lunes, 25 de enero de 2016

Entrevista a Ceferino Maestu Unturbe

Director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo 
del Centro de Tecnología Biomédica 
Universidad Politécnica de Madrid
Para la asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud
¿Qué mecanismos biológicos –fisiológicos o bioeléctricos- concretos propician o facilitan la interacción con estas energías de los CEM?

Los campos electromagnéticos han vivido con los seres vivos siempre. De hecho, la vida sobre la Tierra no podría existir sin campos electromagnéticos. Son campos electromagnéticos a los que nos hemos adaptado naturalmente a ellos, a lo largo del tiempo, y que han sido el vehículo de nuestra evolución, no de nosotros sino de todos los seres vivos: las plantas, los animales, etc., las bacterias, los virus... todos ellos han tenido un oscilador básico de trabajo que es el campo electromagnético.

En los últimos tiempos hemos inventado un montón nuevo de emisores de campos electromagnéticos artificiales. Estos nuevos emisores de campos electromagnéticos artificiales tienen la característica de que nuestros sistema no está adaptado a ellos y tardará muchos miles de años en adaptarse. Es posible que nos adaptemos como nos hemos adaptado a los anteriores, pero tardaremos unos miles de años en poder hacerlo; no tenemos facilidad para hacerlo porque la evolución de los cambios en los sistemas biológicos es lenta, muy lenta, y estos cambios evolutivos hacen que tengamos dificultades de adaptarnos. Hay unas personas que lo hacen mejor, unos organismos que lo hacen mejor, y hay unos organismos que lo hacen peor; su capacidad de adaptación a situaciones cambiantes es diferente. Lo que encontramos frente a esto son diferentes mecanismos de respuesta. Un primer mecanismo de respuesta es el que está protegido por la legislación actual, que es el llamado efecto térmico. Las microondas, las radiaciones electromagnéticas generales producen calentamiento de los tejidos porque hacen oscilar a las moléculas a gran velocidad y eso hace que se calienten. Frente a este concepto está desarrollada toda la legislación actual. Pero no es el único mecanismo de interacción. Existen otros mecanismos, como es el efecto de resonancia o el efecto de inducción de corrientes o microcorrientes, o el efecto de transporte iónico transmembrana, que son mecanismos que necesitan mucha menos cantidad de energía para producirse, que de hecho se están produciendo diariamente y que están produciendo cambios. Frente a estos mecanismos que hemos dicho anteriormente no hay legislación, nadie nos protege, y se sitúan siempre en niveles mucho más pequeños que los que protege la normativa actual. Por tanto, digamos, no existen mecanismos de protección frente a estos efectos no conocidos o no legislados del campo electromagnético.

¿En qué grado podemos hablar a corto medio y largo plazo de una relación dosis-respuesta para los CEM de las radiofrecuencias de los modernos sistemas inalámbricos?

En cualquier sistema biológico existe una relación dosis-respuesta. Cualquier exposición depende de su dosis, de su intensidad para que produzca un efecto u otro. Esto, en términos generales, es verdad en la física, es verdad en la biología, pero no es verdad en la biología, digamos, de los sistemas humanos o incluso de los animales porque cada uno tiene un mecanismo diferente de respuesta. Establecer un estándar para todo el mundo igual es hoy difícil. Sí es necesario establecer un mecanismo de dosis-respuesta, pero no desde el punto de vista que conocemos habitualmente que llamamos causa-efecto. Es muy difícil encontrar que una sola dosis de radiación produzca una sola respuesta. Generalmente, esto no sucede así. Además, porque estamos en un medio muy ruidoso desde el punto de vista electromagnético, encontramos una interacción entre muchas fuentes de exposición simultáneas, que quiere decir que el mecanismo de dosis sería la acumulación de todas esas fuentes de radiación simultáneas. Pero es imposible establecer un criterio para saber cuál sería la dosis para que en cada organismo produjera determinada respuesta. Y estamos hablando en términos genéricos de respuesta, pero la respuesta se puede contemplar a nivel celular, a nivel del sistema o a nivel de todo el individuo. Y respuestas que son instantáneas o acumuladas en el tiempo. Como véis, el tema es suficientemente complejo.

En el laboratorio de Bioelectromagnetismo que usted dirige, ¿se ha detectado un incremento de la incidencia de la electrohipersensibilidad en la población?, ¿existen datos al respecto?

No existen datos al respecto. No tenemos cuantificada cuánta gente hay afectada por este problema. Hay estadísticas en Europa, de algunos investigadores, que hablan del 3-4 % de la población. Yo no sé si eso es cierto. Lo que sí se es que a mi me llegan cada vez más personas con este problema. Cada vez estamos viendo más personas que están sufriendo alguna relación con el campo electromagnético. Hay que decir que no siempre todas las personas que llegan realmente se pueden considerar hipersensibles porque hay gente que tiene otros problemas, que dicen que son hipersensibles, y luego realmente no es cierto. Pero sí que hay un incremento muy importante. En nuestro laboratorio intentamos ver qué sucede con estas personas, si podemos cuantificar su respuesta de alguna manera y si podemos poner algún tipo de tratamiento. Porque yo pienso que los problemas de hipersensibilidad electromagnética no están disociados de otras patologías que están apareciendo actualmente, como es la fibromialgia, el síndrome de fatiga crónica, la sensibilidad química múltiple, etc. Hay una serie de patologías que tienen todas un componente común y que probablemente hoy se están tratando o diagnosticando de forma separada y hay que empezar a tener un nuevo concepto de enfoque y análisis que permita identificar que todas esas enfermedades, en realidad, son lo mismo, y que al final podrían tener un origen común. Pero todavía estamos empezando; todavía tenemos poca capacidad de respuesta.

En un artículo reciente, Panagopoulos, Johansson y George L. Carlo explican que los resultados de los estudios experimentales que muestran resultados positivos de los efectos biológicos de la radiación de radiofrecuencias estarían resultando adulterados a la baja por estar realizados por medio de simuladores en vez de por teléfonos móviles reales, cuyas emisiones son variables. ¿Está usted de acuerdo con ellos

Sí. Yo creo que uno de los grandes problemas que tenemos en la investigación en este campo es el tema de la dosimetría. Se están utilizando, generalmente, en muchas publicaciones, sistemas de modelado, de simulación de campos electromagnéticos para considerar la tasa de exposición. Yo creo que esto es un sistema incorrecto y lo que hay que hacer es establecer una buena dosimetría, saber medir en cada momento y en tiempo real cuál es la tasa real de radiación. No es fácil, pero hay que intentarlo porque es la única manera de garantizar establecer en qué proporción, digamos, las emisiones están generando respuestas en el organismo.

Nos comentaba ayer cómo uno de los factores más relevantes a tener en cuenta a la hora de valorar la contaminación electromagnética de un espacio, a su juicio, descansa en que las mediciones se tomen de cierta forma: a 360 grados de incidencia, con determinado tipo de antena y, especialmente, que los distintos valores de frecuencia no estén promediados entre sí. ¿podría explicárnoslo brevemente? 

En general, la norma que se aplica actualmente para establecer la dosimetría es una norma que proviene de un organismo de regulación internacional que se llama CEMELEC. Este organismo dijo que la manera de medir el campo electromagnético consistía en los sistemas promediados de señal, a un metro de altura, durante seis minutos, de forma continuada. Este sistema es normalmente incorrecto. ¿Por qué razón? Porque tiende a camuflar los picos de mayor intensidad que se producen en la señal capturada. La manera correcta de hacerlo, creo yo, es una medida en que el pico sea lo que consideremos como elemento básico y una medida en tiempo real, de forma que podamos estar monitorizando de forma permanente cuál es la tasa de radiación relativa que hay, sin promediar. Porque el promedio al final, como hay mucho espacio en la banda que tiene poca señal, pues baja mucho los niveles, digamos, reales de incidencia. Por tanto, creo que hay que modificar la norma, el procedimiento de medida, y hay que comenzar a medir realmente sobre situaciones de pico a pico y no de promedio.

¿Qué diferencia observa usted en la validez de esos dos tipos de datos? ¿Cómo se relacionan esas dos formas de medir con la justificación de los posibles efectos que los niveles de radiación obtenidos puedan tener respecto a la salud?

Claro, porque uno siempre toma como dato de referencia el nivel de dosis, digamos, acumulada frente a una radiación. Si esa radiación está mal medida, no podemos establecer el efecto-dosis, es imposible saber qué cantidad de campo electromagnético produce tal o cual respuesta. En todos los estudios epidemiológicos además que se utilizan habitualmente en investigación, casi en ningún caso se hace un buen estudio dosimétrico, se hace de forma intermediada por otros criterios tales como encuestas, la factura de teléfono o cosas así para estudiar cuál es la tasa de uso, por ejemplo, de un teléfono móvil, pero no se mide realmente lo que está emitiendo el teléfono móvil. Con lo cual, establecer las relaciones de las consecuencias, por ejemplo, de la exposición a campos electromagnéticos de una población, si no se hace una dosimetría buena, pues es un ejercicio un poco absurdo.

Cambiando de ámbito, ¿qué proyectos tienen en el Laboratorio?

Tenemos una parte de los proyectos que tienen que ver con la dosimetría ambiental. Nosotros diseñamos algunos sistemas de dosimetría ambiental para hacer esto de lo que hablaba anteriormente: la posibilidad de hacer registros de campo electromagnético en tiempo real. Para eso, por ejemplo, el Ayuntamiento de Leganés en Madrid, diseñamos una normativa municipal y pusimos en marcha un sistema de control integrado de la contaminación electromagnética que consistía en cien sensores, colocados encima de las casas, que permitía hacer un mapeo constantemente, en tiempo real, de lo que estaba pasando en el municipio, de forma que pudiéramos saber, en cualquier momento, cuál era la tasa de contaminación, en cualquier lugar del municipio. Este estudio, este desarrollo, que nos supuso una evolución electrónica importante fue suspendido porque hubo un juez que nos impidió continuar hacia adelante con el proyecto porque consideró que estábamos lesionando, al bajar mucho los índices de radiación media de la población, estábamos lesionando las posibilidades de comunicación de los vecinos del municipio. Este es uno de los proyectos que tenemos y saltando en otra dirección, pero con la misma preocupación hemos desarrollado un sistema dosimétrico personal, de forma que podamos calcular la tasa media de radiación que recibe cada persona a lo largo de su día y luego se puedan establecer mapeos, digamos, situacionales. Porque, claro, las personas no solamente están en su casa, están en el trabajo o están en muchos sitios y en cada lugar están sometidas a niveles de radiación diferentes. Lo que necesitamos saber es la tasa de radiación que recibe ese organismo a lo largo de un día completo. Estamos desarrollando la electrónica actualmente y ya tenemos patentado un dosímetro personal que permita hacer esto. Esta es otra de las líneas de investigación. Y luego tenemos una serie de líneas de investigación que van dirigidas hacia cómo los campos electromagnéticos pueden modificar determinados procesos del sistema biológico. Concretamente, algunas patologías como la fibromialgia, la fatiga crónica, incluso la artritis o la regeneración de tejidos a partir de la emisión de pequeños campos magnéticos, campos magnéticos que son siempre muy pequeños, tan pequeños como un millón de veces más pequeños que los que utiliza el teléfono móvil y eso consigue modificar tejidos y sistemas del organismo.

¿Cómo ve la situación del Bioelectromagnetismo en España?

La situación no es buena. No es buena porque somos muy pocos los investigadores que nos estamos dedicando a este campo, ya nos gustaría que hubiera más preocupación y es más, los que estamos en este mundo ya nos estamos casi jubilando. Es decir, que no hay muchos relevos, que nos permitieran continuar con esta investigación. Parece que se va apagando poco a poco lo que es la influencia de esta corriente de investigación. Espero que haya nuevas personas que se incorporen. Y una de las razones de esto es que las administraciones públicas sistemáticamente bloquean los fondos de investigación que tienen que ver con este campo. Ni en los organismos europeos, ni en España existen buenas dotaciones económicas que permitan investigar seriamente esto y esto hace que las nuevas personas que se incorporan no puedan progresar.

¿Cuéntan las instituciones oficiales nacionales con el consejo de los especialistas que trabajan acerca de los daños biológicos de los CEM?

A mi las autoridades nunca me han consultado. Yo no puedo hablar por los demás, pero por mi debo decir que solamente en la redacción de esta nueva Ley de Telecomunicaciones tuve varias comparecencias en el Parlamento para preguntarme cuál era mi opinión sobre el tema y fueron comparecencias pedidas por los afectados por los campos electromagnéticos, no por los partidos políticos. Las instituciones públicas en general están poco preocupadas o nada preocupadas por este problema.

La resolución 1815 recomendaba proteger y atender al colectivo de científicos que advierten sobre los riesgos potenciales de la contaminación electromagnética ¿Se está cumpliendo esa recomendación? ¿Considera usted que es necesaria?

Somos una especie en extinción (bromea), creo que deberíamos estar más protegidos. Realmente, no se está cumpliendo nada. La presión a la que está sometida la administración pública por la industria hace que no interese demasiado saber mucho del tema y, por tanto, la progresión de la investigación tiene que ver con la capacidad económica con la que se dote a este área de investigación. Por ahora, tenemos pocos recursos.

Ha sido usted invitado como experto por la Comisión sobre Emisiones Electromagnéticas de la Universidad de Murcia ¿Qué mensaje ha trasladado usted a la comisión?

En esta comisión, hemos estado hablando de las preocupaciones y de lo que llamamos entre comillas “evidencias científicas” sobre este problema. Existen diferentes opiniones sobre lo que significa una evidencia científica. Yo les he expresado mi opinión sobre lo que consideraba que no se podía establecer como un absoluto en la evidencia científica, porque la hipótesis general manejada era que no había evidencia científica en torno a este problema. Debo recordar que hay más de 25 mil artículos publicados en este tema, de los cuales más del 50% encuentran efectos que de alguna manera modifican las condiciones biológicas normales. Si esto no es evidencia, pues no lo sé. Lo que sí es cierto es que la evidencia está muy contaminada por lo que llamamos los intereses generales de la industria y hay que pensar que esta comisión que, yo entiendo que con buena voluntad intenta resolver un problema planteado en el Campus de la Universidad de Murcia en torno a la contaminación electromagnética, debe tener los oídos más abiertos a otras opiniones que permitan enfocar las cosas desde un punto de vista proteccionista. Hay que entender que hay personas que están sufriendo este problema y estas personas que están sufriendo este problema deben tener un marco para desarrollar su trabajo sin estar sometidos diariamente a estas formas nuevas de contaminación. Y eso significa que la Universidad debe preocuparse de establecer esos espacios propios para ellos. Yo creo que eso podría ser una conclusión, pero no sé finalmente en qué quedarán las cosas.

La exposición de los niños a la contaminación electromagnética supone una de las grandes preocupaciones de científicos, padres y ONG’s implicadas. ¿Qué recomendaciones al respecto podemos extraer de las actuales evidencias en bioelectromagnetismo? 

Como todas las modas –esta es otra nueva moda que se ha puesto en marcha, se considera que es muy beneficioso para la educación haber puesto en marcha la Escuela 2.0. escuela que conecta al alumno con el mundo a través de internet. Yo también estoy de acuerdo con eso. El problema es que para conectarse con el mundo a través de internet no hace falta hacerlo utilizar para ello medios inalámbricos. Todo el sistema que hoy se ha vendido como inevitable, que es el sistema wifi, en los colegios, no tendría porqué haberse producido. Se pueden cablear perfectamente los colegios para que tengan acceso a internet sin necesidad de someter a los alumnos a las radiaciones de este sistema wifi. Hay que recordar que el wifi utiliza una frecuencia de trabajo de 2.45 Gigaherzios que es la misma frecuencia que utiliza el horno de microondas de nuestra casa. Si el horno de microondas es capaz de calentar los tejidos a esa frecuencia, probablemente la frecuencia que utilicemos produzca efectos también en el comportamiento normal de ello. Por tanto, creo que no es adecuado tener a los niños expuestos. Sobre todo en un aula, en donde hay normalmente veinte o treinta ordenadores simultáneamente produciendo cada uno con su wifi emitiendo. Mis experencias de, por ejemplo, cuando he ido a medir a algún sitio donde los padres se quejan, por ejemplo, de una antena que hay cerca del colegio y mido la antena y mido lo que hay dentro del aula, me encuentro con que la radiación relativa que hay dentro del aula con los wifis de los niños es superior a la de la antena próxima. A eso estamos sometiendo a nuestros hijos diariamente. ¿Cuál es la consecuencia a corto o medio plazo de eso? No la sabemos muy bien, pero creo que, razonablemente, el principio de precaución obliga a que eso no suceda. Además, hay que tener en cuenta otra cosa importante y es que nosotros no hemos vivido con los sistemas inalámbricos nunca. Por tanto, no conocemos la evolución a corto-medio plazo que van a tener estos procesos. Nuestros hijos nacen hoy con un móvil en la mano, prácticamente, incluso, antes de nacer. La posible consecuencia patológica que tengan esos niños será más rápida porque sí sabemos que tiene un efecto acumulativo en el tiempo y que no sabemos las consecuencias reales que van a tener. Tardaremos unos cuantos años hasta que comiencen a aparecer los primeros procesos. Creo que, racionalmente, debemos establecer medidas de precaución para evitar que eso suceda: limitar el uso de los teléfonos móviles en los niños pequeños y grandes, conseguir que se use solamente para llamadas breves, conseguir que no se use en el momento de establecer la llamada en que utiliza el móvil la máxima potencia para emitir, hacerlo solamente cuando aparece en la pantalla el número de teléfono llamado que reduce la potencia a menos de la mitad, conseguir que se utilice lo que se puedan los “manos libres”, es decir, hay una serie de medidas de precaución que permitirían aconsejar esto y, sobre todo, evitar que nuestros hijos sean dependientes del móvil, que el móvil no es un juguete. Al final es un elemento que va a condicionarles, no solamente desde el punto de vista de las radiaciones electromagnéticas sino también de su conducta diaria y va a hacerles que no sepan hacer otra cosa que no sea utilizar el móvil como elemento de juego. Creo que hay otras cosas y creo que hay que buscar alternativas y, sobre todo, cuando no sabemos cuáles van a ser las consecuencias a corto-medio plazo de este proceso.

Hace escasas fechas ha tenido lugar el primer encuentro de la asociación nacional Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud. Esta entrevista va a ser publicada en la web de nuestra asociación. Nos gustaría que dirigiera unas palabras al colectivo.

Creo que es muy importante que las personas que tienen estos problemas o que suponen que los tienen se organicen. Creo que es muy importante establecer una fuente de convicción a la sociedad. La sociedad, los científicos y los medios de comunicación hoy no están convencidos de que esto sea real. Siguen considerando, incluso la OMS, que las personas que dicen que sufren este problema, pues son poco más o menos que carne de psiquiátrico, ¿no?, que es una enfermedad psicosomática que está poco más o menos que inventada. Creo que esto no es así, que la enfermedad es real, que la patología es real, que es una respuesta excesiva del organismo y que lo que tienen que hacer las personas que comienzan a tener pequeños síntomas tales como cefaleas, trastornos del sueño, desorientación, malestar general, mareos, es acudir a un especialista, ponerse en contacto con una asociación que permita identificar que sus síntomas tienen algo en común. Hay mucha más gente que está sufriendo este problema sin saber que realmente tiene este origen. Creo que es importante que haya asociaciones fuertes que permitan poner a la sociedad frente a sus propias contradicciones y esta es una contradicción importante en esta sociedad.


Fuente: http://cemyelectrosensibilidad.blogspot.com.es/2015/10/entrevista-ceferino-maestu-unturbe.html

jueves, 7 de enero de 2016

SE DISPARA LA TASA DE DEMENCIA Y ENFERMEDADES NEUROLÓGICAS ENTRE GENTE CADA VEZ MÁS JOVEN

Estudios realizados por investigadores de la Universidad de Bournemouth en Inglaterra y publicados en la revista Surgical Neurology International, revelan que la demencia y otras enfermedades cerebrales neurológicas están afectando cada vez a persona más jóvenes.

Según los investigadores, estas enfermedades han alcanzado niveles que son “casi epidémicos”, lo que podría deberse fundamentalmente a factores ambientales.

Los investigadores compararon las tasas de enfermedades cerebrales neurológicas en 21 países occidentales entre 1989 y 2010. Descubrieron que a partir de 2010, la tasa media de aparición de la demencia fue de 10 años más temprana de lo que era en 1989. Además, las muertes por enfermedad neurológica han aumentado significativamente en las personas mayores de entre 55 y 74 años y casi se ha duplicado en las personas de 75 años o más.

“Los cambios ambientales en los últimos 20 años han evidenciado un aumento en el entorno humano de los productos petroquímicos, una cuadruplicación del número de vehículos de motor, los insecticidas y un sensibiascenso de los campos electro-magnéticos en el entorno diario”.
A ello, según muchos expertos, se podría incluir la exposición al mercurio contenido en muchas vacunas.

Se sabe que a largo plazo, la exposición al mercurio produce los mismos efectos observados en la enfermedad de Alzheimer, incluyendo confusión y alteraciones en la memoria y la función cognitiva.

Otro ingrediente común de las vacunas, el aluminio, también ha sido vinculada con la demencia.


lunes, 4 de enero de 2016

Afectados por las radiaciones reclaman parar la difusión de la red wifi en León

Alcoe calcula que 24.000 leoneses sufren los efectos de las ondas electromagnéticas
Vicente García y María Lobo, de Alcoe, en una de las antenas en la Avenida de Asturias. 
MARCIANO PÉREZ  
ARMEN TAPIA | LEÓN

Irritabilidad, cefalea, somnolencia, mareos, alteraciones de la frecuencia cardiaca, infertilidad, dermatitis, alteraciones del sistema inmunológico y mayor riesgo de incidencia de cáncer. Las dolencias de 24.000 leoneses pueden estar relacionadas con los efectos de las ondas electromagnéticas y no saberlo. Esos son los cálculos que hacen los miembros de la Asociación Leonesa Contra las Ondas Electromagnéticas (Alcoe) que acaban de presentar una petición al Ayuntamiento de León para que la Concejalía de Turismo, liderada por Margarita Torres, paralice el proyecto de expansión de la red wifi por toda la ciudad. Esta semana pedirán una reunión con la concejala e iniciarán una campaña de reparto de octavillas en los colegios, comenzando por Las Anejas.

El objetivo del Ayuntamiento es convertir a León en centro de referencia para innovación en el ámbito turístico en el Camino de Santiago y el noroeste de España. Una apuesta que el Ayuntamiento ha presentado a la convocatoria de ayudas del programa de Ciudades Inteligentes de la Agenda Digital para conseguir que el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, a través de la sociedad pública Red.es, financie el 65% de los 436.017 euros que cuesta el proyecto. Los miembros de la asociación Alcoe se oponen. «Es una locura», dice Vicente García, miembro de Alcoe y afectado por las ondas electromagnéticas. «Mi enfermedad no existe en España pero en Suecia hay 300.000 personas diagnosticadas», asegura.

Vicente sale todos los días de casa casi acorazado, protegido con telas especiales con hilos de plata y cobre y redecillas de metal en el sombrero. «Hasta la ropa interior la llevo protegida». Su casa es como un búnker «blindada con una tela mosquitera y cortinas que pido a Alemania». Y «no voy ni loco» a determinadas zonas de León como la explanada de la delegación de la Junta, Santo Domingo, Padre Isla y la Plaza Mayor. También se protege para pasar por un edificio de la avenida de Asturias. Estas zonas llenas de antenas que emiten radiaciones electromagnéticas artificiales generadas por los móviles, inalámbricos y wifis «y que son capaces de interferir y distorsionar el funcionamiento normal del organismo humano».

Pero los miembros de la asociación no lo tienen fácil para demostrar lo que es una sospecha aquí y está ya regulado en otros países. León cumple con la normativa y la emisión de ondas están dentro de los límites legales establecidos. La Organización Mundial de la Salud, sin embargo, recomienda reducir esas emisiones. «En este país se permite que la antenas emitir 400 microwatios por centímetro cuadrado. En el resto de países europeos están en 10 microwatios y la OMS aconseja 0,1. Lo de aquí es una salvajada».

María Lobo tiene 34 años y también es sensible a las ondas electromagnéticas. «Sufro lipodistrofia. Hace años tuve una intoxicación por los metales pesados del marisco, pero nadie me lo reconoció. Los médicos tienen sospechas pero ninguno me da el diagnóstico. Desde entonces cada vez que me acerco a un edificio donde hay antenas noto dolor de cabeza y malestar general».

Los miembros de Alcoe critican la nueva Ley de Telecomunicaciones aprobada por el Gobierno, que permite a las compañías instalar las antenas sin la obligación de comunicar su localización. «El registro de antenas que tiene el Ayuntamiento está obsoleto, no está actualizado. Ahora las compañías no tienen obligación de registrarlas. Es una inmoralidad».

Los miembros de la asociación de León recuerdan que el Parlamento Europeo tiene sobre la mesa cientos de reclamaciones. «El problema es el dinero que hay detrás», aseguran.

Desde la asociación alertan de que la mayor fuente de irradiación se produce en los teléfonos inalámbricos. «No conviene instalarlos en el dormitorio». Y para el ordenador, mejor utilizar el cable.

martes, 15 de diciembre de 2015

(2015-12-14) La privatizacion mata: a mayor dinero para centros "publicos", mayor descenso de la mortalidad evitable, lo que no ocurre cuando se financia a privados.

Estudio sobre el efecto de la privatización de las prestaciones sanitarias sobre la mortalidad evitable: resultados comparativos de varias regiones de Italia entre 1993-2003.

Resumen.

Antecedentes: en los años noventa Italia privatizó una parte importante de sus servicios sanitarios. Un grupo de destacados especialistas elaboró en 2012 un estudio en el que se comparaba los logros de los servicios sanitarios públicos y privados en la reducción de la mortalidad evitable, es decir, de las muertes que no deberían haberse producido si se hubiera proporcionado una asistencia médica eficaz.

Procedimiento.

Los autores calcularon el porcentaje de cambio en la tasa de mortalidad evitable por grupo de edad en 19 regiones de Italia desde 1993 hasta 2002. Utilizaron modelos de regresión multivariable para analizarla relación entre las tasas de cambio en la mortalidad evitable y los niveles de gasto en prestaciones sanitarias públicas frente al gasto en prestaciones sanitarias privadas, teniendo en cuenta los potenciales factores de confusión demográficos y económicos.

Resultados.

A mayor inversión en prestaciones sanitarias públicas, mayor reducción de la tasa de mortalidad evitable. Cada 100€ del gasto publico per cápita utilizado en la sanidad pública se asociaba, independientemente, con una reducción del 1,47% de la mortalidad evitable (p=0.003). Sin embargo, el gasto en servicios sanitarios privados no tenía estadísticamente un efecto significativo en la mortalidad evitable (p=0.557). Un mayor porcentaje de gasto en el sector privado se asociaba con mayores tasas de mortalidad evitable (p=0.002). Los autores del estudio demostraron, sin embargo, que la inversión en servicios sanitarios, tanto públicos como privados, no tenía una influencia directa en la reducción de la tasa de mortalidad no evitable, posiblemente porque la mortalidad no evitable no depende significativamente de las prestaciones sanitarias.

Conclusión.

A largo plazo, el gasto público se asociaba claramente con la reducción de la tasa de mortalidad evitable, mientras que con un mayor gasto en el sector privado no se lograba el nivel regional en Italia.

Autores: Cecilia Quercili,Gabriele Messina, Sanjay Basu,Martin McKee,Nicola Nante,David Stuckler.
  
Publicado en el Journal of Epidemiology Community Health.

Traducido por Ana Calahorra para CAS.


Las ciencias médicas y el ambiente

El medio ambiente se ve afectado fundamentalmente por la contaminación. La contaminación representa una epidemia invisible para la salud. Los profesionales de la medicina y de las ciencias de la salud tienen la obligación moral y la oportunidad clínica de hacer visible y ayudar a controlar este proceso mundial.

Eduardo Tassano 
Máster en 
gerenciamiento en 
servicios y sistemas 
de salud 
Especial para época  
El doctor Lalonde, canadiense, en el año 1974 estableció la famosa idea de los 4 determinantes de la salud. Los 4 determinantes que hacen a la salud son la Genética, El estilo de vida, la atención sanitaria y los factores ambientales.  

Actualmente se atribuye a los factores ambientales el 24 % de la carga de enfermedad y mortalidad en el mundo. ¿Cómo se produce esta carga? ¿Cómo el ambiente daña la salud? ¿Qué hay que hacer desde el punto de vista de la salud pública para enfrentar este tema?. El medio ambiente ha sido siempre, en la historia de la especie humana, un importante determinante de la salud. Pero en los últimos 50 años la ola de consumismo y crecimiento acelerado han disparado los riesgos ambientales que afectan y afectarán cada vez más a la salud, de las poblaciones actuales y futuras.

El medio ambiente se ve afectado fundamentalmente por la contaminación. La contaminación representa una epidemia invisible para la salud. Los profesionales de la medicina y de las ciencias de la salud tienen la obligación moral y la oportunidad clínica de hacer visible y ayudar a controlar este proceso mundial de degradación del medio ambiente, y estudiar la conexión causal entre determinadas enfermedades graves y ciertos agentes químicos ambientales.

Se calcula que hoy en la Industria en general son utilizadas unas 100.000 sustancias químicas y entre ellas unas 4.000 y 8.000 están bajo sospecha de toxicidad. El medio ambiente exterior y el medio interior de los hogares y puestos de trabajo están cada vez contaminados por más sustancias, se calcula también que hasta un 45% de los alimentos que consumimos presentan residuos tóxicos.

Estos tóxicos ambientales llegan al ser humano a través del aire que respiramos, del agua que bebemos y los alimentos que comemos. Un elemento de crucial importancia y difícil de creer y medir es la contaminación de los alimentos. Hecho que hay que valorar desde la producción hasta la comercialización industrial de los alimentos.

Los efectos sobre la salud de todos estos productos tóxicos son sobre el sistema endocrino, (hormonas), el sistema reproductivo (afectando la fertilidad por ejemplo), neurotoxidad especialmente graves cuando se dan en personas más vulnerables, como son las mujeres embarazadas, el feto, los bebés y niños en crecimiento. Existe una importante influencia en la generación de enfermedades cardiovasculares y diabetes y sin dudas son causantes de varios tipos de cánceres y alteraciones genéticas.

Se considera además la aparición de nuevas patologías o enfermedades llamadas “emergentes” como Fibromialgia, la Fatiga crónica, La hiperactividad infantil, El síndrome de Sensibilidad química múltiple, entre otros.

Las diferentes formas de contaminación generan productos químicos en el ambiente que pueden llegar al ser humano. Estos productos químicos dañinos pueden permanecer largo tiempo en el ambiente y toman el nombre genérico de Compuestos Tóxicos Persistentes (CTP). Estos productos podrían explicar una parte relevante de las cifras de las enfermedades más frecuentes.

Podría ser una exposición larga en pequeñas cantidades o una gran exposición de gran cantidad. En cualquiera de las formas se puede generar un daño significativo a la salud.

Hoy los sistemas de atención sanitaria no están preparados para trabajar con esta epidemia y, lo peor, el cuerpo de profesionales no está formado para “pensar” en este tipo de enfermedades y sus causales. Lo que se hace, como en muchas otras enfermedades, es actuar al final del proceso, es decir para curar o paliar casos graves, siempre con alto costo.

Si bien hay programas de prevención, las enfermedades siguen aumentando. En muchos pacientes se puede influir individualmente en la concientización y mejora de los hábitos o exposiciones dañinas pero el ambiente necesita de cuidados globales donde los gobiernos tienen que tomar el toro por las astas y realizar políticas preventivas de impacto total. 
Algunos ejemplos de contaminación que dañan la salud

Hay ejemplos a nivel mundial y conocidos como las exposiciones a metales pesados como el Plomo y el Mercurio que, con exposiciones en periodos críticos del crecimiento del niño, pueden afectar el desarrollo neurológico l (funciones sensoriales, cognitivas y motoras). En este tema se ha obtenido una gran mejora a partir de la prohibición del Plomo en las gasolinas. No es de menor importancia la contaminación del agua, de la calidad del agua potable y sus efectos sobre la salud; el efecto de los subproductos de la cloración, los trihalometanos y otras sustancias que se encuentran en las aguas de consumo de nuestras ciudades y pueblos, con efectos cancerígenos como el cáncer de vejiga o generación de abortos espontáneos, o bajo peso al nacer.

Los pesticidas son más estudiados y generan los llamados Compuestos Orgánicos Persistentes (COPs) que han generado episodios de contaminación masiva.

El otro concepto nuevo y que está son los llamados disruptores endocrinos. Estos son sustancias químicas que tienen capacidad de provocar disfunciones hormonales, afectan, entre otros, a la fertilidad, el crecimiento, el metabolismo, el sistema inmunitario y son cancerígenos. Plaguicidas (como el endosulfán y otros) son ejemplo de esto.

Hasta donde han cambiado las cosas que también se habla de “La contaminación interior de las viviendas”, es otro tipo de contaminación que está creciendo en el mundo desarrollado: volátiles que se desprenden de plásticos, pinturas y barnices, diversos materiales de construcción o aparatos del hogar, productos de desinfección, insecticidas, de limpieza, cosméticos, ambientadores, plásticos de envoltorios, etc. Muchos de estos productos se comportan como disruptores endocrinos y Compuestos Orgánicos Persistentes.

También son parte de la contaminación interior de las viviendas los campos electromagnéticos de baja frecuencia. En este grupo incluimos a la telefonía móvil, computadoras, espacios Wifi, pantallas televisores, microondas, etc. tienen fuertes sospechas de riesgos de cáncer de cerebro y leucemias (sobre todo en niños) pero también otros cánceres (mama, testículos) y enfermedades neurológicas.

Como se ve, un mundo moderno, complejo, en el cual por el daño ambiental irán cambiando las condiciones día a día con impacto directo en la salud. Hay muchos elementos desconocidos, hay mucho por investigar y descubrir. Eso hace que las consecuencias sean impredecibles.

La salud humana está afectada directamente por este ambiente cambiante. Incremento de enfermedades graves, aparición de nuevas enfermedades inducirán a que la ciencia médica aprenda de estos temas y se deba formar personal de salud para concientizar y enfrentar el mundo que se viene.

Es un problema de solución colectiva, donde los organismos internacionales, instituciones médicas, universidades y los gobiernos tienen la palabra.
  
http://diarioepoca.com/487536/las-ciencias-medicas-y-el-ambiente/