Mostrando entradas con la etiqueta TTIP. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta TTIP. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de febrero de 2016

¿Por qué la Comisión no legisla los contaminantes hormonales? Respuesta en “Un asunto tóxico”

Está claro que para los lobbies de la industria química los disruptores endocrinos son un negocio. ¿Pero dónde está el negocio para la Comisión? Te presentamos el informe “Un asunto tóxico” que desvela los mails intercambiados entre los representantes de la industria y las personas que “velan” por nuestra salud.

Ecologistas en Acción trae a España a la periodista Stèphane Horel, para presentar la traducción al español de su famoso informe “Un Asunto tóxico”, que saca a la luz la trama de intereses entre la industria y miembros de la Comisión en cuanto a los contaminantes hormonales.

Descarga el Informe “Un asunto tóxico” aquí.

Cuando en 2013, la Dirección General de Medio ambiente de la Comisión cumplió su obligación de definir qué criterios tienen las sustancias disruptoras endocrinas (EDCs), para eliminarlas del mercado, la industria química y de plaguicidas, con BASF y Bayer a la cabeza, se pusieron en pie de guerra.

Los ataques de la industria han sido feroces: subvencionar estudios que desacrediten las investigaciones científicas independientes, presionar a la DG de Medio Ambiente desde otras Direcciones Generales de la Comisión, como la de Salud (aunque parezca increíble) y como no, crear alarma social sobre el daño económico que puede producir la eliminación de los disruptores endocrinos de sus productos. Para solucionar esta alarma, nada mejor que un largo estudio de impacto socio-económico que terminará, con suerte, este verano de 2016.

Todo, con tal de retrasar la legislación de los disruptores endocrinos lo suficiente como para que entre en vigor el TTIP. Para este tratado, la legislación de los EDCs será una “barrera comercial” ya que no existe en EEUU.

Ése será el golpe final para que sustancias tóxicas sospechosas de causar cáncer y otras graves enfermedades sigan como ingrediente de productos de uso diario de estas industrias.

En mitad de la negociación del TTIP, creemos que es una gran oportunidad poder debatir con la autora de esta investigación, aprovechando la presentación de su investigación en castellano. La presentación será el día 9 de febrero en Madrid y el 10 en Barcelona, con entrada libre. Además de la autora, en Madrid podremos debatir con eurodiputados y en Barcelona se hablará de las opciones legales que tenemos.

Aquí puedes ver los programas de la presentación:

En Madrid, el día 9


En Barcelona, el día 10:

viernes, 2 de octubre de 2015

¿Qué tiene que ver el escándalo de Volkswagen con el TTIP?

  • Ahora se comprenden las presiones de ciertos lobbies para que se reduzcan los controles de emisiones de CO2
01/10/2015

Una multinacional ha admitido que ha engañado a la agencia de Estados Unidos encargada de la protección del medio ambiente. Da igual si además es la mayor constructora de automóviles del mundo o si los 11 millones de vehículos sobre los que ha cometido el fraude ascienden a la misma cifra de coches que EE UU producen en un año. De fondo, tras el escándalo mediático, está la impunidad con la que operan las corporaciones en el mercado. La evidencia más clara de que quienes se encargan de generar la riqueza -que debería desembocar en bienestar- se dedican a anteponer sus beneficios delante de la salud humana y la protección del clima. Es también el fin del argumento liberal establecido, por el cual, hacer el bien para uno mismo sin que nadie intervenga en la economía es positivo para todos.

¿Hacia dónde conducimos nuestra sociedad si permitimos que los que la destruyen marquen las reglas de juego? Buena parte de los desmanes que cometen a diario nuestras empresas se pueden asociar sencillamente con el TTIP, porque ésta es la más nueva de las herramientas para hacer que las corporaciones sigan campando impunes a sus anchas.

La negociación del tratado de libre comercio (es la palabra que usa el capitalismo para definir la desigualdad) no es un fenómeno ad hoc que haya nacido de la nada. Es obvio, pero hace falta decirlo. El TTIP es la rama que se extiende aún más en un árbol cuyo tronco ha sido plantado, regado y consolidado por el poder de las grandes empresas desde hace tiempo.

Para tratar de alejar esta crítica de la demagogia habitual con la que se erigen las voces discordantes contra el TTIP, cabe señalar que aún no hay nada escrito. Todo son conjeturas y filtraciones. Por lo tanto, la única forma de desmontar este Tratado Neoliberal es exponer hacia dónde nos ha llevado hasta ahora el modelo que se quiere perpetuar.

Del fraude a la mesa de negociación del TTIP

Qué duda cabe de que los intereses de Volkswagen están bien representados en el TTIP. La Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles (ACEA, por sus siglas en inglés), de la que VW forma parte, es una de las voces con más autoridad en la mesa de negociación. De hecho, es la cuarta asociación de lobby que más reuniones ha tenido con la Comisión Europea para tratar aspectos relacionados con el tratado: 16. La segunda, si excluimos a lobbies de carácter transnacional como Business Europe o el Transatlantic Business Council, en cuyas filas también se encuentra VW. Aquí ya se han expuesto algunas de las normativas sobre emisiones de CO2 que Business Europe ha tratado de bloquear, ahora sabemos que en beneficio de marcas como la alemana.

Volkswagen no es un caso aislado, a pesar de que la ACEA tratara de negarlo en una nota de prensa de septiembre. El lobby de la industria del automóvil forma parte de un entramado mucho grande de sectores que presionan en favor del TTIP. Como evidencian los datos del imprescindible Corporate Europe Observatory, por cada 100 reuniones que la Comisión tuvo con lobbies de la industria durante el 2014, sólo 10 se produjeron con grupos que representan a la sociedad civil.

Es preocupante que la Comisión Europea, encargada de negociar el TTIP con EE UU, pida consejo para cerrar un Tratado que involucra a 800 millones de consumidores a los representantes de las empresas que les venden coches de forma fraudulenta.

En 2014, la ACEA pidió a Estados Unidos y la Unión Europea “un acuerdo comprensible en relación al TTIP”. En el diccionario empresarial, esto se resume en no “poner más trabas” y hacer la vista gorda en emisiones de C02. La ACEA trató de demostrar la equivalencia en el nivel de seguridad de los vehículos a ambos lados del Atlántico. Algo que ya parecía difícil tras el escándalo de General Motors por el que la marca estadounidense tuvo que retirar del mercado 11 millones de coches tras un fallo en sus sistemas de seguridad que provocó la muerte de decenas de personas. Ahora, aún más.

El fraude de Volkswagen pone en jaque las negociaciones del TTIP

Los argumentos de la industria automovilística europea para defender el TTIP también carecen de validez desde que Estados Unidos identificó el fraude de Volkswagen, y no la Unión Europea. “Las normas de seguridad a ambos lados del atlántico han demostrado con sus resultados ser equivalentes.
Por ello debemos ser capaces de ponernos de acuerdo sobre el reconocimiento mutuo y aspirar a la armonización”, decía la ACEA a principios de año.

En realidad dicha afirmación no es cierta. En la UE, la Comisión Europea establece las normas generales de emisión y los fabricantes de automóviles, a continuación, envían sus coches a un organismo de homologación nacional de su elección. Una vez certificado , el coche puede ser enviado al distribuidor y nunca se prueba de nuevo. En los EEUU, los coches son sometidos a tres pruebas más estrictas.

Precisamente en el marco del TTIP, el Pew Research Center hizo una encuesta sobre la posibilidad de armonizar regulaciones. El resultado genera más división aún. Sólo 2% de los alemanes afirma confiar en los estándares ambientales americanos y el 96% se opone también a las normas de seguridad de sus coches.

Regulaciones ambientales a la baja

No sólo en lo que respecta a la seguridad de los vehículos hay división, también en la armonización de regulaciones ambientales que proponen Estados Unidos y la Unión Europea en el marco del TTIP. La UE dice que no cederá y que su posición en relación al clima es “ambiciosa”, pero el país encabezado por Obama tiene otra idea de lo que significa esa palabra.

Por ejemplo, en el marco de las negociaciones sobre la conferencia mundial del clima que se celebrará en París en noviembre, el choque entre la UE y EEUU es abrumador.

La Unión Europea se ha comprometido para 2030 a reducir sus emisiones en un 40 por ciento en comparación con los niveles de 1990. Además, quiere reflejar su ambición con un acuerdo que sea jurídicamente vinculante. No obstante, EEUU no ha podido prometer nada más que una reducción de sus emisiones en un 26 por ciento, pero en relación a los niveles de 2005, cuando sus emisiones eran un 40% superiores a 1990.

Parte de legislación europea en relación al clima, a Estados Unidos le parece una “barrera comercial” que abolir; lo dijo en un informe de 2014.

La justicia no es igual para todos

El Departamento de Justicia de Estados Unidos podría llevar a cabo una investigación criminal sobre Volkswagen por su fraude. También Alemania y otros países estudian abrir una investigación contra la marca. Los juicios, por supuesto, se desarrollarían en cortes nacionales o europeas. Algo muy distinto a lo que ocurriría si Volkswagen o cualquier otro inversor decidiera demandar a un Estado a través del mecanismo de ISDS que quiere incluir el TTIP.

El ISDS, por muchos cambios de nombre que haga la Comisión, plantea tribunales de arbitraje internacionales paralelos a los juzgados nacionales o europeos. Se trata de dotar a las corporaciones de mayores ventajas a la hora de reclamar daños sobre sus inversiones que a los ciudadanos a la hora de denunciar, por ejemplo, el escándalo de Volkswagen.

¿Hay algún tribunal específico que permita a los ciudadanos afectados por el fraude de VW demandar a la compañía en una instancia judicial privada sin posibilidad de recurso y sin hacer público el proceso judicial? No, en cambio, una compañía que esquiva los controles medioambientales en 11 millones de vehículos diésel de todo el mundo, si podría utilizar el arbitraje privado para demandar a un Estado si cree que ha legislado en contra de sus beneficios.

El escándalo de Volkswagen, como señalaba el portavoz de los verdes Florent Marcellesi, muestra que las corporaciones no dudan en saltarse la ley si es necesario. La salud de los ciudadanos y la protección del medio ambiente no puede ser una barrera comercial que abolir.

domingo, 2 de agosto de 2015

TTIP: La Carne que nos matará

SIN CONTROL EN EL USO DE ANTIBIÓTICOS

Javier Guzmán | Las grandes empresas cárnicas estadounidenses necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala.
Las últimas décadas el consumo de carne a nivel mundial no ha parado de crecer; desde 44 millones de toneladas en 1950 a 284 millones de toneladas en 2009 y todo indica que seguirá incrementándose en los próximos años.

Este aumento de consumo de carne lleva obviamente aparejada un aumento de la producción animal, lo cual genera enormes problemas de sostenibilidad, consumo de agua y de competencia directa con el derecho a la alimentación de millones de personas. Así se estima que un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal.
Un 35% de la cosecha de grano del mundo (760 millones de toneladas) es utilizada con fines de producción animal 
El sector cárnico, en las últimas décadas y de forma paralela, ha sufrido una enorme transformación marcada por una mayor industrialización y verticalización del sistema de producción. Así vemos cómo en pocos años este proceso ha hecho desparecer silenciosamente miles de granjas familiares y la aparición en su lugar de factorías o fábricas de producción animal, cada vez más grandes y por eso es cada vez más frecuente encontrarse en la prensa el fenómeno de las mega granjas, con cientos y miles de animales. En este momento solo las cuatro primeras empresas cárnicas controlan el 85% del mercado mundial.


EL USO DE ANTIBIÓTICOS

Pero para que este despropósito de factorías de miles animales hacinados haya sido posible es imprescindible contar con la inestimable ayuda de los antibióticos, el consumo del cual no ha hecho nada más que crecer.

Las sustancias antimicrobianas se emplean en veterinaria con fines terapéuticos y profilácticos para tratar infecciones. Pero los antibióticos también pueden ser empleados en producción animal por otras dos razones, además de la curativa. Las dos razones son la preventiva y como promotores de crecimiento. Las condiciones de la ganadería industrial ha provocado un grado variable, pero existente, de inmunosupresión en los animales haciéndolos más propensos a enfermar.

Tal es su importancia que el aumento masivo y global de la producción de carne en factorías se prevé que en el año 2030 su uso se habrá incrementando en un 67%, lo que representa una "amenaza para la salud pública", según afirma un estudio recientemente publicado en el Proceedings of the National Academy of Scientists (PNAS) de Estados Unidos.

El uso de antibióticos se duplicará en Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) debido a la transformación de su sector hacia sistemas intensivos de producción.El estudio afirma que el uso de antibióticos ya está dando lugar a una crisis de resistencia a los antibióticos en los EE.UU. y en la Unión Europea.

Según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (año 2012), la resistencia de la bacteria Salmonella spp. aislada de los casos que han afectado a humanos, se sitúa cerca del 50% para los antibióticos más utilizados. Es decir, que la mitad de la veces que alguien enferma de Salmonella y es tratado con antibióticos, estos no funcionan. La media europea se sitúa entre un 25 y un 30% en función del antibiótico. En el caso de Campylobacter, las cepas aisladas en los casos que han afectado a humanos, vemos que más del 80% de las cepas aisladas que afectaban a humanos en España eran resistentes a los seis antibióticos más usados. Y finalmente, analizando las cepas de Escherichia coli aislada en los casos de contaminación de alimentos vemos que para la carne de pollo la resistencia rondaba el 30% y para la carne de cerdo el 25%. No solamente la EFSA confirma esta situación, así según datos del atlas mundial de la OMS, en España la tasa de Escherichia coli (responsable, por ejemplo, del 80% de infecciones urinarias) es resistente al 34,5%.

En la Unión Europea la Directiva 1831/2003 prohibió los llamados Antibióticos Promotores del crecimiento en Europa a partir del 2006. Es decir, no se pueden administrar estas substancias (normalmente a través del agua de bebida, pienso o a través de implantes subcutáneos en los animales) en la producción animal europea. Aún así según el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades calcula que la resistencia a los antibióticos provoca cada año 25.000 muertes.

Aunque, como vemos, la situación europea dista de ser ideal, sí es cierto que se han dado pasos importantes en el control del excesivo uso de antibióticos para ganadería. Lo que nos encontramos en EE.UU respecto de los antibióticos promotores del crecimiento, por el contrario, ha sido, y es, muy diferente. Los antibióticos son usados de forma rutinaria en la producción animal estadounidense, como se habían estado en la UE antes de 2006. De acuerdo con la FDA, aproximadamente el 80% de todos los antibióticos usados en los Estados Unidos se destinan a ganadería y solamente el 20% a la salud humana.

De estos datos se podría desprender que estamos frente a los efectos colaterales de un proceso de evolución normal del sector, pero nada más lejos de la realidad. En verdad son el resultado directo de la aplicación de políticas públicas con el objetivo de favorecer los intereses de grandes corporaciones cárnicas. Así en Estados Unidos el número de factorías de vacuno lechero se ha doblado (incremento del 93%) en la última década y actualmente agrupan a más de 5 millones de vacas. Una media de 650 vacas, cada día, han pasado a ser criadas en este tipo de explotaciones ganaderas.

El número de animales destinado a vacuno de carne en granjas factoría (los famosos feedlots) agrupan a más de 14 millones de animales, añadiendo 1.100 animales cada día en la última década a estos sistemas de producción. La media de una granja de feedlot en EEUU es de 3.800 animales.

Por lo que respecta a la producción de carne de cerdo, en una década se han incrementado un 36% el número de granjas factoría y actualmente más de 65 millones de cerdos se producen en este tipo de granjas. 4.600 animales, cada día, han pasado a engrosar las filas de este tipo de producción. El tamaño medio de las granjas se ha incrementado un 42% y actualmente es de 5.200 animales.

EL TTIP, UNA AMENAZA PARA LA SALUD PÚBLICA

Estas grandes empresas necesitan ahora una vuelta de tuerca más. Se trata del ensanchamiento del mercado, y a esto es a lo que responde el TTIP, que tiene como uno de sus ejes fundamentales, no tanto el “abrir” fronteras a los alimentos estadounidenses, sino “abrir” los órganos reguladores agroalimentarios europeos. Se trata por tanto de eliminar las barreras reguladoras que limitan los beneficios potenciales de las corporaciones transnacionales a los dos lados del Atlántico.

Para mantener sus enormes beneficios necesitan urgentemente derribar las restricciones al uso de antibióticos en Europa y así poder comercializar y producir a mayor escala, eso sí, externalizando el coste de los perjuicios causados en la salud de la población. Y es ni más ni menos que asuntos como este lo que se está ahora mismo negociando entre Estados Unidos y la Unión Europea. Es imprescindible y urgente por tanto que los ciudadanos sepamos lo que nos estamos jugando en este acuerdo y reaccionemos. Si no somos capaces de hacer descarrilar este tratado en los próximos meses sufriremos consecuencias que ni siquiera podemos llegar a imaginar.

Javier Guzmán
Director de VSF Justicia Alimentaria Global

viernes, 17 de julio de 2015

¿A favor de quién regula la UE la alimentación ecológica?

“No se trata pues de un debate técnico de normativas, se trata en realidad de una de las grandes batallas de la alimentación del futuro”, sostiene el autor

17 julio 2015

En Europa se está debatiendo una nueva legislación para regular la alimentación ecológica de una forma más restrictiva. Parece que el principal argumento que se ha dado para abrir este debate son las actuales deficiencias en el sistema de control de este tipo de alimentación, pero lo que en realidad esconde es una batalla política por el control del sector. Según como acabe esta nueva legislación se podría favorecer los intereses de las grandes empresas y expulsar al campesinado.

Los últimos años en España y en el resto de Europa existe una tendencia cada vez mayor por la alimentación ecológica. Se trata de una cambio de tendencia profundo que está modificando la actitud y comportamiento de amplios sectores de consumidores hacia la alimentación. España se ha convertido en el país con mayor superficie de la UE dedicada a la producción ecológica, con 1,6 millones de hectáreas de cultivo.

El factor clave para entender este cambio de patrón está en el valor social en aumento de la salud y su relación estrecha con la alimentación. Hace no muchos años la agricultura ecológica estaba denostada no solo por los grandes operadores de la alimentación, sino por los medios de comunicación y arrinconada por la propia Administración pública. La última década se han producido cambios profundos, por una lado el avance del modelo agroecológico en la institucionalidad por parte fundamentalmente de la FAO, que ha puesto este modelo como una de las líneas estratégicas fundamentales para luchar contra el hambre y el cambio climático, y por otro el aumento de iniciativas locales de productores y consumidores que han ido ensanchando esta alternativa a la alimentación industrializada en manos de grandes corporaciones.

La producción ecológica por tanto ha germinado y se ha desarrollado desde los modelos de agricultura local y de pequeña escala, aún con las numerosas trabas impuestas por la propia administración pública, especialmente en España, que en su negativa de adaptar la normativa europea sobre las medidas higiénico sanitarias, como si han hecho otros países, ha estancado su crecimiento. Imponiendo la misma normativa a cumplir por ejemplo a una quesería artesana que a una industrial, con el objetivo último de favorecer a las grandes empresas e impedir el crecimiento de competencia en un territorio dónde las multinacionales no pueden competir. Cabe recordar que países como Italia o Francia, alrededor el 20% de las explotaciones hacen venta directa, en España apenas llegamos al 3%.

Esta tendencia por la alimentación ecológica ha sido analizada como no podía ser de otro modo por las propias multinacionales de la alimentación industrial y están de una manera clara desarrollando estrategias de marketing, productos, narrativas etc. para suplir esta demanda, aprovechando su fortaleza en cuanto a capacidad de promoción y medios de comunicación así como de la debilidad de canales propios de distribución de la agricultura local. Pero aun así, los grupos y cooperativas de consumo se han ido expandiendo, cada vez podemos encontrar más tiendas, mercados etc..

Por tanto la estrategia se le ha quedado corta a la industria y ahora necesita ir más allá. Para ellos sería perfecto que existieran nuevas regulaciones, adaptadas a sus características y que favorezcan su modelo de producción y suponga una gran barrera para la expansión de los sistemas alimentarios locales basados en la soberanía alimentaria. Ahora que nos encontramos con la iniciativa de la UE de lanzar un nuevo reglamento sobre la producción ecológica las presiones de la industria serán enormes.

Ellos saben perfectamente que no se trata pues de un debate técnico de normativas, se trata en realidad de una de las grandes batallas de la alimentación del futuro. Se trata de dirimir en manos de quién queda la alimentación del futuro, del campesinado y los consumidores o en manos de las grandes corporaciones como hasta ahora.

Javier Guzmán es director de VSF Justicia Alimentaria Global

martes, 16 de junio de 2015

TTIP Transgénicos, anabolizantes, hormonas y otras “delicias” del paraíso

Brillantes reflexiones de Miguel Blanco, secretario general de COAG, sobre el asunto del TTIP.

Se nos trata de demagogos y radicales cuando nos oponemos frontalmente al contenido ( por lo que conocemos en materia de agricultura y alimentación) del Tratado de Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión entre la Unión Europea y Estados Unidos de América (TTIP), que se está negociando en estos momentos.
Los apóstoles de la desregulación globalizada de los mercados que predican la religión del máximo enriquecimiento posible, ocultando sus demonios especulativos y depredadores, nos anuncian el paraíso donde ya nos esperan quienes lo han alcanzado, entre santos y Monsantos. Siempre que no se lo estropeemos un poco, cuatro ignorantes alarmistas dedicados a asustar a la ciudadanía de este mundo.


¿Cómo puede ser malo un tratado que crearía el área de “libre” comercio más importante de la historia y de la actualidad, en volumen comercial, representando el 60% del PIB mundial? ¿A quién se le ocurre pensar en negativo, ante un crecimiento previsible del PIB comunitario de 120 mil millones de euros anuales y un aumento del valor del comercio transatlántico de medio billón de dólares al año? Y además con el añadido geoestratégico y geopolítico de hacer frente a otros paraísos emergentes como es el caso de China.


Pensar… sí que pensamos que estas estrategias y macro-magnitudes extraordinarias solo están a la altura de quienes las pueden digerir. Y experiencia sí que tenemos respecto a quienes se zampan todas las cifras del mundo mundial, engordando sin freno.
Y como simple consideración traigo a la memoria una cifra para algo de reflexión. Los defensores a ultranza del Tratado UE/EEUU argumentan en su favor la extraordinaria creación de nuevos empleos, algo fundamental estando tan necesitados en Europa y por descontado en nuestro país. Resulta que un Tratado que engloba la mayor parte de los sectores económicos podría generar en las próximas décadas 400.000 nuevos puestos de trabajo en la UE. Aparte de las consecuencias en cuanto a nuevas regulaciones para los trabajadores, se antojan pocas expectativas laborales nuevas. ¿Sólo cuatrocientos mil? ¡Es una previsión oficial! ¿Tanto tratado para tan poco beneficio laboral y social? ¿Quién va a engordar entonces, zampándose las estupendas macro-magnitudes del Tratado? El conjunto de la ciudadanía, no. Nosotros tampoco.


El sector agroalimentario es una parte pequeña dentro del conjunto de las negociaciones, pero esencial y estratégico para la ciudadanía pues está en riesgo la calidad y seguridad de nuestra alimentación diaria, están en juego un modelo alimentario y agrario sostenibles y de carácter social,  la preservación del medio ambiente y rural, nuestra propia capacidad de decisión y por lo tanto el objetivo de soberanía alimentaria.


El sector agrario y alimentario resulta estratégico también por ser la nueva burbuja especulativa y depredadora de los grandes fondos de inversión, las grandes cadenas de distribución alimentaria y las multinacionales agroexportadoras y biotecnológicas, que presionan a los gobiernos a favor de políticas desregulatorias de los mercados mundiales, que les permitan operar a sus anchas, extendiendo su control y dominio absoluto sobre la producción y el comercio de los alimentos. Su presión es feroz a favor de TTIP, del Tratado Transatlántico.


Parece, en medio de la gran opacidad de las negociaciones, que quieren concluir el proceso negociador en el presente año 2015. Y parece que se están negociando en materia agroalimentaria incluso las líneas que responsables comunitarios consideran “líneas rojas”. Es decir aquello que la ciudadanía, de manera ampliamente mayoritaria, no aceptaría… Se está negociando. Por ejemplo, los estándares de seguridad alimentaria europeos, muy superiores a los americanos y que deben constituir una línea de defensa que no se debe traspasar. Pues bien, si se negocian no es para imponérselos a los EEUU sino para acordar mayor “flexibilidad”.


¿Están convencidos acaso los comisarios de la Comisión Europea, los presidentes y ministros del Consejo y los europarlamentarios del Parlamento Europeo, que los ciudadanos de la Unión están deseando que se abran nuestros mercados alimentarios a las carnes hormonadas con anabolizantes autorizadas en EE.UU.? ¿O a los productos lácteos elaborados con leche producida con la inyección a las vacas de la hormona rBST, para multiplicar la producción, como se hace en América? ¿O los pollos y otras carnes cloradas, para su higienización? ¿O a la sarta de antibióticos inoculados a los animales,  aquí prohibidos y allí autorizados? ¿O a la entrada de un aluvión de productos transgénicos y la autorización masiva de su producción en Europa, tumbando el principio básico de precaución? ¿Y qué me dicen también del recorte en nuestra normativa higiénico-sanitaria de bienestar animal y de trazabilidad de los alimentos?
¿También desean los ciudadanos europeos que nuestras producciones de calidad diferenciada con Denominaciones de Origen, Indicaciones Geográficas Protegidas, Lábeles de Calidad y otras figuras, no sean reconocidas por EE.UU. y no se respeten sus códigos de calidad, sus normas y sus denominaciones en aquellos mercados, pudiendo fusilarlos a través de simples marcas sin condiciones, ni garantías?


Es decir, los responsables políticos e institucionales de la Unión Europea… ¿consideran que los ciudadanos desean una deriva del modelo alimentario y de producción agraria, al servicio de los intereses mercantilistas y especulativos de multinacionales sin escrúpulos, en lugar de avanzar hacia una mayor calidad, seguridad, y sostenibilidad alimentarias?
¿Qué los ciudadanos se traguen los anabolizantes mientras que un puñado de brokers de fondos de inversión se forran? ¿O quizás van a ser tan falsarios e hipócritas de establecer un doble rasero? Aquí, exigir producciones con los mayores estándares de seguridad y luego sálvese quien pueda en un mercado en el que todo vale.


Este Tratado se tiene que aprobar en el Parlamento Europeo y en cada uno de los 28 parlamentos de los países miembros. Veremos si los parlamentarios responden con su voto a los deseos y necesidades de la ciudadanía o si por el contrario se entregan a otros intereses más poderosos y mucho más beneficiosos, para algunos. En nuestro país se retratarán en el Parlamento, los que ahora tan vehementemente levantan la voz en los innumerables mítines electorales, repartiendo promesas a diestro y siniestro. Vamos a ver, en Bruselas y aquí, qué es lo que cumplen.

Miguel Blanco, Secretario General de COAG