miércoles, 17 de octubre de 2018

Electrosmog: el enemigo invisible que nos rodea y que amenaza nuestro organismo

Está a nuestro alrededor, pero no lo vemos ni lo sentimos. La radiación que emana de las tecnologías que usamos a diario no es inocua.
“(La electro-polución) es una forma de energía invisible. La gente no cree en 
ella hasta que ve los efectos”. (Foto: iStock)  
KAREN ROJAS ANDIA / 03.10.2018

Usted está permanentemente expuesto a ella, aunque no sea del todo consciente de los efectos que pueda causarle. Es invisible, sin embargo omnipresente. Cada vez que enciende la radio, usa su horno microondas, se conecta a wi-fi o conversa por teléfono, la radiación electromagnética que emanan estos aparatos, esa niebla que siempre lo rodea pero que no ve, oye ni siente no es inocua, sino casi todo lo contrario.

Al igual que la proporción de aparatos móviles y conexiones, los estudios científicos sobre cuán peligrosos son los efectos del electrosmog (que define a dicha contaminación electromagnética) se multiplican.

Para Joaquín Machado, especialista de la empresa de nanotecnología y evaluaciones ambientales Noxtak, esta radiación ha estado entre nosotros durante mucho tiempo, el problema radica ahora en su intensidad ante un entorno cada vez más hiperconectado. Así, el impacto en la salud, dice, según RT, puede darse a través de efectos en el sistema reproductivo, en la fragmentación del ADN y en la hipersensibilidad electromagnética.

Consecuencias de la electropolución

Un estudio del Centro Nacional para la Información Biotecnológica en Estados Unidos advirtió en el 2012 el efecto de los campos electromagnéticos en aspectos reproductivos: “la muerte de células reproductivas masculinas, el ciclo reproductivo, el desarrollo embrionario temprano y el éxito del embarazo”.

Como ratifica Gabriel Michhue, coordinador de la Escuela de Ingeniería Electrónica de la UTP, la radiación de un teléfono celular produce la reducción en la movilidad de los espermatozoides.

Asimismo, en función de un reporte que emitió la OMS en el 2014 sobre las ondas electromagnéticas de los celulares, el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer las clasificó como “posiblemente cancerígenas”. Es decir, como señala la BBC, un riesgo que no pudo comprobarse pero tampoco descartarse. Pablo Zumaeta, neurólogo de la Clínica Ricardo Palma, sostiene que estudios indican que la energía electromagnética puede alterar las células y producir a largo plazo algún tipo de cáncer.

“Las células en su interior tienen una molécula llamada ADN, esta (contiene) información que hace que las células se multipliquen a mayor o menor velocidad. Cuando uno está frente a una energía que cambia la estructura del ADN se va a producir, en consecuencia, un cambio en la velocidad de la multiplicación de estas células, que es el cáncer”, profundiza en conversación con Gestión.

Otra consecuencia estaría en la hipersensibilidad electromagnética (EHS), una condición que ha llegado a ser reconocida por la OMS y que lleva años investigándola. La institución, según BBC, aseguró que los síntomas de la EHS no son específicos, pero pueden traducirse en problemas dermatológicos y/o síntomas vegetativos, como fatiga, náuseas o problemas de concentración.

lunes, 15 de octubre de 2018

Sensibilidad química múltiple: los síntomas y los tratamientos

Es una enfermedad emergente, adquirida y crónica, caracterizada por la pérdida progresiva de tolerancia a productos químicos

Redacción / A.B. 15.10.2018
Sensibilidad química múltiple: los síntomas y los tratamientos  
La sensibilidad química múltiple busca su sitio en Galicia a través de SQM Galicia, que reinvindica médicos especialistas y los protocolos necesarios para facilitar el diagnóstico y tratamiento que facilite la vida a los pacientes.

El pasado mes de septiembre, un juzgado de Ourense reconocía la sensibilidad química como accidente laboral a una funcionaria que trabajaba en la sede de la jefatura territorial de Política Social y sufrió "una reacción alérgica general". Para el magistrado quedó probado que la salud de la mujer "se ha ido deteriorando de manera progresiva", hasta padecer el referido síndrome de sensibilidad química. La patología, añade, se inició "en su lugar de trabajo al contacto con productos químicos del ambiente que le produjeron una plurisintomatología".

Estas son las claves de una patología cada vez más presente en la sociedad:

| ¿Qué es?

Es una enfermedad emergente, adquirida y crónica, caracterizada por la pérdida progresiva de tolerancia a productos químicos diversos, en concentraciones menores de las que se considera capaces de afectar a la población general.

| ¿Cuáles son los síntomas?

Son muchos y variados, afectando a múltiples sistemas, como el cardiovascular, el respiratorio, el digestivo, el dermatológico... Entre sus signos están, por ejemplo, enrojecimiento de la piel o sarpullido, ronquera, taquicardia, arritmia, trastornos del habla, distensión, descoordinación motora...

| ¿Cuáles son las causa?

En su documento de consenso, el Ministerio de Sanidad, apunta a un "posible origen multifactorial". La asociación explica que la exposición prolongada o puntual, pero fuerte, a productos químicos puede desencadenarla.

| ¿A cuánta gente afecta?

Aunque está infradiagnosticada, se considera que afecta a entre el 0,1% y el 5% de la población, con mayor incidencia en zonas urbanas y en mujeres -un 15% más-.

| ¿Cómo se trata?

No tiene tratamiento específico. Evitar la exposición a las sustancias que en anteriores ocasiones desencadenaron síntomas. Así, les obliga a cambiar sus actividades diarias, afectando a su vida personal, familiar y laboral. Puede llegar a ser incapacitante.

Dos tribunales reconocen la fibromialgia como principal causa para adquirir la incapacidad permanente absoluta

  • La principal muestra para medir esta enfermedad es el dolor repartido en 18 puntos por todo el cuerpo y para obtener alguna incapacidad permanente debe haber, al menos, 14 puntos identificados, según los expertos
  • Un Tribunal Superior de Justicia reconoce el dolor crónico que padece una trabajadora con fibromialgia, algo poco habitual en este tipo de juicios, ya que uno de los argumentos más utilizados por la Seguridad Social es que "el dolor es subjetivo y no constituye una base para acreditar que existe invalidez"
  • Dos sentencias han declarado la incapacidad permanente absoluta de dos empleados que presentaban el número máximo de puntos de dolor, limitándoles "para el desarrollo en condiciones aceptables de todo tipo de trabajo o profesión
Mónica Martín 14/10/2018
La fibromialgia no suele ser la primera causa para conceder una incapacidad permanente a los trabajadores que la padecen. Uno de los argumentos más utilizados en este tipo de procesos judiciales es que "no existen suficientes parámetros para medir el dolor, por ese motivo, para que la reconozcan en un juicio suele ir acompañada de trastornos en la salud mental", sostiene Mª José Iglesias Toro, abogada laboralista.

Ahora, el Tribunal Superior de Justicia de Canarias recoge en una sentencia dos puntos sobre esta patología que no son habituales en las resoluciones de incapacidad: constata que la fibromialgia es la primera causa para conceder la incapacidad permanente absoluta a una trabajadora y además, el tribunal acepta los informes que constatan el dolor crónico que padece. "Algo poco habitual en este tipo de juicios, ya que uno de los argumentos más utilizados por la Seguridad Social es que el dolor es subjetivo y no constituye una base para acreditar que existe invalidez, explica Iglesias a eldiario.es.

Para que un tribunal falle a favor de la incapacidad permanente absoluta –aquella que no permite desempeñar ninguna función laboral– el afectado debe presentar "lesiones muy acentuadas acompañadas de una depresión crónica y de larga evolución", subraya la abogada. Este es el caso de Ana (nombre ficticio), camarera en un restaurante. Tras un proceso de incapacidad temporal derivado de un diagnóstico de fibromialgia, inició el trámite para conseguir la incapacidad permanente. El Equipo de Valoraciones de Incapacidades (EVI) de la Seguridad Social, le denegó la solicitud.

La empleada demandó al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) en un juzgado de primera instancia y la sala falló parcialmente a su favor concediéndole la incapacidad permanente total y una pensión del 55% de su base reguladora. No obstante, Ana recurrió la sentencia y solicitó al TSJ de Canarias que se incluyeran en el proceso las pruebas periciales que le diagnostican, además de fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, ansiedad y vértigos.

Los expertos subrayan que una de las muestras para medir la enfermedad es el dolor, y para ello se tienen en cuenta 18 puntos que se reparten de forma simétrica por todo el cuerpo. Algunos se encuentran en la parte inferior del cráneo, pasando por las cervicales, escápulas, costillas y las rodillas. La confirmación de once puntos de dolor supone el diagnóstico de la enfermedad y debe haber al menos 14 puntos identificados para obtener la incapacidad permanente.

Limitaciones en la vida laboral

En el caso de Ana, se confirman los 18 puntos de dolor. El TSJ admite la prueba pericial que acredita su diagnóstico. La sentencia recoge que para determinar una incapacidad permanente absoluta habría que valorar las limitaciones que existen en la actividad laboral en vez de las lesiones que se padecen. Incluso el propio EVI –que denegó en un primer momento la petición de invalidez– acreditó que la afectada sufría mareos, náuseas y depresión.

"Habrá invalidez absoluta siempre que haya unas condiciones demostrables que inhabiliten para cualquier trabajo que tenga una retribución ordinaria dentro del ámbito laboral", constata la resolución. Esta incapacidad no permite desempeñar ninguna función laboral al no poder garantizar un mínimo de "rendimiento, eficacia y profesionalidad", a diferencia de la incapacidad permanente total, la cual no inhabilita al trabajador para el ejercicio de otras profesiones y es la más habitual en este tipo de procedimientos judiciales.

La sentencia del TSJ declara la incapacidad permanente absoluta de la trabajadora. Sostiene que los síntomas descritos son suficientes como para "limitar a la empleada para el desarrollo en condiciones aceptables de todo tipo de trabajo o profesión" y condena a la Seguridad Social a pagarle el 100% de su sueldo con las mejoras y revalorizaciones que correspondan desde febrero de 2017, fecha en que se inició el proceso judicial. 

El caso de Mario (nombre ficticio) es similar. Era autónomo y se dedicaba al transporte de mudanzas. Le diagnosticaron fibromialgia con la acreditación de los 18 puntos de dolor, además de síndrome de fatiga crónica y trastorno del sueño.

El trabajador pidió la tramitación del expediente de incapacidad permanente, pero el EVI no se la concedió por "no presentar reducciones anatómicas o funcionales que disminuyan o anulen su capacidad laboral". Todo ello a pesar de que dos informes de dos hospitales de Madrid y Barcelona acreditaban las patologías que impedían a Mario desempeñar su trabajo con normalidad.

Mario también demandó a la Seguridad Social. En su caso, el juzgado de primera instancia le concedió la incapacidad permanente absoluta y ante el recurso interpuesto por la SS.SS, el TSJ de Madrid ha vuelto a fallar a favor del empleado, concluyendo que "las limitaciones físicas le incapacitan para su profesión". Además, la institución tendrá que pagarle el 100% de su base reguladora.

La justicia recalca en el proceso que existe jurisprudencia que considera la fibromialgia como secuela invalidante en grado absoluto o total, de ahí que, en este caso, la valoración realizada por la jueza de primera instancia se tenga en cuenta en el TSJ, ya que este tipo de patologías se suele analizar de manera individual.

viernes, 12 de octubre de 2018

El manejo de los síndromes de sensibilización central (SSC), en manos de muy pocos especialistas

11 de octubre de 2018 por Sessec
Diario Médico entrevista a nuestro vicepresidente, Dr. Joaquim Fernández Solà, y al Dr. José Alegre sobre el Síndrome de Fatiga Crónica (SFC). El Dr. Alegre estará presente en el II Simposio Internacional de Síndrome de Sensibilidad Central en Sevilla, con la ponencia: “Perfil clínico del paciente con Síndrome de Fatiga Crónica”.

El reconocimiento en 1990 del síndrome de fatiga crónica (SFC), así como de la fibromialgia, por parte de la Organización Mundial de la Salud, supuso el aval científico a la propia existencia de la enfermedad y el motor para el crecimiento exponencial de su investigación. Una búsqueda en internet ofrece más de 8.000 referencias, incluyendo algunas publicaciones relevantes. No obstante, persisten ciertas reticencias por el desconocimiento etiológico, la falta de pruebas diagnósticas objetivas y las limitaciones terapéuticas, lo que acaba repercutiendo en la atención de los enfermos.

“La sensación es de estancamiento, porque el reconocimiento científico, indiscutible, no se ha traducido en la normalización de su atención, tanto en recursos como en la percepción de parte del colectivo médico, que sigue siendo reticente o indiferente, en primaria y en especializada. Se ha dejado el manejo de la enfermedad a un grupo muy reducido de profesionales interesados, lo que ha generado un nivel de desatención importante en algunos territorios”, señala Joaquim Fernández Solà, jefe de la Unidad de Sensibilización Central del Hospital Clínico de Barcelona.
Si bien la OMS reconoció en 1990 el síndrome de fatiga crónica, persisten reticencias por la falta de pruebas objetivas y las limitaciones terapéuticas
Al igual que la fibromialgia (FM) o la sensibilidad química múltiple (SQM), el SFC se engloba en los llamados síndromes de sensibilización central (SSC), que comprenden muchos otros procesos (migraña, colon irritable, síndrome de piernas inquietas, cistitis intersticial crónica… hasta la cincuentena) que comparten fisiopatología y cuyas manifestaciones suelen solaparse. “Son enfermedades complejas e incómodas para el profesional -añade este experto- porque los pacientes refieren un conjunto de síntomas que hay que saber interpretar para no perderse”.

Como “una de las pocas buenas noticias en los últimos tiempos”, Fernández Solà destaca el plan de la Generalitat de Cataluña de atención a los SSC (centrado en fibromialgia, fatiga crónica y SQM), en marcha desde 2017 y que contempla el despliegue de 18 unidades multidisciplinarias especializadas, tanto en hospitales como en centros de salud, repartidas por todo el territorio.

Alteración neuroinflamatoria

Aún por concretar la etiología del SFC, José Alegre, coordinador de la Unidad de Fatiga Crónica del Hospital Valle de Hebrón, en Barcelona, explica que existe consenso en considerarla “una enfermedad de base genética, sistémica, con fisiopatología de alteración inmunoinflamatoria y cuyos desencadenantes son múltiples, desde infecciones y tóxicos a multitud de procesos patológicos”. Es decir, una afectación sistémica que está regulada por un proceso inflamatorio cerebral, al que se añade una disfunción mitocondrial.

Alegre advierte de que, aparte de la comorbilidad entre distintos SSC -la mitad de pacientes con SFC sufren también fibromialgia, por ejemplo-, cabe distinguir entre esta fatiga crónica primaria y la secundaria a procesos como la esclerosis múltiple, la artritis reumatoide, la depresión o, en particular, el cáncer. “El 15 por ciento de los que sobreviven a un cáncer desarrollan fatiga crónica, lo que ha llevado a los grandes centros oncológicos estadounidenses a dedicar unidades específicas”. En esta dirección, Valle de Hebrón quiere constituir una que puede ser pionera en Europa.

Aunque son escasos los estudios epidemiológicos sobre SFC, se estima que afecta al 0,5 por ciento de la población general, con un predominio claro de mujeres, en una relación diez a uno respecto a los hombres. A ellas se dirigió Alegre la semana pasada en el Women 360º Congress, cita de referencia sobre salud y bienestar para mujeres directivas y empresarias, celebrado en Sant Cugat (Barcelona), poniendo el énfasis en la adaptación del puesto de trabajo a una enfermedad limitante como ésta.

A pesar de la diversidad de los síntomas implicados, el diagnóstico es sencillo y exclusivamente clínico. Consiste en aplicar los criterios internacionales (criterios de Fukuda, 1994), cuyo criterio mayor es la fatiga persistente (seis meses como mínimo), inexplicada, de inicio definido, que no mejora con el descanso y que reduce de forma significativa la actividad cotidiana del paciente. A la fatiga se suman otros síntomas asociados, como el deterioro cognitivo en memoria o concentración, la intolerancia severa al ejercicio físico, el sueño no reparador y otros síntomas sistémicos (dolor muscular, de garganta, adenopatías).

“Afortunadamente, estos criterios son muy sensibles y específicos para el diagnóstico del SFC, puesto que, a pesar de los cientos propuestos, no disponemos de biomarcadores específicos”, remarca Fernández Solà. De hecho, la alteración analítica más frecuente en estos pacientes es el colesterol elevado, por una mala utilización de la energía y la transformación de ésta en colesterol.
De acuerdo a la evidencia disponible, el tratamiento no es curativo y sólo mejora de forma parcial y adaptativa el 20-30 por ciento de los síntomas
En todo caso, la sencillez diagnóstica contrasta con unas limitaciones terapéuticas claras. Un informe reciente de la Agencia de Calidad y Evaluación Sanitarias de Cataluña (Aquas) sobre la evidencia disponible recuerda que el tratamiento no es curativo y que sólo mejora de forma parcial y adaptativa el 20-30 por ciento de los síntomas, mientras que el 5 por ciento de los pacientes son refractarios.

Se trata de un tratamiento multidisciplinar y personalizado que descansa en tres patas: terapia cognitivo-conductual, ejercicio físico gradual y tratamiento farmacológico complementario. “Con la primera, que tiene el máximo grado de evidencia, conseguimos la aceptación de la enfermedad y ayuda al paciente a adaptar su vida a la nueva situación”, explica Alegre. También con el máximo nivel de evidencia (grado A), el ejercicio físico debe ser gradual, aeróbico, individualizado y casi siempre supervisado. “Por el contrario, el descanso prolongado es perjudicial, ya que los pacientes empeoran”.

Dado que ningún fármaco está indicado para la fatiga, el tratamiento farmacológico se dirige al control de otros síntomas, como el dolor, los trastornos del sueño, los estados depresivos o la migraña. Por el momento, los fármacos biológicos no han acreditado su utilidad, aunque estudios recientes sugieren que algunos de los empleados en el tratamiento de la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide podrían mejorarlo.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Monsanto se enfrenta a una nueva ola de juicios: "No vamos a quedarnos callados"

Un fallo histórico concluyó que el herbicida Roundup provocó cáncer a un hombre, algo que abre la puerta para que miles de familias busquen justicia

Sam Levin / Carey Gillam 09/10/2018
Monsanto va a tener que enfrentarse a cientos de casos en los próximos años  
Dean Brooks se sujetó fuerte al carro de la compra. De repente, no podía respirar ni tenerse en pie. Más tarde, en una sala de emergencias de California, una enfermera con los ojos llorosos le daba la noticia a su esposa Deborah, diciéndole que no perdiera las esperanzas de un milagro. Era diciembre de 2015 cuando supieron que un cáncer en la sangre llamado linfoma no Hodgkin (LNH) estaba atacando rápidamente el cuerpo y el sistema inmunológico del hombre.

En julio de 2016, Dean ya había fallecido. Deborah se emociona al relatar el último capítulo del amor de su vida. Pero en los últimos meses, Deborah ha tenido razones para volver a tener esperanzas.  

En un fallo histórico del mes de agosto, un jurado sentenció que Monsanto le había causado un cáncer terminal a un hombre y ordenó que la empresa agroquímica pagara más de 250 millones de euros por daños y perjuicios. La extraordinaria decisión, que expone los posibles peligros del herbicida más utilizado del mundo, ha abierto la puerta a que miles de pacientes con cáncer y familias busquen justicia en los tribunales.

"Es como un asesino en serie, pero es un producto", afirmó Brooks, de 57 años, que tiene una denuncia en curso contra Monsanto, en la que alega que el uso que hizo su marido del popular herbicida de la empresa lo llevó a la muerte. "Es inadmisible. No veo cómo pueden llegar a ganar. Tienen al mundo en su contra".

Brooks dijo que rompió a llorar cuando supo que un jurado había fallado a favor de Dewayne "Lee" Johnson, un exencargado de escuela enfermo terminal de cáncer que se convirtió en la primera persona en llevar a Monsanto a juicio por el producto Roundup. El veredicto asegura que Monsanto "actuó con maldad", sabía o debería haber sabido que el producto químico era peligroso y no les advirtió a sus consumidores sobre los riesgos.

Monsanto ha apelado la sentencia y el miércoles habrá una audiencia en San Francisco. Monsanto y Bayer, el gigante farmacéutico alemán que adquirió la empresa a principios de este año, se juegan mucho. Alentados por la victoria de Johnson, una ola de nuevos juicios amenaza el legado y las finanzas de las corporaciones, y el futuro de un producto químico que se utiliza en el mundo entero.

La lucha contra 8.000 demandantes

Monsanto ha argumentado que la "ciencia de pacotilla" provocó el fallo del jurado sobre el producto químico llamado glifosato, que la empresa introdujo en el mercado en 1974. Comercializado bajo numerosas marcas, incluidas Roundup y Ranger Pro, el herbicida hoy genera miles de millones de dólares de ingresos y está registrado en 130 países, aprobado para su utilización en más de 100 tipos de cultivos.

El juicio de Johnson contra Monsanto fue revolucionario desde antes de comenzar, porque el juez les permitió a los abogados del demandante presentar investigaciones científicas y testimonios de expertos sobre el glifosato y sus peligros para la salud, evidencia científica que el jurado consideró creíble y convincente.

Johnson, que tiene una esperanza de vida de menos de dos años, afirmó que estuvo expuesto al glifosato de forma prolongada cuando aplicaba el herbicida en las propiedades de la escuela, y al menos en dos ocasiones accidentalmente derramó una gran cantidad del producto sobre su piel. Como Monsanto insiste en que el producto es seguro y no hay ninguna advertencia en la etiqueta sobre los riesgos cancerígenos, Johnson dijo que no supo de los peligros hasta que fue demasiado tarde.

La indemnización de 252 millones de euros, que incluyen 218 millones por daños y perjuicios, le cambiarían la vida a este hombre de 46 años, que al morir dejará una esposa y tres hijos. Pero Monsanto está luchando para que no reciba nada.

"Es una señal de alarma importante para la empresa", remarcó Jean M. Eggen, profesora emérita en la Facultad de Derecho de la Universidad de Widener, añadiendo que el veredicto "alentará a muchas personas a iniciar demandas".

En todo Estados Unidos se han presentado unas 8.700 demandas similares, alegando que la exposición a los herbicidas basados en glifosato han provocado diferentes tipos de cáncer. Si Monsanto sigue perdiendo juicios, el impacto podría ser enorme, y una acumulación de victorias podría obligar a la empresa a llegar a acuerdos con los demandantes.

"Todo esto puede acabar siendo muy costoso", afirmó Eggen, comparando el tema con la lucha contra las empresas tabacaleras que dieron batalla fervientemente en los tribunales pero finalmente decidieron que era mejor llegar a acuerdos extrajudiciales. "Es una decisión comercial".

Monsanto podría finalmente decidir incluir una advertencia sobre los peligros cancerígenos en la etiqueta e intentar llegar a acuerdos extrajudiciales con los consumidores que han tenido una alta exposición al producto, dijo Lars Noah, profesor de derecho de la Universidad de Florida: "Es un toque de atención de que la estrategia que están usando no es realista".

De esos miles de demandas, hay más de diez juicios en curso para llevarse a cabo en 2019 y 2020, con batallas judiciales acelerándose en California, Montana, Delaware, Kansas City y San Luis (donde están las oficinas principales de Monsanto). Granjeros, jardineros, empleados públicos, paisajistas y muchos otros han asegurado que los productos de Monsanto les han provocado enfermedades o han matado a sus seres queridos.

"Es una enorme cantidad de juicios para un año solo y esto permitirá que los demandantes presenten ante los jurados pruebas importantes, algo que aún no se conocía", explicó la abogada Aimee Wagstaff.

Los primeros demandantes que pueden tener la oportunidad de enfrentarse a Monsanto en un tribunal son Alberta y Alva Pilliod, una pareja de California. Alberta, de 74 años, tiene cáncer en el cerebro, mientras que su esposo, de 76 años, tiene un cáncer en los huesos que ha hecho metástasis en la pelvis y la columna vertebral. Ambos desarrollaron diferentes formas de LNH.

Teniendo en cuenta sus edades y sus diagnósticos, sus abogados han pedido que se lleve a cabo un juicio rápido. Sin embargo, Monsanto se ha opuesto a esta petición y este martes estaba prevista una audiencia por esto.

La pareja, que tiene dos hijos y cuatro nietos, utilizó Roundup desde los años 70 hasta hace unos años, en su jardín y en muchas propiedades que compraron y renovaron. La pareja afirmó que eligió el herbicida porque creía que no era dañino para los ciervos, patos y otros animales que rondaban su casa. Además, pensaban que era seguro para ellos también.

"Estamos muy enfadados. Esperamos que se haga justicia", le dijo Alberta a the Guardian, señalando que no utilizaban elementos protectores cuando rociaban el producto y que no hubieran utilizado Roundup de la forma en que lo hicieron si hubieran sabido los riesgos. "Si hubiéramos tenido la información adecuada, si nos hubieran advertido, esto no habría sucedido".

Alva dijo que el cáncer les ha destruido la vida. "Los últimos años han sido horribles".

Sus abogados esperan que puedan ir a juicio antes de que sea demasiado tarde. Los médicos de Alberta han dicho que tiene "un riesgo considerablemente alto" de que el cáncer vuelva, presenta "lesiones profundas en el cerebro" y creen que si sufre una recaída no sobrevivirá.

"No vamos a quedarnos callados"

Hace mucho tiempo que los Pilliod y otros demandantes aseguran que Monsanto llevó a cabo "una prolongada campaña de desinformación para convencer a las agencias del Gobierno, los agricultores y a la población en general de que Roundup es un producto seguro".

Los abogados han citado documentos internos de Monsanto que dicen que demuestran que la empresa ha manipulado los informes científicos sobre la seguridad del producto. En las últimas semanas, ha aumentado el escrutinio.

El 26 de septiembre, la importante revista científica Critical Reviews in Toxicology (Reseñas Críticas sobre Toxicología) publicó una "muestra de preocupación", diciendo que las investigaciones que habían concluido que el glifosato era seguro no habían hecho pública la intervención de Monsanto en los estudios.

Esta notoria corrección llegó después de que un pleito revelara la participación de la empresa en la organización y edición de los borradores de los artículos. Monsanto estuvo involucrado en una reseña científica que contraargumentó la decisiva clasificación de 2015 de la Agencia para la Investigación del Cáncer que definió al glifosato como un posible agente cancerígeno humano.

Los abogados han afirmado que en los próximos juicios podrían salir a la luz más pruebas de la cuestionable intervención de Monsanto en estudios científicos.

Un portavoz de Bayer, Utz Klages, afirmó en un correo electrónico que la cifra de denuncias presentadas "no es indicativo de los méritos de un pleito". Dijo que el glifosato es "una revolución para la agricultura moderna" y una "herramienta rentable que puede utilizarse de forma segura para el control de una amplia variedad de malas hierbas".

Aseguró que reseñas normativas y estudios científicos han demostrado que el glifosato es seguro y que no causa LNH, añadiendo: "La sentencia del caso Johnson no es firme y concierne a un caso puntual y específico".

John Barton, un granjero de California que utilizó Roundup durante décadas y al que le diagnosticaron LNH en 2015, dijo que está ansioso por ir a juicio, especialmente porque Monsanto y Bayer todavía afirman públicamente que el glifosato es seguro.

"Monsanto tiene que darse cuenta de que ya no vamos a quedarnos callados", dijo Barton, que es tercera generación de granjeros y forma parte de una demanda presentada en California por el despacho Baum Hedlund, el mismo que representó a Johnson. "No vamos a tumbarnos y hacernos los muertos. La gente de todo el mundo tiene que saber la verdad sobre este producto y tomar precauciones".

Barton, de 69 años, señaló que también tiene miedo de que sus tres hijos se enfermen por haber estado expuestos al Roundup. "Mi padre me expuso a esto. Él nunca lo habría hecho si hubiera sabido que era peligroso", añadió. "Siento culpa al pensar que puse en peligro a mis propios hijos".

Deborah Brooks describió al LNH como una "tortura", relatando cómo su marido debía tumbarse en el suelo sobre toallas para intentar detener interminables sangrados nasales y explicando los malestares constantes que lo aquejaban mientras su sistema inmunológico se iba debilitando.

"Nadie debería pasar por eso. Se te va la vida de una forma terrible", declaró Brooks, cuyo marido tenía 72 años cuando falleció. "Estoy luchando en honor a mi marido y por todos los otros que se han ido antes y los que vendrán… Lo siento mucho por todas aquellas víctimas que no saben que son víctimas".

Bayer se negó a hacer comentarios sobre los casos de Brooks y Barton. Una portavoz, Charla Lord, afirmó en un correo electrónico que como los Pilliod están en remisión y no hay "ningún indicio de que vaya a haber una recurrencia inminente del cáncer", la empresa ha pedido que no se adelante la fecha del juicio.

Expertos en derecho han dicho que es posible que la apelación del caso Johnson resulte en una reducción de la indemnización. Los tribunales también podrían concluir que no hay pruebas suficientes de que el glifosato haya provocado el cáncer, o que los abogados no han podido demostrar que el herbicida causó el cáncer de Johnson.

Esos desenlaces serían devastadores para Johnson y un revés para todos aquellos que luchan contra el glifosato. Pero los pacientes con cáncer y sus familias podrán seguir adelante con los juicios al margen de cómo se resuelva el caso de San Francisco, dijo David Levine, profesor de derecho de la Universidad de California.

"Incluso si Monsanto logra una victoria completa en este caso, eso no detendrá a otros demandantes", concluye.

Traducido por Lucía Balducci