Mostrando entradas con la etiqueta campesinado. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta campesinado. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de mayo de 2018

Las campesinas que dijeron basta a los abusos en la venta de quinoa, la comida de moda

  • En el Día Mundial del Comercio Justo, hablamos con Gloria Sagñay una agricultora indígena que cultiva quinoa orgánica y lidera una organización de mujeres productoras en Ecuador
  • Ante la falta de condiciones dignas en la venta de su producto, decidieron sumarse al comercio justo: "Dependíamos del mercado, pero no valoraban nuestro trabajo, nos estafaban y no teníamos suficientes ingresos"
  • La quinoa es un pseudocereal que lleva miles de años en la dieta de la población andina y se ha convertido en los últimos tiempos en un alimento de moda en los países occidentales por su valor nutritivo
Gloria Sagñay, agricultora y presidenta de la organización de mujeres de Cumandá El Molino, 
durante su visita en Madrid. DAVID CONDE  
Icíar Gutiérrez 11/05/2018

Gloria Sagñay se levanta cada día varias horas antes de que salga el sol. A las cinco de la mañana ya está en su plantación, situada a 2.500 metros de altura. De fondo, el volcán Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador. Quedan pocos meses para la cosecha y Sagñay, de 29 años, se afana en que las matas de quinoa crezcan rectas para que el grano sea de calidad. Carga sacos de abono, remueve la tierra con la azada, riega. Después ordeña a las vacas y llega a tiempo a su casa para preparar el café antes de regresar de nuevo al campo. Al día siguiente, vuelta a empezar.

"Nos levantamos las primeras y nos dormimos las últimas. Dedicamos muchísimo tiempo, amamos nuestro producto. Es nuestro cultivo, nuestro trabajo", sostiene Sagñay en una entrevista con eldiario.es.

Así se refiere constantemente esta campesina indígena a su cultivo: "Nuestro trabajo". Lo hace como una lección aprendida, como si de una reivindicación se tratara contra quienes quisieron aprovecharse, años atrás, de sus largas jornadas laborales como productora de quinoa. Este pseudocereal milenario para las comunidades andinas se ha convertido en los últimos años en una de las comidas saludables de moda en EEUU y los países europeos, entre ellos España.

"Nos robaban, no nos valoraban"

"Procesábamos manualmente la quinoa, a veces nos sangraban las manos, era muy duro, un sacrificio enorme. Tardábamos una semana para 100 libras (unos 45 kilogramos). Cuando llegábamos al mercado, después de haber pesado los sacos en casa, nos decían que solo eran 80 libras (36 kilos) o que no estaba buena. Nos estafaban y nos robaban", asegura. "Muchas familias se desanimaron a trabajar en el campo y por necesidad salieron a diferentes ciudades, migraron. Quedamos pocas".

Pero las mujeres de su pequeña comunidad, Cumandá el Molino, dieron un golpe encima de la mesa hace diez años. "Nuestras familias viven de esto y dependíamos del mercado, pero no valoraban nuestro trabajo y no teníamos suficientes ingresos", recuerda. "Los necesitábamos para que nuestros hijos pudieran estudiar y trabajar en otra cosa. Nuestros padres no nos pudieron mandar a la universidad y nosotras no queríamos que nuestros hijos tuvieran el mismo problema, así que buscamos nuevos mercados", recalca.

Entonces decidieron participar en Maquita Cushunchic, una organización ecuatoriana que exporta productos de comercio justo y agrupa a 250.000 familias. "Nos ha devuelto la oportunidad de soñar. Pagan el precio de nuestros productos, tenemos nuestros ingresos y es un mercado seguro. También llega a otros países como España", defiende la productora, que ha visitado Madrid esta semana. Como ella, más de dos millones de personas trabajan dentro de la red internacional de Comercio Justo, con organizaciones repartidas en África, Asia y América Latina.
Imagen de archivo: variedades de quinua se exhiben en la feria gastronómica Mistura
en Lima (Perú).EFE  
La quinoa es un cultivo en expansión en el mundo y toda una tendencia en los países occidentales por sus propiedades nutritivas. Algunas voces apuntan que, detrás de este boom, se esconde un aumento de los precios que ha atraído a grandes empresas y ha provocado que parte de la población local en países productores como Bolivia no se pueda permitir consumirla.

Frente a ellas están los pequeños agricultores como Sagñay, que no solo cultiva para vender, sino para alimentar a su familia. "Nuestras condiciones no son las mismas que quienes producen para grandes empresas. Meten químicos, así que sacan mucha más producción, el doble que nosotros, por eso hay gente que no se suma a nosotras", comenta. Para crecer, la quinoa necesita unas condiciones muy específicas. En sus plantaciones, insiste Sagñay, apuestan por el cuidado del medio ambiente a través de la producción orgánica.

"Nosotras tenemos compromiso de cuidar nuestra madre tierra, no contaminamos. Cuidamos de nuestra salud y la de los consumidores. Es un producto misk'i mikhuy [suculento]".

En los últimos años han podido mecanizar parte de su trabajo y ganar tiempo para otras actividades, pero también utilizan técnicas que ya usaban sus abuelos. "Ponemos agua hirviendo con unas plantas. Las tapamos con plástico para que se pudra y con eso fumigamos para controlar las plagas", explica la agricultora.

Poder conservar la cultura y las tradiciones de sus antepasados es, a juicio de Sagñay, una de las mayores ventajas de participar en la red de comercio justo. Entre ellas está el rito sagrado para celebrar la cosecha, que comenzará en julio y durará hasta septiembre. Durante estos días beben chicha de quinoa [bebida típica de la zona] y entonan con fuerza sus cantos tradicionales: "Jahuay, jahuay, jahuay". "Nuestros abuelitos la cantaban y nosotros también lo hacemos. Nuestra cosecha es una fiesta para nosotros, esperamos más de siete meses para tener nuestro producto. Y cantamos: 'Todos con las manos arriba, sigamos cortando con ánimo".

Lucha contra el machismo

La labor de Sagñay va más allá del campo. Es líder de su comunidad y presidenta de una organización formada por 32 mujeres que, con el apoyo de Maquita, luchan por acabar con el machismo que las rodea. "Hemos cambiado muchísimo. Antes, nuestros propios padres nos discriminaban. Decían que solo servíamos para cuidar casas, no nos mandaban a estudiar. Solo nuestros hermanos podían participar en reuniones, solo se tenía en cuenta su opinión. Teníamos miedo a los esposos", critica.

En todo este tiempo, han observado algunos cambios. "Las mujeres eran tímidas, tenían miedo de hablar con otras personas. Ahora preparamos a nuestras hijas para que no pasen por la misma situación, para que sepan que sí puede, que sí podemos. Ya no decimos que los hombres no tienen que cocinar porque es cosa de mujeres. Ahora tienen que hacerlo por igual. Algunos maridos comenzaron a apoyarnos con ideas. No tenemos tantas dificultades como antes. Y yo ya no tengo miedo", sentencia.

lunes, 15 de febrero de 2016

Europa acaba con sus agricultores

Javier Guzmán, director de VSF Justicia Alimentaria Global
11/02/16
Manifestación de tractores en Bruselas. / GREENSEFA  
Sabemos que los grandes desafíos a los que se enfrentan la Unión Europea y sus países miembros tienen que ver con la sostenibilidad, la salud y la equidad, y sabemos también que todos ellos están íntimamente relacionados con nuestro sistema alimentario. Cada vez hay más consenso no solo en movimientos sociales, sino en las propias instituciones internacionales como la FAO, que necesitamos transformar el actual modelo industrial y kilométrico a uno basado en sistemas alimentarios locales y que apuesten por una agricultura ecológica y de pequeña escala.

Pero para que estos sistemas tengan lugar, es necesario la existencia de un actor básico e ineludible, aunque la industria y multinacionales lo nieguen. Necesitamos del campesinado y, si esto no es posible, tampoco será posible una alternativa a este modelo actual que es la causa de enormes problemas en cuanto a la salud alimentaria, cambio climático, derecho a la alimentación , etc.

Lamentablemente una cosa son los discursos institucionales y de nuestros políticos, y otra cosa bien distinta es la realidad. Una realidad que arroja datos dramáticos y que se pueden comprobar en la última encuesta sobre la estructura agrícola de la UE a finales de año. Esta encuesta certifica que entre 2003 y 2013, más de una cuarta parte de todas las explotaciones de la UE desapareció mientras que la superficie media por explotación agrícola aumentó en un 38%. En 2013, había 10,8 millones de explotaciones agrícolas de la UE, que trabajan 174,6 millones de hectáreas de tierra (la superficie agrícola utilizada). Dado que la superficie dedicada a la agricultura se mantuvo casi estable durante el período 2003-2013, la disminución en el número de explotaciones significa un aumento significativo de concentración agraria. El número total de las explotaciones en la UE se ha desplomado en más de cuatro millones de explotaciones desde el año 2003, un descenso del 27,5% en tan sólo una década. El número de explotaciones disminuyó en todos los Estados miembros de la UE, con excepción de Irlanda (+ 2,9%). En España la caída es del 13, 4%. Aquí hay que recordar que el porcentaje de población activa dedicada al sector primario en España es tan solo del 3%.
El número total de las explotaciones en la UE se ha desplomado en más de cuatro millones de explotaciones desde el año 2003, un descenso del 27,5% en tan sólo una década  

El último ejemplo lo tenemos en la situación creada en el sector lechero tras la última reforma de laPolítica Agraria Común (PAC) que ha determinado el desmantelamiento del instrumento de cuotas de producción llevando a los pequeños ganaderos y ganaderas a una situación imposible. En este momento según el informe realizado por COAG sobre la situación del sector lechero, en España se pierde cada mes 65 explotaciones de ganadería láctea. La caída de un 20% del precio de la leche obliga a echar el cierre a 1.544 productores en los últimos dos años y reduce la cifra total a 16.490.

Dramáticos son también los datos concernientes a relevo generacional, donde vemos que en 2013, casi uno de cada tres productores de la UE tenían una edad superior a 65 años. En España el dato también es de tres.

Esta progresiva y dramática eliminación del campesinado de nuestros países ha sido el triste resultado de décadas de Política Agraria Comunitaria, que consume cada año el 40% del presupuesto de la Unión Europea y que obviamente ha tenido otros objetivos muy distintos de la defensa del modelo de agricultura y ganadería familiar.

Con estos datos ya hace tiempo que deberían haber sonado todas las alarmas. ¿Quién va alimentarnos? ¿Quién va a mantener el empleo en nuestras comarcas? ¿Quién va a mantener el medio ambiente y el territorio? ¿Quién va a mantener nuestros pueblos y su cultura?

Sin embargo nada de esto ha pasado, las grandes multinacionales siguen empujando por una agricultura en pocas manos, en sus manos, dicho de otra forma. Una agricultura sin agricultores, si acaso algunos pocos asalariados. Una agricultura que maximice su beneficio y externalice sus costes sociales, sanitarios y medioambientales.

Es urgente reflexionar y llevar al debate público el rol del campesinado y abordar consecuentemente un cambio radical de las actuales políticas en las que las grandes corporaciones no estén en el centro del interés, sino por el contrario, en la defensa y aumento del campesinado en Europa.