sábado, 25 de febrero de 2017

Los campos electromagnéticos y sus efectos para la salud

LAURA RABANAQUE 24/02/2017
La catedrática María Jesús Azanza, experta en Magnetobiología, a su llegada ayer al ciclo Aula 
Montpellier. - FABIÁN SIMÓN
La exposición a campos electromagnéticos no es un fenómeno nuevo. El sol o el núcleo terrestre son fuentes naturales de este tipo de ondas de energía. Sin embargo, la exposición ambiental ha aumentado de forma continuada a medida que la creciente demanda de electricidad, el avance de las tecnologías y los cambios en los hábitos sociales han generado más y más fuentes artificiales de campos electromagnéticos. Todos estamos expuestos a ellos, tanto en el hogar como en el trabajo, desde los que producen la generación y transmisión de electricidad, los electrodomésticos y los equipos industriales, a los producidos por las telecomunicaciones y la difusión de radio y televisión.

A medida que estas fuentes se han hecho más presentes en nuestra vida cotidiana, la preocupación de la sociedad sobre sus efectos para la salud ha ido en aumento. Pero, ¿qué efectos tienen realmente sobre el organismo? ¿Qué dice la ciencia al respecto? ¿Existe relación con el incremento de los casos de cáncer?

Para dar respuesta a muchas de estas incógnitas, el ciclo Aula Montpellier contó ayer con la presencia de la catedrática de Biología y Magnetobiología de la Universidad de Zaragoza, María Jesús Azanza, que impartió la ponencia Efectos biológicos de los campos electromagnéticos.

Según Azanza, los campos electromagnéticos están presentes de manera natural en el mundo que nos rodea. Los campos electromagnéticos de frecuencia variable con el tiempo, como los que emite el Sol, se propagan en forma de ondas y es su frecuencia lo que define la energía que transportan los fotones y su posible efecto en los organismos vivos. Por esa razón, desde el punto de vista de los posibles efectos biológicos, se clasifica el espectro en los rangos de radiación no ionizante y radiación ionizante.

Para Azanza, “el problema de las radiaciones ionizantes es que al ser una frecuencia muy elevada, la energía de los fotones es muy grande y puede producir alteraciones graves al incidir en nuestro ADN, como mutaciones y cáncer”. Prueba de ello son los efectos de la exposición prolongada a la luz solar y la necesidad de utilizar protección para evitar el cáncer de piel.

A lo largo de la última década han surgido nuevas dudas sobre los efectos para la salud por el incremento de fuentes artificiales de campos electromagnéticos. En el rango de frecuencias extremadamente bajas se sitúan las redes de alta tensión, los equipos eléctricos y electrónicos o los transformadores. En el de alta frecuencia se encuentran los microondas, ondas de radio, televisiones o los radares de control de velocidad.

Según la experta, “por lo general, los equipos de uso cotidiano están conveniente blindados y los efectos se pueden producir por exposiciones prolongadas”. No obstante, se han llevado a cabo investigaciones científicas que demuestran la relación entre la cada vez mayor presencia de campos electromagnéticos con el aumento de casos de cáncer en la sociedad. Por ello, “se recomienda mantenerse a distancia de cualquier fuente de campos electromagnéticos”, advirtió la ponente.

ESTUDIOS SOBRE EL CÁNCER

En el año 2001, la Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó los campos electromagnéticos de frecuencia extremadamente baja como posibles factores cancerígenos. Esto hizo que se pusieran en marcha proyectos de investigación para definir los mecanismos de acción y poder evitar efectos nocivos para la población.

El Ministerio de Sanidad creó un Grupo de Sanidad del que María Jesús Azanza formó parte entre el 2001 y el 2005. En el año 2002 se publicó en la web del Ministerio el documento Campos electromagnéticos y Salud pública. A nivel internacional el proyecto más importante realizado hasta la fecha fue el proyecto Reflex que demostró efectos nocivos en el ADN bajo exposición a los campos típicos de la telefonía móvil.

En el año 2005, varios miembros del grupo de expertos del Ministerio de Sanidad, entre los que se encontraba la catedrática zaragozana, participaron en un proyecto europeo sobre los Efectos biológicos de las radiofrecuencias. En este caso se estudió el rango utilizado en radares para el control de velocidad, los inhibidores de radiofrecuencia frente a posibles actos terroristas y la radiofrecuencia de la radiodifusión y televisión.

María Jesús Azanza aclaró que en este tipo de estudios de investigación básica se expone las células a la presencia del campo durante tiempos de exposición “que no se dan en la vida real” y es necesario “forzar la exposición” para estudiar los mecanismos que podrían dispararse para afectar a un aumento en el número de células.

“Nuestros resultados sobre células cancerosas mostraron un incremento del 42 al 44% en el número de células tras 24 horas de exposición continuada. El efecto era debido a la activación de las proteínas antiapoptóticas, es decir, moléculas que bloquean el proceso de activación de muerte celular programada genéticamente (apoptosis) con el consiguiente aumento de células vivas. En cambio, no observamos efectos genotóxicos, es decir, daños en el ADN”, indicó la especialista.

Según Azanza, desde el caso del Colegio García Quintana de Valladolid, en el que a finales del 2001 y principios del 2002 llegaron a coincidir tres casos de leucemia y un linfoma en niños de 3 a 6 años, dos de ellos compañeros de la misma clase, ha aumentado la relación entre campos electromagnéticos y el cáncer, y se han producido cambios tecnológicos, en particular en la extensión y envergadura de las antenas de telefonía móvil.

“Muchos ayuntamientos están vigilando desde entonces la localización de antenas de telefonía móvil en relación a la situación de centros de enseñanza en la que los niños y jóvenes permanecen muchas horas a lo largo del día. La misma cautela se está llevando a cabo en relación con la residencias de anciano”, aseguró la ponente.

jueves, 16 de febrero de 2017

Así De Jodida Es La Vida De Una Persona Con Alergia Al Wifi

ESCRITO POR Alejandro Tovar 7 febrero, 2017

“El wifi para mí es cosa del pasado. Igual que el teléfono inalámbrico, el WhatsApp o el móvil en general. Tampoco puedo pisar un gimnasio, una biblioteca o cualquier edificio público. Ni coger autobuses urbanos o de largo recorrido, ni trenes”. Hasta hace unos meses, Rocío, una enfermera de 45 años, no daba importancia a unos síntomas que, poco a poco, se iban manifestando con más intensidad. “No es que fuera adicta a la tecnología pero, como todo el mundo, estaba permanentemente colgada al teléfono y todo el día metida en Internet. Y sí, notaba dolores musculares, sofocos, cefaleas e insomnio, pero no sabía qué era lo que lo causaba”, dice.

Al tiempo, cuando sus dolencias se recrudecieron y tras consultar a varios médicos, cayó en la cuenta de que su cuerpo había desarrollado una electrosensibilidad que, supuestamente, la hacía enfermar al exponerse a campos electromagnéticos. Rocío ha desarrollado intolerancia al wifi y a muchos otros sistemas wireless y campos electromagnéticos con los que todos convivimos, una dolencia que afecta cada día a más personas y en torno a la que existe una gran controversia en el seno de la comunidad científica, además de esconder, según asociaciones de afectados, muchos intereses económicos de grupos empresariales de telecomunicaciones.
Rocío trabajaba en un hospital de Madrid, aunque desde hace casi un año cuida de su padre en la casa familiar de León. Explica que sus síntomas fueron en aumento y, cuando le impidieron desarrollar una vida normal, comenzó a preocuparse de verdad: “Esta es una dolencia muy desconocida; todos damos la tecnología por sentada y jamás llegamos a pensar que puede afectarnos hasta estos extremos”. Minerva Palomar, presidenta de la asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud conoce bien el caso de Rocío. Lo conoce y lo comprende, porque ella también es afectada.  “Nuestra asociación ha mantenido contacto con más de 3.500 personas que, en diferentes grados, también manifiestan sensibilidad a los campos electromagnéticos. Dolores de cabeza, confusión mental, insomnio, desmayos, mareos, taquicardias, arritmias, hormigueos, etc. Los síntomas son muchos y todos afectan al desarrollo de cualquier rutina”, comenta.

Basta con detenerse un momento para caer en la cuenta de que nuestra exposición a estas frecuencias es enorme. Telefonía móvil, bluetooth,etc. todo hoy está conectado por ondas. Y no solo eso: los teléfonos inalámbricos de las casas, los vigilabebés e, incluso, algunos electrodomésticos. No obstante, esta patología no está reconocida y ha generado una enorme polémica en el ámbito sanitario y científico. “No existe un consenso sobre si el nivel de exposición permitido hoy es de verdad perjudicial para la salud”, explica Minerva, y añade: “Mientras los investigadores expertos en bioelectromagnetismo sí alertan de los riesgos de esta exposición, otros afirman que no hay ningún problema”.

¿Intereses económicos quizás? Minerva entiende que “sería razonable” pensar que las industrias que han apostado por este tipo de tecnologías quieren, por encima de todo, rentabilizar sus inversiones millonarias. Aunque lo cierto es que ni la Organización Mundial de la Salud ni el comité de expertos de la Unión Europea está de su lado, y aseguran que todos estos efectos adversos “no están comprobados”. La OMS, no obstante, sí calificó a la radiación de los móviles como posible agente cancerígeno en 2011 y, por otro lado, organismos como la Agencia Europea de Medio Ambiente (dependiente de la UE), también empiezan a marcar como objeto de estudio estas tecnologías.
A los electrosensibles se les tacha habitualmente de enemigos de la tecnología y el desarrollo, vinculando sus dolencias a problemas psicológicos. Rocío, que no ha puesto problemas a ser citada con su nombre real, responde exponiendo su caso: “Yo padecía los síntomas antes de saber que este problema existía, y esa es la mejor contestación. Yo acudí al médico cuando empecé a no poder más, y ninguna psicosis previa hizo que mis dolencias aumentasen”.

Pero, ¿existen realmente alternativas? Más allá de lo que está en manos de los afectados, como renunciar al uso del móvil o conectarse a Internet recurriendo al cable, sí hay una tecnología sustitutiva. “Se llama LiFi y sirve para lo mismo que el wifi aunque se apoya en la luz y no en los campos electromagnéticos para compartir y descodificar la información”, explica Minerva. En la actualidad, tan solo un centro hospitalario francés ha apostado por implementarlo.

Rocío teme su vuelta al trabajo: “Mi cuadro se ha recrudecido en muy poco tiempo y, aunque antes sí tenía dolores, no eran tan severos como ahora. Por eso no quiero imaginar cómo va a ser mi reincorporación al trabajo”. Rocío quiere llevar una vida laboral como el resto de personas y espera no tener que seguir los pasos de Rosa C.T., la funcionaria de la Generalitat de Cataluña que solicitó una invalidez permanente por no poder desarrollar su trabajo en la oficina. Su caso está ahora visto para sentencia en el Juzgado de lo Social número 1 de Lleida.
“Convivo con una impotencia increíble por las limitaciones que provoca en las actividades de mi vida diaria y la falta de apoyo del entorno personal, social e institucional”, se lamenta Rocío, con la que contactamos a las diez de la noche por ser el único momento en el que se encuentra en casa y, por tanto, nos puede atender desde su tradicional teléfono fijo. “Conozco a otra afectada que prefiere ocultar sus dolores y tratar de convivir con ellos antes de hacer partícipe a su entorno por miedo al rechazo, y eso no se puede consentir”. Decidimos dejar de hablar porque, aunque el teléfono desde el que habla no es un móvil, dice que el campo electromagnético ya comienza a afectarle tras 20 minutos de conversación.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Europa da un ultimátum a España por los niveles de contaminación de Madrid y Barcelona

  • La Comisión Europea da un plazo de dos meses para que se deje de incumplir la normativa y sobrepasar los niveles de dióxido de nitrógeno
  • De lo contrario, el Ejecutivo comunitario podría continuar con el expediente que abrió en 2015 e incluso llevar el caso ante el Tribunal de Justicia de la UE
  • Los datos remitidos por España en relación al periodo 2010-2014 apuntan a que los límites han sido "sobrepasados continuamente", concluye
Europa Press / eldiario.es 15/02/2017
Contaminación en Madrid EFE  
La Comisión Europea ha enviado este miércoles un ultimátum a España para que tome medidas en el plazo de dos meses para resolver el problema del "incumplimiento constante" de los límites de contaminación atmosférica correspondientes al dióxido de nitrógeno (NO2) en Madrid, Barcelona y el área del Llobregat (Cataluña).

Los datos remitidos por España al Ejecutivo comunitario en relación al periodo 2010-2014 apuntan que los límites de emisiones de NO2 han sido "sobrepasados continuamente" en las tres zonas, según han explicado a Europa Press fuentes comunitarias.

La advertencia de la Comisión Europea tiene la forma de un dictamen motivado y es la segunda fase de un expediente que abrió en 2015 contra Barcelona y Madrid, con el que podría continuar e incluso llevar el caso ante el Tribunal de Justicia de la Unión Europea si el Gobierno no responde a las exigencias de Bruselas en el plazo de dos meses.

Dictámenes a otros países europeos

Pese a las mejoras señaladas por el Gobierno y a los planes adoptados, añaden las fuentes, el Ejecutivo comunitario ha concluido que las medidas emprendidas "no han logrado reducir a lo mínimo posible" el periodo de incumplimiento "continuo y persistente".

Por ello, Bruselas reclama a las autoridades nacionales medidas para "garantizar una buena calidad del aire y proteger la salud pública", habida cuenta de que la contaminación por NO2 –gas que proviene mayoritariamente del tráfico rodado– es un riesgo sanitario "grave".

Además del ultimátum a España, el Ejecutivo comunitario también ha dirigido dictámenes motivados similares a otros cuatro Estados miembros: Alemania, Francia, Reino Unido e Italia. En el caso alemán, la preocupación de Bruselas se centra en la contaminación por NO2 en 28 aglomeraciones, incluidas zonas de Berlín, Múnich, Hamburgo y Colonia.

En Francia el problema aparece en 19 lugares, entre ellos París, Marsella y Lyon, mientras que en Reino Unido la contaminación preocupa en 16 zonas de Londres, Birmingham y otros, y en Italia afecta a doce puntos, incluidos Roma, Milán y Turín.

Las normas de la Unión Europea establecen límites en la calidad del aire y obliga a los países a tomar medidas para no exponer a los ciudadanos a registros de contaminación que superen esos umbrales, por ejemplo con acciones para reducir el volumen de tráfico o incentivos para cambiar a vehículos eléctricos o combustibles menos nocivos. 

Cerco al gas cancerígeno que invade casas de media España

La UE obliga al Gobierno a eliminar el radón en viviendas y lugares de trabajo tras 30 años de alertas científicas ignoradas

SONIA VIZOSO Santiago de Compostela 14 FEB 2017
El investigador Alberto Ruano muestra un bote utilizado para medir la presencia de radón. 
OSCAR CORRA
Las mujeres de la provincia de Ourense encabezan una triste y misteriosa estadística: son las españolas más golpeadas por el cáncer de pulmón. “Eso no puede ser por el tabaco, la culpa es del radón”, afirma, rotundo, desde su despacho de la Facultad de Medicina de Santiago el investigador Alberto Ruano, que lleva tiempo siguiéndole la pista a este gas radiactivo, imperceptible, que emana del subsuelo de buena parte de la Península y que se concentra en viviendas y lugares de trabajo, sobre todo en sótanos y plantas bajas. La Unión Europea reconoce que esa exposición constante al radón supone un importante riesgo para la salud y, tras 30 años de alertas científicas, obligará a partir del año que viene al Gobierno español a tomar medidas.

Es en los subsuelos graníticos donde más radón se genera porque sus rocas son ricas en uranio, el elemento origen de este gas. Las zonas de mayor riesgo en España son Galicia –con las provincias de Ourense y Pontevedra a la cabeza-, un área importante de Castilla y León, Extremadura, Comunidad de Madrid y ciertas zonas de Castilla La-Mancha, según el Consejo de Seguridad Nuclear. Lo que hace este elemento es emitir partículas alfa, muy energéticas, que impactan de forma continua contra el epitelio pulmonar y multiplican el riesgo de sufrir cáncer, incluso en mayor medida que el humo ambiental del tabaco, incide Ruano.

Este profesor de Medicina Preventiva dirige junto a Xoán Miguel Barros el Laboratorio de Radón de Galicia, que acaba de publicar el mapa más preciso hasta el momento de los puntos críticos del territorio gallego, basado en 3.000 mediciones. “La práctica totalidad de Galicia es una zona de riesgo y hay áreas en las que casi todos los lugares de trabajo tienen esta consideración”, advierte Ruano.

La Unión Europea aprobó en 2013 una directiva (2013/59/Euratom) que entrará en vigor el año que viene y que por primera vez obliga a los gobiernos a realizar mediciones en lugares de trabajo ubicados en áreas de riesgo y mitigar la concentración de radón en los que se registre un mínimo de 300 becquerelios por metro cúbico, la unidad de medida utilizada con este gas y que equivale a la desintegración atómica que se produce en un segundo. Los países miembros deberán además introducir requisitos específicos en los códigos de edificación que eviten la entrada de este gas en los inmuebles de nueva construcción y “fomentarán” su reducción en las casas ya existentes.

Los expertos del Laboratorio de Radón de Galicia se felicitan de que por fin se exija a la Administración que proteja a los ciudadanos de este agente cancerígeno pero consideran “insuficiente” el “nivel de acción” marcado por la UE (300 becquerelios por metro cúbico), teniendo en cuenta que en Estados Unidos es de 148 becquerelios y que la Organización Mundial de la Salud fija en 100 la frontera del peligro. En este centro universitario de investigación recuerdan mediciones en viviendas gallegas en las que se detectaron hasta 3.000 y 4.000 becquerelios.

El Ministerio de Sanidad ha creado un grupo de trabajo para redactar un plan estatal de actuación contra el radón “en viviendas, edificios públicos y lugares de trabajo”. El Ministerio de Fomento tramitará a lo largo de 2017 un decreto para introducir en el Código Técnico para la Edificación “exigencias reglamentarias relativas a la protección frente al gas radón en edificios residenciales”. Los cambios, sostienen fuentes oficiales de este departamento, incluirán requisitos para las obras que haya que realizar en inmuebles construidos donde se supere el nivel de referencia que el Gobierno español determine, que no podrá ser mayor que los 300 becquerelios fijados por la directiva europea.

Borja Frutos, arquitecto del Instituto de Ciencias de la Construcción Eduardo Torroja, cree que la nueva normativa contra el radón, un contaminante “olvidado”, ayudará “a mejorar notablemente la calidad del aire” de los espacios cerrados sin ser “traumática”, añade, porque el sector de la construcción “está bien preparado”. “El radón es un desconocido incluso para muchos médicos en España”, lamenta Ruano. “Y las autoridades españolas hasta ahora han mirado para otro lado”.

La peligrosidad de este agresor invisible se descubrió en 1985, cuando Stanley Watras, empleado de una central nuclear de Pennsylvania, hizo saltar las alarmas del complejo con una insólita radiación en el cuerpo que no había adquirido en su puesto de trabajo sino en su hogar. En EEUU se tomaron medidas contra el radón solo tres años después de aquel incidente y en Reino Unido los niveles de este gas influyen hasta en el precio de una casa. El modelo a seguir, indican los expertos, es Irlanda, donde se realizaron entre 2000 y 2005 decenas de miles de mediciones para conocer al detalle su incidencia en todo el país. Tres empresarios irlandeses fueron condenados en 2010 a penas de cárcel, señalan desde el Laboratorio de Radón de Galicia, por no controlar el radón en sus centros de trabajo.