jueves, 25 de octubre de 2018

El dolor de María

Diana López Varela Periodista 24/10/2018

El origen del dolor de María podría explicarse como el de cualquier otro dolor convencional. Cuando todavía era una adolescente, María empezó a sentir molestias en una rodilla. María visitó varias veces urgencias y le dijeron que aquello “solo” era un esguince. No hubo ningún tratamiento, ni recomendación, solo debía dejar que se curase solo. Al cabo de varios meses y nuevas e infructuosas visitas a urgencias, a María seguía doliéndole, cada vez más. Así que fue a un traumatólogo. El traumatólogo le hizo varias radiografías y le aseguró que no tenía nada. Pero el dolor agudo en la rodilla de María no cesaba, y empezó a cojear para tratar de aliviarlo. María regresó varias veces junto a su traumatólogo, acompañada de su madre, y durante más de un año el diagnóstico fue siempre el mismo: ausencia de diagnóstico, locura transitoria, capricho adolescente. “Me decían que me echase a correr y yo no era capaz de andar”. Por alguna extraña razón que María no alcanzaba a entender, aquel traumatólogo estaba convencido de que María se inventaba su dolor. Ahora, ya adulta, lo llamaría negligencia o, como poco, ignorancia y narcisismo desmedido.
La terquedad de María consiguió que aquel traumatólogo accediese a hacerle una resonancia. La prueba magnética despejó cualquier duda sobre el origen de su dolor. María tenía una lesión en la articulación, una lesión grave y con muy pocas perspectivas de cura a través de la cirugía. Una lesión de cartílago imposible de reconocer en una radiografía. Quién sabe si la lesión se pudo haber evitado o, al menos, amortiguado, con un vendaje correcto o con ejercicios de rehabilitación durante los primeros meses. El doctor echó balones fuera y le dijo a María que se acostumbrase a vivir con su dolor hasta que la intervención fuese inevitable, algo que podría ocurrir en el año siguiente, después de un embarazo, o jamás. María estaba frustrada pero no lo quedaba otra que asumir que su rodilla ya nunca volvería a ser la de antes y que eso la limitaría en una de sus principales aficiones: el deporte. Tendría que controlarlo, limitarlo, adaptarlo a su nueva circunstancia. Se sentía culpable: demasiados tacones, poco reposo, deporte de impacto. Quién sabe de cuántas maneras había ella contribuido a su desgracia. Pero el calvario solo acababa de empezar. A los pocos meses a María empezó a dolerle la rodilla de la pierna contraria. El mismo médico le comentó que eso se explicaba por haber estado cargando el peso como acto reflejo para compensar el dolor. Otra radiografía. Otra vez nada. Otra vez la desconfianza y la vergüenza. El dolor avanzó como un tsunami de lava, empezó a dolerle el tobillo de la pierna “mala”, y luego el otro tobillo, y después subió hasta las caderas, manifestándose a través de una descarga eléctrica que empezaba en la planta de los pies y se irradiaba hacia el resto del cuerpo contrayendo uno a uno cada músculo.

Lo siguiente fue la parte baja de la espalda. La ciática también se explicaba por haber cargado el peso en un lado durante demasiado tiempo. A María le dolía estar de pie y se cansaba mucho si pasaba unos pocos minutos sin moverse. El dolor sordo se clavó en sus glúteos, subió por la parte alta de la espalda, se adhirió a sus clavículas y corrió como una lagartija bajo la piel hasta provocarle rigidez en las cervicales. Empezó a dolerle la cara. Y la mandíbula. El traumatólogo sugirió una visita al psiquiatra. Empezaba a necesitarlo. María define su sensación como la de “un amasijo a punto de deshacerse”.

Pero antes la derivaron a un médico rehabilitador para que convenciese a su caprichosa paciente. Este, mucho más amable que el primero, la tumbó en una camilla y fue apretando con los dedos en forma de pinza las inserciones de las articulaciones del frágil cuerpo de María. Tobillos, rodillas, caderas, glúteos, muñecas, manos, pecho, cuello… María no dejó de protestar y moverse en la camilla sin entender las ansias del médico por infringirle más dolor del que ya tenía. Era la segunda vez que María escuchó la palabra fibromialgia en su vida. La primera vez fue en un programa de la tele, siendo niña, en una tertulia de mujeres mayores que reproducían la letanía de sus males reumáticos. María se quedó impactada al escucharlas hablar de esa vida llena de dolor. Lo presentaba Ana Rosa Quintana. “Tenía la enfermedad de las señoras del programa de Ana Rosa, tía”.

María tenía 21 años. Y sí, tenía la enfermedad de las señoras del programa de Ana Rosa. La confirmación definitiva del diagnóstico llegó de la mano de un reumatólogo, presidente de la Asociación de Fibromialgia de su provincia.

El dolor de María no cesó en la década siguiente. Pasó años de confirmaciones y reconfirmaciones diagnósticas, de urgencias, de especialistas, fisioterapia y gastos médicos. Hubo médicos que le dijeron que era demasiado joven para tener fibromialgia, otros que le recomendaron no decirlo en una consulta “para que te hagan caso” y, los más osados le decían que ellos “no creían” en la fibromialgia. La fibromialgia es una enfermedad reumática (el diagnóstico más certero se hace por la doble vía de neurología y reumatología) de origen desconocido y reconocida por la Organización Mundial de la Salud desde el año 1992. La fibromialgia la diagnostican médicos, no chamanes. No hay que “creer” en la fibromialgia, igual que no hay que creer en el cambio climático a no ser que tengas un primo con pocas luces. Se caracteriza por un dolor musculoesquelético generalizado, exagerada hipersensibilidad en múltiples áreas corporales (especialmente en las articulaciones), con puntos predefinidos (tender points), contracturas y fatiga crónica. Puede ir acompañada de sensibilidad a la temperatura, a olores o a productos químicos. “Y muchas más otras cosas de las que nadie habla como las cistitis de origen no infeccioso”. Su aparición está relacionada con traumas físicos, psicológicos, infecciones y hasta determinadas vacunas. También con la contaminación, las hormonas alimentarias, la celiaquía y otras enfermedades autoinmunes. La fibromialgia se diagnostica por falta de diagnóstico cuando los demás especialistas desahucian al paciente y ningún tratamiento es efectivo. La fibromialgia no se palia con antiinflamatorios, y los antidepresivos y opiáceos pueden causar un efecto rebote. Tampoco se cura con homeopatía.

Esta semana se celebraba el Día Mundial del Dolor y también el Día Mundial del Cáncer de Mama. Junto a las ginecológicas, las mujeres se ven afectadas en mayor proporción por las enfermedades relacionadas con el dolor crónico. Las migrañas, las enfermedades inflamatorias como el lupus, el síndrome del intestino irritable, la esclerosis y las enfermedades reumáticas, tienen rostro de mujer. De poco sirve celebrar que vivimos muchos más años si la calidad de vida de la mitad de la población está cercenada por el dolor. También hay hombres con fibromialgia aunque María reconoce que en general, ellos tardan mucho menos tiempo en ser diagnosticados. “Si a un hombre le duele algo, no se le cuestiona como a nosotras”.

María tiene otro dolor que empeora y alimenta al primero. El dolor de ser invisible. Invisible porque a nadie le gusta oír hablar de dolor crónico. Invisible porque no hay nada más odioso que las personas quejicas. Invisible porque muy poca gente la entiende, a veces ni siquiera las personas más cercanas. Confiesa que ha deseado muchas veces que todos las que la cuestionan viviesen solo un día con esa enfermedad. “En un solo día de brote algunos se tirarían por la ventana”. Invisible porque muchas personas confunden enfermedades del sistema nervioso con emociones, y emociones con enfermedades mentales. Invisible porque es difícil de explicar la sensibilidad de algunos cuerpos a las caricias, los pellizcos o un simple abrazo. Invisible porque es normal estar triste con fibromialgia, lo que no quiere decir que la tristeza sea la causa de la fibromialgia.

“Invisible porque la fibromialgia que han diagnosticado 20 médicos en 10 años puede serdesdiagnosticada por otro en cinco minutos y delante de tu familia dejándote sin argumentos ante esa película que tan bien te has montado”. María se ha acostumbrado a que una parte de ella permanezca velada en una felicidad autoimpuesta que a veces no es más que el espejo en el que los demás se quieren reflejar. “A nadie le molestaría que me quejase de un cáncer pero si hablo de mi fibromialgia enseguida tuercen el morro”. María vive y trabaja como si no tuviese fibromialgia. La gente que lo sabe cree que la lleva bien. La lleva. Y punto. “Nadie lleva bien el dolor crónico, es imposible, a veces estás anulada y simplemente esperas a que el día siguiente sea mejor”. Su trabajo le gusta y la salva de la autocompasión. Si se siente comprendida, la cosa mejora, y para eso ha contactado con algunas mujeres jóvenes que padecen la enfermedad a través de las redes sociales. “Nos escribimos y nos desahogamos un rato, es la mejor terapia”.

Solo el deporte, el que cada vez tiene más limitado, la ayuda de verdad con el dolor. “Hago un esfuerzo sobrehumano por practicarlo, porque a pesar del dolor inicial, de las agujetas, siempre me compensa, durante una hora de ejercicio a veces es como si no tuviese fibromialgia, es una inyección de vida”.

Han pasado ya muchos años, pero María sigue esperando el milagro. El milagro de levantarse un día y que no le duele nada. El milagro de la ciencia. El que se consigue invirtiendo en las cosas importantes. El milagro de la sanidad pública puntera. “Y que la gente deje de votar a partidos que privatizan la sanidad, pon eso y lo de Ana Rosa, por favor”. Gracias por tanto, Ana Rosa. Y a ti, María.

martes, 23 de octubre de 2018

Varapalo de la ONU a la privatización de servicios públicos: “Genera pobreza”

19 OCT 2018 MADRID

La privatización de servicios públicos como sanidad o educación “acaba con la protección de los derechos humanos y margina a los que viven en situación de pobreza”, según un informe de Naciones Unidas publicado este viernes y que señala directamente al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial por haber promovido este modelo por “ideología”.

El documento, firmado por el relator especial de la ONU sobre pobreza extrema, Philip Alston, asegura que se está dando un “tsunami de privatizaciones” en servicios básicos como la justicia, los sistemas de prisiones, la educación o la sanidad, unas políticas que “no pueden hacerse a expensas de tirar por la ventana el sistema de protección social”.

En concreto, el informe de Naciones Unidas señala al Banco Mundial y al FMI por “haber promovido agresivamente la privatización de servicios básicos sin que se vean recompensados los derechos de las personas y los más pobres”.

En 2015, el Banco Mundial promovió la idea de aumentar la financiación del sector privado “de miles de millones a billones de dólares” para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, ya en 2017, anunció su enfoque para maximizar el financiamiento para el desarrollo en el que “se da prioridad a la financiación privada y a las soluciones sostenibles del sector privado”.

A juicio de Alston, estas políticas, que “se presentan como una solución técnica” para algunos servicios, responden en realidad a una “ideología” que “devalúa los bienes públicos” y que, según la ONU, son “esenciales para una sociedad decente”.

“Mientras que los defensores de la privatización insisten en que ahorra dinero, es eficiente o que mejora los servicios, la realidad evidencia que muchas veces contradice sus propias justificaciones”, aseguró el relator especial.

Además de la eficiencia, el informe apunta que este modelo busca el “rédito económico” y que eso deriva, en cambio, en su intención de “minimizar el tiempo por cliente o paciente, pago de cuotas o ahorrar en recursos”.

El pasado mes de agosto, la Cámara de Cuentas constató que “se desconoce en base a qué criterios” se tomaron decisiones para privatizar ciertos servicios de la sanidad madrileña, certificando que las concesionarias no han demostrado un ahorro real.

lunes, 22 de octubre de 2018

“El Síndrome del Intestino Irritable se incluye dentro de la sensibilización central”

21 de octubre de 2018 por Sessec

Hoy se celebra el Día Nacional del Síndrome del Intestino Irritable (SII), “una patología incluida dentro del Síndrome de Sensibilidad Central (SSC)”, ha puesto de manifiesto el Dr. Oscar Cáceres, alergólogo e inmunólogo clínico y miembro de la Junta Directiva de la SESSEC. Afecta a entre el 6 y el 8% de la población, sobre todo mujeres de entre 20 y 40 años, según datos recopilados por el Grupo Español de Motilidad Digestiva (GEMD).

El SSC engloba patologías como la Fibromialgia, la Migraña y Cefalea Tensional, el Síndrome del Intestino Irritable, el Síndrome Químico Múltiple, el Síndrome de Fatiga Crónica o el Síndrome de Electrosensibilidad, entre otros. Todos estos procesos tienen en común la sensibilización del sistema nervioso central, una disfunción inmunoneuroendocrina y mitocondrial, y un desbalance en el estrés oxidativo.

“Todas estas patologías dejan de ser entidades independientes y pasan a tener unos mecanismos de producción comunes, lo que explica que el paciente no tenga numerosas enfermedades, sino un solo trastorno que puede provocar toda esta sintomatología descrita”, afirma el Dr. Cáceres.

En concreto, el Síndrome del Intestino Irritable se caracteriza por la presencia constante de síntomas digestivos como dolor abdominal, gases, hinchazón abdominal tipo gestante, pesadez estomacal, distención abdominal, diarreas, estreñimiento, calambres.

“En la mayoría de estos pacientes –comenta el Dr. Cáceres- se descubre una alteración de la permeabilidad intestinal, lo que facilita la aparición de sensibilidades alimentarias que pueden estar detrás de los síntomas que presentan”.

Además, se ha visto que muchos pacientes –aparte de los síntomas digestivos- presentan dolores de cabeza, cansancio, dolores musculares o articulares, todos ellos síntomas compatibles con el Síndrome de Sensibilidad Central. “Cuando estos pacientes son estudiados y tratados siguiendo el enfoque del SSC, se consigue una mejoría del 90%”, concluye este experto.

Sanidad revisará la atención sanitaria a las personas con sensibilidad química múltiple

De izquierda a derecha, González Ponte, Real, Zamanillo y Palomeque, durante el 
encuentro mantenido en las dependencias de la Consejería de Sanidad (Foto: 
Oficina de Comunicación)
Luisa Real se ha reunido con representantes de la Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud con quienes ha abordado la situación actual y principales necesidades de estos pacientes

Santander - 19.10.2018

La consejera de Sanidad, Luisa Real, ha expresado hoy su compromiso con una atención sanitaria de calidad para todos los pacientes de Cantabria, con independencia de la enfermedad que padecen. Por eso, su departamento revisará la atención sanitaria a las personas con sensibilidad química múltiple, una dolencia que cursa con síntomas y signos asociadas a la exposición a sustancias químicas a concentraciones toleradas por la mayoría de la población.

Así se lo ha hecho saber la titular de Sanidad a los representantes de la Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS) de Cantabria, Luisa González Ponte, Javier Palomeque y Roberto Zamanillo, con quienes se ha reunido para abordar la situación actual de sus asociados y sus principales necesidades en el ámbito sanitario.

Durante el encuentro, han informado a la consejera de las actuaciones que están llevando a cabo, tanto a nivel nacional como regional, para hacer visible el problema de las personas con sensibilidad química múltiple y con electrosensibilidad que, según han referido, cada día son más numerosas.

Ambas patologías cursan con síntomas heterogéneos e inespecíficos, lo que, según apuntan, hace muy difícil el diagnóstico diferencial con otras enfermedades multisistémicas y no se dispone, hasta el momento, de una definición de caso que sea aceptada por la comunidad científica.

Tanto la consejera como los miembros de la Asociación han coincidido en señalar la importante labor de asociaciones como la suya que tratan de informar y sensibilizar a la población general para que reduzca la exposición a sustancias desencadenantes y prevenir así nuevos casos, al tiempo que ayuda a comprender esta patología y a las personas que la padecen.

EQSDS

La Asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud nace a finales del año 2012 con la intención de dar respuesta a las personas con sensibilidad química múltiple y electro hipersensibles. Además de dar voz a este colectivo, EQSDS tiene entre sus objetivos básicos compartir información entre las personas afectadas y hacer visible un problema de salud ambiental cada vez más frecuente.

Desde su creación, la Asociación se ha convertido en una plataforma para dar visibilidad a la electrosensibilidad, encontrar soluciones y mejorar la calidad de vida de las personas que la padecen, reivindicando su derecho a la salud y a participar en esta sociedad.

El negocio de especular con el cáncer

  • España dedicó en 2017 más de 1.400 millones de euros a pagar tratamientos hospitalarios contra el cáncer con precios descontrolados y arbitrarios
  • Un ejemplo de las técnicas de los laboratorios: retirar un fármaco para volver a sacarlo al mercado un año después con un coste 12 veces superior
  • El cáncer es la encarnación del miedo a la muerte de nuestro tiempo. Las grandes empresas farmacéuticas lo saben y le están sacando beneficio
Juan Luis Sánchez 17/04/2018
Imagen de una mamografía (Archivo Wikicommons)  
Imaginemos que hay un medicamento, vamos a llamarle por ahora X, que sirve para tratar la leucemia. Gracias a la investigación científica, se descubre que ese mismo fármaco además sirve para tratar la esclerosis múltiple. ¡Estupendo!, pensaría cualquiera, no solo por bondad sino por razones económicas: si un mismo producto sirve para varias enfermedades, eso evita costes de desarrollo de otro medicamento nuevo porque ya existe este. Además, si hay más pacientes pues la demanda será mayor y por tanto el precio puede bajar. Eso es lo que pensaría cualquiera, menos los gerentes de las grandes farmacéuticas.

Digamos ahora que ese medicamento X contra la leucemia existe realmente y se llama MabCampath. Los laboratorios Sanofi tuvieron una idea muy diferente cuando descubrieron en 2012 que podía servir también para pacientes de esclerosis múltiple: retiraron el fármaco del mercado. Dijeron que por "razones comerciales" (pdf) y decían la verdad.

Un año después, esta empresa volvió a sacar exactamente el mismo fármaco (alemtuzumab) pero con una marca diferente. ¿Por qué? El mercado de los fármacos contra la esclerosis es más caro que el de la leucemia, así que retiraron una marca para para sacar otra, Lemtrada, y catalogarla como medicamento para la esclerosis. Así podían ponerle un precio más alto, como los de otros medicamentos contra enfermedades degenerativas. Desde entonces, el sistema sanitario público paga alrededor de 36.000 dólares al año por paciente tratado con Lemtrada. Esto es 15 veces más que cuando se llamaba de otra forma, siendo el mismo medicamento.

Tres casos más parecidos a este aparecen documentados en un informe de la campaña No es Sano, que reúne a diferentes organizaciones sociales que luchan por un abaratamiento de los principales medicamentos. Son datos especialmente relevantes no solo por el componente ético sino por la repercusión que eso tiene sobre la sostenibilidad del sistema sanitario en países como España.

El sistema público de salud español gastó solo en fármacos y otros tratamientos para uso hospitalario 6.448 millones de euros en 2017. Por comparar: esa cifra de gasto es superior al presupuesto de Defensa para ese mismo año y está por encima de lo que se dedicará al personal del Ejército en 2018.

Es mayor que las partidas recién aprobadas para Energía y Turismo y casi equivale a todo el dinero que gestiona el Ministerio del Interior. Mientras el Gobierno y las autonomías argumentan que no queda más remedio que mantener la austeridad en los servicios sanitarios, las farmacéuticas no dejan de facturar cada vez más. Mientras que en 2011 el precio medio de un fármaco era de 290,5 euros, en 2015 se situaba en 593,5 euros, según el informe anual del Ministerio de Sanidad.

Más del 20% de ese gasto hospitalario en tratamientos va a pagarle a estas multinacionales los medicamentos contra el cáncer, lo que sitúa la factura en oncología por encima de los 1.400 millones de euros el año pasado o incluso por encima de los 1.900 millones, según otros estudios. Las previsiones de las consultoras del "mercado sanitario" dicen que los hospitales son ya el mayor cliente de la industria, dejando atrás a la venta a través de farmacias.

Paralelamente, el Gobierno ha incluido mecanismos legales para que los gobiernos autonómicos no puedan recibir ayuda financiera si no firman un convenio que beneficia directamente a los grandes laboratorios. Un acuerdo entre el Ministerio de Hacienda y la patronal garantiza un nivel de gasto público anual constante en medicamentos de marca. El mecanismo esconde una perversión: supone una financiación indirecta con fondos de emergencia al negocio de grandes empresas.

En España algunas de las terapias más empleadas para tratar tumores alcanzan los 30.000 euros y algunas llegan a los 100.000 euros al año por paciente. Estas cifras son estimaciones de la decena de organizaciones que participan en No es Sano [desde Médicos del Mundo a la Organización Médica Colegial de España] porque los ciudadanos en realidad no sabemos cuánto estamos destinando de nuestros impuestos a pagar estos tratamientos.

¿Por qué pagamos lo que pagamos?

"¿Esto es un saqueo? No, es el mercado, amigo", dijo Rodrigo Rato para explicar los efectos de la crisis financiera en los ciudadanos. El precio de los medicamentos contra el cáncer también depende única y exclusivamente del mercado y no está regulado de la misma manera que otros servicios como la energía o las telecomunicaciones.

Como explicamos en este especial de eldiario.es, el sistema de fijación de precios de medicamentos en España es opaco y responde a criterios arbitrarios. El precio para la sanidad pública no depende de cuál fuera el coste de producción e investigación del fármaco y tampoco hay un margen de beneficio estipulado para este tipo de tratamientos. Las multinacionales farmacéuticas pueden simplemente negociar cualquier margen de beneficio con los gobiernos, y se hace además en una negociación con una comisión de responsables políticos en varios ministerios. Solo en los últimos meses hemos empezado a conocer algo de las reuniones secretas donde se negocia y decide, lo que deja mucho margen para el lobby farmacéutico y, dicho suavemente, "el conflicto de intereses".

En Estados Unidos, que es donde se fija el precio inicial de los medicamentos que luego servirá para negociar con otros países, los ingresos de las farmacéuticas por tratamientos oncológicos se han duplicado en diez años. Para las autoras del informe de No es Sano, Irene Bernal y Eva Iráizoz, "el sistema incentiva que la industria marque los precios de los nuevos medicamentos protegidos por patente en función de lo que el mercado pueda soportar para obtener el máximo beneficio posible".

Esto se hace siempre con el argumento de que, como empresas, son las únicas con capacidad de investigar y que, por tanto, tienen el derecho y la responsabilidad de hacer rentable su negocio y seguir investigando.

Cada vez son más voces expertas las que alertan sobre los mitos de la innovación farmacéutica. Datos de la European Federation of Pharmaceutical Industries and Associations (EFPIA) muestran que solo un 16% del total de los ingresos por venta de fármacos fueron destinados a investigación. El reparto de dividendos de algunas de estas empresas como Roche o Pfizer supera el 23% del presupuesto.

Estas grandes farmacéuticas dedican más dinero a repartir beneficios que a invertir en una investigación que, en sí misma, está en discusión porque se centra en hacer pequeñas modificaciones a los medicamentos para volver a patentarlos y blidar su comercialización de nuevo, lo que impide que puedan democratizarse.

En el ejemplo del principio, según los datos de No es Sano, el 70% de los ensayos clínicos con el alemtuzumab fueron financiados por centros de investigación, universidades o fondos públicos. Solo el 13% fue sufragado por la propia empresa comercializadora. Esta participación pública o académica en las fases de investigación no es una excepción en la industria y es especialmente habitual en los fármacos contra el cáncer.

El cáncer es ya la primera causa de muerte entre las personas mayores de 40 años y también entre los niños menores de 14. Ataca de repente y rompe familias; o ataca poco a poco y las somete a una agonía imposible. Cada año se diagnostican unos 250.000 casos en España. El mejor control de otras enfermedades, algunos hábitos nocivos y el alargamiento de la esperanza de vida convierten al cáncer en la encarnación del miedo a la muerte de nuestro tiempo. Las grandes empresas farmacéuticas lo saben y están especulando con ello.