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sábado, 5 de mayo de 2018

La FAO alerta de la grave contaminación del suelo del que nos alimentamos

Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura advierte del riesgo cada vez mayor que suponen para los cultivos las actividades industriales y mineras, los pesticidas, antibióticos, metales pesados o residuos sólidos.
Un hombre recoge basura en un vertedero de Calcuta, India. REUTERS
EFE ROMA 03/05/2018

Las sustancias que contaminan los suelos por actividades humanas como la minería, la industria o la agricultura representan un "problema creciente" del que se conoce demasiado poco, ha alertado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

En un informe publicado el miércoles, el organismo advierte de que existe muy poca información sobre el alcance de ese problema, que reduce los rendimientos de los cultivos y los puede volver perjudiciales para el consumo humano.

Un riesgo cada vez mayor lo representan las sustancias de tipo biológico, hormonal o farmacéutico, así como los viejos dispositivos electrónicos o los plásticos que acaban en el suelo, sin olvidar elementos peligrosos como el arsénico, el plomo o el cadmio.

Además, el documento informa de otras actividades humanas que también contaminan como la minería, las fábricas, los productos derivados del petróleo o los pesticidas y fertilizantes usados en la agricultura, cuyo uso estimado se duplicará para 2050.

"Se requieren con urgencia prácticas sostenibles apoyadas por evidencias científicas, investigación, educación y concienciación social", dijo la subdirectora general de la FAO, María Helena Semedo, que instó a ayudar a los usuarios de las tierras a evaluar y prevenir la contaminación, mitigar sus efectos negativos y recuperar los suelos dañados.

Semedo insistió en que el vertido de residuos en forma de pesticidas, fertilizantes, antibióticos y metales pesados en el agua y los terrenos que se utilizan para la agricultura supone una importante fuente de contaminación.

La producción de químicos ha crecido rápidamente en las últimas décadas y hasta 2030 lo hará a un ritmo anual del 3,4 %, según el estudio, que detalla que en 2015 la industria europea produjo 319 millones de toneladas de sustancias químicas, de las que 117 millones eran consideradas peligrosas para el medio ambiente.

Además, el crecimiento de las ciudades ha hecho que el suelo se haya convertido en el vertedero de ingentes cantidades de basura municipal.

En 2012 los desechos sólidos urbanos sumaban alrededor de 1.300 millones de toneladas anuales y se piensa que ascenderán a 2.200 millones de toneladas para 2025.

La FAO destaca que nunca se ha realizado una evaluación del problema de la contaminación de ese recurso a nivel mundial, que necesita ser abordado con métodos científicos ante la falta de armonización y de datos fiables entre las distintas regiones.

La única estimación global se hizo en 1990, cuando se calculó que había 22 millones de hectáreas afectadas por dicho problema, si bien ha estado subestimado, como muestran los últimos datos recopilados.

El Gobierno chino calcula que el 16 % de los suelos del país están contaminados y Estados Unidos tiene más de 1.300 sitios catalogados como "contaminados", mientras que en Australia ese número asciende a 80.000, y en Europa y los Balcanes hay unos 3 millones de esos lugares.

viernes, 12 de mayo de 2017

"Las farmacéuticas no investigan en nuevos antibióticos, les sale más rentable invertir en males crónicos"

  • La Organización Mundial de la Salud, la Comisión Europea y el G20 llevan años alertando de la necesidad de desarrollar nuevos antibióticos
  • Según un reciente informe, "nos enfrentamos a un fallo de mercado que puede derivar en un grave problema de salud pública"
  • "No es nuevo, ni pasa solo con los antibióticos, pasó lo mismo con la hepatitis C o con los tratamientos para el VIH pediátrico que sufren los países empobrecidos", dice una de las autoras del estudio
Teguayco Pinto
Elena Villanueva, analista asociada del ISGlobal  
La resistencia antimicrobiana es uno de los grandes problemas sanitarios que afronta la humanidad. Cada vez se detectan más superbacterias capaces de vencer a los antibióticos disponibles y, si la resistencia continúa creciendo al ritmo actual, en el año 2050 morirán por infecciones bacterianas unos 10 millones de personas al año, lo que además conllevará un coste económico global que superará los 100.000 millones de dólares.

El mal uso que hacemos de los antibióticos es una parte fundamental del problema, pero también lo es la falta de innovación en ese sector. El problema es de tal magnitud que organismos e instituciones de todo el mundo han comenzado a cuestionarse la viabilidad del actual mercado farmacéutico, cuyo modelo de innovación está "agotado", según un informe publicado hoy por el Instituto de Salud Global. Hablamos sobre la necesidad de modificar este modelo con una de las autoras de este informe, analista asociada del ISGlobal, Elena Villanueva.

¿Por qué es tan importante la resistencia antimicrobiana?

Esencialmente porque los niveles de mortalidad que se están alcanzando son muy grandes, pero lo más grave no es tanto la situación actual, que también lo es, sino el crecimiento exponencial. Hay informes que indican que de aquí a 2050 puede convertirse en la primera causa de mortalidad, por encima incluso del cáncer. Además, no contamos con tratamientos para muchas de las bacterias que se están haciendo muy resistentes.

¿A qué se debe esa carencia?

Entre los motivos del aumento de la resistencia de las bacterias está el mal uso que se está haciendo de los antibióticos disponibles en la actualidad, pero también hay que destacar un hecho que a veces pasa desapercibido y es que en los últimos años apenas han llegado al mercado nuevos antibióticos. Desde 1970 solo se han desarrollado dos nuevos tratamientos antibióticos, que además no sirven para las bacterias más resistentes.

¿Por qué no se han desarrollado nuevos antibióticos?

No se puede perder de vista la complejidad que supone desarrollar nuevos antibióticos, que es una parte importante del problema. Pero también hay que destacar que, tal y como funciona el sistema en la actualidad, no hay un incentivo económico para que las farmacéuticas investiguen en nuevos antibióticos.

Cabría esperar que el desarrollo de nuevos medicamentos para una enfermedad intratable sería un buen negocio. ¿Cuál es el problema?

En primer lugar el tratamiento con antibióticos suele ser de una duración muy corta, de en torno a una semana o 10 días dependiendo del antibiótico, y a las farmacéuticas les resulta muchísimo más rentable invertir en enfermedades crónicas. Por otro lado, como hay un problema de multirresistencia, un nuevo tratamiento antibiótico solo se utilizará cuando el anterior deje de hacer efecto.

Pero en el informe se dice que los beneficios de los antibióticos son de unos 40.000 millones de dólares. ¿No es incentivo suficiente?

A pesar de que esa cifra pueda parecer alta, es muy pequeña en comparación con los beneficios astronómicos que provienen de la venta de productos para otro tipo de enfermedades. Hay que tener en cuenta que esta cantidad es similar a la que corresponde a la venta de un único producto farmacológico contra el cáncer y piensa en la cantidad de tipos de cáncer que hay. Al final, mientras el sistema siga priorizando la investigación en base al retorno económico, el sector farmacéutico investigará solo aquello que le resulte más rentable.

¿Es eso a lo que el informe llama "fallo del mercado farmacéutico"?

Sí, y no es nuevo, ni solo pasa con los antibióticos, pasó lo mismo con la hepatitis C o con los tratamientos para el VIH pediátrico que sufren los países empobrecidos, son ejemplos que nos encontramos y nos damos cuenta de que el mercado nos falla. También el problema del precio se da cada vez más en el caso del cáncer, donde los tratamientos que son efectivos son cada vez más caros y obligan a los gobiernos a tener que elegir. Pero en este caso el problema no es que sean caros, sino que ni siquiera los tenemos.

¿Y cuál es la alternativa?

Nosotros planteamos la necesidad de liderazgo de las instituciones públicas, de forma que si el sector privado no nos provee de unos medicamentos que necesitamos, sea el sector público el busque alternativas. Por ejemplo, en Inglaterra se ha planteado la creación de un fondo para la investigación y desarrollo de nuevos antibióticos al que tengan que contribuir tanto los países como las farmacéuticas.

¿Pero el sector privado también podrá recurrir a esos fondos?

Por ahora no hemos avanzado lo suficiente como para responder a esa pregunta, pero la idea sería que la investigación se mantuviera en poder público, independientemente de quién la llevase a cabo. Al final, si es el sector privado quien la hace, se le pagará por el producto conseguido, pero serán las instituciones públicas las que mantengan la capacidad regulatoria sobre ese producto y las que decidirán los precios. Si es así, puede funcionar, pero si lo que hacemos es dar subsidios a las empresas no estaremos resolviendo nada, salvo eliminar el riesgo que supone la inversión en investigación, y eso solo es un parche.

¿Ya hay alguna iniciativa en este sentido?

Sí, una de las iniciativas que ha puesto en marcha la OMS ha sido ofrecer una cantidad variable de millones de euros al laboratorio que desarrolle un nuevo antibiótico o, al menos, una innovación que nos permita avanzar en la buena dirección. Se le paga una compensación económica acorde con el riesgo, pero los que tienen finalmente el poder y la capacidad de gestionar el producto son los gobiernos.

¿Crees que una farmacéutica va a desarrollar un producto que no puede gestionar?

A lo mejor lo que tenemos que hacer es cambiar esa mentalidad de obtener unos beneficios astronómicos de las ventas. Porque se supone que su modelo de negocio está basado en la innovación y el riesgo, pero lo que estamos viendo es que la mayoría de sus ingresos vienen por las ventas y no por el descubrimiento en sí. Eso es perjudicial porque genera un sistema perverso, en el que los incentivos no son obtener un beneficio para la sociedad, sino en vender más y a mayor precio y no hay que olvidar que no estamos hablando de vender galletas, sino medicamentos.

¿Cree que será posible un cambio así?

No hablamos de cambiar el sistema de la noche a la mañana, pero somos optimistas. Parece que empieza a haber movimiento a nivel político y se empieza a hablar de desligar el coste de la investigación del precio final del medicamento y de explorar nuevos modelos que nos hagan acabar con la dependencia de los intereses económicos de las farmacéuticas. Ha habido mucha concienciación ciudadana y política sobre el hecho de que estamos ante un problema real. Hace unos años estos problemas se consideraban puntuales y se creía que el sistema de innovación funcionaba bien y ahora parece que todos coincidimos en que no funciona y esto es un gran avance.

domingo, 2 de agosto de 2015

TTIP: La Carne que nos matará

SIN CONTROL EN EL USO DE ANTIBIÓTICOS

Javier Guzmán | Las grandes empresas cárnicas estadounidenses necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala.
Las últimas décadas el consumo de carne a nivel mundial no ha parado de crecer; desde 44 millones de toneladas en 1950 a 284 millones de toneladas en 2009 y todo indica que seguirá incrementándose en los próximos años.

Este aumento de consumo de carne lleva obviamente aparejada un aumento de la producción animal, lo cual genera enormes problemas de sostenibilidad, consumo de agua y de competencia directa con el derecho a la alimentación de millones de personas. Así se estima que un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal.
Un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal 
El sector cárnico, en las últimas décadas y de forma paralela, ha sufrido una enorme transformación marcada por una mayor industrialización y verticalización del sistema de producción. Así vemos cómo en pocos años este proceso ha hecho desparecer silenciosamente miles de granjas familiares y la aparición en su lugar de factorías o fábricas de producción animal, cada vez más grandes y por eso es cada vez más frecuente encontrarse en la prensa el fenómeno de las mega granjas, con cientos y miles de animales. En este momento solo las cuatro primeras empresas cárnicas controlan el 85% del mercado mundial.


EL USO DE ANTIBIÓTICOS

Pero para que este despropósito de factorías de miles animales hacinados haya sido posible es imprescindible contar con la inestimable ayuda de los antibióticos, el consumo del cual no ha hecho nada más que crecer.

Las sustancias antimicrobianas se emplean en veterinaria con fines terapéuticos y profilácticos para tratar infecciones. Pero los antibióticos también pueden ser empleados en producción animal por otras dos razones, además de la curativa. Las dos razones son la preventiva y como promotores de crecimiento. Las condiciones de la ganadería industrial ha provocado un grado variable, pero existente, de inmunosupresión en los animales haciéndolos más propensos a enfermar.

Tal es su importancia que el aumento masivo y global de la producción de carne en factorías se prevé que en el año 2030 su uso se habrá incrementando en un 67%, lo que representa una "amenaza para la salud pública", según afirma un estudio recientemente publicado en el Proceedings of the National Academy of Scientists (PNAS) de Estados Unidos.

El uso de antibióticos se duplicará en Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) debido a la transformación de su sector hacia sistemas intensivos de producción.El estudio afirma que el uso de antibióticos ya está dando lugar a una crisis de resistencia a los antibióticos en los EE.UU. y en la Unión Europea.

Según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (año 2012), la resistencia de la bacteria Salmonella spp. aislada de los casos que han afectado a humanos, se sitúa cerca del 50% para los antibióticos más utilizados. Es decir, que la mitad de la veces que alguien enferma de Salmonella y es tratado con antibióticos, estos no funcionan. La media europea se sitúa entre un 25 y un 30% en función del antibiótico. En el caso de Campylobacter, las cepas aisladas en los casos que han afectado a humanos, vemos que más del 80% de las cepas aisladas que afectaban a humanos en España eran resistentes a los seis antibióticos más usados. Y finalmente, analizando las cepas de Escherichia coli aislada en los casos de contaminación de alimentos vemos que para la carne de pollo la resistencia rondaba el 30% y para la carne de cerdo el 25%. No solamente la EFSA confirma esta situación, así según datos del atlas mundial de la OMS, en España la tasa de Escherichia coli (responsable, por ejemplo, del 80% de infecciones urinarias) es resistente al 34,5%.

En la Unión Europea la Directiva 1831/2003 prohibió los llamados Antibióticos Promotores del crecimiento en Europa a partir del 2006. Es decir, no se pueden administrar estas substancias (normalmente a través del agua de bebida, pienso o a través de implantes subcutáneos en los animales) en la producción animal europea. Aún así según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades calcula que la resistencia a los antibióticos provoca cada año 25.000 muertes.

Aunque, como vemos, la situación europea dista de ser ideal, sí es cierto que se han dado pasos importantes en el control del excesivo uso de antibióticos para ganadería. Lo que nos encontramos en EE.UU respecto de los antibióticos promotores del crecimiento, por el contrario, ha sido, y es, muy diferente. Los antibióticos son usados de forma rutinaria en la producción animal estadounidense, como se habían estado en la UE antes de 2006. De acuerdo con la FDA, aproximadamente el 80% de todos los antibióticos usados en los Estados Unidos se destinan a ganadería y solamente el 20% a la salud humana.

De estos datos se podría desprender que estamos frente a los efectos colaterales de un proceso de evolución normal del sector, pero nada más lejos de la realidad. En verdad son el resultado directo de la aplicación de políticas públicas con el objetivo de favorecer los intereses de grandes corporaciones cárnicas. Así en Estados Unidos el número de factorías de vacuno lechero se ha doblado (incremento del 93%) en la última década y actualmente agrupan a más de 5 millones de vacas. Una media de 650 vacas, cada día, han pasado a ser criadas en este tipo de explotaciones ganaderas.

El número de animales destinado a vacuno de carne en granjas factoría (los famosos feedlots) agrupan a más de 14 millones de animales, añadiendo 1.100 animales cada día en la última década a estos sistemas de producción. La media de una granja de feedlot en EEUU es de 3.800 animales.

Por lo que respecta a la producción de carne de cerdo, en una década se han incrementado un 36% el número de granjas factoría y actualmente más de 65 millones de cerdos se producen en este tipo de granjas. 4.600 animales, cada día, han pasado a engrosar las filas de este tipo de producción. El tamaño medio de las granjas se ha incrementado un 42% y actualmente es de 5.200 animales.

EL TTIP, UNA AMENAZA PARA LA SALUD PÚBLICA

Estas grandes empresas necesitan ahora una vuelta de tuerca más. Se trata del ensanchamiento del mercado, y a esto es a lo que responde el TTIP, que tiene como uno de sus ejes fundamentales, no tanto el “abrir” fronteras a los alimentos estadounidenses, sino “abrir” los órganos reguladores agroalimentarios europeos. Se trata por tanto de eliminar las barreras reguladoras que limitan los beneficios potenciales de las corporaciones transnacionales a los dos lados del Atlántico.

Para mantener sus enormes beneficios necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala, eso sí, externalizando el coste de los perjuicios causados en la salud de la población. Y es ni más ni menos que asuntos como este lo que se está ahora mismo negociando entre Estados Unidos y la Unión Europea. Es imprescindible y urgente por tanto que los ciudadanos sepamos lo que nos estamos jugando en este acuerdo y reaccionemos. Si no somos capaces de hacer descarrilar este tratado en los próximos meses sufriremos consecuencias que ni siquiera podemos llegar a imaginar.

Javier Guzmán
Director de VSF Justicia Alimentaria Global

miércoles, 12 de diciembre de 2012

El panga: un pescado muy polémico

En los últimos años se ha escrito mucho sobre el panga, un pescado que ha estado rodeado de polémica desde que comenzó a importarse a España de forma masiva. Esta polémica, que cuestiona su salubridad y sus métodos de producción, se avivó en Internet el pasado jueves, cuando se publicó un artículo al respecto en el diario 20minutos. Casualmente (o no), ese mismo día la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) publicó una reseña sobre este pescado para informar y tranquilizar al consumidor. En definitiva, ¿es peligroso comer panga o es seguro? ¿Debemos reducir su consumo? ¿Quieres más información sobre ello? Pues como siempre, comencemos por el principio...

¿Qué es el panga?
El panga (cuyo nombre científico es Pangasius hypophthalmus) es un pescado blanco de agua dulce que en su fase adulta, generalmente, llega a medir unos 1,40 metros de longitud y a pesar en torno a 44 kilogramos
Aquí puedes ver el nuevo prototipo de Seat. (Sí. Es un chiste muy malo. Lo sé, pero no he
podido resistirlo...) (Fuente)
Este pez vive en ríos y lagos del sureste asiático (principalmente de Vietnam y Tailandia), en los que encuentra las condiciones necesarias para desarrollarse. Concretamente, es originario de los ríos Mekong y Chao Phraya, aunque en la actualidad esta especie se encuentra en muchos otros ríos en los que se ha introducido para su producción en acuicultura, especialmente en Vietnam, productor de 90% del panga que se consume en el mundo.
En esta imagen puedes ver las migraciones del panga en el Río Mekong. En la temporada de lluvias, cuando el caudal del río crece (entre mayo y julio), el pez asciende por su curso para desovar (en la zona rayada). Cuando cesa la temporada de lluvias y decrece el 
caudal (entre septiembre y diciembre), el pez regresa río abajo. (Fuente)
¿A qué se debe su popularidad en España?
Este pescado se ha hecho muy popular en España (especialmente en hospitales, comedores de colegios y residencias de ancianos) por tres razones fundamentales:
  1. Es fácil de filetear, y por lo tanto, fácil de preparar, envasar y comercializar.
  2. Los filetes de este pescado apenas tienen espinas, por lo que es fácil y cómodo de comer.
  3. Su precio es muy reducido.
Estas tres razones explican el hecho de que su consumo haya aumentado de forma espectacular en España desde el año 2004, y de forma más vertiginosa aún desde el estallido de la crisis económica, hasta el punto de que se ha llegado a bautizar como "el pescado de la crisis".
He aquí un filete de panga. ¿Lo declaramos culpable o inocente? (Fuente)
LA POLÉMICA
Algunas personas apuntan que la polémica que rodea al panga no es más que una campaña de desprestigio orquestada por los sectores pesqueros de los países afectados (principalmente europeos, y particularmente españoles, ya que este país es el segundo importador mundial después de Rusia). Pero como podrás ver a lo largo de este artículo, el tema no es tan simple. Y es que los aspectos que han desatado esa polémica son muy numerosos y, en ocasiones, complejos. A continuación citaremos algunos de ellos, pero nos centraremos principalmente en los estrechamente relacionados con la alimentación.

Aspectos comerciales
Como ya habrás podido deducir, la comercialización de este pescado en nuestro país es algo que provoca un gran malestar entre los pescadores españoles, quienes acusan a los productores asiáticos de competencia desleal. Y es que el precio del panga es tan bajo que no hay forma de competir contra él (si nos fijamos exclusivamente en el precio y no tenemos en cuenta otros aspectos, claro está). Pero, ¿por qué dicen que esa competencia es desleal? Y ¿por qué tratándose de una especie producida a miles de kilómetros de España su precio es tan reducido en este país? Las respuestas a estas preguntas podrás conocerlas a continuación, cuando veamos la forma en la que se produce este pescado en su país de origen. Y es que las condiciones de producción, los requisitos legales y los controles distan mucho (para mal) de los aplicados en la Unión Europea para otras especies explotadas en acuicultura.

Aspectos productivos y medioambientales
Como ya hemos mencionado, el panga está presente de forma natural en algunos ríos y lagos del sudeste asiático, pero generalmente se produce de forma intensiva en zonas delimitadas en las que se les engorda de manera rápida a base de harina de pescado, soja, mandioca y vitaminas. Este método de producción lleva asociados todos los inconvenientes propios de los sistemas intensivos, pero en este caso son aún más graves y más numerosos debido a la falta de controles. Una vez que el pescado alcanza el tamaño y peso deseados, se sacrifica, se filetea y se congela para exportarlo a otros países.

Como puedes ver en el siguiente vídeo (a partir del minuto 5:00), la densidad de población en estas granjas es muy elevada, lo que provoca (cuestiones éticas aparte) una grave contaminación de las aguas del medio en la que se producen estos peces, afectando negativamente a esta y a otras especies. Ten en cuenta que un elevado número de individuos en un espacio reducido produce, entre otras cosas, cuantiosas emisiones de excreciones y un excesivo consumo del oxígeno presente en el agua. Otros problemas relacionados con la producción del panga son la administración de hormonas (para definir el sexo de los animales y para conseguir que las hembras puedan desovar sin tener que remontar el río) y antibióticos. Finalmente, también podríamos destacar el consumo de recursos que implica el transporte de este pescado desde el otro extremo del planeta.

Como puedes imaginar, estas y otras cuestiones en las que no nos vamos a detener, han provocado continuas quejas por parte de diversos organismos y de organizaciones ecologistas, como WWF.

Aspectos higiénico-sanitarios
Entre los aspectos más importantes que avivan la polémica en torno al panga, se encuentran los relacionados con la seguridad alimentaria. En este sentido, diversas fuentes apuntan a la presencia de numerosos contaminantes en las aguas de los ríos en las que se cultiva este pez (principalmente el Mekong), entre las que se encuentran sobre todo mercurio y pesticidas. En este sentido, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó un estudio en el que se analizó la presencia de estos contaminantes en panga de diferentes marcas comerciales. Los resultados mostraron que:
  • había presencia de plaguicidas (concretamente de trifluralina, un herbicida con efectos tóxicos) en 4 de las 29 muestras analizadas. No existen límites legales para la este plaguicida en el pescado, pero sí para vegetales, de modo que 2 de esas cuatro muestras los superaron.
El mercurio es curioso y divertido, pero muy tóxico. (Fuente)
Por otra parte, como indicábamos al comienzo de este artículo, la Agencia Española de Seguridad Alimentaria (AESAN) publicó la semana pasada una reseña en su web, en la que trataba los aspectos relacionados con estos contaminantes. A continuación puedes ver el texto de forma íntegra:

Los pescados importados que se comercializan en España, son controlados convenientemente por las autoridades sanitarias de los puestos de inspección fronterizos, donde se comprueba que los productos proceden de países y establecimientos autorizados por la Unión Europea así como el cumplimiento de la legislación europea. Estos controles incluyen controles físicos, realizando análisis de laboratorio. Si se detectan sustancias prohibidas o no autorizadas, además de rechazar inmediatamente el producto, se intensifican los controles de las siguientes expediciones de la misma procedencia y, en caso necesario, la UE puede adoptar medidas de salvaguardia, incluso con nuevas inspecciones sobre el terreno y en última instancia se pueden prohibir las importaciones.Además, sin perjuicio de los controles a que pueda ser sometido en frontera, las Comunidades Autónomas también pueden realizar controles cuando el pescado está ya en los canales de comercialización en España.

Por otra parte, en relación a los contaminantes, debemos aclarar varios aspectos:

Por una parte, en relación a la presencia de mercurio, teniendo en cuenta que el mercurio es uno de los contaminantes habituales en los alimentos, y que se encuentra en el mar como consecuencia de la contaminación industrial y medioambiental, no es de extrañar encontrar ciertos niveles. Sin embargo, los niveles comentados en la publicación son tranquilizadores, ya que no superan en ningún caso el límite legal. Estos niveles han sido fijados con los debidos márgenes de seguridad, teniendo en cuenta la ingesta semanal tolerable provisional adoptada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). En nuestra página Web se puede encontrar información relativa al mercurio en alimentos:
http://www.aesan.msssi.gob.es/AESAN/web/cadena_alimentaria/subdetalle/qui_mercurio.shtml

En cuanto a las recomendaciones al consumidor, cuando se considera necesario, la AESAN publica notas informativas, como ocurrió en mayo de 2008 con el mercurio en peces de gran tamaño:
http://www.aesan.msssi.gob.es/AESAN/web/cadena_alimentaria/subdetalle/aesan_mercurio.shtml

Por otra parte, en relación a la presencia de residuos de trifluralina, hemos de comentar que es una sustancia activa con acción herbicida cuyos usos no están autorizados actualmente en la UE, no por cuestiones de seguridad al consumidor sino especialmente medioambientales, dada su persistencia en el medio marino, su bioacumulación y su toxicidad para los peces. Respecto a los peligros para los consumidores que pueda entrañar su presencia en el pescado, debemos decir que los expertos de la UE (EFSA) coinciden en que es una sustancia que no tiene efectos tóxicos preocupantes a corto plazo por su ingesta. Realizando una evaluación del riesgo asociada a la ingesta crónica de pescados con los residuos detectados en la publicación, y teniendo en cuenta la composición actual de nuestra dieta, se verifica que el consumo de pescado (todas las especies) con niveles hipotéticos de trifluralina al nivel más alto encontrado no supondría ni el 1% de la Ingesta Diaria Admisible para esta sustancia (es decir, la cantidad máxima de esa sustancia que se podría consumir a diario a lo largo de la vida sin que se aprecien efectos adversos sobre la salud).

Así pues, desde la AESAN se puede concluir que no se identifican problemas de seguridad alimentaria para los consumidores, incluidos grupos vulnerables de la población como los niños.

Por otra parte, también hemos mencionado la utilización de hormonas y antibióticos en la producción del panga, sustancias que no tienen por qué afectar necesariamente a la salud del consumidor si se utilizan de forma adecuada. Es decir, si se administran al animal a su debido tiempo, estas sustancias son metabolizadas por su organismo, de manera que en el momento de su sacrificio no tienen por qué quedar residuos de las mismas. En este sentido, los análisis realizados por la OCU sobre 29 muestras de este pescado no detectaron la presencia de antibióticos. 

Finalmente, algunas fuentes indican que las aguas en las que se crían estos peces contienen una gran concentración de diversos microorganismos patógenos que llegan hasta el consumidor final. ¿Es esto cierto? En el artículo de la OCU lo más destacable en este sentido es la presencia de Escherichia coli en 4 muestras de las 29 analizadas. Esto indica contaminación fecal, pero no nos asegura que la fuente de esta bacteria sea el agua donde crecieron los peces (podría deberse a una incorrecta manipulación del producto al cortarlo, al envasarlo, etc.).

Aspectos nutricionales
Otra de las cosas que se dice sobre el panga, es que apenas aporta nutrientes. ¿Es esto cierto?

Los aspectos nutricionales más destacables de cualquier pescado son principalmente su contenido en ácidos grasos insaturados (los famosos omega 3) y sus proteínas (además de vitaminas y minerales). Como sabrás, los pescados azules, como el atún, tienen una mayor cantidad de grasa, y por lo tanto de ácidos grasos omega 3, por lo que en este sentido son más apreciados que los pescados blancos como la merluza, o como el panga.
Aprovecho para recordarte que si eres una persona sana y tu dieta es equilibrada, no
necesitas tomar suplementos como los que aparecen en esta imagen. (Fuente)
Si comparamos el panga con otro pescado blanco, como la merluza, encontramos que, según el artículo de la OCU que ya hemos mencionado:
Esta composición del panga se debe muy probablemente tanto a las características propias de la especie, como a la dieta y al método de producción.

CONCLUSIONES
Como acabamos de ver, la polémica que rodea al panga se debe a muchos motivos. Algunos de ellos están relacionados con el sector pesquero, otros con aspectos medioambientales, con aspectos higiénico-sanitarios y con aspectos nutricionales. Si nos centramos en estos dos últimos, que son los que más nos interesan en un blog como este, podemos decir, siguiendo los consejos de la OCU y de la AESAN, que:

- el panga puede presentar ciertos contaminantes, como mercurio o pesticidas, aunque en cantidades que no son preocupantes. Por ese motivo un adulto no debería consumirlo más de una vez por semana, mientras que un niño no debería consumirlo más de una vez cada dos semanas.

- el panga contiene muy poca cantidad de proteínas si lo comparamos con otros pescados, por lo que deberías alternar su consumo con el de otras especies más nutritivas.

Fuentes