martes, 27 de noviembre de 2018

Las técnicas ómicas, claves en el diagnóstico del SSC

27 de noviembre de 2018 por Sessec

Simposio SSC 2018: Resumen ponencia Dr. Francisco Martín

El Síndrome de Sensibilidad Central (SSC) abarca una serie de patologías que requerirán de diversas herramientas para poder diagnosticar adecuadamente las diferentes entidades. Estas herramientas pasarán por el desarrollo de técnicas “ómicas”.

Estas técnicas novedosas permiten medir de un modo simultáneo miles de pequeñas moléculas que gobiernan el funcionamiento de nuestro organismo. “Hablamos de la genómica, proteómica, transcriptómica, lipidómica y metabolómica. Todas ellas nos permitirán conocer los mecanismos responsables de la enfermedad”, ha afirmado el Dr. Francisco Martín Bermudo, Catedrático de Nutrición y Bromatología de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, durante el II Simposio Internacional de SSC.

Las “ómicas” emplean tecnologías muy avanzadas, así como técnicas matemáticas, estadísticas y computacionales que permiten el análisis masivo de datos. “El objetivo es entender la relación entre nuestros genes, las proteínas que regulan el funcionamiento de nuestro cuerpo, los metabolitos que se generan y nuestra interacción con el medio ambiente que nos rodea. Todos esto define nuestro estado de salud/enfermedad”, ha expresado el Dr. Martín Bermudo.

En el caso del SSC permitirán descifrar los mecanismos de la enfermedad, clasificar a los enfermos en diferentes subtipos y avanzar en el desarrollo de nuevas terapias.

domingo, 25 de noviembre de 2018

Sensibilidad química múltiple: cuando un perfume llega a producir dolor

Convivir con esa enfermedad, que no tiene tratamiento ni cura, supone un cambio de vida radical
Una mujer diagnosticada con hipersensibilidad química Fernando Bustamante  
Efe / Madrid 24.11.2018

Para una persona con síndrome de sensibilización central (SSC) o sensibilidad química múltiple (SQM) el mero hecho de sentarse junto a alguien perfumado o maquillado desencadena síntomas como dolor corporal, fatiga extrema, tos, debilidad repentina, confusión mental o temblores.

Convivir con esa enfermedad, que no tiene tratamiento ni cura, supone un cambio de vida radical que, en muchas ocasiones, obliga al aislamiento.

La SQM, que en España está reconocida como enfermedad y cuenta con un "documento de consenso" elaborado por el Ministerio de Sanidad en 2011, es un desorden adquirido (no se nace con él) por el que el afectado deja de tolerar sustancias químicas de uso común como productos de limpieza o de higiene corporal.

Pese a ese reconocimiento, el diagnóstico de la enfermedad suele retrasarse años porque, incluso entre los médicos, hay una enorme falta de formación en salud medioambiental y en este tipo de dolencias, ha explicado a EFE Raquel G., una de las impulsoras de la asociación SSC-SQM Levante, que agrupa a unos 35 afectados de la Región de Murcia.

Ella fue diagnosticada en 2013 tras pasar "por todos los 'ólogos' de la región", desde el alergólgo al reumatólogo, pasando por el neurólogo e incluso el psicólogo.

De hecho, muchos de estos pacientes son diagnosticados erróneamente de depresión, pero esta es, en su opinión, un "efecto secundario" de la SQM.

El diagnóstico de la enfermedad permite a los pacientes iniciar un tratamiento que consiste simplemente en la "evitación" de todas las sustancias que producen los síntomas:perfumes, cosméticos, ambientadores, detergentes, productos de limpieza.

Sin embargo, tras el diagnóstico, la mayoría de los afectados no tienen un seguimiento médico.

La Unidad de Salud Medioambiental Pediátrica del hospital Virgen de la Arrixaca de Murcia es la que se encarga de algunos de los casos, pero no puede asumir el gran volumen de afectados, explica a EFE su jefe de servicio, Juan Antonio Ortega, uno de los principales expertos en salud ambiental a nivel mundial.

Ortega es claro al afirmar que en España y en el mundo "falta mucha experiencia" y también formación sobre enfermedades "ambientalmente relacionadas" a pesar de que son patologías que van en aumento y afectan cada vez a más personas.

En su opinión, uno de los desafíos futuros de la medicina será precisamente ahondar en esas enfermedades derivadas de factores medioambientales, no solo la SQM, sino numerosos tipos de alergias, enfermedades respiratorias, cánceres, disfunciones sexuales, trastornos endocrinos o enfermedades tiroideas, entre otras.

Uno de los objetivos principales de la asociación SSC-SQM Levante es, precisamente, exigir una mayor formación de los profesionales sanitarios y para ello han remitido ya a la Consejería de Salud un protocolo en el que piden también que se adopten medidas para mejorar su asistencia sanitaria.

Además de la falta de formación y especialización de los profesionales, los enfermos se encuentran con la dificultad añadida de que los síntomas y los desencadenantes de la SQM son diferentes en cada caso.

Raquel, con un grado leve, pasa "desapercibida", como ella misma bromea. Ha sido reubicada en el trabajo (era analista química y trabajaba en un laboratorio con pesticidas, ahora lo hace en un despacho individual) y no necesita utilizar mascarilla salvo de manera excepcional.

En el extremo opuesto, la lorquina Paquita P. vive aislada y a oscuras en una habitación de su casa, en la que desde hace diez años no hay ni un solo electrodoméstico enchufado, porque a la SQM que padece se suma también la denominada hiperelectrosensibilidad.

Ella no trabajaba con productos químicos, adquirió esta dolencia tras un ingreso hospitalario en el que recibió grandes dosis de fármacos.

"Ahí empezó el calvario. Me diagnosticaban depresión. Me tomaban por loca", ha relatado a EFE en una conversación telefónica en la que denuncia que, a pesar del grave aislamiento al que tiene que estar sometida y los importantes costes de su alimentación, a base de productos ecológicos y suplementos alimenticios y vitamínicos, no recibe ningún tipo de ayuda de la Seguridad Social.

"Esto es peor que un cáncer. Es un calvario. Es no poder vivir. No poder ver a mis hijos y nietos, a mi familia, y negándonos cualquier ayuda. ¿Es que no somos humanos?", ha denunciado.

Entre ambos casos existen otros grados intermedios (la enfermedad se clasifica en cuatro grados según su gravedad), como los de Vicente P. o María (nombre ficticio), que explican a EFE cómo la mascarilla se ha convertido en su única forma de poder salir a la calle o cómo se han visto alejados de amistades y familiares que acaban viéndolos como "bichos raros".

Por eso, reivindican también mayor información a la sociedad sobre esta dolencia que muchos confunden todavía con un trastorno psicológico cuando está más cerca de una alergia con síntomas múltiples y multisensoriales y que cualquier persona puede desarrollar a lo largo de su vida, pues la exposición a productos químicos es constante en nuestro día a día.

Fuente:

jueves, 22 de noviembre de 2018

Fraude en las emisión de radiaciones de los teléfonos móviles. Hubo un DieselGate y hay un PhoneGate


Nos encantan los teléfonos móviles pero emiten radiaciones electromagnéticas y hoy estamos más radiados de lo que pensamos. ¿Por qué? Porque las compañías que venden los terminales han ocultado de manera sistemática que sus emisiones son mucho mayores de lo que marcan las leyes hechas para proteger la salud pública.

Así lo ha descubierto y lo advierte el médico francés Marc Arazi. Este profesional sanitario destapó en 2016 el llamado PhoneGate -el fraude de los fabricantes de móviles a la hora de certificar la tasa de radiación de sus modelos en cabeza y cuerpo (SAR), que en Europa es de 2.0 Watios por kilogramo (W/Kg) de peso.

Arazi ha venido a España a la jornada informativa “5 G y salud en la sociedad de la información”, celebrada en la Asociación de la Prensa de Madrid y organizada por la asociación de pacientes EQSDS (Electro y Químico Sensibles por el derecho a la salud). Y ¿qué es lo que cuenta este galeno? En sus palabras:
6.000 millones de usuarios de móviles han sido engañados por los fabricantes de móviles” al haber estado expuestos a una radiación “más de 20 veces por encima del umbral reglamentario”.
Por ello, tras dos años de trabajo de PhoneGate Alert -la asociación creada para liderar esta causa- ha conseguido que en Francia se empiecen a retirar móviles del mercado y que otros actualicen su SAR aunque advirtió que no pasarán por ningún control los móviles de segunda mano ni otros dispostivos como las tabletas y los PC.

Pero Arazi pretende ir más allá haciendo que la misma retirada de móviles se haga en otros países (lo cual afectará a 250 modelos) y seguir con las acciones legales internacionales contra los empresarios implicados ya que asegura que 
el PhoneGate será diez veces más importante que el DieselGate. Los efectos de los campos electromagnéticos en las personas son conocidos y veraces pero no hay controversia cuando hablamos de salud y telefonía móvil”, afirmó Arazi que ha conseguido que el gobierno francés publique los informes con las pruebas de los controles de radiación de los teléfonos.
Además, este médico preocupado por la salud de la pública ha impulsado una nueva norma que mide la radiación en la piel a 0 milímetros de la misma, en vez de cómo se hacía con la anterior normativa que situaba los medidores a entre cinco y 20 centímetros de distancia, al inadecuado para el uso real de un teléfono por motivos obvios, lo pegamos a nuestra oreja y prácticamente al cerebro mientras hablamos por él.

El problema que se avecina ahora es el despliegue del 5G que significa más potencia de emisión de las antenas para abarcar más datos de los terminales. Mientras que los científicos independientes piden que se reduzcan las tasas de radiación a 0,1 mW cm₂, la red 5G superará con creces esos valores, advierte Ceferino Maestu, director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo de la Universidad Politécnica de Madrid.

Puede parecer ciencia ficción pero no lo es. La existencia de hipersensibles nos adelanta lo que puede ser una epidemia a medio plazo pues todos somos susceptibles de padecer el problema. Pero la información no llega a la sociedad por su escasa presencia en los medios y porque, para abordar un problema, primero hay que reconocer que existe. Pero uno de los impedimentos es la poderosa industria que hay detrás”, abundó durante la conferencia Minerva Palomar, presidenta de EQSDS.

Esta vulnerabilidad a los campos electromagnéticos también la determina nuestra naturaleza electrosensible y el hecho de que evolutivamente no estamos adaptados a convivir con tal magnitud de campos artificiales. Estos afectan a la glándula pineal y su producción de melatonina.

Esta hormona es responsable de mantener el reloj biológico central en hora para que los ritmos circadianos y todas las funciones de nuestro organismo trabajen en sincronía. Pero también es un gran protector antitumoral, según aportó en una ponencia el doctor Darío Acuña, catedrático en fisiología de la Universidad de Granada.

Bernardo Hernández Bataller, Impulsor del Dictamen aprobado por el CESE (Comité Económico y Social Europeo) sobre hipersensibilidad electromagnética en 2014, expuso el proyecto que, por conflictos de interés nunca vio la luz. Este dictamen habría sido pionero en favorecer el reconocimiento de los derechos de las personas electrohipersensibles, su discapacidad funcional, el acceso a ciertas prestaciones y las medidas para prevenir el aumento de casos aplicando el principio de precaución en el ámbito laboral:
No puede hacerse caja haciendo que las ciudades se vuelvan inalámbricas sin pensar en las consecuencias. Hoy los electrohipersensibles nos jugamos la vida porque es imposible estar en un lugar que te produce toda esta sintomatología: pérdida de memoria, dificultad para razonar, para hablar, pérdida de movilidad, de equilibrio, desorientación, dolor, problemas en el corazón… Por eso necesitamos tecnología verde, segura y biocompatible”, concluyó.
El pasado 1 de noviembre la comunidad científica independiente hizo dos nuevos llamamientos (5G Space Appeal y The EMF Call) solicitando a la ONU, la OMS y los gobiernos la moratoria de la 5G y el 5G espacial que repercutirán en la mayor la exposición de las personas y el medioambiente.

viernes, 16 de noviembre de 2018

Electrosensibilidad, medioambiente y política

Las multinacionales financian investigadores científicos y utilizan grupos de presión para mantener en el mercado sustancias o productos que tienen un impacto en la salud y en el medioambiente. Con el desarrollo surgen nuevas enfermedades, como la Sensibilidad Química Múltiple y la electrosensibilidad, que por su carácter ambiental son atacadas por las maquinarias de manipulación de las industrias. En un sistema perverso la democracia resulta secuestrada por el poder de los negocios.

Hay enfermedades paradigmáticas, no solo referidas a la persona que las padece, sino por lo que dicen de la sociedad en la que se producen. Siempre ha habido problemas de salud asociados a una época o lugar, bien sea el escorbuto —por las carencias alimentarias—, el tifus —por las condiciones higiénicas— o la histeria —consecuencia de una moral victoriana demasiado estricta—.

Los cambios en el modo de vida humano han ido desterrando algunas patologías y generando nuevos problemas de salud como la obesidad por los excesos alimentarios y el sedentarismo, o la miopía, consecuencia de la mejor educación y acceso a la cultura de cada vez mayores sectores de población. El “progreso”, de manera más reciente, ha propiciado el incremento de determinadas patologías como las autoinmunes, los trastornos de la conducta infantil o el cáncer, y la aparición de nuevas enfermedades como las sensibilidades ambientales. La Sensibilidad Química Múltiple y la electrosensibilidad son enfermedades modernas vinculadas a factores ambientales asociados al desarrollo. Especialmente la electrosensibilidad es un problema de salud emergente que va creciendo al ritmo que aumenta la contaminación electromagnética procedente de aparatos e infraestructuras eléctricas y sistemas de telecomunicaciones.

En primera instancia, las sensibilidades ambientales nos están hablando del problema ecológico que se está produciendo en el planeta, consecuencia de una industrialización que no está teniendo en cuenta los efectos del abuso de sustancias químicas y las prácticas de explotación intensiva.
Paralelamente al aumento de sustancias tóxicas presentes de manera cotidiana, estamos contemplando una pérdida de biodiversidad y espacios forestales a un ritmo que algunos catalogan de extinción masiva y que se clasifica dentro de la nueva era geológica del antropoceno, caracterizada por el biocidio que el ser humano está cometiendo en el planeta Tierra.
En el caso de la electrosensibilidad nos encontramos con un ejemplo de cómo determinados intereses económicos corporativos mienten y manipulan para hacer prevalecer productos que tienen un impacto en la salud y en el medioambiente
Sin embargo lo que nos dicen patologías como la electrosensibilidad excede el marco medioambiental y alcanza una dimensión social añadida. No cabe duda que el problema ecológico es una cuestión política, relacionado con una forma de capitalismo ultraliberal que prioriza la rentabilidad económica a corto plazo y se comporta como si el patrimonio natural fuese ilimitado e indestructible. Pero en el caso de la electrosensibilidad nos encontramos con un ejemplo de cómo determinados intereses económicos corporativos mienten y manipulan para hacer prevalecer productos que tienen un impacto en la salud y en el medioambiente. Como primer gran caso demostrado de engaño a la opinión pública en este sentido tenemos el ejemplo de la industria del tabaco, que durante décadas compró investigadores y “expertos” para decir que el riesgo no estaba demostrado, cuando ellos mismos sabían desde los años 50 que su producto era perjudicial para la salud. Una parte de estos hechos se supieron por filtraciones internas que dieron lugar a condenas millonarias a las empresas productoras de cigarrillos y que narran excelentemente libros como Mercaderes de la duda, Ciencia a sueldo y películas como El dilema.

Los ejemplos de campañas de desinformación para mantener en el mercado sustancias o productos dañinos para la salud o el medioambiente se suceden a lo largo de la historia reciente. El amianto, los eftalatos; y más cercanamente el glifosato, del que desde hace años hay investigaciones que demuestran que es perjudicial para la salud. Un revelador informe elaborado por el grupo ambientalista Global2000 desvelaba los vínculos económicos con Monsanto de los investigadores que habían publicado estudios que negaban la relación entre este herbicida y el cáncer. Las presiones de la multinacional agroquímica a la UE y otras administraciones han hecho que, a pesar de la evidencia científica y las denuncias ecologistas, el glifosato siga siendo ampliamente utilizado en todo el mundo.

Son diversos los ejemplos de la persecución que ha padecido la electrosensibilidad por ser un problema de salud que está poniendo en tela de juicio la seguridad desde un punto de vista de la salud de un negocio billonario como el de la telefonía móvil. Quizá el caso más representativo sea lo ocurrido en el CESE a principios de 2015. Durante el 2014 este organismo consultivo europeo decidió elaborar un dictamen sobre la electrosensibilidad del que se encargó como ponente el español Bernardo Hernández Bataller. Tras consultar tanto a la industria como a diversos expertos y asociaciones de afectados, Bataller elaboró una propuesta de dictamen en la que se planteaba que el derecho a las telecomunicaciones debía contrapesarse con los derechos de las personas afectadas por el síndrome de intolerancia a los campos electromagnéticos, que se encuentran vulnerados al tener dificultades para el acceso a servicios y necesidades que se consideran básicas y universales. En la propuesta de dictamen se pedía el reconocimiento de la electrosensibilidad como enfermedad de carácter ambiental y la asistencia a estas personas en muchos casos en situaciones de gran precariedad. La propuesta de dictamen se aprobó en la sección TEN a la que pertenecía Bataller, pero dos días antes de su votación en el pleno, otro miembro del CESE, Richard Adams, presentaba una propuesta alternativa de dictamen en la que se negaba la existencia de la electrosensibilidad y se afirmaba la seguridad de los campos electromagnéticos utilizados en las telecomunicaciones. La propuesta de dictamen elaborada por Bataller y aprobada en la sección TEN fue rechaza y en su lugar, con el apoyo principal del grupo de empresarios, aprobada la propuesta de dictamen alternativo presentada por Adams. El dictamen sobre electrosensibilidad presentado por Adams se apoyaba en un informe del SCENIRH y el punto de vista de la OMS de que no hay evidencia científica que demuestre efectos en la salud dentro de los niveles legales de emisión de campos electromagnéticos. Sin embargo tanto la comisión del SCENIRH como el grupo de campos electromagnéticos de la OMS han sido acusados de falta de preparación, conflictos de interés generalizados y excesiva cercanía con la industria de telecomunicaciones.

Durante el proceso de aprobación del dictamen sobre electrosensibilidad en el CESE pudo saberse que Richard Adams, a pesar de pertenecer a la sección de organizaciones ambientalistas, tenía vínculos con dos empresas de telecomunicaciones, lo que hizo que varias organizaciones europeas entre las que estaban La PECCEM y EQSDS de España presentasen una queja al CESE y posteriormente al defensor del pueblo europeo, el cual acabó dictaminando que se había producido mala administración por parte del CESE en el proceso del dictamen. Sin embargo, la solicitud de anulación y un proceso para la elaboración de un nuevo dictamen no fueron tenidos en cuenta y Richard Adams, a pesar de haber quedado patente que actuó en nombre de la industria aunque figuraba como ambientalista, fue renovado por su gobierno como miembro del CESE y asignado a nuevas funciones como consejero dentro del mismo.

Hoy día si quieres mentir con éxito lo tienes que hacer científicamente. Esto lo saben las empresas multinacionales, que no solo financian a investigadores, sino que ejercen su control en el campo de la divulgación científica. La industria química, la farmacéutica, la alimentaria y la de las telecomunicaciones tienen a su servicio a científicos, periodistas especializados y expertos sobre las distintas áreas de su interés. De este modo puedes encontrar artículos de corte científico en los cuales por un lado se denuncian prácticas como la publicidad engañosa pero por otro se te dirá que no hay que preocuparse por los aditivos alimentarios si están aprobados por la EFSA o por las sustancias tóxicas de la agricultura, ya que están reguladas por las administraciones sanitarias y demostrada su seguridad por investigaciones científicas. Sin embargo si te informas un poco sobre algunos de estos aditivos alimentarios o sobre sustancias de uso agrícola como los pesticidas encontrarás estudios y opiniones científicas que contrastarán con esa visión tranquilizadora. Desde conocidos medios que aluden a la palabra ciencia en su nombre se hace una feroz crítica a las terapias alternativas, calificándolas de pseudocientíficas, sin embargo nada se dirá acerca de las dudas respecto de la efectividad de los tratamientos o de los efectos secundarios que hacen que las intervenciones médicas sean una de las principales causas de muerte en los países occidentales. Hay grupos organizados que auspiciados por algunos de estos periodistas y expertos, mal denominadas escépticos o por el pensamiento crítico, en nombre de la ciencia y en contra de la superstición y las “magufadas”, se dedican a expandir un estado de opinión favorable a los intereses comerciales de estas grandes empresas.

La electrosensibilidad, como dolencia que directamente señala una situación de falta de seguridad de la población frente a un elemento —los campos electromagnéticos— utilizado en las telecomunicaciones, ha recibido el ataque por parte de la maquinaria de manipulación de la industria. La primera consigna es que no se hable de ello, algunos grandes medios de comunicación tienen bien presente que no deben contrariar a sus anunciantes de telefonía y mucho menos a los accionistas que forman parte de conglomerados en los que están estos negocios. La segunda consigna es que la electrosensibilidad no es real, si se habla de ella es para decir que se trata de un problema psicológico ”causado por el miedo” y no un trastorno consecuencia de la exposición electromagnética. Este “punto de vista” se apoya en algunos estudios de provocación en los cuales las personas electrosensibles no han sido capaces de detectar cuando una fuente electromagnética estaba encendida o apagada. La principal referencia citada por los defensores de la industria para negar la electrosensibilidad es un psicólogo inglés, financiado por las compañías de telefonía, llamado James Rubin. Poco importa que sus estudios de provocación no cumplan con unas mínimas condiciones experimentales y que sus revisiones estén sesgadas en la muestra y en las conclusiones, que algunos de sus estudios sean claramente tramposos en su afán por desprestigiar a la electrosensibilidad; James Rubin ha sido elevado a la categoría de autoridad y que la electrosensibilidad no es real se ha convertido en un mensaje repetido por estos periodistas y divulgadores al servicio de la industria y difundido desde estas organizaciones supuestamentamente defensoras del pensamiento científico.

El que gracias a la labor de científicos a sueldo y del trabajo de los lobbies elementos o sustancias perjudiciales para la salud y el medioambiente sean utilizados de manera perfectamente legal y sin conciencia de la población acerca de sus riesgos, no es nuevo. Sin embargo, el hecho de que estos elementos —los campos electromagnéticos— produzcan una enfermedad y que se realicen esfuerzos por negar esta patología sí que convierten a la electrosensibilidad en una pequeña parábola de nuestro tiempo. La situación es que en nombre de la ciencia y a veces desde un punto de vista aparentemente crítico la opinión pública está siendo aleccionada según los intereses de la industria. Vivimos en una sociedad en teoría democrática y de libre información, sin embargo con un sistema capitalista pervertido lo que en realidad tenemos es una prensa y una democracia al servicio de las corporaciones.

viernes, 9 de noviembre de 2018

La OMS dice que la contaminación del aire mata a 7 millones de personas cada año

La contaminación atmosférica mata cada año a 600.000 niños, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) presentado en la primera conferencia mundial sobre la contaminación del aire que tuvo lugar entre el lunes y jueves de la semana pasada en Ginebra.

Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de la OMS, ha definido la contaminación del aire “el nuevo tabaco” y ha advertido de que “está envenenado millones de niños”.

Según el informe, el 93% de los menores de 15 años en el mundo (unos 1.800 millones de niños) respiran a diario un aire tan contaminado que perjudica a su salud y su crecimiento. En general, el 91% de todos los habitantes del planeta conviven con un aire contaminado, lo que aumenta el riesgo de cáncer a los pulmones, de derrame cerebral y de enfermedades del corazón.

En este momento, según la OMS, la baja calidad del aire es el mayor riesgo para la salud y el medio ambiente, y una de las mayores causas de muerte infantil en el mundo. Los niños son los más afectados porque respiran más rápidamente que los adultos, ingiriendo entonces una mayor cantidad de elementos contaminantes, y porque están más cerca del suelo, donde la concentración de estas partículas es más alta.

“La contaminación del aire está causando retrasos del crecimiento cerebral de nuestros hijos, afectando su salud de más maneras de las que sospechábamos”, dijo Maria Neira, la directora del departamento de Salud Pública, Determinantes Ambientales y Sociales de la Salud de la OMS.

Estudios demostraron que la contaminación atmosférica tiene relaciones directas con nacimientos prematuros, nacidos muertos, infecciones del oído, obesidad, cáncer infantil, asma, mala función pulmonar, neumonía y otras infecciones respiratorias.

El estudio a que hace referencia el informe de la OMS, llamado “Prescribing Clean Air”, encontró que en el año 2016 entre todas las muertes de aquel año el 7,6% fue debido a la contaminación atmosférica. El dossier de la OMS distingue entre la contaminación del aire ambiente, que causa unos 4.2 millones de muertos cada año, y la contaminación del aire doméstico, que provoca 3.8 millones de fallecidos anuales.

Las áreas más afectadas del mundo son unas zonas de Asia, África y América Latina. China es el país más perjudicado, donde cada año mueren un millón de personas por la contaminación atmosférica. En India, la pésima calidad del aire deja 600.000 fallecidos anuales. Aunque los países más perjudicados sean los más pobres y menos desarrollados, el problema es mucho más global.

En Estados Unidos cada año mueren 38.000 personas por las partículas contaminantes, entre ellas sulfatos, nitratos y carbón, que al respirarlas perjudican gravemente a la salud.

Hay 7 millones de personas que mueren cada año debido a este “asesino invisible”. La investigación de la OMS aspira a sensibilizar sobre el tema y presionar a los gobiernos para que impulsen nuevas políticas para reducir los niveles de contaminación y promuevan el utilizo de recursos energéticos sostenibles, es decir utilizar menos combustibles fósiles y más energía renovable, mejor para el medio ambiente y nuestra salud.