marzo
5, 2012
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Una
quincena de colectivos vecinales ha solicitado al Ayuntamiento de
Santa Cruz el
uso de plaguicidas biológicos en los jardines
públicos. / DA
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CECILIA L. BARREIRO BUSTAMANTE | SANTA
CRUZ DE TENERIFE
La presentación de un escrito en el
Ayuntamiento de Santa Cruz firmado por una quincena de asociaciones y
colectivos de la ciudad, incluida la Plataforma Pro-Parques y
Jardines, que reclaman al Gobierno municipal que se prohíba el uso
de plaguicidas químicos en todo el municipio, ha provocado un gran
debate sobre dichos productos. Esta iniciativa ciudadana surge tras
la utilización del producto Imidacloprid en el parque García
Sanabria el 11 de noviembre.
El debate, con grandes controversias,
se ha visto reforzado por el uso del herbicida Glifosato en el parque
Javier Fernández Quesada, en La Laguna, denunciado por la Plataforma
Sí se puede debido a que, según la Directiva Europea 2009/128/CE
del 21 de octubre de 2009, “el uso de plaguicidas en parques y
jardines debe minimizarse o prohibirse. Cuando se utilicen deben
preverse medidas adecuadas de gestión del riesgo, así como
concederse prioridad a los plaguicidas de bajo riesgo y a las medidas
de control biológico”.
A partir de estos hechos, se plantea si
el uso de plaguicidas químicos es correcto y, por ello, DIARIO DE
AVISOS ha querido consultar a expertos en la materia para saber
cuánta peligrosidad representan en realidad y si se deben tomar
otras medidas.
- Nómina de productos
- Los pl icidas. Son sustancias químicas destinadas a matar los seres vivos considerados plagas. No son venenosos pero pueden resultar tóxicos para los seres humanos. Dentro de los plaguicidas nos podemos encontrar los insecticidas y los herbicidas.
- Imidacloprid. Es un insecticida neuroactivo fabricado por Bayer. Se utiliza para el control de plagas, tratamiento de semillas y para el control de insectos, termitas y pulgas. Fue prohibido en Francia y Alemania por su peligrosidad para las abejas. Está considerado “moderadamente tóxico”por la OMS. Tiene la potencialidad de ser contaminante de aguas subterráneas y está catalogado como ”probable” carcinógeno por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos.
- Glifosato. Es un herbicida que elimina hierbas y arbustos. Es un plaguicida no selectivo de amplio espectro, lo que significa que mata a las hierbas que toque. Está relacionado con posibles malformaciones neuronales, intestinales y cardíacas en embriones humanos de usuarios que han estado expuestos a grandes dosis.
Según Arturo Harrison, catedrático de
Toxicología, “la respuesta del dilema de plaguicida sí o
plaguicida no, es el uso racional y, por supuesto, en parques
públicos y en jardines no tiene sentido utilizarlos porque pueden
generar problemas graves a la población. Si se utilizan, nunca deben
ser organoclorados, ya que son altamente persistentes. Se podrían
utilizar, en cambio, las piretrinas, al ser el eslabón menos tóxico
de los plaguicidas.”
El ingeniero agrónomo Javier López
aclara que actualmente es legal la utilización de productos
fitosanitarios en jardines. “Pero se deben utilizar sólo cuando
haga falta y no como prevención. Y además, se deben aplicar las
medidas de protección adecuadas, como vallar y aislar la zona. Por
otro lado -agrega-, cada vez se conocen más los efectos
perjudiciales de estos productos, y por ello, la sociedad presiona
para que no se utilicen sino cuando son necesarios e, incluso, la
legislación también va en esta línea.”
En el otro lado de la balanza, David
Galarza y Antonio Cáceres, dueños de la empresa Aceviños
Jardinería, comentan que el Imidacloprid es el insecticida más
efectivo. “En Santa Cruz, es la única forma de controlar las
plagas. Los jabones potásicos no son tan efectivos debido a que se
degradan rápido, y si alrededor hay parques y jardines que no se
fumigan, las plagas voladoras se reproducen también en las zonas que
están siendo tratadas con estos productos”.
Para Alberto F. Acosta, ingeniero
técnico agrícola, “estos productos tienen un registro en el
Ministerio de Agricultura y unos permisos para aplicarlos en parques
y en jardines. De todas formas, se han utilizado en casos puntuales y
no en grandes cantidades. En el mercado hay otros pesticidas más
inocuos como los jabones potásicos pero no son tan eficaces. Además,
conllevan mayor mano de obra porque perduran menos en las plantas”.
Hay
alternativas
En
el caso del Glifosato. En
primer lugar, se podrían utilizar los medios mecánicos (maquinaria
diseñada especialmente para ello). Luego, si estos medios no son los
adecuados hay otros herbicidas que son menos peligrosos para la
salud, pero que, a diferencia del Glifosato que vale unos ocho euros
el litro, estos rondan los veinte.
En
el caso del Imidacloprid. El
tratamiento menos tóxico y más natural, es el tratamiento sólo con
agua. Consiste en aplicar agua a presión en la zona cuando la plaga
se está creando. Si la plaga está extendida se puede recurrir a los
tratamientos con jabones potásicos o fosfóricos, no son productos
tóxicos y actúan degradando la piel del insecto. También se pueden
utilizar los tratamientos con plaguicidas porque no incumplen la
legislación, pero se debería de intentar evitar por su
contaminación. Además, sería conveniente señalizar la zona,
aislarla si es necesario y tener unas medidas de precaución
adecuadas.
Problemática.
Existe
un conflicto en el uso de los plaguicidas debido a que hay insectos
capaces de volverse inmunes a las dosis de plaguicidas. Esto se debe
a que poseen en su constitución genética componentes que les
permiten vivir en ambientes con altas concentraciones de pesticidas.
Esto se trasmite a las futuras generaciones, de tal manera que en
poco tiempo, según la capacidad de reproducción de la especie, toda
la población se torna inmune.
Tratamientos
biológicos. Debido
a la resistencia de los insectos, sería conveniente buscar una
medida alternativa como el control biológico. Pero, para utilizar
este método se necesita una gran investigación, que puede durar
varios años. Y, por otra parte, los parques y jardines al no
representar un cultivo productivo, como pueden ser las frutas o las
verduras, no cuentan con tanta capacidad económica, pero, según los
expertos, sería conveniente que se realizaran investigaciones
públicas con el fin de encontrar un método eficaz que no tenga el
problema de la resistencia de los insectos y, que a la vez, sea
natural, no contaminante y que no resulte tóxico para las personas,
los animales y el agua.
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