domingo, 13 de octubre de 2019

Sensibilidad química múltiple: qué es, síntomas y tratamiento

RAQUEL LEMOS 11.10.2019
  • La SQM es una enfermedad que provoca muy baja tolerancia a las sustancias químicas del ambiente.
  • Muchos pacientes cuentan que, cuando no se conocía la enfermedad, les decían que se inventaban los síntomas.
Una mujer con una mascarilla puesta. CSABA DELI / PANTHERMEDIA / GTRES
La sensibilidad química múltiple (SQM) es una enfermedad que provoca una muy baja tolerancia a las sustancias químicas existentes en el ambiente. Así, la contaminación normal que puede haber en cualquier ciudad o el uso de lejía para desinfectar un baño son elementos que generan reacciones adversas en las personas que la sufren.

Algunos ejemplos de los elementos más comunes que suelen estar relacionados con la sensibilidad química múltiple son la exposición a productos de limpieza del hogar, pero también los relacionados con la cosmética y la higiene personal (champús, colonias...). Asimismo, las pinturas, disolventes, gasolina, asfalto o tabaco también provocan las reacciones que veremos más adelante. No podemos olvidarnos de los aditivos en los alimentos (colorantes, edulcorantes, conservantes) y los fármacos.

Además de esto, también las personas diagnosticadas con sensibilidad química múltiple pueden sufrir determinadas intolerancias ambientales. La exposición al sol, a las ondas magnéticas de los electrodomésticos o al ruido muy fuerte puede provocar que los síntomas de la SQM aparezcan.

Aunque en la actualidad esta enfermedad es reconocida, hace unos años esto no era así. De hecho, desde la Federación de Enfermedades Raras (FEDER) se comparten diferentes testimonios de personas que la sufren. Una de ellas afirma que "como no se conocía" parecía que se inventaba los síntomas, y es que muchos pacientes han tenido que pasar por la desconfianza de quienes no sabían nada sobre la sensibilidad química múltiple y, por ello, sus síntomas fueron ignorados.

Síntomas de la SQM

Los síntomas de la sensibilidad química múltiple son diversos y los recoge la Asociación de afectados por el Síndrome de Fatiga Crónica SFC y por el Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple SQM. A continuación, exponemos cuáles son:
  • Picor de garganta y tos seca
  • Cefalea y embotamiento de la cabeza
  • Mal estado general
  • Náuseas y vómitos
  • Lagrimeo, visión borrosa y picor ocular
  • Vértigo y desorientación
  • Dificultad para respirar
  • Palpitaciones
  • Fatiga.
Estos son algunos síntomas de la sensibilidad química múltiple que, a veces, pueden confundirse con alergias, falta de vitaminas, migraña o gripe. Por ejemplo, una persona que en un espacio determinado empiece a estornudar puede creer que es una reacción normal al polvo o los ácaros, pero no a esta enfermedad.

Por esta razón, es conveniente tener en cuenta algunos consejos para que diagnosticar esta enfermedad sea mucho más sencillo. De esta manera, se podrá informar al médico de lo que ocurre y conseguir que la sensibilidad química múltiple se diagnostique adecuadamente.

¿La sensibilidad química múltiple tiene tratamiento?

El tratamiento de la sensibilidad química múltiple no es más que, como indica la SFC-SQM, "evitar la exposición repetida a los agentes precipitantes". Actualmente, no existe ningún tratamiento específico que pueda ayudar a las personas que la sufren a evitar esa reacción que tienen cuando se exponen a ciertas sustancias químicas.

No obstante, como bien hemos mencionado es conveniente recibir un diagnóstico adecuado para saber cómo prevenir y reducir la exposición a las sustancias químicas. Para ello, hay que tener en cuenta si la sintomatología se produce repetidamente ante la exposición a un mismo agente y si mejora una vez no se está en contacto con él. Todo esto hay que decírselo al médico, además de informarle de cuándo empezaron a aparecer los síntomas que pueden ser varios y no estar relacionados entre sí.

Una vez una persona ha sido diagnosticada con sensibilidad química múltiple es apropiado que tome determinadas medidas. Como indica el Protocolo SQM de Urgencias de la Comunidad de Madrid, en el caso de que haya una reacción al alcohol, en su lugar puede utilizarse povidona yodada, por ejemplo. De igual manera, las botellas de plástico pueden sustituirse mejor por botellas de vidrio. Asimismo, el uso de mascarillas puede ayudar en el caso de tener que estar expuesto a una sustancia química ante la que el cuerpo reacciona.

Con todo, hay que tener presente que la sensibilidad química múltiple es una enfermedad que aparece aún con dosis bajas de una sustancia que es tolerada por el resto de personas. Prestar atención a los síntomas y remitírselos al médico de confianza será necesario para tomar medidas que eviten el malestar y la sintomatología que provoca esta enfermedad que afecta, de manera importante, a la calidad de vida de quienes la sufren.

lunes, 23 de septiembre de 2019

La contaminación de alimentos por plásticos y de los cosméticos por nanopartículas

Por Miguel Jara 19 de septiembre de 2019

Dos noticias recientes traen a la actualidad de nuevo los impactos en la salud humana de la contaminación por productos que utilizamos a diario. Por un lado todo tipo de plásticos, usados incluso en la alimentación y por otro el asunto de las nanopartículas, muy utilizadas en productos cosméticos y de higiene personal cotidianos. Os lo cuento.

Un nuevo estudio sobre productos plásticos de amplio uso confirma la toxicidad del contenido químico de los mismos. Se trata del trabajo científico más completo sobre la toxicidad de los productos químicos presentes en los productos plásticos hasta la fecha y se ha publicado en Environmental Scienceand Technology bajo el título de «Evaluación comparativa de la toxicidad in vitro y la composición química de los productos plásticos de consumo».

Los investigadores analizaron 34 productos cotidianos muy utilizados fabricados con plásticos, incluidos productos que entran en contacto con alimentos, como botellas de agua mineral, envolturas de alimentos y botes de yogur.

Este análisis cubre ocho tipos principales de polímeros: cloruro de polivinilo (PVC), poliuretano (PUR), tereftalato de polietileno (PET), poliestireno (PS), polipropileno (PP), polietileno de alta densidad (HDPE), polietileno de baja densidad (LDPE) y ácido poliláctico (PLA).

Los investigadores encontraron compuestos tóxicos en la mayoría de los extractos plásticos y dieron prioridad en su trabajo a los productos químicos cuya composición es más tóxica.

Entre los hallazgos está que el 74% de los extractos de plástico contenían productos químicos que desencadenan al menos un efecto tóxico relevante para la salud humana (el estrés oxidativo, la citotoxicidad, la estrogénesis o la antiandrogenicidad).

Los productos de consumo de plástico populares pueden contener productos químicos disruptores endocrinos (que imitan a nuestras hormonas) y los productos químicos utilizados actualmente en los artículos y materiales plásticos en contacto con alimentos pueden ser tóxicos para la salud humana.

Según la Alianza de Salud y Medio Ambiente (HEAL), las prioridades urgentes incluyen el lanzamiento por parte de la Comisión Europea de una nueva estrategia sobre disruptores endocrinos, una actualización de la regulación de materiales en contacto con alimentos y un cambio en el enfoque de la regulación de plásticos.

Relacionado con esto de la contaminación por productos de uso cotidiano, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) ha remitido una carta a la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (Aemps) para solicitar una investigación que permita conocer a fondo las características de cada nanopartícula y descartar posibles riesgos para el consumidor.

Las nanopartículas son partículas de pequeñísimo tamaño (de 1 a 100 nanómetros y un nanómetro es una mil millonésima parte de un metro o la millonésima parte de un milímetro) que se comportan de manera distinta a otros materiales similares que no están en forma nano.

En el caso de los cosméticos, se usan en cremas solares, antiarrugas, hidratantes, dentífricos o esmaltes de uñas, en forma de nanoemulsiones, liposomas, nanocápsulas o polvos micronizados. La OCU cree que la presencia de nanopartículas en cosméticos debe ser una mención obligatoria en el envase de todos los productos con nanopartículas y que las infracciones de las normas de etiquetado deben sancionarse.

OCU advierte que el riesgo más claro está en la inhalación y desaconseja utilizar nanomateriales en aerosoles y pulverizadores que pueden quedar en el aire. En línea con lo anterior de HEAL, considera que la legislación sobre sustancias químicas en la Unión Europea (UE) debe adaptarse para poder evaluar específicamente estos nuevos materiales.

Estas nanopartículas mejoran la estabilidad de ingredientes como vitaminas, antioxidantes, ácidos grasos, o fragancias. Además, aumentan la fotoestabilidad, eficacia y tolerancia de varios filtros ultravioletas y hacen que algunos productos, como las cremas solares, sean más fáciles de aplicar. OCU advierte que actualmente no es posible establecer la total inocuidad de estas nanopartículas.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Los electrosensibles temen la llegada de la tecnología 5G

16/09/2019 - Raphael Morán - @raphamoran
Un teléfono compatible con la telefonía 5G. REUTERS/Arnd Wiegmann
Una pequeña franja de la población francesa afirma sufrir de la presencia de las ondas electromagnéticas de los celulares. Tras batallar contra las antenas de television digital y contra la generalización del wifi, ahora piden que se limite la instalación de las antenas 5G.  

Es un mal invisible, impalpable y no reconocido por la ciencia actual. Los electrosensibles, o electro hipersensibles (EHS) afirman que las ondas electromagnéticas de los objetos de nuestra vida cotidiana -wifi, teléfonos móviles- les causa dolores insoportables. Algunos afirman incluso que no soportan el efecto de las estufas eléctricas.

De momento, es imposible saber cuántas personas padecen este tipo de síntomas. Un estudio de 2018 de la agencia científica estatal francesa ANSES (Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, del Medio ambiente y del Trabajo) estima que hasta el 5% de la población total podría ser electrosensible.

Estos síntomas han inspirado hasta los productores de la serie de Netflix “Better Call Saul” para un par de escenas tragicómicas. El personaje Chuck McGill, hermano del protagonista, vive recluido en su casa para protegerse de las ondas electromagnéticas y se cubre con una manta de supervivencia cuando su hermano se acerca con su celular.

RFI documentó el calvario de los electrosensibles franceses, ignorados o tratados como locos.

A mediados de septiembre, el colectivo Priartem que ayuda a las personas que se autodefinen como electrosensibles, se reunió al sur de París, en Etampes. Para acudir a la cita, lejos de las zonas urbanizadas, recibimos la instrucción de apagar nuestro celular y dejarlo en el auto.

En una pradera rodeada de árboles, un centenar de personas electrosensibles como Natalia se reunieron para intercambiar consejos sobre cómo aguantar la vida en la era de los teléfonos inteligentes. “Me han diagnosticado electro hipersensibilidad hace un año”, cuenta Natalia, una franco-española. “Hay momentos en los que me puedo sentir mal: me pasó en una reunión en el trabajo. Me sentí fatal, tenía ganas de vomitar, tenía la sensación de tener una pieza de plomo en la cabeza y me di cuenta de que había wifi justo delante de la sala”, cuenta a RFI.

Lo que dice la OMS

En su página oficial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define este mal como una serie de síntomas que algunas personas atribuyen a los campos electromagnéticos.

Los síntomas van desde problemas dermatológicos hasta dificultades para concentrarse, sensación de quemadura, o cansancio. Pero estos síntomas no corresponden a ninguna patología probada ni reconocida, dice la OMS. En otras palabras, no hay pruebas científicas de que las ondas de nuestros aparatos de comunicación pueden causar este tipo de síntomas. Y tampoco hay diagnósticos o protocolos médicos para tratar a los electrosensibles.

Escuche testimonios audios de electrosensibles:


En cambio, el médico francés Frédéric Greco, anestesiólogo del hospital de Montpellier, reconoce la electrosensibilidad. “Son los individuos que presentan síntomas clínicos cuando están en contacto con una fuente electromagnética. Todos somos electrosensibles. Si lo expongo a una radiación electromagnética, podremos detectar anomalías en sus células sanguíneas, aunque quizá no sienta ninguna molestia. En cambio, tenemos cerca del 3% de la población que puede sentir una molestia, una sensación de quemadura, un malestar al momento de utilizar un teléfono, si está cerca de una fuente de wifi o de una antena de telefonía móvil. En cuanto a los electro hipersensibles, ellos son sensibles a todas las frecuencias”, dijo a RFI.

Ante la ausencia de respuestas científicas, los electrosensibles buscan ellos mismos las soluciones para atenuar su mal. Estos son algunos de los métodos de los que nos hablaron los electrosensibles.

El medidor de ondas

Natalia tiene en sus manos un pequeño aparato gris, que mide el nivel de ondas en un punto dado. “Es indispensable para un EHS. Capta el electro smog, las ondas que vienen de todas las direcciones. Aquí no hay nada, estamos en 0,007 voltios por metro. Y si prendemos el celular, llegamos a 1,2 v/m, estamos en la zona roja.”
La manta antiondas

Numerosas personas que se dicen electrosensibles logran atenuar el efecto dañino de las ondas con ropa técnica, hecha con tejidos especiales de hilo de plata o algodón. Evelyne, una francesa de unos cincuenta años, nos enseña su gorro, su sweater e incluso una manta con la que se cubre totalmente para, dice, limitar el efecto de las ondas electromagnéticas.

Blindar su casa

“Vivo en una casa parcialmente blindada”, explica por su parte Manuel Hervouet, presidente del colectivo de enfermos electrosensibles de Francia. “Tengo paredes pintadas con una pintura que contiene grafito que bloquea el paso de las ondas. Es una tecnología militar, pero toda la información está en internet”, dice a RFI. Manuel es una de las personas que ha obtenido del sistema de salud francés una indemnización por sus síntomas de electrosensibilidad.

“Yo era informático y estuve muy expuesto a las ondas de las antenas de celulares y de televisión. En 2009 desarrollaron la televisión digital cerca de mi oficina y me enfermé. Empezó con dolores de cabeza, y si prolongaba exposición a las ondas, tenía una sensación de embriaguez, de mareo, problemas de concentración, una presión en el pecho. Llegué a olvidar las cosas como la ubicación de mi coche. Obtuve un reconocimiento de minusvalidez. La medicina del trabajo me declaró ‘trabajador con incapacidad’”, cuenta.

Vivir lejos de las ciudades

La solución más radical consiste, para los electro hipersensibles, en alejarse de las zonas cubiertas por la telefonía celular. Cuevas, valles montañosos aislados o pueblos perdidos como Saint-Julien-en-Beauchêne se han convertido en refugios para los electrosensibles. La ciudad de Zurich estrenó por su parte en 2013 una residencia construida especialmente para evitar las ondas electromagnéticas.

Tratar los síntomas

A nivel médico, el doctor Frédéric Greco, que padece también electrosensibilidad, constata que existe un déficit de atención. “Hasta ahora, a las personas electrosensibles se les recomendaba evitar el contacto con las radiaciones electromagnéticas y se les proponía un seguimiento psicoterapéutico. Pero los resultados no son satisfactorios. Porque la electrosensibilidad es una patología neurológica”, afirma.

“El tratamiento recomendado consiste fundamentalmente en dejar de exponerse a la radiación electromagnética, dormir en un lugar protegido y comer sanamente. Y luego, a veces se recetan medicinas para atenuar los síntomas de los pacientes”, dijo el doctor Greco a RFI.

Francia prohíbe el wifi en las guarderías

Las múltiples alertas de organizaciones de consumidores, así como como un informe de la OMS que estima que el uso muy intenso del teléfono celular podría causar tumores, ha llevado a los legisladores a adoptar recomendaciones. El Consejo de Europa recomienda desde 2009 limitar a 0,6 voltios por metro la exposición a las ondas. Francia prohibió la instalación del wifi en las guarderías.

Y el año pasado, un informe de la ANSES dio un paso adelante hacia el reconocimiento de problema. Tras consultar a decenas de médicos y especialistas del sector, los autores del informe recomiendan mejorar la atención médica de las personas electrosensibles, pero no reconoce oficialmente esta patología.

La 5G, la nueva batalla

Para los electrosensibles, la próxima batalla será la de la tecnología móvil 5G que permitirá el control remoto de objetos como los autos.

“La gente nos solicita cada vez más desde que se planea instalar antenas de 5G. No sabemos cómo se desarrollarán, en qué condiciones ni de qué forma se hacen los test”, alerta Pierre-Marie Théveniaud, presidente de la asociación civil francesa Robin des Toits, famosa por su batalla contra las antenas móviles.

“Tratamos de informar a la gente porque con la 5G vamos a recibir una exposición total y permanente a las ondas. Los operadores móviles explican que con las nuevas antenas 5G, la radiación va a dirigirse hacia cada celular directamente. Ya no habrá radiaciones multidireccionales que riegan un perímetro como ahora. Entonces los operadores dicen que habrá menos exposición a las radiaciones ya que cada celular se conectará a la mejor señal.”

Los electrosensibles esperan con ansias un nuevo informe gubernamental francés sobre el asunto. Las antenas de telefonía móvil 5G deberían ser desplegadas a partir del año próximo en Francia.

sábado, 14 de septiembre de 2019

La lucha por visibilizar el daño invisible en Tarifa

Victoria, una vecina de la localidad tarifeña electro y químico sensible, abandera una cruzada llena de obstáculos en busca de zonas blancas
VICTORIA, EN UNA DE LAS FOTOS PREMIADAS. CARMEN SAYAGO
Rubén Rosón CAMPO DE GIBRALTAR 12/09/2019

Una vecina de Tarifa, Victoria, vive una dura situación en un municipio en el que busca una zona blanca, libre de radiaciones electromagnéticas. Se trata de una mujer electro y químico sensible, afectada además por el síndrome de sensibilidad química múltiple, que hace que no pueda estar expuesta a numerosas sustancias de lo más común, además de las propias ondas de telefonía, wi-fi, etc. Todo ello le causa importantes daños, entre ellos su sistema inmune, y la hace vivir prácticamente encerrada en casa.

A lo largo de los últimos años Victoria se ha convertido en la abanderada de la lucha por dar a conocer una situación que afecta a más personas de las que pueda parecer y por lograr una Tarifa “sin radiación, pro-vida y salud”, como indica la protagonista.

Su lucha por dar a conocer este problema de salud le ha llevado a realizar un cortometraje, además de otros trabajos con los que colabora y en especial, ser una de las protagonistas de un reportaje de la fotógrafa Carmen Sayago que logró ser finalista en el Premio Internacional Luis Valtueña de fotografía humanitaria, certamen de fotoperiodismo que convoca Médicos del Mundo, que se expuso en Caixa Fórum Madrid, donde se leyó una carta de la propia Victoria denunciando su situación y la del colectivo de afectados.

Gracias a los apoyos que ha ido recabando a lo largo de los últimos cinco años, cuando ha desarrollado su lucha contra la proliferación de antenas wi-fi en la localidad, ha logrado ir adaptando su “casa-hospital”, como ella la llama. “Llegué a tener que estar, dentro de casa, en una estructura de dos por dos metros como blindaje, como en un zulo, para protegerme de agresiones intencionadas con ondas wi-fi”, como ha denunciado la plataforma Tarifa Sin Radiación.

Sin embargo, los pasos que ha dado para mejorar las condiciones de su casa se han complicado. En este tiempo su campaña contra las radiaciones le ha convertido en objetivo de presiones y de acoso que incluso la han llevado al borde del desahucio que estaba previsto para este viernes, pero que ha logrado que sea aplazado hasta noviembre. “Empecé esto por la salud de Tarifa y no solo hay gente que no me ha entendido, sino que me ataca de forma intencionada. Me han amenazado con tirarme lejía”, narra tras haber sido víctima de insultos, amenazas y agresiones.

“Sólo busco un sitio protegido”, expresa Victoria, que explica que no sospechaba, cuando comenzó con su lucha, que le haría pasar por tanto. No solo ha pagado ella las consecuencias, sino que incluso muchos de los que se han acercado a ayudarla también se han visto acosados, señala. “Intentan aislarme y dejarme sola”, apunta, pero siempre se ha visto respaldada e incluso el colectivo de electro y químico sensibles a nivel nacional la ha convertido en uno de sus referentes y en ejemplo de lucha.

Además del inconveniente que supone abandonar un hogar adaptado a su situación, Victoria lamenta la falta de alternativas que existen. “No me pueden hospitalizar porque hasta los hospitales están llenos de maquinaria que funciona con ondas electromagnéticas”, apunta, de ahí la necesidad de zonas blancas para poder tener las condiciones de vida necesarias.

Pero por encima de las vicisitudes personales que ha padecido y padece, lo que más lamenta Victoria es la incomprensión y el desconocimiento que existe en torno a su afección. Lejos de tratarse de algo obsesivo o psicológico, como han malinterpretado en muchas ocasiones, “se trata de algo físico, porque aunque las ondas o los productos químicos no se vean ni se puedan tocar, el daño que me producen es físico”, explica, como avalan numerosos estudios e informes disponibles en la web de la EQSDS (Electro y Químico Sensibles por el Derecho de la Salud).

De hecho, Victoria posee la tarjeta de discapacidad, una discapacidad reconocida del 65%. Sin embargo, tanto ella como los colectivos de personas afectadas echan en falta la protección de las instituciones. “El sistema no nos integra, como sucede con cualquier tipo de discapacidad, a pesar de estar plenamente reconocida”, reivindica.

Esa valentía y el hecho de haberse convertido en una de las abanderadas de esta causa le animan a no rendirse y proseguir con su lucha, ganando apoyos a base de tesón para conseguir zonas blancas para unas condiciones de vida dignas.

lunes, 2 de septiembre de 2019

Electrosensibles. Los nuevos refugiados ambientales

Por Carlos Alvarez

A pesar de los pronunciamientos del Parlamento Europeo y de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ningún país europeo a excepción de Suecia ha reconocido la electrosensibilidad.

Denunciada ante la ONU la vulneración de derechos que sufren los y las electrosensibles.

Un afectado de Madrid ha remitido a la relatora especial sobre Derechos Humanos de las personas con discapacidad de la ONU una carta de denuncia ante la grave situación en la que se encuentran las persona electrosensibles

A pesar de los pronunciamientos del Parlamento Europeo y de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa ningún país europeo a excepción de Suecia ha reconocido la electrosensibilidad, ni tomado medidas para proteger a las personas que la sufren.

En España el Defensor del Pueblo Vasco en 2012 emitía una declaración alertando de la grave situación que se está produciendo con las personas que padecen los Síndromes de Sensibilidad Central, incluida la electrosensibilidad.

Las personas aquejadas de electrosensibilidad sufren un síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos, entre los que se encuentra la radiación emitida por antenas y otros aparatos de transmisión como teléfonos móviles y wifis. Muchos afectados también padecen Sensibilidad Química Múltiple, Síndrome de Fatiga Crónica o fibromialgia, todas ellas englobadas en los Síndromes de Sensibilidad Central.

La proliferación de emisiones electromagnéticas en los últimos años ha hecho que los afectados cada día tengan mayor dificultad para encontrar sitios en los que poder estar sin sufrir los síntomas de salud asociados a las exposiciones.

En 2013 el realizador francés Marc Khanne presentaba la película Buscando desesperadamente Zona Blanca, en la que tras acompañar durante 3 años a 60 electrosensibles, documentaba las enormes dificultades y limitaciones a las que se tienen que enfrentar estas personas afectadas.

Algunos afectados han perdido su trabajo y han tenido que abandonar su hogar buscando lugares apartados con menores niveles de contaminación electromagnética. Lo dramático de su situación ha hecho que algunos expertos estén hablando de “refugiados tecnológicos”, dentro de la categoría de los refugiados ambientales. Existen comunidades como Green Bank, al amparo de la normativa que restringe las emisiones en el entorno de los radiotelescopios, a las que acuden estos refugiados tecnológicos.

La situación de tortura a la que se ven sometidos estos enfermos ambientales es posible por la negación de la electrosensibilidad. Las compañías de telecomunicaciones financian investigaciones científicas que niegan los peligros de los campos electromagnéticos y el carácter real de la electrosensibilidad, e influyen en organismos y comités encargados de velar por la seguridad electromagnética de la población. De este modo, los electrosensilbes se encuentran con la incomprensión y la falta de ayudas frente a la presencia constante de un elemento medioambiental que les causa muy dolorosos e incapacitantes síntomas de salud.

La instalación de sistemas de radiofrecuencia en el transporte colectivo y los edificios públicos ha significado que estas personas de hecho tengan negados servicios públicos básicos como la sanidad y la educación, al no darse las condiciones necesarias para su accesibilidad. Las relaciones sociales y familiares de los electrosensibles se encuentran seriamente dificultadas. Algunos de estos afectados sobreviven en hogares invadidos por la radiación, que no son aptos a su condición de salud, en situaciones de gran sufrimiento físico, precariedad y aislamiento social. En algunos casos la única salida para estas personas es el suicidio.

martes, 2 de julio de 2019

Alerta ante el despliegue del 5G

  • Ecologistas en Acción alerta de que el despliegue de la tecnología 5G se está haciendo sin evaluar sus posibles efectos sanitarios y ambientales, a pesar de los contundentes y numerosos llamamientos científicos a aplicar el principio de precaución.
  • No se ha realizado la evaluación de impacto sobre la salud que exige la Ley de Salud Pública, y sin que se haya puesto en marcha el Comité de Radiofrecuencias y Salud recogido en la Ley de Telecomunicaciones.
En todo el mundo se está produciendo el despliegue acelerado de la tecnología 5G. Vodafone ha anunciado en España que lanzará nuevos servicios gratuitos 5G en 15 ciudades vendiendo los primeros móviles 5G, usando a vieja estrategia de crear gratis la necesidad para más adelante cobrarla. Los medios de comunicación destacan los grandes beneficios de esta nueva tecnología, pero no nos explican que paralelamente está habiendo una verdadera movilización de científicos a nivel internacional que están alertando de sus riesgos potenciales.

Cuando se introduce una nueva tecnología en el mercado previamente se ha investigado en un laboratorio con células y animales para demostrar su inocuidad para las personas y el medio ambiente. Pero en el caso del 5G no es así. En 2017, Hardell, científico en base a cuyas investigaciones epidemiológicas la OMS declaró las tecnologías inalámbricas como cancerígeno de nivel 2B, encabezó un llamamiento firmado por 180 científicos pidiendo a la Unión Europea una moratoria del despliegue del 5G hasta que se demuestre su inocuidad, pues ya se han publicado miles de artículos científicos que evidencian el daño producido por las anteriores tecnologías inalámbricas para la salud de las personas, pero también para los animales y para las plantas. Sin embargo, el 5G no se ha investigado previamente a su introducción. En 2018 se puso en marcha un nuevo llamamiento científico firmado ya por más de 100.000 investigadores, médicos, asociaciones y ciudadanas de 187 países pidiendo a la OMS y a la ONU que se detenga el despliegue hasta contar con evidencias de inocuidad. Numerosos científicos han escrito a políticos, senadores y gobernadores pidiendo una moratoria.

A finales de 2018 el SCHEER, Comité Europeo de Riesgos Emergentes clasificó en su informe de riesgos con un 3 sobre 3 el daño potencial para la fauna salvaje que se puede producir por el aumento de contaminación electromagnética debido al despliegue del 5G.

De hecho, algunos políticos han atendido a las advertencias científicas. La ministra de Medio Ambiente de Bruselas ha bloqueado el despliegue 5G alegando que no está dispuesta a que los habitantes de Bruselas se conviertan en “conejillos de indias”. Cantones suizos, a los que pertenecen ciudades tan importantes como Ginebra o Lausana, también han bloqueado el 5G hasta que se investiguen sus posibles efectos sobre la salud. Alcaldes como el de la ciudad italiana de Morino también se han opuesto a este despliegue. Ayuntamientos como el de Florencia han firmado una moción por la que se reclama que se aplique el principio de precaución.

La ciudadanía también se está movilizando a nivel mundial. Existen más de 150 movimientos STOP 5G repartidos por todos los continentes. En EE UU el movimiento ‘Americanos por una Tecnología Responsable’ ha reunido 59 ciudades de 23 Estados. Ciudadanos y asociaciones de San Francisco, Washington, Nueva York, Santa Fe o Chicago no solo se están manifestando, también en algunos casos están emprendiendo acciones judiciales contra la FCC, organismo que regula las telecomunicaciones en EE UU, por no proteger la salud de los ciudadanos.

Ecologistas en Acción y la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética denunciaron en su día en las aportaciones públicas al Plan Nacional 5G que este se ha puesto en marcha sin realizar una evaluación de impacto sobre la salud, como determina la Ley General de Salud Pública. Llama por otra parte poderosamente la atención que la Ley de Telecomunicaciones de 2014 preveía la constitución de un Comité Interministerial sobre Radiofrecuencias y Salud, pero no se ha creado en cinco años. Y ello a pesar de que el Defensor del Pueblo ha hecho varios requerimientos para ello al Ministerio de Sanidad del gobierno del PP y al Ministerio de Industria del gobierno del PSOE. Es decir, no existe un órgano que realice un seguimiento de los posibles efectos para la salud de este despliegue.

Para que una tecnología sea social y ambientalmente apropiada debería no causar daño a las personas y a las restantes formas de vida animales y vegetales; no debería comprometer de modo irreparable el patrimonio natural y la salud de las futuras generaciones; no debería ser coercitiva, y debería respetar los derechos y las posibilidades de elección de sus usuarios voluntarios y de sus sujetos involuntarios y no debería tener efectos generalizados irreversibles, aunque estos parezcan a primera vista ser beneficiosos o neutros. Ninguno de estos requisitos los cumple la tecnología 5G. Y lo que es gravísimo, su despliegue supone un incremento exponencial de la contaminación electromagnética, tanto por un aumento en las potencias, pues el 5G se añade, no sustituye al 2G, 3G, 4G ni al wifi. Se emplearán nuevas frecuencias, también se van a desplegar millones de nuevas antenas y se van a poner en órbita miles de satélites en todo el mundo de tal modo que no existirá un rincón en la Tierra en el que se garantice que quienes necesitan preservarse de esta tecnología por motivos de salud, como las personas electrohipersensibles, puedan hacerlo.

A lo largo de la historia nos hemos equivocado muchas veces con nuestras decisiones tecnológicas. Aunque nos hayan proporcionado grandes avances en nuestra calidad de vida, también han llevado aparejados graves inconvenientes para la salud, los ecosistemas y el planeta. Hasta ahora, esos errores han sido fruto del desconocimiento. Esta va a ser la primera vez en la historia de la humanidad en la que la ciencia nos ha alertado de los potenciales y graves efectos negativos que esta nueva tecnología 5G puede tener para la vida si no se investiga previamente y se corrigen sus posibles riesgos.

Para Ecologistas en Acción estamos siendo víctimas de un “despotismo tecnológico”. Políticos y medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, parecen estar más al servicio de la tecnología que de la ciudadanía. La tecnología debería estar sujeta a un control democrático real. La ciudadanía debería estar informada de sus ventajas, pero también de sus posibles riesgos, y entre todos deberíamos decidir si nos interesa seguir hacia adelante o si preferimos “parar un poco” para perfeccionar la nueva tecnología y no cometer errores que luego se demuestren irreversibles. Aunque nos vendan la rapidez y la baja latencia del 5G que va a permitir bajarnos una serie en segundos, lo que una vez más podemos poner en riesgo desde la inconsciencia es la vida misma. Hay que aplicar el principio de precaución y desplegar una tecnología solo cuando se garantice su inocuidad.

viernes, 28 de junio de 2019

La peste plástica va tomando nuestros cuerpos


El artículo aborda la problemática, hasta ahora tan escatimada, de la existencia de micropartículas plásticas. Por doquier. Y que distan de ser inocuas o insignificantes por ser de tan reducidas dimensiones.

Monsanto… hasta de sus últimas sílabas se podría extraer una filosofía de la inversión de la verdad, de que todo resulta opuesto a lo proclamado…

Monsanto es el agente clave para la expansión de la agroindustria que le ha significado a la humanidad, el campesinicidio más generalizado (lo cual en cifras no tiene parangón con ningún otro trastorno demográfico y ocupacional en la historia humana; baste pensar que hace un siglo las sociedades podían tener un 75% o un 90% de población dedicada a tareas rurales y hoy se estima en 2%, 4%, 10% la población “dedicada al campo” en la inmensa mayoría de los estados del orbe).

Esa “extirpación” del campesinado no es el mero avance de la humanidad; no es el canto al progreso-siempre-mejor que nos insuflan desde los centros de poder; es una suma algebraica de avances y retrocesos de los cuales la historia oficial solo nos muestra, siempre, “los avances”.

Hay un formidable avance en los medios de comunicación y en los de transporte, pero también una pérdida de experiencia y conocimiento para tratar a la naturaleza, por ejemplo.

Pero Monsanto dista mucho de haber sido –y seguir siendo− únicamente el pivote de la “La Revolución Verde”, la agroindustria y la contaminación de los campos.

Durante la guerra que EE.UU. desencadenó para imponer la democracia en Vietnam (y que tras 14 años tuviera que abandonar), por métodos, no precisa-mente muy democráticos, el papel de Monsanto fue protagónico: proveedor, aunque no exclusivo, de Agente Naranja; el agrotóxico que la aviación de EE.UU. diseminó masivamente en los campos vietnamitas para “quitar el agua al pez”. [1]

Pero las contribuciones monsantianas vienen de tiempo atrás. Fundada en 1901 para elaborar productos químicos inicialmente dedicados a sustituir alimentos naturales, −los cada vez más conocidos y difundidos aditivos alimentarios− como, por ejemplo, vainilina para cortar la dependencia culinaria hacia las islas Célebes de donde se la extraía tradicionalmente.

Tal comienzo debía haber abierto los ojos de los contemporáneos. La sacarina, uno de los primeros producos de Monsanto, de la primera década del s.XX, ha sido desechada por tóxica. Con su extremo dulzor con dejo amargo.

Con el paso del tiempo, su capacidad de incidir en el “desarrollo tecnológico” se fue ampliando y la consiguiente toxicidad de su producción también. Desde la década del ’20 produce PCBs, los temidos polibifenilclorados que luego de décadas de uso “inocente”, o más bien impune, se iban a revelar con una altísima toxicidad generando innumerables cánceres infantiles.

En la década del ’30, significativa y sintomáticamente Monsanto se convierte en productor de primera línea de otro gran triunfo de la modernidad ciega y soberbia, derrochando venenos en el planeta, expandiendo el uso de los termoplásticos, encontrándose así en los puestos de “vanguardia” para el envenenamiento planetario. Estos plásticos, como los anteriores (rígidos) tenían un rasgo que debía haber hecho reflexionar un tanto: eran materiales no biodegradables. El idioma humano no tenía siquiera una palabra para enunciar semejante realidad. Hasta los “logros” de la petroquímica, nuestros materiales, nuestros objetos, eran naturaleza. Y por lo tanto, a la corta o a la larga, “volvían” a ella; una suerte de reciclado (a veces muy complejo, pero siempre total). Pero con los plásticos se rompen los ciclos naturales (para no mencionar los bióticos, ahora amenazados). La naturaleza no puede reabsorber, reasimilar productos engendrados de tal modo que han perdido todo parentesco con el mundo natural.

Lo que podía haber sido una advertencia sobre un camino ominoso fue en cambio muy bien recibido para abaratar costos, mejor dicho para abaratar los costos del capital. Que prefiere productos baratos en lugar de buenos. Una cuestión de rentabilidad, pero empresaria, no social, aunque todos sus argumentos se basan en que se trataría de rentabilidades de la sociedad.

Con el horizonte de una guerra inminente y el recuerdo de la anterior con sus peripecias en las trincheras, los soldados asolados por chinches y piojos, investigadores se dedicaron a pergeñar insecticidas. Así Monsanto trajo al mercado el DDT (descubierto por un técnico suizo alemán en 1939), una solución radical a las vicisitudes provocadas por insectos. Sin embargo, la guerra que se desata en 1939 no tendrá trincheras; la aviación y los bombardeos cambiarán el panorama y la estructura de las guerras, y los insecticidas quedarán arrumbados. Por eso, en la posguerra, los laboratorios buscarán empecinadamente nuevos usos a sus investigaciones y aplicaciones y empezará así la aplicación de insecticidas a la agricultura. Será el momento del combate químico a “las plagas”. Que hasta entonces se atendían y enfrentaban mediante usos físicos o biológicos. Así llegaremos a la Revolución Verde.

Monsanto resultó, una vez más, pieza clave, pivot del Ministerio de Agricultura de EE.UU. (USDA) cuando en los ’90 el gobierno norteamericano decide un plan alimentario mundial, “basado en las pampas argentinas y las praderas norteamiericanas”.[2] Cuando los emporios de la agroindustria  estadounidense se sintieron fuertes como para administrar los alimentos del planeta.[3] Este plan se desencadena a partir del recurso de la ingeniería genética aplicada a alimentos, con la producción masiva y en permanente expansión de alimentos transgénicos.

Antes, Monsanto había tenido el dudoso honor de patentar otro edulcorante, probablemente más tóxico que la problemática sacarina: el aspartamo.

Son varios, entonces, los “aportes” a una alimentación degradada, tóxica, como por ejemplo la somatotropina bovina, una hormona que ha sido rechazada de plano en los mercados europeos, por ejemplo (aunque en EE.UU. se la consume libremente). Fue diseñada para aumentar la producción de leche y los reparos provienen de que diversas investigaciones la asocian fuertemente con cánceres de mama y de próstata.

La “perla” de tantos nefastos aportes, siempre tolerados por la autoridades sanitarias de EE.UU. y sus satélites y claramente adoptados y aplaudidos por el mundo empresarial “moderno”, ha sido el tratamiento y el procesamiento de los plásticos que no son alimento pero que tienen una insidiosa cualidad y están muy vinculados a los alimentos. Como ya es de público conocimiento, las montañas de plásticos; los basureros gigantescos compuestos en un 90% de material plástico, las islas oceánicas, flotantes, con superficies mayores a las de los más grandes países del planeta, constituyen un problema de creciente actualidad.

Pero se trata de un problema menor, pese a su envergadura, ante la cuestión de otro aspecto descuidado de los desechos plásticos: sus micropartículas. Que están urbi et orbi.

Como lo plástico, ya dijimos, no es biodegradable, la erosión va achicando, rompiendo, despedazando los envases, las bolsas, hasta perderse de vista. Pero así, microscópicas, siguen siendo partículas. Que no se biodegradan, que respiramos e ingerimos a diario.

Una cancha de fútbol de pasto sintético, debido a la fricción a que su superficie es sometida, es un sitio “ideal” para la producción de micropartículas plásticas.

La erosión en general; el agua y el viento producen permanentemente micropartículas plásticas.

Hay quienes empiezan a preguntarse a dónde van las partículas que se desprenden permanentemente de los materiales plásticos que están prácticamente en toda nuestra vida cotidiana. La pregunta es, como siempre, tardía. Porque el sentido común ha cedido el paso al lavado de cerebro que nos encanta y cautiva con lo novedoso, lo moderno.

Finalmente, la Universidad de Newcastle, Australia, tras laboriosos conteos de material “invisible a los ojos” ha establecido magnitudes aproximadas de consumo involuntario de micropartículas plásticas: unas cien mil al año, que traducido en peso equivaldría a unos 250 gramos. Otra estimación que han hecho con semejante ingestión: unas 50 tarjetas de crédito al año (a razón de un peso de 5 gr. 
por tarjeta, lo que equivale a una tarjeta ingerida por semana, por vías respiratoria y digestiva).[4] Porque las principales fuentes de ingreso a nuestros cuerpos de tales micropartículas es mediante alimentos, agua y aire.

Se ha verificado, por ejemplo, que el agua potable en EE.UU. tiene el doble de tales micropartículas respecto de la correspondiente europea. (ibídem) Pensemos, un minuto apenas, cuántas de tales partículas puede haber en las aguas potables de países como Uruguay, Argentina, Brasil…

El mundo médico ha sido más bien remiso en informar qué puede ocurrir en nuestros cuerpos con los microplásticos. Y sin embargo, hay investigaciones de biológos como los norteamericanos Théo Colborn, John Peterson Myers y Diane Dumanovsky [5], por ejemplo, que a mediados de los ’90 relevaron la presencia de partículas plásticas invisibles de policarbonato (PC), de polivinilcloruro (PVC), en numerosos animales que presentaban, junto con estos “alteradores endócrinos” diversas malformaciones o trastornos en la vida sexual y reproductiva. Y, por ejemplo, rastrearon la presencia de Bisfenol A (ingrediente del PC), un reconocido alterador endocrino, en bebés (sus biberones estaban hechos de PC).

Nuestra estulticia, no sabemos si tiene precio, nos tememos que sí. Pero lo que es indudable es que es inmensa.

[1] Técnica de las llamadas contrainsurgentes empeñadas en debilitar los apoyos a los guerrilleros clandestinos. Eliminar naturaleza y boscajes para quitar lugares de escondites y protección. De paso, arruinar también la provisión de alimentos…

[2] Dennis Avery, Salvando el planeta con plásticos y plaguicidas, Hudson Institute, Washington, 1995.

[3] El plan, por suerte, resultó insuficiente, sobrepasado por un planeta y una población indudablemente mayor y más compleja que el diseño del USDA. Poco después, los pretendidos diseñadores norteamericanos de la alimentación mundial iban a tener que incluir a Canadá, Australia y finalmente Brasil más zonas menores en el diseño del plan mundial de control alimentario. (Véase Paul Nicholson, “Los alimentos son un arma de destrucción masiva”, 2008, www.rebelion.org/noticia.php?id=178160).

[4] Kala Senathiarajah y Thava Palanisami, “How Much Micropolastics Are We Ingesting”, 11 junio 2019. Cit. p. J. Elcacho, kaosenlared, 13 jun. 2019.

[5] Our Stolen Future, Dutton, Nueva York, 1996. Hay edición en castellano, España, 2006.

domingo, 16 de junio de 2019

Informes científicos concluyentes] Amenazas de las redes 5G

Por Silvia Ribeiro

Una serie de estudios científicos refieren que estas radiaciones electromagnéticas producen estrés celular, daños genéticos y en el sistema reproductivo, déficit de atención y aprendizaje, trastornos neurólogicos y por conjunción de varios factores, potencialmente cáncer. Intervienen además los sistemas de orientación de aves, abejas, hormigas, ranas, entre otros animales que han sido estudiados.

Las nuevas redes de conectividad con tecnología 5G conllevan riesgos sin precedentes para la salud y el medioambiental, para la vida humana, animal y vegetal. Siendo éste un aspecto fundamental, por el cual no debería permitirse su expansión, es solamente uno de los muchos problemas que implica su desarrollo. Son un elemento crucial de grandes transformaciones –mayoritariamente negativas– en múltiples aspectos de la vida económica, política y social de los países. Afectarán radicalmente, la producción de servicios y el comercio internacional, y proveerán nuevas formas de vigilancia y control, todo ello centralizado en manos de unas cuantas empresas trasnacionales y algunos gobiernos. Tanto para China como para Estados Unidos, la expansión de tecnología 5G es una política de gobierno, lo cual es trasfondo del bloqueo a Huawei, ya que China está más avanzada en su desarrollo.

Las redes 5G, llamadas así por ser la quinta generación de redes de comunicación inalámbrica, prometen ser notablemente más rápidas y con más capacidad de trasmitir datos (mayor ancho de banda), por lo que podrían cubrir una cantidad mucho mayor de conexiones en el mismo espacio. La idea es aumentar la velocidad de descarga hasta 20 veces más rápido que con las actuales redes 4G. La tecnología 5G no es sólo un desarrollo de las anteriores, también cambia la frecuencia de onda con que se trasmite. Agrega una frecuencia de ondas milimétricas, mucho más cortas que las anteriores y con una densidad mucho mayor. Como su rango de alcance es significativamente menor, para que sustituya a las redes actuales y expanda su potencial, sería necesario instalar una enorme cantidad de antenas de rangos cortos, cada 100 metros (10-12 casas) en zonas urbanas. Estas estarán a su vez conectadas a una densa red de miles de satélites de baja altura, por lo que sus promotores aseguran que podrían conectar cualquier área en el planeta y que no sufrirán cortes de trasmisión.

Esta capacidad de conectar más dispositivos a las redes inalámbricas, hará dar un salto cuantitativo al internet de las cosas, que se refiere a las conexiones inalámbricas entre todo tipo de aparatos industriales y domésticos -desde teléfonos, computadoras, pantallas, cámaras y autos que nos ven, máquinas de café, estufas, refrigeradores, camas y otros muebles “inteligentes”, autos, dispositivos de salud, todo ello conectado a nuestros expedientes médicos, laborales, crediticios, educativos, hábitos de consumo, actividades de tiempo libre, etc. También en entornos abiertos o plazas comerciales, centros educativos y de atención pública será posible una multiplicación exponencial de sistemas de conectividad, vigilancia, rastreo e identificación, enmarcados en las llamadas “ciudades inteligentes”, con una multiplicación de drones y vehículos no tripulados para servicios, entregas y vigilancia.

Todo esto representa una invasión de los espacios, las mentes y los cuerpos como nunca antes habríamos podido imaginar, siendo además una fuente inagotable de datos sobre nosotros y el cuerpo social, para vender a empresas de seguros, de medicamentos y muchas otras mercancías, e incluso a entidades políticas y de manipulación electoral, como explica Sally Burch (https://www.alainet.org/es/articulo/197691).

Junto a ello, aumentará exponencialmente la exposición a radiaciones electromagnéticas de las personas y todo ser vivo, un tema ya pendiente con las redes de comunicación existentes. Sobre estas últimas, existen numerosos estudios mostrando los riesgos de la radiación relacionada al uso de teléfonos móviles y wifi. El Consejo de Europa, por ejemplo, declaró desde 2011 (EC resolución 1815), que se debería informar al público sobre los riesgos, bajar el nivel de frecuencias permitidas, limitar las conexiones inalámbricas y sustituirlas por conexiones cableadas en escuelas, bibliotecas y lugares públicos, porque el riesgo es mayor para las niñas y niños.

Una serie de estudios científicos refieren que estas radiaciones electromagnéticas producen estrés celular, daños genéticos y en el sistema reproductivo, déficit de atención y aprendizaje, trastornos neurólogicos y por conjunción de varios factores, potencialmente cáncer. Intervienen además los sistemas de orientación de aves, abejas, hormigas, ranas, entre otros animales que han sido estudiados. Katie Singer, autora del libro Una primavera silenciosa electrónica da cuenta de varios de estos estudios, también sobre impactos en humanos. (http://www.electronicsilentspring.com/)

No obstante, la densa red de microondas milimétricas y capa de radiación electromagnética a las que nos expondría la instalación masiva de redes con tecnología 5G no tiene precedente. Tanto por el tipo de ondas, el aumento de la cantidad de aparatos emisores y receptores, por la continuidad y asiduidad de uso, por la red satelital para comunicarlos entre sí y por el proyecto de expansión global a todas los rincones del planeta. Por todo ello, un grupo de médicos y científicos de varios países, comenzaron un llamado internacional dirigido a Naciones Unidas, con referencia a varios estudios, para detener el despliegue de estas redes. Urge conocer y ampliar el debate, hay demasiado en juego.

*Silvia Ribeiro es investigadora del Grupo ETC.