miércoles, 11 de mayo de 2016

Nace la etiqueta para distinguir la ropa libre de esclavitud infantil. Listado de marcas que lo llevan


Hace poco os contábamos como algunas marcas como Inditex o H&M estaban en el punto de mira de muchos periodistas y bloggeros por sus prácticas de derecho laboral. Pero la industria de la moda no sólo está teñido del sufrimiento de muchos trabajadores, también de la sangre de muchos animales. De nuevo, la ignorancia colectiva asimilada y aceptada por todos es la que hace posible que sigamos comprando este tipo de prendas. ¿Pero qué pasaría si pudieras ver qué hay detrás de ellas?

Según los últimos datos publicados por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), hay 168 millones de niños trabajando lo que, según la propia OIT, priva a los más pequeños de su niñez y su correcto desarrollo mental, físico y social. Y, desgraciadamente, la industria de la moda es una de las máximas responsables de la creación de estos puesto de trabajo tan reprochables.
Por fortuna, cada vez son más los movimiento sociales que nacen para denunciar estas prácticas y que seamos conscientes de ellas para asumir nuestra responsabilidad como consumidores. Hoy nos fijamos en Child Labor Free, una organización sin ánimo de lucro que nace en Nueva Zelanda con el objetivo de crear una etiqueta que acredite a aquellas firmas que, tras someterse a una auditoria independiente a cargo de la consultora Ernst & Young, puedan asegurar que ni ellas ni sus proveedores han utilizado mano de obra infantil en su proceso de producción.
De la misma manera que buscamos el sello ‘cruelty free’ en los productos de belleza y buscamos productos ‘orgánicos ‘ en nuestros supermercados, creemos que ‘Libre de trabajo infantil’ necesita convertirse en un estándar reconocido a nivel mundial”, afirma el director general y fundador de Child Labor Free Michelle Pratt.
La organización, creada por diseñadores neozelandeses como Hailwood, Kate Sylvester o Stolen Girlfriends Club y el apoyo de UNICEF y de la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi, está actualmente trabajando en una fase piloto del sello que verá la luz coincidiendo con la Semana de la Moda de Nueva Zelanda.
Y EN ESPAÑA… ¿PODEMOS ACCEDER A MODA SOSTENIBLE?

La inauguración el pasado octubre de una tienda de Primark en Madrid causó sensación, generó enormes colas y sirvió para recordar que la ropa de moda asequible sigue siendo un imán para las masas en Occidente. Sólo un par de semanas después, a miles de kilómetros de distancia se producía una efeméride mucho menos publicitada en el segundo país exportador de textil del planeta, en el que producen la mayoría de las grandes firmas internacionales, incluida Primark. Concluían en Bangladesh las inspecciones de seguridad en fábricas textiles que se iniciaron a raíz del derrumbe del complejo Rana Plaza, donde en abril de 2013 fallecieron más de un millar de trabajadoras bajo los escombros. ¿Os imagináis la conmoción que hubiera supuesto que esta fábrica se encontrase en un país europeo? Y sin embargo, parece que de nada o poco han servido este millar de fallecidos para cambiar nuestros hábitos de consumo.
Protestas delante de una tienda de Primark por la tragedia de Bangladesh.- REUTERS.  
Entretanto, esas factorías siguen siendo inseguras y en cualquier momento se pueden convertir en una trampa mortal para las que trabajan en ellas. Tres años después del derrumbe del Rana Plaza, con un millar de muertas, las 3.500 fábricas exportadoras de Bangladesh han sido inspeccionadas, pero sólo ocho han superado los controles. El resto debe todavía acometer correcciones en estructuras, instalaciones eléctricas y sistemas anti incendios para garantizar que son seguras. Las fábricas que nutren a las Primark occidentales siguen siendo trampas mortales para sus trabajadoras.

La sensibilización es esencial para una compra consciente.

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lunes, 9 de mayo de 2016

“El glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química”

ENTREVISTA CON MARIE-MONIQUE ROBIN

“El glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química”
Fotos: Diego Roscop  
La periodista y documentalista francesa, autora de “El mundo según Monsanto”, se encuentra en Córdoba. Ayer visitó el acampe de Malvinas Argentinas y presentó su película “Agroecología: las cosechas del futuro” en el Pabellón Argentina. Hoy declarará en el juicio de La Perla, visitará a las Madres de Barrio Ituzaingó y encabezará una mesa redonda en la UNC.

Escribe:
Gabriela Yalangozian
Especial para LA MAÑANA

-¿Qué sensaciones le deja su visita a Córdoba, donde por un lado asistió al acampe en Malvinas Argentinas que resiste a la instalación de Monsanto, y por el otro se contactó con un grupo de madres que lucha por justicia tras los casos de cáncer que atribuyen a las fumigaciones en barrio Ituzaingó Anexo?

- Lo que veo es que la sociedad civil, los científicos, los médicos y los ciudadanos se despertaron de ese letargo que tenían y que había observado hace 10 años atrás cuando vine a hacer un documental sobre el avance de la “sojarización” en Argentina. En ese momento nadie se preocupaba demasiado por lo que estaba pasando. Hay que tener en cuenta que en 2005 había 16 millones de hectáreas cultivadas con soja en este país y hoy ya son 21. Cuando estuve esta tarde con los vecinos de barrio Malvinas y las mujeres me decían que habían hecho circular el documental “La vida según Monsanto”, me emocionó. Ahora creo que la lucha debe seguir. Me duele mucho ver el estado en que se encuentra este país, donde la contaminación es muy fuerte y el glisfosato está en todos lados: en el agua, en la lluvia, en el suelo, en los alimentos...

- Esa toma de conciencia que menciona en los habitantes se profundiza con la declaración de la OMS respecto a que el glifosato es cancerígeno...

Fotos: Diego Roscop  
- La clasificación de la Agencia Internacional para la Investigación sobre Cáncer (Iarc) que depende de la Organización Mundial de la Salud es muy importante. No muchos entienden esa clasificación pero hay tres grupos y el glifosato está en el Grupo 2A. Significa que todos los estudios realizados en animales demuestran que es cancerígeno, y eso es muy serio. Normalmente, los gobiernos deberían prohibir su utilización. Actualmente, yo me encuentro preparando un nuevo documental sobre el glifosato y entre sus características hay que mencionar cuatro cosas: por un lado que es cancerígeno. Por otro, que es un perturbador endógeno y actúa como una hormona. Por eso hay tantos casos de niños que nacen con malformaciones congénitas o se producen tantos abortos espontáneos. Además, los niños que son expuestos durante la gestación también pueden desarrollar más adelante un cáncer de mama o próstata, o autismo. Es también un agente antibiótico muy fuerte y acaba con las buenas bacterias del suelo. Si comes algo que haya sido fumigado, ataca las buenas bacterias de los intestinos humanos y causas enfermedades gastroenterológicas. Y la última función del glisfosato que también es muy grave, es que absorbe los metales. Entonces, por un lado te intoxica con metales pesados y por el otro absorbe los buenos metales como el hierro que necesitamos en el cuerpo, por lo cual te quedas sin inmunidad.

Por eso pienso y no soy la única, que el glifosato es el mayor escándalo sanitario de toda la historia de la industria química. No es común que un agrotóxico tenga esas cuatro funciones.

Después de la decisión de la OMS, en Francia se tomó la decisión de prohibir su venta libre, porque se utilizaba hasta en los jardines de las casas. Es una primera etapa, pero estamos esperando que se prohíba absolutamente (como se hizo con el DDT) porque actúa hasta en dosis muy bajas. Hay que erradicarlo porque no se puede controlar, ni dosificar.

- ¿Cree que Argentina esté preparado para dar ese paso y prohibirlo en un futuro próximo?

- Hay en la gente una concientización de que el modelo sojero y los transgénicos son un problema de salud público y ecológico. Falta que los gobiernos decidan políticas al respecto, y para eso hay que repensar las políticas de agricultura. Difícilmente el glisfosato sea prohibido de un día para el otro. De todas formas, me encontré con varios sojeros en Rosario que ya no quieren utilizarlo más, porque tienen problemas de malezas resistentes al glifosato. Además, están preocupados por la salud. Pero señalan que para esto, hace falta apoyo del sector público. En Estados Unidos hay una empresa que se creó para apoyar a los sojeros que quieren dejar los transgénicos. Hay que reaprender de nuevo todo.

Lo difícil es que por 20 años lo único que se hizo fue fumigar, sembrar y cosechar... Además la mayoría de la gente que están en los campos de soja hoy no son agricultores, son empresarios que además no viven donde se fumiga.

- Quién tiene que hacer el primer paso para ponerle un freno a las fumigaciones con agrotóxicos. ¿La Justicia o los gobiernos?

Fotos: Diego Roscop  
- Los dos. Ambos son importantes porque acá hay que ver cómo acabar con el modelo. Todo es importante: la presión de la sociedad civil, la Justicia que tome medidas para convencer a los políticos que este modelo es un suicidio colectivo... Se deben pensar políticas no solamente a corto plazo, sino también a mediano y largo plazo porque en este momento está en riesgo la soberanía alimentaria de Argentina. Hoy tienem un producto de exportación que sirve para alimentar animales de otros países, y es vergonzoso.

- Últimamente surgió una movida de pequeños que fomentan la alimentación orgánica, aunque quizás es difícil acceder a ello o su costo es elevado...

- Hay muchas maneras de acceder a alimentos orgánicos. Es cuestión de organización. Siempre digo que las alternativas existen pero el consumidor tiene un papel en esto muy importante: tiene que ser más conciente de lo que está comiendo y promover las huertas orgánicas, domiciliarias y comunitarias. Es un movimiento mundial que hoy en día está creciendo. En Francia se fomenta el cultivo en techos y en terrazas. En Argentina, hay un ejemplo muy bueno que está en Rosario, pero lo que veo que falta aquí es un Sistema de Certificación. Me hablan de las ferias francas, pero la gente no sabe si efectivamente los alimentos son orgánicos o no. Por eso hay que trabajar en la certificación.

jueves, 5 de mayo de 2016

Clase magistral del Doctor Olle Johansson,...

Miércoles 27 de abril de 2016

Clase magistral del Doctor Olle Johansson, Profesor asociado de la Unidad de Dermatología Experimental, del Departamento de Neurociencias, Instituto Karolinska, Estocolmo, Suecia.

En el video que aparece en esta página, de más de una hora de duración, se pueden ver las opiniones del Doctor Olle Johansson sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas, en una conferencia que ha dado en 2015 en Cataluña.

Es conveniente señalar que el Instituto Karolinska, en el que el profesor Johansson trabaja, es el encargado de otorgar el Premio Nobel en Fisiología y Medicina.

El doctor Johansson es una de las máximas autoridades en el mundo en cuanto a conocimientos de los efectos de los campos electromagnéticos en la salud. Comenzó a investigar sobre ello hace más de 30 años, y desde entonces ha publicado cientos de artículos científicos.

Forma parte de un grupo de científicos independientes de todo el mundo que llevan años alertándonos de los graves riesgos que suponen para la salud de todos los seres vivos los brutales niveles de radiación a los que nos someten las nuevas tecnologías inalámbricas de microondas procedentes de antenas de telefonía, wi-fi, teléfonos móviles, etc.

Para el profesor Johansson hace ya diez o quince años que la industria relacionada con este asunto, los operadores, las compañías de seguros, dijeron «NO», «no vamos a asumir ninguna responsabilidad por los efectos en la salud de los campos electromagnéticos». Y esto es más revelador que cualquier decisión política, o cualquier cosa que se pueda encontrar investigando.

El profesor Johansson estuvo en una reunión en 2004 en Londres, y entonces, representantes, por ejemplo, de Lloyds UK, y Reinsurance, que es una gran compañía en Suiza, y representantes de Ericsson, el gran fabricante de telecomunicaciones, Nokia, y otra gente de otros grupos, dijeron que para ellos la cuestión no era si había efectos sobre la salud o no. La cuestión era solamente saber quién iba a pagar por esto en el futuro, y que ellos no pagarían por ello. Ese fue el mensaje. Puede sonar duro, o en cierto modo ilegal, pero esto fue así.

Todos ellos han delegado toda la responsabilidad en la sociedad, en los gobiernos y en los parlamentos.

Por su parte, las autoridades de protección de radiaciones en muchos países dicen que todo esto es seguro, pero que, por iguales razones de seguridad, quizás no deberíamos usar tanto el teléfono móvil, y deberíamos mantenerlo alejado de nuestro cuerpo, usar aparatos manos libres, etc.

También la Organización Mundial de la Salud ha clasificado como cancerígenos los campos electromagnéticos de todos estos aparatos. Ambos, los campos magnéticos de frecuencia de red eléctrica, y también los campos de radio frecuencia, incluyendo las microondas que se utilizan para las telecomunicaciones. Y no habrían hecho eso si fuesen seguros. Según la información que maneja el profesor Johansson, esto se debe al hecho de que no quieren acabar como Organismo responsable ante un Tribunal de Justicia.

Así que dicen “esto puede ser potencialmente cancerígeno”, y dejan al consumidor que decida si debe exponerse él y su familia, o no. Y para el doctor Johansson, como científico, esto es muy extraño.

En Suecia, por ejemplo los padres son obligados a llevar a sus hijos a escuelas con redes inalámbricas, y son expuestos a algo que la Organización Mundial de la Salud en Ginebra ha clasificado como cancerígeno, y aun así los padres tienen que enviar a sus hijos allí.

Desde hace 30-35 años ya había mucha evidencia apuntando que este tipo de campos electromagnéticos artificiales, modernos, creados por el hombre, sí que dañaban moléculas, células, tejidos, órganos, animales, plantas, bacterias, etc. Y desde entonces ha habido una avalancha desbordante de nuevas publicaciones. Pero lo que le preocupa al Doctor Johansson es que, a pesar de todo esto, la gente no esté preocupada.

En la década entre 1920 y 1930 había historias anecdóticas de gente que decía que se encontraba mal cuando estaba cerca de la nueva electricidad, y en los 50 había muchos usuarios amateurs de radio que también tenían muchos síntomas como fuertes dolores de cabeza, etc.

Pero realmente no fue hasta el final de la década de 1970 cuando Nancy Wertheim y Ed Leeper en Denver, EEUU, relacionaron las líneas de alta tensión con la leucemia infantil, precediendo la clasificación que realizó en el año 2001 la Organización Mundial de la Salud, considerando como cancerígenos los campos de frecuencia magnética asociados con la leucemia infantil.

Los niveles de exposición, comparados con el ambiente natural, son simplemente astronómicos. El incremento es del orden de un trillón de veces y más, y esto es un 1 con 18 ceros detrás, así que es un incremento bíblico. Y desde un punto de vista científico, sería muy raro que las células vivas no reaccionaran a tan enorme incremento en la exposición. Además, si examinamos la literatura científica, te abrumas, hay muchos documentos señalando claramente que esto es peligroso.

La sensación es de que todos los operadores, fabricantes, compañías de seguros, autoridades de protección contra radiaciones, la Organización Mundial de la Salud, han abandonado el barco, se han ido. Y desde un punto de vista legal, estamos desnudos, y debemos esperar que nuestros países cuiden de nosotros.

En la industria ocurre a menudo que los beneficios van a los accionistas, pero los costes van a los gobiernos, parlamentos, contribuyentes y ciudadanos.

El Parlamento de la Unión Europea, el 4 de septiembre de 2008, dijo que las directrices que utilizamos están completamente obsoletas y que no protegen a la población. Basaron sus conclusiones en un extenso informe llamado «The Bioinitiative Report», que resumía aproximadamente 2000 referencias científicas en 600 páginas y se lanzó el 31 de agosto de 2007.

Las radiaciones electromagnéticas están dañando nuestros cuerpos, nuestras células, nuestras moléculas, y entre estos daños, el que da más miedo es el hecho de que son genotóxicas, que dañan nuestras moléculas de ADN, que son la base del genoma y de todas nuestras generaciones futuras. Esto puede explicar además, por ejemplo, por qué vemos una asociación con cánceres, distintas enfermedades, disminución de la fertilidad,..

Aparte del efecto genotóxico, se ven efectos dramáticos en las plantas, en las bacterias, en los insectos, en diferentes animales, y también en el ser humano. Incluyendo respuestas de fertilidad, fugas en la barrera hematoencefálica, etc. etc.

Y también se producen «efectos leves» en el sentido de que no te matan, pero tienes dolor de cabeza, cambios en el ritmo cardíaco, en la frecuencia y en los niveles del gasto cardíaco. También se ven cambios en el EEG, hay disminución de la capacidad de aprendizaje, disminución de la capacidad de concentración, disminución de la capacidad de memoria a corto plazo, etc. Cosa que, por lo menos para los niños en edad escolar, debería ser justo lo contrario. Así que quizás estemos bajando el nivel intelectual de los niños.

Suecia es probablemente el país con el sistema escolar más informatizado del mundo, y ya en los recientes tests PISA en los que han comprobado las capacidades de aprendizaje, los niños suecos han caído en picado. Van mal en comprensión matemática, en capacidad lectora, y curiosamente, en conocimiento IT, conocimiento de sistemas de información, manejo de ordenadores... Están bajando su nivel intelectual.

Y cuando ves todos estos experimentos con animales, igual que los experimentos con humanos, si yo fuera responsable de enseñanza en Suecia, diría; "No, no, no, no... Paren, paren, debemos reconsiderar esto. ¿Están realmente todos estos ordenadores, tablets y teléfonos móviles haciendo cosas al cerebro de estos niños que hace su capacidad menos buena?

De hecho, esto podría significar que se ha acabado con la vida de personas más rápido de lo que se suponía, sólo por el hecho de introducir algo tan divertido como la radio, televisión, teléfonos móviles y demás.

Es muy importante comprender que independientemente de donde esté la antena o la estación base, toda la sociedad está siendo irradiada a niveles bíblicos. Es difícil incluso comprender los niveles de exposición, son astronómicos e incluso más. Así que la estación base como tal está en algún lugar, pero el nivel de exposición es enorme en todos los sitios.

Hay señales de que cosas que vemos en nuestros laboratorios ya están ocurriendo en la sociedad. Por ejemplo, una rápida disminución de la fertilidad masculina. Y en el laboratorio, en el tubo de ensayo, a los espermatozoides no les gusta utilizar teléfonos móviles. Así que hay una asociación, una asociación muy clara.

Si la Organización Mundial de la Salud hubiera pensado que todo esto es seguro, tienen una categoría 4 de sustancias y exposiciones probadas como no cancerígenas, pero no escogieron esta para las radiaciones electromagnéticas, escogieron la 2B.

Realmente en la situación actual no necesitamos más investigación, sólo necesitamos utilizar lo que ya hemos encontrado, y entre ello, están por supuesto, las medidas de protección que podemos tomar. El número de documentos recogidos cada día es demasiado elevado para no hacerles caso. El doctor Johansson sigue muy sorprendido por el hecho de que autoridades, parlamentos, gobiernos y demás, miran hacia otro lado. Cada vez menos científicos son independientes, y cada vez es más difícil trabajar como científico independiente.

Si descargamos el Bioinitiative Report, tiene muchos documentos y resúmenes que podemos leer. Pero si queremos tener algo muy muy corto... porque el Bioinitiative Report, que se va actualizando, actualmente tiene alrededor de dos mil páginas, hay un breve resumen que se publicó después de una reunión en Noruega el 2009, 2010 el año de publicación, y es la llamada Declaración de Seletun. Resume de forma simplificada, párrafo tras párrafo, lo que tenemos que hacer, el tipo de niveles que recomendables.

VER EL VIDEO COMPLETO AQUÍ

miércoles, 23 de marzo de 2016

Entrevista a Miquel Porta, investigador del IMIM: “Estamos intoxicados desde el embrión y no reaccionamos”

Tenemos la obligación de exigir a los poderes político y empresarial, que respeten nuestro derecho a mantenernos libres de tóxicos que se acumulan en nuestro organismo y aniquilan nuestra salud y bienestar. El coste sanitario para la salud pública europea que generan los contaminantes hormonales -disruptores endocrinos- supera los 157.000 millones de euros; y esto es posible porque no hemos conseguido un equilibrio a través del consenso, entre los beneficios lógicos para la industria y las exigencias políticas de salud para la sociedad. Ante semejante descompensación, el ciudadano debe actuar.

Porque no se trata de demonizar una Industria agro-alimentaria, cosmética, de control de plagas, de servicios, farmacéutica etc, que forman parte del progreso y bienestar de la sociedad; no. Al fin y al cabo, nuestro estilo de vida tienen un coste que debemos afrontar. Pero sí es fundamental una regulación basada en la equidad, que tenga en cuenta la Salud Pública. Ya no vale ese pensamiento de que “no se puede hacer nada”, porque es posible reivindicar políticas más saludables.

El Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), Miquel Porta, quien también es investigador en el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM), tiene claro que la sociedad debe tomar consciencia y, sin obsesionarse, comenzar a apostar por una alimentación más sana. Aún así, no seremos capaces de esquivar los CTPs -compuestos tóxicos persistentes- porque son contaminantes químicos nocivos que, normalmente, llegan a nosotros disueltos en grasas animales. Son acumulativos. Tanto, que aún muchos años después de su prohibición se encuentran en nuestros organismos, como el DDT. 
Muchos de estos contaminantes son cancerígenos, disruptores endocrinos, hepatotóxicos, inmunosupresores, neurotóxicos, alteran las defensas del organismo o provocan tumores a medio y largo plazo. Afectan a toda la población desde la gestación y son los causantes de la mayoría de las enfermedades.

Cremas faciales y corporales, champús, envases de plástico, perfumes, productos de limpieza, juguetes, frutas, verduras y hortalizas, carnes... todo contiene contaminantes hormonales y la pregunta es si la sociedad está dispuesta a exigir al poder político otro tipo de prácticas agrícolas o industriales, más políticas de protección ambiental o energías más limpias. Es necesaria una honda reflexión y concienciación social, porque las personas no son conscientes de que su cuerpo está más intoxicado a medida que cumple años. En la sangre del cordón umbilical de un recién nacido se han encontrado más de 300 compuestos contaminantes; y también en el líquido amniótico.

No es cierto que el precio que debamos pagar por el progreso sea la intoxicación de nuestros cuerpos. El Investigador del IMIM, Miquel Porta, lleva años insistiendo en que, aunque no los veamos y nos enfermemos de repente sino a largo plazo, los CTPs nos matan lentamente y en que el voto y la actitud de los consumidores es fundamental para cambiar la tendencia de la Industria.
"¿Por qué no pedimos agua de más calidad; aire de más calidad; condiciones de trabajo más saludables, en vez de más hospitales? ¿Qué es esta visión consumista de la sanidad? La solución está en más políticas y medidas de prevención" reflexiona el investigador.

Hemos hablado con él. En esta entrevista que les ofrecemos en formato de vídeo/TV no pretendemos ser originales, sensacionalistas o innovadores. Sobre la contaminación, también de la interna, de la de nuestros cuerpos, ya se ha dicho todo y demasiadas veces, pero los expertos como Miquel Porta no dejan de insistir. Así que nosotros no dejaremos de divulgar la verdad. Lo demás, es concienciación social.
firma Gema Castellano
Gema Castellano
@GemaCastellano


domingo, 13 de marzo de 2016

La comunidad internacional reconoce el problema del acceso a fármacos y su desarrollo

  • Un tercio de la población mundial carece de acceso a medicamentos esenciales y el sistema de innovación actual no responde a los problemas de salud pública
  • La Secretaría General de las Naciones Unidas ha convocado un Panel de Alto Nivel para encontrar soluciones a la incoherencia existente entre el derecho a la salud y las normas de comercio y propiedad intelectual
  • "Defendemos la necesidad de encontrar nuevas fórmulas de I+D que desvinculen los incentivos para desarrollar medicinas de la expectativa de obtener enormes ingresos"
Pablo Trillo 11/03/2016
Fotograma del documental 'Investigación Médica: Houston, tenemos un problema', de 
Salud por Derecho.  
En 2012, el programa conjunto de Naciones Unidas para el sida (UNAIDS) declaró tras el dictamen de los expertos de la Comisión Global sobre VIH y Derecho, que había un número creciente de leyes relacionadas con el comercio internacional que estaban vulnerando el derecho a la salud de millones de personas.

A día de hoy más de un tercio de la población mundial carece de acceso a medicamentos. Lo que antes parecía un problema que afectaba a poblaciones de los países empobrecidos hoy ya afecta a todos los países del mundo. El alto precio de los fármacos y la falta de investigación en enfermedades poco rentables para la industria están construyendo uno de los mayores problemas sistémicos a los que nos enfrentamos hoy en día.

En consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenible firmados el pasado septiembre, el secretario general de las Naciones, Ban Ki-Moon, ha convocado un Panel de Alto Nivel sobre innovación y acceso a tecnologías de la salud. ¿El objetivo? Recomendar soluciones para poner remedio a la terrible incoherencia actual de estas políticas, facilitando el tránsito en los caminos donde se cruzan los derechos humanos, los intereses privados y la salud pública.

Esto se hará a través de una revisión y evaluación de las propuestas que ha recogido el Panel de Alto Nivel entre diciembre y febrero, y que han ido llegando desde diferentes organizaciones de la sociedad civil, grupos de pacientes, centros de estudios, gobiernos e industria farmacéutica. Todas ellas serán analizadas por un grupo de 16 personas, expertos en temas de comercio, salud pública y derechos humanos.

La participación ha sido muy alta, y la variedad de las aportaciones de cada sector auguran un análisis complejo y minucioso del grupo de expertos. Han sido 176 propuestas lanzadas; de todas ellas, 30 están siendo defendidas públicamente por sus precursores en dos audiencias públicas que están teniendo lugar este mes. La primera, el pasado miércoles, en Londres. La segunda en Johannesburgo, el próximo jueves 17.

Salud por Derecho ha querido contribuir a este cambio tan necesario formando parte de una de esas 30 aportaciones que ayer fue expuesta y defendida en Londres por Saoirse Fitzpatrick, en representación de las muchas organizaciones que defendemos la necesidad de un modelo de innovación de medicamentos que esté guiado por las necesidades de salud pública global, no por intereses comerciales, y que tenga como resultado medicamentos eficaces, asequibles y entendidos como bienes públicos.

De entre las muchas medidas que se argumentan en el documento, en la línea de lo que recoge la campaña No es sano, destacamos la necesidad de transparencia en el sistema de I+D, tanto en los datos de la investigación, como en la financiación pública y privada y en los precios negociados por los sistemas de salud con la industria. Defendemos la necesidad de encontrar nuevas fórmulas de I+D que desvinculen los incentivos para desarrollar medicinas de la expectativa de obtener enormes ingresos, para poner fin así a los monopolios farmacéuticos facilitados por las patentes. También creemos necesaria la creación de un observatorio global de I+D que identifique las áreas de necesidad médica y coordine los esfuerzos de una investigación transparente y eficaz que concluya en medicamentos asequibles.

Tras el análisis y las aportaciones a cada una de las diferentes propuestas por parte del grupo de expertos y el Panel de Alto Nivel, se presentará un informe final a la Secretaría General de las Naciones Unidas en junio de 2016. Será Ban Ki-Moon, entonces, el que llevará el informe a la Asamblea General, que decidirá las acciones que habrán de llegar en los años venideros para remediar este terrible sinsentido por el que, actualmente, las normas de comercio y propiedad intelectual son más importantes que los derechos humanos y la salud pública global.

La convocatoria de este Panel de Alto Nivel por las Naciones Unidas pone de manifiesto la importancia de un tema que no deja de agravarse. Es la primera vez en la historia de las Naciones Unidas que hablan del problema de acceso a medicamentos como un problema global y no solo como un problema de determinados países empobrecidos. Este Panel es otra oportunidad para alzar la voz y hacer historia, y para construir hitos que nos lleven a un mundo en donde la salud de muchos sea más importante que las cuentas bancarias de unos pocos.