PUBLICA SU SEGUNDA NOVELA COSAS QUE
OCURREN AUNQUE TÚ NO LAS VEAS
Alicia Huerta: "Me gustaría
pensar que cambiamos siempre a mejor, pero no estoy segura"
La
escritora Alicia Huerta publica Cosas
que ocurren aunque tú no las veas,
su segunda novela en la que aborda a través de su protagonista,
aquejada de una enfermedad, una historia de acción trepidante e
intrigante en la que no falta un componente de superación y
valentía, así como de amor y esperanza.
Elena
Viñas 27-10-2012
Acaba de publicar su segunda novela,
un libro que dejó inacabado hace tiempo y que ha retomado ahora. ¿A
qué se debe?
Cosas que ocurren aunque tú no las veas ha
sufrido muchas modificaciones en estos años. De hecho, cuando empecé
a escribirlo, no sabía si iba a ser una novela o un diario. Tenía
una gran carga emocional y un perfil muy filosófico; tanto que no me
sentía capaz de publicarlo, por lo que me enfrasqué en mi tercera
novela, que aún no he publicado. Así fue hasta que hace un año,
viendo que a mucha gente le había gustado mi primer libro, Delirios
de persecución, decidí reencontrarme con esta novela. Descubrí
que todavía tenía mucha carga, que he conseguido liberar al
concluirla. Le faltan 50 o 60 páginas que no sé si algún día
llegaré a publicar porque encierran mucho dolor.
La protagonista de su libro, Elisa,
padece encefalomielitis miálgica, una enfermedad también conocida
como síndrome de fatiga crónica. ¿Cómo cree que ha enriquecido
esta dolencia a configurar el personaje?
Creo que no habría
sido el mismo si no la hubiera padecido. Se trata de una mujer
enferma que logra dejar de pensar en el dolor que siente para poder
evolucionar. Escribí esta novela para dar voz de alguna forma a los
enfermos de síndrome de fatiga crónica porque creo que puede ayudar
a que la gente comprenda mejor lo que sienten y a que no sean
juzgados. He llegado a la conclusión de que es imposible que la
gente no afectada llegue a comprender esta enfermedad aparentemente
fantasma, pero que destruye vidas.
¿Así que es complicado comprender
el dolor ajeno?
Llegas a creer que lo comprendes, pero al
final tiendes a juzgar a estos enfermos por su limitación, así que
mi intención es que la novela la lean quienes no padecen la
enfermedad para que conozcan en qué consiste. No la he escrito desde
la ignorancia, yo también la padezco, así que este libro ha sido
para mí una manera de salir del armario. Me parecía hipócrita
quejarme de que alguien no me entendía si no le había explicado lo
que me ocurría. Sin embargo, sigo creyendo que nadie me va a
entender, pero no porque tenga una actitud derrotista, sino porque he
llegado a la conclusión de que es imposible transferir lo que
siento. Como lo tengo comprobado, decidí vivir no por la enfermedad,
sino a pesar de la enfermedad, aunque no siempre es posible. Hay
mucha gente que no tiene más remedio que estar de baja permanente y
todavía se les sigue considerando vagos. Recientemente, la
inmunóloga estadounidense Nancy Klinas, que acuñó el término de
fatiga crónica en vez de encefalomielitis miálgica, ha pedido
disculpas por banalizar la enfermedad.
Elisa camina despacio. Forma colas
de gente cuando pasea por la calle y la gente se desespera. ¿A eso
se refiere?
Eso es. La gente juzga mucho. Si un enfermo de
fatiga crónica baja una escalera peldaño a peldaño, no lo hace
aposta para que la gente espere, así que antes de quejarnos conviene
pararnos a pensar en si es posible que le pase algo a quien tenemos
delante. De todas formas, los enfermos tienen que hacer un esfuerzo
para no tratar de encontrar comprensión, sino aceptación. Nada más.
Tenemos que perder el complejo.
¿Hay
algo que mitigue el dolor?
Creo
que Elisa logra ponerlo en un segundo plano. Decide que tiene que
vivir a pesar de ello. Aunque en un principio no se ve capaz de
avanzar, pronto encuentra una excusa para superarse. Lo importante es
que no se queja. Eso es fundamental.
Imagino que tener una buena actitud
ante la vida ayuda…
La fuerza de la mente es indudable.
Elisa sabe que paga los esfuerzos que hace. Es como los cantantes de
ópera, que cantan un día y tienen que reposar las cuerdas vocales
al siguiente.
En su relato, Elisa se encuentra en
poco tiempo con tres hombres con los que mantiene una relación
emocional. ¿Aprende algo de ellos?
Es curioso. Hay veces que
no pasa nada en tu vida y de repente ocurre todo a la vez. Elisa se
encuentra de repente con tres relaciones. Está Roberto, con quien
lleva tiempo y termina rompiendo, Alejandro, a quien le une un
vínculo algo fantasioso, y Alberto, el que tiene más peso aunque
ella no se dé cuenta. Creo que más que aprender, lo que saca de
provecho de la relación con los tres es que se ve capaz de engañar
mejor de lo que le engañan a ella.
Elisa dice en el libro que las cosas
que se ignoran de una persona son más de las que se conocen. ¿Acaso
ocultamos tanto?
Creo que lo primero que hacemos es ocultarnos
cosas a nosotros mismos. Me gusta intentar descubrir lo que me
ocultan las personas porque yo lo hago.
¿Un enfermo de fatiga crónica
tiende a pensar que el dolor físico ajeno no lo es tanto?
Todo
el mundo siente dolor. Es cierto que no es lo mismo tener una rotura,
que te escayolen y te recuperes que padecer esta enfermedad, que
siempre te hace estar en la cuerda floja. Es decir, puedes estar
bien, pero de repente puede darte un brote motivado por un abrazo
cariñoso de alguien o por pisar una piedra en el suelo. Lo cierto y
extraño de esta dolencia es que en realidad no tienes nada en el
tobillo o en el codo, pero el impulso nervioso está en el cerebro y
es ahí donde se activa el botón del dolor. Por eso es tan difícil
convivir con un afectado.
¿Hay
algo que consuele a un enfermo de este tipo?
Contar
con un diagnóstico. La mayoría de los enfermos de fatiga crónica
tardan una media de entre 3 y 5 años en ser diagnosticados. Son
dolores difusos que no se ven en radiografías o resonancias
magnéticas. Hay indicadores, pero los médicos de medicina general
no llegan a percibirlos. En mujeres entre 30 y 50 años, que es
cuando aparecen los síntomas más graves, se empieza el tratamiento
con antiinflamatorios o analgésicos. Lo difícil es encontrar a un
médico que tenga empatía y que facilite el diagnóstico lo antes
posible porque ese tiempo de espera es vital para que no se agraven
los síntomas. Cuando el enfermo alcanza ese contradictorio momento
en el que alguien le dice que padece este síndrome y no se cura, al
mismo tiempo se está convenciendo de que tiene algo y de que no se
lo está inventando. Creo que hay que dar un voto de confianza a
quien está enfermo, lo mismo que me parece fundamental que el
enfermo piense en que hay algo más importante que él para no caer
en una depresión.
¿Confía
en la ciencia?
Esta
enfermedad está catalogada como rara, pero la gran cantidad de
afectados que empieza a haber terminará por hacerla salir de ese
grupo de dolencias. El problema de estas enfermedades minoritarias es
que no despiertan gran interés entre los investigadores porque no
merecen la pena. El centro que más investiga está en Nevada y está
patrocinado por un matrimonio con un hijo que padece la enfermedad.
¿La empatía hacia otros enfermos
aumenta?
Empiezas a valorar las cosas de otra manera porque el
hecho de levantarse, salir a la calle y hacer recados puede
convertirse en un triunfo. Me gustaría pensar que cambiamos siempre
a mejor, pero no estoy segura. Creo que está escrito en el ADN. Es
decir, si alguien que enferma antes era un egoísta, probablemente lo
sea más todavía mientras que el que ha sido maravilloso antes de
enfermar, tenderá a preocuparse todavía más por los que le rodean.
Cuánto se echa en falta la rutina
cuando nos falta, ¿no?
Así es. Cuando vi el salto
estratosférico de Felix Baumgartner me impactó lo que dijo sobre la
sensación que había tenido allí arriba, donde se había dado
cuenta de que se sentía tan pequeño que no le preocupaban tanto los
récords como abrazar de nuevo a su madre.
Nada tiene de rutinaria, sin
embargo, la trama en la que se ve envuelta su protagonista....
No,
desde luego que no. Ese equilibrio que ella siempre busca o que cree
buscar se rompe en mil pedazos a medida que descubre que sus dos
últimas relaciones sentimentales han estado rodeadas de engaño.
Además, no se trata de una falsedad cualquiera, sino de una oscura
trama que amenaza con llevársela por delante.
¿Qué ha encontrado de literario en
un asunto como la trata de personas?
El tráfico ilegal de
seres humanos que llevan a cabo las mafias tiene una dimensión
enorme. De hecho, muchas de esas mafias que antes comerciaban con
drogas han ido cambiando el "objeto" de su negocio,
centrándose más en comerciar con personas. En el caso de la trata
de blancas, por ejemplo, la ventaja es doble: por una parte, a
diferencia de las drogas, se puede vender a una mujer infinidad de
veces y, por otra, ya no tienen que dedicarse a buscar rutas
complicadas o escondites en los medios de transporte para traspasar
controles o fronteras. Han descubierto que basta con amenazar a esas
mujeres con matar a sus seres queridos si intentan escapar o llamar
la atención de la policía. Se aterroriza a la víctima de tal
manera que acaba por convencerse de que no hay escapatoria posible.
Es perverso.