domingo, 8 de febrero de 2026

Meritxell Espona: "Para hacer esta entrevista, he tenido que reposar dos días"

Esta santcugatense tardó más de 14 años en obtener el diagnóstico del Síndrome de Sensibilización Central (SSC)
Meritxell Espona en el sofá de su casa, en el que pasa gran parte del día / Foto: Cugat Mèdia
La taquicardia, el mareo, la niebla mental, la migraña, el colon irritable, la debilidad extrema, la alta sensibilidad y el dolor facial inespecífico son algunos de los síntomas con los que convive Meritxell Espona y miles de mujeres que han sido diagnosticadas con el síndrome de sensibilización central (SSC). “Un saco en el que cabe todo”, según Meritxell, infradiagnosticada y muy poco investigada. "Necesitamos de forma urgente biomarcadores objetivos en sangre para diagnosticar con precisión y rapidez si realmente tenemos el síndrome de sensibilización central", reivindica.

¿De qué enfermedades tienes el diagnóstico y de qué sospechas que deberías tenerlo?

Para la Seguridad Social tengo el combo de síndrome de sensibilización central (SSC), es decir, la sensibilidad química múltiple, la fibromialgia y la encefalomielitis miálgica (antes, mal dicho, fatiga crónica). Por la privada, el Lyme crónico y otros comorbitados que se añaden a las anteriores, como la electrohipersensibilidad, el síndrome de activación mastocitaria y la inestabilidad craneocervical.
Todo esto me hace sospechar que, además, tengo una enfermedad minoritaria llamada síndrome de Ehlers-Danlos, que es un trastorno genético hereditario del tejido conectivo causado por un defecto del colágeno. También sospecho de los síndromes compresivos vasculares y de algún tipo de disautonomía.

¿Cuáles son los síntomas que más te condicionan?

Lo más limitante es el malestar postesfuerzo (PEM), que es el incremento de todos los síntomas después de realizar pequeños esfuerzos como vestirte, comprar o cocinar. Debido al PEM, los síntomas se me disparan hasta tener que encamarme durante horas, días o semanas. Esto me obliga a escoger qué puedo hacer y qué no puedo hacer todos los días. Es como el precio que pago por vivir. Por ejemplo, para realEsta santcugatense tardó más de 14 años en obtener el diagnóstico del Síndrome de Sensibilización Central (SSC)izar esta entrevista, he tenido que hacer reposo durante dos días, y sé que después tardaré varios días en recuperarme.

¿Cuándo empezaron los primeros síntomas?

Hacia los 13 años, pero hasta los 27 no tuve el diagnóstico de SSC. Esto provocó que normalizara los síntomas, sin saber que cada año que pasaba sin diagnóstico, mi calidad de vida empeoraba.

¿Cómo recibiste el diagnóstico?

Muy mal. Yo no quería tener una patología considerada psicosomática para muchas personas. Avergonzarte de una enfermedad es algo que nunca debería ocurrir. En la Seguridad Social te dicen que no hay nada que hacer: que acabarás con una silla de ruedas y con un deterioro cognitivo importante, y que cuanto antes lo aceptes, mejor. ¿Te imaginas el impacto emocional que tiene esto?

En la Unidad del SSC consideran que no es tan importante de dónde te viene sino los síntomas que tienes. ¿Qué piensas?

Sí y no. Sí que es verdad que necesitamos un tratamiento paliativo por los síntomas que ahora nos afectan, pero si no se tiene en cuenta la causa, no obtendremos los tratamientos adecuados para cada caso. El síndrome de sensibilización es un estado, una consecuencia de otras causas de origen, sea un Lyme crónico, sea un síndrome de Ehlers-Danlos, una intoxicación, una exposición a hongos, a infecciones víricas como la mononucleosis o la Covid, etcétera. Estas causas sólo las tratan médicos privados o clínicas privadas.

¿Has oído en algún momento que alguien minimizaba tus síntomas?
Sí. La gente cree que el cansancio que siente es similar al que sentimos nosotros. Nada tiene que ver con ir a trabajar después de una noche de fiesta. Y lo que nosotros sentimos es como un estado gripal agudo sin fin. Nuestras sensibilidades no son molestias, nos provocan síntomas que nos enferman al instante.
Sufrimos una enfermedad invisible y multisistémica que nos obliga a dar muchas explicaciones, y esto es agotador. También es dinámica: un día necesitas una silla de ruedas, otro día, no. Por eso necesitamos pruebas objetivas que midan nuestras dolencias. Ya existen decenas de estudios científicos que demuestran las alteraciones orgánicas que tenemos, pero las pruebas pertinentes no se realizan a nivel hospitalario y, por la vía privada, nos salen carísimas.

¿Tienes la sensación de que estas enfermedades todavía están muy estigmatizadas socialmente?

Si una figura de autoridad, como es el médico, se ha pasado décadas diciendo que era psicosomático, ¿qué crees que la familia y la sociedad piensan? Y es cierto que en los últimos años, gracias a la evidencia de las alteraciones biológicas que se van encontrando, ha habido un cambio y voces más comprensión y sensibilización, pero todavía falta mucho trabajo por hacer.

¿Qué impacto ha tenido todo esto en tu vida laboral?

Pues total. No puedo trabajar desde hace 12 años. El diagnóstico tardó tanto en llegar que mi cuerpo colapsó. Yo logré la discapacidad, pero, a día de hoy, la mayoría de enfermas crónicas siguen pasando un calvario para demostrar que su enfermedad es invalidante y conseguir una discapacidad.

Y a nivel personal y familiar, ¿qué es lo que más ha cambiado?

Pasé de vivir sola a ser una persona dependiente. Perdí el trabajo y la pareja, y toda la familia tuvo que adaptarse a mi nueva situación. Con el tiempo hemos aprendido a fijar la atención en lo que sí puedo hacer en vez de ver lo que me limita. He dejado de pensar en el futuro, ahora vivo un día a la vez.

¿Qué estrategias te funcionan mejor para manejar el dolor y la fatiga?

Mira, pocas, a excepción de la meditación, para reducir el estrés de un sistema nervioso ya estresado crónicamente. La experiencia con las terapias alternativas no ha sido buena. La psicoterapia, sí, porque te enseña a escuchar a tu cuerpo, a parar, a trabajar la exigencia, a aceptar, a modificar comportamientos que te dan bienestar.

Y, a mí, me ha ayudado mucho encontrar mi dieta. Para mí ha sido básico descubrir a los antinutrientes, especialmente a los oxalatos, que es un veneno en forma de cristales que tienen las plantas y acumulamos a lo largo de la vida tejidos, articulaciones y órganos. Eliminarlos de la dieta ha supuesto una mejora muy significativa y se está viendo que tienen un papel muy importante. Llevo una dieta 80% carnívora.

¿Cómo llevas la convivencia con esa incertidumbre de tener una enfermedad crónica que de momento no cuida?

Muchas veces con tristeza y desesperanza. No tengo confianza en el sistema, pero sí en las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial. Estas herramientas, junto con el reciente reconocimiento del Lyme crónico y la Covid persistente, han abierto vías de investigación que de rebote nos ayudarán a nosotros. Pero por el momento somos invisibles dentro del sistema sanitario. Necesitamos urgentemente una medicina integrativa, feminista, humanista y accesible para todos.

¿Qué mensaje le darías a una persona que ahora mismo está empezando ese camino de síntomas, pruebas y dudas?

No pierdas la esperanza: puedes ser feliz teniendo una enfermedad crónica invalidante.
Aparte de ir al médico, investiga por tu cuenta y únete a las asociaciones, así encontrarás a los médicos adecuados y te ahorrarás un periplo de años.
No te conformes con el primer diagnóstico.
Aprende a escucharte y respetarte, confía siempre en ti misma y no minimices lo que te ocurre.
Crea una red de gente bonita, que no ponga en duda lo que te ocurre. Si lo necesitas, pide mi contacto en Cugat Mèdia.

https://www.cugat.cat/noticies/meritxell-espona-per-fer-aquesta-entrevista-he-hagut-de-reposar-dos-dies

viernes, 15 de agosto de 2025

Detectan vínculo entre sustancias tóxicas en alimentos y enfermedades como el cáncer y el Alzheimer


Publicado el 14 de agosto de 2025

Según un informe, los efectos de los químicos tóxicos se subestiman y su impacto en el cáncer podría igualar al del consumo de cigarrillos

Las sustancias químicas tóxicas presentes en el aire, los alimentos y el agua están fuertemente vinculadas a una gran cantidad de problemas ambientales y graves afecciones de salud, entre ellas el cáncer, la obesidad, la demencia, la infertilidad y el TDAH.

A través de un nuevo informe, un grupo de investigadores describe la toxicidad como “la amenaza más subestimada a la que se enfrenta la humanidad” y advierte que “la contaminación del cuerpo humano es endémica”.

Según el documento, los riesgos para la salud humana y del planeta están “ampliamente subestimados” y el impacto del uso de plaguicidas en las tasas de cáncer podría ser comparable al del tabaquismo.

En el estudio también se detectó más de 3.600 sustancias químicas sintéticas en el cuerpo humano, provenientes de materiales que están en contacto con los alimentos, como envases y pesticidas. Al menos 80 de estas sustancias se consideran especialmente peligrosas para la salud.

Sustancias químicas conocidas como PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) fueron detectadas en casi todas las personas analizadas. En Europa, el 14  % de los adolescentes presentaron niveles en sangre lo suficientemente altos como para representar un riesgo grave para la salud.

Entre los hallazgos más alarmantes del estudio está la relación entre el uso de pesticidas y enfermedades como la leucemia, el linfoma no Hodgkin y los cánceres de vejiga, colon e hígado. Incluso se sugiere que la exposición prenatal a pesticidas podría aumentar en más del 50 % el riesgo de que los niños desarrollen leucemia o linfoma.

En el informe también se reunió evidencia que muestra que los químicos sintéticos a los que están expuestas las personas han contribuido al descenso global en la cantidad de espermatozoides. Por ejemplo, se ha encontrado que los hombres con altos niveles de ciertas sustancias PFAS presentan menos de la mitad del conteo normal de esperma en comparación con quienes tienen niveles bajos.

En un contexto de aumento en las tasas de cáncer, caída de la fertilidad y alza de enfermedades crónicas, el equipo detrás del informe advierte que el enfoque internacional actual para gestionar los químicos sintéticos es “inadecuado” y “mal entendido”. Por ello, piden una acción más coordinada a nivel global y una mejor estandarización para proteger tanto a las personas como al planeta.

El informe, titulado ‘El tsunami invisible’, fue elaborado por el equipo científico de Deep Science Ventures en colaboración con la Grantham Foundation for the Protection of the Environment. Surgió tras una investigación de ocho meses que incluyó el análisis de estudios científicos revisados por pares, además de entrevistas con investigadores, líderes de organizaciones sin fines de lucro, emprendedores e inversionistas.

Según los investigadores, la economía industrial ha generado más de 100 millones de sustancias químicas nuevas, y actualmente unas 350,000 se utilizan de forma comercial. Desde la década de 1950, su producción se ha incrementado 50 veces. Advierten que la exposición a químicos tóxicos, a través del aire, el agua y los alimentos, tiene su origen en compuestos derivados de combustibles fósiles, como el petróleo y el gas natural, que son la base de muchos productos industriales.

El equipo advirtió que la producción de sustancias químicas persistentes, un grupo de compuestos tóxicos que permanecen en el ambiente durante largos períodos, ha crecido tanto que ya se sobrepasó un “límite seguro para el planeta”. Como ejemplo, señalaron que las PFAS han “contaminado todo el planeta”: se han detectado niveles en el agua de lluvia que superan los límites seguros para el consumo humano y estas sustancias están presentes en la sangre de casi toda la población mundial.

La contaminación no persistente también está presente en casi todas partes. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 99 % de la población mundial respira aire con niveles de contaminación que superan los límites recomendados.

El equipo señaló que el informe presenta vínculos “fuertes”, tanto causales como correlativos, entre la exposición a sustancias tóxicas y una amplia variedad de problemas graves de salud humana, como cáncer, obesidad, Alzheimer, complicaciones en el embarazo, TDAH, infertilidad, enfermedades cardíacas y respiratorias.

Más allá del impacto en la salud humana, advirtieron que los químicos tóxicos también están causando daños “visibles y generalizados” en los ecosistemas, afectando la biodiversidad y el equilibrio natural de medio ambiente.

“En esta investigación, que recopila trabajos revisados por pares, se demuestra que la humanidad está enfrentando una exposición química masiva, y ampliamente subestimada, a través de los alimentos, el aire y el agua”, señaló Adam Tomassi-Russell, director de Clima en Deep Science Ventures.

“El problema es de gran escala y la evidencia muestra que necesitamos un cambio profundo en cómo entendemos, financiamos e innovamos para enfrentar esta crisis”, advierten en el informe.

Fuente: https://kaosenlared.net/detectan-vinculo-entre-sustancias-toxicas-en-alimentos-y-enfermedades-como-el-cancer-y-el-alzheimer/

jueves, 19 de junio de 2025

Veneno en la comida

SILVIA RIBEIRO

El dióxido de titanio, conocido como E171, es un aditivo alimentario tóxico de uso común con una lista de riesgos graves a la salud

Un nuevo estudio científico muestra que el aditivo alimentario dióxido de titanio (TiO2), ampliamente usado en productos de consumo frecuente, como dulces, pastelería, sopas y cremas, tienen la capacidad de alterar el sistema endocrino y la respuesta hormonal a los alimentos, desregular los niveles de azúcar en sangre y causar diabetes, obesidad y otros problemas de salud (https://doi.org/10.1016/j.fct.2025.115504).

En el estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Jiaxing Nanhu de China, los autores destacan los efectos perjudiciales de las nanopartículas de dióxido de titanio como disruptores endocrinos intestinales.

Los alimentos ultraprocesados tienen en general ese tipo de efectos perjudiciales sobre las hormonas que intervienen en la digestión, pero no hay comprensión detallada de por qué causan este efecto. Esta nueva investigación señala posibles vías de acción de esos productos, indicaron los autores al periódico The Guardian (6/6/2025 https://tinyurl.com/yhvmyf74).

El estudio se basó en la comparación de los efectos del aditivo en la salud intestinal de tres grupos de ratones de laboratorio: un grupo fue alimentado con nanopartículas de dióxido de titanio; otro grupo recibió dióxido de titanio, pero en partículas más grandes, y un tercer grupo no lo ingirió.

El primer grupo de ratones alimentados con TiO2 en nanopartículas mostró niveles significativamente bajos de varios tipos de hormonas intestinales que intervienen en la digestión, por ejemplo, las que dan al organismo la sensación de estar satisfecho después de comer y regulan los niveles de glucosa. Ese mismo grupo de roedores mostró también niveles mucho más altos de glucosa o azúcar en sangre que el segundo grupo, que fue alimentado con micropartículas, que siendo pequeñas son hasta 10 mil veces más grandes que las nanopartículas.

Las hormonas secretadas por las células enteroendocrinas en el intestino juegan un rol crítico en regular la demanda de alimentos energéticos y en mantener los niveles de glucosa. Las nanopartículas de TiO2 interrumpen el desarrollo de esas células y reducen su número. Esa deficiencia está asociada a desarrollar resistencia a la insulina y diabetes tipo 2 (https://tinyurl.com/yhvmyf74).

El dióxido de titanio es usado para blanquear o dar más brillo al color de diversos productos; se identifica generalmente como E171. Es un aditivo al que se atribuye toxicidad y una lista de riesgos graves a la salud, por lo que ha sido objeto de controversias sobre su regulación y prohibición, particularmente en su formulación en nanopartículas.

La Unión Europea lo prohibió para su uso alimentario en 2022, luego de analizar los reportes que lo señalaron como potencial neurotoxina, inmunotoxina, causante de lesiones intestinales y potencial daño genético. Ese año, la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) concluyó que el dióxido de titanio ya no puede considerarse seguro como aditivo alimentario porque no se puede descartar la genotoxicidad tras el consumo de esas partículas. La EFSA señaló también que pese a que tras su ingestión la absorción del dióxido de titanio es baja, éste se acumula en el organismo.

No obstante, EEUU lo mantiene en el consumo y ni siquiera hay obligación de informarlo en la lista de ingredientes. Se estima que está presente en 11 mil productos en ese país, por ejemplo, en marcas muy conocidas de golosinas. En México y otros países de América Latina está permitido en productos alimentarios y otros. Se puede encontrar este aditivo en lácteos, golosinas, chicles, galletas, panadería, chocolates, sopas, caldos y salsas comerciales, cremas y helados, y también como revestimiento de cápsulas de vitaminas o farmacéuticas, pasta de dientes, productos de protección solar, cremas y diversos cosméticos.

Un estudio científico publicado en 2024 hizo una revisión de reportes de toxicidad, y encontró que el TiO2 en nanopartículas –que puede llegar al organismo por vía oral, dérmica o intragástrica– se acumula en diferentes órganos del cuerpo: bazo, tracto digestivo, sistema nervioso central, hígado, riñones, sistema reproductivo y músculo cardiaco, en los que puede formar aglomerados con potencial carcinogénico. Las nanopartículas de TiO2 también pueden atravesar la barrera hematoencefálica y producir muerte celular (apoptosis) en las neuronas del cerebro (https://doi.org/10.1016/j.dwt.2024.100025).

El estudio ahora publicado agregó a esta lista la disrupción en los intestinos de hormonas claves para el proceso digestivo, ligada al surgimiento de obesidad, diabetes y problemas inmunes.

El uso de TiO2 como aditivo aumentó notablemente al formularlo en nanopartículas, en parte porque de esta forma ya no es blanco, sino que puede ser transparente y otorgar otras propiedades que la industria considera atractivas para la venta, aunque no aportan nada a la nutrición. Ser causa de diabetes y obesidad se agrega a una lista de riesgos sumamente graves, lo cual debería motivar su prohibición.

Queda claro también el grave déficit regulatorio sobre la ingesta y exposición de nanopartículas de cualquier elemento, ya que más allá de la sustancia que las compone, ese tamaño burla la barrera hematoencefálica y el sistema inmunológico.

Texto completo en: https://www.lahaine.org/mm_ss_mundo.php/veneno-en-la-comida

lunes, 22 de abril de 2024

Seis millones de muertos en vida en España

Publicado el 22 de abril de 2024

Antes de la pandemia, en España, éramos unos 4 millones de personas padeciendo Fibromialgia, Encefalomielitis miálgica, Síndrome químico múltiple e Hiper sensibilidad electromagnética que irrumpieron en nuestras vidas por algún virus o infección que padecimos. Hoy somos más de seis millones y medio por la incorporación de los Long Covid o Covid persistente a quienes no se les atribuye aún, o con mucha reticencia, los nombres de Fibromialgia o Encefaliomelitis mialgica para no aumentar las duras estadísticas de estas enfermedades que siempre se han querido negar por las autoridades sanitarias y políticas, al parecer por temas económicos.

Asombrosas estadísticas que demuestran que, como lo publicaba el Heraldo Salud en 2023, este tipo de enfermos están más sujetos a tentativas de suicidio que otras personas cualquieras a consecuencia del dolor crónico que padecen. A pesar de las campañas para proteger a los enfermos del suicido nunca ningún estamento se acercó a los enfermos crónicos incapacitados para apoyarles.

Tampoco hubo acercamiento, reunión o planteamiento de parte de los gobiernos para subvencionar la investigación, ayudar materialmente o moralmente a dichos enfermos. A pesar que la OMS reconociera parte de dichas enfermedades como orgánicas, y no psicosomáticas como desearían muchos sanitarios que ignoran aún que miles de investigadores están buscando los marcadores de estas señaladas y dramáticas patologías.

¿Cómo viven dichos enfermos? ¿O mejor dicho como malviven esta muerte en vida sufriendo dolores desmedidos, reacciones inconcebibles a ciertos productos, perdidas de equilibrio, remisión de la cognición, mareos, perdidas de conocimiento …? No podemos nombrar todos los síntomas porque son demasiados. Pero si subrayaremos la incapacidad para desarrollar un oficio, el estigma y la humillación por parte de la sanidad, la justicia, el aislamiento social, la indiferencia de todos frente a unas personas que enfermaron y otras que sufrirán la misma suerte porque estas demoledoras dolencias le tocan a cualquiera.

Y ustedes pensarán: mientras no les toque a mis hijos, a mi familia, no me importa. Opinan lo mismo que los altos dirigentes. Sólo las padecen seis millones y medio de personas en España y cuando mueran problema resuelto. No el problema nunca se resolverá, es una espiral que va aumentado y devorando a las personas de a pie.

Y antes de que estas enfermedades hurguen en su familia, los enfermos quieren volver a gritar su repulsa a un sistema que les empuja hábilmente al silencio y a la muerte.

Este 12 de mayo les esperan en Alicante para exigir que aprueben una propuesta de ley que llevan años presentando sin que nadie se inmute. Los enfermos pretenden que se respete la constitución que dice ampararles. Quieren una vida digna.

Harmonie Botella.

Fibro Protesta Ya

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Fuente: https://kaosenlared.net/seis-millones-de-muertos-en-vida-en-espana/

domingo, 21 de abril de 2024

La extrema gravedad e injusto ninguneo del síndrome de fatiga crónica

Incapacitante, sin marcadores para el diagnóstico, sin tratamiento y sufrida en su mayoría por mujeres. Tiene todas las papeletas para ser invisibilizada por el sistema de pensiones. El número de casos podría llegar a 1,7 millones en España.

Como en Magdalena, óleo de Eva Bonnier, más del 80% de las afectadas por esta dolencia incapacitante son mujeres.  

MADRID 20/04/2024 21:31

LAURA G. DE RIVERA

"Muchos lo consideran todavía una patología banal, cuando estan severa como la esclerosis múltiple en cuanto a los síntomas y discapacidad que genera", señala a Público la doctora Eva Martín, especializada en encefalomielitis miálgica en el Hospital de Manises (València).

También conocida como síndrome de fatiga crónica (EM/SF), nos referimos a una dolencia multisistémica -puede afectar al sistema inmunitario, el neurológico, el cardiovascular y el endocrino-. Crónica y debilitante, está clasificada como trastorno del sistema nervioso por la OMS. Hace que cualquier actividad cotidiana sencilla, tanto física como cognitiva, resulte extenuante: desde leer un libro a abrir una persiana.

No solo incapacita para trabajar, sino que las afectadas pueden verse postradas en una cama o enclaustrados en casa, privadas de relaciones sociales. Y decimos "las" porque son, en su mayoría, mujeres. Una investigación reciente de la Universidad de Edimburgo realizada con 17.000 pacientes fija el porcentaje en un 83,5%.

Aumento exponencial de EM tras la covid-19

En este contexto, el número de casos se ha multiplicado tras la pandemia, asociados a la covid persistente. En uno de cada tres pacientes el desencadenante es una infección viral, como es el caso del SARS-CoV19, nos dice Martín. En los otros dos tercios, los detonantes son difusos, desde una intervención quirúrgica, tras un parto, una situación de estrés agudo.

En cifras, estamos hablando de que si había una estimación de 337.050 casos en España antes de la covid-19, hoy el número podría superar los 1.700.000, según datos de una declaración institucional de posicionamiento de las Cortes de Castilla la Mancha. Solo en Madrid, de acuerdo con cifras de la asociación de pacientes SFC/SQM, se habría pasado de 84.000 afectados antes de la pandemia a más de 200.000 en la actualidad.

No es "cosa de histéricas”

"Los afectados están sufriendo mucho, está siendo muy injusto por parte del sistema en su conjunto. Nadie toma la responsabilidad. Cuando piden la incapacidad, les dicen que no les pasa nada. Maltrato institucional, lo llaman los pacientes", denuncia la doctora Martín, que lleva diez años especializada en esta problemática.

En su opinión, uno de los problemas es que "los médicos no estamos bien formados, pero ya no podemos seguir escudándonos en que no se conoce la enfermedad, porque hay mucha investigación".

En este sentido, todavía siguen haciendo daño ideas erróneas y anquilosadas, como las que recoge un artículo británico publicado en 1970 sobre el aumento de casos de EM tras una epidemia vírica en 1955: "Existe poca evidencia de que sea una enfermedad orgánica del sistema nervioso central; la histeria es una explicación mucho más plausible", dice. Aunque con los años se han ido refutando y dejando en evidencia los métodos y los prejuicios de este estudio, las pacientes todavía siguen sufriendo sus secuelas.

El mismo daño que han hecho tres creencias infundadas, pero profundamente arraigadas: "mejora sola con el tiempo", "es un trastorno psicológico" y "es recomendable el ejercicio físico". Nada de esto es cierto.

De hecho, el elevado peaje que se cobran estas falacias queda patente en estudios como el publicado el pasado mes de febrero en la revista Cell, realizado en la Universidad de Basilea (Suiza) que analiza las causas que disparan los pensamientos de suicidio en quien padece EM. La primera, "que el médico les diga que su dolencia es solo psicosomática".

Cuando el médico no sabe qué hacer contigo

Son un grupo de pacientes "incómodos" en la consulta. "Tienden a ser rechazados porque dan mucho trabajo. No hay protocolos de tratamiento. Como médico, tienes que aceptar que estás ante alguien con una enfermedad crónica grave e incapacitante para la que no tienes tratamiento", nos confía Martín.

Hasta el momento, solo se pueden abordar los síntomas: el dolor, los problemas digestivos, trastornos del sueño y del estado de ánimo, disautonomías.

Encima, tampoco es fácil de diagnosticar, lo que hace que se minimice e infravalore o, peor aún, que se la tilde como un problema psicológico, sobre todo, en los casos menos severos. Entonces, el enfermo se cansa de ser puesto en duda, "deja de ir a consulta porque no le aporta beneficio y porque le cuesta un esfuerzo inmenso desplazarse hasta allí", nos cuenta Martín.

"Cuando el médico no tiene una formación en EM, los síntomas le parecen difusos, parecen no tener sentido. En la analítica ves que todo es normal, que nada explica lo que indica el paciente. Cuando describen su fatiga, solo si sabes escuchar y conoces la enfermedad, te das cuenta de que no es cansancio normal de no haber dormido bien y de estar estresado", apunta Martín.

"A nivel de investigación, hay marcadores inflamatorios, pero no se aplican en la clínica", nos aclara Martín. Es decir, las personas de a pie todavía no se pueden beneficiar aún de ellos en la consulta.

Por eso, las asociaciones de afectados piden que se ponga en práctica una Resolución Europea que, ya en 2020, solicitaba mayor investigación, así como formación para los profesionales de atención primaria y especialistas en medicina interna, reumatología, neurología, inmunología, digestivo y pediatría.

Sin trabajo y sin pensión de incapacidad

"La covid persistente nos dio la esperanza de que por fin se visibilizaría la EM, pero de pronto parece que ha sido silenciada de nuevo", observa Martín. ¿Será porque no hay dinero para pagar la incapacidad a tantas personas que han enfermado a raíz de la covid?

Como aventura esta experta, tristemente, "la visibilidad se logrará el día que llegue un laboratorio farmacéutico con un tratamiento que le interese promocionar y vender".

Fuente: https://www.publico.es/ciencias/extrema-gravedad-e-injusto-ninguneo-sindrome-fatiga.html#md=modulo-portada-bloque:2col-t4;mm=mobile-medium