HAN FIRMADO UN MANIFIESTO REVELADOR
Prestigiosos profesionales de la salud,
incluido el médico personal de Isabel II, lanzan una campaña
pidiendo al Parlamento que investigue las prácticas del Big Pharma
MIGUEL AYUSO 25.02.2016
Cada vez es más habitual escuchar a
prestigiosos médicos y divulgadores científicos criticar a las
farmacéuticas, las administraciones sanitarias y muchos de sus
colegas por sobremedicar peligrosamente a la población.
Investigadores de renombre como Ben Goldacre, Allen Frances o Peter C. Gøtzsche han escrito libros sobre las prácticas sucias de la
industria farmacéutica, a las que acusan sin tapujos de causar más
muertes que los cárteles de la droga. Pero su crítica sólo llega
con cuentagotas a la arena política. Algo que, parece, está
empezando también a cambiar. Al menos en Reino Unido.
El mediático cardiólogo Aseem
Malhotra, ha elaborado un manifiesto para pedir a los políticos que
hagan algo para frenar las prácticas “oscuras” de las
farmacéuticas, que ha sido respaldado por cinco primeras espadas de
la salud: Sir Richard Thompson, expresidente del Real Colegio de
Médicos de Gran Bretaña y médico personal de la reina durante 21
años; John Ashton, presidente del Faculty of Public Health; el
psiquiatra JS Bamrah, presidente de la Asociación Británica de
Médicos de Origen Indio y director médico del Manchester Academic
Science Centre; la cardióloga Rita Redberg, editora de la
prestigiosa revista médica 'JAMA Internal Medicine'; y el profesor
James McCormack, reputado farmacéutico y divulgador científico.
No hay ninguna duda de que la cultura que dicta 'cuántas más medicinas mejor' está en el corazón mismo del sistema de salud
Malhotra asegura que “demasiado a
menudo” los pacientes reciben fármacos inútiles y, en muchas
ocasiones, peligrosos, una práctica alentada por la industria
farmacéutica que engaña a médicos y pacientes sin que el sistema
público de salud (el NHS) haga nada al respecto. “Ha llegado el
momento de realizar una completa investigación pública sobre la
forma en que se estudia y se revela la eficacia de los fármacos”,
ha explicado Thompson en la presentación del texto. “Existe un
peligro real de que algunos tratamientos actuales sean mucho menos
efectivos de lo que creíamos”.
Las estatinas, en el punto de
mira
El doctor Malhotra ha explicado en 'The Daily Mail' –que ha publicado en exclusiva el manifiesto íntegro– que el conflicto de intereses comerciales entre investigadores y farmacéuticas está contribuyendo “a una epidemia de médicos y pacientes desinformados, en el Reino Unido y más allá”.
En su opinión, el sistema de salud británico está sobremedicando a sus pacientes –especialmente a las personas mayores– y los efectos secundarios de los fármacos están provocando incontables decesos. Tantos, asegura, que, como documenta el médico danés Peter C. Gøtzsche en su libro 'Medicamentos que matan y crimen organizado' (Los libros del lince), el consumo de medicamentos con receta es ya la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer y, según sus cálculos, sólo los fármacos psiquiátricos son responsables de más de medio millón de muertes en personas mayores de 65 años, en EEUU y la UE. La propia Agencia del Medicamento estadounidense, la FDA, ha alertado de que los ingresos hospitalarios en EEUU relacionados con efectos secundarios de las medicinas se han triplicado en la pasada década. En 2014, 123.000 fallecieron debido a problemas causados por los fáramacos que tomaban.
El doctor Malhotra ha explicado en 'The Daily Mail' –que ha publicado en exclusiva el manifiesto íntegro– que el conflicto de intereses comerciales entre investigadores y farmacéuticas está contribuyendo “a una epidemia de médicos y pacientes desinformados, en el Reino Unido y más allá”.
En su opinión, el sistema de salud británico está sobremedicando a sus pacientes –especialmente a las personas mayores– y los efectos secundarios de los fármacos están provocando incontables decesos. Tantos, asegura, que, como documenta el médico danés Peter C. Gøtzsche en su libro 'Medicamentos que matan y crimen organizado' (Los libros del lince), el consumo de medicamentos con receta es ya la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer y, según sus cálculos, sólo los fármacos psiquiátricos son responsables de más de medio millón de muertes en personas mayores de 65 años, en EEUU y la UE. La propia Agencia del Medicamento estadounidense, la FDA, ha alertado de que los ingresos hospitalarios en EEUU relacionados con efectos secundarios de las medicinas se han triplicado en la pasada década. En 2014, 123.000 fallecieron debido a problemas causados por los fáramacos que tomaban.
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El médico danés Peter Gotzche ha sido
uno de los
más críticos con las farmacéuticas.
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El cardiólogo asegura que el estudio
en que se basan estas nuevas recomendaciones (que se publicaron en
2014) estaba firmado por 12 médicos de los cuales seis recibían
financiación directa de las farmacéuticas que fabrican estos
fármacos. Los datos completos del estudio, además, no han sido
nunca publicados.
La cultura de la pastilla
Por desgracia, lo que ocurre con las
estatinas es sólo un ejemplo. “No hay ninguna duda de que la
cultura que dicta 'cuántas más medicinas mejor' está en el corazón
mismo del sistema de salud, exacerbada por los incentivos financieros
que conlleva prescribir más fármacos y llevar a cabo más
tratamientos”, explica Malhotra. “Pero hay una barrera más
siniestra que nos impide hacer progresos y dar a conocer –y por lo
tanto hacer frente– a esta práctica, de la que deberíamos estar
más preocupados. Y esta es la información que reciben médicos y
pacientes para guiar sus decisiones”.
Dado que la responsabilidad principal de las farmacéuticas es dar beneficios a sus accionistas todo esto no debería sorprendernos
En opinión del cardiólogo, las
farmacéuticas están “jugando con el sistema” en tres niveles:
Una financiación de las investigaciones polarizada, pues están pensadas para lograr beneficios, no para beneficiar a los pacientes.
Un sesgo en la publicación de resultados en las revistas médicas.
Creando, mediante el conflicto de intereses, una incapacidad entre los médicos y pacientes para entender las estadísticas sanitarias y los riesgos de las medicinas.
Todo esto conlleva una desinformación
total sobre la utilidad real de muchos de los fármacos que se
recetan. Según el director médico del NHS, Sir Bruce Keogh, uno de
cada siete tratamientos que se realizan en Reino Unido (incluidas las
operaciones) no son necesarios.
“Dado que la responsabilidad
principal de las farmacéuticas es dar beneficios a sus accionistas,
no cuidar de la salud de los pacientes, todo esto no debería
sorprendernos”, prosigue Malhotra en su manifiesto. Lo
verdaderamente preocupante, asegura, es que los Gobiernos no estén
haciendo nada por limitar el poder de las farmacéuticas y sancionar
con eficacia sus malas prácticas.
La gota que colma el vaso
Tal como explica Malhotra, entre 2007 y
2012 la mayoría de las grandes compañías farmacéuticas han pagado
multas considerables por varios escándalos, incluido promocionar
fármacos para tratar dolencias sobre las que no había sido
estudiada su eficacia, alterar los resultados de las investigaciones
y ocultar información sobre los efectos secundarios. Pero es
discutible que estas sanciones, por millonarias que sean, actúen
como elemento disuasorio.
Un ejemplo. En 2012, GSK tuvo que pagar
una multa de 3.000 millones de dólares, que se dice pronto, por
comercializar ilegalmente varios medicamentos, incluido un
antidepresivo, un fármaco para tratar la diabetes y un medicamento
para prevenir la epilepsia. Fue el mayor fraude médico de la
historia de EEUU, pero la compañía logró un beneficio de 25.000
millones de dólares vendiendo estos fármacos. Salió ganando.
Otro ejemplo sonado del que habla
Malhotra es el del Tamiflu, el medicamento de la farmacéutica Roche
que los países desarrollados compraron a toneladas por temor a una
epidemia de gripe A que nunca fue tal –y en el que España se gastó
aproximadamente 40 millones de euros–. Una década después de que
todos nos volviéramos locos y aprendiéramos a lavarnos las manos
está muy claro que todo fue una estafa. En 2014 se supo que el
medicamento no era mejor en el tratamiento de los síntomas de la
gripe que el paracetamol y, además, tenía peligrosos efectos
secundarios.
En 2014 se supo que el Tamiflú no era mejor en el tratamiento de los síntomas de la gripe que el paracetamol
El cardiólogo es muy contundente en la
conclusión de su manifiesto: “El sistema está roto y no se va a
arreglar poniendo más dinero. La codicia corporativa y el
sistemático fracaso político ha dejado al sistema de salud de
rodillas. Sin transparencia total ningún médico puede proveer lo
que hemos prometido en la escuela médica, y a lo que nos dedicamos
en cuerpo y alma: dar el mejor cuidado a nuestros pacientes. Por el
bien de nuestra salud y la sostenibilidad del sistema ha llegado la
hora de de emprender una verdadera acción colectiva frente a la
cultura de la sobremedicación (...) La ciencia médica ha dado un
giro hacia la oscuridad. Y la luz del sol será su único
desinfectante”.