lunes, 20 de agosto de 2012

Perfilando los tóxicos en los espacios interiores

POR TONI
Además de la niebla de “esmog” sobre el horizonte de nuestras ciudades que abrasa nuestros pulmones, los rayos ultravioletas del sol que hornean nuestra piel, y el conductor distraído, con rumbo hacia nosotros, mientras cruzamos la calle, también podemos añadir, a nuestra lista de posibles preocupaciones de salud, el tema de las paredes, suelos, tuberías y otros componentes de los edificios en los que habitamos, trabajamos y nos recreamos.

A medida que profundiza la era pos-industrial quizá seria buen momento para comenzar a llevar trajes de protección química.

Retirada de aislamiento de asbestos.
De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de los EE.UU. (EPA), los estadounidenses pasan aproximadamente el 90 % de su tiempo en espacios cerrados. A pesar de que podamos pensar que estamos más a salvo a dentro, resulta que los materiales de construcción que no tienen adjuntada la lista de ingredientes se hacen cada vez más y más complejos (y a menudo, más tóxicos).  Los hábitats interiores se están convirtiendo en una preocupación creciente en cuanto a  la salud.

Pero estas preocupaciones de salud sobre nuestro espacios interiores no son nada nuevo.  Sabemos que el Amianto, un mineral natural utilizado muy a menudo por la industria de la construcción, que tiene propiedades aislantes e ignífugas, ha demostrado ser el causante de cánceres de pulmón y mesoteliomas. Su utilización actualmente esta bajo riguroso control.

Recientemente, la Comisión para la Seguridad de los Productos de Consumo de los Estados Unidos lanzó lo que luego se caracterizaría como “la investigación de conformidad  mas grande en la historia de las agencias” justo después de comenzaban a recibir quejas durante el 2008 de personas que habitaban casas construidas con paneles de cartón yeso importados (estos tableros/paneles se añaden sobre la estructura de madera de las paredes y techos de la casa en construcción y luego se enmasillan y se pintan).

Después se trazo el origen de estos paneles en cuestión a China.  Se observo posteriormente con analisis de laboratorio que algunos (pero no todos) de estos paneles de yeso chinos tenían una emisión de gas de sulfuro de hidrógeno a tasas mas elevadas que los producidos en los EE.UU. Las pruebas mostraron una fuerte asociación entre la presencia de gas y la corrosión de piezas metálicas en los hogares afectados, la mayoría de las cuales fueron construidas en 2006 y 2007.

Aunque las pruebas realizadas han demostrado que las emisiones de gas se redujeron significativamente con el tiempo, la comisión solicitó que los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) consideraran la posibilidad de realizar un estudio exhaustivo de los posibles efectos a largo plazo. En febrero de 2011, la CDC anunció que las pruebas de posibles efectos en la salud que se había evaluado no garantizaba un estudio de ese tipo.

Sin embargo, hay actualmente una movilización para que los paneles de yeso vengan marcados con el nombre del fabricante o algún tipo de codificación particular, el dia de fabricación y origen de los materiales.

Mientras que era obvio poder observar la corrosion que causaban estos paneles de yeso, esto le hizo recapacitar a los propietarios sobre los posibles efectos sobre la salud y posiblemente sobre otros materiales de construccion que pudieran ser de mayor riesgo.

Lo que se sabe y las incógnitas

La preocupación hoy en día no es principalmente sobre las cosas que ya conocemos. Es acerca de los posibles efectos en la salud por los productos químicos (y, a veces, los propios materiales en sí) y los componentes de los materiales de construcción cuya presencia, o toxicidad, desconocemos.

Algunos se esconden a simple vista, como el PVC (policloruro de vinilo), utilizados comúnmente para fontanería. Otros, como El formaldehído o metanal, utilizado como adhesivo en productos de madera, no son fáciles de identificar por la falta de etiquetado en los productos de construcción.  Lo mismo puede decirse de los pesticidas y los materiales ignífugas, con revestimientos de resina epoxi, poliuretano y el bisfenol A (BPA).

También están causando alarma dos nuevos productos reciclados, las cenizas volantes y yeso sintético los dos siendo subproductos de las centrales térmicas de carbón. “El yeso sintético es utilizado en un 45 % de los paneles de yeso hoy en día” comentaba Jim Vallete, un investigador veterano que trabaja con la “Red de Construcción Saludable”, una organización sin animo de lucro que apuesta por transparencia en lo que se refiere a materiales de construcción.

Según las pruebas realizadas por la EPA, ha demostrado tener una concentración mayor de mercurio (conocido tóxico en desarrollo), que los paneles normales de yeso.

Las cenizas volantes de carbon, que también pueden albergar niveles altos de toxicidad de mercurio y otros tóxicos, se utiliza como rellenado en cementos, productos de madera, moquetas y otros materiales de construcción. Vallete estima que se encuentra un 20 % de ceniza volante en el refuerzo de la moqueta.

Otro nuevo producto de material de construcción es el spray de aislante de poliuretano, este trae consigo problemas que conciernen la salud. A pesar de que es fácil de aplicar y contribuye enormemente a la eficiencia energética del edificio, se sospecha que es un neurotóxico.

También hay preocupación en temas de salud al respecto del uso de material ignífugos y otros, algunos de los cuales han sido relacionados con temas de salud reproductiva, son algunos de los materiales de construcción que ha hecho estallar la atención de la opinión pública recientemente.

La BPA es también otra preocupación. En 2008, un estudio del Instituto Nacional de Salud concluyo que la BPA (que a menudo suelen cubrir los bordes de los contenedores de plástico y metal para prevenir la corrosión) es seguramente gran contribuidor al desarrollo de cánceres de pecho, cánceres de medula ósea y ganglios linfáticos, entre otras zonas productoras de sangre del cuerpo.

Mientras que muchos fabricantes han dejado de utilizar voluntariamente BPA en la fabricación de biberones y otros recipientes que se utilizan para almacenar alimentos y bebidas, la sustancia aún se encuentra en las pinturas, selladores y adhesivos para suelos.

A pesar de que los consumidores han expresado su preocupación acerca de la toxicidad de contenedores de bebida y alimento, la FDA de EE.UU (Administración de Alimentos y Medicamentos) ha rechazado la prohibición de la utilizacion de BPA en los productos contendores de alimentos y los líquidos. La FDA anima a los fabricantes de alimentos y bebidas que compartan voluntariamente cuánto y dónde pueda haber BPA en los envases o, si no, eliminarlo. Algunos de ellos lo han hecho.

Añadiendo ademas a este tema complejo, cada vez hay una mayor conciencia sobre los posibles efectos adversos para la salud que rodea el ciclo de vida completo de un producto.

Cortina de ducha “MADE OF PVC” 
por Martí Guixé.
El PVC, por ejemplo, que actualmente es el plástico más usado en tercera posicion en los EE.UU., ha sido utilizado durante mucho tiempo en la fontanería y tuberías que transportan agua. Pero uno de los componentes químicos clave para su fabricación son una clase de sustancias químicas conocidas como las dioxinas, un conocido carcinógeno y sustancias tóxicas en desarrollo.

Las dioxinas son liberados al final del ciclo de vida de los productos de PVC, lentamente filtrando hacia las aguas subterráneas desde los vertederos o soltado por el aire cuando a veces es quemado.

La Red de Edificación Saludable estima que de los 30 millones de toneladas de PVC que se producen en el mundo cada año, 75 por ciento va dirigido a materiales de construcción.

Hubo respuesta por parte del sistema de calificación de la LEED (Líder en Diseño Energético y Medioambiental) del popular Consejo de Edificación Verde de la EE.UU. (USGBC, U.S. Green Building Council), lanzaron la LEED como un sistema de calificación para la asistencia sanitaria, que ademas prohibe el PVC de todos los proyectos que acreditan.

Falta de transparencia

La mayor parte del tiempo, realmente no hay manera de que un constructor, o nosotros mismos, sepamos si hay PVC, BPA, cenizas voladores, yeso sintético u otros materiales potencialmente peligrosos en un edificio.

Perkins + Will, una compañía arquitectónica de Chicago, ha puesto el enfoque sobre este “desconocimiento”.  Esta compañía esta realizando un proyecto que pone en una lista los componentes de los materiales (junto con sus conocidos o supuestos efectos sobre la salud) en un esfuerzo por fomentar la transparencia en el campo de la construcción.

El proyecto, y su lista preventiva de 25 productos de material de construcción, recomienda que los consumidores los tengan en conciencia y los utilicen. Este proyecto ha captado la atención nacional. Algunos de los más conocidos productos químicos en la lista incluyen: arsénico, BPA, el mercurio, la espuma de poliuretano (utilizado en el aislamiento), PVC y el formaldehído de urea (ver la lista completa aquí).

El proyecto de transparencia tiene orígenes lógicos. Cuando esta compañía se propuso diseñar  un centro de cáncer en el Hospital de Maimonides (Brooklyn, Nueva York), que se inauguró en el 2003, quiso hacer lo mas sensato: construir y equiparar el centro con materiales que estuvieran exentas o que no tuviese ningún carcinógeno sospechoso

Resulto ser una tarea imposible, pero a pesar de ello la compañía se acerco bastante a su objetivo.

Pero los dirigentes de la compañía pensaron entonces, si resulta que imposible diseñar y construir un centro libre de tóxicos, un centro de cáncer libre, ¿entonces que pasa con los edificios residenciales y los del trabajo que no tiene a nadie que se encargue de que sean libre de tóxicos?

Dada la naturaleza de esta era moderna, no hay ninguna manera de obtener a la perfección materiales de construcción totalmente inofensivos”, comentaba Peter Syrett, un arquitecto de Perkins + Will, que se encarga de dirigir este proyecto de transparencia junto a un compañero de trabajo.

Nos creamos un mundo complejo, ¿nombra un producto 100% verde/eco? “realmente no puedo”, contestó Syrett en un una reciente entrevista con Inman News. Esta no es la manera en la que (como una cultura) hacemos las cosas.

Bueno, puede nombrar uno. Estuve en Mali, y vi a un hombre reparando su casa.  Solo tenia un balde con agua y con un poco de tierra creaba barro que luego colocaba en la pared. Esto es un producto sostenible”, comentaba Syrett en una entrevista con el New York Times a principios de año.

Sin embargo, no se trata de encontrar un producto perfecto e inofensivo.

Más allá de un regreso a la prehistoria de chozas de barro y cabañas de caña, los productos para la construcción, como materiales modernos, vienen como mucho sólo en tonos de verde”, dice Syrett, uno de los compromisos de la civilización.

Algunas grandes empresas han saltado a bordo del movimiento de la transparencia. Google, por ejemplo, ahora exige transparencia para todos los productos que vayan a entrar en los nuevos edificios que erige.

Dado que no hay ninguna lista de ingredientes que acompaña la mayoría los productos para la construcción como la que viene con nuestro burrito congelado o nuestra taza de yogur, la empresa envía un cuestionario a los fabricantes de materiales de construcción para ver que lo que hay en cada producto.

A medida de que crece la conciencia van apareciendo más y más herramientas que los constructores pueden utilizar.  Por ejemplo, el Proyecto Pharos, un esfuerzo que tiene como objetivo proveer la información necesaria sobre a donde ir para obtener materiales de construcción que vengan con todos sus detalles de fabricación.

El nuevo verde

Algunos, incluyendo ahora también el mercado principal, perciben ahora también la salud como el nuevo verde.

Y la salud es mucho mas fácil de entender y es posible mantener y cuidarlo, desde luego mas que otras nociones de “verde”, que tienen un tendencia a posicionarse abstractamente en lugares de difícil encaje.

No todo el mundo entiende lo que la sostenibilidad es”, dijo Aaron Smith, director de soluciones de construcción sostenible en Assa Abloy, (un fabricante a nivel mundial de productos relacionados a puertas), pero, la mayoría de las personas entienden sobre la salud humana”.

Assa Abloy, en respuesta a la creciente demanda de los clientes, indicó Smith, ha encontrado materiales menos tóxicos para sus productos metálicos a los cuales ponerles etiqueta, ha eliminado algunos productos químicos de limpieza peligrosos, ha eliminado todo el PVC de todos sus productos allá donde se encuentre y están intentando eliminar el formaldehído de todos sus productos relacionados a puertas.

Citando la guía de la transparencia de Perkins + Will y el Reto del Edificio Vivo como inspiradores para el movimiento y la demanda creciente de clientes por productos de construcción saludables, ha habido un progreso, comentaba. Aun así, algunos elementos demuestran ser mas complicados de eliminar que otros.

El PVC era viable, comentaba Smith, sin embargo, el formaldehído, un elemento barato y efectivo que se utiliza para juntar en muchos productos de madera, de la cual hay una gran demanda de que se elimine, resulta mas difícil de lo que se pensaba. El formaldehído es un presunto carcinógeno y puede causar asma en algunas personas.

Ahora mismo no hay disponible demasiados substitutos económicos de formaldehído, dijo Smith, pero espera que eso cambie ya que cada vez hay mas demanda de que lo retiren del mercado.

Incluso los promotores inmobilarios también están tomando conciencia sobre los posibles efectos de salud de los productos en sus edificios.

Pero es un gran desafío encontrar productos que sean sanos y duraderos, dijo Amanda Kaminsky, una gerente de construcción sostenible de la Durst Organización Inc. basada en Nueva York.

Sigue comentando Kaminsky que Debido al modelo comercial de la compañía sobre la propiedad a largo plazo, han comenzado a enfocar sobre los impactos potenciales hacia los inquilinos que pueda causar los componentes del edificio.

El BPA en epóxicos y suelos plásticos ha sido un producto de construcción particularmente difícil de evitar, porque encontrar sustitutos adecuados no es fácil.

Matices de verde

A medida que la preocupación por la salud aumentan cada vez mas con los materiales de construcción, a veces, la industria del edificio “verde” entra en contradicción consigo misma.
The popular USGBC LEED rating system, for example, gives credit for recycled content. However, sometimes that recycled content has adverse health effects, said Bill Walsh, founder and executive director of the Healthy Building Network.

El popular sistema de calificación LEED USGBC, por ejemplo, da créditos por contenidos reciclado. Sin embargo, a menudo este contenido reciclado tiene efectos adversos para la salud, dice Bill Walsh, fundador y director ejecutivo de la Red de Construcción Saludable.
Los dos subproductos principales de las centrales basadas en la energía del carbon, las cenizas volantes y el yeso sintético, son dos ejemplos claros. Ahora mismo es cada vez más sostenible, económico y ecológico no excavar nuevo yeso de la tierra para este tipo de relleno. Pero, ¿es saludable?

Con controles mas estrictos sobre la contaminación aérea obliga a las centrales de carbon limpiar su salidas de combustión. Esto resulta en un aire con menos metales pesados y tóxicos, pero, con mas cenizas volantes y yeso sintético, que cada vez son más utilizados como producto reciclado en los materiales de construcción.

Este es sólo un ejemplo de la complejidad de los edificios modernos, los problemas de salud que provocan, y el campo minado debemos atravesar a medida que entramos en la siguiente era de sostenibilidad (y lo que ello significa).

Pero esta complejidad esta ahora siendo planteada a medida que ahora el tema sobre la salud de hábitats interiores se esta convirtiendo en algo de creciente atención.

Pase lo que pase no será una solución de blanco o negro”, dijo Chris Youssef, un diseñador de interiores de Perkins + Will que ayuda a dirigir el proyecto de transparencia con Peter Syrett.

En realidad, se trata de un sistema de valoración”, comenta Youssef, cada material moderno viene con su propio problema.

La gente quiere listas rojas, pero no se trata de eso.

Se trata simplemente de hacer que los materiales de construcción sean mas saludables”.


Queremos que los fabricantes nos vengan a decir que es lo que podemos mejorar”, comentaba Youssef.

Traducción : Michael Sorensen (EcoHabitar)

Via inmanNews

domingo, 19 de agosto de 2012

´Mi cuerpo es una cárcel y en el agua soy libre´

Una ingeniera de Minas gallega que sufre graves brotes de fibromialgia, enfermedad con dolor crónico muscular, nada en travesías en mar abierto para divulgar la patología

Loli Paz y un compañero, Aitor, tras la 
travesía de Cabo Udra.
Hay un lugar como el líquido amniótico en el que flotan los bebés dentro del vientre materno, que inspira protección, ingravidez y calma. Para Loli Paz, el mar es eso: una tabla de salvación. Un lugar en el que zambullirse para nadar hacia adelante, con la vista en el horizonte y bracear hasta la costa. Allí la espera la satisfacción del reto cumplido. Esta gallega de 29 años que sufre fibromialgia lucha con kilómetros de nado, mientras acaba su tesis en la Universidade de Vigo.

ELENA OCAMPO| A CORUÑA "Actualmente tengo 29 años, soy ingeniera de Minas especialista en Materiales. Durante mi brote de seis meses trabajaba como ingeniero de Materiales en un centro tecnológico". El contrato de Loli Paz venció una semana antes de la operación de vesícula a la que tuvo que someterse tras perder veinte kilos de peso -entre septiembre de 2011 y febrero 2012-. "En este momento me dedico a terminar mi tesis doctoral en la Universidade de Vigo".

Ese es parte del currículo de una mujer viguesa que, tras su faceta profesional sufre también los repetitivos dolores de la fibromialgia -una enfermedad poco conocida aún-. Y desde hace cinco meses, lo afronta con una terapia que se ha autoimpuesto: la natación. Siempre le gustó nadar y ahora, a pesar de que los médicos pronosticaron que no podría volver a hacerlo, se enfunda el bañador de Nadando libre -sus patrocinadores- para concluir travesías de kilómetros en mar abierto. Aunque comenzó hace apenas cinco meses, ya tiene varios éxitos en su palmarés, además de retos futuros.

El umbral de la enfermedad "se diagnostica según cuántos puntos de dolor a la palpación tengas en el cuerpo", explica la joven. Del máximo de 18, Loli Paz tiene 17 puntos de dolor. "Me duele todo el cuerpo aunque no me toquen", relata. "Mi día a día se hace cuesta arriba ya que los enfermos de fibromialgia tenemos problemas de insomnio, así que me levanto cansada, dolorida y muchos días deprimida porque no puedo hacer lo que hace la gente de mi edad. Así que reúno todas mis fuerzas para poder entrenar y allí, en el agua, soy una persona libre ya que mi cuerpo es una cárcel", explica. 

Aún así, hubo momentos delicados que requirieron luchar contra el abatimiento: "Tras conocer mi diagnóstico oficialmente hace un año (fibromialgia y síndrome de fatiga crónica (SFC)) pasé un brote de dolor muy grande y muy largo de seis meses en la cama, durante el que no podía casi moverme de cama, no podía comer y vomitaba todo (...)", explica. Durante todo ese tiempo, en que fue consciente de que tenía una enfermedad dolorosa, cayó en una depresión. Era importante, entonces, encontrar estímulos de superación. "Yo he sido nadadora aficionada desde siempre, dejé de nadar cuando los dolores empezaron a ser más grandes... pero siempre tenía en la cabeza la idea de nadar", reconoce.

Mejoría psicológica

"Cuando pasé este brote pensaba en si nadar me mejoraría en algo, aunque fuese psicológicamente". Aunque los médicos no se lo recomendaran, fue tímidamente a finales de febrero cuando comenzó a nadar en la piscina. Muy poco a poco, con muchísimo dolor por la fibromialgia y por las cicatrices de la operación -reconoce- pero, "a pesar del dolor sentí que volvía a servir para algo, que era una persona útil otra vez, que ya no era una enferma". Con esfuerzo, siguió nadando en la piscina, "con la esperanza de poder volver al mar". Y así, se embarcó en esta aventura. "Aunque cueste, se puede seguir adelante. A mí me hubiese gustado, en mis peores momentos, ver un caso como el mío que me demostrase que podía haber una luz al final del túnel, me hubiese animado".

Esta nadadora viguesa avanza que está realizando trámites con Capitanía Marítima para realizar en Vigo la Travesia a Nado por la Fibromialgia, el Síndrome de Fatiga crónica y la sensibilidad química múltiple. Consistiría en un cruce de la ría desde Cangas hasta Alcabre en Solitario; unos cuatro kilómetros, razona.

La próxima travesía en la que Loli participará será el próximo sábado, 28 de julio, en el Dique Barrié de la Maza en A Coruña (3.200 metros) y las ya completadas han sido Tabarca-Santa Pola (5.900 metros) y Cabo Udra-Pescadoira, hace apenas dos semanas (4.430 metros).

Otro de los motivos por los que Loli Paz comenzó esta particular carrera contra los obstáculos de la enfermedad es que quería hacer divulgación de la patología: "Como nuestro dolor es invisible, nos digan que no parecemos enfermos, cuando por dentro nos morimos de dolor". El equipo Nadando Libre fue quien le ofreció un patrocinio y le ayuda con los entrenamientos para hacer el menor daño posible a su físico. En la divulgación, tanto la Liga Reumatolóxica Galega como la Fundació per a la Fibromiàlgia i la Síndrome de Fatiga Crònica de Cataluña le ayudan desde sus páginas web e incluso con ánimo personal de sus directivos médicos.
"En mi caso, después de la operación, empecé a sufrir muchas intolerancias alimentarias y reacciones adversas a químicos así que ya no puedo comer normalmente y muchas veces tengo que usar una mascarilla para salir a la calle porque perfumes, humos, colonias, jabones, detergentes me generan problemas gástricos y brotes de fibromialgia".

La valoración incapacitante de la fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica en el ámbito administrativo y en el judicial

Por Rubén López-Tamés Iglesias
Presidente de la Sala de lo Social del TSJ de Cantabria. Doctor en Derecho.

I. Las actuales insuficiencias del sistema de valoración judicial de las incapacidades

La fibromialgia (FM) y el síndrome de fatiga crónica (SFC), enfermedades de sensibilización central, no siempre se definen de forma científica. En algunos casos, utilizando un lenguaje poético y metafórico, se habla de "dolor del alma en el cuerpo" o incluso de "las enfermedades sin nombre". Pero quizás la mejor calificación es la que las considera "enfermedades políticamente incorrectas", ya que su deficiente valoración deja entrever las carencias administrativas y también, de forma indirecta, judiciales, cuando se trata de apreciar su naturaleza incapacitante en los niveles contributivo y no contributivo.

Entre las deficiencias del sistema de valoración judicial, las hay genéricas y específicas. Respecto a las primeras, la Ley 24/1997, de 15 julio, de Consolidación y Racionalización de la Seguridad Social -EDL 1997/24024-, dispuso un nuevo contenido para el art. 137 LGSS -EDL 1994/16443-, referido a la graduación de la incapacidad. Se pretendió atender a la disminución del porcentaje de la capacidad conforme a una lista de enfermedades que iba a ser aprobada. Restado protagonismo a los jueces que siempre tuvimos en esta materia una importante discrecionalidad. Sin embargo, la nueva redacción de dicho precepto no era autosuficiente, ya que exigía un desarrollo reglamentario que, transcurridos tantos años, todavía no se ha producido ni posiblemente se producirá por las dificultades que supone. La aprobación de una lista de tales características hubiera sido una buena ocasión para incorporar, a la manera de otros sistemas extranjeros, la FM y el SFC.

Se nos ofrece entonces la paradoja que supone un sistema nuevo, que no rige, y un sistema antiguo que sigue, sin embargo, operativo: la regulación anterior y todavía vigente del art. 137 -EDL 1994/16443-, en sus diversos apartados: del 3 al 7, definidores de los distintos grados, cuando utilizan fórmulas abiertas. Sin embargo, este sistema tiene importantes deficiencias. Las definiciones del art. 137 LGSS son auténticas tautologías porque en realidad nada definen cuando explican la misma cosa con distintas palabras. Decir, por ejemplo, como en el apartado cuarto, que está incapacitado para su profesión habitual quien no puede realizar todas o las principales tareas de la misma, es más bien decir poco o, más bien, no decir nada.

Tales apartados -EDL 1994/16443-, como estrictos conceptos jurídicos indeterminados, no admiten tampoco varias soluciones justas sino tan sólo una: el beneficiario está incapacitado o no lo está, pero no existen términos intermedios.

Por último, su aplicación no supone una cuestión centrada en el derecho: escoger la norma adecuada o interpretarla, sino en el hecho, ya que consiste en subsumir el concreto supuesto, que la realidad ofrece, dentro de las previsiones amplias de referido artículo y concreto apartado -EDL 1994/16443-.

Las deficiencias y derivadas dificultades han obligado a los órganos judiciales a utilizar diversas técnicas. Por ejemplo, recuperar los escasos baremos o listas que ya no están vigentes. Es el caso del Reglamento de Accidentes de Trabajo del año 1956 -EDL 1956/43-, que no constituye una relación exhaustiva de enfermedades por lo que el SFC, la FM, o también el síndrome químico múltiple, que emparenta con las anteriores, no se encuentran lógicamente dentro de sus previsiones al tratarse de "enfermedades nuevas".

Tales carencias han obligado a la elaboración de imprescindibles pautas. Por ejemplo, que el estado físico no es susceptible de división en compartimentos estancos. Este criterio tiene una gran importancia en el ámbito de las enfermedades que estudiamos, ya que en los cuadros abordados de FM o SFC suelen aparecer otras enfermedades, consecuencia o no de aquellas, sobre todo de naturaleza psíquica.

La materia se rige en cualquier caso por unas circunstancias individualizadas, casuísticas, puramente circunstanciales. Decía el Doctor Marañón que no existen enfermedades sino enfermos, lo que ya constituye un tópico, y este rasgo también es predicable desde la perspectiva jurídica porque no existen incapacidades sino incapacitados cuando el mismo o semejante cuadro de dolencias puede repercutir de manera distinta según el tipo de trabajador o beneficiario de que se trate.

No hay, por ello, pronunciamientos definitivos en la Sala Cuarta respecto a las pautas que justifican el reconocimiento de una situación incapacitante cuando se trata de tales dolencias. El recurso para la unificación de doctrina no es instrumento adecuado para resolver sobre este tipo de cuestiones. Se trata de supuestos en los que el enjuiciamiento trasciende a la fijación y valoración de hechos singulares y no a la determinación del sentido de la norma en una línea interpretativa de carácter general (referido a la FM, entre otros, el Auto de 16-2-2011 -EDJ 2011/14523-).

Es cierto que en algunos casos se fuerza por la Sala Cuarta la finalidad del recurso para abordar cuestiones de hecho y referidas a cuadros concretos, como ha sucedido en materia de limitaciones auditivas o visuales. No obstante, cuando los letrados lo pretenden en el caso de la FM o el SFC, supone osadía, o al menos ingenuidad no admisible, con la correspondiente pérdida de tiempo y de dinero de sus clientes.

II. La ausencia de las listas y de los baremos de uso común

El resto de los problemas que surgen respecto a la calificación de estas enfermedades les son específicos. Por ejemplo, el hecho de que no se contemplen específicamente en los correspondientes listados.

No lo están en el baremo de las lesiones permanentes no invalidantes. El art. 150 LGSS -EDL 1994/16443- se refiere a las lesiones, mutilaciones y deformidades de carácter definitivo, causadas por accidentes de trabajo o enfermedades profesionales que, sin llegar a constituir una incapacidad permanente, supongan una disminución o alteración de la integridad física y aparezcan recogidas en el baremo anejo a las disposiciones de desarrollo de dicha Ley. Parece lógica en este caso tal exclusión, ya que el SFC o la FM no derivan ordinariamente de contingencias profesionales y no son meras lesiones, deformidades o mutilaciones.

Tampoco se encuentran en el cuadro de enfermedades profesionales, aprobado por RD 1299/2006, de 10-11 -EDL 2006/311531-, aunque algunas de las sustancias que puedan motivar tales dolencias sí lo estén. Por ejemplo, la STSJ Cataluña de 10-1-2000 -EDJ 2000/1923- resolvió acerca de la exclusión en el listado precedente en un supuesto marcado por su excepcionalidad: se trataba de un trabajador que realizó un viaje a Miami por cuenta de la empresa en el curso de cual contrajo una enfermedad, borreliosis, una de cuyas secuelas fue una fibromialgia postinfecciosa. Se reconocía, sin embargo, la existencia de un accidente de trabajo-enfermedad del trabajo.

Se admite en términos generales la patología común de la FM o del SFC, salvo prueba en contrario. Tiene que justificarse entonces la existencia de un accidente de trabajo-enfermedad del trabajo, pero no es tarea fácil, ya que el trabajo ha de ser el único factor desencadenante de la enfermedad. En relación con el virus de Epstein-Barr, siquiera cuando pueda considerarse una de las causas, el hecho de que también pueda adquirirse por la saliva, permitió negar la calificación profesional del SFC al no existir una causa exclusiva (STSJ Cataluña de 29-12-2004 -EDJ 2004/243659-).

Motivado por la loable tarea de algunos colectivos, como el Colectivo Ronda en Cataluña, se ha generado una casuística importante en los supuestos relacionados con los organofosforados, calificándolos como derivados de accidente de trabajo. Se defiende que tanto el síndrome de sensibilidad química múltiple, como el SFC, son dos patologías surgidas por la exposición de trabajadores a productos químicos tóxicos, tales como insecticidas y productos de limpieza (por todas, STSJ Cataluña de 27-1-2010 -EDJ 2010/55366-).

La más injusta de las exclusiones es, sin embargo, la correspondiente al baremo de las prestaciones no contributivas. Pese a que se afirma en la Introducción del Anexo 1 del RD 1971/1999, de 23-12, de procedimiento para el reconocimiento, declaración y calificación del grado de discapacidad -EDL 1999/64271-, que se sigue la Clasificación Internacional de Enfermedades y el SFC como la FM se encontraban dentro de ella, el Anexo 1.A no las incluye. Tal ausencia obliga a valorar esas patologías como si sus síntomas constituyeran dolencias autónomas y sí previstas (limitaciones artrósicas, psíquicas, problemas digestivos, por ejemplo). La utilización de la tabla de valores combinados, siquiera cuando se apliquen los factores sociales complementarios, tampoco permite superar el 45% o 50% de minusvalía en la mayoría de los casos, lo que resulta insuficiente para alcanzar una incapacidad no contributiva, exigente del 65%.

Se trata de una carencia importante que ha de ser integrada con la mayor brevedad posible, ya que supone factor importante de discriminación para los enfermos que padecen este tipo de dolencias.

III. El contraste con la misma definición de incapacidad del artículo 136 LGSS -EDL 1994/16443-

Otro de los inconvenientes nace de la misma definición de incapacidad que contiene el art. 136 LGSS -EDL 1994/16443-. 1: En la modalidad contributiva, es invalidez permanente la situación del trabajador que, después de haber estado sometido al tratamiento prescrito y de haber sido dado de alta médicamente, presenta reducciones anatómicas o funcionales graves, susceptibles de determinación objetiva y previsiblemente definitivas, que disminuyan o anulen su capacidad laboral.

Sin embargo, este tipo de enfermedades siempre se han considerado de difícil, si no imposible, objetivación, dado su carácter sintomático, la pura subjetividad del dolor y la imposibilidad de identificarlas a través de pruebas de laboratorio o radiológicas. Justificó tal realidad una actitud de recelo en todas las instituciones, administrativas y judiciales, frente a los beneficiarios, muchas veces calificados de simuladores y que se explicaba también por la protección de la Seguridad Social respecto a las reclamaciones fraudulentas.

La presión de los propios afectados y la importancia social de FM y del SFC, así como la existencia de nuevos métodos científicos, que permiten incluso la medición del dolor, ha justificado un progresivo y paulatino arrumbamiento de los prejuicios. Incluso quizás del diagnóstico tardío se ha pasado al precipitado en el caso, por ejemplo, de la FM, lo que lleva a veces al sobrediagnóstico y a calificar como enfermas de esta padecimiento a muchas personas con dolor crónico pero que no cumplen los criterios para ello.

Todas estas circunstancias justifican también que se replanteen caducos criterios y que se utilicen nuevos argumentos. Algunos más difíciles de entender porque constituyen quizás sutiles juegos dialécticos como que, partiendo de la exigencia legal comentada: "susceptibles de determinación objetiva", se reconozca la imposibilidad actual de la objetivación, pero se admita, sin embargo, la posibilidad de la determinación. Otros quizás más compresibles, en el sentido de entender que la ley exige tal objetivación pero no fija los medios a través de los que se puede obtener. Lo exigido legalmente es la posibilidad de determinación objetiva, no que tal objetivación tenga que resultar acreditada a través de un diagnóstico exclusivamente clínico.

IV. La objetivación de estas enfermedades. Aportación y valoración de los informes periciales

La objetivación ha de realizarse a través de la aportación de los correspondientes informes médicos. La historia clínica suele ser más amplia en el caso del SFC que en el de la FM, si en este último supuesto son muchos los casos en los que la pericial comienza a configurarse a través del urgido y socorrido argumento de acudir a los médicos de atención primaria cuando se pretende demandar ante los juzgados.

Debe aportarse, desde luego, el informe de los especialistas: un reumatólogo en el caso de la FM y un internista en el supuesto del SFC. No son especialistas, en cambio, porque a ellos no les corresponde diagnosticar la enfermedad, los médicos de atención primaria ni los especialistas en la valoración del daño corporal. También deben aportarse los informes de las correspondientes unidades del dolor, en el caso de haber tenido que recurrir a ellas.

La pericial ha de ser honesta, por supuesto, que es exigencia derivada de la mínima deontología profesional y que no merece más comentario. Pero, además, y esto es especialmente importante y no se presume, ha de ser clara. Existen buenos clínicos que son malos peritos y peritos que son malos clínicos, de tal manera que los requerimientos ideales para esta prueba pasarían por un buen clínico y también un buen perito. Lo será cuando actúa con precisión, lo que pasa por elaborar una pericial que no sea un mero informe médico para los compañeros, lleno de tecnicismos, sino de un verdadero dictamen médico laboral que analiza las dolencias desde la perspectiva funcional y en un lenguaje comprensible, dirigido a un lego en medicina, al destinatario último, que lo es el juez. Son, en cambio, muchos los informes, excesivos, estereotipados, con hojas y hojas de literatura médica, en los que el juez sólo comprende y acoge sus conclusiones pero no el resto desmedido.

El informe pericial ha de ser también ratificado en juicio porque, si no sucede así, se queda en un mero certificado médico, que no permite el debate y la contradicción. En este momento el profesional ha de ser modesto, evitando una lucha de egos (del médico y del juez, situación frecuente), lo que no significa tampoco ser pusilánime ni inseguro cuando se responde a las preguntas de las partes o del mismo juez..

También resulta conveniente la presencia del beneficiario, ya que a veces se otorga especial importancia al propio reconocimiento judicial, cumplida manifestación del principio de inmediación que, si bien no es prueba definitiva en este tipo de enfermedades, puede contribuir de forma poderosa a la convicción de quien va a decidir respecto a una situación incapacitante y a su trascendencia. El juez también ha de apreciar si se dice verdad, la sinceridad de las palabras.

Desde luego, éste es libre a la hora de valorar las periciales siempre que justifique mínimamente el sentido de la opción. También puede acudir a la prueba forense que generalmente no tiene una gran significación en estos casos por tres razones fundamentales. 

La primera es su excepcionalidad, ya que sólo se acude a ella cuando se aprecian contradicciones importantes. En segundo lugar, no suelen existir forenses asignados específicamente a los juzgados de lo social. En tercer lugar, tampoco su criterio va a ser especialmente cualificado porque no se trata de especialistas en este tipo de enfermedades, al margen de que se aprecie la objetividad que tales informes destilan, derivados de la condición de funcionarios públicos y de la imparcialidad que tal condición les confiere.

De ordinario, la preferencia por el informe del EVI también existe en este tipo de dolencias, lo que justifica que, ya en la suplicación, la revisión de los hechos probados de la sentencia, y a la que está supeditado en la mayoría de los casos el éxito del recurso, sólo pueda aceptarse cuando la prueba ofrecida a tales efectos revisorios tenga una mayor solvencia científica o especialización que la pericial escogida por el magistrado.

Sería aquella la derivada de los servicios especializados de la medicina pública o también de la privada pero siempre que traiga causa en un mayor rigor, tecnicismo, con medios, por ejemplo, de tercera generación. Por tal motivo, parece inevitable que quienes pueden acceder a estas cualificadas periciales, porque disponen de medios económicos, cuentan con una innegable ventaja adicional respecto a quienes ha acudido a servicios especializados pero de la medicina pública (Clinic, Vall d´Hebrón). En este último caso habrá, como es lógico, una razonable tardanza u otras servidumbres inevitables en cuanto inherentes a los servicios públicos.

V. El criterio restrictivo utilizado por las Entidades gestoras y por las mutuas. La respuesta judicial

El último de los factores que ha incidido de forma negativa a la hora de reconocer la naturaleza incapacitante de este tipo de enfermedades es el criterio restrictivo utilizado por las Entidades gestoras y por las mutuas.

Nos sirve como muestra la Guía de Valoración de la Incapacidad Laboral para Médicos de Atención Primaria, documento nacido de la colaboración entre la Escuela Nacional de Medicina del Trabajo (ENMT), el Instituto de Salud Carlos III y el INSS (www.seg-social.es). A la hora de valorar las limitaciones que sufren los pacientes diagnosticados de fibromialgia, admite, por ejemplo, que el único instrumento validado suficientemente es el llamado FIQ aunque pueda resultar demasiado subjetivo cuando se utiliza en valoración laboral, de manera que el número de puntos dolorosos no es un criterio de gravedad, solo un criterio diagnóstico.

Pero lo importante también es que desvincula la gravedad de la FM de la utilización de analgésicos o la dosis que recibe el paciente. Se considera asimismo sin trascendencia la evolución hacia la cronicidad cuando ni siquiera la concesión de una pensión por incapacidad parece mejorar la evolución de estos pacientes, y descartada también la presencia de una patología psiquiátrica tipo asociada a la dolencia.

Negada la situación incapacitante, salvo casos excepcionales, en que la sintomatología dolorosa produzca un deterioro del estado general, y en general serán pacientes sólo subsidiarios de situaciones de incapacidad temporal, que deberá mantenerse en las fases agudas.

La tendencia aparecida en las mutuas tiene igualmente este contenido restrictivo. Cuando se trata de la incapacidad temporal, recomiendan que la duración sea lo más corta posible. Con especial cautela si existe un contexto médico-legal (tráfico, solicitud de minusvalía, etc.) que pueda recomendar al trabajador la prolongación de la baja. Se utiliza el manual de tiempos estándar publicado por el INSS y que establece una duración promedio de catorce días, el tiempo requerido para descartar otras patologías.

La justificación de que la baja no se alargue se disculpa por los inconvenientes que puede acarrear una situación prolongada como una mayor consciencia del dolor, el sentimiento de aislamiento, de inutilidad, con la pérdida de la autoestima que esto conlleva, así como los problemas económicos que puede suponer una prestación menor o las dificultades que pueden plantearse cuando se suscita la reincorporación. Todo en un contexto estadístico de aumento espectacular de casos en los últimos años y casi siempre en puestos de trabajo que tienen poco o nada gratificante.

La intervención de los Equipos de Valoración se salda lógicamente después con una propuesta desestimatoria. A veces con un signo interrogatorio incluido en el propio dictamen, que genera mayor desconcierto sobre la realidad y alcance de estas enfermedades.

Adobada a veces tal actitud restrictiva con inverosímiles episodios que trascienden a tal valoración, como lo sucedido en Vigo en el año 2008, cuando, entre otros argumentos, se le reprochó a una señora que su aspecto, peinada, maquillada, con complementos, no era propio de los enfermos de este tipo de enfermedades, lo que implícitamente se utilizaba también como argumento desestimatorio.

La reclamación administrativa posterior se desestima en el 90% de los casos, de manera que queda abierta la única opción, el protagonismo de los jueces de lo social si, cada vez más, estiman la pretensión deducida. La naturaleza extraordinaria del recurso de suplicación favorece que se confirme habitualmente la sentencia de instancia.

Cuando los pronunciamientos son desestimatorios, además de la falta de gravedad suficiente, las motivaciones son las referidas y tradicionales: básicamente la falta de objetivación de este tipo de dolencias (sólo datos clínicos) la subjetividad del dolor y la semejanza de los síntomas con los que son propios de otras enfermedades.

El criterio de algunos cualificados profesionales (Doctor J. Fernández-Solá, coordinador de la Unidad de Fatiga Crónica del Clinic. Rev, Esp. Reumatol. 2004; 31: 535-7.- vol.31 núm 10) cuestionaría sin embargo, la efectividad de tales criterios en relación con el SFC. Como expone, la falta de un marcador analítico o bioquímico específico hizo pensar inicialmente que los criterios basados únicamente en datos clínicos y, por lo tanto, relativamente subjetivos, no serían útiles para el diagnóstico. Pero se trata de una postura superada si se valoran (Criterios de Fukuda) la presencia y características de la fatiga y de los demás síntomas asociados (febrícula, trastornos del sueño, del estado de ánimo, etc.). En este caso con la prevención de utilizar también las causas de exclusión que los mismos criterios establecen (enfermedades previas orgánicas o mentales que cursen con fatiga o la obesidad mórbida). Parece que la diferenciación entre las enfermedades primariamente mentales o psicosomáticas y el SFC está al alcance de cualquier facultativo con experiencia.

En definitiva, de la asimilación de esta realidad médica y social, por letrados y jueces, dependerá el éxito de las reclamaciones. También que otras enfermedades en ciernes de reconocimiento, y emparentadas con la aquí analizadas, como el síndrome químico múltiple, o la electrohipersensibilidad, no se sigan considerando todavía de manera caricaturesca, como he llegado a leer (excuso la cita por lo que puede tener de peyorativa), dolencias asimilables a la posesión demoníaca o a la licantropía.

Este artículo ha sido publicado en la "Revista de Jurisprudencia", número 1, el 5 de abril de 2012.

sábado, 18 de agosto de 2012

Nuevas enfermedades, ¿nuevas personas?


Nuevas enfermedades, ¿nuevas personas?

Las enfermedades nunca son estáticas. Los actuales diccionarios médicos incluyen nuevos términos. Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, síndrome de fatiga crónica y síndrome por desgaste —burnout syndrome— son patologías descritas en las últimas décadas.

Algunos resultados de laboratorio otrora normales ahora son anormales; hasta hace poco la cifra normal de azúcar en sangre era 110 mg/dl, ahora es menor de 100 mg/dl, mientras que la cifra anterior de colesterol adecuada oscilaba entre 220 y 240 mg/dl y ahora debe ser menor de 200 mg/dl.

En el mismo rubro, algunas enfermedades han (casi) desaparecido o se encuentran bajo control; poliomielitis, rubeola y difteria son ejemplos. Ciertas actividades contemporáneas devienen patologías; tabaquismo como antesala de cáncer de pulmón, consumo de cocaína vinculada con infartos.

Cambios ecológicos son origen de malestares; conjuntivitis secundaria a contaminación ambiental, alimentos y peces irradiados como consecuencia de desastres nucleares. Gracias a la fuerza de la sociedad han sido eliminadas conductas que antes se consideraban enfermedades; la homosexualidad y la masturbación han dejado de ser patologías. 

Finalmente, la tecnología de la comunicación, internet, celulares, ¿producirá cambios en la mente y en la forma de relacionarse de las personas en las próximas generaciones?
Al tejido previo agrego otras realidades. La esperanza de vida, sobre todo en Occidente, aumenta cada vez más. En la Grecia clásica la media era de 28 años, a principios del siglo XIX variaba entre 30 y 40, a principios del siglo XX oscilaba entre 50 y 60 años, y en la actualidad, en Occidente, la media es de 80, mientras que en África es 50 años. Este último dato agrega otro factor de sobra conocido: las enfermedades de ricos y pobres difieren.

Enfermedades como tuberculosis, paludismo, sida y problemas no resueltos como desnutrición y falta de agua potable matan a los pobres y disminuyen su esperanza de vida.
Tratarlas es barato, no tratarlas conduce a la muerte. Patologías como cáncer, accidentes de tráfico y problemas cardiovasculares son más frecuentes en poblaciones ricas. Estas enfermedades terminan con la vida lentamente y generan enormes gastos: diálisis, quimioterapias, unidades de cuidado intensivo salvan vidas a expensas de sabiduría y dinero.
La suma de las ideas previas representa un panorama distinto e interesante. Sus consecuencias sociales, económicas y políticas rebasan el ámbito médico. El dilema fundamental es complejo. Al pensar en salud, el ser humano, a pesar de ser el mismo de antaño, “es otro”: el conocimiento médico, los cambios ecológicos y las invenciones tecnológicas han modificado los conceptos de enfermedad. Las enfermedades viejas difieren de las actuales. Los enfermos de hoy enferman de patologías viejas y nuevas. Las enfermedades y los enfermos requieren adecuaciones médicas para enfrentarlas con sabiduría. Unas y otros reflejan los cambios en la sociedad. Esos cambios, positivos y negativos, provienen del conocimiento, de la tecnología y de las modificaciones del entorno ecológico.

Las enfermedades siempre han sido un magnífico retrato de la condición humana. Amplifican lo que sucede en cualquier sociedad. La de los ricos y sus preocupaciones. La de los pobres y sus realidades. El inmenso y admirable progreso de las ciencias médicas confronta con éxito muchas patologías; cáncer, diabetes, trasplantes de órganos son ejemplos. La medicina confronta con dificultad algunas condiciones como el síndrome de fatiga crónica, y es la responsable del mal uso y el exceso de medicación de otras, como los síndromes por déficit de atención. Por razones políticas, racistas y económicas la medicina no lidia con eficacia con las enfermedades de la pobreza.

Las lecciones son muchas, las deudas más. Las enfermedades nunca son estáticas. Cambian y nos cambian. Mientras unas se controlan gracias a medicamentos, como es el caso de la hipertensión arterial, o se curan por medio de cirugía como el cáncer de colon, otras, como la obesidad y sus consecuencias, o los accidentes cerebrovasculares, exigen otro enfoque. Las enfermedades no cejan. Unas van, otras vienen. Muchas, como el cáncer, emergen dentro del cuerpo. Otras, como el síndrome de desgaste, provienen del exterior. Algunas, como la desnutrición, son consecuencia de la pobreza, otras, como el alcoholismo (en Rusia, en algunas ciudades, la expectativa de vida de los hombres es 55 años) reflejan la vida de la comunidad. Otras, como la epidemia de problemas de déficit de atención en los niños, provienen de la intromisión de las farmacéuticas en la vida de las personas.

El modelo médico contemporáneo debe confrontar ese mosaico. Para hacerlo debe modificar sus prioridades. Abarcar las cuestiones sociales, dimensionar los problemas derivados de la tecnología y refundar el diálogo entre médicos y pacientes son factores esenciales para comprender el movimiento de las enfermedades.

SQM, la Enfermedad del Futuro


El SQM (Síndrome de Sensibilidad Química Múltiple) o SSM (Síndrome de Sensibilidad Múltiple) es una patología de causa desconocida que existe desde los años 50 y que es controvertida por el hecho de no haber sido reconocida como tal por la Organización Mundial de la Salud (OMS), ya que su evolución es demasiado precoz y aún no ha habido consenso científico suficiente para este transtorno entre los diferentes comités de investigación internacionales.

Además de ésto, se añade el hecho que hay muchos intereses, ya que reconocerla como enfermedad atentaría contra el estilo de vida predominante, dificil de cambiar. Además, la sociedad tiende a priorizar del abaratamiento de costes económicos, aunque éstos no sean sostenibles.

Por ejemplo, el hecho de ir en coche cada día y quemar combustible, el cultivo en la agricultura usando pesticidas o el uso de productos químicos más baratos que los naturales en la composición de cosméticos, productos de higiene y limpieza del hogar.

Y justamente el SQM consiste en la intolerancia estos agentes químicos tan comunes en la actualidad, como son medicamentos, tintes para el pelo, la contaminación atmosférica, insecticidas, ambientadores, radiaciones electromagnéticas, cosméticos, disolventes, pinturas, pesticidas, colonias y productos de limpieza, entre otros, aunque cabe aclarar que el SQM o SSM no sería una alergia.


Uno de los datos más preocupantes de esta patología es que el número de afectados aumenta año tras año y afecta a 8 mujeres por cada hombre, ya que los estrógenos potencian la sensibilización.

Si comparamos nuestro hogar con el de nuestros abuelos, podemos considerar que la mayoría de las casas estan convertidas en auténticos laboratorios químicos.

El SQM es un síndrome con 4 grados de severidad, los cuáles distinguen diferentes niveles de incapacitación y aislamiento. Además puede producirse de dos maneras, a través de una sola exposición a un tóxico a alta dosis o por diversas exposiciones a dosis bajas repetidas a lo largo de los años. En este segundo grupo existe un número de personas con Fibromialgia y/o Síndrome de Fatiga Crónica que al cabo de los años desencadenan en SQM.

Según el doctor Joaquim Fernández-Solà, médico consultor de Medicina Interna del Hospital Clínic de Barcelona en una entrevista hecha a La Vanguardia el 8 de abril del 2011, recomienda utilizar cosméticos de línea natural, así como derivados del aloe vera. Usar bolas ecológicas para las lavadoras, en lugar de detergentes aromatizantes y llevar una dieta evitando las sustancias que tienen más aditivos colorantes.

A estas recomendaciones podríamos añadir que nos aseguremos que los cosméticos y productos de higiene tengan certificación ecológica, además de seguir una alimentación a través de productos biológicos.

Por último, con el uso del sistema de aspiración Hyla GST se puede mejorar la calidad de vida de las personas afectadas con esta patología, debido a que mantiene el aire del hogar puro y limpio de tóxicos.