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sábado, 16 de febrero de 2019

Sevilla: El Ayuntamiento de Sevilla envenena a la población usando herbicida altamente tóxico

 Por Ecologistas en Acción

Vuelven a aparecer en espacios urbanos extensiones con la vegetación espontánea arrasada con un característico color marrón, totalmente quemado por la aplicación del herbicida glifosato. Ecologistas en Acción responsabiliza de este hecho a PSOE, PP y Ciudadanos por su aprobación de la moción en el pleno el 25 de mayo de 2018, que volvió a autorizar el uso de glifosato, ignorando así el principio de precaución tal y como define el Real Decreto 1311/2012.

La reversión de prohibir los herbicidas están provocando que se envenene a la población con estos químicos altamente tóxicos en zonas de recreo y campos de deportes, así como jardines cercanos a colegios, guarderías y centros sanitarios.

Esta aplicación masiva del veneno demuestra la incapacidad de los servicios municipales de poner en marcha un plan de control de la flora adventicia urbana de una manera más sostenible y menos contaminante, y que se base en la necesaria campaña de información y concienciación.

Es necesario explicar a la población el papel ecológico que juega esta flora en el mantenimiento del ecosistema urbano, dando cobijo y alimentación a insectos y aves beneficiosas para el control de plagas.

En segundo lugar es cierto que hay que controlar estas hierbas pero sólo cuando al secarse a finales de primavera pueden suponer un problema, atajable con contratas específicas de operari@s para su retirada mediante labores mecánicas.

La catalogación del Glifosato como agente “probablemente cancerogénico para los seres humanos” por parte de la Agencia de Investigación sobre el Cáncer (IACR) que forma parte de la OMS no es suficiente aviso para el Ayuntamiento de Sevilla para tener en cuenta el Real Decreto que le permite, en aplicación de sus competencias, la prohibición de la aplicación de herbicidas en zona urbana. Será la ciudadanía la que tenga que adoptar medidas vía demanda judicial, en caso de que se continúe con estas malas prácticas.

Recuerdan que ya el año pasado ganó una demanda judicial un jardinero con cáncer terminal (linfoma no Hodgkin) a la multinacional Monsanto (Bayer), principal productora de glifosato en su marca comercial RoundUp, por 289 millones de dólares debido al uso de este herbicida.

Sólo intereses ajenos a la ciudadanía, que se correspondan con presiones de las multinacionales del sector o de técnicos ante una simplificación de las tareas de control por la supuesta eficacia frente a otros métodos, podrían explicar este interés por el uso del glifosato.

Ecologistas en Acción no cejará en su intento de convencer a las responsables del Ayuntamiento que hay otra forma de tratar estas plantas, que hay experiencia en otras ciudades que no usan herbicidas que se demuestran válidas y que con una buena planificación de los tratamientos mecánicos tendremos una ciudad más sana y con mayor biodiversidad.

viernes, 25 de enero de 2019

Cuestionada la credibilidad de los análisis de la UE sobre el glifosato

  • El plagio de documentos cuestiona la credibilidad del análisis de la Unión Europea
Herbicidas. Son utilizados para eliminar las malas hierbas, indeseadas, que impiden
cosechas más fructíferas. También se usan en jardinería. Los residuos son algunos de
sus efectos más controvertidos (IVAN PISARENKO / AFP)
Mata las malas hierbas pero siembra la polémica allí por dónde pasa. Éste parece ser el destino del glifosato, el herbicida más usado en Europa, de nombre exótico y efectos discutidos sobre el que se levantan dudas, una vez más, respecto al procedimiento con el que consiguió la autorización para su uso en el mercado europeo. En concreto, un informe encargado por tres grupos del Parlamento Europeo, Socialistas, Verdes e Izquierda Unitaria, demuestra que capítulos importantes de la evaluación científica que condujo a su aprobación por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) son fruto de plagio en más de un 50% y de “copiar y pegar” en más del 70%.

Párrafos enteros del informe de evaluación son una copia literal del dossier de homologación del glifosato enviado a las autoridades europeas por Monsanto y sus aliados industriales reunidos en el Grupo de Acción del Glifosato (Glyphosate Task Force, GTF).
Se copiaron páginas enteras de la documentación que aportó Monsanto
Los dos autores del estudio, el conocido “cazador de plagios” austríaco Stefan Weber, y el bioquímico Helmut Burtscher-Schade llegan a la conclusión que “la práctica del copiar y pegar y la del plagio entran en abierta contradicción con una evaluación de riesgos independiente, objetiva y transparente, y que esta práctica influenció la conclusiones de las autoridades sobre la seguridad del glifosato”.

Además, denuncian que el informe de la agencia que llevó a cabo el estudio, el Instituto Federal de evaluación de riesgos alemán (Bundesinstitut für Risikobewertung, BfR) intenta presentar su trabajo como una “valoración independiente, cuando en realidad, la autoridad sólo está repitiendo la evaluación de la industria solicitante”.
En partes importantes del estudio, más de la mitad es plagio o simple “copiar y pegar”
Al día siguiente de presentarse el informe el martes pasado, el pleno del Parlamento Europeo aprobó una resolución sobre los pesticidas en que reclamó que se procediera a una “revisión sistemática de todos los estudios disponibles sobre los efectos cancerígenos del glifosato” para determinar si la luz verde que recibió por parte de la EFSA está justificada. También se requirió que se prohibiera su uso en zonas cercanas a escuelas, guarderías, parques, hospitales, clínicas de maternidad y residencias.

Para Florent Marcellesi, eurodiputado de Equo, el informe demuestra que “la renovación del glifosato no contó con fuentes fiables, con las garantías que debía”, y añade que para proceder a su renovación “ya no podemos basarnos en los datos contables de beneficios de Monsanto, sino en estudios científicos independientes y objetivos”.

Yendo al detalle del estudio que denuncia este plagio, se detecta que en los capítulos que se refieren a la literatura científica publicada en los últimos años, 50,1% de su contenido queda identificado como plagio, lo que incluye párrafos y páginas enteras describiendo el diseño y el objetivo de los estudios y evaluando su relevancia y su fiabilidad. A esto se le añade un 22,7% de “copiar y pegar”, con lo cual resulta que prácticamente tres cuartas partes del texto, un 72,8%, del texto de la evaluación es una copia literal de estos trabajos.

Por otro lado, respecto a los capítulos basados en los estudios proporcionados por la propia industria, Monsanto y aliados, la proporción total del “copiar y pegar” es aún más elevada, llegando al 81,4%. 
En este caso, no se clasifica como plagio, dado que se advierte de este enfoque en la introducción general. En cambio, lo que sí destaca es que la agencia alemana copia incluso “la explicación de Monsanto sobre el enfoque de Monsanto para evaluar la literatura publicada”, es decir que la BfR presenta como propio lo que en realidad es el enfoque de la multinacional. Para los autores , “este es un ejemplo chocante de fraude con respecto a la auténtica autoría”.

Otro aspecto que recogen los dos investigadores es que los informes que no dependen de la BfR, la agencia de evaluación de riesgos alemana, sino de la autoridad de medio ambiente también alemana (UBA, Umweltbundersamt) sólo se detectó un plagio del 0,1% y con copiar y pegar del 2,5%.

El estudio distingue entre los “copiar y pegar benignos” y el plagio, que consideran la “forma maligna” del copiar y pegar, y que se produce cuando se pretende usurpar la autoría de un texto que en realidad corresponde a otro autor. Una práctica “casi siempre conectada con el engaño y el fraude”.

Ante las acusaciones vertidas en el informe, portavoces de la EFSA mantienen la validez de su evaluación que llevó a la renovación de la autorización del uso del glifosato en el 2017, aunque aceptan deficiencias de transparencia en el proceso.

“Aunque no hay evidencia de que la evaluación del glifosato se realizara de manera inadecuada, la EFSA reconoce que se puede hacer más para mejorar la claridad y la transparencia en la forma en que los estados miembros llevan a cabo sus borradores de evaluación”.

También admite que hay una gran variación en los sistemas utilizados por las autoridades nacionales para informar y presentar la información que elaboran.

En la EFSA consideran que el fondo de sus trabajos no está en duda pero que hay un problema de percepción en la presentación de sus evaluaciones, y están buscando fórmulas para mejorarla. En concreto, se trataría de diferenciar, con entrecomillado u otro recurso gráfico, las partes que corresponden a la documentación aportada por el solicitante de las que origina la propia agencia. Reconocen que el actual, que no distingue los orígenes, puede sembrar preocupación en un observador externo.

Ésta es también la recomendación que formuló la semana pasada el Parlamento Europeo, pidiendo que “se limite la reproducción de párrafos al mínimo y sólo para caos debidamente justificados y comunicados” y que en cualquier caso se distinga claramente entre la evaluación de la agencia europea y la que hace el solicitante.

La renovación por 5 años de este herbicida en diciembre del 2017 fue muy polémica porque llegaba después del informe de la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC), que alertaba de su carácter cancerígeno.

La discrepancia entre los expertos, la reputación de Monsanto, los informes que delatan el plagio en los trabajos de la EFSA, y las acusaciones sobre potenciales conflictos de intereses de sus expertos, siguen alimentando la polémica. “Cuando llegue el momento de renovar la autorización del glifosato, necesitamos estudios independientes, objetivos y transparentes” dice el eurodiputado Marcellesi.

domingo, 25 de junio de 2017

La AMS analiza la contaminación del suelo

elmercuriodigital.- junio 23, 2017

La reunión anual de Alianza Mundial por el Suelo (AMS) se centra en los “suelos negros” y en el intercambio de información

Abordar el desafío de la contaminación de los suelos, debida esencialmente a la actividad humana que deja un exceso de productos químicos en los suelos utilizados para producir alimentos, ha centrado la 5ª Asamblea Plenaria de la Alianza mundial por el Suelo (AMS), celebrada esta semana en la sede de la FAO.

El exceso de nitrógeno y metales pesados como arsénico, cadmio, plomo y mercurio pueden perjudicar el metabolismo de las plantas y reducir la productividad de los cultivos, llegando a poner en peligro las tierras cultivables. Cuando entran en la cadena alimentaria, estos contaminantes representan también riesgos para la seguridad alimentaria, los recursos hídricos, los medios de vida rurales y la salud humana.

“La contaminación de los suelos es un problema emergente, pero, debido a que se presenta en tantas formas diferentes, la única manera en que podemos reducir las lagunas de conocimiento y promover una gestión sostenible del suelo es intensificar la colaboración mundial y conseguir evidencias científicas fiables”, apuntó Ronald Vargas, experto en suelos de la FAO y Secretario de la AMS.

“Combatir la contaminación de los suelos y buscar su manejo sostenible es esencial para abordar el cambio climático”, señaló a su vez Rattan Lal, Presidente de la Unión Internacional de Ciencias del Suelo, en su discurso de apertura de la Asamblea Plenaria. Solucionar los problemas causados por los seres humanos a través de prácticas sostenibles significa que “se producirán más cambios de aquí a 2050 que durante los doce milenios transcurridos desde el inicio de la agricultura”, según Lal.

“La Asamblea Plenaria de la AMS es una plataforma única, neutral y con participación múltiple para debatir cuestiones globales sobre el suelo, aprender de las buenas prácticas y decidir actuaciones que garanticen suelos sanos que provean de forma efectiva servicios ecosistémicos y alimentos para todos”, aseguró María Helena Semedo, Directora General Adjunta de la FAO para Clima y Recursos Naturales, añadiendo que “la acción a nivel de país es la nueva frontera”.

La Asamblea Plenaria aprobó tres nuevas iniciativas destinadas a facilitar el intercambio de información: el Sistema Mundial de Información sobre el Suelo; la Red Global de Laboratorios de Suelos –con el objetivo de coordinar y normalizar las mediciones entre países; y la Red Internacional de Suelos Negros, para fomentar el conocimiento sobre los suelos agrícolas más fértiles del mundo, conocidos por su alto contenido de carbono.

Mayor vigilancia sobre la contaminación del suelo

Alrededor de un tercio de los suelos del mundo están degradados, debido principalmente a prácticas insostenibles de gestión. Cada año se pierden decenas de miles de millones de toneladas de suelo, y de las causas es su contaminación, que en algunos países afecta hasta una quinta parte de todas las tierras agrícolas.

El término contaminación del suelo se refiere a la presencia en los suelos de sustancias químicas que están fuera de lugar o en concentraciones superiores a las normales. Esta contaminación puede proceder de la minería y la actividad industrial o de una gestión inadecuada del alcantarillado y los residuos. En algunos casos, los contaminantes se dispersan en zonas extensas transportados por el viento y la lluvia. Los insumos agrícolas -como fertilizantes, herbicidas y plaguicidas-, e incluso los antibióticos contenidos en el estiércol animal, son también importantes contaminantes potenciales y plantean retos particulares debido a sus composiciones químicas, que cambian con rapidez.

La contaminación del suelo es una amenaza insidiosa, porque resulta más difícil de observar que otros procesos de degradación del suelo, como la erosión. Los peligros que plantea dependen de cómo las propiedades del suelo afecten el comportamiento de los productos químicos y la velocidad con que éstos entren en los ecosistemas.

La diversidad de contaminantes y tipos de suelos, y las formas en que interactúan, hacen que los análisis para determinar las amenazas a los suelos sean complejos y costosos. Los miembros de la AMS acordaron convocar un simposio mundial sobre contaminación y polución de los suelos, a celebrarse en abril de 2018, y apoyaron la creación de redes mundiales para compartir información y armonizar las normas para abordar el problema.

Suelos negros

Aunque comúnmente se les denomina así en las clasificaciones nacionales, los “suelos negros” no resultan para nada uniformes. La nueva Red Internacional de Suelos Negros los define como teniendo al menos 25 centímetros de humus y un contenido de carbono orgánico del suelo superior al 2 por ciento A esta definición se adaptan cerca de 916 millones de hectáreas, equivalentes al 7 por ciento de la superficie terrestre del mundo libre de hielo.

Alrededor de una cuarta parte de los suelos negros son del tipo clásico “chernozem”, con una capa de humus de más de 1 metro: se encuentran en las regiones agrícolas muy productivas de las estepas de Europa oriental y Asia central y en las antiguas praderas de América del Norte. La Red Internacional de Suelos Negros promoverá su conservación y productividad a largo plazo, elaborando informes analíticos y ejerciendo de plataforma para el intercambio de conocimientos y la cooperación técnica.

lunes, 6 de febrero de 2017

Barcelona prohíbe el uso de glifosato, ¿cómo se utiliza en el resto del mundo?

ESPERANZA ESCRIBANO 03 DE FEBRERO DE 2017

Llevamos con el dilema del glifosato varias rondas de debate. Palabras clave: pesticidas, Greenpeace, la Unión Europea, Monsanto, Los Verdes… hora de poner negro sobre blanco de qué estamos hablando, por qué cada vez más está más perseguido su uso y el mapa mundial del uso de este herbicida en el mundo.
Infografía sobre el glifosato / Greenpeace  
Empezando por el principio, el glifosato es un herbicida “de amplio espectro” patentado por Monsanto, la multinacional estadounidense productora de agroquímicos, en la década de 1970. Caducada la licencia, el resto de compañías empezaron a comercializarla, pero aún así, el Roundup -nombre comercial del glifosato- de Monsanto sigue siendo el más vendido en el mundo. Es la tercera fuente de ingresos de la multinacional. El glifosato se encuentra en 750 productos diferentes que se usan en agricultura, jardinería o incluso en casa. En el caso de España se encuentra en 125 productos diferentes.

No contentos con eso, veinte años después, los amigos de Monsanto desarrollaron plantas transgénicas, las llamadas Roundup Ready, tolerantes a su herbicida, lo que permitía que se utilizara con una aplicación “más amplia”, que en principio, reduciría también el uso de estos químicos. Pero, como denuncia Greenpeace, se trataba “de una falsa promesa que ha hecho incrementar drásticamente su uso”. Con las plantas transgénicas, lo que ha ocurrido es que ha aumentado el uso del glifosato porque mata todas las plantas sobre las que se aplica excepto, claro, aquellas diseñadas para sobrevivir.

Distintas asociaciones llevan años denunciando los daños que puede tener el glifosato para la salud. En 2015, la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud lo calificó como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esto supone incluirlo en la lista 2A (en la que está también la carne roja), que significa que se ha comprobado que es cancerígeno en animales y aunque aún no en personas, la posibilidad es alta. Millones de hectáreas de tierras de cultivo, parques e incluso aceras se rocían con este herbicida cada año en todo el mundo.

¿Cómo puede que puede afectarnos a las personas? Principalmente, a través de la alimentación, pero no sólo. Para que nos hagamos una idea de hasta dónde puede llegar esta sustancia tóxica, un estudio de la Universidad de la Plata encontró glifosato en el 85% de las muestras de tampones y toallitas analizadas y en el 100% de las gasas y algodones.

Además, también hay un impacto en el medio ambiente. El glifosato contamina también los suelos y el agua. Es perjudicial tanto para organismos acuáticos como algas microscópicas o peces y moluscos, como para las lombrices de tierra o especies de plantas silvestres que en principio no son su objetivo. Aunque fuera inocuo, su uso asociado a los cultivos transgénicos ayuda a la resistencia de las “malas hierbas”, cada vez más difíciles de destruir, entrando en un peligroso círculo vicioso.

Estas son las razones que llevaron a un distintos colectivos ecologistas a pedir al Ayuntamiento de Barcelona que dejara de utilizarlo en los jardines públicos. El ejecutivo municipal recogió el guante y estableció un período de transición que terminó el pasado mes de diciembre. Para ello, apuesta por una jardinería ecológica y sostenible, evitando podas excesivas, especies no adaptadas al medio o que necesiten grandes cantidades de agua.

La decisión de Barcelona a nivel municipal es consecuencia de una triquiñuela más de la Comisión Europea. A pesar de que el Parlamento Europeo rechazó el pasado 6 de junio otorgar a Monsanto una nueva licencia para su producto estrella, el ejecutivo comunitario decidió dos semanas después renovar el permiso de utilización durante 18 meses más porque el veredicto de la Eurocámara no es vinculante. El propósito, según el Comisario Europeo de Salud, Vitenis Andriukaitis, es que la Agencia Europea de Sustancias Químicas haya tenido tiempo de publicar sus conclusiones sobre los efectos del glifosato en la salud humana.

Más allá de Europa, el herbicida se utiliza masivamente en otras zonas del mundo como Latinoamérica. Argentina lidera el ránking con 5kg por habitante al año, según el Congreso de Médicos de Pueblos Fumigados del país, seguido de Brasil con 3,5kg. En Estados Unidos, la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) se comprometió hace casi un año a investigar los efectos que pueda tener sobre la salud.

Los habitantes de Barcelona están a salvo a medias, porque el glifosato, a pesar de la lucha en su contra, sigue siendo el herbicida más utilizado en todo el mundo.

martes, 20 de septiembre de 2016

Ciencia vs. comercio en la OMS


Examen de la nueva resolución de la OMS “absolviendo” al glifosato del dictamen anterior como “probablemente cancerígeno”, tratando de desnudar los motivos, que no parecen para nada científicos, para tal resolución.

glifosato: la Organización Mundial de la Salud cede ante empresas

Hagamos un pequeño racconto: el glifosato es el herbicida de uso màs extendido hoy día. Se venía usando extensivamente, sobre todo para los abundantes céspedes de EE.UU., porque se había verificado que no tenía la virulencia de otros temidos herbicidas, con letalidad inmediata comprobada (el paraquat, el temido “Agente Naranja, por ejemplo, que es una mezcla de 2,3,7,8-tetraclorodibenzodioxina (TCDD) y 2-4-5-t. O un “primo” suyo de menor potencia pero aun altamente tóxico, el “abundante” y muy presente en campos argentinos 2-4-d y otros también temibles; atrazina, glufosinato, carbamatos…

El glifosato se multiplicó con la implantación de cultivos transgénicos, precisamente preparados para soportar glifosato que tiende a eliminar a los demás vegetales.

Por su baja letalidad inmediata, se lo consideró inofensivo. Estuvo durante muchos años considerado no tóxico, atóxico o como el lector prefiera piropearlo.

Sin embargo, investigaciones reiteradas de biólogos como el argentino Andrés Ca-rrasco, descubrieron y describieron preocupantes índices de intoxicación… con glifosato.

Gilles-Eric Seralini, francés, por ejemplo, retomó las experiencias de la “investigación” que Monsanto había hecho con conejillos de Indias y que le habían dado total inocuidad y así lo había publicado en revistas “científicas” y en comunicados emitidos, no por el laboratorio transnacional que podría considerarse parte interesada sino a través de organizaciones que proclaman ser “sin fines de lucro”, aunque precisamente están fundadas, montadas y financiadas por empresas, como es el ILSI, International Life Sciences Institute, que responde por entero a Monsanto, o Croplife International que está patrocinada, financiada, etcétera por Syngenta, Monsanto, Bayer, Basf, Sumitomo Chemical y otros entre los mayores laboratorios del mundo.

Séralini observó que los estudios de Monsanto se habían limitado a tres meses, exactamente. Entonces repitió exactamente la misma hoja de ruta (cantidad de glifosato administrado, mismo tamaño de los conejillos y el mismo tipo de encierro, de comida, etcétera pero lo prolongó después de los tres meses. Y pudo verificar que ya en el mismísimo cuarto mes empezaban a aparecer alteraciones en la salud de los animalitos de prueba, cada vez más patentes, como por ejemplo, enormes tumores. Las conclusiones sobre inocuidad del glifosato quedaban barridas, literalmente.

Entre 1996, momento de implantación de cultivos transgénicos (soja, fundamentalmente) y 2014, es decir durante casi dos décadas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptó como inocuo al glifosato pese a que sobre todo en el correr de los años del s. XXI, se empezaron a verificar preocupantes efectos contaminantes desde los campos “transgénicos”. Los ya mencionados hicieron sus verificaciones, Carrasco en 2009 y Séralini en 2012.

No fue, sin embargo, hasta 2014 momento en que finalmente, la OMS (a través de su Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer, IARC) declaró al glifosato “probablemente cancerígeno”. Durante los años previos su latiguillo había sido que ”no estaba suficientemente probado”.

2014 se presenta así como condena de muerte para Monsanto. Como dicen los jóvenes, “se les vino la noche”; a Monsanto, Syngenta y a todos los laboratorios comprometidos con la quimiquizaciòn de los campos.

Monsanto, por ejemplo (que es el laboratorio con mayor participación en los “negocios transgénicos” del mundo entero) obtenía unos cinco mil millones de dólares anuales por la venta de glifosato (bajo su marca Round Up Ready).

Monsanto, y seguramente todo el pool de laboratorios con el mismo enfoque y administración de agroquímicos, se dedicaron a cuestionar e invalidar el resultado asumido por IARC. Observe el lector que el IARC se había tomado su tiempo para el dictamen que invalidaba el uso y abuso de glifosato.

Pero la ciencia es hoy día más compleja. O al menos más complicada sus relaciones con los intereses… empresariales.

Hemos mencionado a la OMS, al IARC, que es una institución dependiente de la OMS (diríamos una de sus reparticiones); hemos mencionado a ILSI y a CropLife que no son sino pantallas empresariales, naves de campaña de empresas que optan por no presentar sus intereses a través de propaganda sino escondiendo sus intereses a través de sedicentes “organizaciones sin fines de lucro”.

Como dice la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza de América Latina (UCCSNAL), “A través de un ejército de ejecutivos de la industria, profesionales de relaciones públicas y científicos de algunas universidades públicas, la empresa despliega su trabajo contra el IARC y sus resultados sobre el glifosato”. (Revista Biodiversidad, nro. 89, julio 2016). La empresa es Monsanto, faltaba más.

Así llegamos a una reunión en mayo de 2016 de JMPR en que le vuelve al alma al cuerpo a Monsanto y demás cultores de la transgenetización de los campos.

Porque la JMPR declara: “Es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta”.

Pero ¿qué es JMPR? Es la sigla de Joint Meeting FAO-WHO of Pesticide Residues (Reunión Conjunta FAO/OMS sobre Residuos de Plaguicidas).

Como reza su folletería en internet: “La JMPR desempeña funciones de asesoramiento científico para establecer los límites máximos para residuos que pudieran producirse como resultado de la utilización de los plaguicidas”.

Y abunda: Examina los datos toxicológicos y conexos. Estima las ingestas diarias admisibles (IDA) de plaguicidas para las personas.”Aquí estamos entrando a un terreno resbaladizo. Cuando se hace “de necesidad virtud”. Los laboratorios no sólo emplean, y abundantemente, tóxicos para ofrecernos alimentos sino que nos quieren hacer creer que eso es saludable.

Solo así se explica el término “admisible”. Ingesta diaria resultado de una determinada forma de producir alimentos, que puede ser discutible, que si fuere necesaria habría que reconocer que es tóxica pero que mediante Public Relations nos quieren hacer creer que es admisible.

Esta comisión JMPR asesora a la FAO, a la OMS y a sus estados miembros. Ahora empezamos a entender porqué costó tanto tiempo referirse a la toxicidad del glifosato.

Tal vez lo más significativo esté en cómo se integra la JMPR.

Dice su folletería oficial en internet: “Selección de los miembros. Los expertos desempeñan sus funciones a título personal, y no como representantes de su país u organización. ”En una palabra, no responden sino a su interés personal, que es seguramente muy, pero muy bien atendido por laboratorios que ganan miles de millones de dólares anuales. Constituido entonces por una casta de profesionales cooptados.

Y observe el lector cuáles son las funciones que la misma JMPR presenta como propias; “Establece las IDA y las dosis agudas de referencia tomando como base los datos toxicológicos y la información conexa disponible;

Recomienda límites máximos para residuos de plaguicidas […]”.

Cuando declaran que “es poco probable que haya riesgo… en una exposición a través de una dieta” ignoran a los que trabajan con dicha sustancia, ignoran a los miles de campesinos que se han suicidado (especialmente en India) con menos de un vaso de glifosato. Está claro: se trata de una comisión organizada desde el mundo empresario, con profesionales adictos, pero investida de autoridad a través de las redes de la ONU como para que se presenten como “ciencia” y se dedica a calibrar cuanto veneno, cuántos tóxicos podemos ingerir… sin caer fulminados tan de inmediato como para que se rastree fácilmente la causa.


domingo, 15 de mayo de 2016

‘Marca España’, el Gobierno apoya en Europa volver a autorizar el ‘glifosato’

La propuesta, que será debatida y votada el próximo miércoles 18 en el Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos, reconoce la gran preocupación que este tema ha generado en el público, pero propone que se renueve la autorización del glifosato hasta el 30 de junio de 2025 (nueve años), al contrario de los 15 propuestos inicialmente.

ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 13/05/2016

Un total de 150 organizaciones ambientales y sociales han manifestado este jueves su decepción tras el apoyo del Gobierno de España a la propuesta de la Comisión Europea de volver a autorizar el herbicida glifosato durante nueve años más, sin ninguna restricción obligatoria, y piden que aplique el principio de precaución y vote en contra. 

El glifosato ha sido calificado por la Organización Mundial de la Salud como "probablemente cancerígeno para los seres humanos". La nueva propuesta de la Comisión Europea enviada la semana pasada a los Estados miembros incluye considerables mejoras respecto a la propuesta inicial presentada en marzo, pero para más de 150 organizaciones ambientales sigue sin ser suficiente para proteger la salud de las personas y el medio ambiente. 

La propuesta, que será debatida y votada el próximo miércoles 18 en el Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos, reconoce la gran preocupación que este tema ha generado en el público, pero propone que se renueve la autorización del glifosato hasta el 30 de junio de 2025 (nueve años), al contrario de los 15 propuestos inicialmente. 

Además, según destacan las ONG no incluye ninguna restricción obligatoria en la línea de lo recomendado, por ejemplo, por el Parlamento Europeo (permitir exclusivamente el uso profesional, no permitir el uso en parques, zonas de juego y jardines ni el uso como desecante antes de la cosecha). 

Ante esta situación, más de 150 entidades de distintos ámbitos entre las que se encuentran Ecologistas en Acción y Greenpeace, CCOO o SESPAS, la Asociación Española de Educación Ambiental y la Fundación Alborada, SESPAS, Fodesam y la Fundación Vivo Sano, piden al Gobierno que se oponga a la reautorización del glifosato y recuerdan que más de 300.000 españoles han firmado peticiones para que se prohíba este herbicida. 

Las ONG cuestionan que la propuesta condiciona la autorización del glifosato a la evaluación de la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) que debe estar completada para finales de 2017, por lo que les sorprende que se proponga reautorizar por nueve años. 

También obliga a los solicitantes a presentar "datos confirmatorios" sobre el potencial del glifosato como disruptor endocrino hasta el 1 de agosto (después de caducar la autorización) y a que se excluya el adyuvante taloamina. 

La propuesta también reconoce que el glifosato afecta al medio ambiente, que se debe reducir o prohibir el uso de plaguicidas en parques públicos o jardines, áreas de recreo y deportes, zonas escolares y de juegos infantiles y en las inmediaciones de los centros de salud. 

Asimismo, recoge también que en la agricultura se debe aplicar la gestión integrada de plagas, así como otras alternativas, de cara a reducir la dependencia de los plaguicidas, pero deja en las manos de los Estados miembros la aplicación de medidas y restricciones para alcanzar estos objetivos.

Finalmente, consideran que ante las dudas abiertas respecto a sus potenciales efectos adversos, España y el resto de la UE deberían votar en contra de acuerdo con el principio de precaución y apostar las alternativas respetuosas con la salud y el medio ambiente que ya existen en el mercado.

miércoles, 17 de febrero de 2016

Municipios sin glifosato

Vivimos en entornos muy contaminados que afectan negativamente a nuestra salud. Los pesticidas son importantes contaminantes, identificados por la OMS como potenciales cancerígenos entre otros daños para la salud. Por ello saludamos las medidas del AAYY de Barcelona para eliminar el Glifosato. Un ejemplo a seguir por todos los ayuntamientos que, además, no tiene costes económicos.

Dejamos el año 2015 con una muy buena noticia: tanto el Ayuntamiento como la Diputación de Barcelona deciden por unanimidad la eliminación del uso del herbicida glifosato en sus zonas verdes, atendiendo a las mociones presentadas por varias organizaciones, entre ellas Ecologistas en Acción.

Y es una gran noticia porque se reducirá la exposición de la población a un contaminante hormonal al que los estudios científicos relacionan con toxicidad subaguda y crónica, anomalías en el esperma y trastornos reproductivos y que, además, ha sido declarado como probable cancerígeno para humanos por la Organización Mundial de la Salud. Los grupos más vulnerables a sus efectos son los niños, las mujeres embarazadas y los enfermos crónicos. También afecta gravemente a los ecosistemas naturales, ya que es muy soluble en agua y pasa a los acuíferos, que están gravemente contaminados.

La patente del glifosato de Monsanto, el famoso “Roundup” expiró en 2000, pero su principio activo aún está en el mercado bajo numerosas marcas. En nuestro entorno, el uso de este herbicida es habitual a dosis presuntamente “controladas”, para matar “malas hierbas” y arbustos en jardines, zonas infantiles, carreteras o vías de tren. Pero, ya sabemos que para un disruptor endocrino (EDC) no existe una dosis segura y los datos muestran su presencia en nuestros acuíferos (11 acuíferos catalanes están contaminados, con concentraciones medias de 0.11 µg/L), en nuestros cuerpos (en orina y en la leche materna), e incluso en el aire, sin que la población haya tenido conocimiento de los riesgos.

En lugares de agricultura industrial, con transgénicos resistentes a este herbicida, el glifosato se fumiga extensivamente, causando graves daños en la población lugareña, como defectos de nacimiento y cáncer, entre otros (ver estudio de cultivo de soja en Argentina). El glifosato de estos cultivos llega a nosotros como residuo en alimentos o en materiales como el algodón.

Existen alternativas viables

En nuestros municipios, existen alternativas ecológicas y sencillas al uso del glifosato. Cada vez más ayuntamientos están aceptando mociones como la presentada en Barcelona y se están comprometiendo a desarrollar una jardinería ecológica, sin pesticidas químicos, con más trabajo humano y evitando especies no adaptadas al medio. También se están comprometiendo a realizar campañas informativas para evitar el uso privado de estos pesticidas y a estudiar los efectos en la salud de los profesionales de la jardinería y de la agricultura, que son los que mayor exposición sufren. De hecho, el comité de empresa de Parques y Jardines de Barcelona ha sido uno de los promotores de la moción.

Como con otros tantos problemas de salud y ambientales (dimensiones que van absolutamente unidas), la población civil se está encargando de dar los pasos necesarios para eliminar este tóxico de su entorno ante la falta de actuación de las autoridades españolas y europeas en torno a los contaminantes hormonales (basta recordar el juicio a la Comisión por su falta de actuación contra los contaminantes hormonales en biocidas y la bochornosa actuación de la EFSA en referencia al glifosato, ambas recogidas en dos posts de este blog).

Campaña para conseguir

Queremos que la lucha contra la contaminación química sea un objetivo para el año 2016. El primer paso, va a ser la lucha contra el glifosato en nuestros pueblos y ciudades, para lo quedaremos información en nuestro blog sobre su toxicidad, los avances legales, así como modelos de mociones que podréis presentar en vuestros ayuntamientos.

Pero queremos que el glifosato sea la punta de lanza para dar a conocer otros pesticidas que quedan como residuos en nuestros alimentos, en el agua o en el aire y para desarrollar una agricultura ecológica.

Ponte en contacto con nosotras a través del mail nobiocidas@gmail.com para preguntar cualquier duda de cómo presentar una moción a tu ayuntamiento, o si quieres cualquier información.

martes, 20 de enero de 2015

Fumigaciones tóxicas a la vuelta de la esquina

GLIFOSATO Y AGROTÓXICOS EN ESPAÑA

Organizaciones ecologistas y ciudadanas advierten de la permisividad del uso de glifosato.

Las fumigaciones con herbicidas de graves consecuencias para la salud, como el glifosato, es 
habitual en parques y paseos urbanos en España. / STOP HERBICIDAS MADRID   
Las organizaciones Amigos de la Tierra y Ecologistas en Acción manifiestan su preocupación por el uso de herbicidas como Roundup. Este herbicida tiene como principio activo el glifosato y es elaborado por la multinacional Monsanto. El motivo de alarma es un estudio elaborado por Amigos de la Tierra entre marzo y mayo de 2013 en el que se llevaron a cabo análisis de orina a ciudadanos de 18 países europeos. En este estudio se puso de manifiesto que hasta un 40% de las muestras de orina de ciudadanos españoles contenían glifosato. Aunque este porcentaje está por debajo de los promedios de países como Alemania, con un 70% de muestras con glifosato, Ecologistas en Acción advierte de que la legislación española es la más permisiva con el uso de esta sustancia.

Según un estudio de Amigos de la Tierra hasta un 40% de las muestras de orina de ciudadanos españoles contenían glifosato

La organización también señala que uno de los principales problemas del uso de herbicidas con glifosato son las irregularidades que se cometen. En este sentido también se ha pronunciado Simón Cortés, fitosanitario y miembro de la Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono (ARBA).

Según informa Simón Cortés, la violación de los protocolos de actuación en las fumigaciones es constante. También alega que “es muy común que se fumigue por parte de trabajadores que carecen de permisos y formación adecuada”. Asímismo, trabajadores fitosanitarios señalan que el material utilizado es insuficiente y su uso entraña riesgos para la salud.

Sin embargo, las irregularidades no sólo se restringen al ámbito laboral. Desde ARBA se advierte de que los períodos de aislamiento en zonas fumigadas son pasados por alto. La plataforma comunicaba a Diagonal que “el tiempo de acción del glifosato oscila entre los ocho y los diez días y, sin embargo, es usual ver zonas fumigadas que no están señalizadas ni aisladas”. En este sentido, la plataforma Stop Herbicidas ha denunciado las fumigaciones llevadas a cabo en primavera en el municipio de Rivas Vaciamadrid y en zonas urbanas de Madrid capital. Durante estas fumigaciones no se informó a los ciudadanos del uso del herbicida Roundup ni se cerraron las zonas debidamente.

También ha llamado la atención de varias plataformas el uso de glifosato en localidades próximas a la ribera del río Jarama, lo que, según informaba Simón Cortés, “entraña un gran peligro para la fauna por la contaminación del agua”.

Stop Herbicidas ha denunciado las fumigaciones llevadas a cabo en primavera en el municipio de Rivas y en zonas urbanas de Madrid capital

Valladolid y Guadalajara han sido dos provincias en las que se han producido fumigaciones sin previo aviso. En varias localidades vallisoletanas se detectó el uso de Roundup sin conocimiento de los vecinos. Mientras tanto, vecinos de la provincia de Guadalajara y de la sierra oeste madrileña denuncian fumigaciones indiscriminadas en campo abierto.

Riesgo para la salud

“El problema para la salud que plantea el glifosato es la alteración extrema de las funciones y los ciclos de vida de los microbios”, afirma David Ortega, licenciado en Biomedicina. Esto, unido a la inhibición de enzimas que desintoxican compuestos químicos extraños, contribuye a aumentar los efectos dañinos de las sustancias químicas a las que está expuesto el cuerpo humano.

Varias investigaciones han estudiado los problemas que puede generar la inhibición de enzimas y la alteración de los microbios. Algunos expertos internacionales como Stephanie Seneff o Anthony Samsel, del Instituto Tecnológico de Massachussetts, han analizado las posibles enfermedades que el contacto con glifosato puede generar. Entre otras, se considera que la desaparición o afección de las bacterias presentes en el sistema digestivo puede ser la causa de diarrea crónica, colitis y enfermedad de Crohn.

Por otro lado, la descomposición del glifosato por ciertos microbios puede ser causa de la inflamación cerebral que puede acarrear alzheimer o autismo. También se contempla que la depresión, enfermedades cardiovasculares, algunos tipos de alergias, el párkinson, la infertilidad, la esclerosis múltiple o varios tipos de cáncer pueden ser consecuencia de una exposición continuada al herbicida.

Estudios alternativos llevados a cabo en países como Argentina o Paraguay evidencian la toxicidad del glifosato en las células de embriones y placenta. En concreto, un estudio en Paraguay demostró que los bebés que nacían en un radio de un kilómetro de la fumigación del glifosato tenían el doble de malformaciones.

La posible aprobación por parte de la Unión Europea de 14 cultivos transgénicos ha puesto al glifosato en el punto de mira de grupos ecologistas. Numerosos colectivos se han sumado al rechazo de estos cultivos de manera sistemática por el riesgo que conllevan. Entre los peligros se contempla un uso desmesurado de glifosato, debido a la resistencia de estas plantaciones a los herbicidas.

Entre los cultivos transgénicos que utilizan glifosato, destacan la soja y el maíz, señalan desde ARBA. Recientemente varios países europeos limitaron o restringieron las importaciones de maíz, tras descubrirse campos cultivados de maíz transgénico no autorizado en Oregón (EE UU).

Glifosato, el peligro del herbicida total

El glifosato –útil para la eliminación de hierbas y arbustos– es el principio activo de Roundup, un producto creado por Monsanto cuya patente expiró en 2000. Su uso se ha extendido desde los 90 en los monocultivos transgénicos. Es el caso de la soja en toda Sudamérica. La soja transgénica, también patentada por Monsanto, es resistente al glifosato, por lo que el Roundup elimina todo salvo la soja, creando un “desierto verde”. Las consecuencias para la salud de las poblaciones rurales y urbanas han sido devastadoras.

Territorios libres de contaminación con glifosato

La actividad de las plataformas ecologistas de varias comunidades autónomas ha dado lugar a la restricción del glifosato en varias regiones y municipios españoles. De esta manera, localidades canarias como Buenavista, El Rosario, El Tanque, Santiago del Teide y el Cabildo de la Gomera se han declarado libres de este tipo de herbicida, gracias a la recogida de firmas. En Andalucía, la localidad malagueña de Mijas también decía no al uso de glifosato, prohibiendo su uso en espacios públicos.

martes, 11 de noviembre de 2014

“En 2025, la mitad de los niños serán autistas por el glifosato”

Cada año se producen más diagnosis de autismo. ¿A qué se debe? (Stock)

El de la doctora Stephanie Seneff es uno de los nombres más polémicos de la ciencia estadounidense, especialmente después que denunciase que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica del MIT ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente y de la que, sin embargo, aún disponemos de poca información.

Según la presentación que realizó el pasado mes de junio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten. El problema es que dicho herbicida es producido por Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas y una de las multinacionales más poderosas del mundo, que ha defendido la seguridad de su producto en su propia página web. Muchos no han tardado en desacreditar la teoría de Seneff, como ocurre con la veterana periodista de nutrición Tamar Haspel en las páginas de The Huffington Post. En dicho artículo, la autora recuerda que no se trata más que pura especulación, no refrendada por ningún dato y, además, desvela que Seneff está especializada en ciencia computacional e ingeniería eléctrica, y que su interés por la alimentación es reciente.

Sea como sea, lo que es innegable es que la prevalencia del autismo ha aumentado sensiblemente durante las últimas décadas, y aún no hemos sido capaces de llegar a un consenso sobre la misma. Actualmente, alrededor de uno de cada 175 niños de todo el mundo nace con este trastorno, aunque varía en cada país. En Estados Unidos, la prevalencia se encuentra actualmente en el 1,5%, mientras que en 1975, tan sólo uno de cada 5.000 niños tenía autismo, según los datos publicados por K. Wintraub en un artículo publicado en Nature. Seneff utiliza este cuadro para trazar su previsión y asegurar que, si el crecimiento sigue estable, para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo. "Al ritmo actual, uno de cada dos niños será autista", anunció en la conferencia celebrada en Groton, Massachusetts.
Uno de los principales problemas con el autismo es que, en la mayor parte de casos, sus causas son desconocidas. Como explicaba dicho artículo de Wintraub, en un 46% es imposible explicar el origen del trastorno, aunque aduce otras razones por las que se haya disparado el número de diagnósticos. Es el caso de que algunos de los que simplemente habrían sido considerados como víctimas de retraso mental ahora se clasifican como autistas (25%) o aquellos que encajan en la descripción por un mayor conocimiento de la enfermedad (15%). No existe un consenso sobre los orígenes de la enfermedad, que se atribuyen tanto a causas genéticas (los hermanos mellizos suelen desarrollar de igual manera la enfermedad) o alteraciones neurológicas.

El estudio presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque la correlación no tiene por qué significar causalidad

Más preocupante aún resulta que el autismo se deba a agentes ambientales, como la exposición a determinadas sustancias durante el embarazo, algo se encontrarían en sintonía con la tesis defendida por Seneff. Esta presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque, como de costumbre, la correlación no tiene por qué significar causalidad. Según la teoría de la científica del MIT, el glifosato inhibe las encimas CYP (citopromo p450), activas en muchos procesos metabólicos, y daña la ruta del ácido skihímico, que sin embargo sólo es llevado a cabo por bacterias, plantas, algas y hongos, pero no por animales, algo que sus detractores o la propia Monsanto han planteado como una importante inconsistencia. Seneff aclara, a tal respecto, que la bacteria estomacal sí realiza dicho proceso, y que es necesaria para proveernos con aminoácidos esenciales.
Otra dificultad con la que se encuentran dichas investigaciones es que no han podido demostrar la correlación entre el compuesto y su supuesto efecto pernicioso entre hombres. Pero Seneff recuerda que este efecto es acumulativo, y que es imposible que se refleje en estudios a corto plazo, como los que se han realizado hasta el momento. Tan sólo una investigación a largo término podría demostrar dicha vinculación. El estudio publicado en la revista Entropy y realizado junto a Anthony Sampel fue calificado como “falaz” por un artículo en The Examiner, que recordaba que este no había aportado ninguna información, sino que se había limitado a revistar otros estudios previos, algunos de los cuales habían sido desacreditados, como aquel en el que Gilles-Eric Sérallini aseguraba que las comidas genéticamente modificadas provocaban la aparición de tumores en ratas.

La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura

El glifosato, explican los investigadores, puede encontrarse en la orina y en la sangre de las embarazadas. En Estados Unidos, estos niveles son 10 veces superiores a los de Europa. Y algunos de los biomarcadores del autismo como el mal funcionamiento de la bacteria estomacal, la deficiencia en metionina, el desorden mitocondrial o el síndrome de deficiencia de la aromatasa pueden ser producto de una única causa, el tan peligroso glifosato. En una entrevista con Alternet, Seneff aclaraba que en Sri Lanka o El Salvador, muchos trabajadores del campo morían jóvenes de problemas renales causados por el glifosato, lo que ha provocado su prohibición en dichos países. La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.

Como cada vez que aparece una disputa semejante, es complicado saber quién tiene razón y quién no, y sobre todo, hasta qué punto. Ni siquiera un experto en química y nutrición podría asegurar la falsedad o verosimilitud de dichas investigaciones sin dedicarse, por su cuenta, a investigarlo, y ni aun así llegaría a una conclusión definitiva. Además, siempre quedará la sospecha de la influencia que grandes corporaciones ejercen no sólo sobre diversos científicos a nivel individual, sino también cómo esto condiciona a la comunidad científica en general. Mientras tanto, el número de autistas, probablemente, seguirá creciendo.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Reaparece un viejo enemigo mortal: la contaminación que no vemos

  • La exposición al DDT y otros herbicidas, así como la quema de residuos o las emisiones de refinerías, pueden provocar desde alteraciones en la conducta hasta cáncer
  • Termómetro económico y social deAmérica
MARY STOKES Buenos Aires 31 OCT 2014
Un trabajador fumiga un viñedo / STOYKOSABOTANOV  
Piense en la palabra contaminación. Seguro que le evoca emisiones de los coches, grandes sábanas de humo de las fábricas, basura tirada en las calles o ríos de su ciudad, y muchos otros actos deliberados que afectan nuestro medio ambiente.

Pero hay una contaminación que es aún más nociva, y casi invisible: se trata de la acción de los llamados Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP), que afectan de manera sostenida y subrepticia al medio ambiente y la salud humana.

A los más peligrosos se les cataloga como la “docena sucia”, entre ellos el insecticida DDT y otros herbicidas utilizados para controlar a portadores de enfermedades, como los mosquitos. Clasificados así en 2004, estos 12 químicos fueron los primeros compuestos tóxicos persistentes en ser controlados por el Convenio de Estocolmo. Desde entonces, otras 11 sustancias han sido añadidas a la lista con lo que el total suma 23. Aunque por falta de monitoreo es difícil precisar el volumen de estos contaminantes en el medio ambiente, ciertos datos comprobados dan una idea del fenómeno. De acuerdo a la UNEP, más de 90% de las muestras de agua y peces tomadas de entornos acuáticos, están contaminadas por pesticidas. Mientras tanto, en el campo, un 3% de los trabajadores agrícolas del mundo sufren cada año algún episodio de envenenamiento agudo a causa de herbicidas.

En América Latina estas sustancias tóxicas son bien conocidas. Toda la región, menos Granada, ya ha firmado el Convenio, pero incluso hasta la década de los 90, se seguía usando DDT para combatir plagas en Centroamérica y México.

Hoy en día, la emisión de tales químicos es más casualidad que a propósito: mayormente se liberan emisiones por quemar los desechos, los residuos agrícolas o a través de las centrales eléctricas o refinerías de petróleo, afectando a millones de personas.

Entrevistamos al experto Ibrahima Sow, del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF por sus siglas eninglés), sobre estos contaminantes y qué falta hacer para que desaparezca su uso.

Pregunta: ¿De qué productos químicos se trata?

Respuesta: Los COP son sustancias químicas bioacumulativas y persistentes que pueden desplazarse a grandes distancias de sus fuentes de origen. El Convenio de Estocolmo, en principio, identificó 12 químicos, que fueron llamados la docena sucia. Estos son: aldrina, clordano, dicloro difenil tricloroetano (DDT), dieldrina, endrina, heptacloro, hexaclorobenceno, mirex, toxafeno, bifenilos policlorados, dioxinas policloradas y furanos policlorados. Desde entonces, otros 11 COP han sido agregados a la lista. Se trata de tres categorías: Pesticidas, compuestos y químicos industriales y subproductos resultantes de procesos de combustión.

P: ¿Cuáles son los efectos de largo plazo en la salud?

R: Los COP se disuelven fácilmente en las grasas, pero no en el agua. Por lo tanto, una vez que son ingeridos, son difíciles de excretar. También, los COP no son biodegradables, lo cual significa que se acumulan biológicamente en un organismo, especialmente en sus tejidos grasos, y se incrementan a medida que avanzan en la cadena alimentaria. Los seres humanos, por ende, pueden acumular una alta carga de COP en sus cuerpos al comer pescado, carne y productos lácteos contaminados.

Las dioxinas y los furanos se encuentran entre las sustancias más tóxicas conocidas por la ciencia y han sido clasificadas como cancerígenas para las personas por el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud. La exposición a estos productos químicos se asocia al déficit en la capacidad intelectual, el aumento de la prevalencia de la depresión y la introversión, los efectos adversos en la habilidad de los niños de prestar atención y el incremento en la hiperactividad.

Cuando los COP son usados como pesticidas, los residuos contaminan los cultivos y a quienes los comen. La exposición crónica a los pesticidas que son COP puede tener consecuencias de largo plazo en la salud, tales como diferentes tipos de cáncer, alteraciones en el sistema endocrino y hormonal, trastornos reproductivos, trastornos neurológicos y en el comportamiento, la enfermedad de Parkinson, defectos de nacimiento, enfermedades respiratorias y funcionamiento anormal del sistema inmunológico.

P: ¿En qué industrias y usos son más frecuentes estos contaminantes?

R: Los COP constituyen una pequeña parte del total de los pesticidas, sin embargo aún están siendo usados en muchos países para controlar a portadores de enfermedades, como los mosquitos o las termitas. El DDT, por ejemplo, ha sido empleado ampliamente como un insecticida y en algunos países se puede usar legalmente solo para el control de los portadores de enfermedades, pero quizás también en algunos casos podría estar siendo ilícitamente empleado en la agricultura.

Las dioxinas y los furanos no son producidos de manera intencional sino que son subproductos de procesos de combustión y reacciones químicas cuando hay presencia simultánea de materia orgánica y cloro.

Los bifenilos policlorados (PCB) son aceites y sustancias sólidas que no tienen sabor ni olor, y fueron desarrollados en 1929 para ser usados en los refrigerantes, aceites aislantes y lubricantes, entre otros. Los PCB también pueden ser producidos de manera no intencional durante la incineración de desechos peligrosos municipales y de hospitales, entre otras reacciones químicas.

P: ¿Cuáles son los principales desafíos para reducir su uso?

R: A pesar de los esfuerzos realizados todavía hay mucho por hacer. Una importante cantidad de químicos —PCB, DDT y pesticidas obsoletos incluidos en la lista original de 12 COP— está almacenada a la espera de ser eliminada en los países que reúnen los debidos requisitos.

Para lograr la limpieza y la reducción a una escala que permita proteger tanto la salud humana como el medio ambiente, se deben movilizar recursos presupuestarios de los gobiernos, así como incentivar al sector privado de modo que aumente su aporte a la eliminación y disminución de los productos químicos y residuos nocivos.

Fuente: