático cuando tienes 32 años está relacionado con la exposición a sustancias hormonales cuando eras un embrión en el vientre de tu madre.

-Entonces llegamos tarde.

-Con dificultades de demostración muy difíciles. Esa dificultad en la demostración de causalidad hace que no se tomen medidas. No tenemos pruebas, tenemos buenas intuiciones y buenas asociaciones.

-¿En qué etapa está la investigación?

-Quizá no vamos a tener más evidencias de las que ya tenemos. Con lo que hay ya es suficiente para tomar decisiones.

-Pero la industria o los gobiernos son reticentes a tomar decisiones…

-Las reglas han cambiado. Desde 2007 ya se aplica el principio de precaución, donde el proponente de cualquier acción debe demostrar la inocuidad, no el consumidor el daño. La industria tiene que demostrar que eso no va a ocurrir. Dicen que pierden en competitividad, pero nosotros ganaremos en salud. Por ejemplo, el DDT que se puso en el mercado con las fumigaciones en Canarias en los años cincuenta, no hay que demostrar que la epidemia de cáncer de mama está asociada a él. Eso no puede ocurrir porque hay mucho dolor y mucho sufrimiento.

-Se ha demostrado que, a pesar de que se prohibió hace muchos años, aún se detectan restos de DDT.

-Busca los anuncios de aquellos años: “La solución para las plagas en el campo. Un producto que lo aplicas ahora y dura para siempre”. Lo que nosotros ahora llamamos persistencia antes se llamaba efecto duradero. Eso es un arma de doble filo. Son productos de muy difícil degradación. Es tan difícil quitarlos que el organismo los deposita en el tejido adiposo y todos nuestros tejidos están contaminados de DDT porque se va acumulando sin saber cómo eliminarlo. Ahora se está encontrando pegado a los plásticos que flotan en el mar, porque no es soluble e iba a la tripa de los grandes peces. Así que se encuentran todos esos contaminantes pegados al plástico marino, porque ven a alguien que tampoco es soluble. Así que los plásticos también se contaminan.

“Si admitimos que todo esto causa el tres por ciento de la diabetes, el cinco de la obesidad, el siete de la esterilidad… pues son 6.000 millones de dólares al año y las aseguradoras dicen: no podemos pagar esa factura”
-¿Y qué estamos haciendo frente a esto o qué están haciendo las autoridades?

-Nosotros llevamos toda la vida con financiación pública y no nos ha faltado. Ha habido una financiación muy potente y ahora estamos en un proyecto europeo de 75 millones de euros para que 27 países investiguen los niveles de exposición de toda la población europea. Se está gastando un dineral en investigación, solo faltan decisiones políticas, actuar. Ya no hace falta mucha más investigación y las medidas son muy lentas. En 2019 se prohibió uno de los pesticidas más tóxicos, el clorpirifós. Su evidencia de contaminación es tan grande que se ha suprimido. Ocurre pero es muy lento.

-¿Se puede hacer algo de forma individual?

-Se puede hacer algo en hábitos de consumo, como protegerte a ti y a tu familia, incorporar nuevos hábitos de consumo respecto a los plásticos. Cuando se den cuenta de qué es lo que quiere el consumidor dejarán de poner el plástico. Cuanto más les digamos que no queremos seis tomates de Canarias en una barqueta de poliuretano con un film de polietileno en una bolsa de polipropileno en un carrito de policarbonato… Porque todo esto se lo ha inventado alguien para vender petróleo. Se pueden quemar barriles de brent a 72 dólares el barril o hacer gafitas de plástico para ricos a 500 euros. Si yo tuviera un pozo de petróleo sufriría por cada coche en la carretera.

-Porque es más rentable el plástico…

-El consumo de petróleo es el 45 por ciento para automoción, 40 por ciento calefacción y casi el 15 por ciento química fina derivada del petróleo. El uno por ciento es plástico pero, si le pones el valor añadido, este uno por ciento se come el pastel entero, que es el que está dando beneficio.

-Si eliminamos el plástico de la ecuación, ¿todo es sustituible con los hábitos de consumo actuales?

-Probablemente no, y sobre todo porque tiene dos primos hermanos, que son los mismos compuestos, los cosméticos y textiles. El poliéster es PET reciclado, botellas de plástico para que los pobres podamos ir vestidos con un traje de 149,99 y creamos que vamos vestidos de oveja merina cuando, en realidad, vamos vestidos de petróleo.

-¿Entonces, podemos liberarnos de estos tóxicos?

-Sí se puede. Si empezamos desde el principio, por una mujer embarazada que espera un bebé… Se puede empezar por la alimentación: vamos a comer libre de pesticidas, con una alternativa de producción ecológica. Aunque el suelo esté algo contaminado no es lo mismo que un tomate industrial que puede tener hasta siete tratamientos. Lo segundo, el agua que sea de máxima calidad. 

En Lanzarote, mil litros de agua del Consorcio valen tres euros y una botella de tres litros puede valer tres euros, así que alguien se está haciendo de oro. Aunque haga falta una inversión enorme, aunque el Consorcio doble el precio, sigues pagando 500 veces menos que en el supermercado. Tenemos el derecho de que el agua que salga del grifo sea el mejor producto posible.
“Se puede hacer algo en hábitos de consumo, como protegerte a ti, a tu familia, incorporar nuevos comportamientos respecto a los plásticos… Cuando se den cuenta de qué es lo que quiere el consumidor dejarán de poner el plástico”
-Pero nos han convencido de que es mejor el agua embotellada.

-Y que huyamos de este agua cuando el plástico tiene un impacto ambiental tremendo, porque al final te vuelve. Lo segundo: líneas de cosméticos más sostenibles, que los hay, y lo tercero, el consumo textil, que no sé cómo se puede abordar. Ellos mismos dicen que son los inventores de la obsolescencia programada y que la llaman moda. La moda dura seis semanas, tiene ocho temporadas al año. Eso es un consumo enorme de material y hay que buscar una alternativa a ese consumo.

-Si los contaminantes nos afectan, nos transforman, pero la esperanza de vida cada vez es mayor, ¿la industria no argumenta que el ser humano se adaptará a estos tóxicos?

-Hay un psiquiatra de Harvard, el doctor Trasande, que trabaja en Nueva York, que ve lo que pasa en los niños y dice: esto no puede seguir así. Escribe un libro que se ha hecho muy famoso que se llama Más enfermos, más obesos, más pobres, y como nadie le hace caso publica un experimento en el que calcula: si admitimos que todo esto causa el tres por ciento de la diabetes, el cinco de la obesidad, el siete de la esterilidad… pues son 6.000 millones de dólares al año y las aseguradoras dicen: ‘No podemos pagar esa factura’. Al final es el daño económico que producen estas enfermedades lo que va a condicionar los cambios. Alguien se está haciendo rico pero las aseguradoras no pueden seguir pagando ese incremento de la enfermedad. Esto es imposible en Europa, donde todo viene de papá Estado.

-Al menos ahora los medios de comunicación hablamos de esto.

-Eso es un mensaje positivo. Desde hace cuatro años se habla todos los días del plástico. Ahora se habla de esto mucho más claro. La gran pregunta es cómo damos un paso para atrás, pero si echas números cualquier paso hacia atrás supone un abaratamiento. Ya no se habla de reciclar, sino de reducir y reutilizar. Hay situaciones terribles como la del tetrabrik, que la única fábrica que reciclaba en España cerró. Se está almacenando todo en Zaragoza. Una montaña de tetrabrik. Se le quita la corteza exterior de cartón, pero no hay tecnología rentable para separar el aluminio del cartón. Eso lo hacía una factoría y ya no lo hace.

Foto: Adriel Perdomo

viernes, 22 de marzo de 2019

¿Quién nos va a quitar los años de exposición a químicos tóxicos de nuestros hijos?

Nicolás Olea es catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada/Hospital Universitario S. Cecilio (Granada). Es uno de los mayores expertos mundiales en discernir cómo la exposición a productos químicos nocivos puede alterar nuestra salud y la del medio ambiente. Estará en BioCultura Sevilla dando una conferencia magistral (ver datos abajo), como siempre.

¿Todavía hay negacionistas de los efectos nocivos de los productos químicos en la salud humana?

La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental. Esos individuos se contrarían cuando oyen que es urgente la implementación de una política más estricta y basada en la precaución porque sienten atacado su modelo de progreso.

Esas mismas personas tratan de llevar al absurdo muchas de las recomendaciones precautorias que se proponen, ya sea ridiculizándolas o menospreciándolas. Creo que, como alguien ha dicho, su fe ciega en la técnica les hace pensar que todo tiene remedio y que por más que nos equivoquemos, siempre, siempre va a haber una solución técnica. Y se equivocan. Algunos de los efectos son irreversibles y están costando mucho dolor para muchos.

Cambios de los políticos

¿En general, los políticos han cambiado sus posiciones desde el principio de tus investigaciones?

Creo que sí. Al menos hemos conseguido colocar en sus agendas el problema de la exposición humana a los contaminantes ambientales con actividad hormonal y la necesidad de actuar. Europa ha reaccionado con todo su empaque, pero con una lentitud exasperante. Como el mastodonte esquizofrénico que aparenta ser, se debate entre lo que le gustaría legislar con carácter preventivo y lo que la presión política, económica y social le exige. Hemos presenciado enfrentamientos entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea más propios de patios de colegios que de grandes instituciones.

¡Con denuncia al maestro de guardia del recreo incluido! Ocurrió en 2013… Algunos países, liderados por Suecia, denunciaron a la Comisión Europea ante el Tribunal de Estrasburgo por no cumplir con el mandato dado por el Parlamento Europeo para establecer medidas de identificación de los compuestos disruptores endocrinos –aquellos que afectan a nuestro equilibrio hormonal– e implementar políticas de prevención de la exposición. Como era de esperar la denuncia prosperó, las medidas se están implementando y todo quedó en una demora de cerca de cinco años que más de uno habrá aprovechado en su beneficio.
La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental.
-¿Cuál es el efecto nocivo de los productos químicos de síntesis que más te ha sorprendido en todos estos años de investigaciones?

-Hay algunos aspectos bien conocidos por la toxicología reguladora, aquella que se encarga de establecer la evidencia de daño y recomendar las medidas de protección frente a los contaminantes ambientales, que están muy bien afianzados: los efectos de carcinogenicidad, mutagenicidad y toxicidad sobre la reproducción (reprotoxicidad), que identifican a los compuestos químicos que se encuadran bajo las siglas CMR.

A este respecto se han hecho grandes progresos. Si un compuesto químico entra en esta clasificación CMR se verá controlado por todo un aparato regulador que limitará su uso y los riesgos derivados de su empleo. No ocurre lo mismo para los compuestos químicos disruptores endocrinos, a pesar de que su exposición en momentos críticos de la vida de un individuo pueda tener consecuencias tan graves como cualquier compuesto CMR. Aquí el déficit regulador es impresionante y se suple con órdenes particulares de la Comisión Europea que, a veces, hasta sonrojan.
Es difícil guardar la compostura y no reaccionar ante la sucesión de regulaciones “a la baja”, durante más de veinte años, para controlar la presencia de bisfenol-A, un conocido disruptor endocrino, empleado en el envasado de alimentos, como es el caso del recubrimiento interior de las latas de conserva. Nosotros ya lo denunciamos en 1995. Hasta su prohibición definitiva en 2018 en todo tipo de envases para alimentos destinados a niños menores de tres años hemos asistido a un proceso de regulación penoso que nos parece tremendamente lento. El caso del bisfenol-A en uso alimentario es la crónica de una muerte anunciada y la resistencia numantina de los que se resisten a la búsqueda de una alternativa más segura. La pregunta es: ¿Quién nos va a quitar de encima años, décadas, de exposición inadvertida de nuestros hijos?

Los más peligrosos

¿Cuáles dirías que son los productos más peligrosos en salud humana?

Los compuestos CMR podrían ocupar ese primer lugar en el ránking, pero, tal y conforme está hecha la pregunta, hay un vicio en la formulación que se te ha incorporado al discurso sin darte cuenta: considerar los compuestos químicos de forma individual… En el caso de los compuestos CMR cualquier dosis entraña un riesgo, es decir, es necesario evitar cualquier exposición porque incluso a un nivel bajo de uno de esos compuestos se puede producir un efecto indeseable.

En el caso del resto de los compuestos químicos se ha establecido un nivel de seguridad de tal manera que, teóricamente, si no se alcanza esa concentración, no hay peligro. Hasta aquí todo aparentemente bajo control, pero ¿qué pasa cuando coincide la exposición de dos o más compuestos? ¿Se suman sus concentraciones y sus efectos? Este es uno de los aspectos más relevantes que el estudio de disruptores endocrinos ha traído al debate científico. El llamado efecto combinado o efecto cóctel ha echado por tierra la tranquilidad que nos daba el establecimiento de dosis o concentraciones seguras para muchas sustancias químicas cuando son consideradas de forma aislada.

¿Nos podrías dar algunos ejemplos de esos disruptores endocrinos?

Creo que el concepto de disrupción endocrina ya es familiar para muchos de nosotros y aparecen diariamente noticias sobre la presencia ambiental de muchos de compuestos químicos con estas propiedades. Por ejemplo, la reciente movida en torno al uso de los tickets de caja de impresión térmica ha reavivado el problema de la exposición humana a bisfenol-A, constituyente del papel térmico. Pero hay muchos más ejemplos: todo el mundo habla de los cosméticos sin parabenos, sin saber muy bien que esos parabenos son disruptores endocrinos.

Se conoce el peligro del residuo de pesticidas en los alimentos de cultivo industrial sin que tampoco sepa mucha gente que parte de la toxicidad de esos compuestos es su capacidad de mimetizar a las hormonas. Por último está el caso del empleo de determinados tipos de plásticos que suponen una exposición a ftalatos o a perfluorados, disruptores endocrinos bien caracterizados.

“Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta”

Biocultura sevilla

¿En qué va a consistir tu charla en BioCultura Sevilla?

Presentaré las últimas novedades sobre exposición humana a compuestos químicos disruptores endocrinos, centrándome en aquellos que, sin ser persistentes, contribuyen a la exposición en el día a día de la gente corriente, no profesionalmente expuesta. Para divulgar el conocimiento de este aspecto de la salud humana, hemos construido varios escenarios y daré recomendaciones de cómo disminuir la exposición con medidas de carácter personal… mientras que los responsables de velar por la exposición inadvertida de la población se espabilan.

¿De qué manera podemos “achicar” nuestra exposición a esos productos tan peligrosos como pesticidas, herbicidas, etc.? ¿Eligiendo alimentos ecológicos?

Hay múltiples fuentes y varias vías de exposición. Entre las fuentes, el origen de los alimentos, su procesamiento, envasado y preparación representa uno de los campos mejor estudiados y con más fácil intervención. Pero no podemos olvidar fuentes de exposición como los cosméticos, los detergentes y artículos de limpieza, los textiles o la calidad del aire exterior y del interior de nuestros hogares. Todas estas fuentes convergen en unas pocas vías de acceso a nuestro organismo, la digestiva, la dérmica y la inhalatoria. Sobre fuentes y vías podemos actuar de forma preventiva.
El consumo de productos ecológicos puede ayudar a reducir de forma significativa la exposición a pesticidas y fitosanitarios, pero no debemos olvidar lo que atañe a su empaquetado y su elaboración. Todo el proceso de producción de alimentos es muy vulnerable y está continuamente sometido a la presión de ciertas mejoras, que tan solo lo son en apariencia. El empleo abusivo de fertilizantes, el empleo sistemático de pesticidas, insecticidas y fungicidas, el uso habitual de herbicidas, resulta, al final, en la presencia del residuo de estos compuestos en el alimento de origen vegetal.

La contaminación marina por compuestos persistentes y metales nos trae a la mesa el pescado rico en mercurio, que no hace ninguna falta. Se hace necesaria otra forma de producción que nos asegure que el productor está de nuestro lado, proveyendo alimentos de origen vegetal y animal sin residuos químicos. Los que se han acogido a las formas de producción ecológica nos están haciendo un gran favor. Nuestra elección favorecerá la popularización de esos productos y su competitividad en el mercado.

La alimentación

¿Cuál es tu propuesta para la alimentación?

No soy experto en alimentación y he llegado a este campo tratando de averiguar la causa de enfermedades comunes como el cáncer, la obesidad o la infertilidad. Pero sí que te puedo dar las recomendaciones que he aprendido y me parecen útiles: 1. Come de producción ecológica; 2. Consume productos locales y de temporada; 3. Compra pagando el precio justo, y 4. Come de todo, poco.

¿España es más peligrosa o menos que otros países de nuestro alrededor? ¿Se controlan los alimentos? ¿Se hacen estudios sobre exposición a niveles pequeños?

Afortunadamente para nosotros, somos Europa. Esto quiere decir que nos vemos sometidos a decisiones de carácter global que se han tomado en un Parlamento Europeo donde están representados países con una gran tradición ambiental y con un movimiento ciudadano muy importante. Creo que eso ha sido un buen freno para que no se den demasiados casos ligados a la idiosincrasia de la raza. Como decía un amigo mío sudamericano: “Vengo de un país de listillos, nos pasamos el día maquinando como defraudar al fisco o engañar al vecino”.

No será el caso de España, ¡no¡, pero creo que las reglas del juego impuestas por la Comisión Europea nos ayudan a controlar muchos aspectos de nuestra seguridad ambiental, en el sentido más amplio de la palabra. No es el momento de discutir el tema, pero la presión europea sobre la regulación del consumo de pescado con altos niveles de mercurio en España y Portugal es un buen ejemplo de lo que estoy refiriendo. Sí, se han hecho buenos estudios sobre exposición química ambiental en España, unos pocos poblacionales y otros ligados a estudios epidemiológicos.

Los trabajos de Cataluña y Canarias son pioneros, después han venido otros realizados por el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA). Destaca el estudio en el que participa esta última institución y mi grupo de trabajo, que comprende 27 países europeos. El proyecto se identifica con las siglas HBM4EU y está midiendo la presencia en el cuerpo humano, de individuos reclutados en el norte y sur, este y oeste de Europa, ya sean niños, adolescentes o adultos, de toda una batería de compuestos químicos entre los que se encuentran muchos disruptores endocrinos. Los resultados estarán listos en unos meses y servirán para orientar políticas de prevención de la exposición

Efecto cóctel

¿Nos puedes hablar brevemente del “efecto cóctel”?

Como ya he comentado el efecto sumatorio de múltiples compuestos químicos actuando de forma combinada –ya sea sinérgica o antagónica, es decir, sumando o restando- ha desarmado el argumentario de “todo está bajo control” que tanto ha pregonado la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Como comprenderás, el establecimiento de concentraciones para las cuales no se presume ningún efecto indeseable para la salud, para un determinado pesticida presente en un alimento considerado de forma aislada, queda desautorizado si se consideran varios residuos de pesticidas en, por ejemplo, un tomate, que se unen a los residuos del resto de los componentes de la ensalada, y este primer plato se suma a lo que aporta el segundo plato y todos, al postre.
Nos gustaría que se legislara en función de la suma de residuos que aporta nuestra comida diaria y que, además, se tuvieran en consideración los compuestos que se incorporan por nuestra piel cuando usamos determinados cosméticos o por la respiración cuando aspiramos aromas artificiales… Esa sería la forma correcta y honesta de establecer cuanto es admisible de un determinado compuesto químico contaminante ambiental. Pero estamos lejos de ello: el efecto cóctel no está en la agenda de los organismos reguladores.

Los niños

¿Los niños son los más vulnerables a los efectos nocivos de la alimentación convencional? ¿Ellos deberían comer más que nadie “bio”?

Junto al efecto combinado y la invalidez del uso regulador de las bajas dosis, lo que llamamos las ventanas de exposición son el tercer y gran problema de la evaluación del riesgo para la salud tras la exposición a disruptores endocrinos. Siempre hemos denunciado que la toxicología reguladora se ha centrado en el que la paga: Hombre rico del mundo desarrollado. Por esta razón, creo que se ha olvidado la idiosincrasia de la mujer, las peculiaridades del embrión/feto/niño y las dualidades rico/pobre, norte/sur, primer mundo/tercer mundo… Dentro de este contexto, las fases por las que pasa la vida de un individuo, sea cual sea su condición, son determinantes del efecto tras la exposición a un disruptor endocrino.

Determinados momentos en tu vida significan diferentes riesgos ante exposiciones idénticas: el embrión y feto, esto es la vida intrauterina, la primera infancia, la pubertad… todos representan momentos de máxima sensibilidad a los contaminantes ambientales. Creo que las generalizaciones en el control de la exposición son desafortunadas y deberían tener en cuenta los momentos en la vida de un individuo que se asocian con el mayor riesgo para el desencadenamiento de un efecto adverso, fases de la vida que llamamos ventanas de exposición. En respuesta a la segunda parte de tu pregunta, la alimentación debería ser especialmente cuidada en esos momentos de la vida de un individuo.

¿Nos puedes hablar de algunas de tus conclusiones en estos años de estudio que tengan que ver con exposición a químicos a través de la dieta y efectos en población infantil?

Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta. Un ejemplo: la exposición intrauterina, en el vientre de la madre del embrión macho –el niño– a disruptores endocrinos con actividad hormonal estrogénica y antiandrogénica se asocia con un fracaso en la producción de semen en la edad adulta.
En otras palabras, en la base de la infertilidad masculina asociada a la baja calidad de su semen… podría estar la exposición de la madre cuando quedó embarazada a contaminantes ambientales. Todo se encuadra dentro del llamado Síndrome de Disgenesia Testicular en el que la exposición ambiental parece tener un papel importante, y que implica no solo mala calidad seminal sino también un mayor riesgo de padecer cáncer de testículo o un defecto de la colocación del testículo en la bolsa escrotal (criptorquidia) observado al nacimiento. Espero tener ocasión de contaros en BioCultura la historia de los preciosos MIL DIAS, pero la hipótesis del origen tempano de enfermedades de presentación en el adulto está cada vez más fundamentada.

Baja natalidad

¿Nuestra baja natalidad tiene que ver con los efectos hormonales de la polución química y sus consecuencias en la población humana? ¿Somos un país muy expuesto?

El ejemplo de la respuesta anterior, es decir, la mala calidad y pobreza seminal del varón está contribuyendo en toda Europa, y en el mundo occidental en general, a la infecundidad de las parejas. Es cierto que la infertilidad masculina y femenina son multicausales, pero en ambos casos la exposición ambiental, es decir nuestros hábitos y exposiciones del día a día, están contribuyendo a este fenómeno. El problema del varón se describió en Europa del Norte, para más tarde generalizarse en todos los países desarrollados.

En España, los varones no escapan a esa tendencia decreciente de su calidad seminal que no parece haber tocado fondo, como se constata en cada nuevo estudio que se hace en Europa y España. Este problema tiene dos aspectos no bien conocidos por la opinión pública, que van más allá de la infertilidad del varón. El primero es que esa infertilidad se asocia en el varón con la caída en los valores de testosterona (la hormona masculina), lo que significa un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad metabólica, la diabetes y/ padecer problemas cardiacos.

El segundo, es que nos ha servido para darnos cuenta de cómo reacciona nuestro primer mundo a esta evidencia, ya que, en lugar de buscar la causa, se proponen soluciones basadas en la técnica. En este caso particular, han proliferado de las clínicas de reproducción asistida. ¡En Granada ya hay más que oficinas de farmacia! Es una huida hacia adelante tan típica de la sociedad actual, donde la tecnología quiere resolver los problemas provocados por la propia tecnificación.

Pedro Burruezo

CHARLA EN BIOCULTURA

viernes, 25 de enero de 2019

Un cóctel de plaguicidas en la comida de los europeos

El sistema de seguridad alimentaria de la UE no es tan seguro. Tres de cada 100 alimentos presentan residuos de pesticidas por encima de los valores máximos permitidos

KOLDO HERNÁNDEZ KISTIÑE GARCÍA
Viñedos de Sakonnet (EE.UU.).
NATIONAL INSTITUTE FOR OCCUPATIONAL SAFETY AND HEALTH (NIOSH)  
La UE quiere transmitir una imagen de control de la seguridad de sus alimentos respecto a la presencia de plaguicidas que no se sostiene con los datos de sus propios informes oficiales1.

Según la Autoridad de Seguridad Alimentaria, organismo encargado de controlar que los alimentos no contengan residuos de plaguicidas peligrosos para la población, los alimentos de venta en Europa están libres de residuos de pesticidas. También el comisario de Salud y Seguridad Alimentaria de la Unión Europea Vytenis Andriukaitis ofrece un mensaje tranquilizador alabando la cadena alimentaria de la Unión Europea, que según él, permite asegurar la mejora continua.

Sin embargo, los últimos informes2 oficiales sobre la presencia de pesticidas en muestras de alimentos desmienten la complaciente versión oficial.

Empecemos por el cumplimiento de la ley, que obliga a que los residuos de pesticidas que quedan en los alimentos estén por debajo de una cantidad o límite considerado seguro.

En 2014, el 97,1% de las muestras tomadas tenían residuos por debajo de ese límite de seguridad. En 2015, prácticamente se repitieron los datos de 2014. Sin embargo, los datos empeoran en 2016, en el que el 96,2% de las muestras tomadas satisfacían los requisitos de la ley.

EN 2016 EL 3,8% DE ALIMENTOS A LA VENTA EN EUROPA NO ERAN SEGUROS POR NO CUMPLIR LA LEY

Aunque los valores de cumplimiento superiores al 96% de los tres últimos años pueden entenderse como muy satisfactorios (y así lo hacen las autoridades europeas), la interpretación de los datos cambia con solo hacer la lectura inversa. Así, se obtiene que en 2016 el 3,8% de alimentos a la venta en Europa no eran seguros por no cumplir la ley. También contenían más tóxicos de los permitidos el 2,8% de los alimentos consumidos en 2015 y el 2,9% en 2014.

Es decir, aproximadamente tres de cada 100 alimentos que comemos los europeos presentan residuos de plaguicidas por encima de los valores máximos que la legislación concibe como adecuados para proteger nuestra salud y la de nuestros hijos e hijas.

Por sí solos, estos porcentajes desmienten que el sistema de vigilancia de seguridad alimentaria en materia de residuos de plaguicidas posibilite la mejora continua. Por un lado, los porcentajes de cumplimiento son similares año tras año. Por otro lado, el empeoramiento de los datos observado en 2016 con respecto al 2015 debería ser motivo más que suficiente para una acción correctiva de envergadura por parte de la Unión Europea. En conclusión, el sistema incumple su objetivo principal de velar por la salud y mejorar la seguridad alimentaria.

Los datos de España, si bien distintos e inclusive mejores a los de la media de la Unión Europea, no alteran el paradigma descrito de satisfacción administrativa por los datos de cumplimiento, que en 2014 fueron del 98,6%, del 98,9% en 2015 y del 98% en 2016.

EN ESPAÑA EN 2016 SE ANALIZARON 571 PLAGUICIDAS, 122 EN CADA MUESTRA, FRENTE A LOS 682 Y 266 RESPECTIVAMENTE DE ALEMANIA Y LOS 566 Y 303 DE FRANCIA

Otro aspecto que pone en entredicho el sistema de vigilancia europeo es el escaso número de muestras analizadas. Así, en el caso español, las muestras analizadas fueron de 2.295, 2.186 y 2.384 en los años 2016 a 2014, lo que nos sitúa a la cola de Europa en lo que se refiere al número de muestras por cada 100.000 habitantes: fuimos el furgón de escoba en el 2015 y los antepenúltimos de 2016.

La media española, en este último año fue de 4,9 muestras por cada 100.000 habitantes muy alejada de la media europea de 16,4 y mucho más de la de Alemania con un 24,2 o Italia con un 18,2, e incluso del 10,2 de Francia.

A la discrecionalidad del tamaño de la muestra analizada en España le acompaña el menor número de plaguicidas examinados por muestra y el número de fitosanitarios evaluados en total. En España en el año 2016 se analizaron 571 plaguicidas, 122 en cada muestra, frente a los 682 y 266 respectivamente de Alemania, los 499 y 133 de Italia y los 566 y 303 de Francia.

La diferencia en el número de muestras y el total de plaguicidas estudiados señalan inequívocamente la disparidad de criterios entre los distintos Estados miembros de la Unión Europea. Puede concluirse que el sistema de vigilancia se basa en la voluntad, quizá arbitraria de las autoridades nacionales, en su capacidad analítica y en su decisión política de velar por la seguridad alimentaria, más que en un sistema de gestión uniforme y con los mismos estándares para todos los países.

La falta de mejora continua indicada en los párrafos anteriores se evidencia con mayor fuerza en los datos europeos sobre la presencia de múltiples residuos en la misma muestra. Así, en 2016 se detectaron residuos de varios plaguicidas en el 30,1% de las muestras de alimentos no procesados y en el 28% de comida procesada. Al respecto, un dato que merece destacarse es que en 2016 en la Unión Europea fueron detectadas 589 muestras con más de 10 o más pesticidas.

Estos datos evidencian que la ciudadanía europea se ve expuesta a un cóctel de sustancias plaguicidas en su alimentación, lo que supone un riesgo para la salud humana, más cuando la evaluación de los residuos de estas sustancias en la comida se realiza de manera individual para cada tóxico y no se analiza la realidad, es decir, el efecto conjunto de los distintos plaguicidas en un mismo alimento.

493 SUSTANCIAS PLAGUICIDAS QUE SON COMERCIALIZADAS EN EUROPA, DE 53 A 162 DE ÉSTAS CON PROPIEDADES DE ALTERACIÓN ENDOCRINA

A esto, se añade el hecho que de las 493 sustancias plaguicidas que son comercializadas en Europa, dependiendo de las fuentes, al menos 534 o 1625 de éstas son sustancias con propiedades de alteración endocrina, también conocidas como disruptores endocrinos, que tienen la capacidad de alterar el equilibrio hormonal y pueden alterar la fisiología a lo largo de la vida del individuo, desde el desarrollo fetal hasta la edad adulta6. Lejos de tener una presencia anecdótica en nuestra comida, un 33,6% de las muestras de alimentos analizadas en España en 2015 tenían residuos de este tipo de plaguicidas, lo que resulta extremadamente preocupante, ya que este tipo de sustancias por sus especiales características no tienen un nivel seguro de exposición, por lo que los límites legales de residuos no protegen a la población.

La Comisión debe cumplir lo indicado por la norma europea7 que regula los residuos de plaguicidas en alimentos y evaluar las sustancias plaguicidas por la combinación de éstas en la comida y no individualmente como se viene haciendo hasta este momento e impedir la comercialización de los plaguicidas disruptores endocrinos.

De no hacerlo Unión Europea continuará vulnerando el derecho internacional al medio ambiente por no contribuir de manera eficaz a la reducción del uso de plaguicidas, el derecho humano al disfrute del más alto nivel posible de salud, puesto que la presencia de residuos de plaguicidas en los alimentos es causa de enfermedades y, en especial, el derecho humano a una alimentación adecuada. Puesto que el concepto “adecuada” según la Observación General número, 12 de 1999 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales debe de interpretarse no solo como cantidad sino también como calidad.

El Comité considera que este derecho humano implica una alimentación libre de sustancias nocivas y sostiene que los Estados deben aplicar requisitos en materia de seguridad alimentaria y, por ende, en el sector de los plaguicidas en contacto con los alimentos que velen para que éstos sean seguros y adecuados desde un punto de vista cualitativo. El actual sistema de vigilancia europeo quizá no sea, como afirma el Comisario de Salud y Seguridad Alimentaria, el más eficiente de los que podrían ser implementados, ni el que impida la vulneración de los derechos humanos de los europeos.

1 EFSA, The 2014 European Union Report on Pesticide Residues in Food, http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4611 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2015 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4791 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2016 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/5348 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018).

2 EFSA, The 2014 European Union Report on Pesticide Residues in Food, http://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4611 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2015 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/4791 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018); EFSA, The 2016 European Union Report on Pesticide Residues in Food, https://www.efsa.europa.eu/en/efsajournal/pub/5348 (fecha de consulta: 8 de agosto de 2018)

4 PESTICIDE ACTION NETWORK, An assessment of endocrine disrupting pesticides by PAN Europe, http://www.disruptingfood.info/en/what-we-do-blog/41-an-assessment-of-endocrine-disrupting-pesticides-by-pan-europe (fecha de consulta: 10 de agosto de 2018).

5 COMISIÓN EUROPEA, .COMMISSION STAFF WORKING DOCUMENT IMPACT ASSESSMENT . Defining criteria for identifying endocrine disruptors in the context of the implementation of the plant protection products regulation and biocidal products regulation. Main report. SWD (2016) 211 final . Brussels, 15.6.2016)

6 GORE A. C., Gore, CHAPPELL V. A., FENTON S. E., FLAWS J. A., NADAL A., PRINS G. S., TOPPARI J., ZOELLER R. T. Endocrine Societystatement 2EDC-2: The Endocrine Society’s econd Scientific. Statementon Endocrine Disrupting Chemicals. (Endocrine Reviews 36: E1–E150, 2015) doi: 10.1210/er.2015-1010.

7 Reglamento (CE) nº 396/2005 del Parlamento europeo y del Consejo, de 23 de febrero de 2005. Relativo a los límites máximos de residuos de plaguicidas en alimentos y piensos de origen vegetal y animales y que modifica la Directiva 91/414/CEE.

Koldo Hernández y Kistiñe García son miembros de Ecologistas en Acción.

AUTOR

Koldo Hernández

Kistiñe García

sábado, 19 de enero de 2019

María A. Rey: "Un vertido de gasoil en el centro en el que trabajaba como médico desencadenó mi enfermedad"

Sufre Sensibilidad Química Múltiple, una dolencia crónica al alza "en una sociedad que trata con productos químicos todo, desde sus alimenos, la ropa que viste y el aire que respira", denuncia
María A. Rey (izquierda) ayer con María José Gómez. // Iñaki Osorio  
M.J.Álvarez | Ourense 18.01.2019 |

"Un vertido de gasoil en el centro donde trabajaba como médico, que se produjo el día 21 de enero de hace este mes 11 años, desencadenó mi Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Tras varias recaídas y año y medio de baja, tuve que cambiar de centro y puesto de trabajo y no he podido ver pacientes desde entonces".

Así, en primera persona, relataba la médico ourensana María Argentina Rey, durante una charla divulgativa ofrecida anoche en la sede de la Asociación Queixumes dos Pinos de Ourense, y con una mascarilla con la que debe de protegerse de por vida, qué es la sensibilidad química múltiple: "una enfermedad crónica, persistente, compleja y muy incapacitante, que a día de hoy no tiene tratamiento curativo, por lo que evitar las exposiciones es la única medida eficaz" señaló. De ahí su compromiso por tratar de informar y formar sobre esta patología, cuyo origen es a veces difícil de diagnosticar y que cualquiera puede sufrir , por la continua exposición a la que estamos sometidos desde que nacemos a agentes químicos nocivos.

"Esta sensibilidad química es una perdida adquirida de tolerancia a productos químicos diversos, podríamos decir que existe un antes y un después; el antes es una vida totalmente normal , como la de cualquier otra persona, y el después con un montón de limitaciones al perder esa tolerancia", explica.

Acompañada por María José Gómez, otra paciente aquejada de SQM, María Argentina expone con la claridad del paciente que es además facultativo, "que vivimos en una sociedad que trata con productos químicos sus alimentos, el agua, la ropa que viste, los productos de aseo y limpieza, los cosméticos, y que contamina hasta el aire que respira, por lo que nadie está libre de padecerla en algún momento de su vida. De ahí la importancia de sustituir esos productos químicos por alternativas más saludables para prevenir su aparición".

Advierte de que la exposición única o reiterada a productos químicos que puede desencadenar la enfermedad en unos casos y en otros "un accidente laboral debido a fumigaciones o vertidos de algún producto químico". Ese fue su caso, el fatídico derrame de gasoil que dio un vuelco a su vida y la convirtió en una militante de la prevención de la SQM.

Explica que cualquier trabajador puede verse afectado, pero más aquellos que trabajan en laboratorios, con productos químicos, profesionales de la limpieza y aumenta en sanitarios. Es incapacitante, pero mutuas, empresas no colaboran y el INSS "se niega a dar la incapacidad cuando ya no se puede trabajar", lamenta.

"Te cambia la vida"

Confiesa que "la enfermedad te cambia la vida, porque una vez que la adquieres te vas sensibilizando cada vez a más productos químicos y simple colonia, un desodorante, un ambientador o cualquier producto de limpieza, van a desencadenar los síntomas que afectan a diferentes órganos y sistemas: cardiovascular, respiratorio, endocrino, hepático, inmunológico, neurocognitivo, entre otros".

Como cada exposición a esos productos, agrava la enfermedad, ayer María hizo un llamamiento a al público, para que eviten tantos productos químicos de nuestras vidas, la mayoría innecesarios.

jueves, 20 de septiembre de 2018

ATENTADO CONTRA LA SALUD: OCHENTA MIL SUSTANCIAS QUÍMICAS Y ALIMENTOS CON RESIDUOS TÓXICOS

La OMS sujeta a intereses tecnológicos e industriales prefiere ignorar enfermedades específicas, englobándolas en un cúmulo de alergias para no cambiar la realidad

La industria y la tecnología han generado 80 mil sustancias químicas, entre las cuales entre 4 mil y 8 mil reunirían condiciones de toxicidad, hallándose el resto bajo análisis de expertos ambientales. Además, el 45% de los alimentos en góndolas poseen residuos venenosos, sobre todo pesticidas, y todavía ignoramos el “grado de toxicidad del 85% de los 3 mil productos químicos utilizados en mayor cantidad”. Estas afirmaciones se pueden encontrar en el libro Medio Ambiente y Salud Mujeres y Hombres en un Mundo de Nuevos Riesgos de la investigadora catalana y médica especializada en endocrinología Carmen Valls-Llobet.

El medio ambiente contamina con sustancias sintéticas, artificiales y minerales que “se introducen en el cuerpo a través de la piel, del agua y de los alimentos, o de partículas en suspensión en el aire que se introducen por la respiración.” Las radiaciones ionizantes (Rayos X, radioactividad), o no ionizantes como electromagnetismo, telefonía móvil y antenas afectan directamente a los tejidos. La autora especifica que la toxicidad en el medio ambiente puede transmitirse de generación en generación por modificación genética deliberada.

Accidentes laborales y la Sensibilidad Química Múltiple

Los accidentes laborales dieron a luz lo que se pretende negar: los insecticidas aplicados en áreas laborales cerradas, los llamados organofosforados, perturban la función endocrina ovárica hipotalámica y tiroidea de las mujeres expuestas, y surgen enfermedades emergentes como el síndrome de sensibilidad química múltiple, fibromialgia y síndrome de fatiga crónica.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) desencadena una serie de síntomas frente a un grupo amplio de sustancias tóxicas, generalmente sintéticas, tales como hidrocarburos y múltiples compuestos hallados en cosméticos y limpiadores de uso cotidiano. También la electro sensibilidad (EHS) es una respuesta del cuerpo al superarse los biomarcadores y las dosis de los límites reglamentados mundialmente. Los principales causantes son: teléfonos móviles, antenas de telefonía, los Wifis y otros sistemas de transmisión por radiofrecuencia como vigila bebés o televisiones inteligentes, al igual que transformadores, líneas de alta tensión, y motores eléctricos.

La Organización Mundial de la Salud prefiere ignorar estas enfermedades

La SQM y la EHS son enfermedades negadas por la Organización Mundial de la Salud, obviamente no ajena a los intereses tecnológicos e industriales. Por eso solo afirma que se trata de alergias no específicas. España no reconoció oficialmente la SQM hasta 2014 y el único país que admite la electro sensibilidad y sus consecuencias contraproducentes es Suecia, vinculándola con la discapacidad.

Lo cierto es que según la Asociación de Gran Canaria Afigranca, de denodada actuación contra la contaminación ambiental, reafirma que tras reiteradas investigaciones en diversos lugares del mundo la mayoría de los productos químicos tóxicos son disruptores endocrinos, rompen el equilibrio de las hormonas, especialmente las ováricas, testiculares y tiroideas y alteran la melatonina. “Son cancerígenos, acrecentando los riesgos de cáncer de mama, linfomas, cáncer de páncreas, y otros tipos de cáncer.

Por su parte, Valls Llobet concluye “…todo ser humano está ahora sujeto al contacto con peligrosos productos químicos desde su nacimiento hasta su muerte".

lunes, 10 de septiembre de 2018

SQM y EHS, dos enfermedades negadas por su carácter ambiental

CARLOS ÁLVAREZ BERLANA — MADRID 7 SEP, 2018

Como consecuencia del progreso están apareciendo enfermedades que, como las descritas en este trabajo, pueden considerarse ‘enfermedades centinela’ por cuanto advierten de factores peligrosos para la salud.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) consiste en una serie de síntomas desencadenados ante la exposición a un amplio grupo de sustancias, generalmente tóxicas y usualmente sintéticas, entre las que se encuentran los hidrocarburos y múltiples compuestos presentes en cosméticos y limpiadores de uso cotidiano. La electrosensibilidad (EHS) es una respuesta de intolerancia a campos electromagnéticos en dosis por debajo de los límites de las actuales reglamentaciones. Entre los distintos sistemas e infraestructuras que originan la respuesta de la electrosensibilidad se encuentran los teléfonos móviles y antenas de telefonía, los Wifis y otros sistemas de transmisión por radiofrecuencia como vigilabebés o televisiones inteligentes, así como transformadores, líneas de alta tensión, transformadores y motores eléctricos.

Investigaciones recientes consideran que la SQM y la EHS tienen los mismos mecanismos subyacentes y representan diferentes desórdenes de un tipo de trastorno común. Ciertos marcadores epigenéticos y variables analíticas alteradas podrían servir como criterio diagnóstico para ambas enfermedades. Según este punto de vista, la disminución en la capacidad de transportación iónica en las membranas celulares produciría un estrés oxidativo a nivel celular que estaría en la base de ambos problemas de salud.

Aspectos advertidos

La SQM es una enfermedad mayoritariamente de mujeres. Un sistema inmunitario y hormonal más complejo según algunos autores predispondría en mayor medida hacia este tipo de trastornos. Una mayor exposición femenina ante cierto tipo de sustancias químicas tóxicas podría estar favoreciendo también esta prevalencia por sexos. Ninguna de ambas se puede considerar una enfermedad rara, puesto que la SQM podría estar afectando hasta a un 1% de la población y hasta un 3% de personas podría estar experimentando síntomas leves asociados a la exposición electromagnética.
Se trata de problemas de salud de origen ambiental asociados al progreso

Se trata de problemas de salud de origen ambiental asociados al progreso. La SQM aparece en los países industrializados a partir de los años 50. La EHS surge entre los operadores de radar en la misma década de los años 50 y se extiende entre la población a partir de los años 90 con el auge de la telefonía móvil.

La SQM y la EHS son enfermedades negadas, fundamentalmente por el cuestionamiento que representan para nuestro modo de vida y modelo industrial. En España la SQM no ha sido oficialmente reconocida hasta el 2014 y la OMS aún no le dedica un epígrafe específico en su Clasificación internacional de enfermedades, siendo incluida dentro del grupo de las alergias no específicas. El único país del mundo que ha reconocido la electrosensibilidad es Suecia, como discapacidad, y la OMS aún no ha asumido que sea un problema de salud causado por la exposición a los campos electromagnéticos.

Cuestiones de género

Aparte de los intereses tecnológicos e industriales en la negación y desatención de las personas, con SQM y EHS se mezclan cuestiones de género. La psiquiatrización ha sido una actuación a la que se han tenido que enfrentar las mujeres con SQM, cuyo estrés psicológico por la compleja situación de salud y de incomprensión del entorno ha pretendido ser una demostración de problemas psiquiátricos. La prescripción injustificada de psicofármacos aún continúa siendo una práctica habitual ante estas enfermas.
La SQM y la EHS son enfermedades negadas fundamentalmente por el cuestionamiento que representan para nuestro modo de vida y modelo industrial

En la electrosensibilidad la situación a día de hoy es si cabe aún más grave pues, aparte de las dificultades de movilidad por la presencia constante de redes de telecomunicaciones y la falta de reconocimiento oficial, nos podemos encontrar con expertos e investigaciones financiadas por las compañías de telefonía que abogan por la teoría psicológica para este problema de salud.

Biomarcadores y diagnóstico

A pesar de existir biomarcadores y variables analíticas características, el diagnóstico de la SQM y la EHS se realiza mediante la historia y cuestionario clínico, identificando los diversos elementos desencadenantes entre los que también se encuentran las intolerancias alimentarias. Para la SQM está estandarizado el uso del cuestionario QUESSI y para la electrosensibilidad además de la entrevista clínica existe un cuestionario realizado por el Colegio de médicos de Austria.
La psiquiatrización ha sido una actuación a la que se han tenido que enfrentar las mujeres con SQM

Las primeras medidas terapéuticas consisten en evitar sustancias químicas y campos electromagnéticos asociados a la sintomatología, así como unas pautas de alimentación que incluyen comida ecológica y agua mineral o filtrada detalladas en diversos protocolos ambientales diseñados para estos pacientes. Se acompañan estos cambios en el modo de vida de complementos alimenticios que incluyen vitaminas y antioxidantes para favorecer la eliminación de radicales libres a nivel celular. Tanto desde la medicina convencional como la naturista existen tratamientos de desintoxicación destinados a la eliminación de sustancias tóxicas y metales pesados del organismo. También se testa la presencia de algunos patógenos como la borrelia que pueden estar relacionados con el cuadro clínico.

Enfermedades ambientales

La SQM y la EHS como enfermedades específicamente ambientales tienen un significado sobre la salud y el medioambiente que excede la propia problemática de los afectados. Se consideran enfermedades “centinela”, puesto que están alertando sobre la presencia de nuevos factores ambientales peligrosos y adelantando el incremento de cierto tipo de enfermedades asociadas con el progreso. En relación a la llamada contaminación electromagnética, diversos expertos prevén un incremento de problemas de salud relacionados con la creciente exposición electromagnética a la que actualmente está sometida la población.
Desde la perspectiva de la medicina ambiental, entre un 30 y un 50% de todas las enfermedades podrían tener su origen en los factores ambientales

En el caso de la SQM, se puede establecer un vínculo entre la aparición y desarrollo de estas patologías y los problemas medioambientales ocasionados por el modelo de desarrollo industrial humano en las últimas décadas. Desde la perspectiva de la medicina ambiental, entre un 30 y un 50% de todas las enfermedades podrían tener su origen en los factores ambientales.

Algunas recomendaciones

Algunas recomendaciones para minimizar la carga tóxica y la exposición electromagnética
  • Sopesa la presencia de limpiadores convencionales en tu hogar. Busca alternativas ecológicas en las tiendas o supermercados. Vinagre, limón, bicarbonato, bórax, agua oxigenada, jabón puro son alternativas viables para la limpieza de la casa y la ropa. Recuerda que los limpiadores que utilices suelen acabar en el desagüe. Si reduces los químicos tóxicos en tu hogar también los reduces en el medioambiente.
  • Sopesa la utilización de cosméticos convencionales. Los aceites naturales como almendras, argán, rosa mosqueta, o sustancias como la glicerina pueden ser una alternativa para la hidratación. La piedra de alumbre, el vinagre de manzana o el limón pueden ser utilizados como desodorante.
  • Apaga o aleja el teléfono móvil durante el sueño. Evita utilizarlo en transporte en movimiento o en zonas de baja cobertura. Descarga previamente a la memoria y visualiza offline los contenidos. Haz llamadas breves. Utiliza un manos libres. Apaga el Wifi cuando no lo uses. Considera utilizar una conexión a internet por cable. Se consciente de que los dispositivos inalámbricos emiten radiación electromagnética.
REFERENCIAS

Guía de Control Ambiental: Una alternativa de vida sana. Guía para afectados de Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, otros enfermos ambientales y personas interesadas en mejorar su calidad de vida. GEDEA. 2010.



Guía Práctica de Control Ambiental adecuada para las personas que quieran llevar una vida más saludable. No Fun. 2015


Declaración científica internacional de Bruselas sobre Electrohipersensibilidad y Sensibilidad Química Múltiple. 2015.


Directrices del Colegio de Médicos de Austria para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades y problemas de salud relacionados con los campos electromagnéticos (síndrome de los CEM). 2012.


Guía EuropaEM para la prevención y tratamiento de enfermedades y problemas de salud relacionados con los Campos electromagnéticos (CEM-EMF). Reviews on Environmental Health. 2016.


http://www.peccem.org/DocumentacionDescarga/ElectroHiperSensibilidad/Guia.EUROPAEM.2016.pdf

Carlos Álvarez Berlana

Responsable del Área de Comunicación de la Asociación Electro yQuímico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS)