Un estudio revela que la industria
conoció durante décadas cómo eliminar compuestos radiactivos de
los cigarrillos y no lo hizo porque disminuiría su poder adictivo
ASER
GARCÍA RADA MADRID 07/01/2012 23:28
La alarma social desatada entonces
sorprende a Rodrigo Córdoba, exportavoz del Comité Nacional de
Prevención del Tabaquismo, "cuando en muchos casos un asesino
potencial [el humo de tabaco que incluye el Po210] abunda en los
domicilios y, hasta hace poco, en los lugares públicos".
En efecto, se calcula que un fumador de
cajetilla y media diaria recibe una radiación equivalente a unas 300
radiografías de tórax al año. Según Robert N. Proctor, profesor
de Historia de la Ciencia en la Universidad de Stanford, "el
tabaco es la causa principal de exposición radiactiva en los seres
humanos".
La radiación de una
cajetilla y media diaria equivale a 300 radiografías al año
Fueron Edward P. Radford y Vilma R.
Hunt los que por primera vez describieron en 1964 en Science el
hallazgo de Po210 emisor de partículas alfa (un tipo de radiación
ionizante) en cigarrillos. Pero las tabaqueras lo supieron antes,
junto con sus repercusiones sobre la salud, que estudiaron durante
décadas.
Una reciente revisión publicada en
Nicotine & Tobacco Research asegura que empresas como Phillip
Morris (PM) —fabricante de Marlboro, Chesterfield o L&M— o
British American Tobacco (BAT) —Lucky Strike o Pall Mall—
conocían su presencia desde 1959.
Los investigadores de la Universidad de
California revisaron numerosos documentos de la industria de los más
de 70 millones de folios que fueron desclasificados en 1998 a raíz
del Tobacco Master Settlement Agreement, el acuerdo entre cuatro
grandes tabaqueras y 46 estados de EEUU, por el que las primeras se
comprometían a compensar económicamente los gastos sanitarios
derivados del tabaquismo, a cambio de su exención de responsabilidad
legal.
Causa en torno al 13% de
muertes por cáncer de pulmón en fumadores
De acuerdo con los investigadores,
desde 1980 se conocía el lavado ácido que, modificando el pH,
elimina el Po210, pero la industria evitó utilizarlo porque
disminuye también la capacidad adictiva de la nicotina. Según
Proctor, otras cuatro técnicas han estado disponibles y tampoco se
han utilizado.
El subdirector de Investigación de la
tabaquera R.J. Reynolds, Claude E. Teague, no podía ser más
elocuente en un documento de 1972: "Si aceptamos mansamente las
denuncias de nuestros críticos y avanzamos hacia la reducción o
eliminación de la nicotina, finalmente liquidará nuestro negocio.
Si tenemos la intención de permanecer
en el negocio, la fabricación y venta de formas de dosificación de
nicotina, tenemos que defender nuestra posición".
A través de la tierra
Las sustancias radiactivas están
presentes "en todas las marcas de cigarrillos disponibles",
asegura el estudio. "Es un problema en todo el mundo",
señala el doctor Hrayr Karagueuzian, investigador principal. Por un
lado, los elementos radiactivos llegan al tabaco a través de la
radiación emitida por la corteza terrestre. Las pequeñas cantidades
de uranio presentes de forma natural en el suelo se desintegran en
forma de radón-222 (Rn222), un gas radiactivo que es absorbido por
el polvo y acaba depositándose y acumulándose en unas proyecciones
pegajosas de las hojas de tabaco denominadas tricomas, formando
complejos resinosos resistentes a la lluvia o el curado de las hojas.
"Si aceptamos (...)
liquidará nuestro negocio", dijo un directivo en 1972
Según Armando Peruga, gerente de la
Iniciativa Libre de Tabaco de la OMS, este organismo no establece
recomendaciones específicas sobre el Po210, aunque recomienda
eliminar todas aquellas sustancias "tóxicas o adictivas".
Por su parte, el Ministerio de Sanidad remite a la política común
de Bruselas.
Como asegura una portavoz del
Comisariado de Investigación, Innovación y Ciencia de la UE, "en
la actualidad, no hay límites para el polonio o uranio en los
fertilizantes fosfatados".
Dado que su gran mayoría se importa de
países extracomunitarios (principalmente Marruecos), esta regulación
"sólo tendría beneficios para el tabaco cultivado en la UE",
mientras que la mayoría se produce fuera, explica. "En
consecuencia", concluye, "la regulación de los productos
radiactivos en el tabaco sería una medida más eficaz que la de los
fertilizantes".
Las compañías aseguran
que buscan reducir el daño del tabaco
A preguntas recientes de parlamentarios
europeos, el comisario de Salud y Consumidores, John Dalli, respondió
que como la principal toxicidad del tabaco se produce por la
combustión de la hoja, "las restricciones de ciertos productos
químicos tendrían un efecto limitado en la reducción de la
toxicidad global".
A esta respuesta se aferra Phillip
Morris para minimizar los riesgos y añadir que "durante
décadas" ha buscado cómo "reducir los componentes dañinos
del humo". BAT, por su parte, no ha respondido a las preguntas
de Público.
Según Rafael García Tenorio,
catedrático de la Universidad de Sevilla y vicedirector del Centro
Nacional de Aceleradores del CSIC, dada la radiación natural,
"probablemente una lechuga tiene la misma" cantidad de
elementos radiactivos que un cigarrillo. De hecho, es un argumento
que utilizan las tabaqueras para justificar su inacción.
Entonces, ¿cuál es el problema? Lo
aclara Karagueuzian: "Es posible que otros productos agrícolas
puedan contener partículas alfa. Pero en el humo del cigarrillo la
partícula alfa forma un complejo con partículas insolubles que se
atasca en las bifurcaciones bronquiales, donde queda retenida unos
120 días [dada la dificultad del pulmón para lavarlas], aumentando
el riesgo de cáncer".
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