LAURA D. ROSADO
Estamos viviendo la época de la
humanidad (documentada) donde mayor contaminación respiramos,
bebemos, comemos y pisamos. ¿Sabes que los tóxicos se depositan en
la grasa de los animales? En la humana también. ¿Sabes que se
transmiten al feto y que, por eso, cada generación nace más
envenenada, sensible y débil? ¿Sabes que tu carga tóxica aumenta
según lo que comes, bebes o respiras?
Cotidianamente se están usando
toneladas de biocidas, cuyo término significa que mata la vida.
Entre ellos están los insecticidas, raticidas, herbicidas, etc. Si
matan a una vida “pequeña” como una planta o una cucaracha
(mucho más resistente que un humano), ¿por qué negar que causan
graves daños a todos los seres vivos?
El primer efecto de los biocidas es similar al abrasamiento del Sistema Nervioso Central, SNC. Cuando matas a una cucaracha con insecticida y patalea boca arriba, se está muriendo de un “ataque de nervios”, porque su SNC está siendo quemado. En cuerpos más grandes sucede lo mismo en proporción a la masa corporal y a la cantidad de veneno. Este ataque al SNC provoca lesiones celulares y hace que nuestros límites o valores sensoriales disminuyan, provocando graves problemas para tolerar los estímulos exteriores “normales”. Por ejemplo, el cuerpo duele “exageradamente” y los sentidos se alteran. En vez de sentir caer un alfiler, nuestro SNC intoxicado, puede percibir como si cae una biga gigante, por ilustrarlo de alguna manera y en muy diferentes grados. Se produce una lesión en las fibras nerviosas que afecta a las células y sus funciones, provocando graves distorsiones sensitivas y limitando más o menos la actividad de la persona afectada. De ahí que para alguien que no lo sufre parezca exagerado, pero para quién lo padece es una verdadera tortura sensorial.
El segundo problema que resulta de una
alta carga tóxica acumulada en nuestra grasa, es que daña a nuestro
sistema inmunológico, nuestro sistema de defensas. O bien se vuelve
contra sí, (apareciendo enfermedades autoinmunes) o confunde los
peligros o no funciona protegiendo al cuerpo. Es como perder la
puerta de casa sin darnos cuenta, dejando que entre cualquiera.
Nuestras alarmas quedan dañadas y al perder nuestra capacidad de
autodefensa somos presa de cualquier problema de salud.
Es decir, llegando a cierta carga
tóxica, en nuestros cuerpos se da una intoxicación que provoca
diversos daños que pueden ser más o menos graves. Debemos disminuir
los tóxicos que comemos, bebemos y respiramos, porque estas son las
vías de intoxicación. Incluso la OMS reconoce que al menos un 33%
de las muertes están provocadas por la contaminación. Y que por
ella van en aumento problemas como hipersensibilidades, alergias,
tumores, problemas endocrinos, nerviosos, de reproducción,
hiperactividad, etc.
Estas son las bases de las enfermedades
emergentes: exceso de tóxicos que produce intoxicaciones por bajas
dosis, inadvertidas, de un cóctel de cientos de sustancias distintas
que, al mezclarse en nuestra grasa producen efectos complejos y
mayormente desconocidos aún por la toxicología.
Si tenemos en cuenta que la mayor parte
de los venenos son persistentes, o sea, que duran cientos de años,
el resultado no puede ser más que un creciente número de personas
envenenadas.

Los SSC son la respuesta de un
organismo vivo ante un exceso de veneno químico y electromagnético.
El cuerpo se protege alertando de la cercanía de los productos
y radiaciones agresoras. Así pues, los SSC, fibromialgia incluida,
son en realidad síntomas variables de un proceso de envenenamiento,
causado por la exposición a los cientos de miles de productos
tóxicos que hoy día es imposible sortear. Se calcula que los SSC
afectan en algún grado a entre un 4 y un 30% aproximado de población
norteamericana y entorno a un 12% de la española, siendo los casos
graves en torno a un 0,5 %. (2)
Es decir, lo que llaman “fibromialgia”,
es en realidad una sensibilización que nos provocan los tóxicos
habituales en nuestra alimentación y consumo de cosméticos,
detergentes, biocidas, etc. Los más de 100.000 compuestos químicos
que nos rodean, generan problemas en los sistemas de alarma de
nuestros cuerpos y dolores insoportables e invalidantes. Puede llegar
un momento en que hasta la brisa o el peso de tu ropa te duelan y si
sigues teniendo por ej. ambientador por toda la casa, nunca vas a
mejorar.
La mala noticia es que no solo se
siente dolor, si no se descansa y se realiza una detoxificación
integral, aumentan los problemas, hasta la posible rotura de las
fibras musculares.
Lo peor que se puede hacer es compensar
con fármacos porque aumentan la carga tóxica y no se afronta ni
frena el origen del problema. Y peor aún es creer que las causas de
la FM son mentales o psicológicas. La FM se produce por exceso de
veneno de todo tipo y es necesario conocer los SSC y su causa tóxica
para realmente prevenir y sanar. Sin menospreciar que existen venenos
emocionales que debemos “limpiar” todas las personas y de los que
también debemos protegernos. Pero el juicio de “enfermas mentales”
no es más que una falacia para eludir la responsabilidad empresarial
y social de prevenir y atender a las miles de personas afectadas en
nuestro país, principalmente mujeres. Lo que es difícil es
conservar la salud emocional y mental padeciendo un envenenamiento
que te deja en una situación miserable, violenta, de pérdida de
autonomía física, dependiendo de otras personas, con tu cuerpo y
vida destrozándose y siendo tratado/a con desprecio como un/a
enfermo/a mental y una carga indeseable.

Si tienes fibromialgia, necesitas
comprobar tu exposición a sustancias tóxicas, tanto en casa como en
tu alimentación y llevar a cabo una Higiene o Control Ambiental. Se
trata de sustituir y reducir el uso de productos tóxicos en casa. Se
trata de eliminar, sustituir y dosificar los productos de droguería,
limpieza y aseo como ambientadores, perfumes, detergentes, lejías,
hasta consumir lo más natural posible. Los cambios en la
alimentación pueden mejorar hasta un 80% el bienestar y la salud,
siendo necesario evitar la ingesta de productos tóxicos, es decir,
comida industrial y química. Tu salud y tu entorno te lo
agradecerán, también los cambios sociales que originarás con ello.
Por la salud y la ecología común, (osea por la felicidad integral),
difunde, gracias.