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viernes, 12 de septiembre de 2014

LA DECISIÓN DIFICIL DE FUKUSHIMA

Han pasado ya 6 días desde que llegué a Madrid.

Pero el calor intenso que queda todavía me impide volver a la normalidad. O quizá por las gafas nuevas que hice con nueva graduación....Con el síndrome de posvacaciones estoy.

¡Cojones! Me tengo que espabilar.
Hoy 01 de Septiembre fukushima ha aceptado oficialmente la construcción del almacén temporal de los residuos y las tierras contaminadas en Okuma y en Futaba. Se lo ha informado al primer ministro Shinzo Abe el gobernador de Fukushima junto a los alcaldes.

Una cosa que hoy los medios extranjeros escribían que Fukushima ha aceptado el cementerio nuclear en su tierra. Me ha hecho enfadar porque mi pueblo ni nadie del pueblo no lo considera como el cementerio nuclear. Debo desmentirlo rotundamente.

Tras 3 largos años de negociación con el gobierno central han conseguido la inyección económica de 301.000.000.000 de yenes para la reconstrucción de Fukushima. 85.000.000.000 de yenes para estos 2 pueblos.

Insistiendo que nos prometa sacar de Fukushima estos residuos en 30 años. 

En estos días las noticias de mi pueblo Fukushima comenzaba por este tema tan definitivo y doloroso.

En casa de mis padres guardan 2 sacos de tierras contaminadas que sacaron los señores de descontaminación el Noviembre del 2013 mientras estuve yo. Al lado del tendedero de las ropas que usa todos los días mi cuñada para las ropas lavadas de mis sobrinos.

Algo parecido guardan en 53.000 casas y conviven con estos sacos. Aparte hay 900 pre-almacenes esperando a que los lleven al almacen temporal que Fukushima acaba de aceptar. Sólo contando los residuos fuera de la zona limitada, 2.160.000 metro cúbicos y 260.000 toneladas guardan ahora mismo Fukushima. Todo ésto tiene que terminar cubriendo la tierra de esos 2 municipios. 

Mi hermana y mi cuñado con su hija pequeña vivía dentro de la zona de construcción.

3000 personas vivían en 16 kilómetros cuadrados. ¡Que suerte! Dicen los vecinos que vivían fuera de este terreno. Porque los propietarios de este terreno tendrán derecho de negociar directamente con el gobierno por el precio de venta o de alquiler.

Envidia cochina que te impresiona en estas alturas del asunto.

Un punto que lamentamos mucho.

La lucha autentica para ellos acaba de comenzar.

La semana pasada hubo una noticia buena en Fukushima.

Ganó en el juicio la familia que perdió la mujer de 58 años en el mes de Junio de 2011.

La mujer se echó la gasolina encima y perdió la vida en su jardín cuando volvió a su casa con el permiso. Su familia demandó a la empresa Tepco como responsable de su suicidio. El juez del tribunal de Fukushima dictó la sentencia a favor de la familia relacionándolo con el accidente nuclear del Marzo del 2011.

Menos mal que se hizo la justicia. Ahora descansará la mujer dijo su marido.

Dicen que hay 4 casos de suicidio más en juicio a la espera de su sentencia.

La familia y su abogado han visitado al cede central de Tepco entregando la carta de suplico que dice 'Visite a nuestra casa actual y pídanos una disculpa oficial. No se atreva llevarlo a apelaciones.'

Hoy 4 operarios de la central nuclear de Fukushima Dai-ichi demandaron a la misma empresa Tepco por sus condiciones lamentables de trabajo. Por supuesto pueden perder su trabajo por haber demandado. Lo han hecho como si fueran unos Kamikaze pensando en los futuros trabajadores. Dijo uno de ellos 'Si no hacemos ahora, las próximas generaciones tendrán que seguir trabajando con las mismas condiciones que nosotros. No lo podemos consentir.'

Ellos pertenecen a las pequeñas empresas subcontratadas y se dedican a instalar las tuberías de la central. Tras una revisión de las condiciones de operarios que hicieron Tepco el año pasado subieron el plus de peligrosidad 10.000 yenes cada persona. Pero nunca llega a sus manos de estos operarios. 

Hace falta 3000-6000 operarios cada día para seguir las tareas necesarias de desmantelamiento. Está claro que Tepco no se lo toma en serio.

El sistema de contratación personal de Chernobyl era mucho más claro y comprensible.

El país contrataba directamente sin tener ninguna empresa intermediaria y el chequeo de salud de operarios también hacía el país directamente. A lo mejor por el régimen de aquel entonces.

Creo que en Fukushima hace falta este tipo de sistema aprendiendo de la historia.

La decisión que ha tomado mi pueblo esta vez era sin duda imprescindible y difícil.

Pero lo que no hay que olvidar es que muchas personas van a sacrificar su tierra para la reconstrucción de Fukushima como mi hermana y su familia.

Un afectado de mismo pueblo de Okuma mantenía la tierra de sus 6 antecedentes durante 250 años. 

Decía 'Bajo ningún concepto entregaba mi tierra a ellos. Pensaba en principio de este asunto. Pero cada vez que veía un montón de sacos de residuos contaminados empecé sentirme culpable de estar en contra de la construcción del almacén temporal. A lo mejor estoy impidiendo la reconstrucción de Fukushima. Todavía estoy muy confuso'.

Sus palabras resumen los pensamientos de estos pueblos afectados. 

En Fukushima buenas noticias no vienen nunca solas.

La central hace unos días ha tenido problema de la caída de un escombro que pesaba 400 kg. Por un fallo de operación de una grúa remoto cayó a la piscina de los combustibles usados del reactor 3. 

Dicen que no ha subido el nivel de radiactividad. Mentira.

El resultado del plan de bypass, del subterráneo al océano sigue no dar buen resultado.

Tepco dice que hay que esperar unos meses más.

Yuhei Sato, el gobernador de prefectura de Fukushima se jubilará sin presentarse a la próxima elección del mes de Octubre tras haber llegado a un acuerdo con el gobierno central por el asunto de almacenes temporales de los residuos.

Dice que está muy cansado.

Él tiene opción de jubilarse y vivir tranquilamente.

Pero los que viven refugiados siguen viviendo en las viviendas temporales.

lunes, 23 de junio de 2014

Los niños de Fukushima se están muriendo

Publicado en: jun 21 2014 – por Mandarina

Las noticias sobre la central nuclear solo pueden ir a peor
Harvey Wasserman. Ecowatch.com⎮Rebelión⎮21 junio 2014

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Treinta y nueve meses después de las múltiples explosiones de Fukushima, las tasas de cáncer de tiroides entre los niños que viven en los alrededores se han disparado más de cuarenta veces por encima de lo normal.

Más del 48% de los 375.000 de los jóvenes –casi 200.000 niños- examinados por la Universidad Médica de Fukushima en los alrededores de los llameantes reactores sufren ahora trastornos precancerosos de tiroides, sobre todo nódulos y quistes. La tasa está acelerándose.

Se están registrando más de 120 cánceres infantiles donde antes se registraban sólo tres, dice Joseph Mangano, director ejecutivo del Proyecto Salud Pública y Radiación.

La industria nuclear y sus defensores continúan negando esta tragedia sobre la salud pública. Algunos han llegado incluso a afirmar que “ninguna persona” se ha visto afectada por las liberaciones masivas de radiación de Fukushima que, en relación con algunos isótopos, superó las de Hiroshima en un factor de casi 30.

Pero la mortal epidemia de Fukushima es consistente con los impactos sufridos por los niños que se encontraban cerca de Three Miles Island cuando ocurrió el accidente de 1979, y de la explosión de Chernobil de 1986, así como respecto a lo descubierto en otros comerciales reactores.

La Comisión de Seguridad Nuclear de Canadá ha confirmado la probabilidad de que la energía atómica pueda causar ese tipo de epidemias, afirmando que en caso de un desastre en un reactor se produciría “un aumento en el riesgo de cáncer de tiroides infantil”.

Al evaluar las perspectivas de construcción de un nuevo reactor en Canadá, la Comisión dice que la tasa “aumentaría en un 0,3% a una distancia de doce kilómetros” del accidente. Eso supone la distribución de pastillas protectoras de yoduro de potasio y una urgente y eficaz evacuación, nada de lo cual se produjo en los casos de Three Mile Island, Chernobil o Fukushima.

Mangano ha analizado las cifras. A partir de la década de 1980, ha venido estudiando los impactos de la radiación producida por un reactor sobre la salud humana; empezó sus trabajos con el legendario radiólogo Dr. Ernest Sternglass y el estadístico Jay Gould.

En las declaraciones hechas por Mangano para Green Power & Wellness Show en www.prn.fm, confirma también que la salud general de las poblaciones humanas situadas en la dirección del viento mejora cuando los reactores atómicos se cierran y va en declive cuando se abren o se vuelven a abrir.

Los niños de las cercanías de Fukushima no son las únicas víctimas. El operario de la planta, Masao Yoshida, murió a los 58 años de un cáncer de esófago. Masao se negó heroicamente a abandonar Fukushima en lo peor de la crisis, salvando probablemente millones de vidas. A los trabajadores del reactor empleados por contratistas independientes –muchos dominados por el crimen organizado- no se les controla en absoluto la exposición a la radiación. Y la indignación de la gente va en aumento a causa de los planes del gobierno para obligar a las familias –muchas con niños pequeños- a volver a la región fuertemente contaminada que rodea la planta.

Tras su accidente de 1979, los propietarios de Three Miles Island negaron que el reactor se hubiera fundido. Pero una cámara-robot confirmó más tarde lo contrario.

El estado de Pensilvania acabó misteriosamente con su registro de tumores, después dijo que “no había pruebas” de que nadie hubiera muerto.

Sin embargo, una amplia gama de estudios independientes confirma las aumentadas tasas de mortalidad infantil y de exceso de cánceres entre la población en general. El Departamento de Agricultura de Pensilvania y periodistas locales confirmaron también el exceso de muertes, mutaciones y enfermedades entre los animales locales.

En la década de 1980, la juez federal Silvia Rambo bloqueó una demanda colectiva presentada por 2.400 personas que vivían en zonas alcanzadas por la radiación trasladada por los vientos, afirmando que no se había liberado radiación importante como para causar daño a nadie. Y, después de 35 años, nadie sabe cuánta radiación escapó ni dónde acabó. Los propietarios de Three Mile Island han pagado calladamente millones a las víctimas a cambio del secreto de sumario.

En Chernobil, un compendio de más de 5.000 estudios ha arrojado una cifra de muertos de más de un millón de personas.

Los efectos de la radiación en los más jóvenes en las zonas situadas a favor del viento de Bielorrusia y Ucrania han sido horrendos. Según Mangano, alrededor del 80% de los “niños de Chernobil” nacidos desde el accidente en esas zonas han sufrido una amplia gama de impactos que van desde defectos congénitos y cáncer de tiroides a enfermedades coronarias, respiratorias y mentales de larga duración. 

Los resultados indican que sólo uno de cada cinco de los jóvenes puede ser considerado sano.

Médicos por la Responsabilidad Social y la rama alemana de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear han advertido de problemas parecidos en los alrededores de Fukushima.

El Comité Científico sobre los Efectos de la Radiación Atómica de las Naciones Unidas (UNSCEAR, por sus siglas en inglés) ha emitido recientemente varios informes restando importancia a los impactos humanos del desastre. El UNSCEAR está interconectado con la Agencia Internacional de la Energía Atómica de la ONU, cuyo mandato promueve la energía atómica. La AIEA tiene orden de secreto de sumario sobre los hallazgos de la ONU acerca de los impactos sobre la salud provocados por el reactor. Durante décadas, el UNSCEAR y la Organización Mundial de la Salud han impedido que se conozcan los extendidos impactos sobre la salud de la industria nuclear. Fukushima ha demostrado no ser una excepción.

Como respuesta, los Médicos por la Responsabilidad Social y la rama alemana de la Asociación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear han refutado a través de diez puntos esas afirmaciones, advirtiendo al público de que la credibilidad de las Naciones Unidas ha quedado comprometida. El desastre “sigue avanzando”, dicen esos grupos y habrá que controlarlo durante décadas. “Las cosas podrían ir a peor” si los vientos que han estado soplando hacia Tokio se vuelven hacia el mar (y hacia EEUU).

Hay un riesgo en curso a partir de los productos radiados y entre los trabajadores del lugar porque no se están controlando ni las dosis de radiación ni su impacto sobre la salud. Las estimaciones de las dosis actuales no son fiables y hay que tener muy en cuenta los graves impactos de la radiación sobre el embrión humano.

Los estudios del UNSCEAR sobre la radiación de fondo son también “engañosos”, dicen los grupos, y deben llevarse a cabo nuevos estudios sobre los efectos de la radiación en la genética así como en las “enfermedades no cancerosas”. La afirmación de la ONU de que “no se esperan efectos discernibles sobre la salud relacionados con la radiación entre las personas expuestas” es “cínica”, aseguran los grupos. Añaden que las cosas pueden ir a peor por la negativa oficial a distribuir yoduro de potasio, que podrían haber protegido a las personas de los impactos en el tiroides de las liberaciones masivas del radioactivo I-131.

Además, las horribles noticias de Fukushima sólo pueden ir a peor. La radiación de los tres núcleos perdidos está aún vertiéndose en el Pacífico. El control de las barras de combustible gastadas en las piscinas suspendidas en el aire y esparcidas alrededor del lugar sigue siendo muy peligroso.

El régimen pronuclear de Shinzo Abe quiere reabrir los 48 reactores que quedan en Japón. Está presionando duramente a las familias que huyeron del desastre para que vuelvan a ocupar sus casas y ciudades irradiadas.

Pero Three Mile Island, Chernobil y la plaga de muerte y enfermedad que está surgiendo cerca de Fukushima dejan muy claro que el coste humano de esas decisiones sigue incrementándose y que son nuestros niños los que sufren primero y los que sufren lo peor.

Harvey Franklin Wasserman (1945) es periodista, escritor, activista por la democracia y defensor de las energías renovables. Ha sido uno de los estrategas y organizadores del movimiento antinuclear en Estados Unidos. Es editor de Nukefree.org y autor del libro Solartopia! Our Green-Powered Eart.


sábado, 17 de diciembre de 2011

Contaminación química, enfermedades y los efectos del accidente de Fukushima

Entrevista a Eduard Rodríguez Farré

Contaminación química, enfermedades y los efectos del accidente de Fukushima

Salvador López Arnal

Eduard Rodríguez Farré es doctor en medicina, farmacólogo y radiobiólogo, y profesor de fisiología y farmacología en el Instituto de Investigaciones Biomédicas de Barcelona (CSIC).

Actualmente es también miembro del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Instituto de Salud Carlos III y miembro del Comité Científico de la UE sobre nuevos riesgos para la salud. Autor de numerosas publicaciones sobre toxicidad de contaminantes ambientales, energía nuclear y salud, en esta entrevista examina los riesgos que entrañan los agentes químicos presentes en nuestra vida cotidiana y sopesa el verdadero alcance del desastre de Fukushima.

¿Qué son los xenobióticos antropogénicos?
Son los agentes químicos ajenos a la vida. En el mundo actual, la población está expuesta a una ingente cantidad de xenobióticos antropogénicos, ubicuos y de muy diversa naturaleza, presentes en el aire, el agua, los alimentos, el medio laboral, etc. Estos agentes químicos son capaces de dañar la salud humana y la biosfera.

¿Cuáles son las dimensiones reales de este problema?
La dimensión del problema se aprecia al considerar que en el último siglo y medio la química ha sido tan prolífica que ha generado alrededor de siete -¡siete!- millones de nuevas sustancias. De ellas, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, unas 100.000 se encuentran en uso actualmente, superando en muchos casos producciones anuales de millones de toneladas. Es el caso de los plaguicidas, los plásticos, los ftalatos, los colorantes, los aditivos, los neometales y un largo sinfín de productos cotidianos.

¿Cómo nos pueden llegar a afectar estas sustancias?
En un momento u otro del ciclo producción-consumo estos xenobióticos alcanzan la ecosfera, donde algunos permanecen durante décadas, diseminándose de forma irregular según los ciclos biogeoquímicos, y originando la insalubridad química que afecta a los humanos. Asimismo, contribuyen de forma importante a dicha insalubridad ambiental aquellos agentes químicos no producidos intencionalmente, como son los productos derivados de actividades industriales. Las dioxinas y furanos en la incineración de residuos o la biogeneración acuática de metilmercurio a partir de vertidos de mercurio son ejemplos de ello.

¿Conocemos bien sus efectos en la salud de las poblaciones?
El conocimiento de los efectos nocivos de estos agentes sobre la población constituye una cuestión central en salud pública, tanto desde una óptica científica (epidemiología, toxicología...) como desde el punto de vista de la sanitaria aplicada (protección, regulación, control...).

Las evidencias experimentales y epidemiológicas indican que ciertos efectos podrían desarrollarse como consecuencia de la exposición continuada a bajos niveles de xenobióticos, que pueden acumularse en el organismo de modo muy prolongado en el caso de ciertos productos: organohalogenados, metilmercurio, por ejemplo, cuya nocividad es conocida con frecuencia de forma sólo muy limitada.

Ahora bien, desde hace años se conoce que la exposición a agentes químicos concretos aumenta el riesgo de padecer determinadas patologías (cáncer, hepatopatías, nefropatías y trastornos neurológicos, entre otras). Sin embargo, recientemente se ha constatado que muchos xenobióticos contaminantes persistentes pueden inducir –en dosis muy bajas– efectos inesperados al interferir con los procesos de regulación hormonal (alteradores endocrinos) y de regulación génica (alteraciones epigenéticas) –como ocurre con las dioxinas y otros organohalogenados, los ftalatos, etc.–, incrementando las tasas de diabetes, trastornos reproductivos, ciertas neoplasias y diversos síndromes.

«En el último siglo y medio la química ha sido tan prolífica que ha generado alrededor de siete millones de nuevas sustancias. Unas 100.000 se encuentran en uso actualmente»

¿Qué significa exactamente que un agente químico sea tóxico?
Que afecta negativamente a las funciones de la vida. También son xenobióticos muchos medicamentos, por ejemplo. Xenobiótico, por sí mismo, sin más consideraciones, no implica toxicidad. Todo medicamento tiene su toxicidad también que depende de la dosis, de sus características y de otros aspectos. La mayor parte de sustancias, incluyendo aquí las naturales, pueden tener efectos beneficiosos cuando se incorporan en el organismo. Pueden tener ese tipo de efectos y también efectos nocivos, ambos a la vez. Los medicamentos, sean naturales, sean sintéticos, se administran para tratar una afección o corregirla, pero según como se usen tienen también efectos secundarios que son en realidad efectos tóxicos (depende mucho de la dosis y depende de las reacciones del sujeto).

Intentando ser más preciso: la toxicidad es la acción o interacción, como decía, de un agente químico con un organismo vivo y el resultado es un efecto que altera las funciones biológicas del organismo. Es a esto a lo que llamamos un efecto tóxico que puede determinar alteraciones metabólicas, causar alteraciones cerebrales y que incluso puede ser mortal.

Sobre lo que suelen llamarse las nuevas enfermedades, ¿qué papel juegan estas sustancias?
Probablemente la exposición a xenobióticos de diversa índole esté relacionada con la aparición, en creciente incidencia, de los síndromes de sensibilidad química múltiple, fatiga crónica, fibromialgia y similares, trastornos de reciente identificación.

Asimismo, suscitan recientemente gran atención los efectos de la exposición a determinados agentes neurotóxicos, en dosis bajas, durante el neurodesarrollo fetal, en especial, los efectos que la poliexposición en útero y perinatal sobre la maduración cerebral. El paradigma de estos efectos lo constituye la frecuente exposición a dosis bajas de metilmercurio durante el embarazo, vía el consumo de pescado predador: sin afectar a la madre, puede originar déficits neurocognitivos en sus hijos.

¿Existen niveles inocuos?
Para muchos agentes no se ha podido todavía definir cuál es el nivel inocuo – cuestión que origina notables discrepancias– en relación con las nuevas alteraciones identificadas. Es conveniente insistir en la importancia, en la necesidad de investigar con intensidad en estos campos desatendidos de la salud pública.

Hablabas antes del metilmercurio. ¿Qué importancia tiene como contaminante ambiental?
El metilmercurio se forma en el mar a través de los vertidos de mercurio inorgánico. Es uno de los problemas más fascinantes de contaminación ambiental. El mar Báltico está ultracontaminado, los grandes lagos de los Estados Unidos también. Aquí, en el Mediterráneo, a través del Ebro y el Ródano se vierten cantidades muy importantes de mercurio inorgánico de plantas electroquímicas y otras industrias. Flix es una referencia conocida.

La cuestión ambiental que importa destacar es que este mercurio inorgánico que tiene una toxicidad determinada bien conocida, clásica, se transforma a través de bacterias reductoras en mercurio orgánico, en metilmercurio, que pasa a las cadenas alimenticias y se va bioacumulando, acabando en el atún, en el pez espada, en el tiburón y demás peces situados en la cima de las cadenas tróficas. Hay que advertir a las mujeres embarazadas –antes he hablado de ello– de los efectos que puede tener sobre su descendencia, sobre todo en el neurodesarrollo.

«Evidencias experimentales y epidemiológicas indican que ciertos efectos podrían desarrollarse como consecuencia de la exposición continuada a bajos niveles de xenobióticos»

¿Desde cuándo se conoce esto que estás apuntando?
Es un conocimiento que tenemos bien establecido desde hace unos 15 años. A partir de 2000, con un estudio muy importante que se hizo en las islas Feroe por un epidemiólogo danés, Philippe Grandjean, se ha visto claramente que las madres que comían “ballena” piloto contaminada con metilmercurio tenían hijos con problemas cognitivos, problemas en el aprendizaje. No nacían con malformaciones ni se morían, pero sí eran niños con capacidades disminuidas respecto a las que eran esperables en la población.

¿Se sabe algo de lo que está ocurriendo en España con el metilmercurio?
Aquí, alrededor del 70% de las placentas superan las cantidades de metilmercurio consideradas aceptables. España, no lo olvidemos, es un país piscívoro, donde consumimos mucho pescado –sea en Valladolid, sea en Madrid o sea en Barcelona–, que, desde luego, viene de cualquier parte del mundo. No es pescado, por lo general, que se pesque localmente
.
Frente a estas informaciones, frente a este tipo de conocimientos, contrastados por las comunidades científicas, los gobiernos o los departamentos relacionados con la salud pública, ¿cómo actúan, cómo están actuando?
Poco hacen. El dinero y los beneficios suelen estar en primer lugar y todas estas consideraciones alteran la economía, la paralizan, la hacen más prudente, menos enérgica. Desde ciertas atalayas, esto no es nada bueno.

Esta es, de entrada, la actitud general.
Esta es. Lo señalo después de trabajar muchos años en estos ámbitos. De entrada, los organismos estatales suelen ignorar los resultados científicos. Cuando hay muchos resultados contrastados y hay demandas, las cosas empiezan a cambiar un poco. Cuando van acumulándose datos y datos, cuando en la literatura científica y médica aparecen artículos y datos que van mostrando y acumulándose sobre estos efectos, al final se impone que hay que tomar alguna medida, aunque a veces se tarde entre diez y veinte años.

¡Entre diez y veinte años!
Sí. No es raro que se tarde tanto en conseguir una legislación que prohíba estas sustancias o que regule niveles máximos admisibles. Un caso típico, muy conocido, es el del amianto. ¿Cuántas personas han padecido y van a sufrir cáncer? ¿Cuándo tiempo pasó desde que se conocieron los primeros resultados contrastados y las medidas que prohibieron su manipulación? Muchos años.

Cambio de escenario y me traslado a Japón, donde obviamente la contaminación afecta o puede afectar a la salud pública. ¿Puede afectarnos aquí el desastre de Fukushima?
Lo que ha llegado aquí hasta el momento de la atmósfera contaminada de Fukushima y sus alrededores es muy poco. Lo que no sabemos es cómo evolucionará porque sigue emitiendo radiactividad y son cuatro reactores los que están afectados. Desde el punto de vista cuantitativo, Fukushima puede ser más importante que Chernóbil. Aún así, hoy por hoy, aquí no debemos preocuparnos por el aire. El problema, más bien, se ubica en la cantidad enorme de radiactividad que se ha vertido y se está vertiendo en el mar. Hay ahí isótopos de todo tipo, cesio 137, estroncio 90, plutonio y muchos otros que a nosotros, esta vez sí, nos pueden llegar a través de la cadena alimenticia.

«De entrada, las instituciones públicas suelen ignorar los resultados científicos. Cuando hay muchos resultados contrastados y hay demandas, las cosas empiezan a cambiar. Al final se impone que hay que tomar alguna medida, aunque a veces se tarde entre diez y veinte años»

¿Qué tipos de isótopos contiene la radiactividad?
Los tecnólogos cuando hablan de radiactividad y exposición hablan de milisieverts, una unidad de dosis equivalente y de dosis efectiva, equivalente a la décima parte de un rem, pero la cuestión que científicamente es importante desde el punto de vista de la salud es la naturaleza de cada radioelemento, qué pasa con ellos y el tipo de emisión que hay. En la fisión del uranio hay muchos, se forman docenas de sustancias radiactivas, pero las que más nos importan son las que tienen afinidad biológica –aunque las que no tienen, como el xenon-133, no son inocuas en absoluto– que son, fundamentalmente, el yodo-131, el cesio-137, el estroncio-90 y el plutonio. Todos son isótopos que no existen en la naturaleza están creados a partir de la fisión del uranio-235. Entre estos tenemos que los isótopos que se comportan de forma similar a otros elementos necesarios biológicamente son los más peligrosos.

¿Por qué estos elementos son peligrosos para la salud?
Porque sustituyen a los elementos reales que necesitamos. Por ejemplo, el cesio-137 es muy similar al potasio, que es un elemento esencial en nuestro organismo. Tenemos potasio en casi todos los músculos, las neuronas, etc., y su sustituto irradiará desde el interior de las células. Esta es la gran disputa con los tecnólogos, la irradiación probabilística. Si se incorpora una cantidad de esta sustancia dentro de una célula, la radiactividad desde fuera no la verás porque es radiación beta, muy poco penetrante. Tú comes el alimento y la sustancia se te queda en el cuerpo e irradia la célula desde dentro. Esta energía ioniza los elementos de la célula, sobre todo el agua, que se convierte en agua oxigenada. Ioniza también muchas otras moléculas formando radicales libres y esto, junto con la radiación si el electrón te toca el ADN en un punto determinado, tendrá un efecto que dependerá del azar.

¿Cuáles pueden ser las consecuencias?
Si el punto del ADN es una zona secundaria no pasa nada, pero si te toca un punto muy crítico puede matar la célula. Tampoco pasa nada si una célula se muere. Pero como toque un gen que regula tumores, que es supresor de ellos, o afecte a un gen que está actuando sobre la inmunidad o sobre el desarrollo en el caso de un feto o un niño puede tener una serie de manifestaciones determinadas o acabar con tumores. Además no se puede detectar. Las imágenes que vemos de Japón en que detectan la radiación de la gente con contadores es sólo para lo que se queda en la piel, lo que ya está en las células no se puede detectar así. Sólo se pueden detectar por las cantidades que se eliminan vía orina o intestinal, o en ciertos casos con cámaras de cuerpo entero.

¿Cómo llega a España esta contaminación por alimentos?
Por el comercio mundial y por las cadenas tróficas largas. Yo intuía, estaba muy equivocado, que las exportaciones alimenticias de Japón eran pocas. Pero resulta que exportan 3.000 millones de euros en comida al año. El problema, en todo caso, no es lo que exporta Japón, sino que lo que se está vertiendo en el mar se incorpora en las cadenas tróficas largas.

En tierra son cadenas tróficas cortas y se quedan en el mismo territorio –si no tenemos en cuenta las exportaciones–, como el yodo-131 en la leche. Las cadenas largas marinas empiezan con la incorporación de los radionucleidos al plancton, del plancton pueden pasar a los invertebrados, de éstos a los vertebrados y posteriormente a los carnívoros marinos. 

Después venimos nosotros. Además las cantidades se biomagnifican porque estos seres las van acumulando y lo concentran. Así, los peces grandes como el atún o el pez espada concentran cantidades muy grandes de estos contaminantes. Muchos de ellos, como es sabido, son migratorios y no hay forma de saber qué trayecto realizan.

«Fukushima es un Chernóbil a cámara lenta. En Japón sigue expandiéndose día a día la radiación, aunque afirmen lo contrario. El cuadro final tardaremos tiempo en verlo»

¿Se vigila lo suficiente? ¿Podemos comer tranquilamente?
Esta es la cuestión. Los pesqueros españoles se mueven entre el Polo Norte y el Polo Sur. Muchos pesqueros, por lo demás, vete a saber de dónde son. ¿De dónde viene el pescado? No se sabe realmente. Hay además un problema que a mí me ha indignado bastante.

¿Cuál es causa de tu indignación?
Hay muchos motivos para indignarse, este que explico es uno de ellos. La Unión Europea ha vuelto a subir los niveles de radiación permitidos en los alimentos a través de un decreto que se hizo poco después de Chernóbil. De este modo, quedan anulados los niveles que se aprobaron el 2006 y se aceptan unos niveles de radiactividad, por ejemplo, tres veces superiores –¡el triple!– en la leche o en muchos animales. Esto, como era previsible, lo aprueban desde Industria, ¡desde Industria!, no desde Salud como sería razonable. Por ejemplo, yo estoy en el comité científico de nuevos riesgos para la salud de la Unión Europea y no nos han dejado decir nada sobre este tema. Lo ha acordado el comité de radioprotección que, curiosamente, está directamente ligado al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea de la Energía Atómica (The European Atomic Energy Community, EURATOM). En resumen: la decisión de estos niveles está en manos de ingenieros, físicos nucleares, vinculados a la industria. ¿Es razonable este procedimiento? ¿Está claro quien manda?

Está claro y no es razonable. Y ante esta situación, ¿qué debemos, qué podemos hacer?
No puedes hacer nada aparte de protestar. Ante esto estamos indefensos, no puedes dejar de comer ni es factible comprobar tú mismo la radiactividad en cada caso. Es un timo, como diría Mario Bunge. Hace meses explicaban que ni en los alimentos se había llegado a los niveles máximos de radiactividad y después resultó que superar los niveles máximos era ya aceptable y, por lo tanto, se podía comercializar. Se ha llegado a extremos en los que estas normas de la Unión Europea permiten más radiactividad que la normativa de los mismos japoneses, bastante laxos en este tema. En Estados Unidos, donde no han cambiado los niveles de radiactividad permitidos en los alimentos, eliminaron leche con cantidades de radiactividad que aquí se permiten. Pero todo esto pasa desapercibido. Los ciudadanos –que ellos llaman consumidores– no pueden, no podemos hacer nada. El problema más grave para mí es el del pescado. No me parece que importemos verduras japonesas.

Me parece que no. ¿Hasta cuándo debemos mantener la alerta por este tema?
No se sabe, no se puede saber. Años. No sabemos cómo acabará. Es la diferencia entre Fukushima y Chernóbil. Fukushima es un Chernóbil a cámara lenta. En Chernóbil hubo una explosión y en pocos días se expandió la radiación. En Japón sigue expandiéndose día tras día aunque afirmen lo contrario. Desde el primer día, desde aquel 11 de marzo, hay mucha radiación y así sigue. El cuadro final tardaremos tiempo en poderlo ver. Esperemos que no vaya a peor.

«La UE ha vuelto a subir los niveles de radiación permitidos en los alimentos, y lo aprueban desde Industria, no desde Salud como sería razonable»

¿Cómo afecta al medio ambiente un desastre como este?
Es difícil de saber. Está muy bien estudiado cómo afectan estos fenómenos a la salud humana y la transferencia a través de las cadenas tróficas, pero se sabe poco de lo que le pasa al ecosistema. Seguro que hay especies mucho más sensibles que el resto, pero lo que más me preocupa, lo que más debe preocuparnos, es su impacto en los seres humanos.