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miércoles, 5 de noviembre de 2014

"La industria farmacéutica es muy rica y ha corrompido los sistemas de salud"

Peter C. Getzsche (Libros del Lince)
Miguel Ayuso 03/11/2014

Cuando un científico se atreve a criticar a la industria farmacéutica, enseguida se le critica porque no la conoce bien. Pero al médico danés Peter C. Gøtzsche es difícil pillarle por este flanco. Durante 30 años, Gøtzsche ha trabajado en ensayos clínicos y regulación de medicamentos para varias farmacéuticas y ha publicado más de setenta artículos científicos en las Big Five, las cinco principales revistas científicas. Y es por esto por lo que afirma con rotundidad que la industria farmacéutica está corrompida hasta la médula, extorsiona a médicos y políticos, y mantiene enormes beneficios a fuerza de medicar innecesariamente a la población.

Su nuevo libro, Medicamentos que matan y crimen organizado (Los libros del lince), ha causado una enorme polémica y ha desatado la ira de la industria, a la que Gøtzsche acusa de propagar mentiras sobre su investigación. El doctor ha atendido a El Confidencial en una extensa entrevista en la que no deja títere con cabeza.

PREGUNTA. Hace unas semanas entrevistamos al psiquiatra Allen Frances. Nos dijo, literalmente, que la industria farmacéutica está causando más muertes que loscárteles de la droga. Usted opina lo mismo. Cuando se publicó la entrevista muchos lectores se quejaron porque les parecía una aseveración exagerada. ¿Por qué cree que no lo es?

RESPUESTA. Decir la verdad no puede ser una exageración. En mi libro documento que el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. En Estados Unidos, por ejemplo, la prescripción de medicamentos causa cerca de 200.000 defunciones todos los años. Así que está claro que la industria farmacéutica está causando bastante más muertes que los cárteles de la droga.

P.: Richard Smith, médico y exdirector del British Medical Journal, asegura en el prólogo de su libro que los médicos acabarán cayendo en desgracia ante la opinión pública, como ya ha ocurrido con periodistas, diputados y banqueros, por no haber sido capaces de ver hasta qué punto han aceptado la corrupción.

R.: La industria farmacéutica es inmensamente rica y poderosa, y ha corrompido los sistemas de salud de una forma extraordinaria. Es una corrupción de largo alcance. Todo el proceso por el que nuestros medicamentos son investigados, aprobados y recetados ha sido corrompido. Esto implica manipular los datos científicos, pero también comprar a casi cualquier persona que pueda tener influencia en el sistema, incluidos los ministros de salud. En mi país, por ejemplo, sólo hay en torno a 20.000 médicos, pero miles de ellos cobran nóminas de la industria por cumplir funciones discutibles como sentarse en consejos asesores o ser consultores, en muchos casos sin aportar ningún servicio tangible a cambio del dinero. Esta es una forma aceptada y generalizada de corrupción sutil pues, como sabe cualquier médico, el dinero dejaría de fluir si no actuaran en interés de sus benefactores.

P.: Para la mayoría de la población, es difícil creer que muchos de los fármacos que tomamos causan más problemas que beneficios. ¿Es algo que podemos afirmar de muchos medicamentos?

R.: Es verdad que muchos de los medicamentos que la gente toma causan más daños que beneficios. Sabemos muy poco sobre la utilidad real de los medicamentos, ya que la práctica totalidad de los ensayos controlados con placebo son desarrollados por la industria farmacéutica, que tiene un tremendo conflicto de intereses. La industria exagera los beneficios y oculta los daños de los medicamentos en la publicación de los ensayos clínicos. Muchos de los fármacos que tomamos ni siquiera tienen efectos; simplemente parece que han tenido un efecto en los ensayos avalados por la industria, pero esto sucede normalmente porque los ensayos no se han 'cegado' de forma efectiva, y en ese caso tanto los pacientes como los médicos tienden a exagerar los efectos subjetivos de los medicamentos de forma substancial.

No hay duda de que las personas con trastornos 
psiquiátricos están siendo sobremedicadas 
de forma masiva

P.: ¿Hay fármacos que se utilizan en la práctica médica que no cuentan con ninguna justificación científica válida?

R.: Creo que los fármacos anticolinérgicos para la incontinencia urinaria y los medicamentos antidemencia no tienen un efecto real, y lo que se midió en los ensayos clínicos está sesgado porque el cegamiento fue insuficiente. Un área particularmente problemática es la de las drogas psiquiátricas. La falta de un cegamiento efectivo en los ensayos conlleva, por ejemplo, que sea dudosa la efectividad real de los antidepresivos para tratar la depresión; probablemente ni siquiera funcionan para tratar la depresión clínica. En cualquier caso, no hay duda de que las personas con trastornos psiquiátricos están siendo sobremedicadas de forma masiva. Sabemos que los antipsicóticos causan daños cerebrales, pero probablemente también los antidepresivos y los medicamentos para tratar el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad.

P.: Lo que ha ocurrido en España con el Sofosbuvir, el medicamento de última generación que cura la mayoría de casos de hepatitis C es, según el farmacólogo Joan-Ramón Laporte (que prologa la edición española de su libro), un claro ejemplo del comportamiento en ocasiones indignante de la industria farmacéutica. El pasado 1 de octubre la ministra da Salud española anunció que el Gobierno había llegado a un acuerdo con la farmacéutica Gilead para incluir el fármaco en la financiación pública. Nadie sabe exactamente cuánto va a costar, pero quizás sean más de 125 millones de euros durante el primer año de comercialización. ¿Están las farmacéuticas chantajeando a los Gobiernos?

R.: El caso del Sofosbuvir es sólo uno de los más recientes ejemplos de la forma en que las compañías farmacéuticas extorsionan a la sociedad. Gran parte de la investigación que permite el desarrollo de nuevos fármacos ha sido financiada por el dinero de los ciudadanos, que pagan las nóminas de los investigadores públicos. Si un medicamento es considerado un gran avance, la norma es que la compañía farmacéutica que se hace cargo del desarrollo de ésta cobre un precio obsceno, abusando de ese modo el monopolio que la sociedad le ha otorgado. El precio de un nuevo fármaco no tiene nada que ver con sus costes de desarrollo, pero depende por completo de cuánto estemos dispuestos a pagar por él. Es un tipo de extorsión que no es muy distinta del tipo de chantaje que ejercen los piratas en Somalia cuando abordan barcos y toman rehenes. En ambos casos, puede ser una cuestión de vida o muerte, y es puede ser muy difícil para los políticos negarse a pagar los medicamentos cuando los periodistas ponen a pacientes a llorar en la televisión nacional.
Gregg H. Alton, vicepresidente ejecutivo de Gilead, ganó en 2010 un salario de 4 millones
de dólares. (Reuters)  
Los beneficios de las farmacéuticas se han 
disparado en la última década; y al mismo 
tiempo la innovación se ha estancado

P.: Uno de los argumentos más utilizados por la industria farmacéutica para defenderse de las críticas es que sin su inversión en investigación no tendríamos los medicamentos que tenemos. ¿Es cierto?

R.: En mi libro desacredito este argumento, que, lamentablemente, es ampliamente aceptado entre médicos y políticos. ¿Aquellos que se creen esto estarían dispuestos a pagar veinte veces más por su nuevo coche sólo porque el vendedor les dice que por hacerlo tendrán mejores coches en el futuro? La situación es del todo absurda. Normalmente, las empresas dicen: “Si no gastáramos nuestro dinero en investigación, moriríamos”. Pero las compañías farmacéuticas lo que dicen es: “Si no tenemos vuestro dinero para gastarlo en investigación, vosotros moriréis”. Sólo los líderes religiosos son más listos que ellos, pues prometen que seremos recompensados tras la muerte, lo que hace que sea completamente imposible quejarse. 

Empíricamente se ha demostrado que este argumento no se sostiene. Los beneficios de las farmacéuticas se han disparado en la última década, y al mismo tiempo la innovación se ha estancado. En definitiva, el capitalismo y el cuidado de la salud son malos compañeros de cama. Nuestras sociedades deben tomar el control sobre el desarrollo y la venta de medicamentos, lo que garantizaría que tuviéramos los medicamentos a precios que incluso los países en desarrollo podrían permitirse.

P.: Muchos médicos e investigadores conocen a la perfección lo que está haciendo la industria farmacéutica, pero se niegan a hablar porque, después de todo, su trabajo depende de ellas. ¿Hay miedo entre los profesionales a criticar a las farmacéuticas?

R.: La situación en la que estamos ahora es similar a la que vive un pueblo cuando ha permitido a la mafia ser tan poderosa que ha logrado comprar a todo el mundo, incluidos los políticos, el alcalde y la policía. En una situación así es increíblemente difícil dar marcha atrás. Esto es lo que está pasando ahora con la industria farmacéutica, que ha comprado a muchos doctores clave, que son líderes de opinión. Hay casos de médicos que han perdido su trabajo por criticar a la industria, porque la farmacéutica en cuestión había comprado ya a sus superiores. Esto es lo mismo que hace la mafia cuando se carga a un oficial de policía que hace demasiado bien su trabajo.

P.: La manipulación que ha realizado la industria farmacéutica de muchos estudios científicos ha hecho que mucha gente niegue la veracidad de los estudios científicos en general. Esto es muy peligroso. ¿Crees que podemos poner en duda la mayoría de la investigación en medicina?

R.: No creo que sea peligroso que la gente no se crea los estudios científicos sobre medicamentos. Es muy saludable que sean escépticos teniendo en cuenta que nuestros fármacos son la tercera causa de muerte. La gente debería tomar muchísimos menos medicamentos de los que toma. He estado trabajando en estos 30 años y he visto serias manipulaciones y trampas en todas las áreas de la medicina por razones comerciales. Esto es por lo que los científicos que colaboran con la industria en los ensayos clínicos casi nunca tienen acceso a todos los datos en bruto para que pueden analizaros por ellos mismos. Si esto fuera posible, tendríamos la oportunidad de revelar gran parte del fraude.

P.: Muy a menudo, las personas que critican a la industria farmacéutica mezclan sus argumentos con teorías pseudocientíficas. Es el caso, por ejemplo, de los movimientos antivacunación. ¿Tendemos a mezclar churras con merinas?

R.: Algunos practicantes de medicina alternativa o defensores de las campañas antivacunación asumen que soy uno de ellos porque critico a la industria farmacéutica. Desde luego no es el caso. La mayoría de nuestras vacunas salvan vidas y el principal efecto de la medicina alternativa es vaciar los bolsillos de la gente, muy pocas de ellas tienen siquiera algún efecto.

P.: Normalmente hablamos de la industria farmacéutica como un todo. ¿Hay alguna compañía que sea mejor que otra? ¿No hay un solo CEO de las farmacéuticas que tenga ética?

R.: Cuando el crimen renta se genera más crimen. Esto es exactamente lo que estamos viendo. Los crímenes de la industria farmacéutica, que están entre los peores de todas las industrias, se han incrementado en los últimos años. He sido incapaz de encontrar una sola compañía cuyo CEO tenga sentido de la moral. Lo único que importa es el dinero y los CEO saben perfectamente que su falta de ética conduce a muchas muertes innecesarias. El criminólogo John Braithwaite, que ha entrevistado a muchos CEO para elaborar su libro sobre el crimen organizado en la industria farmacéutica, los llama "bastardos despiadados".

Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente 
todo lo que un médico sabe sobre los 
medicamentos ha sido cuidadosamente preparado 
por la industria farmacéutica

P.: En los últimos años se han publicado varios libros en los que se critica ferozmente las prácticas de la industria farmacéutica (como Mala Farma de Ben Goldacre o ¿Somos todos enfermos mentales? de Allen Frances). ¿Algo está cambiando? ¿Vamos a ver un cambio en la regulación de la práctica de las farmacéuticas?

R.: Desafortunadamente, la industria farmacéutica es tan poderosa que es tarde para esperar ningún cambio importante en los reguladores y en la forma en que nuestros políticos entienden su funcionamiento. Hay esperanza, sin embargo, porque nuestros ciudadanos no son tan tontos, ingenios y oportunistas como nuestros políticos. He escrito este libro porque estoy enfadado y quiero que se enfade más gente para decir que ya hemos tenido bastante, así que a lo mejor podemos introducir cambios radicales en la forma en que desarrollamos, investigamos, comercializamos y tomamos medicamentos.

P.: ¿Qué pueden hacer los ciudadanos para ayudar a revertir esta situación?

R.: Lo primero, y más importante, es que los pacientes tomen el mando de sus propias vidas, por ejemplo, descargando en internet el prospecto cuando un médico le ha recetado un medicamento. Si lo leen atentamente, probablemente sabrán mucho más sobre el fármaco que su propio médico. Entonces, quizás, todos los peligros, precauciones y advertencias harán que se planteen que quizás es mejor no tomar ese fármaco en particular. Los pacientes deben darse cuenta de que prácticamente todo lo que un médico sabe sobre los medicamentos ha sido cuidadosamente preparado por la industria farmacéutica. Y es más, el médico quizás tiene un interés lucrativo personal en recetarte un fármaco que es mucho más caro que otro que es igual de bueno, porque el soborno a los médicos es común.

Las organizaciones de pacientes y las de médicos no deberían aceptar dinero de la industria farmacéutica. Deberían preguntarse si les parece éticamente aceptable recibir dinero que ha sido ganado en parte por crímenes que han dañado e incluso matado a muchos pacientes. Y los médicos tienen que negarse a recibir visitantes médicos, porque esto conduce al a prescripción irracional y un gran daño, incluyendo muertes innecesarias.

martes, 29 de mayo de 2012

ONG y expertos internacionales desarrollan una estrategia para aumentar el control legislativo de sustancias tóxicas

ONG, científicos, juristas y expertos en políticas públicas de todo el mundo se han unido para llevar a cabo un plan de acción que culmine en una estrategia internacional, que se desarrollará a nivel multidisciplinar, y que tendrá como objetivo aumentar el control legislativo de las sustancias tóxicas y sus efectos ambientales y sobre la salud.

MADRID, 17 (EUROPA PRESS) ONG, científicos, juristas y expertos en políticas públicas de todo el mundo se han unido para llevar a cabo un plan de acción que culmine en una estrategia internacional, que se desarrollará a nivel multidisciplinar, y que tendrá como objetivo aumentar el control legislativo de las sustancias tóxicas y sus efectos ambientales y sobre la salud.

"Queremos desarrollar un plan de acción para concretamente saber en qué punto de control están temas como la nanotecnología, transgénicos, químicos, pesticidas o contaminación electromagnética; para abordar y crear una estrategia de acción para mejorar la política pública", ha explicado a Europa Press la directora de la Organización para la Defensa de la Salud, Irina de la Flor, quien ha destacado la participación Greenpeace.

Para ello, se van a organizar varios grupos de acción con expertos de cada tema para saber exactamente dónde se encuentra la legislación actual; en qué punto se halla la información científica sobre estas sustancias, y si está siendo utilizada eficientemente; y, además, cómo está el estado de la evaluación de los riesgos.

En este sentido, De la Flor ha alertado de que en el mundo científico se está produciendo un contrasentido con las investigaciones que, tras un largo proceso de desarrollo, se ponen en marcha sin una evaluación de riesgos, muchas veces porque "es imposible". Para solventar esto, añade, "se crean leyes y políticas públicas en torno a incertidumbres".

Esta experta ha denunciado que el control mundial de las sustancias tóxicas "está muy mal", por eso se hace necesario el desarrollo de ésta estrategia internacional, mediante la que se pretende hacer llegar al público "los riesgo reales" de muchas de las sustancias tóxicas que rodean a la población, ya que, añade, "se sabe que los Gobiernos no están informando de los riesgos a los que la población está siendo expuestos".

Ya se han puesto en contacto con un experto legalista estadounidense para conocer cómo deben desarrollar las acciones comunes, y, por el momento, les han aconsejado que basen sus reivindicaciones teniendo en cuenta la legislación americana más que la europea, ya que, explica de la Flor, "en Europa no hay suficientes instrumentos legales potentes para hacer responsables a las industrias de las catástrofes que han hecho, hacen y se van hacer con daños en la salud pública y medioambiente".

El coordinador científico de la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER), Hartmut Meyer, ha admitido que son necesarias "normas y leyes sobre cómo utilizar los resultados de los estudios científicos y cómo controlar las sustancias químicas, pero eso sólo se conseguirá si hay una mayor presión por parte del público".

Así, durante el próximo año se pretenden desarrollar los contenidos de cada grupo de trabajo con expertos, de modo que, de cara al futuro, se pongan en marcha estrategias y campañas con acciones mensuales, trimestrales y anuales.

No obstante, los planes de acción estarán "siempre activos" teniendo en cuenta la amplitud de las sustancias y la aparición de nuevos productos en el mercado.

Uno de los principales escollos para conseguirlo radica en la presión que ejerce la industria, explica Meyer, "porque cuando un gobierno o incluso la Unión Europea se proponen prohibir una sustancia química concreta, eso tiene un gran coste para la industria, así que en muchos casos nadie está interesado en prohibir esa sustancia".

Esta iniciativa se pone en marcha coincidiendo con Conferencia Internacional sobre Riesgos en la Salud Pública y el Medio Ambiente, organizada por la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés), la European Network of Scientists for Social and Environmental Responsibility (ENSSER) y la Organización para la Defensa de la Salud, que se desarrolla hasta este viernes en Madrid. Precisamente, espera evaluar la estrategia internacional realizada hasta ese momento y comprobar los objetivos cumplidos.

Este encuentro que pretende hacer llegar al público además "servirá para discutir y resolver los complejos problemas que se están planteando frente a las nuevas innovaciones científicas que se están desarrollando", que, según De la Flor, es un debate que no se produce en los organismos sanitarios reguladores.

UN EJEMPLO:
EL BISFENOL A Un ejemplo claro de la situación legal mundial es el bisfenol A, una sustancia estrogénica presente de forma habitual en los plásticos, que está presente en el organismo de la totalidad de la población y sobre el que hay más de cien estudios, de los cuales una amplia mayoría desaconsejan su utilización, advierte Nicolás Olea, catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada "El 100 por cien de las mujeres embarazadas del tercer trimestre en España y el 95 por ciento de los niños de 4 años orinan todos los días bisfenol A, además de otros 17 residuos tóxicos", ha explicado a Europa Press, al tiempo que ha recordado que la industria se aferra a que los niveles son muy bajos.

La cuestión, para este experto, es saber por qué siempre los informes de la industria son más validos que los de investigadores independientes; asimismo, lamenta que se afirme una mala práctica investigadora para "ganar tiempo" y que estas sustancias no sean ilegales.

No obstante, esto ha servido para saber que las bajas dosis son difíciles de concretar a la hora de controlar, y que falta una regulación que controle el efecto combinado de las bajas dosis de las distintas sustancias toxicas, ya que, actualmente, no existe legislación al respecto.

Sin embargo, en la población, lo normal es que el organismo asimile diferentes porcentajes de sustancias tóxicas. "Mientras que esto no sea tenido en consideración el sistema de control es un fracaso, una realidad a medidas al considerar exposiciones individuales y no combinadas", ha añadido.

El caso del bisfenol A es un ejemplo claro de lo que ocurre con muchas otras sustancias tóxicas. En caso concreto, llama la atención ya que la Unión Europea decidió prohibir, a partir de marzo de 2011, este compuesto químico por precaución. Su eliminación futura del resto de productos, según este experto, "dependerá del tiempo que considere el que hizo la inversión industrial en que ha recuperado los beneficios prometidos".

El censo de sustancias químicas registrado en la Unión Europea es de 135.000 compuestos, y es que hay que tener en cuenta que las sustancias tóxicas están presentes en todo tipo de productos de uso cotidiano y en la práctica totalidad de las ocasiones los ciudadanos desconocen completamente la composición de dichos productos, sus mecanismos de acción y sus efectos en la salud. "De ellos hay estudios toxicológicos en menos de un 20 por ciento, y estudios completos en no más de 20 sustancias", explica el científico Nicolás Olea, quien subraya la importancia de actuar con cautela ante esta situación, puesto que puede tener graves consecuencias para nuestra salud.

Los factores ambientales, según Olea, son los responsables del 90 por ciento de los cánceres, de la actual proliferación de alergias, de multitud de problemas de salud reproductiva, etc. "Lo peor es que la clase médica tampoco es consciente de estos riesgos. Para los profesionales de la salud éste es un asunto totalmente desconocido, tan lejano como está la agricultura ecológica de los médicos de cabecera", añade.