por Francisco Rubiales
Jueves, 19 de Enero de 2012 13:22
La enfermedad explicaría muchos de
lo que al pueblo le resulta inexplicable, incluyendo las mentiras,
los fracasos y las medidas contra el ciudadano, la Justicia y la
razón que se están adoptando frente a la crisis.
- El director general de Trabajo de la Junta de Andalucia se gastaba 900.000 euros, provenientes del dinero para luchar contra el desempleo en cocaina y en copas.
- La saqueada CCM concedió un crédito de 50 millones a un narcotraficante para que sus envios recalaran en el aeropuerto de Ciudad Real.
- El hijo del Presidente de la Junta de Andalucia, acusado por la Policia de formar parte de una red de blanqueo de dinero y cohecho a cambio de contratos en la Junta de Papá.
- La familia Botín ocultaba en Suiza unos 2.000 millones de euros evadidos al fisco español.
- El ex-ministro Pepiño recibió en mano cerca de 3 millones de euros en un maletin de la trama de su primo a cambio de contratos.
Abrimos un periódico y no tenemos más
remedio que admitir que estamos siendo gobernados por delincuentes o
por locos.
Cuando Zapatero se hundía sin remedio
en las encuestas, rechazado visceralmente por los españoles, le
preguntaron, en una entrevista, si se sentía mal ejerciendo el poder
y con millones de ciudadanos rechazándole, pero, ante la sorpresa
del entrevistador, afirmó que se sentía perfectamente y que dormía
a pierna suelta. Lo mismo responderían hoy Rajoy, Montoro, Luis de
Guindos, Artur Mas, Dolores de Cospedal, Griñán y muchos otros
políticos españoles, a pesar de que deberían sentirse muy mal ante
los estragos de la crisis, los millones de desempleados y pobres que
llenan las calles de España y el inmenso sufrimiento que las medidas
que ellos adoptan causan a millones de españoles.
Algunos idiotas creen que ser un buen
político significa poder adoptar medidas dolorosas sin que les
tiemble el pulso, sin que esas decisiones les afecten, por muy duras
que sean. En realidad debería ocurrir lo contrario: el mejor
político es el que siente dolor con sus administrados y el que duda,
medita y sufre antes de adoptar decisiones graves que conllevan
sufrimiento humano. Los insensibles son enfermos o canallas que han
llegado al poder, mientras que los que sufren son seres humanos
decentes que merecen la confianza de sus administrados.
¿Por qué ese comportamiento extraño
e insensible de los políticos ante el sufrimiento que ellos mismos
provocan o que no saben mitigar? La respuesta es que muchos de los
políticos que hoy gobiernan son auténticos enfermos mentales,
necesitados urgentemente de tratamiento psiquiátrico intenso. Lo que
Zapatero definía en su entrevista como signos de salud, son,
precisamente, los síntomas más claros del "Síndrome de la
Arrogancia", la enfermedad mental que David Owen define y que
reclama sea incluida, con un número propio, en el Código
Internacional de Enfermedades (CIE).
Tras desempeñar cargos como el de
ministro de Sanidad (1974-1976) y el de Asuntos Exteriores
(1977-1979) en el Reino Unido, Owen, médico de profesión, se ha
concentrado en los últimos siete años en la medicina y en la
investigación del cerebro humano. Durante este tiempo, el inglés ha
desarrollado una tesis sobre este "síndrome de 'hybris'",
para él un desorden de personalidad cuyos síntomas serían el
aislamiento, el déficit de atención y la incapacidad para escuchar
a cercanos o a expertos. David Owen (In Sickmess and in Power, 2008)
explica que el dominio del poder ocasiona
cambios en el estado mental
y conduce a una conducta arrogante, por lo que las enfermedades
mentales necesitan una redefinición que incluya el Síndrome de la
Arrogancia en el elenco mundial de enfermedades mentales.
A algunos políticos, el poder les hace
perder la cabeza, los convierte en arrogantes y soberbios y les aleja
de la realidad, situándolos en una peligrosa alienación que les
hace perder la noción de la realidad. Pero a otros los convierte en
verdaderos y peligrosos enfermos mentales, incapacitados, según
Owen, para tomar decisiones y gobernar. Cuando acceden al poder se
creen dioses o sus enviados en la Tierra, propician el culto a la
personalidad y muchas veces se tornan crueles.
Algunos creen que esa enfermedad se da
únicamente en las tiranías, pero lo cierto es que también se
desarrolla en las democracias, afectando a personas que han sido
elegidas en las urnas. El síndrome, en los dirigentes que gobiernan
las democracias, al no poder comportarse como dictadores crueles,
tiene otros rasgos y manifestaciones: se sienten eufóricos, no
tienen escrúpulos, no son conscientes de sus errores y fracasos y
son capaces de dormir a pierna suelta (como Zapatero) sin que ni
siquiera les afecte el rechazo masivo de los ciudadanos o su inmensa
y aterradora cosecha de fracasos, dramas y carencias que, para
cualquier persona con salud mental, resultarían insoportables. Su
alienación es de tal envergadura que cometen un error tras otro,
porque la capacidad de análisis no les funciona y sus decisiones y
medidas son producto del desequilibrio, la soberbia y la confusión
extrema.
Adolfo Suárez, Felipe González, José
María Aznar y Zapatero han sido víctimas de lo que en España
llamamos el "Síndrome de la Moncloa", un mal que aliena,
atonta y aleja de la realidad a los mandatarios. Es probable que ese
síndrome sea el mismo "Síndrome de la Arrogancia",
descrito por Owen.
Es evidente que un tipo que duerme a
pierna suelta, a pesar del sufrimiento y del rechazo masivo de sus
conciudadanos, sin que su conciencia se conmueva ante los millones de
desempleados, pobres y gente infeliz que ha generado su gobierno, ha
debido perder la razón y estar gravemente enfermo.
Owen dice que los enfermos que padecen
el "Síndrome de la Arrogancia" no están capacitados para
gobernar y ponen en grave riesgo a los países que controlan.
¿Lo padece también Rajoy? ¿Hay
alguna otra forma de explicar que un político prefiera subir los
impuestos hasta asfixiar a sus ciudadanos, antes que suprimir lacras
injustas y contrarias a la democracia como la subvención pública a
los sindicatos y partidos políticos? ¿Por que Rajoyse esconde y no
da la cara ante los españoles, a los que ha vaciado la cartera? Es
probable que sólo un enfermo grave sea capaz de negarse a recortar
gastos gubernamentales y prefiera meterles la mano en el bolsillo a
los ya esquilmados ciudadanos. Es probable que sólo un enfermo sea
capaz de adoptar esas decisiones, claramente contrarias al bien
común, sin sentir dolor y angustia como ser humano.
Zapatero ya está en la tumba política,
curándose, tal vez, de su enfermedad, retirado de la primera línea
política, pero hay otros muchos políticos españoles en activo a
los que se les ve la enfermedad nada más mirarles a los ojos u
observando con atención su comportamiento.
Carme Chacón deja a un lado su
catalanismo radical y se presenta ante el PSOE como hija de un
andaluz. A su flanco, sin que le moleste, se encuentra un
despilfarrador empedernido como el manchego Barreda. Rubalcaba se
presenta como ajeno al "zapaterismo",cuando ha sido su
principal cómplice ¿Están locos o carecen de principios? Quizás
las dos cosas, a juzgar por el aquelarre de insensateces y majaderías
que ofrecen al ciudadano.
El caso más claro y evidente es el del
presidente catalán Artur Mas, tan nacionalista, arrogante e
insensible al sufrimiento ajeno que prefiere que algunos pacientes
catalanes puedan morir por falta de atención médica, como
consecuencias de los duros recortes en sanidad que ha ordenado, antes
de cerrar sus innecesarias "embajadas" catalanas en el
exterior.
A Artur Mas parece que no le importa lo
que opinen sus administrados. Preso, probablemente, del "Síndrome
de la arrogancia" se cree facultado para decidir sobre todo y
optar por la política que él crea conveniente, incluso en contra de
la voluntad de los ciudadanos. Es evidente que un dirigente que
prefiere cerrar quirófanos a cerrar embajadas inútiles posee una
inmensa y escandalosa carencia de democracia, pero es más evidente
todavía que también podría padecer la enfermedad que el británico
Owen ha descrito y tipificado con gran acierto.
Los gobernantes valencianos parecen
presos también, de la "locura de los políticos": no han
podido pagar en diciembre la Seguridad Social de sus trabajadores y
han necesitado la mediación del Gobierno por el vencimiento de una
deuda de 123 millones, pero se niegan a recortar en el ruinoso Canal
9 de televisión regional. De manicomio, por lo menos.
Si esos políticos enfermos estuvieran
en su sano juicio, dimitirían inmediatamente, ante la evidente
incapacidad psicológica para gobernar a un pueblo de hombres y
mujeres libres. Deberían comprender (pero la enfermedad les impide
asumirlo) que, sin el apoyo de los ciudadanos, que son los
"soberanos" en democracia, un gobernante rechazado equivale
a un tirano.
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