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jueves, 12 de enero de 2017

¿Por qué hay que oponerse a cualquier tipo de copago de servicios sanitarios y de medicamentos?


Ángeles Maestro *

La nueva Ministra de Sanidad ha anunciado su decisión de ampliar el copago de los medicamentos para los pensionistas que cobren más de 18.000 euros anuales. Utiliza para justificarla argumentos que, no por haber sido esgrimidos por Consejeros y Ministros anteriores, resultan menos vergonzosos.

Se pervierte el sentimiento popular de justicia, “que pague más, quien más tiene”, que tiene su aplicación fundamental en la aplicación de los impuestos directos sobre la riqueza para intentar legitimar – con el mismo argumento - una nueva restricción económica en el acceso a los medicamentos, que, sin duda alguna, abrirá el camino a otras más.

Es una gigantesca trampa que intenta culpabilizar y enfrentar entre si a quienes menos tienen, ocultando el saqueo generalizado de las arcas públicas que se ha producido vía reducción de impuestos a las rentas más altas (el escarnio de las SICAV sigue vigente), amnistías fiscales, el rescate de la banca privada, la evasión de capitales y tantos etcéteras, por no hablar de la miseria de las pensiones o de los incrementos brutales de la explotación que supone la generalización de la precariedad.

Además, el establecimiento de barreras económicas para el acceso a un elemento central del sistema sanitario – al que se accede mediante prescripción facultativa y precisamente cuando se está enfermo, es un crimen cotidiano.

Tras el primer año de entrada en vigor del Real Decreto Ley 28/2012, del gobierno del PP, que cínicamente llevaba por título “de consolidación y garantía del sistema de la Seguridad Social”, un estudio realizado en Madrid arrojaba el estremecedor dato (obtenido mediante encuesta y por lo tanto muy inferior al real) de que cerca del 20% de los pensionistas no acudían a retirar de la farmacia los medicamentos prescritos. Resultados semejantes se han obtenido en estudios relativos a la introducción del copago en otros países, con la particularidad de que ese 20% de la población es el que concentra todos los riesgos desde el punto de vista de la salud; es el mismo a quien se desahucia por no pagar el alquiler, el que devuelve los alimentos en la caja del supermercado o a los que hipócritamente se califica de “pobres energéticos”.

El argumento de que la cantidad exigida – un máximo de 8 euros mensuales - es simbólica (¿para quién?) es un insulto para la mayoría de pensionistas (y activos), que con ingresos inferiores a los 600 euros, tiene que decidir entre comer, pagar la luz o retirar los medicamentos.

Pero hay que recordar, para la juventud, o para los desmemoriados, que los discursos destinados a justificar los copagos son añejos.

Quien abrió el debate acerca de la conveniencia de hacer pagar a las personas enfermas por los fármacos que les prescribe su médico fue el Informe Abril Martorell (1991), elaborado a instancias de un ejecutivo del PSOE que gobernaba con mayoría absoluta.

El primer “medicamentazo” fue obra también del PSOE en 1993. La Ministra Ángeles Amador, hoy flamante “consejera” de Red Eléctrica Española, fue quien llevó a cabo por primera vez la exclusión de determinados fármacos de la financiación por la sanidad pública. El segundo de ellos vendría de la mano del PP en 1998. Muchos de los medicamentos eran, y son, de uso frecuente en enfermedades crónicas. Se esgrimieron argumentos confusos y contradictorios. Si no eran eficaces, habría que haberles eliminado del Registro. Si se pretendía favorecer el buen uso de los medicamentos, es injustificable que los excluidos por su dudosa utilidad pasaran a ser objeto de publicidad en medios masivos, con lo que cualquier atisbo de racionalidad desaparecía por completo. Así, se da el caso de que un medicamento como el Frenadol, prohibido en varios países de la UE, es objeto aquí de propaganda masiva.

Los objetivos de ahorro son también falaces. Tras un breve periodo de reducción tras la adopción de las medidas, el gasto farmacéutico vuelve a dispararse. En el caso de la financiación selectiva de medicamentos, se eliminaron los medicamentos más baratos y menos rentables, que fueron sustituidos por otros más convenientes para la cuenta de resultados.

Los objetivos de ahorro son una falacia e incompatibles con el poder aplastante de la industria farmacéutica, a cuyo servicio han estado todos y cada uno de los ministerios y consejerías del Estado español.

Lo que importa saber es que son capaces de inventarse cualquier cosa para conseguir los objetivos de los intereses empresariales a los que sirven. A modo de ejemplo valga este hecho que viví en mi época de diputada, precisamente cuando el PSOE intentaba rodear de legitimidad social su primer “medicamentazo”. El argumento usado entonces para neutralizar la resistencia social fue la acusación de fraude masivo en las recetas de pensionistas que los jubilados usaban para obtener medicamentos gratis para toda la familia. Los medios de comunicación masivos se hicieron eco y expandieron el “relato”, sin más fundamentos. CC.OO y UGT lo apoyaron activamente llevando a cabo una “campaña de educación sanitaria” entre sus afiliados, con folletos y charlas destinados a colaborar en la eliminación de dicho fraude. Ante la persistencia de mis preguntas dirigidas a altos cargos del Ministerio en sede parlamentaria acerca de cuales eran los datos que avalaban tales acusaciones de fraude, la respuesta que obtuve fue que tras un estudio realizado sobre decenas miles de recetas en Madrid habían aparecido 25 dudosas.

El copago de medicamentos, que como tantas veces se ha repetido es repago, sirve a un doble objetivo esencial para la gestión empresarial y la privatización de la sanidad pública:
  • Si el 80% del gasto es consumido por el 20% de la población de más edad, enfermos crónicos y personas con escasos recursos, eliminarles del acceso a la sanidad, como muy bien saben las mutuas patronales y las aseguradoras privadas, garantiza el negocio.
  • Hacer pagar por los medicamentos prescritos va eliminando uno de los valores esenciales de la sanidad pública frente a la privada: la gratuidad en el momento de uso.
A estas alturas debería estar perfectamente claro que lo que queda de los servicios públicos está en el punto de mira. Y que todo ataque que preparan va precedido de un “relato”, de un montaje mejor dicho, que carece de cualquier fundamento que no sea favorecer los intereses que representan. Es una guerra de clases que tiene ganadores y perdedores, y el arma más letal es dar crédito a su propaganda, de forma que nuestra fuerza sea preventivamente destruida.

10 de enero de 2017

* Ángeles Maestro es médica, técnica superior de Salud Pública. Fue diputada del Congreso y portavoz de Sanidad por IU. Es miembro de Red Roja


jueves, 19 de junio de 2014

La crisis económica dispara las depresiones en España: aumentan un 19%

  • La crisis económica dispara las depresiones en España: aumentan un 19%
  • La salud mental es la más perjudicada por la recesión y los recortes aplicados en el sistema sanitario, según un informe de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria
  • Los niños, víctimas de la crisis actual, se arriesgan a convertirse en adultos más enfermos
  • Las enfermedades infecciosas ligadas a la pobreza, en alerta por la falta de recursos y la exclusión de los inmigrantes irregulares
Raúl Rejón
18/06/2014 
La depresión ha crecido debido a la crisis económica. 
La recesión ha clavado los dientes de los recortes en la asistencia sanitaria de los españoles. Que reducir los presupuestos, establecer copagos, impedir el acceso a la sanidad de grupos de población, podar las plantillas sanitarias y menguar los recursos a disposición de los ciudadanos tiene impactos es una evidencia.

Pero para intentar contrastarlos y cuantificarlos la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) ha reunido a 65 profesionales multidisciplinares como sanitarios, economistas e investigadores. El fruto de su trabajo es el informe Crisis y Sanidad, que describe cómo los años de crisis económica han afectado tanto a los españoles como al sistema sanitario que les atiende. Las conclusiones son pesimistas: empeoramiento de la salud mental de la población, más personas en riesgo por falta de acceso a los recursos y niños más vulnerables frente a la enfermedad.

El desempleo como factor de riesgo

Las depresiones mayores crecieron entre 2006 y 2010 un 19,4%, según el informe de SESPAS. Para los analistas, "hay amplio consenso en cuanto a que la salud mental se ve negativamente afectada en los periodos de recesión económica". Además, subrayan que, de los motivos que llevan a la depresión, "el desempleo constituye el principal factor de riesgo". De hecho, también han crecido las personas que padecen depresiones leves (distimia: un 10,8%). Incluso los trastornos de ansiedad y la angustia son ahora más numerosos. Para completar el cuadro, habituales vías de escape como el alcohol han aumentado en sus fases patológicas como son la dependencia de la sustancia o el abuso.

A mayores problemas, la población echa mano de medicamentos contra la depresión. De 2009 a 2012 el consumo de psicofármacos subió un 4% (de 123 a 128 millones). Entre estas pastillas se incluyen los antipsicóticos, antidepresivos, tranquilizantes e hipnótico-sedantes. Si se analizan en detalle solo los productos específicos para la depresión se ve que en estos años de hundimiento económico y laboral los españoles han consumido muchas más de estas drogas. De los 35,1 millones de 2009 a los 38,7 millones de 2012; un incremento del 10%.

Para empeorar la situación, en un contexto de crisis que exacerba las enfermedades mentales, los gobiernos tienden a reducir los presupuestos sanitarios. Y dentro de sus prioridades no aparece precisamente la salud mental: "Resulta, por tanto, particularmente necesario invertir esta dinámica", concluyen los expertos de SESPAS.

Las redes familiares

Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) que han manejado los científicos de SESPAS arrojan una conclusión: "Los resultados de España no permiten concluir que la tendencia en la mortalidad general se haya modificado a partir del inicio de la actual crisis económica". No existen aumentos significativos en ninguna de las causas que se estudian habitualmente cuando se habla de mortalidad en un país que van desde las enfermedades infecciosas, las cardiacas, respiratorias… Pero también externas, como los accidentes de tráfico o incluso los suicidios. Es cierto que los impactos en estas causas de muerte, a menos que sean de proporciones catastróficas, no se notan en el corto plazo que puede abarcar la crisis.

La conclusión a la que llegan los investigadores –y la respuesta que ofrecen– es de tipo social: el colchón familiar alivia el golpe. Es decir, que el hecho de que no se evidencien "los efectos de la crisis sobre la mortalidad puede deberse en parte a la existencia de sólidas redes de apoyo familiar, que amortiguarían sus impactos negativos".

Niños vulnerables

"Desde el inicio de la actual crisis económica, el grupo de población más perjudicado en términos de pobreza ha sido el de la población infantil. Actualmente, más de una cuarta parte de los menores de 16 años en España está en riesgo de pobreza". A estos niños de la crisis, según las proyecciones de los expertos, "tendrán más posibilidades de padecer problemas de salud como la diabetes o la demencia" además de enfrentarse a un horizonte con un "menor nivel educativo y, en consecuencia, peores empleos y menos ingresos". Así de contundente se muestra el apartado del macro-estudio al hablar de los menores.

En el estudio incluso dedican un apartado a las enfermedades infecciosas en la infancia, porque algunas están especialmente relacionadas con las condiciones de vida. De ahí que SESPAS haya mirado con foco más ampliado estas patologías, como la tuberculosis y el SIDA, en las que un empeoramiento de la asistencia social y la insalubridad de los hogares pueden redundar en aumentos epidemiológicos.

De hecho, en la tuberculosis hay que subrayar que el 50% de la variación en la incidencia y la prevalencia de la tuberculosis en Europa depende del nivel de riqueza de cada país y de la equidad en su población. En España, "la tuberculosis en menores de 5 años duplica la tasa media de la Unión Europea (11,9 frente a 4,5), y es también mayor en los de 5 a 14 años de edad", reseña el documento. A la cabeza de los problemas se sitúa el decreto 14/2012 del Gobierno de Mariano Rajoy que restringió el acceso de los inmigrantes al sistema sanitario y que "puede tener serias repercusiones sobre el control" de la epidemia.

Acerca del sida, la crisis tiene un efecto dominó porque afecta a diferentes estratos de la lucha contra el VIH. Incide negativamente en los infectados ya sea por el retraso en el diagnóstico o la vulnerabilidad social del enfermo que impide que siga el tratamiento pero también en la propia propagación del virus con el aumento del consumo de drogas inyectables o del sistema sanitario con recortes en la atención y tratamientos.

La falsa carta del ahorro sanitario

Saber cuánto se ha dejado de invertir en sanidad es crucial, puesto que la justificación de los recortes en esta materia era, casi en exclusiva, la reducción del déficit. El decreto de medidas para la sostenibilidad del sistema sanitario se arrogaba la capacidad de ahorrar 7.267 millones de euros.  En el Programa de Estabilidad 2013-2016, el Ejecutivo aseguraba que ya había llegado al 59% de esa cantidad. En el informe de SESPAS se afirma sin rodeos: "No hay justificación técnica de dicha cuantía ni de la atribución a esta política de austeridad".

Y pone algún ejemplo, como el de la norma que impide el acceso regular a la medicina de los inmigrantes sin papeles: "Al redirigir a esta población hacia la atención de urgencias se bloquea el uso regular y precoz a través de la atención primaria". Respecto al copago de medicinas denuncia que "la retirada de la financiación pública a la prestación farmacéutica también distorsiona la funcionalidad clínica", es decir, la utilidad a la hora de curar. Con todo, se pide que el copago "debe tener un papel recaudatorio limitado" para que no se convierta en un "impuesto sobre la enfermedad".

La privatización es una excusa

SESPAS pone de manifiesto que "los estudios realizados en España para evaluar el funcionamiento de las iniciativas Público-Privadas son prácticamente inexistentes". Es un argumento principal en contra del discurso de muchas administraciones sobre la necesidad de aplicar estas privatizaciones porque son "más eficientes". El informe asegura que "los responsables políticos, presionados por la necesidad de cumplir con los objetivos de déficit acordados en el marco del proceso de consolidación fiscal, creen ver en la privatización una válvula de escape con la cual aliviar unos maltrechos presupuestos públicos".

Las concesiones a empresas de departamentos sanitarios u hospitales, las derivaciones a centros concertados o los convenios con centros asistenciales privados son, según el análisis de estos especialistas, la consecuencia de "una sucesión de mensajes catastrofistas que dibujan un escenario de despilfarro generalizado, profesionales desmotivados que persiguen su propio interés, ciudadanos que utilizan inadecuadamente los servicios sanitarios y, en consecuencia, un sistema sanitario público financieramente insostenible". Y que no cuentan, como establece el documento, con auténticas evidencias empíricas que coloquen a los hospitales regidos por empresas privadas como más eficientes y mejores respecto a los públicos.

La gente acude menos al médico

A pesar de la crisis y los recortes en sanidad, los españoles aprecian el Sistema Nacional de Salud. Según el último Barómetro Sanitario (2012), la valoración global del sistema "no parece sufrir un deterioro significativo durante los años de la crisis". Con todo, ese barómetro constató que el porcentaje de población que pensaba que habían empeorado la Atención Primaria, la Especializada, la Hospitalización y las Listas de Espera había crecido desde 2010.

La gente también demanda menos servicios sanitarios. Se ha constatado una caída en las consultas a los centros de atención primaria y a los servicios de urgencias. También hay menos hospitalizaciones. "Esto puede deberse, por un lado, al miedo a perder el trabajo entre quienes lo tienen, pero por otro también a cierta conciencia de austeridad", evalúa SESPA. Aunque también apuntan a la posibilidad de que haya menos recursos a disposición de los pacientes. "Una eventual reducción de la oferta", en palabras de los técnicos.

sábado, 11 de enero de 2014

Los copagos se le atragantan a Mato

  • El Consejo de Estado cuestiona el ahorro de cobrar por el traslado en ambulancia
  • Cospedal se une a las regiones del PP rebeldes con el pago por fármacos hospitalarios
Ambulancias aparcadas delante de la puerta de un hospital de 
Santiago de Compostela. /ANDRÉS FRAGA  
Comunidades díscolas que se niegan a aplicar un real decreto, acumulación de recursos judiciales, fractura en el partido del Gobierno por el desafío de algunos de sus barones a la autoridad de un ministerio... Los copagos sanitarios se le atragantan a la titular de Sanidad, Ana Mato, que en los últimos días ha visto cómo las comunidades gobernadas por su propio partido acuden a los tribunales para que les eximan de aplicarlos. La secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, acaba de anunciar que la región que preside, Castilla-La Mancha, devolverá a sus ciudadanos el importe del copago de fármacos hospitalarios. Golpe preelectoral o desafío a Mato, lo cierto es que la relevancia política de ese anuncio es inmensa, y no ha sentado bien en el ministerio.

Si la rebeldía de los barones contra el Gobierno central no fuera suficiente, el Consejo de Estado también ha puesto pegas a otro de los copagos de Mato: el del transporte sanitario no urgente, que pretende imponer el pago de cinco euros por cada trayecto en ambulancia (con límite mensual en función de la renta) de pacientes que, por ejemplo, acuden a diálisis o a rehabilitación. Un informe de este organismo, fechado en noviembre pasado, pone en duda el ahorro que Sanidad espera conseguir con la medida. “El objetivo del ahorro puede verse frustrado dado el equilibrio o compensación a que se refiere la memoria [el proyecto económico del ministerio] entre ingresos y gastos”, afirma. Es decir, lo que costará poner en marcha un sistema de cobro a los pacientes puede ser incluso mayor que lo que espera recaudar.

El Consejo de Estado recibió en septiembre el encargo de examinar el proyecto de Real Decreto que regula el copago de las ambulancias. El ministerio remitió su memoria económica, en la que calculaba un ahorro de “alrededor de 70 millones de euros”, 45 por aplicar “criterios de racionalización” y 26 por “aportación del usuario”, según recoge el informe del Consejo. La propia memoria reconocía que “hay que tener en cuenta” que la puesta en marcha un mecanismo de cobro y gestión “es compleja y obliga a hacer un gasto tanto en infraestructuras como en recursos humanos”. Y concluía: “Los ingresos que puede suponer la aportación pueden verse compensados por los costes de la gestión de su cobro”.

Todos los recargos

» Todo empezó con el Real Decreto Ley 16/2012 del 20 de abril de medidas urgentes para la sostenibilidad del sistema sanitario. Hasta entonces, los copagos eran prácticamente un concepto tabú en España.

» Aquella norma estableció que, por primera vez, los jubilados iban a tener que pagar por sus medicinas (el 10% con topes de 8, 18 o 60 euros en función de la renta). Los trabajadores en activo yacopagaban.

» El 16/2012 también limitó el acceso a la sanidad a los inmigrantes en situación irregular y avanzó que los enfermos iban a tener que aportar una parte del coste de las prótesis, los dietoterápicos y el transporte sanitario no urgente.

» Otro Real Decreto, el 1506/2012, de 2 de noviembre, puso negro sobre blanco cuánto habría que pagar por las prótesis. Los pensionistas que necesiten un aparato ortoprotésico, desde sillas de ruedas a bastones, prótesis o implantes abonan un 10% de su importe. El resto de asegurados, en función de sus ingresos. El Gobierno unificó así la situación en las comunidades: algunas no cobraban nada; otras sí.

Precisamente ese argumento, el del exiguo (o inexistente) ahorro, es uno de los que han enarbolado los contrarios al copago hospitalario. Una medida, entre las más contestadas de las puestas en marcha por Sanidad, que consiste en cobrar una parte de lo que cuestan los medicamentos que se dispensan en las farmacias hospitalarias a pacientes que no están ingresados. Este copago afecta a 43 fármacos, en 157 presentaciones, que toman enfermos crónicos y graves (cáncer de próstata, de pulmón, mama o renal; hepatitis C; diversas leucemias; artritis reumatoide; psoriasis...). Se les cobra el 10% del precio del envase, con un tope de 4,26 euros.

El problema, como sucede con el copago de ambulancias, es que los servicios de farmacia hospitalaria jamás han cobrado por entregar medicación, por lo que sería necesario instalar sistemas de cobro o de facturación. Cataluña calculó cuánto dinero ahorraría si aplicara la medida. Resultó que, tras restar los gastos, eran apenas 500.000 euros al año. Quienes se oponen a pagar por estos fármacos, como el portavoz de Sanidad del PSOE, José Martínez Olmos, recuerdan que todo copago tiene dos objetivos, el disuasorio y el recaudatorio, y que en este caso no se cumple ninguno de los dos. Los pacientes que usan estas medicinas, prescritas por sus médicos, no deciden si deben tomarlas o no.

Si hay algo que evidencie el fracaso del copago hospitalario es el calendario. La resolución ministerial que impone el copago es del 10 de septiembre pasado. Entró en vigor el 1 de octubre. Pasados más de tres meses, ninguna comunidad autónoma lo ha puesto en marcha. Ni siquiera las gobernadas por el PP que al principio se mostraron dispuestas a hacerlo. Varias regiones expresaron su disgusto en cuanto se conoció la intención de Sanidad y anunciaron que se iban a negar a aplicar la medida. Con el paso de las semanas, al grupo de las rebeldes se han sumado, con diferentes explicaciones, hasta la Castilla-La Mancha de Dolores de Cospedal.

Castilla y León, gobernada por el PP, ha sido la comunidad que ha llevado más lejos su oposición. Su consejero de Sanidad, Antonio María Sáez Aguado, considera que el copago tiene “un impacto económico limitado” y que “no puede ni debe tener un efecto disuasorio, porque hablamos de enfermedades graves”. Hace unos días el Tribunal Superior de Justicia de Madrid le admitió un recurso contencioso-administrativo en el que pide que se anule la resolución de Mato. Andalucía (PSOE-IU), Canarias (CC-PSOE), País Vasco (PNV) y Asturias (PSOE) también han anunciado que van a recurrir la disposición.

Murcia (PP) empezó diciendo que aplicaría el copago, para después poner dos condiciones: que hubiera consenso entre todas las comunidades y un modelo común de aplicación. Ayer, un portavoz aseguró que el sistema para facturar está listo, pero que esperarán para ver lo que ocurre con el resto de regiones. En Cantabria ha pasado algo parecido, como en La Rioja, Comunidad Valenciana, Galicia, Baleares y Madrid (todas del PP). El presidente de esta última comunidad, Ignacio González, dio ayer un paso atrás en su habitual entusiasmo con los copagos sanitarios que decide el ministerio: afirmó que este no lo podrá aplicar si le genera más gasto que ingresos.

Extremadura (también popular) dice que aplicará el copago, pero que se lo “compensará” a los ciudadanos, algo similar a lo que ha anunciado Cospedal. Solo Aragón (PP) ha anunciado que está ultimando el sistema de cobro en las farmacias hospitalarias para implantar el copago la última semana de este mes. Sería la primera, puesto que ahora solo se aplica en las ciudades de Ceuta y Melilla, donde la sanidad pública la gestiona directamente el Ministerio de Sanidad a través del Ingesa.

Pasan los meses, y las comunidades no tienen ninguna prisa por empezar con el copago farmacéutico. Con el de las ambulancias, el que cuestiona el Consejo de Estado, se da otra circunstancia: es el Ministerio de Sanidad el que lleva más un año arrastrando esa medida sin decidirse a aprobarla. El último proyecto de Real Decreto es de septiembre, pero estuvo precedido por tres borradores, el primero de febrero pasado.

El Consejo de Estado, pese a sus observaciones críticas, afirma en el último párrafo del informe que el texto “puede someterse a la aprobación del Consejo de Ministros”. Mato ha tenido dos meses, pero no lo ha hecho. Alejandro Toledo, presidente de la Federación Nacional de Asociaciones para la Lucha Contra las Enfermedades del Riñón (ALCER), cree que entre la implantación de la logística necesaria y el perjuicio “psicológico y material” para los enfermos, la medida no debería ni haberse planteado.

En Sanidad, por su parte, aseguran que su “reforma sanitaria” se da ya por “culminada”. Fuentes del Gobierno añaden que los copagos en ambulancias, prótesis y dietoterápicos “ya no son una prioridad”. Que nadie se extrañe si Mato se da por vencida, al menos, en algunos de sus polémicos copagos.

Sin sanidad tras 90 días fuera del país

E. G. S.

El 1 de enero entró en vigor una de las medidas sanitarias más polémicas aprobadas en esta legislatura: los parados de larga duración que hayan agotado la prestación o el subsidio por desempleo y residan fuera de España más de 90 días en un año perderán la cobertura sanitaria pública. Dos enmiendas presentadas por el PP durante la tramitación modificaron sendas leyes —una de Sanidad y otra de Seguridad Social— para que las personas con estas características quedaran fuera de la prestación sanitaria, como adelantó este diario en diciembre. El diputado del PP Rubén Moreno defiende que la prestación se recupera al volver a España y acreditarse como residente de nuevo.

El PP defiende que, si una persona pasa a residir en otro país, es ese Estado el que debe hacerse cargo de su cobertura sanitaria. La medida se pensó para evitar que los extranjeros comunitarios que trabajaron en España y generaron su derecho a la asistencia sanitaria, pero con la crisis volvieron a sus países de origen, sigan recibiendo tratamiento allí con cargo a la sanidad pública española.

Sin embargo, esta nueva regulación también puede dejar sin cobertura a ciudadanos españoles que, por ejemplo, emigren para buscar empleo y no lo consigan antes de tres meses. O que sí se hagan con un trabajo, pero sea en negro, con lo que no generarían el derecho a la sanidad en el lugar en el que residen. Moreno dijo ayer a Efe que eso sería “una ilegalidad en la UE” y que el trabajador español tendría que denunciarlo. El Grupo Parlamentario Socialista pidió ayer la comparecencia urgente de la ministra de Sanidad, Ana Mato, en el Congreso para que explique la medida.

Fuente: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/01/10/actualidad/1389389337_111189.html