Un
documento consensuado por autoridades sanitarias españolas reúne
pautas para el diagnóstico y tratamiento del síndrome de
sensibilidad química múltiple
El
síndrome
de sensibilidad química múltiple
es
un conjunto de síntomas relacionados con una amplia variedad de
agentes medioambientales presentes en todos los ámbitos, desde el
laboral al doméstico. Afecta sobre todo a mujeres, aunque se
desconoce el origen, las causas y los mecanismos de acción. Ello ha
provocado que hasta ahora no se haya elaborado el primer documento de
consenso europeo. En él se abordan, además de la definición del
síndrome, distintas recomendaciones para los afectados.
El
síndrome
de sensibilidad química múltiple (SQM)
es una dolencia que afecta sobre todo a mujeres y provoca malestares
neurológicos (migraña, confusión, sensación de desconexión),
erupción cutánea, sensación de ahogo y problemas de irritación de
mucosas. Los culpables son múltiples agentes químicos (de ahí su
denominación) comunes en la vida diaria, como productos de limpieza,
colonias, disolventes, ciertos alimentos, medicamentos
y
radiaciones
electromagnéticas.
Los afectados manifiestan reacciones a estos agentes a un nivel que
es tolerado sin más problemas por el resto de la sociedad.
Síndrome de sensibilidad química: por
fin, el consenso
Su gran variedad de síntomas y grados
de afección, así como las amplias divergencias respecto a su
origen, han dificultado durante años su definición como enfermedad.
Las diferencias para abordar el tratamiento y el diagnóstico tampoco
facilitan una solución rápida al intenso debate. Por este motivo,
diversas instituciones relacionadas con la salud en España han
publicado recientemente un documento de consenso sobre el síndrome.
Joaquín Fernández-Solá, del Hospital Clínic de Barcelona, que ha
participado en su elaboración, señala que el texto "supone un
paso básico para analizar y reflejar la situación y progresar a
partir de aquí".
El documento pretende funcionar como
pauta común de actuación por parte de los profesionales, con objeto
de ofrecer una atención integral y multidisciplinar a los afectados.
Además, intenta paliar la falta de evidencias científicas acerca de
la SQM y pretende, a su vez, sensibilizar a la sociedad.
El
texto, "promovido sobre todo por asociaciones de pacientes
y
que acarrea muchos años de trabajo", según Fernández-Solá,
ha sido coordinado por el Observatorio de Salud de las Mujeres de la
Agencia de Calidad del Sistema Nacional de Salud. Han participado
expertos del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, la
Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria, la Asociación
Española de Toxicología y la Agencia de Evaluación de Tecnologías
Sanitarias del Instituto de Salud Carlos III y Guía Salud.
Pese
a la poca evidencia científica disponible, ningún estudio relaciona
la sensibilidad química con la longevidad o el desarrollo de cáncer
El documento ha establecido la
definición del síndrome de sensibilidad química múltiple que
lleva consigo, por fin, un perfil característico: "cualquier
individuo que, con la exposición a diversos agentes químicos
ambientales a bajos niveles, presente síntomas reproducibles y
recurrentes que impliquen a varios órganos y sistemas, pudiendo
mejorar su estado en el momento en que los supuestos agentes
causantes sean eliminados o se evite la exposición a ellos".
También se incluyen los criterios diagnósticos, así como
recomendaciones para ayudar en el tratamiento, que no es único
(dependerá de la causa principal que la provoque) y está focalizado
en mejorar los síntomas.
Las personas afectadas, a menudo, deben
enfrentarse a situaciones en las que sus síntomas se confunden, se
diagnostican de forma incorrecta o se les deriva a diferentes
especialistas, sin conseguir un tratamiento apropiado. Este retraso
en el diagnóstico y tratamientos poco específicos pueden tener
consecuencias físicas, psicológicas y sociales para los afectados y
sus familiares.
Sensibilidad química múltiple versus
estilo de vida
Según
Fernández-Solá, uno de los puntos clave que pueden explicar por qué
la SQM no se ha reconocido aún como enfermedad radica en los
intereses que hay en este campo. "Sin duda alguna, reconocer el
síndrome como enfermedad significaría cambiar un estilo de vida con
unos costes que no estamos dispuestos a asumir", reconoce el
especialista. Pone un ejemplo tan claro como la contaminación
ambiental:
"Sabemos que vivimos en unos niveles de contaminación muy por
encima de lo tolerable pero, no obstante, no disminuimos la cantidad
de coches ni dejamos de consumir y quemar combustible".
La
revolución tecnológica ha supuesto un nuevo estilo de vida del que
ya casi nadie quiere prescindir. Sin embargo, puede estar relacionado
con el aumento de la tasa de afectados. Hay un incremento notable de
la carga
electromagnética,
de circuitos eléctricos en los hogares o de líneas eléctricas de
alta tensión.
Sin
embargo, hoy en día, este modo de vivir es muy difícil de cambiar.
Eva Caballé, una joven barcelonesa que cursó Ciencias Económicas y
Empresariales en la Universidad de Barcelona, desarrolló síndrome
de sensibilidad química múltiple en 2005. Desde entonces, trabaja
con varias iniciativas para que se reconozca como enfermedad. Una de
ellas es el blog
que
actualiza con artículos divulgativos para ayudar a personas que
están en su misma situación y para acercar la enfermedad a la
sociedad. También en EROSKI CONSUMER, artículos como Limpiar
la casa de forma barata y ecológica o
Cuatro
consejos para mejorar el aire en casa muestran
cómo minimizar riesgos.
Según Fernández-Solá, primero, para
"sobrevivir en un ambiente tóxico", hay que "saber
dónde estamos, identificar qué pasa y analizar nuestra vida
personal en busca de posibles fuentes de exposición, tanto laborales
como en el hogar o en nuestra vida cotidiana". Se debe hacer
porque, si bien hay fuentes que son de fácil detección, otras no lo
son: "Podemos tener un insecticida en la habitación que, sin
saberlo, está provocando efectos negativos sobre nosotros". Una
vez identificados, hay que evitarlos.
Recomendaciones para la sensibilidad
química múltiple
El especialista recomienda a pacientes
y personas interesadas que se informen a través de asociaciones de
pacientes o profesionales. Una de ellas es la Asociación Estatal de
Afectados por los Síndromes de Sensibilidad Química Múltiple,
Síndrome de Fatiga Crónica y Fibromialgia y para la defensa de la
Salud Ambiental. Aconseja también acudir al médico para un
diagnóstico preciso (aunque en ocasiones no es fácil) y, sobre
todo, "evitar las exposiciones desencadenantes y reordenar su
vida".
Insiste
en que "es importante no alarmarse, sino adaptarse", ya que
no es una enfermedad progresiva, sino persistente: si se elimina el
factor desencadenante, desaparecerán los síntomas, pero estos se
desarrollarán de nuevo si el paciente vuelve a exponerse a la fuente
causante. El especialista lanza un mensaje tranquilizador a los
pacientes, puesto que no se ha constatado mediante estudios ninguna
relación con "la longevidad o el desarrollo de algún tipo de
cáncer".
Fernández-Solá hace hincapié en que la enfermedad no se cura y el
tratamiento solo está dirigido a paliar los síntomas.
SENSIBILIDAD QUÍMICA MÚLTIPLE Y OTRAS
AFECCIONES
"El síndrome de sensibilidad
química múltiple no suele ir solo", revela Fernández-Solá.
Esto significa que un buen diagnóstico de la dolencia debe tener en
cuenta la comorbilidad, es decir, otras afecciones que pueden
acompañar al síndrome. Un buen ejemplo son todas las personas con
SQM que manifiestan, además, dolor generalizado o se cansan. "Estos
pacientes pueden desarrollar a largo plazo fibromialgia o síndrome
de fatiga crónica, de modo que el profesional debe tener en cuenta
todas las posibles señales acompañantes", asevera el
especialista.
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