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miércoles, 23 de mayo de 2018

Carme Valls: "Un gran error de la medicina es decirle a la mujer lo que tiene que hacer"

DESIGUALDAD MÉDICA DE GÉNERO

 La experta endocrinóloga alerta en su nuevo libro de la escasa investigación en medicina femenina y defiende una sanidad que atienda las diferencias de género en materias de salud
La autora de 'Medio Ambiente y Salud' durante una entrevista.

La debilidad no es un rasgo que define a la mujer, como recogía aquella terrible acepción de la RAE, sino del sistema científico al no intentar estudiar a fondo las diferencias hormonales y fisiológicas entre hombres y mujeres. En el apartado médico, la brecha entre ambos sexos sigue siendo enorme y es reticente a desaparecer. Así lo asegura la experta en endocrinología, Carme Valls Llobet, autora del libro 'Medio Ambiente y Salud. Mujeres y hombres en un mundo de nuevos riesgos', donde aborda esta problemática y ofrece tácticas para escapar de los elementos tóxicos presentes en la vida cotidiana que afectan gravemente a la salud, pero siempre desde una perspectiva de género,ya que como ella advierte numerosas veces, “la mujer es más vulnerable a los químicos".

“Uno de los mayores errores de la medicina es decirle a la mujer lo que tiene que hacer”, sentencia Valls. No es para menos. Un dato más que llamativo es que la mayoría de los estudios científicos hasta la década de los 90 no las incluían a ellas ni tampoco se valoraba si sus resultados afectaban de forma diferente a hombres que a mujeres. El principal problema de esta desigualdad radica en que la ciencia médica ha extrapolado los remedios farmacéuticos destinados al género masculino al femenino, con las graves consecuencias que eso conlleva, como la sobremedicación de los cuerpos de las mujeres, expuestos a dosis excesivas, los peligrosos efectos que tienen las partículas tóxicas suspendidas en el aire por la contaminación, así como las alteraciones en el sistema endocrino por causa de los químicos que contienen los alimentos.
Los anticonceptivos se recetan de forma sistemática y no sirven para regular el ciclo 
PREGUNTA. ¿Qué cuestiones medicas sobre los cuerpos de las mujeres todavía carecen de investigación?  

R. Especialmente, no se han tenido en cuenta las evoluciones de las enfermedades, prevalencias o incidencias. Hay muchas enfermedades que son más prevalentes en los cuerpos de las mujeres que en los hombres. No se ha investigado bien si tenemos los mismos síntomas, si la evolución es la misma y si los tratamientos son igual de adecuados. Se ha extrapolado que lo que va bien para un hombre va bien para una mujer, pero eso no es cierto porque incluso en el metabolismo hepático las enzimas que degradan los medicamentos lo hacen de forma diferente en mujeres y hombres. El problema está en que no existe una ciencia que estudie la diferencia en las facultades de las ciencias de la salud.

P. ¿Cree que existe un grave desconocimiento sobre la menstruación y como esta, así como el resto del ciclo, afectan a los cuerpos y vidas de las mujeres?

R. La información y el conocimiento están, el problema es que se ha considerado un tema menor y poco importante. Mejor disimularla con anticonceptivos que ponernos a estudiar a fondo cómo podríamos regularla de una forma mejor y más clara. Por tanto, falta una buena docencia del manejo del ciclo menstrual que la puedan hacer los médicos de atención primaria, ya que hasta que no tienes un problema muy complejo de la menstruación no se pone especial énfasis en el caso. Hay mucha información, quizás demasiada, lo que pasa es que falta que se haya transformado en docencia médica y práctica asistencial.
Los efectos de la menstruación, como la anemia, se han minimizado y excluido de la comunidad médica
P. ¿Qué efectos depara que la menstruación tenga connotaciones tan negativas de cara a la sociedad como algo que hay que tapar/disimular?

R. La menstruación ha sido tabú desde tiempos antiguos, cuando algunos pueblos primitivos expulsaban a las mujeres fuera de la comunidad cuando tenían la regla y no podían volver hasta que esta acababa. Era como una mancha. Como una exclusión, en aquellos días muchas mujeres incluso no podían tocar alimentos, salsas ni vinos porque decían que se estropeaban, y en el fondo era una forma implícita de humillar a la mujer en una cosa tan fisiológica y real como es el ciclo menstrual, aquel que permite que en algún momento puedan albergar vida. En definitiva, se las excluía de la vida cotidiana. En el apartado de la docencia médica se ha hablado muy poco de la menstruación y se la ha relacionado poco con posibles alteraciones que la mujer pueda tener. Se han minimizado sus efectos secundarios cuando la anemia es consecuencia de una menstruación que pierde más de 80 centímetros cúbicos en el mes. Se minimiza y se excluye a la vez, y es algo que continúa pasando.

P. Marta Parra y Angela Müller son dos arquitectas visionarias que han diseñado paritorios alternativos a los tradicionales con bañeras y muebles personalizados para que las embarazadas se sientan más cómodas. ¿Qué le parecen este tipo de iniciativas y de la visión médica que existe en torno al parto visto como una operación quirúrgica al uso?

R. En los últimos años se ha extendido la necesidad y posibilidad de que no se utilicen estas prácticas tan agresivas propias de una operación quirúrgica. En principio, todo lo que sea humanizar el parto y que no se convierta en un mero acto médico quirúrgico es bueno. Hay una asociación de mujeres españolas llamado El Parto Es Nuestro que tratan de humanizarlo y de que exista un ambiente cálido y afectuoso. El respeto que piden va más allá del trato cariñoso y educado del quirófano. También implica respeto a sus cuerpos, a los recién nacidos y a la fisiología propia del parto.
Muchas intervenciones en el cuerpo de la mujer rayan lo violento. El parto debe humanizarse
P. Se ha hablado de que puede que la mejor postura para dar a luz no sea tumbada boca arriba en una camilla sino que es posible que sea mejor hacerlo en cuclillas, o incluso, bajo el agua ¿que opina sobre esto?

R. Me parece adecuado que podamos utilizar otros métodos. Tampoco obligaría a las mujeres a hacerlo así; quiero decir, uno de los problemas genéricos en la medicina femenina es decirle siempre lo que tiene que hacer. La forma natural de parir mejor es en cuclillas que no estirada, boca arriba y con las piernas separadas. Por tanto, cuando se sigue la forma natural, las mujeres paren en casa o prefieren un parto más humanizado en el hospital dando pie a otras técnicas que no sean del tipo agresivas que antes se utilizaban. Me parece un gran avance.

P. He escuchado el testimonio de mujeres afectadas por infecciones urinarias poscoitales recurrentes que son tratadas sistemáticamente con antibióticos. Además, acuden al médico y reciben la consabida frase de "no se puede hacer nada" como respuesta. ¿Cree que es consecuencia de la falta de investigación?

R. Es complejo lo que preguntas. Ahora se han comenzado a crear asociaciones para luchar contra esta violencia, porque se ha demostrado que hay muchas intervenciones en el cuerpo de las mujeres que ya rayan lo violento. En el tema infecciones, hay que investigar más porque es muy fácil decir: “Esto viene de aquí”, pero no se atiende a cómo está de defensas o qué relación tiene con su sistema hormonal… La respuesta rápida para esta pregunta compleja es que sí, sin duda alguna, falta más investigación.
No habrá una píldora anticonceptiva masculina, y si la pudiera haber, nadie estaría por la labor de sacarla adelante
P. ¿Las mujeres están sobremedicadas porque las dosis de los medicamentos están pensadas para los cuerpos masculinos?

R. Definitivamente sí, porque el hígado de la mujer metaboliza de forma diferente los medicamentos. Muchas veces no se necesita la misma dosis. Con solo la mitad de una dosis normal haríamos el mismo efecto. En cambio, a la mujer se le aplican más dosis, lo que provoca que esté sobremedicada. Habría que tener en cuenta estas diferencias para tratarlas adecuadamente.

P. ¿Cree que las sustancias tóxicas localizadas en los alimentos, en especial la comida basura, afectan muchísimo más a las mujeres que a los hombres?

R. Sí, sobre todo los insecticidas solubles en grasas. Dado que el cuerpo de la mujer contiene un 15% más de materia grasa que el hombre, no porque reporte más casos de obesidad, sino porque tiene que fabricar leche en el momento de parir y alimentar al recién nacido. Ese 15% de materia grasa hace que las sustancias que se disuelven aguanten más tiempo en el cuerpo de la mujer, por lo que es más vulnerable a los tóxicos ambientales.

Además, estos productos ambientales, llamados disruptores endocrinos, alteran el equilibrio hormonal; y el cuerpo de la mujer es muy hormonal, ya que posee ciclo menstrual. Este ciclo, si se le altera, afecta de forma significativa: o bien tiene mucha menstruación, o tiene poca o muchas más alteraciones en el útero o en la mama, consecuencia de la exposición ambiental a tóxicos que no estaban anteriormente en la historia de la humanidad. Empezamos a colocar insecticidas en los alimentos desde 1945. Estas sustancias tóxicas pertenecen a una clase de productos que pueden alterar la función endocrina y hormonal de los cuerpos, sobre todo de las mujeres, ya que los hombres no tienen ciclo.
La pastilla anticonceptiva no regula el ciclo, solo provoca una menstruación que no es real, ya que es una hemorragia de deprivación
P. ¿Para cuándo se extenderá y generalizará el uso de la pastilla anticonceptiva masculina? ¿Por qué hay tanto retraso?

R. Creo que no se aplicará nunca. Es algo totalmente injusto para las mujeres. La mayoría de laboratorios que lo estaban investigando lo han abandonado. ¿Por qué? Primero, porque aunque cualquier intervención para eliminar el número de espermatozoides afecta a las hormonas igualmente que a la mujer, se tiene entendido que los anticonceptivos regulan el ciclo, y es mentira. No regulan nada, provocan una hemorragia de deprivación, quiero decir, que no tienes una menstruación real. Por tanto, lo único que sucede es que alteras las propias hormonas. La mujer lo aceptó al principio para poder decidir los embarazos pero luego se descubrió que afecta a sus propias hormonas. Estoy segura que no habrá una píldora masculina, y si la pudiera haber, nadie estaría por la labor.

P. Las mujeres han estado más expuestas que los hombres a las sustancias tóxicas de los químicos debido a que tradicionalmente se han ocupado de las tareas de limpieza tanto en el trabajo como en casa, así como a los cuidados de los hijos. ¿Cree que esta situación ha comenzado a cambiar y los hombres están más integrados en este tipo de empleos y funciones dentro del seno familiar?

R. Yo diría que ha empezado a cambiar, pero solo entre la franja de jóvenes de los 25 a los 40 años. Todavía hay una resistencia en los más mayores que han sido educados también por madres que no les han dejado realizar ninguna tarea doméstica, por lo que se perpetúan los roles, pero es algo que está empezando a cambiar entre la juventud. Yo creo que sí, no con la rapidez que me gustaría, pero al menos la situación se ha revertido. 
El rol de mujer de la limpieza se ha perpetuado en hijos mayores a los que sus madres no dejaron realizar ninguna tarea doméstica
P. ¿Cómo ve alguien como usted, que ha dedicado años de estudio a las desigualdades de género, esta reciente explosión feminista en la que el problema por fin se ha visibilizado mediáticamente y ha comenzado a salir a las calles?

R. Con una alegría inmensa. Estoy muy contenta de que tantas mujeres hayan decidido no callarse ante las agresiones, sean del tipo que sean, y que todo esto que se mantenía en el más puro silencio se haya podido empezar a hablar. Ha sido un éxito que muchas mujeres sometidas a maltrato físico o psicológico ahora se atrevan a denunciar. Es cierto que todavía hay una gran cantidad de mujeres que siguen muriendo a manos de sus parejas, pero al menos el problema se ha visibilizado y generalizado. El valor de la causa está en ser capaces de decir: “A mí también me ha pasado y no tiene por qué volverme a pasar jamás”. Gracias a esto, las jóvenes se van a sentir menos obligadas a seguir perpetuando estos roles tan dañinos. Es algo que viene de muy atrás, hace 15 años que empezamos a hablar de poder hacer una huelga el 8 de marzo y este año es la primera vez que se ha conseguido a nivel nacional. España ha sido todo un ejemplo por sus índices de seguimiento y se ha extendido al mundo entero. El movimiento se ha contagiado a todos los países, que ya empiezan a reivindicar esta igualdad de derechos, pero a su vez, para que también sean vistas sus diferencias.
La debilidad no es propia de la mujer, sino del sistema científico, el cual no ha estudiado a fondo las diferencias
P. Hasta hace poco una de las acepciones de “mujer” en la RAE era “sexo débil”. Algunos estudios sociológicos sostienen que el dolor en otros momentos de la historia o sociedades no tenía las connotaciones que tiene ahora. Precisamente porque en nuestra sociedad el dolor inhibe la continuidad de la producción, de ahí que se intente paliar y reducirlo a toda costa para que pueda seguir produciendo y se receten analgésicos de forma sistemática. ¿Ve esta relación?

R. No sé si la debilidad se atribuye solo al dolor. Lo del “sexo débil” lo matizo con una pregunta: “¿Qué sexo vive más años?” Para una especie como la nuestra que tiene como único valor la vida, ¿cuál de ambos géneros vive más tiempo? Efectivamente, la mujer, con 8 o 10 años más que los hombres. Por lo tanto, como especie, no somos el sexo débil. Por otro lado, el dolor es un tema muy importante, pero yo lo separaría del concepto de “debilidad”. La mujer tiene más enfermedades crónicas dolorosas que el hombre. Esto es debido a que dispone de más defensas contra las infecciones y esto hace que tenga más tendencia a desarrollar enfermedades autoinmunes, aquellas que producen dolor y cansancio. Son precisamente este tipo de enfermedades las menos estudiadas por la medicina. La debilidad no es de ellas, es del sistema científico, que no ha estudiado a fondo estas diferencias.

P. Ante todo el aluvión de contenidos sobre sanidad en los medios y la sobreexposición de enfermedades como el cáncer, ¿cree que vivimos en una especie de estado de emergencia sociosanitario que ralentiza cualquier intención real de cambio en favor de un miedo que paraliza y que solo atiende a la impresión o la emoción?

R. Creo que los titulares sensacionalistas no ayudan a crear una mejor conciencia de los riesgos. La obesidad, la diabetes, la sensibilidad química múltiple, la fatiga, la fibriomialgia… son consecuencias de exposiciones laborales a tóxicos ambientales. Por tanto, los medios no deberían incurrir al sensacionalismo en enfermedades mortales, sino en aquellas que tengan que ver con la calidad de vida que podemos perder si no tomamos las medidas necesarias para prevenir estas exposiciones a agua, aire y alimentos. Es el momento de conocer los riesgos para poder prevenir, no para asustarnos o bloquearnos. No debemos obsesionarnos con un solo riesgo, mucha gente cree que solo con vigilar la alimentación estás llevando una vida sana; lo que respiras también es parte del problema. Entonces, si tú llevas a cabo una alimentación sobresaliente pero luego sales a la calle y estás en contacto con los hidrocarburos de los coches... Yo utilizo una frase de María Neira, representante asturiana de la OMS en materia de Salud y Medio Ambiente: “Esto puede parecer el Apocalipsis. Vamos a intentar que toda la información de la que disponemos sea una oportunidad para el cambio”.

sábado, 13 de mayo de 2017

Identifican un mecanismo causante de varias enfermedades autoinmunes

De izquierda a derecha: Kira Rubtsova, Philippa Marracky Anatoly Rubtsov. 
(Foto: National Jewish Health)  
Unos investigadores han identificado un agente desencadenante para enfermedades autoinmunes como el lupus, la enfermedad de Crohn y la esclerosis múltiple. El hallazgo ayuda a explicar por qué las mujeres sufren enfermedades autoinmunes de forma más frecuente que los hombres, y sugiere una diana terapéutica sobre la que actuar para prevenirlas en humanos.

Las enfermedades autoinmunes suceden cuando el sistema inmunitario ataca y destruye órganos y tejidos del propio cuerpo, al confundirlos con invasores que hay que erradicar. Docenas de enfermedades autoinmunes afligen a millones de personas en el mundo. Varias de ellas, incluyendo el lupus, la artritis reumatoide y la esclerosis múltiple, aparecen en las mujeres de 2 a 10 veces más frecuentemente que en los hombres. En general, alrededor del 80 por ciento de los pacientes de este tipo de enfermedades son mujeres.

Las células B desempeñan un papel importante en las enfermedades autoinmunes. Tiempo atrás, se identificó un subgrupo de células B que se acumulan en estos pacientes, y en hembras viejas de ratón examinadas en esas investigaciones. Análisis posteriores mostraron que el factor de transcripción T-bet desempeña un papel crucial en la aparición de esas células, denominadas ABCs (Age-associated B cells, o células B asociadas a la edad).

Los factores de transcripción se unen al ADN dentro de las células y dirigen la expresión de uno o varios genes. Los investigadores creen que el T-bet aparece dentro de las células cuando cierta combinación de receptores son estimulados sobre las superficies de células B.

A través de técnicas genéticas y de crianza, el equipo de Kira Rubtsova, Philippa Marrack y Anatoly Rubtsov, del hospital NJH (National Jewish Health) en Estados Unidos, eliminó en unos ratones propensos a la autoinmunidad la capacidad de expresar el T-bet dentro de sus células B. Como resultado de ello, las ABCs no aparecieron y los ratones permanecieron sanos. Aparecieron daños en los riñones en el 80 por ciento de los ratones con T-bet en las células B, y solo en el 20 por ciento de aquellos deficientes en este factor de transcripción. El 75 por ciento de los ratones con T-bet en sus células B murieron antes de transcurridos 12 meses, mientras que el 90 por ciento de los que eran deficientes en él sobrevivieron durante este periodo de seguimiento.

Los resultados de la investigación muestran por primera vez que las ABCs no solo están asociadas con las enfermedades autoinmunes, sino que en realidad son capaces de dirigirlas, tal como subraya Rubtsova.

lunes, 13 de marzo de 2017

Médicos que piden frenar las prácticas corruptas de la industria farmacéutica

Por Miguel Jara 8 de marzo de 2016

Un grupo de reputados médicos, farmacéuticos y divulgadores científicos han difundido un manifiesto para pedir a los políticos que hagan algo para frenar las prácticas “oscuras” de Big Pharma, las grandes farmacéuticas. Se amplía así el abanico de profesionales de las ciencias de la vida que advierten en público sobre la corrupción de la industria farmacéutica y su impacto en la salud de la población.

En esta ocasión se trata del cardiólogo Aseem Malhotra; Richard Thompson, expresidente del Real Colegio de Médicos de Gran Bretaña y médico personal de la reina durante 21 años; John Ashton, presidente del Faculty of Public Health; el psiquiatra J.S. Bamrah, presidente de la Asociación Británica de Médicos de Origen Indio y director médico del Manchester Academic Science Centre; la cardióloga Rita Redberg, editora de la prestigiosa revista médica JAMA Internal Medicine; y el profesor James McCormack, reputado farmacéutico y divulgador científico.

Estos profesionales aseguran que hay demasiados fármacos inútiles y, en muchas ocasiones peligrosos. Que la industria farmacéutica engaña a médicos y población enferma. Que el NHS, el sistema sanitario público británico, no hace nada para evitarlo. Y que hay que hacer una investigación pública completa sobre cómo se asegura la eficacia de los medicamentos por la citada sospecha de que algunos tratamientos actuales sean mucho menos efectivos de lo que pensábamos.

En definitiva, lo que llevamos años denunciando en estas páginas. Del manifiesto se desprende que el derecho a la información de la ciudadanía en temas relacionados con su salud es vejado de manera sistemática por las industrias. Existe una “epidemia de médicos y pacientes desinformados”.

El sobrediagnóstico y la sobremedicación, principales males de los sistemas sanitarios ocicdentales, está conduciendo a una epdiemia soterrada de muertes y graves daños provocados por medicamentos.

Lo que estos especialistas influyentes indican ahora es lo que el médico danés Peter C. Gøtzsche, a quien tuve la suerte de conocer en Madrid con motivo de la presentación de su libro Medicamentos que matan y crimen organizado. Cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud, explica y documenta en ese trabajo.

Gotzsche ha trabajado en la industria farmacéutica y después se ha convertido en uno de los adalides de la llamada Medicina Basada en la Evidencia (MBE), que ha degenerado en el marketing de Big Pharma para vender medicamentos ineficaces y mortales -como asintió cuando le hice esta observación-.

Según el danés, hoy en los países desarrollados -qué paradoja- el consumo de medicamentos con receta es la tercera causa de muerte tras las enfermedades del corazón y el cáncer. Sólo en USA mueren cada año 200.000 personas por los daños de los fármacos.

Gotzsche es quizá el autor que ha usado el apelativo más duro con la industria pues lo de “crimen organizado” va porque considera que en muchas ocasiones las actividades de laboratorios y lobbies son como las de la mafia y dedica buena parte de su libro a explicarlo.

No es ni mucho menos el único médico que ha publicado en esos términos. La psiquiatra y profesora de Psiquiatría del University College de Londres, Joanna Moncrieff, ofrece en castellano su trabajo Hablando claro: Una introducción a los psicofármacos.

En él cuestiona las enfermedades mentales “inventadas”, la eficacia y seguridad de los medicamentos para la psique y el modelo actual centrado en la enfermedad mental que carece, indica, de evidencias científicas.

Crítico con la psiquiatría hegemónica hoy es Allen Frances. ¿Somos todos ya enfermos mentales?, se pregunta en un libro con dicho título y advierte de las graves consecuencias de la progresiva medicalización de la normalidad.

Frances, que fue uno de los consultores del DSM, la llamada “biblia de la psiquiatría” por ser un manual de descripción de los trastornos mentales, recopila los excesos del diagnóstico psiquiátrico y los desafíos asociados con una vida “normal” considerados hoy “trastornos mentales” que requieren tratamiento médico.

El ámbito psiquiátrico está en crisis de identidad y otro autor destacado que aporta libro al debate es el periodista científico Robert Whitaker. En su Anatomía de una epidemia, retrata los medicamentos psiquiátricos, “el asombroso aumento de las enfermedades mentales” y la influencia de la industria farmacéutica en los sistemas de salud y en nuestras vidas.

Citaré por último en esta lista no exhaustiva de críticos de las irregularidades de las Big Pharma en el mundo anglosajón en los últimos años a Ben Goldacre, psiquiatra y colaborador habitual en grandes medios de comunicación.

En su libro Mala farma explica cómo las compañías farmacéuticas engañan a los médicos y perjudican a los pacientes. Mala farma desvela todas las malas prácticas relacionadas con la industria farmacéutica en especial relacionadas con los ensayos clínicos, en los que se basa, no lo olvidemos el marketing de los medicamentos.

Y escribo de nuevo marketing porque queda claro tras leerlo que es lo que es; poca Ciencia y mucha estrategia de venta.

Cada vez es más habitual escuchar a prestigiosos médicos y divulgadores científicos criticar a las farmacéuticas, las administraciones sanitarias y muchos de sus colegas por sobremedicar peligrosamente a la población.

Acusan sin tapujos a ese cartel de medicamentos de causar más muertes que los cárteles de las drogas ilegales. Pero su crítica sólo llega con cuentagotas a la arena política. Algo que, parece, está empezando también a cambiar. Al menos en Reino Unido.

Por las páginas del manifiesto de los médicos británicos críticos se suceden como ejmeplos pelotazos medicamentosos como las estatinas para el colesterol o el del Tamiflu.

El cardiólogo Malhotra es muy contundente en la conclusión de su manifiesto:
"El sistema está roto y no se va a arreglar poniendo más dinero. La codicia corporativa y el sistemático fracaso político ha dejado al sistema de salud de rodillas. Sin transparencia total ningún médico puede proveer lo que hemos prometido en la escuela médica y a lo que nos dedicamos en cuerpo y alma:
dar el mejor cuidado a nuestros pacientes.
Por el bien de nuestra salud y la sostenibilidad del sistema ha llegado la hora de emprender una verdadera acción colectiva frente a la cultura de la sobremedicación
La ciencia médica ha dado un giro hacia la oscuridad. Y la luz del sol será su único desinfectante”.

martes, 7 de marzo de 2017

Nuevos datos sobre cómo la industria farmacéutica paga a las asociaciones de pacientes

Por Miguel Jara 7 de marzo de 2017

Las industrias sanitarias intentan controlar toda la cadena comercial de sus productos. Eso incluye a las asociaciones de enfermos (o de pacientes) de las patologías clave en su estrategia comercial. Ahora conocemos más datos de un fenómeno que pasa algo desapercibido al haberse puesto más el foco en los sobornos a los médicos y doctoras.

El pasado mes de febrero se cumplieron diez años desde que publiqué mi primer libro, Traficantes de salud: Cómo nos venden medicamentos peligrosos y juegan con la enfermedad (Icaria, 2007). En él, parto del problema de los daños provocados por medicamentos y hago una radiografía completa de lo que rodea a la industria farmacéutica y la corrupción sanitaria.

Uno de los problemas que hay citaba entonces y que amplié dos años más tarde en otro libro, La salud que viene, es el de la cooptación de las asociaciones de enfermos (pacientes les llaman, aunque cuando uno está enfermo suele estar impaciente por curarse) por las industrias sanitarias.

Hoy leo que un estudio refleja que el 83% de las asociaciones de pacientes de alguna enfermedad en Estados Unidos (EE.UU.) reciben contribuciones económicas de las compañías farmacéuticas.

El artículo se ha publicado en el New England Journal of Medicine y se han analizado 104 de las mayores asociaciones de enfermos del país. Sólo una de esas organizaciones que en teoría no tienen ánimo de lucro (lo que no quiere decir que no puedan obtener fondos para hacer cosas, claro) declaró explícitamente que no aceptaba dinero de la industria.

Los investigadores resaltan que en un tercio de las juntas de las asociaciones encontraron ejecutivos o ex de farmacéuticas.

Todo esto es un claro conflicto de interés pues enfermos e industrias tienen intereses antagónicos que en la práctica se disuelven por efecto del dinero. Los laboratorios quieren dar a conocer sus medicamentos y qué mejor que una asociación de enfermos de una patología a la que va destinada tu fármaco para promoverlo.

Esas asociaciones “de la industria” son útiles para hacer presión a los políticos y que den vía libre con rapidez a un nuevo tratamiento en investigación. También para intentar que las administraciones paguen lo que piden los laboratorios por un fármaco de reciente introducción en el mercado.

¿Por qué creéis que Gilead subvenciona a numerosas asociaciones de enfermos de hepatitis, tal vez para vender bien caro su medicamento Sovaldi (entre otros)?

Pagar asociaciones y a auténticas federaciones de ellas es útil para que se comprometan a difundir una “nueva” enfermedad clave para la estrategia comercial del laboratorio o farmacéuticas de un ramo.

En el ámbito sanitario no sólo prescriben los médicos, también lo hacen con sus buenas intenciones y recomendaciones las asociaciones de pacientes.

Mirad quiénes financian la Federación Española de Asociaciones de Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (FEAADAH). Como podéis ver en la barra lateral de la página, un poco más abajo:
El portal de Feaadah es posible gracias a la colaboración de las siguientes entidades: Lilly, Janssen, Rubió”.

Esos laboratorios son fabricantes de algunos fármaco citados. Shire, además de patrocinar a la FEAADAH ofrece “servicios para personal sanitario” en la web del programa Pandah.

También están en el comité asesor y en el científico de ese proyecto destinado a hacer lobby. Si queréis saber quién está detrás del proyecto corporativo leed Pandah y el nuevo medicamento para la “infancia TDAH.

Las organizaciones de enfermos pues son otro brazo del marketing de las farmacéuticas, como contaba en Traficantes de salud, el principal junto con los médicos, que no son los únicos en cobrar por hacer marketing de tratamientos.

Lo de los médicos que deciden cobrar de las industrias (que no son todos, claro, sólo faltaría) ya lo conocéis, está muy extendido. En los últimos tiempos se han convertido en tendencia las fuertes sanciones a grandes laboratorios farmacéuticos por sobornar a los profesionales sanitarios. Pfizer despidió a 30 altos cargos en España por “prácticas poco éticas”. También se confirmó otra multa millonaria a la farmacéutica Novartis en Estados Unidos (EE.UU.), por el pago de sobornos.

De hecho, el principal lobby de los laboratorios farmacéuticos en España, Farmaindustria, ha obligado a las compañías a publicar lo que pagan a cada galeno. Así de escandalosa es la situación.

Con los enfermos pues igual, todo lo que pueda dar dinero recibe dinero, son inversiones vaya. Una encuesta publicada en enero en la revista médica JAMA descubrió que el 67 por ciento de las asociaciones de pacientes admitió donaciones de la industria.

Respecto a las cifras, lo que publica Redacción médica es que el último estudio va todavía más allá al centrarse en las asociaciones más importantes, y señala que recibieron, al menos, más de siete millones de euros al año, una financiación considerable. Aproximadamente una quinta parte de los grupos de defensa de los pacientes estudiados aceptaron al menos un millón de dólares de los laboratorios.

Juan, padre, con su hijo Juan Francisco.  
Así se entiende que laboratorios como AstraZeneca promueva, ¡junto a Sanidad! escuelas de pacientes para “empoderarlos”.

Me da la risa porque sé cómo trata esa empresa a la familia de Juan Santos Sierra, enfermo de lupus que murió en un ensayo clínico de un medicamento del citado laboratorio. Las asociaciones de pacientes de lupus no han apoyado mucho que se diga a esta familia, por algo será…

Y es que suele ocurrir que los pacientes a la industria le interesan calladitos y centraditos en su enfermedad.

De hecho, ningún laboratorio financia a las asociaciones de dañados por tratamientos, que se lo pregunten a los afectados por la talidomida, por el medicamento Agreal, por el método anticonceptivo Essure, por la vacuna del papiloma y a un largo etcétera.

martes, 1 de marzo de 2016

5 grandes médicos británicos, contra las farmacéuticas: "Causan miles de muertes"

HAN FIRMADO UN MANIFIESTO REVELADOR 

Prestigiosos profesionales de la salud, incluido el médico personal de Isabel II, lanzan una campaña pidiendo al Parlamento que investigue las prácticas del Big Pharma
Para muchos doctores el comportamiento de las farmacéuticas es ya inadmisible. (iStock)
MIGUEL AYUSO 25.02.2016

Cada vez es más habitual escuchar a prestigiosos médicos y divulgadores científicos criticar a las farmacéuticas, las administraciones sanitarias y muchos de sus colegas por sobremedicar peligrosamente a la población. Investigadores de renombre como Ben Goldacre, Allen Frances o Peter C. Gøtzsche han escrito libros sobre las prácticas sucias de la industria farmacéutica, a las que acusan sin tapujos de causar más muertes que los cárteles de la droga. Pero su crítica sólo llega con cuentagotas a la arena política. Algo que, parece, está empezando también a cambiar. Al menos en Reino Unido.

El mediático cardiólogo Aseem Malhotra, ha elaborado un manifiesto para pedir a los políticos que hagan algo para frenar las prácticas “oscuras” de las farmacéuticas, que ha sido respaldado por cinco primeras espadas de la salud: Sir Richard Thompson, expresidente del Real Colegio de Médicos de Gran Bretaña y médico personal de la reina durante 21 años; John Ashton, presidente del Faculty of Public Health; el psiquiatra JS Bamrah, presidente de la Asociación Británica de Médicos de Origen Indio y director médico del Manchester Academic Science Centre; la cardióloga Rita Redberg, editora de la prestigiosa revista médica 'JAMA Internal Medicine'; y el profesor James McCormack, reputado farmacéutico y divulgador científico.
No hay ninguna duda de que la cultura que dicta 'cuántas más medicinas mejor' está en el corazón mismo del sistema de salud
Malhotra asegura que “demasiado a menudo” los pacientes reciben fármacos inútiles y, en muchas ocasiones, peligrosos, una práctica alentada por la industria farmacéutica que engaña a médicos y pacientes sin que el sistema público de salud (el NHS) haga nada al respecto. “Ha llegado el momento de realizar una completa investigación pública sobre la forma en que se estudia y se revela la eficacia de los fármacos”, ha explicado Thompson en la presentación del texto. “Existe un peligro real de que algunos tratamientos actuales sean mucho menos efectivos de lo que creíamos”.
Los doctores Richard Thompson y Aseem Malhotra.  
Las estatinas, en el punto de mira

El doctor Malhotra ha explicado en 'The Daily Mail' –que ha publicado en exclusiva el manifiesto íntegro– que el conflicto de intereses comerciales entre investigadores y farmacéuticas está contribuyendo “a una epidemia de médicos y pacientes desinformados, en el Reino Unido y más allá”.

En su opinión, el sistema de salud británico está sobremedicando a sus pacientes –especialmente a las personas mayores– y los efectos secundarios de los fármacos están provocando incontables decesos. Tantos, asegura, que, como documenta el médico danés Peter C. Gøtzsche en su libro 'Medicamentos que matan y crimen organizado'  (Los libros del lince), el consumo de medicamentos con receta es ya la tercera causa de muerte tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer y, según sus cálculos, sólo los fármacos psiquiátricos son responsables de más de medio millón de muertes en personas mayores de 65 años, en EEUU y la UE. La propia Agencia del Medicamento estadounidense, la FDA, ha alertado de que los ingresos hospitalarios en EEUU relacionados con efectos secundarios de las medicinas se han triplicado en la pasada década. En 2014, 123.000 fallecieron debido a problemas causados por los fáramacos que tomaban.

El médico danés Peter Gotzche ha sido uno de los
más críticos con las farmacéuticas.
Maholtra pone como ejemplo de las malas prácticas de las farmacéuticas el caso de las estatinas, los medicamentos que se utilizan para rebajar los niveles de colesterol, cuyos peligrosos efectos secundarios no han sido tenidos en cuenta, su eficacia, asegura, nunca ha sido bien estudiada, y, aún así, se están recetando a muchas más personas, desde que se rebajo el umbral para recetarlas.

El cardiólogo asegura que el estudio en que se basan estas nuevas recomendaciones (que se publicaron en 2014) estaba firmado por 12 médicos de los cuales seis recibían financiación directa de las farmacéuticas que fabrican estos fármacos. Los datos completos del estudio, además, no han sido nunca publicados.

La cultura de la pastilla

Por desgracia, lo que ocurre con las estatinas es sólo un ejemplo. “No hay ninguna duda de que la cultura que dicta 'cuántas más medicinas mejor' está en el corazón mismo del sistema de salud, exacerbada por los incentivos financieros que conlleva prescribir más fármacos y llevar a cabo más tratamientos”, explica Malhotra. “Pero hay una barrera más siniestra que nos impide hacer progresos y dar a conocer –y por lo tanto hacer frente– a esta práctica, de la que deberíamos estar más preocupados. Y esta es la información que reciben médicos y pacientes para guiar sus decisiones”.
Dado que la responsabilidad principal de las farmacéuticas es dar beneficios a sus accionistas todo esto no debería sorprendernos
En opinión del cardiólogo, las farmacéuticas están “jugando con el sistema” en tres niveles:
Una financiación de las investigaciones polarizada, pues están pensadas para lograr beneficios, no para beneficiar a los pacientes.
Un sesgo en la publicación de resultados en las revistas médicas.
Creando, mediante el conflicto de intereses, una incapacidad entre los médicos y pacientes para entender las estadísticas sanitarias y los riesgos de las medicinas.
Todo esto conlleva una desinformación total sobre la utilidad real de muchos de los fármacos que se recetan. Según el director médico del NHS, Sir Bruce Keogh, uno de cada siete tratamientos que se realizan en Reino Unido (incluidas las operaciones) no son necesarios.

“Dado que la responsabilidad principal de las farmacéuticas es dar beneficios a sus accionistas, no cuidar de la salud de los pacientes, todo esto no debería sorprendernos”, prosigue Malhotra en su manifiesto. Lo verdaderamente preocupante, asegura, es que los Gobiernos no estén haciendo nada por limitar el poder de las farmacéuticas y sancionar con eficacia sus malas prácticas.

La gota que colma el vaso

Tal como explica Malhotra, entre 2007 y 2012 la mayoría de las grandes compañías farmacéuticas han pagado multas considerables por varios escándalos, incluido promocionar fármacos para tratar dolencias sobre las que no había sido estudiada su eficacia, alterar los resultados de las investigaciones y ocultar información sobre los efectos secundarios. Pero es discutible que estas sanciones, por millonarias que sean, actúen como elemento disuasorio.

Un ejemplo. En 2012, GSK tuvo que pagar una multa de 3.000 millones de dólares, que se dice pronto, por comercializar ilegalmente varios medicamentos, incluido un antidepresivo, un fármaco para tratar la diabetes y un medicamento para prevenir la epilepsia. Fue el mayor fraude médico de la historia de EEUU, pero la compañía logró un beneficio de 25.000 millones de dólares vendiendo estos fármacos. Salió ganando.
La farmacéutica Roche se embolsó 2.170 millones de euros con el antigripal. (Reuters)
Otro ejemplo sonado del que habla Malhotra es el del Tamiflu, el medicamento de la farmacéutica Roche que los países desarrollados compraron a toneladas por temor a una epidemia de gripe A que nunca fue tal –y en el que España se gastó aproximadamente 40 millones de euros–. Una década después de que todos nos volviéramos locos y aprendiéramos a lavarnos las manos está muy claro que todo fue una estafa. En 2014 se supo que el medicamento no era mejor en el tratamiento de los síntomas de la gripe que el paracetamol y, además, tenía peligrosos efectos secundarios.
En 2014 se supo que el Tamiflú no era mejor en el tratamiento de los síntomas de la gripe que el paracetamol
El cardiólogo es muy contundente en la conclusión de su manifiesto: “El sistema está roto y no se va a arreglar poniendo más dinero. La codicia corporativa y el sistemático fracaso político ha dejado al sistema de salud de rodillas. Sin transparencia total ningún médico puede proveer lo que hemos prometido en la escuela médica, y a lo que nos dedicamos en cuerpo y alma: dar el mejor cuidado a nuestros pacientes. Por el bien de nuestra salud y la sostenibilidad del sistema ha llegado la hora de de emprender una verdadera acción colectiva frente a la cultura de la sobremedicación (...) La ciencia médica ha dado un giro hacia la oscuridad. Y la luz del sol será su único desinfectante”.

El negocio farmacéutico, bajo la lupa: miles de pacientes mueren por el consumo inadecuado de drogas

Imagen illustrativa / pixabay.com
Publicado: 24 feb 2016 

Varios médicos británicos han iniciado un debate sobre la eficacia de los medicamentos y cuestionan la influencia de las compañías del sector en el consumo de productos cuya eficacia no está comprobada.

El negocio farmacéutico mueve millones de dólares en todo el mundo. Al mismo tiempo, los excesos de medicación y el consumo de múltiples medicamentos cuya eficacia está en duda son algunos de los factores que provocan la muerte de miles de personas.

Ante esta situación, Richard Thompson, expresidente del Real Colegio de Médicos británico y doctor personal de la reina Isabel II durante 21 años, ha reclamado que se realice una consulta pública urgente sobre "la eficacia de los fármacos" y que se revelen los manejos "turbios" de las compañías del sector y ha advertido sobre la influencia excesiva que poseen a la hora de prescribir medicamentos, publica el diario 'The Daily Mail'.

Las personas que arremeten contra las farmacéuticas aseguran que muchas drogas provocan más perjuicios que beneficios, mientras que las supuestas bondades de algunos medicamentos no están debidamente constatadas.

Al respecto, el cardiólogo Aseem Malhotra cuestiona que a algunos pacientes les dicen que deben tomar medicamentos que no necesitan como parte de un conflicto de intereses comerciales y eso contribuye a que exista "una epidemia de médicos y pacientes desinformados".

Malhotra señala directamente a la sanidad pública británica porque considera que sobremedica a sus pacientes y que los efectos colaterales derivados que provoca esa manera de actuar conducen a "innumerables muertes".

Además, este cardiólogo indica que existe la sospecha de que ese exceso de "medicina" derive de los "incentivos financieros" vinculados con la prescripción y el aumento de los procedimientos, con lo cual acusa a las farmacéuticas de "jugar con el sistema" y de invertir el doble en propaganda que en investigación.

Por estas actitudes y manejos poco claros, entre 2007 y 2012 casi todas las farmacéuticas que se encuentran entre las 10 más importantes del mundo pagaron multas considerables por delitos como la tergiversación de resultados de investigación, el ocultamiento de información sobre los daños de sus productos y la comercialización ilegal de fármacos.

El diario concluye que lo más preocupante es que estas maiobras se cobran miles de vidas en todo el mundo, causan miles de millones de pérdidas a las economías de los países y multiplican el sufrimiento de los pacientes, quienes cada vez requieren más tratamientos por los efectos secundarios que les causan los medicamentos que consumen.

lunes, 22 de junio de 2015

Hallan evidencias de que el síndrome de fatiga crónica es una enfermedad biológica y no psicológica

MEDICINA
La Dra. Mady Hornig. (Foto: Columbia University's Mailman School of Public Health)  
A menudo, la gente que sufre el síndrome de fatiga crónica afronta diagnósticos incorrectos de su dolencia, o incluso sospechas de padecer simplemente hipocondría (preocupación constante y obsesiva por su salud), ser unos quejicas, o hasta fingir malestar para lograr que el médico les firme bajas laborales. En muchas ocasiones, la gente con este trastorno tiene que efectuar un largo peregrinaje por el circuito de la sanidad antes de poder recibir un diagnóstico acertado de síndrome de fatiga crónica.

Una investigación realizada por científicos de la Universidad Columbia en la ciudad de Nueva York aporta evidencias contundentes de que el síndrome de fatiga crónica, padecido por millones de personas, es una enfermedad biológica. El estudio se suma así a algunos otros que últimamente han aportado pruebas de que esta afección no tiene nada que ver con la hipocondría ni tiene por qué ser fingida.

El equipo de la Dra. Mady Hornig ha identificado cambios distintivos en el sistema inmunitario de pacientes diagnosticados con dicho síndrome. Los hallazgos podrían ayudar a mejorar la diagnosis y la identificación de las opciones de tratamiento más adecuadas para este trastorno incapacitante, cuyos síntomas abarcan desde la fatiga extrema y la dificultad a la hora de concentrarse, hasta jaquecas y dolores musculares.

Estas “firmas” inmunitarias representan la primera evidencia física robusta de que el síndrome de fatiga crónica es una enfermedad biológica y no un trastorno psicológico, y la primera prueba de que tiene etapas diferentes.

Los investigadores midieron los niveles de 51 biomarcadores inmunitarios en muestras de plasma sanguíneo recogidas de un total de 298 pacientes con el síndrome y de 348 individuos sanos (grupo de control).

En pacientes que padecían la enfermedad desde hacía tres o menos años, el equipo de la Dra. Hornig halló patrones específicos que no estaban presentes en los sujetos del grupo de control o en pacientes que la habían sufrido durante más de tres años. Los pacientes con menor tiempo padeciendo la dolencia tenían cantidades elevadas de muchos tipos diferentes de moléculas inmunitarias llamadas citoquinas. La asociación era anormalmente fuerte con una citoquina llamada interferón gamma, que ha sido relacionada con la fatiga que sigue a muchas infecciones víricas, incluyendo la provocada por el virus de Epstein-Barr, causante de mononucleosis infecciosa. Los niveles de citoquina no se explicaban por la severidad de los síntomas.

El estudio apoya la idea de que el síndrome de fatiga crónica podría reflejar un episodio infeccioso que deja secuelas de largo plazo. Una situación sospechosamente muy común entre los pacientes de síndrome de fatiga crónica es la de ponerse enfermos, a veces de mononucleosis infecciosa (virus de Epstein-Barr), y desde entonces no lograr recuperarse plenamente en cuanto a la sensación de debilidad y fatiga.

La nueva investigación sugiere que estas infecciones interfieren en la habilidad del sistema inmunitario de tranquilizarse después de una infección aguda y retornar así a un estado normal de paz; la respuesta inmunológica se comporta como un coche con una marcha rápida atascada. Parece que los pacientes del síndrome de fatiga crónica se ven inundados con citoquinas hasta que, tras unos tres años, el sistema inmunitario muestra evidencias de agotamiento y los niveles de citoquinas caen.

Tal como plantea la Dra. Hornig, un diagnóstico temprano podría proporcionar oportunidades especiales de tratamiento que probablemente se diferenciarán de las disponibles para las fases tardías de la enfermedad.