lunes, 9 de enero de 2012

El vertido llevaba zinc en una cantidad 27 veces superior a la permitida

La responsable es una industria que utiliza esta sustancia para su proceso productivo, según un informe de Aguas de Jerez

09.01.12 - 00:06 - V. MONTERO/ M. J. PACHECO | JEREZ.

El vertido llevaba zinc en una cantidad 27 veces superior a la permitida
Los problemas empezaron a detectarse el pasado 
17 de diciembre en la EDAR de El Portal. :: 
J. C. CORCHADO  
Las pesquisas de los técnicos de Medio Ambiente sobre el vertido detectado en la depuradora hace tres semanas ya han dado resultado. Según un informe de Aguas de Jerez al que ha tenido acceso LA VOZ, el agua residual contenía cantidades de zinc muy superiores a la permitida. Concretamente, «se superaba en 27 veces el contenido en zinc que puede verterse de forma puntual a la red de alcantarillado municipal». También presentaba una alta carga de ecotoxicidad «lo que justificaría los daños sufridos» en el sistema de depuración.

Desde el principio, las características del vertido indicaban su origen industrial, un aspecto que se confirmó con el análisis realizado el 20 de diciembre en el efluente de una empresa que usa este metal. Son varias las pistas que llevan a la misma conclusión, según el informe de Aguas de Jerez: «La actividad de la empresa (que requiere la utilización de zinc), unida a su ubicación (que coincide con la dirección de procedencia del vertido) y a las muestras tomadas nos inducen a afirmar que su vertido debe ser el principal causante de la elevada toxicidad detectada los días 17 y 18 de diciembre en la entrada de la depuradora y de los daños ocasionados en el tratamiento secundario».

Sanciones

Como el vertido se hizo a la red de alcantarillado municipal es el Ayuntamiento el que tiene que iniciar ahora el expediente sancionador contra la industria responsable por incumplir las ordenanzas, como así se lo ha solicitado oportunamente Aguas de Jerez.

Al parecer, esta misma empresa jerezana ya tiene abierto un expediente sancionador en Medio Ambiente, entre otros motivos, por no justificar el tratamiento de residuos peligrosos y aceites usados.

Por su parte, la Delegación Provincial de Medio Ambiente está ahora iniciado el correspondiente expediente sancionador por el vertido en el río Guadalete procedente de la depuradora, es decir, por el incumplimiento de la autorización de vertido de esta instalación.

El mismo informe de la empresa municipal de agua indica que desde el 27 de diciembre, es decir, diez días después de que se detectara el vertido, la depuradora funciona correctamente ya que los sistemas se han ido recuperando poco a poco. La misma conclusión se desprende de los análisis que han realizado los técnicos de la Delegación Provincial de Medio Ambiente.

Según esta fuente, el vertido no ha causado «en ningún momento niveles de contaminación preocupantes en el río Guadalete ni mortandad de peces». Sí que se detectó, como ya es conocido, un mal funcionamiento de la depuradora que solo era capaz -poco después de detectar el vertido- de limpiar en un 55,4% la materia orgánica y algunas inorgánicas como los sulfitos, «por lo que volvían al medio natural con unos valores que duplicaban los que deberían tener». Como se ha apuntado anteriormente, a medida que las bacterias depuradoras se fueron recuperando, el sistema volvió a la normalidad.

Desde Medio Ambiente apuntan también que cuando saltó la alarma por el vertido se estaba realizando un ligero desembalse con la intención de reducir la salinidad en el azud de El Portal, una medida que se mantuvo hasta la semana pasada para diluir el vertido.

De Redondela a las prótesis mamarias tóxicas

Los ciudadanos se han convertido, ante la pasividad de las autoridades sanitarias, en un filón para genocidas y desaprensivos ansiosos de dinero

Ángel Ruiz CedielÁngel Ruiz Cediel
@angelruizcediel




Y luego dicen que las drogas son cosas de cárteles y gente de mal vivir! Donde hay un duro, dice el saber popular, hay una mafia, y habría que añadir que esta mafia prolifera y se asienta como un mal endémico en la sociedad cuando ninguna autoridad la persigue, se la permite maniobrar tan libre como legalmente y puede perpetrar cualquier clase de genocidio o matanza de indefensos ciudadanos, con el fin de embolsarse unos cuantos eurillos por cada vida que siegan o mutilan. Y no, a pesar de sus maneras, intereses y coberturas, no me estoy refiriendo a la SGAE ni a nada de eso.

Fue allá por el 72 cuando estalló el llamado Caso Reace, como consecuencia de que unos desaprensivos del más alto nivel -¿les suena?- jugaron con el aceite por allá por Redondela, desaparecieron cientos de toneladas de aceite en operaciones truchas con otras sociedades, se enriquecieron algunos prebostes, hubo asesinatos de familias enteras cuando se levantó la liebre, ajustes de cuentas en las cárceles, “accidentes” en plan Chicago y tal, y un par de bindundis pagaron con unos añitos de cárcel los enormes dolos producidos, intoxicaciones aparte y salvamentos legaloides de poderosos entre paréntesis. Por ahí arriba hay algunos que probablemente se acuerden de ello: pregunten.

En el caso Reace, el del aceite de Redondela, pasó lo que pasó y no pasó nada, claro. Lo mismo que con Sofico o con Matesa, aunque en estos casos no hubiera muertes sino sólo un par de pringados que, al igual que en el caso anterior, pagaron con penas de cárcel, haciendo a las mil maravillas el papel de cabeza de turco que tan bien se les da a los poderes políticos desde siempre. ¿Les suena la estrategia? Y como el jamón de la tropelía podía se deglutido sin que pasara nada de nada a los poderosos angurrientos, como es lógico, lejos de arrugárseles el ombligo a los muy pillos, se dieron cuenta que esto era un coto de caza privado y que quien tuviera escasez de escrúpulos podía amasar una fortunita en un decir Jesús a costa de las vidas de sus semejantes. Y, con algunos entremeses más o menos sonados de intoxicaciones y atentados contra la salud pública, en el 81 llegó inopinadamente el caso del Aceite de la Colza o Síndrome del Aceite Tóxico. En esta ocasión, y según fuentes, los adulteradores que supuestamente desviaron a consumo humano un aceite tóxico industrial, con el fin de ganarse unas seis a diez pesetas por litro (varias vidas podía costar ese litro), asesinaron entre 1100 y 3000 personas directamente y afectaron seriamente entre 30000 y 60000 más, produciéndoles distintos daños más o menos permanentes, pero todos ellos terribles. Un genocidio en toda regla, en fin, que, sin embargo, se liquidó con el procesamiento de 38 personas, de las cuales fueron condenadas 13 y sólo 3 cumplieron alguna pena de cárcel; los muertos, siguen muertos, claro está, y muy buena parte de los afectados siguen como pueden con sus lesiones irreversibles, y colorín, colorado. Así está la cosa, qué le vamos a hacer.

Como no pasaba nada serio y cualquiera podía hacer negocio en crudo, dada la severidad de las penas, se abrió la veda en España y poco después en el mundo. Y ahí le fueron con todo: gripes aviarias y porcinas, medicamentos que supuestamente protegían el corazón (se ve que a base de infartos), alarmas mundiales difundidas por la OMS para mayor gloria de resultados de farmacéuticas y tal, etc., desde entonces han estado a la orden del día (o del año, ya veremos qué se inventan este invierno que no termina de llegar), haciendo las delicias de los depredadores humanos.

Así está la cosa, aunque se calle y no aparezca en los noticieros, y lo está en masa, sin importar ya a quién o de qué modo se atraca para hacerse los nuevos mafiosos con el botín de apropiarse de lo que no es suyo. Desde lo más alto de la sociedad, los más ricos o poderosos, a los coyunturales puestos políticos de pueblos ignotos, aquí todo el mundo va de asalto en atraco de guante blanco (o negro), porque ya no hay límites, Dios ha muerto y las leyes las hacen ellos. Y está así la cosa en lo político y en lo económico y en lo militar. Ahí tienen el ensayo de Argentina, cómo atracaron a todo un país sin que pasara nada, y cómo los mismos han atracado ya a todo el mundo con esta crisis que sólo beneficia a los que la han producido; o ahí tienen a la Marcha Verde y cómo se apropiaron de un país, y cómo con la misma técnica han caído otro montón de ellos, como Egipto, Libia, Yemen, Siria en breve, tal vez Rusia, etc.; o, todavía, ahí tienen cómo juegan con Oriente Medio y las guerras intestinas para que el petróleo valga lo que vale, a la vez que venden armas por aquí y por allá, si bien con riesgo de que la angurria les haga perder el control y terminemos todos, como es más que probable muy en breve, como tres por cuatro calles con un holocausto nuclear, dando razón de ser a la Ecuación de Valenzetti.

Con un puntito y aparte de esos negocios en crudo a lo bestia de los grandes trush financieros, que ya se han hecho con Italia y con Grecia en plan golpe de mano legaloide que ha dejado a la democracia en paños muy menores y bastante violada (que no morada), desde hace un año tenemos silenciosamente en la palestra, entre otras barbaries de ésas que se les cuelan a las autoridades sanitarias –bastante tienen con sus manías liberticidas de prohibir fumar y todo eso-, la cosa de los implantes mamarios tóxicos, artificio merced al cual algunos desaprensivos se han dado cuenta que utilizando silicona de fontanero en vez de materiales demostradamente inocuos para la salud en los implantes, pues se ganan uno o dos eurillos más por prótesis, y si se muere la paciente, pues que la entierren. En Francia, el escándalo estalló en 2010, año en que a partir de marzo las autoridades sanitarias de ese país no sólo cerraron la fábrica que perpetraba esta barbaridad lindante con el genocidio, sino que se embarcaron en la ardua tarea de operar a las más de 30000 francesas que tenían prótesis mamarias de esta marca para evitar muertes indeseadas, tal y como se produjo alguna. Cosa, claro que sucedió en Francia, que es decir en otro planeta, porque esas mismas prótesis se han estado usando en España, con la consiguiente alarma de decenas de miles de mujeres que llevan una bomba de relojería en sus senos, nunca mejor dicho, aunque aquí, como es tradicional, ni hay alarma sanitaria ni pasa nada de nada. España, por si no se han enterado, es diferente.

Lo curioso de este caso, además de asegurarnos por la vía de la certificación que seguimos en las mismas, para mejor saber de aquéllos que no han querido enterarse, es que esto es el Tercer Mundo y se puede hacer lo que sea porque no va a pasar nada, más allá de que quienes tienen implantados estos bustos protésicos están en un sin vivir tal que no saben qué puede suceder con ellas. Después de todo, son nada más que ciudadanas, especialmente si no son importantes personajes o no son ricas, y ellas, además de a su familia, no les importan a nadie. Ni siquiera para que las proporcionen información “oficial”, digamos. Si viven o mueren, es lo de menos. Sólo son parte del negocio… de los desaprensivos, y están abandonadas a su suerte. Hay que ahorrar, ya saben, y no se puede gastar ni siquiera en ocuparnos de noticias de este calado, porque tenemos que dar la impresión de que todo está de perlas y de que nos dirigimos a un futuro espléndido. Debe ser, claro, en una fosa colectiva. Aquí, hasta el Potito saca tajada. Y es que como dijo aquella egregia irresponsable sociata, el dinero público no es de nadie. Y se ve que la vida tampoco, que ésta pertenece a los depredadores humanos que acechan desde los poderes políticos, farmacéuticos, económicos o financieros.

Una epidemia azota a los braceros de la caña en Centroamérica

Algunos expertos creen que la enfermedad renal crónica se debe a los pesticidas

JOSÉ MELÉNDEZ San José (Costa Rica)

Una enigmática epidemia de insuficiencia renal crónica azota a los braceros contratados por temporadas en las plantaciones de caña de azúcar en Centroamérica. Sin una conclusión científica contundente sobre su origen, Gobiernos e investigadores del área atribuyen la enfermedad a pesticidas y fungicidas con sustancias tóxicas prohibidas en Europa, Estados Unidos y Canadá, pero de uso generalizado en cañaverales centroamericanos, y a condiciones laborales extremas en los cañales: trabajar expuestos a altas temperaturas, con exceso de esfuerzo físico y deshidratación.

El saldo de viudas y huérfanos por la denominada enfermedad renal crónica (ERC) sigue creciendo en regiones con gran dependencia socioeconómica de las fuentes de trabajo en los cañizales y sus procesos de reconversión para producir etanol. Sin embargo, también se han registrado casos en jornaleros de plantaciones de algodón y en trabajadores que se dedican a actividades mineras y portuarias.

Los datos oficiales han revelado que, con una incidencia cercana a 10 casos por cada 100.000 habitantes, la ERC es la principal causa de muerte de hombres en El Salvador, y en Nicaragua provoca más víctimas mortales en la población masculina que el impacto combinado de VIH-sida y diabetes. La Organización Mundial de la Salud ha asegurado que la enfermedad provocó más de 3.000 muertos de 2005 a 2009, aunque la Asociación Nicaragüense de Afectados por Insuficiencia Renal Crónica aseguró que solo en Nicaragua hubo 2.677 fallecidos en los últimos años. Recientes estudios de la Universidad de Costa Rica (estatal) mostraron que la mortalidad por la enfermedad es actualmente de 25 por cada 100.000 habitantes en dos municipios de la región noroccidental del país.

Falta investigar si el agua tiene algún metal tóxico”, dice un científico

El fenómeno ataca en especial al litoral del Pacífico de Centroamérica, con una longitud de unos 1.120 kilómetros, por lo que crece la demanda de onerosos tratamientos de diálisis. “Toda la franja costera del Pacífico de Centroamérica está sufriendo una epidemia de ERC que está desgastando a nuestra población, sobre todo agrícola”, señala la ministra de Salud de El Salvador, María Isabel Rodríguez, a EL PAÍS. “La enfermedad responde a una agresión química. Estamos viendo las mismas características desde el sur de México hacia toda Centroamérica, sobre todo la zona agro-costera del Pacífico, pero hay otras regiones que están impactadas”, precisa.

La crisis “golpea los presupuestos nacionales, abarrota los hospitales por la gran demanda de trasplante renal y produce discapacidad y muerte”, detalla Rodríguez. “Los desfavorecidos que viven en zonas rurales y se dedican a la agricultura sufren estas situaciones e inequidades. Es una enfermedad de aquellos lugares donde los agroquímicos verdaderamente tóxicos han sido utilizados y, aunque algunos son prohibidos, se siguen usando”, añade.

Un informe del Ministerio de Salud de El Salvador asegura que la “alta prevalencia” de la ERC se ha registrado en Centroamérica —también en el sur de México— en hombres agricultores menores de 60 años “expuestos a productos agroquímicos”. “Es una gran epidemia con un impacto tremendo en la población”, advirtió a la prensa regional el médico Víctor Penchaszadeh, epidemiólogo clínico de la Universidad de Columbia (Estados Unidos) y asesor de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

Consultado por este diario, el médico Rolando Hernández, secretario ejecutivo de la Comisión de Ministros de Salud de Centroamérica, aclaró que la causa de la epidemia “no solamente es atribuible a pesticidas y fungicidas tóxicos”, ya que influyen otros factores.

“La situación en El Salvador es bien particular: allí es una súper epidemia”, dijo el médico costarricense José Manuel Cerdas, especialista en riñón y miembro de varios grupos formados por la Universidad de Boston, el Gobierno de Suecia, la Sociedad Latinoamericana de Nefrología y la estatal Caja Costarricense del Seguro Social para investigar las causas de la ERC. Según él, “no hay ningún pesticida o fungicida o tóxico ambiental que se pueda relacionar con daño renal crónico”. “Nos falta investigar si el agua tiene algún metal tóxico, como plomo o arsénico, que sí podría dañar al riñón. Si a una persona la ponen a trabajar con un machete varias horas a 40 grados y no se hidrata bien, eso le hace más daño a sus riñones que usar herbicidas. La época en que esos trabajadores usan herbicidas no coincide exactamente con la zafra”.

Tras relatar que en Bagaces y Cañas, municipios del noroccidente de Costa Rica y cercanos al Pacífico, “es desproporcionado el número de pacientes con ERC y es una epidemia”, el nefrólogo recordó que, “por tradición”, “las mayores causas de la enfermedad son diabetes e hipertensión arterial. Pero en estos casos los afectados no son diabéticos o hipertensos y no tienen problemas congénitos de riñones. O sea, hay algo en particular en esa zona”.

Citado por la prensa de la región, Daniel Brooks, de la Universidad de Boston y director de una de las investigaciones sobre la enfermedad, declaró que las evidencias señalan con claridad que “el estrés por calor” puede ser causante de la ERC.

De manera coincidente, Cerdas adujo que cuando se atribuye la enfermedad a los agroquímicos, “se habla genéricamente”. “Habría que identificar cuál agroquímico sería el causante. Esto parece tener más relación con las condiciones en que labora esta gente. Podemos decir que es un problema laboral, pero no necesariamente relacionado con algún herbicida”, añadió.

La ministra Rodríguez replica que no solo se debe a condiciones laborales como altas temperaturas y exagerado esfuerzo físico. “De lo contrario, en otras regiones en donde las temperaturas son incluso mucho más altas, podrían ocurrir enfermedades renales. Pero no es así. Las características de la ERC difieren de las que se presentan en otras zonas en las que también hay problemas de deshidratación. Aquí se añade un elemento: se trata de una acción de un agente químico, además de los otros factores, como dolores musculares por cansancio”. El agroquímico, insiste Rodríguez, es el factor “más evidente”.

Tóxicos que engordan Una epidemia global y transgeneracional

En muy poco tiempo, las personas delgadas o con peso normal podrían ser minoría. Los datos al respecto son escalofriantes. Y el problema está empezando a crecer más seriamente de lo que creíamos.

ENVIADO POR: ECOTICIAS.COM / RED / AGENCIAS, 03/01/2012, 11:47 H (597) VECES LEÍDA

Pero tal vez hemos buscado soluciones donde no estaban, porque desconocíamos la raíz del problema. Las nuevas investigaciones apuntan hacia las disrupciones endocrinas provocadas por productos químicos tóxicos presentes en pesticidas, fertilizantes, edulcorantes, etc. Seguro que no es la única razón de la epidemia de obesidad, pero es preciso empezar a tener muy en cuenta este factor de riesgo.

Hay quienes vaticinan que, en un futuro no muy lejano, niños, adolescentes y adultos con un peso normal… serán minoría. Todas las cifras son alarmantes. Según publicaba recientemente La Vanguardia, “el 40% de los menores tiene bajo peso o exceso: las cifras siguen aumentando”. Los expertos buscan respuestas a las altas cifras de obesidad y de anorexia en la sanidad, bajo un prisma convencional: dietas, hábitos alimentarios… Podrían estar errando gravemente. Por otro lado, es el modelo social imperante, con su alimentación basura, sus familias desestructuradas, su economía agresiva… el causante en gran medida del problema de esta terrible epidemia. Padres que trabajan fuera y que por casa no aparecen, matrimonios que ni se ven y/o no existen, niños solos en casa, largas sesiones de TV, nulo ejercicio físico, una vida cien por cien sedentaria y solitaria, un mundo contaminado, alimentos cargados de residuos químicos y de pésima calidad nutricional, cargados de azúcares, grasas nitrogenadas, patéticos hábitos alimentarios… Para educar a un niño a tener una dieta saludable es preciso, para empezar, estar con él, aconsejarle, guiarle… ¿Cómo es posible si los padres apenas ven a los niños? Y, más aún, ¿cómo sería posible transmitirle a un niño esos valores si el adulto en cuestión desconoce esos mismos valores por completo? Rafael Casas, director y coordinador nacional del programa Thao-Salud Infantil, especializado en la prevención de la obesidad infantil, ha dicho: “¿Cómo puede un hombre o una mujer alimentar correctamente a sus hijos, enseñarles lo que es saludable o no y educarles en alimentación si no están con ellos en todo el día?”. Habría que añadir que esos mismos padres, en muchas ocasiones, tienen lagunas muy importantes en estos temas y sus propias conductas, imitadas por los hijos, distan mucho de ser las correctas. La epidemia afecta a niños, mayores y ancianos. Es absolutamente transgeneracional. En 2015, según la Organización Mundial de la Salud, habrá 2.300 millones de personas con obesidad en el planeta, mientras otros tantos millones fallecen por inanición. De los 2.300 millones de obesos, unos 700 millones padecerán de gran obesidad. Y los casos de anorexia, bulimia y otros trastornos se multiplican.

ALIMENTOS ECOLÓGICOS
Pedro Tormo, médico internista en el Hospital del Aire de Madrid y asesor sanitario de Sanitas, ha especificado: "Hay que reeducar en la cocina". El especialista aconseja el consumo regular de pescado, legumbres, frutas y verduras y evitar las grasas saturadas como claves para evitar o reducir la obesidad. En su ecuación también entran el ejercicio físico, los horarios "más europeos" y evitar periodos de ayuno. "No es sólo cuestión de salud, es también un problema económico, ya que la sanidad pública tiene que hacer frente a tratamientos para los distintos tipos de obesidad", explica Tormo. Pero el experto se olvida de señalar que no basta con comer más pescado, más verduras, más fruta… Nuestros alimentos tienen que ser ecológicos, completos. Sin productos químicos. Las nuevas investigaciones sobre obesidad están apuntando a ideas que, incluso hoy, pasan desapercibidas para muchos nutricionistas y especialistas en el tema. La contaminación química, que causa disrupciones endocrinas, podría estar alterando a una escala global a las personas biológicamente más predispuestas a engordarse. Podría tratarse no sólo de un asunto más o menos psicológico, nutricional y/o de hábitos. Quizá otros factores estén empezando a contar. Vean, a este respecto, el excelente reportaje siguiente en las páginas de este mismo número, firmado por Pat Thomas. Pero tenemos más datos.

GRASAS TÓXICAS
El doctor Barry Sears es y ha sido un reputado autor de libros relacionados con las dietas más sanas y sobre diversos asuntos relacionados con el funcionamiento de nuestros organismos (más de cinco millones de ejemplares vendidos en todo el mundo). Ahora ha dado un paso más allá. En España, Urano Ediciones ha editado, recientemente, Grasa tóxica. El citado doctor afirma que la obesidad no se debe al exceso calórico sino a una predisposición genética relacionada con nuestro proceso evolutivo. Dicha tendencia, combinada con ciertos hábitos alimenticios -exceso de carbohidratos, aceites vegetales de baja calidad y escasa ingesta de pescado azul-, provoca la acumulación de grasa tóxica en el organismo y el exceso de peso. Para adelgazar, no basta con comer menos y hacer más ejercicio: hay que revertir todo el proceso. Por ello, propone un plan de treinta días que nos devolverá el bienestar y suprimirá la obesidad de raíz. "A menos que tratemos la obesidad como un cáncer -dice el doctor Sears- nunca podremos controlarla". Los productos tóxicos procedentes de pesticidas, detergentes, plásticos, herbicidas, fertilizantes… entran en nuestros organismos a través de la alimentación, de una alimentación industrial. Estos productos nocivos se acumulan en la grasa de todos los seres vivos y pueden provocar todo tipo de disfunciones hormonales. El problema no está ya sólo en ingerir determinadas grasas, sino en qué llevan esas grasas.

DIETAS HIPOCALÓRICAS
Tal como informa DICYT: “La formación es uno de los factores más importantes a la hora de adquirir hábitos de vida saludables que evitan la aparición de numerosas patologías a largo plazo. Según datos de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO) y la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), los costes generados por la obesidad en España suponen el 7% del gasto sanitario anual, lo que supone unos 2.507 millones de euros. Según diversos informes, los expertos coinciden en que, en la actualidad, un 16% de las personas adultas en España padece obesidad. Aquí, allá y acullá se multiplican los cursos, talleres, ponencias y todo tipo de eventos en los que los expertos proponen dietas hipocalóricas atractivas para una población que engorda paulatinamente. Pero creemos que este trabajo loable es insuficiente. Es necesario que estas dietas hipocalóricas introduzcan nuevos conceptos: alimentos ecológicos, vegetarianismo… ¿Por qué introducimos el concepto vegetarianismo? Dejemos ahora a un lado los temas morales, espirituales y/o éticos: los animales acumulan en sus grasas los productos disruptores de los que estamos hablando. A más consumo de grasa animal, más productos tóxicos en nuestros organismos con la capacidad de crear disrupciones que podrían conllevar alteraciones hormonales y, directamente relacionadas, obesidad, diabetes, etc. Los productos químicos tóxicos son liposolubles, se almacenan en el tejido graso. Los vegetales tienen menos grasa y menos capacidad de almacenarla y, por tanto, menos venenos.

OJO: NO TODO ES QUÍMICA
No queremos decir, obviamente, que debamos descartar completamente los principales factores que, hasta la fecha, han sido tenidos en cuenta para abordar el problema de la epidemia de obesidad. Está claro que no hacer ejercicio, comer determinados productos grasientos e industrializados… engorda. No. No es eso. Porque el problema es, efectivamente, multifactorial. Y, además, como sabemos, cada persona es un mundo, cada individuo tiene sus particulares circunstancias. Incluso factores psicológicos pueden conllevar obesidad, además de factores familiares, culturales, genéticos, raciales, etc. Ahora bien, sin descartar esas otras causas, tenemos que centrarnos en los nuevos datos que nos aportan los investigadores más independientes. Y aquí es donde la encrucijada química adquiere relevancia. Un grupo de investigadores de la Universidad de New Hampshire está estudiando si el uso frecuente de sustancias químicas retardantes de la combustión que se emplean cada vez más en muebles, alfombras, ordenadores, etc., podrían relacionarse con un aumento de la obesidad en EE.UU. Estos productos químicos, conocidos como “PBDEs” y que pueden reducir hasta un 45% el riesgo de morir por un incendio, podrían a la vez tener repercusiones importantes para la salud. Los primeros estudios han visto cómo afecta al tejido adiposo disminuyendo su sensibilidad a la insulina, lo que podría llevar a desarrollar una diabetes tipo II. También en experimentos con ratas tratadas con PBDEs se vio un aumento de peso frente a aquellas del grupo de control que no fueron tratadas. La información procede de Medical News Today.

MUCHÍSIMAS EVIDENCIAS
Por ejemplo, se sabe ya que la exposición a hexaclorobenceno se relaciona con problemas en el embarazo y riesgo de sobrepeso en niños de seis años. Este estudio se hizo para saber si la exposición prenatal al hexaclorobenceno (HCB) tenía efectos adversos potenciales sobre el peso del niño y el índice de masa corporal (IMC) en los niveles de exposición a esta sustancia que pueden darse en la población general, sin necesidad de hablar de exposición a fuentes más o menos importantes de contaminación local.

Por otro lado, el bisfenol A afecta al transporte de glucosa en células grasas de ratones. Los estudios demuestran que este producto químico, utilizado mucho en pesticidas, afecta a la obesidad. También, las concentraciones en sangre de algunos de estos productos químicos han sido asociadas al inicio y la tasa de incidencia de la diabetes mellitus. El bisfenol A está presente cada vez más en sangre humana debido a la ingesta de productos alimentarios con residuos de este pesticida utilizado en una abundante cantidad de cultivos.

Una investigación publicada en la revista Environmental Health Perspectives asocia las concentraciones urinarias de metabolitos de ftalatos con la obesidad y la resistencia a la insulina que precede al desarrollo de la diabetes. Y, por si alguien tenía alguna duda, el doctor Miquel Porta y su equipo, en Barcelona, han llevado a cabo un estudio titulado Distribución de las concentraciones séricas de compuestos orgánicos persistentes (COPs) en una muestra representativa de la población general de Catalunya (2009) y ha sido realizado para el Departamento de Salud de la Generalitat de Catalunya con la colaboración de esta entidad, del IMIM y de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Según este estudio, es interesante constatar cómo las personas analizadas con sobrepeso u obesidad tendían a tener concentraciones mayores de compuestos como p,p´-DDT, p,p´-DDE, PCBs 118,138, 153 y 180, HCB y ß-HCH. Podemos deducir dos cosas: a más grasa, más contaminantes; a más contaminantes, más grasa, mayor obesidad.

Un estudio del Centro del Cáncer M.D. Anderson de la Universidad de Texas en Estados Unidos ha asociado fuertemente la obesidad en el inicio de la vida adulta con el desarrollo de cáncer pancreático a una edad temprana. (
http://jama.ama-assn.org/cgi/content/full/301/24/2553). La obesidad lleva asociados multitud de riesgos sanitarios, pero eso se tratará en otros reportajes y artículos de este mismo monográfico. Lo que nos interesa de este estudio en concreto es que obesidad y cáncer de páncreas también están relacionados con determinados contaminantes. El pez se muerde la cola.

SIN EMBARGO…
Sin embargo, a pesar de que toda esta información está apareciendo en algunos medios de prestigio científico, y de que cada vez más investigadores abren sus estudios a nuevos riesgos relacionados con obesidad, ciertos periodistas, nutricionistas, investigadores, políticos y responsables sanitarios siguen ciegos y sordos a las evidencias. Recientemente, fui invitado a un conocido programa matutino de TV3 para participar en una mesa redonda sobre la obesidad infantil. Cuando me tocó el turno y comenté que los productos químicos tóxicos podían estar inhibiendo la capacidad de nuestros organismos para regular el peso y que lo que había que hacer era llevar la alimentación ecológica a casas, colegios, hospitales, guarderías… casi me toman por un iluminado mesiánico que estaba hablando de algo que no tenía nada que ver con aquello de lo que se estaba tratando. En fin, esto es lo que hay. Informadores desinformados…


Aluminio, cobre y acero, los materiales más tóxicos en la cocina

La seguridad alimentaria no sólo depende de que los alimentos se encuentren en buen estado y de la manipulación a la que se someten. Los materiales que entran en contacto con ellos como el acero inoxidable, el teflón, el vidrio, el aluminio, el cobre, el vidrio, la arcilla y la silicona, entre otros, pueden convertirse en el principal caldo de cultivo de numerosos gérmenes que no sólo deterioran el producto, sino que pueden ocasionar, a largo plazo, serios problemas para la salud. Para valorar la salubridad de los utensilios que estén en contacto con los alimentos hay que tener en cuenta, según Maite Pelayo, microbióloga, especialista en seguridad alimentaria y portavoz del Instituto Silestone, dos criterios: «desde el punto de vista de una posible contaminación química, sus materiales no deben transmitir ninguna sustancia perjudicial para la salud o que altere las características originales del producto. Y, desde el punto de vista microbiológico, los materiales empleados no deben ser porosos ni absorbentes, pero sí resistentes a a golpes o ralladuras que supongan un foco de desarrollo bacteriano».

Contacto directo
Resulta difícil encontrar una cocina que no tenga utensilios de acero inoxidable en forma de cazos o cuberterías. Cuenta con la ventaja de que «no se corroe, tienen buena estabilidad, es ligero y fácil de limpiar. No obstante, hay que evitar arañarlo con utensilios metálicos», explica Pelayo. Sin embargo, «puede liberar pequeñas cantidades de metales pesados como el níquel y el cadmio», advierte la doctora Marisa Manzano de
Antiaging Group Barcelona. El aluminio, ya sea por el papel en el que se envasan o cocinan alimentos, así como algunas cazuelas o ollas elaboradas con este material, no deberían estar muy presentes en los hogares. «En muchos países se ha prohibido la utilización de este metal porque supone un peligro para la salud ya que se acumula en el organismo y éste no tiene la capacidad de eliminarlo. No obstante, hoy en día ya no se venden cacerolas de aluminio, tan sólo es posible encontrar de acero inoxidable», afirma Manzano. Si el aluminio entra en contacto con el alimento, «puede absorberse y resultar tóxico por lo que no se recomienda su empleo a la hora de cocinar productos ácidos como alimentos a la vinagreta, al limón o al escabeche», sostiene Roncesvalles Garayoa, profesora de Nutrición y Dietética de la Universidad de Navarra. Asimismo, Manzano advierte de que «como no debe entrar en contacto con comida caliente, adiós al ‘‘papillotte’’, el último grito en cocina saludable».

Para evitar que los alimentos se peguen a la hora de cocinarlos, las sartenes, ollas y cazos pueden estar recubiertas de teflón que presentan propiedades antiadherentes. Pero conviene saber, según Manzano, «que contiene ácido perflouroctano, un componente tóxico para el organismo y que a altas temperaturas se libera en forma de gas, lo que resulta perjudicial para la salud». Aunque «es fácil de limpiar y permite cocinar con menos grasa y aceite, no es muy duradero y puede rayarse al lavar», dice Garayoa.

El cobre siempre ha sido un material muy empleado en la Antigüedad. Sin embargo, «hoy en día no se recomienda por peligro de envenenamiento, a no ser que forme parte de alguna aleación», explica Garayoa. En contraposición a esto, Diego García Carvajal del Centro de Información del Cobre (Cedic), sostiene que «el problema no es el uso del cobre, sino la falta de limpieza propia de otra época. Además, las superficies de cobre y sus aleaciones eliminan bacterias, hongos y virus y es un oligoelemento esencial que necesitamos diariamente».

Más calor, más deterioro
Las tablas y cubiertos de madera forman parte de cualquier mobiliario de cocina. Sin embargo, «debido a su naturaleza porosa y la presencia de grietas acumulan restos de alimentos y humedad, lo que las convierte en un buen soporte para el crecimiento de bacterias. Aunque conviene lavar todos los
utensilios de cocina en el lavavajillas, la madera es la excepción porque el calor acelera su deterioro. Por ello, hay que fregarlos a mano. Por su elevado riesgo sanitario, su uso está prohibido en la cocina profesional», explica Pelayo. En el caso de las cazuelas de barro, Manzano advierte de que «trasmiten el calor poco a poco, pero hay que vigilar si están esmaltados porque el barniz podría contener metales pesados que pueden pasar a la comida como el plomo». Las clásicas fuentes de vidrio cuentan, frente a otros elementos, con todas las garantías de seguridad. Los motivos, según Garayoa, son más que evidentes. «No reacciona con la comida, no se corroe ni se oxida y es una de las opciones más adecuadas para guardar la comida, además de muy útil para cocinar al horno». Los avances en los materiales de cocina se han basado en garantizar la seguridad del alimento y la silicona, por ejemplo, cumple a la perfección con este requisito. Por ello, no es de extrañar que cada vez sea más popular a la hora de cocinar, tanto a nivel doméstico como profesional.

Tal y como explica Pelayo, «se trata de un polímero sintético que obtiene a partir de sílice de arena que se emplea en moldes, recipientes para cocinar y espátulas y cuenta con la ventaja de que no retiene olores, es antiadherente, flexible y útil para usarse en el microondas, en el horno o para conservar alimentos en la nevera o en el congelador ya que resiste temperaturas que oscilan desde los -60 grados hasta los 250 grados centígrados». Además, continúa la experta, «es muy estable, no reacciona con los alimentos, se limpia y desinfecta muy bien por lo que, hoy por hoy, está considerado como el material sintético de uso alimentario más seguro».