jueves, 13 de octubre de 2011

"No se olvide de apagar el wi-fi por la noche"


Agustín Bocos, abogado ambientalista






10/10/2011 - 00:00
Foto: Kim Manresa
Pionero
Una exposición prolongada y continuada en el tiempo a las radiaciones que emite el wi-fi tiene efectos nocivos en la salud. En casi todos los colegios el acceso a internet se hace a través de wi-fi. Se estima que los niños están un mínimo de 6 horas al día expuestos a estas radiaciones, 132 horas al mes, 1.188 horas al año. La Organización para la Defensa de la Salud, la Fundación Vivo Sano y la Fundación para la Salud Geoambiental han lanzado una campaña nacional para retirar el wi-fi de los colegios. Bocos es uno de los pocos abogados especializados en contaminación electromagnética en España, fundador de Juristas Contra el Ruido y profesor de máster en Derecho Ambiental.
¿Por qué hay que retirar el wi-fi de los colegios?
Emiten radiaciones electromagnéticas a una potencia muy elevada; las consecuencias son nocivas para todos, pero en especial para los niños, más vulnerables porque están en pleno desarrollo.

Inglaterra, Francia y Suecia los están retirando.
Sí, de escuelas, museos, bibliotecas y lugares públicos. La tecnología inalámbrica no está revisada por sanidad ni por ningún organismo que nos pueda decir qué potencia emite y cómo se controla esa emisión.

¿Hay estudios?
Existe un informe de acceso público, Bioiniciative, que resume más de 2.000 estudios internacionales. En la resolución del Consejo de Europa de mayo se recogen las conclusiones de este informe: los estudios vinculan la exposición prolongada a radiaciones electromagnéticas con ciertos tumores.

Radiaciones malignas, pero necesarias.
Para conectarse existen otros sistemas que permiten disfrutar de internet a través de la red eléctrica.

¿Qué dice la OMS?
Ha clasificado oficialmente este tipo de radiaciones como posible cancerígeno.

Si sumamos las radiaciones de los wi-fi de un edificio, debemos estar todos fritos.
Mi consejo es utilizar cable. Ya hay estudios que relacionan la hiperactividad, las cefaleas y el mal dormir infantil con estas ondas. ¿Para qué correr riesgos, si existen tecnologías alternativas sin riesgo?

Es el progreso.
En todo caso, hay que apagarlo por la noche, es lo mínimo.

¿Qué le llevó a dedicarse a estos temas?
Hace doce años, junto a un refugio de perros y gatos, en medio del campo, instalaron una antena de telefonía móvil. Me llamaron porque los animales estaban muy nerviosos, se autolesionaban y querían escapar.

¿Ganó el caso?
Sí, no tenían ni permiso. El siguiente caso, hace diez años, fue el del colegio García Quintana de Valladolid, en el que estaba personalmente implicado.

¿Sus hijos?Sí. Hubo cinco casos de leucemia. Cerca del colegio había un edificio plagado de antenas de telefonía en la azotea. Presentamos un escrito al Ayuntamiento explicando que había estudios que vinculaban la leucemia infantil con la radiación electromagnética. Queríamos saber la potencia de esas antenas.

El alcalde debió de preocuparse.
Se negó a recibirnos, dijo que éramos "unos padres histéricos". Pusimos una querella criminal por una supuesta prevaricación y contra las operadoras por contaminación ambiental. Ganamos, pero una niña murió.

¿Ha ocurrido en otros colegios?
Ahora mismo en un colegio de Pinto, en Madrid, hay varios casos, y en el Dos Hermanas, en Sevilla, hay cuatro casos.

Mala solución tienen, si queremos hablar por teléfono.
Se están investigando tecnologías alternativas de telefonía móvil sin microondas en Japón y EE.UU. Mientras, hay que utilizar el móvil con cautela, con el altavoz o con aparatitos que evitan las radiaciones, porque si te lo pones en el cerebro eres tú la antena.

Empiezan a aparecer casos de hipersensibilidad a las ondas electromagnéticas.
Y ya hay una sentencia que concede una incapacidad por ello, la Seguridad Social va a pagar a esa persona una pensión de por vida. Es el primer caso, pero me temo que va a haber muchos más.

La potencia que emiten estos aparatos ¿está controlada?
España permite 400 microvatios por centímetro cuadrado. Castilla-La Mancha, 0,1 microvatios; Catalunya, 200. En Nueva Zelanda, el nivel permitido es de 0,01, y en Nueva Gales del Sur, Australia, 0,001. Es como decir que en un lugar se puede ir a 200 kilómetros por hora y en otro a 100.000.

¿Y no tienen problemas de cobertura?
No. Entonces, ¿por qué someter a la población a tanta potencia si no se necesita? La normativa española no protege en absoluto a los ciudadanos, los niveles son muy altos, y si quisiéramos saber qué cantidad de radiación estamos recibiendo, sólo lo conseguiríamos poniendo una denuncia.

Uf.
No existe un sistema de control permanente y fiable que permita a los ciudadanos saber en todo momento las radiaciones a las que están expuestos.

Sería necesario.
La contaminación electromagnética se está incrementando a pasos de gigante en muy poco tiempo y no sabemos qué va a pasar, probablemente lo sepamos cuando las consecuencias sean irreversibles. La propia UE está instando a los estados a que reduzcan los niveles. Hoy se estipula que por encima de 0,1 hay peligro de daño sobre la salud.

¿Alguna iniciativa ciudadana?
La Universidad Politécnica de Madrid ha ideado un sistema de control permanente y de acceso libre para todos los ciudadanos de Leganés a través de internet y de una pantalla gigante en el Ayuntamiento.

¿En qué punto está?
Las operadoras pusieron un recurso, y se dictaminó la suspensión cautelar. Yo defiendo a la federación de vecinos, y hemos recurrido. Esperemos que estos sistemas se generalicen, porque los ciudadanos tenemos derecho a saber.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20111010/54228364832/no-se-olvide-de-apagar-el-wi-fi-por-la-noche.html

miércoles, 12 de octubre de 2011

La re­vo­lu­ción trans­gé­nica y más bio­tec­no­lo­gía por venir

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De cuando la co­mida dejó de ser lo que siem­pre ha­bía sido… o cómo se in­dus­tria­li­za­ron los alimentos…
lo ex­plica muy bien la lla­mada «Re­vo­lu­ción Verde», y sus gran­des in­ven­cio­nes para eli­mi­nar el ham­bre en el mundo. La se­lec­ción ge­né­tica, los mo­no­cul­ti­vos y la uti­li­za­ción ma­siva de pes­ti­ci­das, her­bi­ci­das y  fer­ti­li­zan­tes sen­ta­ron las ba­ses de un mo­delo pro­duc­tivo en el que la rica y fér­til va­rie­dad de se­mi­llas fue sus­ti­tuida por el mo­no­po­lio de los OGMor­ga­nis­mos ge­né­ti­ca­mente modificados.


Los trans­gé­ni­cos.

Maíz in­sec­ti­cida

Maíz trans­gé­nico Bt de Monsanto.
  • Lo «cru­za­ron» con una bac­te­ria [Ba­ci­llus thu­rin­gien­sis (Bt)] para que pro­du­jera una proteína.
  • Esa pro­teína mata al gu­sano ba­rre­na­dor: el prin­ci­pal pro­blema del maíz.
  • Pero per­ju­dica a otros in­sec­tos be­ne­fi­cio­sos que ayu­dan con­tro­lar otras plagas.
  • Se acu­mula en los sue­los de cul­tivo, re­du­ciendo su fertilidad.
So­bre su in­ca­pa­ci­dad  para eli­mi­nar el ham­bre en el mundo se al­ber­gan ya po­cas du­das, a pe­sar de que al­gu­nas vo­ces acre­di­ta­das, ame­na­zan con que gran­des desas­tres aso­la­rán a la hu­ma­ni­dad si una nueva re­vo­lu­ción verde trans­gé­nica no se rea­liza. Lo que más que una ame­naza es una pe­li­grosa reali­dad, es que ac­tual­mente se di­se­ñan cul­ti­vos para para ser fu­mi­ga­dos. Enca­sos tan ejem­pla­res como el del maíz, es el pro­pio ce­real el que fun­ciona como tal in­sec­ti­cida, ani­qui­lando toda po­si­bi­li­dad de vida a su alrededor.

Maíz re­sis­tente a herbicidas

Maíz trans­gé­nico HT, fa­bri­cado por Mon­santo y por Bayer.
  • Es to­le­rante a her­bi­ci­das em­plea­dos para evi­tar hier­bas ad­ven­ti­cias que com­pi­ten con el maíz.
  • Pero las plan­tas ter­mi­nan ha­cién­dose re­sis­ten­tes, te­niendo que au­men­tar el uso de agrotóxicos.
  • Y el glu­fo­si­nato de amo­nio, pre­sente en el maíz T25 de Ba­yer, es de alto riesgo para los ma­mí­fe­ros (Au­to­ri­dad Eu­ro­pea para la Se­gu­ri­dad de los Alimentos).
Desde que los trans­gé­ni­cos apa­re­cie­ron son mu­chos los es­tu­dios que han in­ves­ti­gado los po­si­bles per­jui­cios que es­tos pro­duc­tos pue­den pro­vo­car, la cues­tión es su fia­bi­li­dad. Se­gún la Re­vista En­vi­ro­men­tal Scien­ces Eu­rope, lo que ex­plica que la ma­yo­ría de los ali­men­tos trans­gé­ni­cos pa­sen to­dos lo con­tro­les es pre­ci­sa­mente la corta du­ra­ción del tiempo de me­di­ción de los efec­tos, en­tre 30 y 90 días, en los es­tu­dios que se lle­van a cabo, y ade­más son fi­nan­cia­dos por las pro­pias cor­po­ra­cio­nes que con­tro­lan este mercado.

Las pa­ten­tes.

A par­tir de 1930 se con­ce­dió a los agri­cul­to­res la po­si­bi­li­dad pa­ten­tar se­res vi­vos, pero sólo du­rante una ge­ne­ra­ción. Es en los años ’70 cuando un in­ge­niero que tra­ba­jaba para la Ge­ne­ral Elec­trics, con­si­gue que se le per­mita pa­ten­tar una bac­te­ria abriendo la puerta a la pa­tente de la vida.

Cuando la  in­dus­tria de los pes­ti­ci­das com­pró la in­dus­tria de las se­mi­llas, se co­men­za­ron a pa­ten­tar tanto las mo­di­fi­ca­das como las no mo­di­fi­ca­das. El único lí­mite fue que no es­tu­vie­ran pre­via­mente pa­ten­ta­das. La con­se­cuen­cia in­me­diata el mo­no­po­lio del mer­cado ali­men­ta­rio, ya que una vez pa­ten­ta­das han ido re­ti­rando de cir­cu­la­ción to­das aque­llas va­rie­da­des no de­pen­dien­tes de los pes­ti­ci­das y fertilizantes.
Se­gún el Grupo ETC, a prin­ci­pios de la dé­cada de los ’80 exis­tían en el mundo más de 7.000 em­pre­sas se­mi­lle­ras que pro­du­cían para el mer­cado co­mer­cial; nin­guna de ellas lle­gaba al 1% del mer­cado. Al­gu­nos datos:
  • De las mi­les de com­pa­ñías de se­mi­llas e ins­ti­tu­cio­nes pú­bli­cas de me­jo­ra­miento de cul­ti­vos que exis­tían treinta años atrás, ahora sólo que­dan diez trans­na­cio­na­les que con­tro­lan más de dos ter­cios de las ven­tas mun­dia­les de se­mi­llas que es­tán bajo pro­pie­dad intelectual.
    Mapa que muestra el nivel de penetración de los transgénicos en el planeta.
    Pe­ne­tra­ción de los trans­gé­ni­cos en el mundo.
  • De las do­ce­nas de com­pa­ñías de pla­gui­ci­das que exis­tían hace treinta años, diez con­tro­lan ahora apro­xi­ma­da­mente el 90% de las ven­tas de agro­quí­mi­cos en todo el mundo.
  • De unas mil em­pre­sas bio­tec­no­ló­gi­cas emer­gen­tes hace 15años, diez tie­nen ahora los tres cuar­tos de los in­gre­sos de esa industria.
  • Y seis de los lí­de­res de las se­mi­llas son tam­bién seis de los lí­de­res de los pla­gui­ci­das y la biotecnología.
  • En los últi­mos treinta años, un pu­ñado de com­pa­ñías ga­na­ron el con­trol de una cuarta parte de la bio­masa anual del pla­neta (cul­ti­vos, ga­nado, pesca, etc.) que fue in­te­grada a la eco­no­mía del mer­cado mundial.
Esto sig­ni­fica, en la prác­tica, dar a las cor­po­ra­cio­nes el po­der de con­tro­lar el desa­rro­llo de la vida en la Tie­rra. Por­que quien con­trola las se­mi­llas con­trola la co­mida y por tanto la vida.

Mo­ra­to­ria Trans­gé­ni­cos… o la ba­lada de los lobbys.

El pa­sado año, tras doce de mo­ra­to­ria, la UE au­to­rizó en Eu­ropa cinco or­ga­nis­mos ge­né­ti­ca­mente mo­di­fi­ca­dos, uno co­rres­ponde a una va­rie­dad de pa­tata, teó­ri­ca­mente para usos in­dus­tria­les; y más re­cien­te­mente  la UE quiere im­por­tar maíz y soja trans­gé­ni­cos con una pe­queña can­ti­dad de otros trans­gé­ni­cos que ni se han ana­li­zado ni se han apro­bado en la UE. Son ejem­plos cla­ros de lo que viene siendo un pro­lon­gado co­que­teo en­tre la in­dus­tria y la política.
Un ejem­plo es el caso es­pa­ñolCris­tina Gar­men­dia, la Mi­nis­tra de Cien­cia e In­no­va­ción, ha sido pre­si­denta de «ASE­BIO» —el lobby pro­trans­gé­nico más po­tente de Es­paña fi­nan­ciado, en­tre otras gran­des mul­ti­na­cio­na­les del sec­tor, por Mon­santo—, es fun­da­dora de la em­presa «Ge­ne­trix» que aglu­tina a mu­chas de las com­pa­ñías es­pa­ño­las de bio­tec­no­lo­gía, y pre­si­denta de la fun­da­ción «In­bio­med» (fi­nan­ciada con di­nero pú­blico) de­di­cada a la in­ves­ti­ga­ción ge­né­tica con fi­nes farmasanitarios.
De aquí hasta abajo, pa­sando por Di­rec­to­res Ge­ne­ra­les, Je­fes de Ga­bi­nete, cien­tí­fi­cos del CSIC, etc. se ex­plica el por qué del gran afán de la In­dus­tria so­bre la sa­lud y la ali­men­ta­ción de las per­so­nas y su nuevo es­ce­na­rio, la bio­tec­no­lo­gía, ac­tual­mente con­ver­tida en “in­ge­nie­ría ge­né­tica extrema”.
Como to­das las bio­cien­cias está im­pul­sa­das por la tec­no­lo­gía de la in­for­ma­ción o la bio­in­for­má­tica– aná­li­sis del ma­te­rial bio­ló­gico a tra­vés de la compu­tación. Sólo com­pren­diendo el con­cepto de con­ver­gen­cia en­tre tec­no­lo­gías y ca­pi­tal se puede ob­te­ner una idea apro­xi­mada de la di­men­sión del po­der cor­po­ra­tivoEsta con­fluen­cia está dando lu­gar a acuer­dos glo­ba­les en­tre mer­cado y go­bier­nos para con­quis­tar los dos ter­cios de bio­masa que aun que­dan por mercantilizar.
Mien­tras tanto los gi­gan­tes de la ge­né­tica agroa­li­men­ta­ria di­cen que si la agri­cul­tura se ve ame­na­zada por con­di­cio­nes cli­má­ti­cas ex­tre­mas lo que ne­ce­si­ta­mos son «ge­nes re­sis­ten­tes» que pue­dan so­por­tar­las. Y en lu­gar de cues­tio­nar o cam­biar las es­truc­tu­ras que pro­vo­can y en­quis­tan la po­breza y la de­sigual­dad, mu­chos go­bier­nos con­ti­nuan si­tuán­dose del lado de las em­pre­sas para re­for­zar las mis­mas po­lí­ti­cas que las cau­san. (Fuente: Grupo Etc)

El nuevo escenario.

La bio­tec­no­lo­gía es la tec­no­lo­gía ba­sada en la bio­lo­gía, es­pe­cial­mente usada en agri­cul­tura, far­ma­cia, cien­cia de los ali­men­tos, me­dioam­biente y medicina.
Den­tro de ella existe: la bio­tec­no­lo­gía roja, la blanca la verde y la azul. La roja es la que se re­fiere a pro­ce­sos mé­di­cos, nue­vos fár­ma­cos. La verde la que se re­fiere a pro­ce­sos agrí­co­las, como los tras­gé­ni­cos. La re­la­ción en­tre am­bas es de su­po­ner si se tiene en cuenta que seis de las gran­des far­ma­ceú­ti­cas han ad­qui­rido y creado em­pre­sas de semillas.
Se­gún Gre­gory Stock, bio­fí­sico y em­pre­sa­rio de bio­tec­no­lo­gíain­vi­tado re­ciente en el pro­grama de di­vul­ga­ción cien­tí­fica Re­des:
«Es im­por­tante que com­pren­da­mos la enor­mi­dad de los cam­bios que es­tán ocu­rriendo hoy en día para dar­nos cuenta del tipo de trans­for­ma­ción que va­mos a pre­sen­ciar,
por­que real­mente es­ta­mos en un mo­mento de tran­si­ción, y no so­la­mente es un mo­mento de tran­si­ción en la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad; es un mo­mento de tran­si­ción en la his­to­ria de la vida… em­pe­za­mos a con­tro­lar los pro­ce­sos de la vida y em­pe­za­mos a con­tro­lar nues­tro pro­pio fu­turo evolutivo».
A con­ti­nua­ción y por re­su­mir una cues­tión de na­tu­ra­leza tan com­pleja es de re­sal­tar lo que  Stock ar­gu­menta en fa­vor de las apli­ca­cio­nes de la biotecnología:
«Pen­sando en cier­tos ti­pos de in­ter­ven­cio­nes far­ma­co­ló­gi­cas, (como el pro­zac) sin duda es me­jor te­ner un buen amigo. Pero tam­bién es ver­dad que las in­ter­ven­cio­nes ac­tua­les son bas­tante ru­di­men­ta­rias: pro­vo­can mu­chos efec­tos se­cun­da­rios y no aca­ba­mos de en­ten­der to­da­vía nues­tro fun­cio­na­miento, el fun­cio­na­miento del ce­re­bro hu­mano, de la mente hu­mana… pero con­forme va­ya­mos ad­qui­riendo esos co­no­ci­mien­tos todo cam­biará; creo que lo­gra­re­mos crear cóc­te­les de fár­ma­cos que re­crea­rán cier­tos es­ta­dos emo­cio­na­les desea­bles. ¡Y eso sí que será un reto enorme! Ahora de­ci­mos que es me­jor te­ner un amigo, ¿pero qué pa­sa­ría si pu­dié­ra­mos to­mar una pas­ti­llita que nos lo diera todo, to­das las sen­sa­cio­nes be­ne­fi­cio­sas que nos da un amigo… y fuera fa­ci­lí­sima de to­mar, sin las mo­les­tias de for­jar una amis­tad o lo que sea?».
¿A al­guien le re­cuerda esto a «Un mundo fe­liz» de Al­dous Huxley?.
Fuente: http://cusamaco.eu/?p=2761