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lunes, 9 de mayo de 2022

Nicolás Olea: “Las embarazadas no deberían usar cosméticos con disruptores endocrinos”

La Comisión Europea acaba de arrancar un proceso para restringir el uso de miles desustancias químicas presentes en productos cotidianos, entre las que se encuentran varios disruptores endocrinos, que alteran el equilibro hormonal. Nicolás Olea (Granada, 67 años) lleva más de tres décadas estudiando el efecto de estos compuestos en el organismo, que van desde obesidad y diabetes a infertilidad y problemas en el aprendizaje. Este catedrático de Medicina de la Universidad de Granada sabe que la futura prohibición tendrá que ser acordada con los Estados miembros de la UE y puede tardar años, pero considera que ya no hay marcha atrás. “Llevamos 30 años denunciándolo y ahora parece que al fin las Administraciones empiezan a escuchar”, resume.

Pregunta. ¿En qué productos están presentes los disruptores endocrinos?

Respuesta. Muchos objetos cotidianos los tienen, sobre todo embalajes de plástico, pero también cosméticos, ropa y hasta alimentos.

P. ¿Qué efectos producen sobre la salud?

R. Los disruptores endocrinos hackean el mensaje hormonal y producen efectos como déficit neuroconductual, problemas en el aprendizaje, e incluso están relacionados con la incidencia de síndromes como asperger y autismo. Otros efectos son la endometriosis y la mala calidad seminal, que se traduce en aumento de la infertilidad. De hecho, cada vez hay más clínicas de reproducción asistida en todas nuestras ciudades. También producen disrupción metabólica, que conlleva obesidad, hipertensión y diabetes tipo 2, y que pueden generar muchos problemas de salud y un gasto sanitario enorme para el país.

P. ¿Esa exposición es igual para todas las personas?

R. Los efectos más perjudiciales se producen por exposiciones tempranas a disruptores endocrinos en las primeras etapas de la vida (embrión, feto y primera infancia). Las exposiciones que ocurren en ese momento tienen consecuencias tardías, la gente más expuesta es la joven. El medio en el que se desenvolvía la infancia en los años cincuenta y sesenta era de madera, mármol y vidrio, pero a partir de entonces fue de plástico, y eso está teniendo efectos negativos. Además, las pruebas de seguridad de estas sustancias nunca tienen en cuenta el efecto combinado de disruptores endocrinos.

P. ¿Qué aconsejaría entonces que evitaran embarazadas y bebés?

R. Muchos cosméticos y perfumes llevan disruptores endocrinos, así que habría que evitar todos los que los lleven: hay que buscarlos sin dimeticona, canfeno y fenoxietanol. Este último se encuentra también en el gel hidroalcólico para las manos. También hay que alejarse de aquellos que lleven benzofenonas, parabenos y filtros ultravioletas. En alimentación, mejor no comeratún, mero y otros pescados grandes que tienen mucho mercurio, y también las cabezas de las gambas, que llevan cadmio. Si puedes, come de cercanía, de temporada, no procesado y ecológico: con eso evitas el procesado y, muchas veces, el envasado, que también suele aportar disruptores endocrinos. Hay que cuidarse de las exposiciones cosméticas y alimentarias porque llegan a la leche materna en 12 horas.

P. ¿Qué le parece la hoja de ruta de la UE para prohibir miles de estas sustancias?

R. Es una iniciativa muy buena, porque por fin la Comisión Europea asume que la disrupción endocrina existe. Es la puntilla definitiva para los perfluorados, que hacen que el papel y el cartón sean impermeables a la grasa y al agua, así que están presentes en muchísimos envases alimentarios. Unos 800 tipos de ellos tienen acceso directo al organismo, así que tendrán que retirarse del mercado cuando se confirme la prohibición. El documento también menciona los PVC, que son plásticos muy contaminantes y con un sistema de reciclado pésimo, pero además en ellos se usan los ftalatos, que permiten convertir un PVC duro en un elemento flexible como el vinilo y que también son disruptores endocrinos. La hoja de ruta también habla de suprimir los bisfenoles, y no solo el bisfenol A, que tiene 432 primos [sustancias similares] de los cuales 43 son disruptores endocrinos (como el bisfenol F o el bisfenol S).

© Santi Burgos (EL PAÍS)Dvd 1096 03.03.22 Nicolas Olea, catedrático de Medicina por la Universidad de Granada, experto en disruptores endocrinos. Fotografiado en Madrid Foto : Santi Burgos  

P. ¿Algunas de estas sustancias se han prohibido ya?

R. En 2011 se prohibieron los productos de bisfenol A (BPA) para bebés aplicando el principio de precaución, pero antes se usaban para los biberones. En 2020 la UE ya reguló los tiques de caja con bisfenol A, que manejaban muchas mujeres jóvenes, pero se siguen usando otros bisfenoles, que tienen el mismo efecto sobre el organismo. Además, en los últimos meses se ha prohibido el nonilfenol en productos de limpieza, el clorpirifós (insecticida), el mancozeb (funguicida)... También se han prohibido juguetes con ftalatos, un material que flexibiliza el plástico, que sin embargo está presente en suelos de guarderías hechos con PVC, y también en guantes de plástico y cortinas de ducha. En cuanto a los perfluorados, que también se usan en aislantes térmicos como el goretex, la Comisión ha prohibido ya siete, pero el catálogo tiene unos 4.700. Todos estos productos han estado más de 30 años en el mercado, y de pronto un día son malos. ¿Quién asume la responsabilidad de todos esos años de exposición?

P. ¿Qué falta por regular?

R. La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria [EFSA, en inglés] puso el dedo en la llaga en febrero al someter a consulta la reducción del bisfenol A en las aplicaciones alimentarias en 100.000 veces, algo que se espera que llegue a final de año. La evidencia es apabullante para que desaparezcan de los productos de aplicación humana, pero es imperdonable que tarden 30 años en hacerlo. La hoja de ruta de la Comisión, por su parte, habla mucho de productos industriales, pero habla menos de cosméticos y perfumes, así que no mencionan benzofenonas, parabenos y filtros ultravioletas. Hay como 1.500 disruptores endocrinos y todavía queda mucho por hacer. La acción es valiente, pero muy lenta.

P. ¿En qué notaremos estos cambios en nuestra vida diaria?

R. Los platos de un solo uso de los restaurantes suelen llevar perfluorados; los cubiertos de plástico, ftalatos; las latas de conserva, bisfenoles; y las botellas de agua, ftalatos. Así que en el futuro habrá menos plásticos en envases y aplicaciones alimentarias, lo que reducirá la exposición humana a disruptores endocrinos y también los residuos. Habrá que volver a los recipientes reutilizables en los restaurantes. La nueva ley de residuos ya habla de que hay que eliminar los plásticos de un solo uso y de impulsar el agua del grifo. En cuanto a las resinas epoxi, fuente de bisfenol a, están presentes en el interior de las latas de conserva, así que será necesario buscar otro material para ellas.

Fuente: https://elpais.com/clima-y-medio-ambiente/2022-05-08/nicolas-olea-las-embarazadas-no-deberian-usar-cosmeticos-ni-perfumes-con-disruptores-endocrinos.html#:~:text=embarazadas%20y%20beb%C3%A9s%3F-,R.,gel%20hidroalc%C3%B3lico%20para%20las%20manos.

viernes, 28 de febrero de 2020

No hace falta mucha más investigación sobre los tóxicos, solo faltan decisiones políticas porque las medidas son lentas

Nicolás Olea, médico e investigador  
Por Saúl García Publicado el Feb 28, 2020

El doctor Olea acaba de publicar el libro ‘Libérate de tóxicos’. Estuvo en Lanzarote para participar en una charla organizada por la Reserva de la Biosfera: ‘Pesticidas, plásticos, cosméticos, textiles y otras hormonas’. Es una de las mayores autoridades mundiales en medio ambiente y salud, con especial atención a la relación entre disruptores endocrinos y cáncer.

-¿Cómo llegan estos elementos tóxicos a nosotros y quiénes son los responsables?

-Nosotros estudiamos una parte reducida de todos los compuestos y empezamos hace años a estudiar compuestos químicos que imitan a las hormonas, que confunden el mensaje hormonal o hackean el mensaje de las hormonas. Esas sustancias químicas son de origen industrial y están en procesos tan variados como pesticidas, envases alimentarios, cosméticos… y, ahora, la novedad es que son parte de los textiles. No son muchos pero están en muchos sitios porque tienen cualidades distintas, maravillosas, que hacen que una botella de PET se pueda convertir en un jersey. Casi todas o todas son de síntesis del petróleo. Aparecen en los años 50 o 60 y revolucionan nuestro mundo en cosméticos, fertilizantes, pesticidas, envases alimentarios y la ropa.

-¿Todos estos elementos se han lanzado al mercado sin haberse testado las consecuencias?

-Probablemente sí, porque las reglas del juego eran reducidas y los compuestos eran carcinogénicos, mutagénicos o tóxicos para la reproducción pero no se había pensado en los de efecto más sutil, que modifican las hormonas. Una vez lanzados y que ha ocurrido la exposición humana empezamos a ver que hay un efecto indeseable: aumento de cánceres, problemas en las funciones de las hormonas, la calidad del semen que ha caído un cincuenta por ciento en 40 años…

-Pero, ¿se sabe que es por esta razón o se intuye?

-Se dice que son enfermedades del mundo moderno, de nuestros hábitos de vida, y se queda ahí la cosa como si fuera algo impreciso. La hipótesis más potente es la disrupción endocrina. Es complicado: resulta que tu mal contaje espermático cuando tienes 32 años está relacionado con la exposición a sustancias hormonales cuando eras un embrión en el vientre de tu madre.

-Entonces llegamos tarde.

-Con dificultades de demostración muy difíciles. Esa dificultad en la demostración de causalidad hace que no se tomen medidas. No tenemos pruebas, tenemos buenas intuiciones y buenas asociaciones.

-¿En qué etapa está la investigación?

-Quizá no vamos a tener más evidencias de las que ya tenemos. Con lo que hay ya es suficiente para tomar decisiones.

-Pero la industria o los gobiernos son reticentes a tomar decisiones…

-Las reglas han cambiado. Desde 2007 ya se aplica el principio de precaución, donde el proponente de cualquier acción debe demostrar la inocuidad, no el consumidor el daño. La industria tiene que demostrar que eso no va a ocurrir. Dicen que pierden en competitividad, pero nosotros ganaremos en salud. Por ejemplo, el DDT que se puso en el mercado con las fumigaciones en Canarias en los años cincuenta, no hay que demostrar que la epidemia de cáncer de mama está asociada a él. Eso no puede ocurrir porque hay mucho dolor y mucho sufrimiento.

-Se ha demostrado que, a pesar de que se prohibió hace muchos años, aún se detectan restos de DDT.

-Busca los anuncios de aquellos años: “La solución para las plagas en el campo. Un producto que lo aplicas ahora y dura para siempre”. Lo que nosotros ahora llamamos persistencia antes se llamaba efecto duradero. Eso es un arma de doble filo. Son productos de muy difícil degradación. Es tan difícil quitarlos que el organismo los deposita en el tejido adiposo y todos nuestros tejidos están contaminados de DDT porque se va acumulando sin saber cómo eliminarlo. Ahora se está encontrando pegado a los plásticos que flotan en el mar, porque no es soluble e iba a la tripa de los grandes peces. Así que se encuentran todos esos contaminantes pegados al plástico marino, porque ven a alguien que tampoco es soluble. Así que los plásticos también se contaminan.

“Si admitimos que todo esto causa el tres por ciento de la diabetes, el cinco de la obesidad, el siete de la esterilidad… pues son 6.000 millones de dólares al año y las aseguradoras dicen: no podemos pagar esa factura”
-¿Y qué estamos haciendo frente a esto o qué están haciendo las autoridades?

-Nosotros llevamos toda la vida con financiación pública y no nos ha faltado. Ha habido una financiación muy potente y ahora estamos en un proyecto europeo de 75 millones de euros para que 27 países investiguen los niveles de exposición de toda la población europea. Se está gastando un dineral en investigación, solo faltan decisiones políticas, actuar. Ya no hace falta mucha más investigación y las medidas son muy lentas. En 2019 se prohibió uno de los pesticidas más tóxicos, el clorpirifós. Su evidencia de contaminación es tan grande que se ha suprimido. Ocurre pero es muy lento.

-¿Se puede hacer algo de forma individual?

-Se puede hacer algo en hábitos de consumo, como protegerte a ti y a tu familia, incorporar nuevos hábitos de consumo respecto a los plásticos. Cuando se den cuenta de qué es lo que quiere el consumidor dejarán de poner el plástico. Cuanto más les digamos que no queremos seis tomates de Canarias en una barqueta de poliuretano con un film de polietileno en una bolsa de polipropileno en un carrito de policarbonato… Porque todo esto se lo ha inventado alguien para vender petróleo. Se pueden quemar barriles de brent a 72 dólares el barril o hacer gafitas de plástico para ricos a 500 euros. Si yo tuviera un pozo de petróleo sufriría por cada coche en la carretera.

-Porque es más rentable el plástico…

-El consumo de petróleo es el 45 por ciento para automoción, 40 por ciento calefacción y casi el 15 por ciento química fina derivada del petróleo. El uno por ciento es plástico pero, si le pones el valor añadido, este uno por ciento se come el pastel entero, que es el que está dando beneficio.

-Si eliminamos el plástico de la ecuación, ¿todo es sustituible con los hábitos de consumo actuales?

-Probablemente no, y sobre todo porque tiene dos primos hermanos, que son los mismos compuestos, los cosméticos y textiles. El poliéster es PET reciclado, botellas de plástico para que los pobres podamos ir vestidos con un traje de 149,99 y creamos que vamos vestidos de oveja merina cuando, en realidad, vamos vestidos de petróleo.

-¿Entonces, podemos liberarnos de estos tóxicos?

-Sí se puede. Si empezamos desde el principio, por una mujer embarazada que espera un bebé… Se puede empezar por la alimentación: vamos a comer libre de pesticidas, con una alternativa de producción ecológica. Aunque el suelo esté algo contaminado no es lo mismo que un tomate industrial que puede tener hasta siete tratamientos. Lo segundo, el agua que sea de máxima calidad. 

En Lanzarote, mil litros de agua del Consorcio valen tres euros y una botella de tres litros puede valer tres euros, así que alguien se está haciendo de oro. Aunque haga falta una inversión enorme, aunque el Consorcio doble el precio, sigues pagando 500 veces menos que en el supermercado. Tenemos el derecho de que el agua que salga del grifo sea el mejor producto posible.
“Se puede hacer algo en hábitos de consumo, como protegerte a ti, a tu familia, incorporar nuevos comportamientos respecto a los plásticos… Cuando se den cuenta de qué es lo que quiere el consumidor dejarán de poner el plástico”
-Pero nos han convencido de que es mejor el agua embotellada.

-Y que huyamos de este agua cuando el plástico tiene un impacto ambiental tremendo, porque al final te vuelve. Lo segundo: líneas de cosméticos más sostenibles, que los hay, y lo tercero, el consumo textil, que no sé cómo se puede abordar. Ellos mismos dicen que son los inventores de la obsolescencia programada y que la llaman moda. La moda dura seis semanas, tiene ocho temporadas al año. Eso es un consumo enorme de material y hay que buscar una alternativa a ese consumo.

-Si los contaminantes nos afectan, nos transforman, pero la esperanza de vida cada vez es mayor, ¿la industria no argumenta que el ser humano se adaptará a estos tóxicos?

-Hay un psiquiatra de Harvard, el doctor Trasande, que trabaja en Nueva York, que ve lo que pasa en los niños y dice: esto no puede seguir así. Escribe un libro que se ha hecho muy famoso que se llama Más enfermos, más obesos, más pobres, y como nadie le hace caso publica un experimento en el que calcula: si admitimos que todo esto causa el tres por ciento de la diabetes, el cinco de la obesidad, el siete de la esterilidad… pues son 6.000 millones de dólares al año y las aseguradoras dicen: ‘No podemos pagar esa factura’. Al final es el daño económico que producen estas enfermedades lo que va a condicionar los cambios. Alguien se está haciendo rico pero las aseguradoras no pueden seguir pagando ese incremento de la enfermedad. Esto es imposible en Europa, donde todo viene de papá Estado.

-Al menos ahora los medios de comunicación hablamos de esto.

-Eso es un mensaje positivo. Desde hace cuatro años se habla todos los días del plástico. Ahora se habla de esto mucho más claro. La gran pregunta es cómo damos un paso para atrás, pero si echas números cualquier paso hacia atrás supone un abaratamiento. Ya no se habla de reciclar, sino de reducir y reutilizar. Hay situaciones terribles como la del tetrabrik, que la única fábrica que reciclaba en España cerró. Se está almacenando todo en Zaragoza. Una montaña de tetrabrik. Se le quita la corteza exterior de cartón, pero no hay tecnología rentable para separar el aluminio del cartón. Eso lo hacía una factoría y ya no lo hace.

Foto: Adriel Perdomo

viernes, 22 de marzo de 2019

¿Quién nos va a quitar los años de exposición a químicos tóxicos de nuestros hijos?

Nicolás Olea es catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada/Hospital Universitario S. Cecilio (Granada). Es uno de los mayores expertos mundiales en discernir cómo la exposición a productos químicos nocivos puede alterar nuestra salud y la del medio ambiente. Estará en BioCultura Sevilla dando una conferencia magistral (ver datos abajo), como siempre.

¿Todavía hay negacionistas de los efectos nocivos de los productos químicos en la salud humana?

La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental. Esos individuos se contrarían cuando oyen que es urgente la implementación de una política más estricta y basada en la precaución porque sienten atacado su modelo de progreso.

Esas mismas personas tratan de llevar al absurdo muchas de las recomendaciones precautorias que se proponen, ya sea ridiculizándolas o menospreciándolas. Creo que, como alguien ha dicho, su fe ciega en la técnica les hace pensar que todo tiene remedio y que por más que nos equivoquemos, siempre, siempre va a haber una solución técnica. Y se equivocan. Algunos de los efectos son irreversibles y están costando mucho dolor para muchos.

Cambios de los políticos

¿En general, los políticos han cambiado sus posiciones desde el principio de tus investigaciones?

Creo que sí. Al menos hemos conseguido colocar en sus agendas el problema de la exposición humana a los contaminantes ambientales con actividad hormonal y la necesidad de actuar. Europa ha reaccionado con todo su empaque, pero con una lentitud exasperante. Como el mastodonte esquizofrénico que aparenta ser, se debate entre lo que le gustaría legislar con carácter preventivo y lo que la presión política, económica y social le exige. Hemos presenciado enfrentamientos entre el Parlamento Europeo y la Comisión Europea más propios de patios de colegios que de grandes instituciones.

¡Con denuncia al maestro de guardia del recreo incluido! Ocurrió en 2013… Algunos países, liderados por Suecia, denunciaron a la Comisión Europea ante el Tribunal de Estrasburgo por no cumplir con el mandato dado por el Parlamento Europeo para establecer medidas de identificación de los compuestos disruptores endocrinos –aquellos que afectan a nuestro equilibrio hormonal– e implementar políticas de prevención de la exposición. Como era de esperar la denuncia prosperó, las medidas se están implementando y todo quedó en una demora de cerca de cinco años que más de uno habrá aprovechado en su beneficio.
La verdad es que no sabría decirte. Sé que algunos no quieren aceptar que las cosas no van tan bien como ellos desearían en asuntos de regulación de la exposición química ambiental.
-¿Cuál es el efecto nocivo de los productos químicos de síntesis que más te ha sorprendido en todos estos años de investigaciones?

-Hay algunos aspectos bien conocidos por la toxicología reguladora, aquella que se encarga de establecer la evidencia de daño y recomendar las medidas de protección frente a los contaminantes ambientales, que están muy bien afianzados: los efectos de carcinogenicidad, mutagenicidad y toxicidad sobre la reproducción (reprotoxicidad), que identifican a los compuestos químicos que se encuadran bajo las siglas CMR.

A este respecto se han hecho grandes progresos. Si un compuesto químico entra en esta clasificación CMR se verá controlado por todo un aparato regulador que limitará su uso y los riesgos derivados de su empleo. No ocurre lo mismo para los compuestos químicos disruptores endocrinos, a pesar de que su exposición en momentos críticos de la vida de un individuo pueda tener consecuencias tan graves como cualquier compuesto CMR. Aquí el déficit regulador es impresionante y se suple con órdenes particulares de la Comisión Europea que, a veces, hasta sonrojan.
Es difícil guardar la compostura y no reaccionar ante la sucesión de regulaciones “a la baja”, durante más de veinte años, para controlar la presencia de bisfenol-A, un conocido disruptor endocrino, empleado en el envasado de alimentos, como es el caso del recubrimiento interior de las latas de conserva. Nosotros ya lo denunciamos en 1995. Hasta su prohibición definitiva en 2018 en todo tipo de envases para alimentos destinados a niños menores de tres años hemos asistido a un proceso de regulación penoso que nos parece tremendamente lento. El caso del bisfenol-A en uso alimentario es la crónica de una muerte anunciada y la resistencia numantina de los que se resisten a la búsqueda de una alternativa más segura. La pregunta es: ¿Quién nos va a quitar de encima años, décadas, de exposición inadvertida de nuestros hijos?

Los más peligrosos

¿Cuáles dirías que son los productos más peligrosos en salud humana?

Los compuestos CMR podrían ocupar ese primer lugar en el ránking, pero, tal y conforme está hecha la pregunta, hay un vicio en la formulación que se te ha incorporado al discurso sin darte cuenta: considerar los compuestos químicos de forma individual… En el caso de los compuestos CMR cualquier dosis entraña un riesgo, es decir, es necesario evitar cualquier exposición porque incluso a un nivel bajo de uno de esos compuestos se puede producir un efecto indeseable.

En el caso del resto de los compuestos químicos se ha establecido un nivel de seguridad de tal manera que, teóricamente, si no se alcanza esa concentración, no hay peligro. Hasta aquí todo aparentemente bajo control, pero ¿qué pasa cuando coincide la exposición de dos o más compuestos? ¿Se suman sus concentraciones y sus efectos? Este es uno de los aspectos más relevantes que el estudio de disruptores endocrinos ha traído al debate científico. El llamado efecto combinado o efecto cóctel ha echado por tierra la tranquilidad que nos daba el establecimiento de dosis o concentraciones seguras para muchas sustancias químicas cuando son consideradas de forma aislada.

¿Nos podrías dar algunos ejemplos de esos disruptores endocrinos?

Creo que el concepto de disrupción endocrina ya es familiar para muchos de nosotros y aparecen diariamente noticias sobre la presencia ambiental de muchos de compuestos químicos con estas propiedades. Por ejemplo, la reciente movida en torno al uso de los tickets de caja de impresión térmica ha reavivado el problema de la exposición humana a bisfenol-A, constituyente del papel térmico. Pero hay muchos más ejemplos: todo el mundo habla de los cosméticos sin parabenos, sin saber muy bien que esos parabenos son disruptores endocrinos.

Se conoce el peligro del residuo de pesticidas en los alimentos de cultivo industrial sin que tampoco sepa mucha gente que parte de la toxicidad de esos compuestos es su capacidad de mimetizar a las hormonas. Por último está el caso del empleo de determinados tipos de plásticos que suponen una exposición a ftalatos o a perfluorados, disruptores endocrinos bien caracterizados.

“Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta”

Biocultura sevilla

¿En qué va a consistir tu charla en BioCultura Sevilla?

Presentaré las últimas novedades sobre exposición humana a compuestos químicos disruptores endocrinos, centrándome en aquellos que, sin ser persistentes, contribuyen a la exposición en el día a día de la gente corriente, no profesionalmente expuesta. Para divulgar el conocimiento de este aspecto de la salud humana, hemos construido varios escenarios y daré recomendaciones de cómo disminuir la exposición con medidas de carácter personal… mientras que los responsables de velar por la exposición inadvertida de la población se espabilan.

¿De qué manera podemos “achicar” nuestra exposición a esos productos tan peligrosos como pesticidas, herbicidas, etc.? ¿Eligiendo alimentos ecológicos?

Hay múltiples fuentes y varias vías de exposición. Entre las fuentes, el origen de los alimentos, su procesamiento, envasado y preparación representa uno de los campos mejor estudiados y con más fácil intervención. Pero no podemos olvidar fuentes de exposición como los cosméticos, los detergentes y artículos de limpieza, los textiles o la calidad del aire exterior y del interior de nuestros hogares. Todas estas fuentes convergen en unas pocas vías de acceso a nuestro organismo, la digestiva, la dérmica y la inhalatoria. Sobre fuentes y vías podemos actuar de forma preventiva.
El consumo de productos ecológicos puede ayudar a reducir de forma significativa la exposición a pesticidas y fitosanitarios, pero no debemos olvidar lo que atañe a su empaquetado y su elaboración. Todo el proceso de producción de alimentos es muy vulnerable y está continuamente sometido a la presión de ciertas mejoras, que tan solo lo son en apariencia. El empleo abusivo de fertilizantes, el empleo sistemático de pesticidas, insecticidas y fungicidas, el uso habitual de herbicidas, resulta, al final, en la presencia del residuo de estos compuestos en el alimento de origen vegetal.

La contaminación marina por compuestos persistentes y metales nos trae a la mesa el pescado rico en mercurio, que no hace ninguna falta. Se hace necesaria otra forma de producción que nos asegure que el productor está de nuestro lado, proveyendo alimentos de origen vegetal y animal sin residuos químicos. Los que se han acogido a las formas de producción ecológica nos están haciendo un gran favor. Nuestra elección favorecerá la popularización de esos productos y su competitividad en el mercado.

La alimentación

¿Cuál es tu propuesta para la alimentación?

No soy experto en alimentación y he llegado a este campo tratando de averiguar la causa de enfermedades comunes como el cáncer, la obesidad o la infertilidad. Pero sí que te puedo dar las recomendaciones que he aprendido y me parecen útiles: 1. Come de producción ecológica; 2. Consume productos locales y de temporada; 3. Compra pagando el precio justo, y 4. Come de todo, poco.

¿España es más peligrosa o menos que otros países de nuestro alrededor? ¿Se controlan los alimentos? ¿Se hacen estudios sobre exposición a niveles pequeños?

Afortunadamente para nosotros, somos Europa. Esto quiere decir que nos vemos sometidos a decisiones de carácter global que se han tomado en un Parlamento Europeo donde están representados países con una gran tradición ambiental y con un movimiento ciudadano muy importante. Creo que eso ha sido un buen freno para que no se den demasiados casos ligados a la idiosincrasia de la raza. Como decía un amigo mío sudamericano: “Vengo de un país de listillos, nos pasamos el día maquinando como defraudar al fisco o engañar al vecino”.

No será el caso de España, ¡no¡, pero creo que las reglas del juego impuestas por la Comisión Europea nos ayudan a controlar muchos aspectos de nuestra seguridad ambiental, en el sentido más amplio de la palabra. No es el momento de discutir el tema, pero la presión europea sobre la regulación del consumo de pescado con altos niveles de mercurio en España y Portugal es un buen ejemplo de lo que estoy refiriendo. Sí, se han hecho buenos estudios sobre exposición química ambiental en España, unos pocos poblacionales y otros ligados a estudios epidemiológicos.

Los trabajos de Cataluña y Canarias son pioneros, después han venido otros realizados por el Centro Nacional de Sanidad Ambiental (CNSA). Destaca el estudio en el que participa esta última institución y mi grupo de trabajo, que comprende 27 países europeos. El proyecto se identifica con las siglas HBM4EU y está midiendo la presencia en el cuerpo humano, de individuos reclutados en el norte y sur, este y oeste de Europa, ya sean niños, adolescentes o adultos, de toda una batería de compuestos químicos entre los que se encuentran muchos disruptores endocrinos. Los resultados estarán listos en unos meses y servirán para orientar políticas de prevención de la exposición

Efecto cóctel

¿Nos puedes hablar brevemente del “efecto cóctel”?

Como ya he comentado el efecto sumatorio de múltiples compuestos químicos actuando de forma combinada –ya sea sinérgica o antagónica, es decir, sumando o restando- ha desarmado el argumentario de “todo está bajo control” que tanto ha pregonado la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria. Como comprenderás, el establecimiento de concentraciones para las cuales no se presume ningún efecto indeseable para la salud, para un determinado pesticida presente en un alimento considerado de forma aislada, queda desautorizado si se consideran varios residuos de pesticidas en, por ejemplo, un tomate, que se unen a los residuos del resto de los componentes de la ensalada, y este primer plato se suma a lo que aporta el segundo plato y todos, al postre.
Nos gustaría que se legislara en función de la suma de residuos que aporta nuestra comida diaria y que, además, se tuvieran en consideración los compuestos que se incorporan por nuestra piel cuando usamos determinados cosméticos o por la respiración cuando aspiramos aromas artificiales… Esa sería la forma correcta y honesta de establecer cuanto es admisible de un determinado compuesto químico contaminante ambiental. Pero estamos lejos de ello: el efecto cóctel no está en la agenda de los organismos reguladores.

Los niños

¿Los niños son los más vulnerables a los efectos nocivos de la alimentación convencional? ¿Ellos deberían comer más que nadie “bio”?

Junto al efecto combinado y la invalidez del uso regulador de las bajas dosis, lo que llamamos las ventanas de exposición son el tercer y gran problema de la evaluación del riesgo para la salud tras la exposición a disruptores endocrinos. Siempre hemos denunciado que la toxicología reguladora se ha centrado en el que la paga: Hombre rico del mundo desarrollado. Por esta razón, creo que se ha olvidado la idiosincrasia de la mujer, las peculiaridades del embrión/feto/niño y las dualidades rico/pobre, norte/sur, primer mundo/tercer mundo… Dentro de este contexto, las fases por las que pasa la vida de un individuo, sea cual sea su condición, son determinantes del efecto tras la exposición a un disruptor endocrino.

Determinados momentos en tu vida significan diferentes riesgos ante exposiciones idénticas: el embrión y feto, esto es la vida intrauterina, la primera infancia, la pubertad… todos representan momentos de máxima sensibilidad a los contaminantes ambientales. Creo que las generalizaciones en el control de la exposición son desafortunadas y deberían tener en cuenta los momentos en la vida de un individuo que se asocian con el mayor riesgo para el desencadenamiento de un efecto adverso, fases de la vida que llamamos ventanas de exposición. En respuesta a la segunda parte de tu pregunta, la alimentación debería ser especialmente cuidada en esos momentos de la vida de un individuo.

¿Nos puedes hablar de algunas de tus conclusiones en estos años de estudio que tengan que ver con exposición a químicos a través de la dieta y efectos en población infantil?

Como comentaba, la etapa embrionaria, fetal y primera infancia representan etapas de máxima vulnerabilidad frente a los disruptores endocrinos. Lo preocupante es que tras la exposición no se observan efectos inmediatos, sino que estos se presentarán como una mayor susceptibilidad para enfermar en la vida adulta. Un ejemplo: la exposición intrauterina, en el vientre de la madre del embrión macho –el niño– a disruptores endocrinos con actividad hormonal estrogénica y antiandrogénica se asocia con un fracaso en la producción de semen en la edad adulta.
En otras palabras, en la base de la infertilidad masculina asociada a la baja calidad de su semen… podría estar la exposición de la madre cuando quedó embarazada a contaminantes ambientales. Todo se encuadra dentro del llamado Síndrome de Disgenesia Testicular en el que la exposición ambiental parece tener un papel importante, y que implica no solo mala calidad seminal sino también un mayor riesgo de padecer cáncer de testículo o un defecto de la colocación del testículo en la bolsa escrotal (criptorquidia) observado al nacimiento. Espero tener ocasión de contaros en BioCultura la historia de los preciosos MIL DIAS, pero la hipótesis del origen tempano de enfermedades de presentación en el adulto está cada vez más fundamentada.

Baja natalidad

¿Nuestra baja natalidad tiene que ver con los efectos hormonales de la polución química y sus consecuencias en la población humana? ¿Somos un país muy expuesto?

El ejemplo de la respuesta anterior, es decir, la mala calidad y pobreza seminal del varón está contribuyendo en toda Europa, y en el mundo occidental en general, a la infecundidad de las parejas. Es cierto que la infertilidad masculina y femenina son multicausales, pero en ambos casos la exposición ambiental, es decir nuestros hábitos y exposiciones del día a día, están contribuyendo a este fenómeno. El problema del varón se describió en Europa del Norte, para más tarde generalizarse en todos los países desarrollados.

En España, los varones no escapan a esa tendencia decreciente de su calidad seminal que no parece haber tocado fondo, como se constata en cada nuevo estudio que se hace en Europa y España. Este problema tiene dos aspectos no bien conocidos por la opinión pública, que van más allá de la infertilidad del varón. El primero es que esa infertilidad se asocia en el varón con la caída en los valores de testosterona (la hormona masculina), lo que significa un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad metabólica, la diabetes y/ padecer problemas cardiacos.

El segundo, es que nos ha servido para darnos cuenta de cómo reacciona nuestro primer mundo a esta evidencia, ya que, en lugar de buscar la causa, se proponen soluciones basadas en la técnica. En este caso particular, han proliferado de las clínicas de reproducción asistida. ¡En Granada ya hay más que oficinas de farmacia! Es una huida hacia adelante tan típica de la sociedad actual, donde la tecnología quiere resolver los problemas provocados por la propia tecnificación.

Pedro Burruezo

CHARLA EN BIOCULTURA

sábado, 20 de diciembre de 2014

Los residuos de lindano un grave riesgo para la salud humana

Enviado por ARAINFO | REDACCIÓN el 19 diciembre, 2014

Dr. Nicolás Olea imparte hoy en Zaragoza 
una charla sobre lindano  
El doctor Nicolás Olea, director del grupo de investigación sobre contaminantes ambientales de la Universidad de Granada, ha advertido esta mañana en Zaragoza sobre los riesgos para la salud humana de la exposición a los contaminantes presentes en los residuos de lindano.

El grupo de investigación del Dr. Olea, referente internacional en este tema, ha estudiado los efectos sobre la salud humana del lindano y otros contaminantes organoclorados presentes en los residuos, en concreto su relación con hipotiroidismo, cáncer de mama, malformaciones del tracto urogenital de niños y niñas expuestas en el útero materno y también con problemas de fertilidad masculinos.

Este investigador ha explicado que los isómeros de lindano, el hexaclorobenceno, los PCB y otras sustancias organocloradas presentes en los residuos son disruptores endocrinos, esto es, sustancias sintéticas con capacidad de interferir en el funcionamiento normal de las hormonas. Estas sustancias interfieren en el sistema hormonal a dosis extremadamente bajas y sus efectos dependen del momento de exposición, siendo especialmente vulnerable la etapa de desarrollo fetal, la primera infancia y la pubertad.

Además, según Olea, la exposición conjunta a estas sustancias potencia sus efectos adversos y los análisis de los residuos han mostrado la presencia en tejidos y sangre de las personas de decenas de sustancias organocloradas diferentes junto a otros metales tóxicos.

Por otra parte, señaló que se trata de sustancias que se degradan muy difícilmente y se acumulan en la cadena alimentaria y finalmente en los tejidos grasos de las personas. Por ello, se han incluido en el listado de sustancias a eliminar globalmente según el Convenio de Estocolmo, suscrito por el Estado español y la normativa de la Unión Europea las considera sustancias sin umbral de exposición seguro.

“Para valorar los riesgos sobre la salud de los residuos de lindano debemos tener en cuenta que el medio ambiente y la población está expuesta a una mezcla de decenas de sustancias, que no solo son tóxicas de forma individual, sino que conjuntamente pueden potenciarse sus efectos adversos. Son sustancias que van a permanecer varios años en el medio ambiente y en el organismo de las personas y por tanto suponen un riesgo para la salud humana”, señaló el doctor Olea.

Representantes de la Asociación en Defensa de la Sanidad Pública, CCOO Aragón y Ecologistas en Acción criticaron al Gobierno de Aragón por minusvalorar los riesgos para la salud pública de los residuos de lindano y reiteraron su petición de que se elabore un Plan de Salud Ambiental que aborde este grave problema.

El Dr. Olea participará a las 18.30 horas de hoy en una charla coloquio titulada ‘Residuos de lindano: ¿Un riesgo para la salud?’, organizada conjuntamente por ADSPA, Ecologistas y CCOO en el Centro Joaquín Roncal (calle San Braulio) en Zaragoza.

lunes, 1 de diciembre de 2014

Nuestro cuerpo acumula tóxicos que fueron prohibidos hace décadas

Autor de la imagen: Vladimer Valishvili 
Esta semana voy a realizar un pequeño receso en el análisis comparativo de productos para hacerme eco de los resultados de una reciente investigación del Instituto deInvestigación Biosanitaria de Granada acerca de los tóxicos que se acumulan en nuestro organismo y que viene a confirmar lo que ya se sospechaba y que abordé en este blog el pasado mes de marzo.

Dicho trabajo, llevado a cabo por investigadores de la universidad granadina, de los hospitales universitarios San Cecilio y Virgen de las Nieves y de la Escuela Andaluza de Salud Pública, ha consistido en analizar los contaminantes "almacenados" en el tejido adiposo de cerca de 300 personas. Entre otras sustancias, se han encontrado restos de tóxicos cuya utilización en el ámbito agrícola está prohibida desde hace tiempo como el plaguicida DDT (desde 1971), el insecticida lindano (1991) o algunos tipos de bifenilos policlorados o PCBs (1986). Todo ello, como digo, aparecía bien guardado en la grasa del cuerpo de estos sujetos.

Estas sustancias forman parte de lo que se conoce como COPs (Contaminantes Orgánicos Persistentes), es decir, tóxicos que se mantienen en el medio ambiente durante décadas. Por eso podría ocurrir que una persona empiece a sufrir problemas de salud debido a una sustancia cuya utilización lleva muchos años prohibida, bien por los residuos que persisten en el ambiente, o también por los que tiene acumulados en el tejido adiposo de su propio cuerpo.

A propósito de perjuicios para la salud por culpa de tóxicos que durante demasiado tiempo estuvieron autorizados, esta misma semana se ha celebrado un nuevo juicio contra la empresa Uralita con el amianto como telón de fondo. En esta ocasión, la denuncia fue presentada por los familiares de cuatro mujeres que fallecieron por diversas enfermedades relacionadas con el amianto. Pero ellas no eran empleadas de la empresa, sino esposas de trabajadores. El contacto con el amianto lo tuvieron al sacudir y lavar la ropa de trabajo de sus maridos a diario. Las fibras de amianto se desprendían y eran inhaladas por estas mujeres ya fallecidas. La empresa no se encargaba de la limpieza de los uniformes de sus trabajadores al no considerarlos tóxicos.

Por cierto, que este mismo año se ha producido la primera sentencia firme en un juicio colectivo contraUralita. El Tribunal Supremo ratificó la sentencia que condenaba a la empresa a indemnizar con un millón y medio de euros a los familiares de 18 trabajadores que fueron contaminados con el polvo tóxico del amianto.

Autor de la imagen: Badly Drawn Dad  
Volviendo a la investigación realizada en Granada, los resultados apuntan a una relación directa entre acumulación de COPs y obesidad, no solo en el sentido de que cuanta más grasa corporal tienes, más tóxicos puedes llegar a almacenar, sino que "existen evidencias de que la exposición humana a ciertas sustancias químicas llamadas 'obesógenos' podría favorecer el crecimiento y proliferación de adipocitos (células de la grasa) y, por lo tanto, provocar un aumento de la grasa corporal. Además, se sospecha que ciertos contaminantes ambientales también podrían provocar alteraciones en los niveles de colesterol y triglicéridos y, por tanto, contribuir al desarrollo de enfermedades cardiovasculares”, según afirma Juan Pedro Arrebola, uno de los autores del estudio.

Arrebola también explica que las personas se exponen a los COPs “principalmente a través de la dieta. Además, los COPs se acumulan progresivamente en la grasa corporal, por lo que los niveles medidos en nuestro trabajo nos dan una idea de la exposición acumulada de una persona a lo largo de varios años”.

Mientras que cada vez son más las investigaciones científicas que confirman los efectos perniciosos para nuestra salud de los contaminantes y tóxicos ambientales, las autoridades sanitarias siguen mirando hacia otro lado, posiblemente muy influenciadas por las poderosas empresas que se verían afectadas económicamente en caso de prohibir el uso de determinadas sustancias como, por ejemplo, el Bisfenol A. De hecho, a comienzos de este mismo año 2014, la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (que representa a miles de profesionales y científicos sanitarios), criticaba la falta de acción por parte del Gobiernoespañol y de la Unión Europea ante el alarmante crecimiento deenfermedades por contaminantes químicos.

Como parece que a los gobernantes les preocupan más los efectos en la economía que la salud de los ciudadanos, la última estrategia de quienes pretenden la prohibición de todas estas sustancias es poner en evidencia el alto coste económico que supone para las arcas públicas eltratamiento de las enfermedades ocasionadas por estos tóxicos que, entre otras consecuencias, están afectando negativamente a la reproducción humana.

Para cerrar este tema, nada mejor que escuchar cualquiera de las múltiples conferencias que el Dr. Nicolás Olea, también granadino, ha ofrecido advirtiendo de las consecuencias de, entre otros, los Contaminantes Orgánicos Persistentes. Aquí puedes ver el vídeo a partir de cuando empieza a hablar de este tema: