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on
13
enero, 2012
Tiempo
atrás ya publicamos sobre investigaciones que se están llevando a
cabo acerca de cómo eliminar la radiactividad mediante el uso de
bacterias. Los sabios y valientes monjes budistas también saben como
reducir los elementos radiactivos del suelo mediante la utilización
de la naturaleza, en este caso, girasoles.
DESPERTARES
Épica
y colorida hazaña es la que han concretado los monjes budistas del
templo Goenji, ubicado cerca de Fukushima: plantar
más de 8 millones de girasoles para absorber la contaminación
nuclear en la tierras de cultivo.
En
una acción que, vista desde cualquier perspectiva, resulta
ciertamente inspiradora, un grupo de monjes budistas que residen en
el templo
de Goenji,
ubicado en las proximidades de Fukushima, en Japón, región
devastada por uno de los peores accidentes nucleares de la historia,
se coordinó para llevar a cabo una labor ejemplar. Encabezados por
Koyu
Abe,
líder del templo, los monjes se han dedicado a sembrar millones de
girasoles, una planta que es famosa por su capacidad de absorber
materiales del suelo, incluidos los radioactivos.
Hace
unos días reportamos el caso de un conductor japonés de televisión… con
la intención de comprobar que estos no están contaminados. Sin
embargo, a los pocos días de su temeraria demostración, el
conductor contrajo leucemia. Luego del accidente registrado en la
planta nuclear de Fukushima, tras el embiste del terremoto, la
radiación liberada permeó, a pesar de los esfuerzos, los suelos de
una extensa región agrícola. Alimentos como verduras, leche, carne,
pescado, agua, te y el arroz, esté ultimo pilar de la canasta básica
en Japón y muchos otros países, debieron ser desechados tras
registrar niveles excesivos de contaminación, al contener cesio.
“las
raíces son las que actúan como mecanismo estabilizador. Realizan
filtración, lo que significa que van a absorber y van a dejar cerca
ellas tanto metales pesados como restos de uranio. Esto está siendo
estudiado para saber cómo quedan estos elementos, pero lo que sí se
sabe es que la planta es tolerante a altas cantidades de metales
pesados y de uranio y también las ingresa en su metabolismo, por lo
tanto, no pasan a las capas superficiales de agua y tampoco se
trasladan en el terreno o el suelo”
afirma
la especialista argentina en bioquímica, Adalgisa
Scotti,
quien estudia este tema en el Centro Internacional de Estudios de la
Tierra.
La
científica precisó que aún no se sabe qué hacen las plantas
para“desentenderse
de la radiación”,
pero adelantó que, en la actualidad, se está trabajando “en la
asociación del uranio con un hongo que lo que hace es aumentar la
superficie de raíces, por lo tanto, tendríamos un porcentaje de
captación mayor con una simbiosis entre el girasol y este hongo, que
con el girasol solo. En esa etapa estamos ahora, en aumentar la
captación que tienen esas raíces que actuarían como una
aspiradora: Absorbe, retiene y lo deja ahí”.
La
función orgánica de absorción y control que desempeñan los
girasoles no es exclusiva de su especie y en el ámbito de las tareas
naturales tiene un nombre específico: Bioremediación.
“La
bioremediación en términos más amplios abarca a cualquier sistema
biológico que se utilice para descontaminar cualquier área. Puede
ser que estemos hablando del aire, de una planta, de una enzima, un
alga, es decir, cualquier sistema biológico que se utilice para
descontaminar el medio ambiente se llama bioremediación”,
afirmó la bioquímica.
Los
aztecas
mexicanos
consideraron al girasol una flor sagrada y la bautizaron Alcahual
que
significa maravilla. Luego, los conquistadores europeos justamente
maravillados por ella transportaron sus semillas al viejo mundo y la
plantaron a partir del siglo XVI. De ahí en más, esta flor
omnipresente no ha terminado de incentivar y provocar las más
diversas búsquedas. La encontramos fulgurante en la película “Los
girasoles de Rusia”, como símbolo político del Partido Verde de
España y en al menos cinco cuadros de Van Gogh. Hoy, como empieza a
explicarse, se le ha encomendado también la noble misión de aliviar
a los suelos de los residuos radioactivos.
Y
que mejor manera de contribuir al combate del catastrófico escenario
que sembrar millones de flores, las cuales no solo ayudan a depurar
las tierras afectadas, sino que, al menos en un plano simbólico,
irradian esperanza a una población desmoralizada.
Enviado
por Lili
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