Javier Guzmán, director de VSF
Justicia Alimentaria Global
11/02/16
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Manifestación de tractores en
Bruselas. / GREENSEFA
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Sabemos que los grandes desafíos a los
que se enfrentan la Unión Europea y sus países miembros tienen que
ver con la sostenibilidad, la salud y la equidad, y sabemos también
que todos ellos están íntimamente relacionados con nuestro sistema
alimentario. Cada vez hay más consenso no solo en movimientos
sociales, sino en las propias instituciones internacionales como la
FAO, que necesitamos transformar el actual modelo industrial y
kilométrico a uno basado en sistemas alimentarios locales y que
apuesten por una agricultura ecológica y de pequeña escala.
Pero para que estos sistemas tengan
lugar, es necesario la existencia de un actor básico e ineludible,
aunque la industria y multinacionales lo nieguen. Necesitamos del
campesinado y, si esto no es posible, tampoco será posible una
alternativa a este modelo actual que es la causa de enormes problemas
en cuanto a la salud alimentaria, cambio climático, derecho a la
alimentación , etc.
Lamentablemente una cosa son los
discursos institucionales y de nuestros políticos, y otra cosa bien
distinta es la realidad. Una realidad que arroja datos dramáticos y
que se pueden comprobar en la última encuesta sobre la estructura
agrícola de la UE a finales de año. Esta encuesta certifica que
entre 2003 y 2013, más de una cuarta parte de todas las
explotaciones de la UE desapareció mientras que la superficie media
por explotación agrícola aumentó en un 38%. En 2013, había 10,8
millones de explotaciones agrícolas de la UE, que trabajan 174,6
millones de hectáreas de tierra (la superficie agrícola utilizada).
Dado que la superficie dedicada a la agricultura se mantuvo casi
estable durante el período 2003-2013, la disminución en el número
de explotaciones significa un aumento significativo de concentración
agraria. El número total de las explotaciones en la UE se ha
desplomado en más de cuatro millones de explotaciones desde el año
2003, un descenso del 27,5% en tan sólo una década. El número de
explotaciones disminuyó en todos los Estados miembros de la UE, con
excepción de Irlanda (+ 2,9%). En España la caída es del 13, 4%.
Aquí hay que recordar que el porcentaje de población activa
dedicada al sector primario en España es tan solo del 3%.
El número total de las explotaciones en la UE se ha desplomado en más de cuatro millones de explotaciones desde el año 2003, un descenso del 27,5% en tan sólo una década
El último ejemplo lo tenemos en la
situación creada en el sector lechero tras la última reforma de laPolítica Agraria Común (PAC) que ha determinado el desmantelamiento
del instrumento de cuotas de producción llevando a los pequeños
ganaderos y ganaderas a una situación imposible. En este momento
según el informe realizado por COAG sobre la situación del sector
lechero, en España se pierde cada mes 65 explotaciones de ganadería
láctea. La caída de un 20% del precio de la leche obliga a echar el
cierre a 1.544 productores en los últimos dos años y reduce la
cifra total a 16.490.
Dramáticos son también los datos
concernientes a relevo generacional, donde vemos que en 2013, casi
uno de cada tres productores de la UE tenían una edad superior a 65
años. En España el dato también es de tres.
Esta progresiva y dramática
eliminación del campesinado de nuestros países ha sido el triste
resultado de décadas de Política Agraria Comunitaria, que consume
cada año el 40% del presupuesto de la Unión Europea y que
obviamente ha tenido otros objetivos muy distintos de la defensa del
modelo de agricultura y ganadería familiar.
Con estos datos ya hace tiempo que
deberían haber sonado todas las alarmas. ¿Quién va alimentarnos?
¿Quién va a mantener el empleo en nuestras comarcas? ¿Quién va a
mantener el medio ambiente y el territorio? ¿Quién va a mantener
nuestros pueblos y su cultura?
Sin embargo nada de esto ha pasado, las
grandes multinacionales siguen empujando por una agricultura en pocas
manos, en sus manos, dicho de otra forma. Una agricultura sin
agricultores, si acaso algunos pocos asalariados. Una agricultura que
maximice su beneficio y externalice sus costes sociales, sanitarios y
medioambientales.
Es urgente reflexionar y llevar al
debate público el rol del campesinado y abordar consecuentemente un
cambio radical de las actuales políticas en las que las grandes
corporaciones no estén en el centro del interés, sino por el
contrario, en la defensa y aumento del campesinado en Europa.