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miércoles, 18 de enero de 2017

La Antártida, un lienzo en blanco para estudiar la “élite” de los contaminantes

Fecha:16-01-2017
Los contaminantes orgánicos persistentes (COP) son “la élite” de los contaminantes químicos que se liberan al medio ambiente. Pueden viajar por aire y agua y pasar de un medio a otro, convirtiéndose en una amenaza global. Ahora, un grupo de investigadores españoles analizará su presencia en la Antártida.

La primera evidencia de COP en la región antártica data de los 60, cuando se comprobó la presencia del pesticida DDT (dicloro difenil tricloroetano) en sus ecosistemas, detalla a Efe José Luis Roscales, del departamento de Química Ambiental del Instituto de Química Orgánica General del CSIC, quien estudiará la presencia de estos compuestos en la Antártida dentro del proyecto Sentinel.

Después, han sido varios los estudios que han constatado la presencia de COP en la Antártida, como el publicado en noviembre pasado en la revista Atmosferic Environment por científicos del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (CSIC).

Restos de bifenilos policlorados en la Antártida

En el artículo, los investigadores aseguraban que la atmósfera antártica almacena, entre otros, restos de bifenilos policlorados, que se usaron en el pasado como revestimiento en muchos aparatos eléctricos y que fueron prohibidos hace décadas.
Muchas de las sustancias consideradas hoy COP fueron sintetizadas para ser utilizadas en la agricultura, como el pesticida DDT, o por sus aplicaciones industriales o para productos de consumo.

Estos se caracterizan por una gran persistencia en el medio, una alta toxicidad para el hombre y ecosistemas, incluyendo su carácter carcinogénico y su capacidad para imitar nuestras hormonas (disrupción endocrina); además, los procesos de bioacumulación y biomagnificación les permiten acumularse en organismos a lo largo de su vida y amplificar su presencia a través de la cadena trófica (si un animal come plancton con COP, lo acumulará en su organismo).

Regulados por el Convenio de Estocolmo

El Convenio de Estocolmo, ratificado por 180 países, entre ellos España, aunque no EEUU ni Italia, reguló inicialmente 12 productos químicos, que llamó la “docena sucia“, entre los que estaba el DDT. En 2009 incorporó otros nueve, muchos como familias de compuestos.

El convenio está vivo y ha seguido metiendo sustancias en la lista de COP, como endosulfán en 2011 o hexabromociclododecano en 2013.

Algunos de estos contaminantes orgánicos están totalmente prohibidos, como la aldrina (plaguicida) pero en otros se establecen excepciones en su uso, como en el caso del sulfonato de perfluorooctano, utilizado en determinados dispositivos médicos, o del DDT, usado como insecticida para el control de la malaria.

También se recogerán muestras de sangre de 
pingüinos. Imagen del CSIC.  
Además, el convenio establece las medidas a tomar para minimizar el impacto de aquellas sustancias que no se generan intencionadamente, como las dioxinas y furanos derivados de la combustión a altas temperaturas, detalla el investigador del CSIC.

Precisamente Roscales, junto a Elena Cerro y Mariana Pizarro del CSIC, estudiará la presencia de los COP en el ecosistema antártico.

Mañana parten a la Antártida y estudiarán los COP en el marco de Sentinel, un proyecto financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad que se desarrolla entre el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) de Barcelona y el Instituto de Química Orgánica General (IQOG) de Madrid. Los investigadores principales son Jordi Dachs (IDAEA) y Begoña Jiménez (IQOG).
El objetivo es mejorar el conocimiento de los mecanismos por los que estos nocivos contaminantes viajan y se acumulan en los ecosistemas polares.

La campaña de muestreo se desarrollará del 19 de enero al 23 de febrero desde la Base Antártica Española Gabriel de Castilla del ejército de tierra, situada en la isla Decepción, y se enmarca en la XXX Campaña Antártica (2016-2017), informa el CSIC en una nota.

Roscales indica a Efe que se recogerán muestras de aire, suelos, sedimentos, de restos de excrementos de aves, plancton o nieve.

El equipo de Andrés Barbosa, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, recopilará muestras de sangre de pingüinos y un equipo de la Universidad de Barcelona (proyecto Distantcom) lo hará de invertebrados de los fondos marinos.

Fotografía de archivo unos tubos de ensayo. 
EFE/Alberto Jiménez
Todas las muestras serán luego analizadas en los laboratorios de IQOG y del IDAEA.

Sentinel, que también estudiará la influencia de los COP en las comunidades bacterianas marinas, parte de la hipótesis de que la Antártida, y específicamente la parte norte de la Península Antártica, es una región centinela para la identificación de los contaminantes químicos que tienen el potencial de ser dispersados a nivel mundial.

“La Antártida ofrece una oportunidad muy interesante para identificar qué sustancias químicas tienen ese comportamiento de ser transportadas globalmente“, según el investigador del CSIC, quien afirma: “el continente ártico es un lienzo en blanco para estudiar estos componentes, élite de los contaminantes químicos, ya que refleja la huella química que dejamos a escala global”.

En la Antártida, continúa, no hay fuentes directas destacables de COP, aunque recientemente algunos estudios han identificado las bases científicas y la actividad turística como fuentes locales de algunos COP, por eso los investigadores también van a tratar de evaluar su propia huella allí.

viernes, 23 de agosto de 2013

Despedida de una científica que está haciendo las maletas

Tras cinco años en España, con un contrato Ramón y Cajal, el desplome de la I+D impone de nuevo la emigración a Estados Unidos

AMAYA MORO-MARTÍN 19 AGO 2013 

Estimado Sr. Presidente,

Aprovechando el periodo estival, y para minimizar los costes de mi próximo traslado trasatlántico, estoy haciendo limpieza de mi oficina en el CSIC y me gustaría devolverle algunos documentos que ya no voy a necesitar.

Adjunto le devuelvo el certificado oficial de haber superado positivamente la evaluación del Programa I3, el Programa de Incentivación de la Incorporación e Intensificación de la Actividad Investigadora. Agradezco el detalle del Ministerio de Economía y Competitividad pero, en el contexto actual de la investigación en España, no entiendo los conceptos “incentivación”, “incorporación” e “intensificación” (tampoco el de “actividad investigadora”, más allá de la basal). Gracias de todos modos por comunicarme que soy “apta” para investigar; del feedback de la comunidad científica uno no se puede fiar.

Así mismo le devuelvo la homologación española del título de doctor que obtuve en EEUU y la docena de documentos necesarios para su trámite. Todos los documentos vienen con la apostilla de la Haya y las consiguientes firmas del Gobernador del Estado, traducciones oficiales y copias compulsadas con las firmas del Cónsul español en Nueva York. Se incluyen las descripciones detalladas de todas las asignaturas cursadas, que resultaron de mucho interés tanto para el Gobernador como para el Cónsul. Afortunadamente España lidera la cruzada de las homologaciones. Fuera de nuestras fronteras cualquier título original vale, un verdadero escándalo.

El documento que guardo con más cariño, y que también le devuelvo en este envío, es el BOE que describe mi contrato bajo el programa Ramón y Cajal. Subrayado en amarillo encontrará el párrafo donde se detalla el compromiso explícito de, superadas las evaluaciones pertinentes, convocar una plaza con el perfil del investigador contratado. Fue ese párrafo el que me hizo poner fin a más de una década en EEUU. También le devuelvo otro BOE, el de la Ley de la Ciencia, que reafirma ese compromiso de estabilización laboral, introducido precisamente por su grupo parlamentario en el Senado. Le envío esos documentos en una bolsa hermética, son puro papel mojado.

Por el mismo conducto le envío las 700 páginas de certificados y documentos que tenía preparados para el día en que se convocara una plaza con mi perfil, algo que nunca ocurrió. Es la documentación requerida para acreditar la veracidad de mi currículum. Recopilar esa documentación fue una labor de investigación tremendamente gratificante. Sepa usted que en los muchos trabajos que he solicitado fuera de España la documentación requerida es algo más escueta, aproximadamente de 10 páginas: un plan de trabajo y un breve currículum, que no hay que justificar porque la comunidad científica opera con un código de honor. Si quiere un día se lo explico. Sepa usted también que nunca he podido presentarme a una oposición en una universidad española por no tener la acreditación de la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación, acreditación que, por otro lado, sólo se consigue si uno tiene una vinculación previa con una universidad española. Es curioso que ni la Universidad de Princeton ni la Universidad de California en Berkeley, donde hice hace unos años sendas entrevistas de trabajo para plazas de profesor, echaran en falta dicha certificación de aptitud. Quizá la permeabilidad tenga algo que ver con la excelencia, ahora que estamos tan preocupados por los rankings internacionales.

Cuando emigre, próximamente, la ciencia que yo haga ya no será española, ni será gracias a España; seguiré haciendo ciencia a pesar de España.

También le devuelvo la carta que la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología tuvo el detalle de enviarme hace unas semanas a mi antigua dirección en la Universidad de Princeton. El objetivo de dicha misiva es realzar la “marca España” con un programa denominado “Ciencia Española en el Exterior”. Sepa usted que me trasladé a España hace cinco años y cuando emigre próximamente la ciencia que haga ya no será española, ni será gracias a España; seguiré haciendo ciencia a pesar de España. No se molesten en enviarme esa misma misiva a mi nuevo centro de trabajo en NASA. Ese esfuerzo ímprobo que han realizado ustedes para localizar a investigadores españoles en el extranjero, que ha llegado incluso a recopilar los viejos correos electrónicos de los que habíamos regresado hacía años, podrían canalizarlo en contactar con los investigadores que todavía están en España y cuya permanencia en el país pende de un hilo. Quizá sea interesante evaluar el alcance del problema, analizar las causas y diseñar una estrategia para buscar soluciones. ¿Cómo, que no sabe a qué problema me refiero? Al de la fuga de cerebros, esa realidad sangrante que su equipo describe como un “topicazo”. Les sugiero un nuevo eufemismo para su colección: inquietud laboral.

Ya se que tiene usted copia porque la dejamos en el Registro de Entrada, pero permítame enviarle de nuevo el CD con las 50.000 firmas de la primera Carta Abierta por la Ciencia y otro con las 80.000 firmas de la segunda. Y una sugerencia: en la verja del Ministerio de Economía y Competitividad, cuyas puertas cerraron a cal y canto el pasado 14 de junio ante la llegada de la mayor manifestación de investigadores en la historia de España, tenga usted disponible, por favor, un rollo de celo. Lo digo para que podamos pegar en la verja la siguiente carta abierta por la ciencia, como pasó con nuestra última carta. O ponga usted un corcho. Entiendo que ambas cosas, el celo y el corcho, excedan el presupuesto de la I+D(*) en España; nos apañamos con uno u otro.

Señor Presidente del Gobierno, devuélvanos la dignidad a toda la comunidad de investigadores en España

También le devuelvo todas las afirmaciones que su equipo ha hecho de cómo España sigue apostando por la I+D(*). Deduzco que esa apuesta fue hecha en Eurovegas y perdimos. Le devuelvo esas afirmaciones con el mismo afecto con que las recibimos. En realidad usted personalmente no miente, porque no ha dicho nada, absolutamente nada al respecto. Pero aquí le envío los contactos de los 156 periodistas nacionales e internacionales con los que hasta ahora he tenido el placer de hablar sobre su política científica, por si algún día se decide a decirles algo sobre este asunto. Somos todo oídos.

En este abultado envío también le adjunto mi certificado de empadronamiento y dudo si devolverle o no el pasaporte de mi hija de nueve meses; tiene doble nacionalidad pero nuestro futuro en España es tan incierto que me pregunto si volverá a necesitar el pasaporte español. Ahí le van. Se los envío con un nudo en la garganta, el nudo doble de los que se enfrentan a la emigración por segunda vez.

Por último, y a cambio de todos estos documentos que le devuelvo, le pido tan sólo una cosa: devuélvame usted mi dignidad como investigadora, y en el mismo envío, si no le es mucha molestia, devuélvasela a toda la comunidad de investigadores en España, y no se olvide de los de humanidades.

Mariano, durante su legislatura la investigación en este país se está hundiendo irremediablemente hacia el abismo de la fosa de las Marianas. Y si bien es cierto que nuestros colegas científicos han descubierto que hay vida allá abajo, sepa usted que es bacteriana.

Un cordial saludo,

Una investigadora.

(*) P.S. I+D significaba Investigación y Desarrollo.

Amaya Moro-Martín es investigadora Ramón y Cajal del CSIC y promotora de la Plataforma Investigación Digna

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/08/19/actualidad/1376935600_483731.html