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viernes, 22 de marzo de 2019

¿Quién nos va a quitar los años de exposición a químicos tóxicos de nuestros hijos?

Nicolás Olea es catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada/Hospital Universitario S. Cecilio (Granada). Es uno de los mayores expertos mundiales en discernir cómo la exposición a productos químicos nocivos puede alterar nuestra salud y la del medio ambiente. Estará en BioCultura Sevilla dando una conferencia magistral (ver datos abajo), como siempre.

¿Todavía hay negacionistas de los efectos nocivos de los productos químicos en la salud humana?

La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental. Esos individuos se contrarían cuando oyen que es urgente la implementación de una política más estricta y basada en la precaución porque sienten atacado su modelo de progreso.

Esas mismas personas tratan de llevar al absurdo muchas de las recomendaciones precautorias que se proponen, ya sea ridiculizándolas o menospreciándolas. Creo que, como alguien ha dicho, su fe ciega en la técnica les hace pensar que todo tiene remedio y que por más que nos equivoquemos, siempre, siempre va a haber una solución técnica. Y se equivocan. Algunos de los efectos son irreversibles y están costando mucho dolor para muchos.

Cambios de los políticos

¿En general, los políticos han cambiado sus posiciones desde el principio de tus investigaciones?

Creo que sí. Al menos hemos conseguido colocar en sus agendas el problema de la exposición humana a los contaminantes ambientales con actividad hormonal y la necesidad de actuar. Europa ha reaccionado con todo su empaque, pero con una lentitud exasperante. Como el mastodonte esquizofrénico que aparenta ser, se debate entre lo que le gustaría legislar con carácter preventivo y lo que la presión política, económica y social le exige. Hemos presenciado enfrentamientos entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea más propios de patios de colegios que de grandes instituciones.

¡Con denuncia al maestro de guardia del recreo incluido! Ocurrió en 2013… Algunos países, liderados por Suecia, denunciaron a la Comisión Europea ante el Tribunal de Estrasburgo por no cumplir con el mandato dado por el Parlamento Europeo para establecer medidas de identificación de los compuestos disruptores endocrinos –aquellos que afectan a nuestro equilibrio hormonal– e implementar políticas de prevención de la exposición. Como era de esperar la denuncia prosperó, las medidas se están implementando y todo quedó en una demora de cerca de cinco años que más de uno habrá aprovechado en su beneficio.
La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental.
-¿Cuál es el efecto nocivo de los productos químicos de síntesis que más te ha sorprendido en todos estos años de investigaciones?

-Hay algunos aspectos bien conocidos por la toxicología reguladora, aquella que se encarga de establecer la evidencia de daño y recomendar las medidas de protección frente a los contaminantes ambientales, que están muy bien afianzados: los efectos de carcinogenicidad, mutagenicidad y toxicidad sobre la reproducción (reprotoxicidad), que identifican a los compuestos químicos que se encuadran bajo las siglas CMR.

A este respecto se han hecho grandes progresos. Si un compuesto químico entra en esta clasificación CMR se verá controlado por todo un aparato regulador que limitará su uso y los riesgos derivados de su empleo. No ocurre lo mismo para los compuestos químicos disruptores endocrinos, a pesar de que su exposición en momentos críticos de la vida de un individuo pueda tener consecuencias tan graves como cualquier compuesto CMR. Aquí el déficit regulador es impresionante y se suple con órdenes particulares de la Comisión Europea que, a veces, hasta sonrojan.
Es difícil guardar la compostura y no reaccionar ante la sucesión de regulaciones “a la baja”, durante más de veinte años, para controlar la presencia de bisfenol-A, un conocido disruptor endocrino, empleado en el envasado de alimentos, como es el caso del recubrimiento interior de las latas de conserva. Nosotros ya lo denunciamos en 1995. Hasta su prohibición definitiva en 2018 en todo tipo de envases para alimentos destinados a niños menores de tres años hemos asistido a un proceso de regulación penoso que nos parece tremendamente lento. El caso del bisfenol-A en uso alimentario es la crónica de una muerte anunciada y la resistencia numantina de los que se resisten a la búsqueda de una alternativa más segura. La pregunta es: ¿Quién nos va a quitar de encima años, décadas, de exposición inadvertida de nuestros hijos?

Los más peligrosos

¿Cuáles dirías que son los productos más peligrosos en salud humana?

Los compuestos CMR podrían ocupar ese primer lugar en el ránking, pero, tal y conforme está hecha la pregunta, hay un vicio en la formulación que se te ha incorporado al discurso sin darte cuenta: considerar los compuestos químicos de forma individual… En el caso de los compuestos CMR cualquier dosis entraña un riesgo, es decir, es necesario evitar cualquier exposición porque incluso a un nivel bajo de uno de esos compuestos se puede producir un efecto indeseable.

En el caso del resto de los compuestos químicos se ha establecido un nivel de seguridad de tal manera que, teóricamente, si no se alcanza esa concentración, no hay peligro. Hasta aquí todo aparentemente bajo control, pero ¿qué pasa cuando coincide la exposición de dos o más compuestos? ¿Se suman sus concentraciones y sus efectos? Este es uno de los aspectos más relevantes que el estudio de disruptores endocrinos ha traído al debate científico. El llamado efecto combinado o efecto cóctel ha echado por tierra la tranquilidad que nos daba el establecimiento de dosis o concentraciones seguras para muchas sustancias químicas cuando son consideradas de forma aislada.

¿Nos podrías dar algunos ejemplos de esos disruptores endocrinos?

Creo que el concepto de disrupción endocrina ya es familiar para muchos de nosotros y aparecen diariamente noticias sobre la presencia ambiental de muchos de compuestos químicos con estas propiedades. Por ejemplo, la reciente movida en torno al uso de los tickets de caja de impresión térmica ha reavivado el problema de la exposición humana a bisfenol-A, constituyente del papel térmico. Pero hay muchos más ejemplos: todo el mundo habla de los cosméticos sin parabenos, sin saber muy bien que esos parabenos son disruptores endocrinos.

Se conoce el peligro del residuo de pesticidas en los alimentos de cultivo industrial sin que tampoco sepa mucha gente que parte de la toxicidad de esos compuestos es su capacidad de mimetizar a las hormonas. Por último está el caso del empleo de determinados tipos de plásticos que suponen una exposición a ftalatos o a perfluorados, disruptores endocrinos bien caracterizados.

“Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta”

Biocultura sevilla

¿En qué va a consistir tu charla en BioCultura Sevilla?

Presentaré las últimas novedades sobre exposición humana a compuestos químicos disruptores endocrinos, centrándome en aquellos que, sin ser persistentes, contribuyen a la exposición en el día a día de la gente corriente, no profesionalmente expuesta. Para divulgar el conocimiento de este aspecto de la salud humana, hemos construido varios escenarios y daré recomendaciones de cómo disminuir la exposición con medidas de carácter personal… mientras que los responsables de velar por la exposición inadvertida de la población se espabilan.

¿De qué manera podemos “achicar” nuestra exposición a esos productos tan peligrosos como pesticidas, herbicidas, etc.? ¿Eligiendo alimentos ecológicos?

Hay múltiples fuentes y varias vías de exposición. Entre las fuentes, el origen de los alimentos, su procesamiento, envasado y preparación representa uno de los campos mejor estudiados y con más fácil intervención. Pero no podemos olvidar fuentes de exposición como los cosméticos, los detergentes y artículos de limpieza, los textiles o la calidad del aire exterior y del interior de nuestros hogares. Todas estas fuentes convergen en unas pocas vías de acceso a nuestro organismo, la digestiva, la dérmica y la inhalatoria. Sobre fuentes y vías podemos actuar de forma preventiva.
El consumo de productos ecológicos puede ayudar a reducir de forma significativa la exposición a pesticidas y fitosanitarios, pero no debemos olvidar lo que atañe a su empaquetado y su elaboración. Todo el proceso de producción de alimentos es muy vulnerable y está continuamente sometido a la presión de ciertas mejoras, que tan solo lo son en apariencia. El empleo abusivo de fertilizantes, el empleo sistemático de pesticidas, insecticidas y fungicidas, el uso habitual de herbicidas, resulta, al final, en la presencia del residuo de estos compuestos en el alimento de origen vegetal.

La contaminación marina por compuestos persistentes y metales nos trae a la mesa el pescado rico en mercurio, que no hace ninguna falta. Se hace necesaria otra forma de producción que nos asegure que el productor está de nuestro lado, proveyendo alimentos de origen vegetal y animal sin residuos químicos. Los que se han acogido a las formas de producción ecológica nos están haciendo un gran favor. Nuestra elección favorecerá la popularización de esos productos y su competitividad en el mercado.

La alimentación

¿Cuál es tu propuesta para la alimentación?

No soy experto en alimentación y he llegado a este campo tratando de averiguar la causa de enfermedades comunes como el cáncer, la obesidad o la infertilidad. Pero sí que te puedo dar las recomendaciones que he aprendido y me parecen útiles: 1. Come de producción ecológica; 2. Consume productos locales y de temporada; 3. Compra pagando el precio justo, y 4. Come de todo, poco.

¿España es más peligrosa o menos que otros países de nuestro alrededor? ¿Se controlan los alimentos? ¿Se hacen estudios sobre exposición a niveles pequeños?

Afortunadamente para nosotros, somos Europa. Esto quiere decir que nos vemos sometidos a decisiones de carácter global que se han tomado en un Parlamento Europeo donde están representados países con una gran tradición ambiental y con un movimiento ciudadano muy importante. Creo que eso ha sido un buen freno para que no se den demasiados casos ligados a la idiosincrasia de la raza. Como decía un amigo mío sudamericano: “Vengo de un país de listillos, nos pasamos el día maquinando como defraudar al fisco o engañar al vecino”.

No será el caso de España, ¡no¡, pero creo que las reglas del juego impuestas por la Comisión Europea nos ayudan a controlar muchos aspectos de nuestra seguridad ambiental, en el sentido más amplio de la palabra. No es el momento de discutir el tema, pero la presión europea sobre la regulación del consumo de pescado con altos niveles de mercurio en España y Portugal es un buen ejemplo de lo que estoy refiriendo. Sí, se han hecho buenos estudios sobre exposición química ambiental en España, unos pocos poblacionales y otros ligados a estudios epidemiológicos.

Los trabajos de Cataluña y Canarias son pioneros, después han venido otros realizados por el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA). Destaca el estudio en el que participa esta última institución y mi grupo de trabajo, que comprende 27 países europeos. El proyecto se identifica con las siglas HBM4EU y está midiendo la presencia en el cuerpo humano, de individuos reclutados en el norte y sur, este y oeste de Europa, ya sean niños, adolescentes o adultos, de toda una batería de compuestos químicos entre los que se encuentran muchos disruptores endocrinos. Los resultados estarán listos en unos meses y servirán para orientar políticas de prevención de la exposición

Efecto cóctel

¿Nos puedes hablar brevemente del “efecto cóctel”?

Como ya he comentado el efecto sumatorio de múltiples compuestos químicos actuando de forma combinada –ya sea sinérgica o antagónica, es decir, sumando o restando- ha desarmado el argumentario de “todo está bajo control” que tanto ha pregonado la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Como comprenderás, el establecimiento de concentraciones para las cuales no se presume ningún efecto indeseable para la salud, para un determinado pesticida presente en un alimento considerado de forma aislada, queda desautorizado si se consideran varios residuos de pesticidas en, por ejemplo, un tomate, que se unen a los residuos del resto de los componentes de la ensalada, y este primer plato se suma a lo que aporta el segundo plato y todos, al postre.
Nos gustaría que se legislara en función de la suma de residuos que aporta nuestra comida diaria y que, además, se tuvieran en consideración los compuestos que se incorporan por nuestra piel cuando usamos determinados cosméticos o por la respiración cuando aspiramos aromas artificiales… Esa sería la forma correcta y honesta de establecer cuanto es admisible de un determinado compuesto químico contaminante ambiental. Pero estamos lejos de ello: el efecto cóctel no está en la agenda de los organismos reguladores.

Los niños

¿Los niños son los más vulnerables a los efectos nocivos de la alimentación convencional? ¿Ellos deberían comer más que nadie “bio”?

Junto al efecto combinado y la invalidez del uso regulador de las bajas dosis, lo que llamamos las ventanas de exposición son el tercer y gran problema de la evaluación del riesgo para la salud tras la exposición a disruptores endocrinos. Siempre hemos denunciado que la toxicología reguladora se ha centrado en el que la paga: Hombre rico del mundo desarrollado. Por esta razón, creo que se ha olvidado la idiosincrasia de la mujer, las peculiaridades del embrión/feto/niño y las dualidades rico/pobre, norte/sur, primer mundo/tercer mundo… Dentro de este contexto, las fases por las que pasa la vida de un individuo, sea cual sea su condición, son determinantes del efecto tras la exposición a un disruptor endocrino.

Determinados momentos en tu vida significan diferentes riesgos ante exposiciones idénticas: el embrión y feto, esto es la vida intrauterina, la primera infancia, la pubertad… todos representan momentos de máxima sensibilidad a los contaminantes ambientales. Creo que las generalizaciones en el control de la exposición son desafortunadas y deberían tener en cuenta los momentos en la vida de un individuo que se asocian con el mayor riesgo para el desencadenamiento de un efecto adverso, fases de la vida que llamamos ventanas de exposición. En respuesta a la segunda parte de tu pregunta, la alimentación debería ser especialmente cuidada en esos momentos de la vida de un individuo.

¿Nos puedes hablar de algunas de tus conclusiones en estos años de estudio que tengan que ver con exposición a químicos a través de la dieta y efectos en población infantil?

Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta. Un ejemplo: la exposición intrauterina, en el vientre de la madre del embrión macho –el niño– a disruptores endocrinos con actividad hormonal estrogénica y antiandrogénica se asocia con un fracaso en la producción de semen en la edad adulta.
En otras palabras, en la base de la infertilidad masculina asociada a la baja calidad de su semen… podría estar la exposición de la madre cuando quedó embarazada a contaminantes ambientales. Todo se encuadra dentro del llamado Síndrome de Disgenesia Testicular en el que la exposición ambiental parece tener un papel importante, y que implica no solo mala calidad seminal sino también un mayor riesgo de padecer cáncer de testículo o un defecto de la colocación del testículo en la bolsa escrotal (criptorquidia) observado al nacimiento. Espero tener ocasión de contaros en BioCultura la historia de los preciosos MIL DIAS, pero la hipótesis del origen tempano de enfermedades de presentación en el adulto está cada vez más fundamentada.

Baja natalidad

¿Nuestra baja natalidad tiene que ver con los efectos hormonales de la polución química y sus consecuencias en la población humana? ¿Somos un país muy expuesto?

El ejemplo de la respuesta anterior, es decir, la mala calidad y pobreza seminal del varón está contribuyendo en toda Europa, y en el mundo occidental en general, a la infecundidad de las parejas. Es cierto que la infertilidad masculina y femenina son multicausales, pero en ambos casos la exposición ambiental, es decir nuestros hábitos y exposiciones del día a día, están contribuyendo a este fenómeno. El problema del varón se describió en Europa del Norte, para más tarde generalizarse en todos los países desarrollados.

En España, los varones no escapan a esa tendencia decreciente de su calidad seminal que no parece haber tocado fondo, como se constata en cada nuevo estudio que se hace en Europa y España. Este problema tiene dos aspectos no bien conocidos por la opinión pública, que van más allá de la infertilidad del varón. El primero es que esa infertilidad se asocia en el varón con la caída en los valores de testosterona (la hormona masculina), lo que significa un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad metabólica, la diabetes y/ padecer problemas cardiacos.

El segundo, es que nos ha servido para darnos cuenta de cómo reacciona nuestro primer mundo a esta evidencia, ya que, en lugar de buscar la causa, se proponen soluciones basadas en la técnica. En este caso particular, han proliferado de las clínicas de reproducción asistida. ¡En Granada ya hay más que oficinas de farmacia! Es una huida hacia adelante tan típica de la sociedad actual, donde la tecnología quiere resolver los problemas provocados por la propia tecnificación.

Pedro Burruezo

CHARLA EN BIOCULTURA

sábado, 19 de enero de 2019

María A. Rey: "Un vertido de gasoil en el centro en el que trabajaba como médico desencadenó mi enfermedad"

Sufre Sensibilidad Química Múltiple, una dolencia crónica al alza "en una sociedad que trata con productos químicos todo, desde sus alimenos, la ropa que viste y el aire que respira", denuncia
María A. Rey (izquierda) ayer con María José Gómez. // Iñaki Osorio  
M.J.Álvarez | Ourense 18.01.2019 |

"Un vertido de gasoil en el centro donde trabajaba como médico, que se produjo el día 21 de enero de hace este mes 11 años, desencadenó mi Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Tras varias recaídas y año y medio de baja, tuve que cambiar de centro y puesto de trabajo y no he podido ver pacientes desde entonces".

Así, en primera persona, relataba la médico ourensana María Argentina Rey, durante una charla divulgativa ofrecida anoche en la sede de la Asociación Queixumes dos Pinos de Ourense, y con una mascarilla con la que debe de protegerse de por vida, qué es la sensibilidad química múltiple: "una enfermedad crónica, persistente, compleja y muy incapacitante, que a día de hoy no tiene tratamiento curativo, por lo que evitar las exposiciones es la única medida eficaz" señaló. De ahí su compromiso por tratar de informar y formar sobre esta patología, cuyo origen es a veces difícil de diagnosticar y que cualquiera puede sufrir , por la continua exposición a la que estamos sometidos desde que nacemos a agentes químicos nocivos.

"Esta sensibilidad química es una perdida adquirida de tolerancia a productos químicos diversos, podríamos decir que existe un antes y un después; el antes es una vida totalmente normal , como la de cualquier otra persona, y el después con un montón de limitaciones al perder esa tolerancia", explica.

Acompañada por María José Gómez, otra paciente aquejada de SQM, María Argentina expone con la claridad del paciente que es además facultativo, "que vivimos en una sociedad que trata con productos químicos sus alimentos, el agua, la ropa que viste, los productos de aseo y limpieza, los cosméticos, y que contamina hasta el aire que respira, por lo que nadie está libre de padecerla en algún momento de su vida. De ahí la importancia de sustituir esos productos químicos por alternativas más saludables para prevenir su aparición".

Advierte de que la exposición única o reiterada a productos químicos que puede desencadenar la enfermedad en unos casos y en otros "un accidente laboral debido a fumigaciones o vertidos de algún producto químico". Ese fue su caso, el fatídico derrame de gasoil que dio un vuelco a su vida y la convirtió en una militante de la prevención de la SQM.

Explica que cualquier trabajador puede verse afectado, pero más aquellos que trabajan en laboratorios, con productos químicos, profesionales de la limpieza y aumenta en sanitarios. Es incapacitante, pero mutuas, empresas no colaboran y el INSS "se niega a dar la incapacidad cuando ya no se puede trabajar", lamenta.

"Te cambia la vida"

Confiesa que "la enfermedad te cambia la vida, porque una vez que la adquieres te vas sensibilizando cada vez a más productos químicos y simple colonia, un desodorante, un ambientador o cualquier producto de limpieza, van a desencadenar los síntomas que afectan a diferentes órganos y sistemas: cardiovascular, respiratorio, endocrino, hepático, inmunológico, neurocognitivo, entre otros".

Como cada exposición a esos productos, agrava la enfermedad, ayer María hizo un llamamiento a al público, para que eviten tantos productos químicos de nuestras vidas, la mayoría innecesarios.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Coca-Cola, Pepsi y Nestlé, las firmas que más contaminan los océanos con plástico

A partir de la iniciativa 'Break Free from Plastic' se recogieron alrededor de 187.000 piezas. Más del 65% correspondían a envoltorios de productos de grandes corporaciones mundiales.
Más de 1.000 voluntarios llevaron a cabo 239 acciones de limpieza de plásticos - Web de 
'Break Free from Plastic'  
MANILA 09/10/2018

Las multinacionales Cola-Cola, Pepsi y Nestlé son las firmas que más contribuyen a la contaminación de los océanos con plásticos de un sólo uso, según un estudio de la iniciativa 'Break Free from Plastic', que ha limpiado las costas de 42 países en todo el mundo.

"El informe demuestra de forma irrefutable el papel de las grandes corporaciones en perpetuar la contaminación mundial de plástico", señaló el coordinador global del movimiento 'Break free from Plastic', Von Hernandez, en el lanzamiento del estudio hoy en Manila.

Más de 10.000 voluntarios llevaron a cabo ente el 9 y el 15 de septiembre 239 acciones de limpieza de plásticos en costas y otros entornos naturales de 42 países como Filipinas, Tailandia, Vietnam, la India, Indonesia, Australia, Chile, Ecuador, Brasil, México, Estados Unidos, Canadá, Marruecos o España.

En total recogieron más 187.000 piezas de plástico, de las que más del 65% correspondían a envoltorios de productos de grandes corporaciones mundiales, con Coca-Cola, Pepsi y Nestlé a la cabeza.

Les siguen en el ranking de empresas más contaminantes: Danone, Mondelez, Procter & Gamble, Unilever, Perfetti van Melle, Mars Incorporated y Colgate-Palmolive, todas multinacionales relacionadas con la alimentación, la higiene y los productos del hogar.
En el ranking les sigue Danone, Mondelez y Procter & Gamble
"Estas compañías tienen que elegir, pueden ser parte del problema o de la solución. Si se empeñan en seguir utilizando para sus productos envolturas innecesarias de plástico, seguirán alentando su fabricación y por tanto la contaminación", apuntó Hernandez.

Alrededor de las 100.000 piezas o porciones de plástico recolectadas eran de materiales que son imposible o muy difíciles de reciclar, como el poliestireno, el PVC (cloruro de polivinilo), PET (tereftalato de polietileno) -usado sobre todo en botellas- o el filme de plástico de un sólo uso.

En la actualidad, la producción de plástico ha alcanzado las 320 millones de toneladas métricas al año y en la próxima década está previsto que crezca en un 40%, lo que aumentará exponencialmente la liberación de gases invernadero, ya que el 90% de los plásticos se producen a partir de energías fósiles y contaminantes.

"Debemos exigir a las corporaciones detrás de estas marcas de consumo masivo que dejen ese mal hábito de sobreempaquetar sus productos y revertir la demanda de más plástico", indicó Hernández, que lidera este movimiento global tras ejercer como director de Greenpeace en el sudeste asiático entre 2014 y 2018.

El informe reseña que estas grandes corporaciones deben asumir su responsabilidad en la contaminación del entorno a varios niveles, ya que la producción de plásticos expone a sustancias nocivas a las comunidades que viven cerca de las fábricas, pero también contaminan los alimentos y productos contenidos en los envoltorios de plástico.

"La población está acumulando en sangre ftalatos y otros químicos que alteran el sistema endocrino, además de pagar con sus impuestos el elevado coste de la gestión de los desechos de plástico", advierten desde 'Break Free from Plastic'.

El 80% de las 8.300 millones de toneladas métricas de plástico producidas desde 1950 todavía perdura en el medio ambiente, fundamentalmente en los océanos, según estudios recientes citados en el informe presentado hoy.

Desde entonces, solo el 9% de esa cantidad de plástico ha sido reciclada adecuadamente y el 12% incinerada.

La iniciativa 'Break Free from Plastic' nació en 2016 con el propósito de abogar por un futuro libre de plásticos, ya que durante el largo proceso de su desintegración liberan gases invernadero, sobretodo metano, que contribuyen al cambio climático.

Este movimiento cuenta ya con el respaldo de unas 6.000 personas y más de 1.300 organizaciones y grupos defensores del medio ambiente como Greenpeace, GAIA o Zero Waste

jueves, 20 de septiembre de 2018

ATENTADO CONTRA LA SALUD: OCHENTA MIL SUSTANCIAS QUÍMICAS Y ALIMENTOS CON RESIDUOS TÓXICOS

La OMS sujeta a intereses tecnológicos e industriales prefiere ignorar enfermedades específicas, englobándolas en un cúmulo de alergias para no cambiar la realidad

La industria y la tecnología han generado 80 mil sustancias químicas, entre las cuales entre 4 mil y 8 mil reunirían condiciones de toxicidad, hallándose el resto bajo análisis de expertos ambientales. Además, el 45% de los alimentos en góndolas poseen residuos venenosos, sobre todo pesticidas, y todavía ignoramos el “grado de toxicidad del 85% de los 3 mil productos químicos utilizados en mayor cantidad”. Estas afirmaciones se pueden encontrar en el libro Medio Ambiente y Salud Mujeres y Hombres en un Mundo de Nuevos Riesgos de la investigadora catalana y médica especializada en endocrinología Carmen Valls-Llobet.

El medio ambiente contamina con sustancias sintéticas, artificiales y minerales que “se introducen en el cuerpo a través de la piel, del agua y de los alimentos, o de partículas en suspensión en el aire que se introducen por la respiración.” Las radiaciones ionizantes (Rayos X, radioactividad), o no ionizantes como electromagnetismo, telefonía móvil y antenas afectan directamente a los tejidos. La autora especifica que la toxicidad en el medio ambiente puede transmitirse de generación en generación por modificación genética deliberada.

Accidentes laborales y la Sensibilidad Química Múltiple

Los accidentes laborales dieron a luz lo que se pretende negar: los insecticidas aplicados en áreas laborales cerradas, los llamados organofosforados, perturban la función endocrina ovárica hipotalámica y tiroidea de las mujeres expuestas, y surgen enfermedades emergentes como el síndrome de sensibilidad química múltiple, fibromialgia y síndrome de fatiga crónica.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) desencadena una serie de síntomas frente a un grupo amplio de sustancias tóxicas, generalmente sintéticas, tales como hidrocarburos y múltiples compuestos hallados en cosméticos y limpiadores de uso cotidiano. También la electro sensibilidad (EHS) es una respuesta del cuerpo al superarse los biomarcadores y las dosis de los límites reglamentados mundialmente. Los principales causantes son: teléfonos móviles, antenas de telefonía, los Wifis y otros sistemas de transmisión por radiofrecuencia como vigila bebés o televisiones inteligentes, al igual que transformadores, líneas de alta tensión, y motores eléctricos.

La Organización Mundial de la Salud prefiere ignorar estas enfermedades

La SQM y la EHS son enfermedades negadas por la Organización Mundial de la Salud, obviamente no ajena a los intereses tecnológicos e industriales. Por eso solo afirma que se trata de alergias no específicas. España no reconoció oficialmente la SQM hasta 2014 y el único país que admite la electro sensibilidad y sus consecuencias contraproducentes es Suecia, vinculándola con la discapacidad.

Lo cierto es que según la Asociación de Gran Canaria Afigranca, de denodada actuación contra la contaminación ambiental, reafirma que tras reiteradas investigaciones en diversos lugares del mundo la mayoría de los productos químicos tóxicos son disruptores endocrinos, rompen el equilibrio de las hormonas, especialmente las ováricas, testiculares y tiroideas y alteran la melatonina. “Son cancerígenos, acrecentando los riesgos de cáncer de mama, linfomas, cáncer de páncreas, y otros tipos de cáncer.

Por su parte, Valls Llobet concluye “…todo ser humano está ahora sujeto al contacto con peligrosos productos químicos desde su nacimiento hasta su muerte".

lunes, 10 de septiembre de 2018

SQM y EHS, dos enfermedades negadas por su carácter ambiental

CARLOS ÁLVAREZ BERLANA — MADRID 7 SEP, 2018

Como consecuencia del progreso están apareciendo enfermedades que, como las descritas en este trabajo, pueden considerarse ‘enfermedades centinela’ por cuanto advierten de factores peligrosos para la salud.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) consiste en una serie de síntomas desencadenados ante la exposición a un amplio grupo de sustancias, generalmente tóxicas y usualmente sintéticas, entre las que se encuentran los hidrocarburos y múltiples compuestos presentes en cosméticos y limpiadores de uso cotidiano. La electrosensibilidad (EHS) es una respuesta de intolerancia a campos electromagnéticos en dosis por debajo de los límites de las actuales reglamentaciones. Entre los distintos sistemas e infraestructuras que originan la respuesta de la electrosensibilidad se encuentran los teléfonos móviles y antenas de telefonía, los Wifis y otros sistemas de transmisión por radiofrecuencia como vigilabebés o televisiones inteligentes, así como transformadores, líneas de alta tensión, transformadores y motores eléctricos.

Investigaciones recientes consideran que la SQM y la EHS tienen los mismos mecanismos subyacentes y representan diferentes desórdenes de un tipo de trastorno común. Ciertos marcadores epigenéticos y variables analíticas alteradas podrían servir como criterio diagnóstico para ambas enfermedades. Según este punto de vista, la disminución en la capacidad de transportación iónica en las membranas celulares produciría un estrés oxidativo a nivel celular que estaría en la base de ambos problemas de salud.

Aspectos advertidos

La SQM es una enfermedad mayoritariamente de mujeres. Un sistema inmunitario y hormonal más complejo según algunos autores predispondría en mayor medida hacia este tipo de trastornos. Una mayor exposición femenina ante cierto tipo de sustancias químicas tóxicas podría estar favoreciendo también esta prevalencia por sexos. Ninguna de ambas se puede considerar una enfermedad rara, puesto que la SQM podría estar afectando hasta a un 1% de la población y hasta un 3% de personas podría estar experimentando síntomas leves asociados a la exposición electromagnética.
Se trata de problemas de salud de origen ambiental asociados al progreso

Se trata de problemas de salud de origen ambiental asociados al progreso. La SQM aparece en los países industrializados a partir de los años 50. La EHS surge entre los operadores de radar en la misma década de los años 50 y se extiende entre la población a partir de los años 90 con el auge de la telefonía móvil.

La SQM y la EHS son enfermedades negadas, fundamentalmente por el cuestionamiento que representan para nuestro modo de vida y modelo industrial. En España la SQM no ha sido oficialmente reconocida hasta el 2014 y la OMS aún no le dedica un epígrafe específico en su Clasificación internacional de enfermedades, siendo incluida dentro del grupo de las alergias no específicas. El único país del mundo que ha reconocido la electrosensibilidad es Suecia, como discapacidad, y la OMS aún no ha asumido que sea un problema de salud causado por la exposición a los campos electromagnéticos.

Cuestiones de género

Aparte de los intereses tecnológicos e industriales en la negación y desatención de las personas, con SQM y EHS se mezclan cuestiones de género. La psiquiatrización ha sido una actuación a la que se han tenido que enfrentar las mujeres con SQM, cuyo estrés psicológico por la compleja situación de salud y de incomprensión del entorno ha pretendido ser una demostración de problemas psiquiátricos. La prescripción injustificada de psicofármacos aún continúa siendo una práctica habitual ante estas enfermas.
La SQM y la EHS son enfermedades negadas fundamentalmente por el cuestionamiento que representan para nuestro modo de vida y modelo industrial

En la electrosensibilidad la situación a día de hoy es si cabe aún más grave pues, aparte de las dificultades de movilidad por la presencia constante de redes de telecomunicaciones y la falta de reconocimiento oficial, nos podemos encontrar con expertos e investigaciones financiadas por las compañías de telefonía que abogan por la teoría psicológica para este problema de salud.

Biomarcadores y diagnóstico

A pesar de existir biomarcadores y variables analíticas características, el diagnóstico de la SQM y la EHS se realiza mediante la historia y cuestionario clínico, identificando los diversos elementos desencadenantes entre los que también se encuentran las intolerancias alimentarias. Para la SQM está estandarizado el uso del cuestionario QUESSI y para la electrosensibilidad además de la entrevista clínica existe un cuestionario realizado por el Colegio de médicos de Austria.
La psiquiatrización ha sido una actuación a la que se han tenido que enfrentar las mujeres con SQM

Las primeras medidas terapéuticas consisten en evitar sustancias químicas y campos electromagnéticos asociados a la sintomatología, así como unas pautas de alimentación que incluyen comida ecológica y agua mineral o filtrada detalladas en diversos protocolos ambientales diseñados para estos pacientes. Se acompañan estos cambios en el modo de vida de complementos alimenticios que incluyen vitaminas y antioxidantes para favorecer la eliminación de radicales libres a nivel celular. Tanto desde la medicina convencional como la naturista existen tratamientos de desintoxicación destinados a la eliminación de sustancias tóxicas y metales pesados del organismo. También se testa la presencia de algunos patógenos como la borrelia que pueden estar relacionados con el cuadro clínico.

Enfermedades ambientales

La SQM y la EHS como enfermedades específicamente ambientales tienen un significado sobre la salud y el medioambiente que excede la propia problemática de los afectados. Se consideran enfermedades “centinela”, puesto que están alertando sobre la presencia de nuevos factores ambientales peligrosos y adelantando el incremento de cierto tipo de enfermedades asociadas con el progreso. En relación a la llamada contaminación electromagnética, diversos expertos prevén un incremento de problemas de salud relacionados con la creciente exposición electromagnética a la que actualmente está sometida la población.
Desde la perspectiva de la medicina ambiental, entre un 30 y un 50% de todas las enfermedades podrían tener su origen en los factores ambientales

En el caso de la SQM, se puede establecer un vínculo entre la aparición y desarrollo de estas patologías y los problemas medioambientales ocasionados por el modelo de desarrollo industrial humano en las últimas décadas. Desde la perspectiva de la medicina ambiental, entre un 30 y un 50% de todas las enfermedades podrían tener su origen en los factores ambientales.

Algunas recomendaciones

Algunas recomendaciones para minimizar la carga tóxica y la exposición electromagnética
  • Sopesa la presencia de limpiadores convencionales en tu hogar. Busca alternativas ecológicas en las tiendas o supermercados. Vinagre, limón, bicarbonato, bórax, agua oxigenada, jabón puro son alternativas viables para la limpieza de la casa y la ropa. Recuerda que los limpiadores que utilices suelen acabar en el desagüe. Si reduces los químicos tóxicos en tu hogar también los reduces en el medioambiente.
  • Sopesa la utilización de cosméticos convencionales. Los aceites naturales como almendras, argán, rosa mosqueta, o sustancias como la glicerina pueden ser una alternativa para la hidratación. La piedra de alumbre, el vinagre de manzana o el limón pueden ser utilizados como desodorante.
  • Apaga o aleja el teléfono móvil durante el sueño. Evita utilizarlo en transporte en movimiento o en zonas de baja cobertura. Descarga previamente a la memoria y visualiza offline los contenidos. Haz llamadas breves. Utiliza un manos libres. Apaga el Wifi cuando no lo uses. Considera utilizar una conexión a internet por cable. Se consciente de que los dispositivos inalámbricos emiten radiación electromagnética.
REFERENCIAS

Guía de Control Ambiental: Una alternativa de vida sana. Guía para afectados de Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple, otros enfermos ambientales y personas interesadas en mejorar su calidad de vida. GEDEA. 2010.



Guía Práctica de Control Ambiental adecuada para las personas que quieran llevar una vida más saludable. No Fun. 2015


Declaración científica internacional de Bruselas sobre Electrohipersensibilidad y Sensibilidad Química Múltiple. 2015.


Directrices del Colegio de Médicos de Austria para el diagnóstico y tratamiento de enfermedades y problemas de salud relacionados con los campos electromagnéticos (síndrome de los CEM). 2012.


Guía EuropaEM para la prevención y tratamiento de enfermedades y problemas de salud relacionados con los Campos electromagnéticos (CEM-EMF). Reviews on Environmental Health. 2016.


http://www.peccem.org/DocumentacionDescarga/ElectroHiperSensibilidad/Guia.EUROPAEM.2016.pdf

Carlos Álvarez Berlana

Responsable del Área de Comunicación de la Asociación Electro yQuímico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS)

Los afectados por sensibilidad química reclaman atención sanitaria adaptada

En Galicia no hay ningún centro especializado y los enfermos tienen que irse fuera para ser diagnosticados
AGOSTIÑO IGLESIAS
UXÍA CARRERA R. N.

La representante de la Asociación de Afectados por la Sensibilidad Química Múltiple de Galicia, la ourensana María Argentina Rey, visitó ayer al alcalde de la capital, Jesús Vázquez, con el fin de visibilizar esta enfermedad emergente.

La Sensibilidad Química Múltiple (SQM) es una enfermedad crónica y sin cura que consiste en la intolerancia a los productos químicos. Afecta más a las mujeres y se puede adquirir en un momento determinado bien por una fuerte exposición única a tóxicos o debido a múltiples exposiciones pequeñas. Los síntomas afectan a todos los sistemas del organismo y reaparecen cada vez que el afectado se topa con una exposición de químicos incluso en bajos niveles. «No es una enfermedad rara, se desarrolló de forma paralela a la industria química y por lo tanto es cada vez más frecuente en los países industrializados por el uso excesivo de productos químicos», aclara la representante y afectada.

La Asociación nació hace un año a partir de un grupo de personas que padecen la enfermedad y se sentían «abandonadas», por lo que no tenían otra opción que luchar por sus derechos, según explica María Argentina. Los dos pilares fundamentales en los que trabajan son la formación sobre la enfermedad y la necesidad de una atención sanitaria que los tenga en cuenta. Reclaman que se implante en Galicia un protocolo para la atención de enfermos de SQM y que se creen unidades especializadas, una en el hospital de referencia de cada provincia, ya que no hay ninguna y los afectados tienen que irse de la comunidad para ser diagnosticados. «Si bien una persona acude al hospital para curarse, nosotros cada vez que vamos agravamos nuestra enfermedad porque no hay un protocolo», explica.

«Yo era médica, hubo un vertido de gasoil y mi vida no volvió a ser la misma»

La afectada por la sensibilidad química, María Argentina Rey, llevaba una vida normal hasta hace 10 años. «Mi profesión era la medicina, trabajaba en un centro donde hubo un vertido de gasoil y mi vida no volvió a ser la misma -relata-, antes podía asistir a conferencias o a congresos fuera de aquí, ahora no puedo ir ni al teatro, al cine, tengo una vida muy limitada». La integrante de la asociación cuenta su historia personal sabiendo que es necesario transmitirlo por el bien común. «Lo que le estamos diciendo a la sociedad es que no puede vivir rodeada de tantos productos químicos, es un problema muy grave que hay que solucionar, mucho más importante de lo que se piensa y del que nosotros sólo somos la parte visible, una parte mínima», afirma.

La asociación tiene en cuenta tanto a los casos diagnosticados como a los que aún no lo están. «Si las empresas adaptan los puestos de trabajo para no estar en contacto con este tipo de productos tendríamos una mayor vida laboral, y si la gente tuviera más concienciación sobre las barreras químicas a las que nos enfrentamos podríamos salir a más sitios. De lo contrario, la enfermedad avanza y llegaremos a la incapacidad», esclarece la afectada. «Pero lo más preocupante son los miles de casos que están sin diagnosticar», añade. A la asociación acuden numerosas personas que se sienten identificadas con los síntomas que se explican desde el colectivo y que no encuentran una respuesta en al sistema sanitario. Tras esto, les recomiendan un especialista en Barcelona o Madrid. María Argentina afirma que el Sergas puede tardar entre cinco o seis años en realizar el diagnóstico acertado, cuando la enfermedad ya se agravó.

«Yo lo resumiría en que mañana detrás de la mascarilla puede estar cualquiera, y cada vez habrá más gente que las lleve si no se actúa», concluye.

«Percibo colonias a distancia, me entran por la nariz y me revientan. Oler un jabón es morirme»

A Cristina le diagnosticaron sensibilidad química a los 29 años. Desde entonces, sueña con volver a trabajar, viajar e ir a acontecimientos familiares. La enfermedad le obliga a estar en su casa, pues cualquier sustancia tóxica puede acabar con su vida: «Al principio, mi mayor expectativa era levantarme»
Cristina ha tenido que adaptar su casa para poder vivir sin tóxicos: desde quitar las
persianas y cuadros hasta colocar recordartorios en las puertas para no olvidar su
mascarilla, su ventolín y sus vacunas / Fotos: Wellington dos Santos
Los ojos de Cristina son dos faros de luz: a veces, proyectan el miedo más atroz; otras, el entusiasmo más candoroso. Durante nueve largos años, han visto a algunos amigos alejarse, a familiares pasarlo mal. Pero también han reconocido esa sonrisilla nerviosa de quien reaparece tras mucho tiempo, de quien se reencuentra con la chica de siempre. Son su alma hecha mirada y, aunque sus planes de vida se frustraran con tan solo 29 primaveras, su luz nunca ha terminado de apagarse. De hecho, hoy brillan con toda la fuerza. La sensibilidad química múltiple le ha dado una tregua y, si bien tiene que llevar puesta todo el día su mascarilla para no intoxicarse, un cierto optimismo enrojece sus carrillos.
«Al principio, mi mayor expectativa era levantarme al día siguiente. Ahora, he comenzado a notar cierta mejoría», asegura esta joven que, en el momento en que su vida frenó de golpe, acababa de casarse y trabajaba de periodista. Todo era completamente normal hasta que un día, tras unas obras en la oficina, una cola de contacto desencadenó una reacción que no pudo controlar. Le diagnosticaron una traquítis alérgica y lo que iban a ser 15 días de baja se convirtieron en un largo periplo por médicos que no sabían lo que tenía y dudaban de su relato. «Este proceso yo lo defino como estar en un coma del que, de repente, despiertas. Lo más duro es darte cuenta de que todos esos años han pasado y que la gente ha seguido con su vida. Te limitas a ser un mero espectador de ésta».

En tres meses, esta chica de ahora 38 años desarrolló problemas digestivos, bajó 17 kilos y perdió el sentido de la orientación. Poco o nada podía salir de su casa. «Se me agudizó el olfato muchísimo: puedo percibir suavizantes y colonias a bastante distancia. Me entran por la nariz y me revientan hasta tal punto que, en la peor fase, me dejaban inconsciente. Oler un jabón es morirme».

La sensibilidad química es una enfermedad adquirida, crónica y no psicológica, que provoca una pérdida de tolerancia extrema a compuestos no relacionados, tan habituales e innecesarios como los ambientadores, el maquillaje o la tinta de los libros. «Iba de hospital en hospital y en todos me decían que estaba bien, pero cada día me encontraba peor. Llegué a pensar que estaba obsesionada y que me lo generaba a mí misma. Me hacían miles de pruebas y ninguna salía mal». Así, le recetaban corticoides, pero empeoraba por días. No sabía lo que tenía, le costaba que entendiesen su dolor y muy pocos la ayudaron.
En la actualidad, hay más de 100.000 sustancias químicas utilizadas en la industria y presentes en todo tipo de productos. Parece complicado escapar de la presencia de detergentes, desodorantes, insecticidas, aditivos alimentarios y otros tantos tóxicos omnipresentes en cualquier rutina. Eso llevó a Cristina a un estado de frustración extremo, en el que solo quería aislarse del mundo. «Vives como si tuvieras una gripe de 40 grados de fiebre. Lo único que te apetece es estar metido en la cama, que nadie te moleste y que te dejen en paz. Tienes el cuerpo tan destrozado que no eres consciente del tiempo que pasa».

Por eso, cuando pudo ponerle nombre a lo que le pasaba se sintió algo más aliviada. «Fue gracias a un periódico. En él, contaban la historia de una chica que tenía los mismos síntomas que yo. Ella fue la que me puso en contacto con un toxicólogo», reconoce, desde Valladolid. Gracias a este descubrimiento, averiguó que sus canales de desintoxicación están bloqueados. «Me tranquilizó bastante, pero también fui consciente de todo lo que se me venía encima: mi círculo social se hacía cada vez más pequeño y sufría por todo». Sin embargo, lo peor fue aceptar que nunca se curará, que los dolores se sucederán y que su entorno tendría que cambiar por su bien. De lo contrario, persistirían las náuseas, los mareos, la tos, la artritis, la arritmia, la ansiedad...

«Lo único bueno de todo esto es que mis reacciones son físicas. Eso le permite entender a la gente lo que me pasa. Valorar el cansancio o el dolor es muy subjetivo», afirma esta periodista que, últimamente, ha experimentado cambios en sus reacciones. «Esta semana, cuando me he expuesto a algún tóxico, me ha sangrado la boca y se me han reventado los vasos capilares de la pierna. Esas son las señales de que me estoy envenenando y tengo que parar».
Lo primero, un control ambiental

Por el momento, Cristina ha conseguido que sus crisis sean más cortas y su cuerpo resista más. Antes, el simple hecho de acudir a urgencias para que le suministrasen un suero suponía estar encamada entre 30 y 45 días. Solo por eso, puede sentirse orgullosa. «Lo estoy. Poco a poco, he conseguido salir a la calle sin desmayarme, volver a casa, tener solo un poquito de fiebre y al día siguiente poder levantarme. Eso era impensable hace unos meses». En cierto modo, esta mejora ha sido gracias la atención que ha recibido en la Fundación Alborada, especializada en medicina ambiental. Allí llegó en 2012, sin poder comer nada y con el cuerpo abatido. Ya conocía lo que tenía, pero hasta ese momento nadie le había tratado con precisión.

«Nuestro principal objetivo es ayudarles a realizar un correcto control ambiental», asegura Pilar Muñoz-Calero, presidenta de la Fundación. «Se trata de eliminar o reducir la cantidad de tóxicos que existen a su alrededor». Así, Cristina ha acabado con cualquier producto de limpieza, las cortinas, las persianas, los cuadros... todo aquello que puede causarle una nueva crisis. «Es complicado, sobre todo, por la persona que vive contigo. Mi pareja, cuando llega de trabajar, tiene que cambiarse rápido porque el olor que trae impregnado me machaca».

Una vez conseguido, se realizarán análisis para conocer la carga tóxica en su cuerpo y estudiar las reacciones de híper sensibilidad. También, se comenzará a reponer los nutrientes deficitarios. «Estos son cofactores que ayudan a muchos procesos metabólicos, entre ellos desintoxicar», explica Muñoz-Calero. «Si no los tenemos, se desarrolla la enfermedad». Su paciente, en ese sentido, ha tenido que cambiar radicalmente su alimentación. Cuando llegó a Alborada, comía tan solo dos alimentos que, además, no toleraba bien. Hoy, ya puede permitirse hasta 25. «Estos días han sido fastidiosos: el kilo y medio que había ganado en cuatro meses, los he perdido en dos días. Son muchos altibajos, pero hay que sacar fuerzas siempre».
«Sueño con volver a trabajar»

La voz de Cristina tiene las grietas de quien ha madurado rápido, de quien ha perdido una buena parte de sus expectativas y las ha rellenado con dosis de decepción. Pero aún así, suena optimista. «Siempre lo he dicho: esto es una lucha de la mente con el cuerpo. El día que pueda con él, no sé que será de mí», añade entre risas, antes de recalcar la suerte que en todo momento le ha acompañado. «Parece ironía, pero es así. Tengo reconocida la incapacidad absoluta por accidente laboral. La mayoría de las personas con sensibilidad química no». Según relata, a día de hoy, el 99% de las incapacidades por esta enfermedad se deniegan, «lo que empeora mucho más nuestro estado».

Y, a pesar de ello, sonríe. Y sueña. Y disfruta. La enfermedad ha mermado sus fuerzas, pero nunca su capacidad de ilusionarse. «Aunque, a veces, se me olviden las cosas o me sienta perdida», bromea.

¿Qué echa más de menos?

- Todo. Hoy sueño con volver a trabajar, con viajar, con ir a acontecimientos familiares... La primera vez que me pude sentar en una terraza, quitarme la mascarilla y tomarme un café con mis amigas lloré como si no me quedara vida.