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domingo, 30 de septiembre de 2012

JEAN ZIEGLER DICE QUE ESPAÑA NO DEBE PAGAR LA DEUDA

El vicepresidente de la ONU que quiere "ocupar y nacionalizar la banca"

Jean Ziegler, vicepresidente del consejo consultivo de la Comisión de DDHH de la ONU. (Reuters)
Iván Gil

“Vivimos en un orden mundial criminal y caníbal, donde las pequeñas oligarquías del capital financiero deciden de forma legal quién va a morir de hambre y quién no. Por tanto, estos especuladores financieros deben ser juzgados y condenados, reeditando una especie de Tribunal de Núremberg”. Con esta aplastante contundencia despacha Jean Ziegler, vicepresidente del Consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU, su particular análisis del actual momento histórico.

La dilatada trayectoria diplomática de este profesor emérito en la Universidad de Ginebra y comprometido analista internacional, que fue relator especial de la ONU para el Derecho a la Alimentación durante ocho años, impide que le tiemble la voz a la hora de señalar con el dedo inquisidor a los ‘culpables’ de la crisis sistémica. “No puede ser que en un planeta con los recursos agroalimentarios suficientes para alimentar al doble de la población mundial actual, haya casi una quinta parte de sus habitantes sufriendo infraalimentación”. En su último libro Destrucción Masiva. Geopolítica del hambre (Península), que Ziegler presentó ayer en Madrid, pone sobre la mesa una serie de cuestiones molestas de las que otros diplomáticos ni siquiera se atreven a hablar en los pasillos de la ONU. Unas críticas irreverentes que ya ventiló en otros trabajos como El hambre en el mundo, Los nuevos amos del mundo y aquellos que se le resisten, El imperio de la vergüenza o El odio a Occidente.

“Hay que multiplicar rápidamente las fisuras en el muro capitalista para derrumbarlo y crear un nuevo orden mundial más justo”

Su receta para revertir esta situación es, si cabe, tan radical o más que su tesis sobre la generación de las desigualdades: “Ocupar masivamente los bancos, nacionalizarlos y confiscar las arrogantes riquezas robadas por los especuladores financieros”. Una extremista postura que lo lleva incluso a criticar la incapacidad de movimientos de la sociedad civil como el 15M en España u Occupy Wall Street en Estados Unidos. “Reconozco que son símbolos importantes y que han logrado la simpatía de la sociedad, pero todavía son insuficientes para quebrar la actual relación de fuerzas si no desembocan en una huelga general indefinida. Hay que darse cuenta de que en el orden mundial reina una violencia estructural que se debe combatir con una contraviolencia basada en la resistencia pacífica”.

La migración de los grandes fondos especulativos a los mercados de materias primas, principalmente de la agroalimentación, la cual creció exponencialmente en el trienio 2005-2008 como explica Ziegler en su último libro, “es el origen de esta crisis genocida porque han disparado el precio de los alimentos básicos”. A pesar de la ‘destrucción masiva’ conceptualizada por Ziegler, el diplomático exhibe su característico optimismo de luchador a contracorriente y asegura que esta situación creará la conciencia social necesaria para “multiplicar rápidamente las fisuras en el muro capitalista, que acabarán derrumbándolo y creando un nuevo orden mundial”.

La insurrección será por el hambre o no será

El primer paso, explica, es darse cuenta de que “los criminales financieros son el enemigo común de los europeos, de los africanos y del resto de la población que sufre de hambre y desempleo en el mundo. Unos oligarcas que monopolizan los beneficios y privatizan los servicios y recursos”. Para Ziegler, esta toma de conciencia será el advenimiento de una nueva forma de solidaridad internacional entre todos los pueblos, que posteriormente se transformará en un “frente de resistencia intercontinental”.

“La lucha de clases es absolutamente inevitable porque no se puede mantener el sufrimiento de forma permanente”

Un convencimiento “total”, pero que se transforma en duda cuando se le pregunta por los riesgos y los pilares sobre los que se fundará este alzamiento popular. “Es un misterio, no puedo hablar de la revolución porque se trata de la libertad liberada en el hombre y los procesos revolucionarios son imposibles de prevenir porque tienen sus propias leyes y no son conocidas”.

Lo que sí tiene claro Ziegler es que la insurrección, como ha ocurrido en la mayoría de estos procesos a lo largo de la historia, se producirá por el hambre. “La hambruna ya es una realidad en las banlieues parisinas y el pueblo español también está sufriendo la pobreza, como el resto de Europa”. En este contexto, indica, la lucha de clases es “absolutamente inevitable porque las oligarquías capitalistas no serán capaces de reeditar el genocidio americano de los indios, ya que es imposible matar a todo un país como España y hacerle aceptar permanentemente las cadenas”.

“España no debería pagar su deuda porque es delictiva e ilegítima”

Las “cadenas” a las que retóricamente se refiere este diplomático de la ONU estarían impuestas por las políticas económicas de la austeridad, que califica como “absurdas y destructoras”. Los teóricos del neoliberalismo, añade, “nos han hecho creer que hoy en día la austeridad es la única política posible, pero sólo se aplica a la clase trabajadora y nunca a los banqueros. Estas políticas tienen un límite objetivo y no van a resolver los problemas”.

“Hollande y Obama deben formar una alianza en favor de las políticas económicas del crecimiento”

En contraposición a estas recetas neoliberales, Ziegler defiende unas políticas centradas en el crecimiento. Esta es la única esperanza que deposita en los representantes políticos, aunque matiza que de forma “extremadamente leve”. Sus protagonistas no podrían ser otros que François Hollande y Barack Obama. “Ambos deben formar una alianza por el crecimiento basada en la inversión pública, el incremento del salario mínimo, las prestaciones sociales, la búsqueda del pleno empleo y la lucha contra la desindustrialización”.

Para el vicepresidente del consejo consultivo de Derechos Humanos de la ONU estas políticas no son la solución final si no van acompañadas de un despertar de la sociedad civil y, sobre todo, del impago de la deuda. “Los dirigentes españoles deben hacer lo mismo que ha hecho Rafael Correa en Ecuador, es decir, negarse a pagar la deuda, cuya amortización ya es altísima, porque es odiosa e ilegítima. Esto es, se ha creado, en gran parte, por la delincuencia financiera y la corrupción política, sin materializarse en inversiones reales”.

Una perspectiva que lo lleva incluso a cometer el atrevimiento de recomendar a los españoles que objeten en la declaración de la renta al porcentaje del gasto dedicado a la deuda pública. Una campaña lanzada desde el 15M que califica de “necesaria, inteligente y eficaz”. Todos estos elementos en su conjunto, unidos a la inflación, podrán acabar con las “deudas injustas”.

Refundar la ONU para instaurar un nuevo orden mundial

La Organización de las Naciones Unidas debe tener un papel central en el futuro escenario mundial. Como explica Ziegler, la ONU se fundó con el objetivo principal de defender el interés general de los pueblos y promulgar los principios recogidos en la Carta de los Derechos Humanos. Sin embargo, “los mercenarios han pervertido su papel y destruido su credibilidad moral”. Entre ellos, no duda en señalar al exsecretario general Ban Ki-moon o al presidente del consejo de selección de los relatores, el hondureño Roberto Flores, “quien apoyó el golpe de Estado en su país en 2009”.

“Los mercenarios han pervertido el papel de la ONU y destruido su credibilidad moral”

Para Ziegler, la refundación de esta organización pasa por imprimirle “mucha más democracia” eliminando el poder de veto de las naciones integrantes del Consejo de Seguridad, limpiándola de “golpistas” y eliminando las prebendas del FMI y el BM. El neoliberalismo delictivo, concluye el diplomático, “se cura con política”.

domingo, 4 de marzo de 2012

La cruel agonía griega

4 marzo 2012 | Categorías: Unión Europea ||

Juan Torres López – Consejo Científico de ATTAC España

“Todo esfuerzo mío es una condena escrita”. Constantino Cavafis La ciudad. Poemas Canónicos (1895-1915).

Asistimos a un auténtico sacrificio en Europa. La lenta agonía a la que se está sometiendo cruelmente a los ciudadanos griegos no tiene otra razón que salvar los balances de la banca europea para iniciar después una nueva fase de conquista del capital privado en toda Europa.

Como es lógico y era de esperar, el sacrificio se disfraza de buenas palabras y argumentos para hacer creer que lo que en realidad se lleva a cabo es el “rescate” de Grecia para evitar su hundimiento inevitable. Pero no hay nada más lejos de la realidad.

Por si no había estado claro antes, el llamado segundo rescate griego ha puesto de relieve una vez más la verdadera intención de las autoridades europeas. Las mentiras se difunden con objeto de confundir, pero los datos contradicen la propaganda oficial. Ninguna de las medidas de ajuste puestas en marcha hace ya más de dos años por el gobierno griego a instancias de las autoridades europeas e internacionales ha funcionado. Como era predecible, porque en realidad no buscaban su recuperación ni podían conseguirla de ningún modo, la economía griega se ha seguido viniendo abajo, aunque ahora incluso más estrepitosamente: la actividad ha decrecido un 14% en lo que llevamos de crisis, lo que ha demostrado que los ajustes no son un remedio ante una recesión económica.

Y es lógico. Es verdad que Grecia traía de antes un mayor problema de deuda pública (entre otras razones por la corrupción de la dictadura de los coroneles, de las empresas que se lucraron con las Olimpiadas y por las trampas de Goldman Sachs liderado entonces en Europa por el actual gobernador del Banco Central Europeo), que hizo que la incidencia extraordinaria de la crisis financiera causada por la banca internacional fuese aún más grave en aquel país. Como ocurrió en otros países, el gobierno griego tuvo que afrontar una gran cantidad de gasto público suplementario a la vez que disminuían sus ingresos públicos como efecto del parón de la actividad económica, lo que originó la reciente espiral de endeudamiento.

La situación se podría haber resuelto fácilmente en los primeros momentos: se trataba de una deuda entre 40.000 y 50.000 millones de euros, unas veinte veces menor que la cantidad que los gobiernos de Alemania y Francia habían dedicado a salvar a sus bancos privados. Y unas cien veces menor de total gastado en Europa en ese menester. Es decir, muy pequeña en relación con la que se ha estado dedicando al salvamento de los intereses privados (con la diferencia, además, de que éstos eran quienes habían provocado el daño y el pueblo griego quien lo sufría, por mucho que ahora se quiera culpa de la deuda a la corrupción “minorista” que es cierto que se practica bastante en Grecia).

Para afrontar con éxito el problema de la deuda (otra cosa es acabar con los factores estructurales que lo provocan) casi con toda seguridad hubiera bastado que el Banco Central Europeo se hubiera hecho cargo de ella, negociando su pago en plazos razonables con el gobierno griego, después de haber determinado qué parte de ella es odiosa, es decir, impuesta al pueblo griego sin su consentimiento. Y que, al mismo tiempo, se hubiera puesto en marcha, también con el apoyo del BCE y de Bruselas, un plan de apoyo a la actividad económica para reconducir el modelo de crecimiento y regenerar las capacidad de creación de ingresos en la economía helena.

Es cierto que este cambio de dirección hubiera requerido reconfigurar todo el modelo de crecimiento europeo, caracterizado por la existencia de fuertes desequilibrios comerciales internos y por un espectacular incremento de la desigualdad nacional en todos los países, así como poner en marcha planes de estímulo público que requerirían un nuevo sistema fiscal más justo y progresivo en la línea de lo que hemos apuntado junto a Vicenç Navarro en HAY ALTERNATIVAS. Propuestas para crear empleo y bienestar social en España. Pero es que esa era justamente la precondición para salvar también al resto de las economías afectadas por la crisis y a la europea en su conjunto.

El problema naturalmente consistía en que un cambio de esa naturaleza no era neutro desde el punto de vista del reparto de la renta y del poder, porque suponía afectar muy seriamente a los privilegios y a las ganancias de la banca y de las grandes empresas europeas y muy particularmente de la banca alemana. Incapaces de enfrentarse a estas últimas, y a pesar de que era evidente que cualquier otra actuación iba a conducir al hundimiento definitivo de Grecia, en primer lugar, y de los demás país después, las autoridades europeas decidieron intervenir en Grecia con un único principio moral y con una sola estrategia económica: la banca primero.

Eso fue lo que llevó a dejar la financiación de la deuda griega en manos de los bancos. Así, y gracias a los rumores lanzados por ellos mismos y a veces por las propias autoridades para hacer subir artificialmente la prima de riesgo griega, la deuda se ha ido encareciéndola progresiva y escandalosamente, hasta llegar a la situación actual, y proporcionando paralelamente suculentos beneficios a bancos y especuladores de todo tipo. Una espiral irracional y cuasi diabólica: la banca provoca la crisis y genera la deuda y la propia banca se encarga, con más deuda, de imponer el pago cada vez más oneroso a costa de destruir la generación de ingresos que puedan pagarla.

Para evidenciar el principio de que las deudas hay que pagarlas por encima de todo, aunque sea con independencia de su forma de nacer y de la responsabilidad de quien las haya provocado, las autoridades europeas no han dudado en estos últimos años en imponer a Grecia medidas de ensañamiento tan brutal como inadecuadas incluso para el objetivo de pagar la deuda que decían perseguir: recortes de sueldos y salarios y de gasto social o privatizaciones que han destruido el tejido empresarial y millones de puestos de trabajo, ocasionando la disminución de la actividad y de los ingresos, además de un incremento impresionante de la pobreza y el sufrimiento social de todo tipo. Eso sí, incluso aumentando las compras de armamento a Francia, Italia o Estados Unidos mientras que los gobiernos de estos países imponían al griego que bajara aún más el salario mínimo.

Al obligar a Grecia a endeudarse más en los mercados para refinanciar su deuda pública queda patente el diseño tan absurdo y oneroso de una unión monetaria que renuncia a disponer de un auténtico banco central con tal de conceder privilegios a la banca privada. Algo que no puede considerarse como un simple error sino como la consecuencia trágica de la complicidad entre las autoridades políticas y los poderes económicos y financieros que se viene dando en Europa.

Tan irracional es lo que está ocurriendo que, con tal de salvaguardar hasta el último euro de beneficio bancario, se llega incluso a perturbar el equilibrio financiero que la propia banca necesita para seguir ganando dinero.

Como sabemos, los bancos se encuentran hoy casi completamente descapitalizados como consecuencia de la quiebra que les produjo la acumulación masiva de basura financiera en los últimos años. De ahí que tenga que ser el Banco Central Europeo (convertido en financiero de la banca privada en lugar de serlo de los gobiernos, como es lo que debe hacer cualquier banco central) el que proporcione a los bancos privados todo el dinero que deseen. Así, es que tiene barra libre al 1% en el Banco Central Europeo para que financien a Grecia a tipos de interés mucho más elevados. Pero como consecuencia de las primas tan altas que provocan las presiones de la propia banca y las políticas que imponen las autoridades que la defienden, resulta que el riesgo de impago es cada vez más alto. Tan alto, que es seguro que la banca tendrá que renunciar a cobrar una buena parte de la deuda. Lo que lleva al Banco Central Europeo a intervenir, pero en lugar de salvando a Grecia, salvando de nuevo a la banca privada, ahora comprando títulos de alto riesgo en el llamado mercado secundario, es decir, trasladando de nuevo los riesgos desde los bancos privados hacia su propia entidad.

Así es como las autoridades europeas permiten que los bancos privados hagan el agosto a costa del pueblo griego. El objetivo no es otro que facilitarles que vayan saneando sus balances sin dejar de obtener pingües beneficios con el dinero del banco central, con la fuente inagotable de deuda que nace de Grecia (porque las autoridades le imponen que se endeude para pagar la deuda) y con las compras d Banco central Europeo. Un negocio redondo porque el banquete lo paga otro: el pueblo griego.

La operación es cruel en grado extremo. Para que plan funcione debe extraerse todo el beneficio que se pueda de la deuda de Grecia pero eso hay que hacerlo evitando que colapse el sistema financiero europeo (lo que podría ocurrir si la economía griega llega a la completa extenuación y deja por completo de pagar), para lo cual se precisa que Grecia agonice (haciendo subir al máximo su prima de riesgo) pero sin perder del todo la vida. El Banco Central Europeo y la Unión Europea son quienes se encargan de sostener el hilillo de vida hasta que se ejecute el acto final del plan que consistirá, muy probablemente, en un tercer rescate griego. Aunque entonces ya solo afectará a todos los títulos que el Banco Central Europeo ha comprando a las entidades financieras. Entonces Grecia quedaría liberada del peso de la deuda pero solo después de haber dejado extenuadas a su economía y a su sociedad, y ya podría empezar a librarse allí la batalla común a la de otros países europeos que le queda por ganar al capital privado europeo: desmantelar los sectores públicos y modificar profundamente la regulación económica.

No es cuestión de darle consejos a nadie, pero más les valdría a los griegos dar un definitivo golpe en la mesa y ser ellos los dispuestos a dejar la ruleta rusa en la que le obligan a estar, repudiando la deuda y saliendo del euro si hiciera falta. Pasarán años duros, pero quizá no peor que los que les esperan dentro. Y otro países, como el nuestro, deberían ir tomando nota. Grecia no va a padecer sola.

Publicado en altereconomia.org

sábado, 4 de febrero de 2012

Grecia: Crisis humanitaria sin precedentes

Sonia Mitralia Σόνια Μητραλιά
Intervención del 24 de enero de 2012 ante la Comisión Social de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa de Estrasburgo en torno a "Medidas de austeridad: Un peligro para la democracia y los derechos sociales".

Cuando se van a cumplir dos años de la terapia de choque impuesta a Grecia por el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, el balance es catastrófico, indignante e inhumano. De entrada, hay que señalar que incluso los impulsores de estas políticas reconocen su fracaso. Másaún, reconocen que sus planteamientos fueron erróneos, irrealistas, ineficaces e, incluso, contraproducentes. Tomemos como ejemplo un tema que concierne no a un problema secundario, sino al meollo del problema: el de la deuda pública griega.

Según los responsables del desastre griego, si sus políticas de austeridad draconiana hubieran resultado eficaces al 100%, lo que no deja de ser una ilusión, la deuda pública griega se situaría en el 120% del PIB en el 2020; es decir… ¡al mismo nivel que en 2009, cuando empezaron con este juego macabro!

Así pues, ahora reconocen que han diezmado una sociedad entera… ¡absolutamente para nada!

Y como si lo hecho hasta aquí no fuera suficiente, continúan imponiendo a los griegos y griegas –y en realidad a todo el mundo– las mismas políticas que consideran fracasadas. Es lo que está ocurriendo con el séptimo "Memorándum" de austeridad y destrucción de servicios públicos después que los seis precedentes hayan dado muestra de una ineficacia total. Al igual que en Portugal, España, Irlanda, Italia… y en toda Europa, donde la aplicación de estos planes de austeridad draconianos conducen al mismo resultado: hundimiento de las economías y de la población en una recesión y un marasmo cada vez más grande.

De hecho, expresiones como "austeridad draconiana" resultan totalmente insuficientes para describir lo que está ocurriendo en Grecia. No sólo se trata de que los salarios y las pensiones del sector público hayan sido reducidas entre el 50 y el 70%, y un poco menos en el sector privado. La malnutrición hace estragos entre los niños de la escuela primaria y el hambre empieza a manifestarse en las grandes ciudades del país, cuyos puntos neurálgicos se encuentran ocupados por decenas de miles de personas sin techo, hambrientas y en harapos. Se trata de que el paro alcanza al 20% de la población y al 45% de la juventud (49,5% para las mujeres jóvenes).

Los servicios públicos han sido liquidados o privatizados y esta decisión gubernamental ha traído consigo la reducción del 40% de las camas hospitalarias, que haya que pagar muy mucho dinero para parir y que en los hospitales públicos no haya vendas o medicamentos básicos como la aspirina.

En enero de 2012, el Estado griego aún no ha logrado entregar a los alumnos de las escuelas los libros que debían estar distribuido en setiembre de 2011.

Foto Αngelos Kalodouka
Decenas de miles de ciudadanos inválidos, enfermos o con enfermedades raras se ven condenados a una muerte segura y a corto plazo debido a la supresión de los subsidios a los medicamentos.

Las tentativas de suicidio (logradas o no) crecen a una velocidad impresionante, al igual que la gente seropositiva y toxicómana, abandonadas a su suerte por las autoridades.

Actualmente, debido a la supresión o privatización de los servicios públicos, millones de mujeres griegas han de cargar con tareas que anteriormente estaban cubiertas por dichos servicios. Una situación que se ha convertido en un verdadero calvario para las mujeres: son las primeras en ser despedidas y están obligadas a realizar de forma gratuita tareas que corresponden a los servicios públicos; además, son víctimas del incremento de la opresión patriarcal que sirve como coartada ideológica para hacer volver a las mujeres al hogar familiar.

Podríamos continuar con la descripción de este horror hasta el infinito; pero lo que acabamos de describir es más que suficiente para constatar que nos encontramos ante una situación social que se corresponde perfectamente con la definición de estado de necesidad o de riesgo, reconocido desde hace tiempo por el derecho internacional. Un derecho que permite e incluso obliga expresamente a los Estados a priorizar la satisfacción de las necesidades básicas de la población frente al reembolso de la deuda.

Como indica la Comisión del Derecho Internacional de Naciones Unidas a propósito del estado de necesidad: "No es admisible que un Estado cierre las escuelas, las universidades ni los tribunales, que desmantele los servicios públicos hasta el punto de abandonar la población al caos y a la anarquía, por la simple razón de disponer de fondos para reembolsas a los acreedores extranjeros o nacionales. El Estado, al igual que los individuos, no puede sobrepasar determinados límites."

Por ello, nuestra posición, compartida por millones de griegos, es clara y neta y está recogida en el derecho internacional: el pueblo griego no tiene que pagar una deuda que, además, no es suya. Por diversas razones.

La primera, que la ONU y las convenciones internacionales firmadas por Grecia y, también, por los países acreedores, dejan claro que el Estado griego debe atender prioritariamente las necesidades de su población (nacionales y extranjeros bajo su jurisdicción) antes que a los acreedores.

La segunda, que esta deuda o, al menos, una parte muy importante de ella parece reunir todos los atributos de una deuda odiosa (en todo caso ilegítima) que el derecho internacional da por sentado que no hay que reembolsar. Esta es una razón de más para que el estado griego facilite, en lugar de impedir, el desarrollo de la Campaña por la Auditoría Ciudadana de esta deuda a fin de identificar su parte ilegítima, de anularla y no pagarla.

Nuestra conclusión es clara: la tragedia griega no es ni fatal ni irresoluble. Existe una solución: el repudio, la anulación y el no pago de la deuda constituyen el primer paso en la buena dirección, hacia la salvación de un pueblo europeo amenazado por una catástrofe humanitaria en tiempos de paz.

Gracias a: Viento Sur
Fecha de publicación del artículo original: 04/02/2012URL de esta página en Tlaxcala: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=6762