En
muy poco tiempo, las personas delgadas o con peso normal podrían ser
minoría. Los datos al respecto son escalofriantes. Y el problema
está empezando a crecer más seriamente de lo que creíamos.
ENVIADO
POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 03/01/2012, 11:47 H (597)
VECES LEÍDA
Pero
tal vez hemos buscado soluciones donde no estaban, porque
desconocíamos la raíz del problema. Las nuevas investigaciones
apuntan hacia las disrupciones endocrinas provocadas por productos
químicos tóxicos presentes en pesticidas, fertilizantes,
edulcorantes, etc. Seguro que no es la única razón de la epidemia
de obesidad, pero es preciso empezar a tener muy en cuenta este
factor de riesgo.
Hay
quienes vaticinan que, en un futuro no muy lejano, niños,
adolescentes y adultos con un peso normal… serán minoría. Todas
las cifras son alarmantes. Según publicaba recientemente La
Vanguardia, “el 40% de los menores tiene bajo peso o exceso: las
cifras siguen aumentando”. Los expertos buscan respuestas a las
altas cifras de obesidad y de anorexia en la sanidad, bajo un prisma
convencional: dietas, hábitos alimentarios… Podrían estar errando
gravemente. Por otro lado, es el modelo social imperante, con su
alimentación basura, sus familias desestructuradas, su economía
agresiva… el causante en gran medida del problema de esta terrible
epidemia. Padres que trabajan fuera y que por casa no aparecen,
matrimonios que ni se ven y/o no existen, niños solos en casa,
largas sesiones de TV, nulo ejercicio físico, una vida cien por cien
sedentaria y solitaria, un mundo contaminado, alimentos cargados de
residuos químicos y de pésima calidad nutricional, cargados de
azúcares, grasas nitrogenadas, patéticos hábitos alimentarios…
Para educar a un niño a tener una dieta saludable es preciso, para
empezar, estar con él, aconsejarle, guiarle… ¿Cómo es posible si
los padres apenas ven a los niños? Y, más aún, ¿cómo sería
posible transmitirle a un niño esos valores si el adulto en cuestión
desconoce esos mismos valores por completo? Rafael Casas, director y
coordinador nacional del programa Thao-Salud Infantil, especializado
en la prevención de la obesidad infantil, ha dicho: “¿Cómo puede
un hombre o una mujer alimentar correctamente a sus hijos, enseñarles
lo que es saludable o no y educarles en alimentación si no están
con ellos en todo el día?”. Habría que añadir que esos mismos
padres, en muchas ocasiones, tienen lagunas muy importantes en estos
temas y sus propias conductas, imitadas por los hijos, distan mucho
de ser las correctas. La epidemia afecta a niños, mayores y
ancianos. Es absolutamente transgeneracional. En 2015, según la
Organización Mundial de la Salud, habrá 2.300 millones de personas
con obesidad en el planeta, mientras otros tantos millones fallecen
por inanición. De los 2.300 millones de obesos, unos 700 millones
padecerán de gran obesidad. Y los casos de anorexia, bulimia y otros
trastornos se multiplican.
ALIMENTOS
ECOLÓGICOS
Pedro Tormo, médico internista en el Hospital del
Aire de Madrid y asesor sanitario de Sanitas, ha especificado: "Hay
que reeducar en la cocina". El especialista aconseja el consumo
regular de pescado, legumbres, frutas y verduras y evitar las grasas
saturadas como claves para evitar o reducir la obesidad. En su
ecuación también entran el ejercicio físico, los horarios "más
europeos" y evitar periodos de ayuno. "No es sólo cuestión
de salud, es también un problema económico, ya que la sanidad
pública tiene que hacer frente a tratamientos para los distintos
tipos de obesidad", explica Tormo. Pero el experto se olvida de
señalar que no basta con comer más pescado, más verduras, más
fruta… Nuestros alimentos tienen que ser ecológicos, completos.
Sin productos químicos. Las nuevas investigaciones sobre obesidad
están apuntando a ideas que, incluso hoy, pasan desapercibidas para
muchos nutricionistas y especialistas en el tema. La contaminación
química, que causa disrupciones endocrinas, podría estar alterando
a una escala global a las personas biológicamente más predispuestas
a engordarse. Podría tratarse no sólo de un asunto más o menos
psicológico, nutricional y/o de hábitos. Quizá otros factores
estén empezando a contar. Vean, a este respecto, el excelente
reportaje siguiente en las páginas de este mismo número, firmado
por Pat Thomas. Pero tenemos más datos.
GRASAS
TÓXICAS
El doctor Barry Sears es y ha sido un reputado autor de
libros relacionados con las dietas más sanas y sobre diversos
asuntos relacionados con el funcionamiento de nuestros organismos
(más de cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo).
Ahora ha dado un paso más allá. En España, Urano Ediciones ha
editado, recientemente, Grasa tóxica. El citado doctor afirma que la
obesidad no se debe al exceso calórico sino a una predisposición
genética relacionada con nuestro proceso evolutivo. Dicha tendencia,
combinada con ciertos hábitos alimenticios -exceso de carbohidratos,
aceites vegetales de baja calidad y escasa ingesta de pescado azul-,
provoca la acumulación de grasa tóxica en el organismo y el exceso
de peso. Para adelgazar, no basta con comer menos y hacer más
ejercicio: hay que revertir todo el proceso. Por ello, propone un
plan de treinta días que nos devolverá el bienestar y suprimirá la
obesidad de raíz. "A menos que tratemos la obesidad como un
cáncer -dice el doctor Sears- nunca podremos controlarla". Los
productos tóxicos procedentes de pesticidas, detergentes, plásticos,
herbicidas, fertilizantes… entran en nuestros organismos a través
de la alimentación, de una alimentación industrial. Estos productos
nocivos se acumulan en la grasa de todos los seres vivos y pueden
provocar todo tipo de disfunciones hormonales. El problema no está
ya sólo en ingerir determinadas grasas, sino en qué llevan esas
grasas.
DIETAS
HIPOCALÓRICAS
Tal como informa DICYT: “La formación es uno de
los factores más importantes a la hora de adquirir hábitos de vida
saludables que evitan la aparición de numerosas patologías a largo
plazo. Según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la
Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de Endocrinología y
Nutrición (SEEN), los costes generados por la obesidad en España
suponen el 7% del gasto sanitario anual, lo que supone unos 2.507
millones de euros. Según diversos informes, los expertos coinciden
en que, en la actualidad, un 16% de las personas adultas en España
padece obesidad. Aquí, allá y acullá se multiplican los cursos,
talleres, ponencias y todo tipo de eventos en los que los expertos
proponen dietas hipocalóricas atractivas para una población que
engorda paulatinamente. Pero creemos que este trabajo loable es
insuficiente. Es necesario que estas dietas hipocalóricas
introduzcan nuevos conceptos: alimentos ecológicos, vegetarianismo…
¿Por qué introducimos el concepto vegetarianismo? Dejemos ahora a
un lado los temas morales, espirituales y/o éticos: los animales
acumulan en sus grasas los productos disruptores de los que estamos
hablando. A más consumo de grasa animal, más productos tóxicos en
nuestros organismos con la capacidad de crear disrupciones que
podrían conllevar alteraciones hormonales y, directamente
relacionadas, obesidad, diabetes, etc. Los productos químicos
tóxicos son liposolubles, se almacenan en el tejido graso. Los
vegetales tienen menos grasa y menos capacidad de almacenarla y, por
tanto, menos venenos.
OJO:
NO TODO ES QUÍMICA
No queremos decir, obviamente, que debamos
descartar completamente los principales factores que, hasta la fecha,
han sido tenidos en cuenta para abordar el problema de la epidemia de
obesidad. Está claro que no hacer ejercicio, comer determinados
productos grasientos e industrializados… engorda. No. No es eso.
Porque el problema es, efectivamente, multifactorial. Y, además,
como sabemos, cada persona es un mundo, cada individuo tiene sus
particulares circunstancias. Incluso factores psicológicos pueden
conllevar obesidad, además de factores familiares, culturales,
genéticos, raciales, etc. Ahora bien, sin descartar esas otras
causas, tenemos que centrarnos en los nuevos datos que nos aportan
los investigadores más independientes. Y aquí es donde la
encrucijada química adquiere relevancia. Un grupo de investigadores
de la Universidad de New Hampshire está estudiando si el uso
frecuente de sustancias químicas retardantes de la combustión que
se emplean cada vez más en muebles, alfombras, ordenadores, etc.,
podrían relacionarse con un aumento de la obesidad en EE.UU. Estos
productos químicos, conocidos como “PBDEs” y que pueden reducir
hasta un 45% el riesgo de morir por un incendio, podrían a la vez
tener repercusiones importantes para la salud. Los primeros estudios
han visto cómo afecta al tejido adiposo disminuyendo su sensibilidad
a la insulina, lo que podría llevar a desarrollar una diabetes tipo
II. También en experimentos con ratas tratadas con PBDEs se vio un
aumento de peso frente a aquellas del grupo de control que no fueron
tratadas. La información procede de Medical News Today.
MUCHÍSIMAS
EVIDENCIAS
Por ejemplo, se sabe ya que la exposición a
hexaclorobenceno se relaciona con problemas en el embarazo y riesgo
de sobrepeso en niños de seis años. Este estudio se hizo para saber
si la exposición prenatal al hexaclorobenceno (HCB) tenía efectos
adversos potenciales sobre el peso del niño y el índice de masa
corporal (IMC) en los niveles de exposición a esta sustancia que
pueden darse en la población general, sin necesidad de hablar de
exposición a fuentes más o menos importantes de contaminación
local.
Por
otro lado, el bisfenol A afecta al transporte de glucosa en células
grasas de ratones. Los estudios demuestran que este producto químico,
utilizado mucho en pesticidas, afecta a la obesidad. También, las
concentraciones en sangre de algunos de estos productos químicos han
sido asociadas al inicio y la tasa de incidencia de la diabetes
mellitus. El bisfenol A está presente cada vez más en sangre humana
debido a la ingesta de productos alimentarios con residuos de este
pesticida utilizado en una abundante cantidad de cultivos.
Una
investigación publicada en la revista Environmental Health
Perspectives asocia las concentraciones urinarias de metabolitos de
ftalatos con la obesidad y la resistencia a la insulina que precede
al desarrollo de la diabetes. Y, por si alguien tenía alguna duda,
el doctor Miquel Porta y su equipo, en Barcelona, han llevado a cabo
un estudio titulado Distribución de las concentraciones séricas de
compuestos orgánicos persistentes (COPs) en una muestra
representativa de la población general de Catalunya (2009) y ha sido
realizado para el Departamento de Salud de la Generalitat de
Catalunya con la colaboración de esta entidad, del IMIM y de la
Universidad Autónoma de Barcelona.
Según
este estudio, es interesante constatar cómo las personas analizadas
con sobrepeso u obesidad tendían a tener concentraciones mayores de
compuestos como p,p´-DDT, p,p´-DDE, PCBs 118,138, 153 y 180, HCB y
ß-HCH. Podemos deducir dos cosas: a más grasa, más contaminantes;
a más contaminantes, más grasa, mayor obesidad.
Un estudio del
Centro del Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas en
Estados Unidos ha asociado fuertemente la obesidad en el inicio de la
vida adulta con el desarrollo de cáncer pancreático a una edad
temprana. (http://jama.ama-assn.org/cgi/content/full/301/24/2553).
La obesidad lleva asociados multitud de riesgos sanitarios, pero eso
se tratará en otros reportajes y artículos de este mismo
monográfico. Lo que nos interesa de este estudio en concreto es que
obesidad y cáncer de páncreas también están relacionados con
determinados contaminantes. El pez se muerde la cola.
SIN
EMBARGO…
Sin embargo, a pesar de que toda esta información está
apareciendo en algunos medios de prestigio científico, y de que cada
vez más investigadores abren sus estudios a nuevos riesgos
relacionados con obesidad, ciertos periodistas, nutricionistas,
investigadores, políticos y responsables sanitarios siguen ciegos y
sordos a las evidencias. Recientemente, fui invitado a un conocido
programa matutino de TV3 para participar en una mesa redonda sobre la
obesidad infantil. Cuando me tocó el turno y comenté que los
productos químicos tóxicos podían estar inhibiendo la capacidad de
nuestros organismos para regular el peso y que lo que había que
hacer era llevar la alimentación ecológica a casas, colegios,
hospitales, guarderías… casi me toman por un iluminado mesiánico
que estaba hablando de algo que no tenía nada que ver con aquello de
lo que se estaba tratando. En fin, esto es lo que hay. Informadores
desinformados…