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domingo, 13 de mayo de 2018

Las campesinas que dijeron basta a los abusos en la venta de quinoa, la comida de moda

  • En el Día Mundial del Comercio Justo, hablamos con Gloria Sagñay una agricultora indígena que cultiva quinoa orgánica y lidera una organización de mujeres productoras en Ecuador
  • Ante la falta de condiciones dignas en la venta de su producto, decidieron sumarse al comercio justo: "Dependíamos del mercado, pero no valoraban nuestro trabajo, nos estafaban y no teníamos suficientes ingresos"
  • La quinoa es un pseudocereal que lleva miles de años en la dieta de la población andina y se ha convertido en los últimos tiempos en un alimento de moda en los países occidentales por su valor nutritivo
Gloria Sagñay, agricultora y presidenta de la organización de mujeres de Cumandá El Molino, 
durante su visita en Madrid. DAVID CONDE  
Icíar Gutiérrez 11/05/2018

Gloria Sagñay se levanta cada día varias horas antes de que salga el sol. A las cinco de la mañana ya está en su plantación, situada a 2.500 metros de altura. De fondo, el volcán Chimborazo, la montaña más alta de Ecuador. Quedan pocos meses para la cosecha y Sagñay, de 29 años, se afana en que las matas de quinoa crezcan rectas para que el grano sea de calidad. Carga sacos de abono, remueve la tierra con la azada, riega. Después ordeña a las vacas y llega a tiempo a su casa para preparar el café antes de regresar de nuevo al campo. Al día siguiente, vuelta a empezar.

"Nos levantamos las primeras y nos dormimos las últimas. Dedicamos muchísimo tiempo, amamos nuestro producto. Es nuestro cultivo, nuestro trabajo", sostiene Sagñay en una entrevista con eldiario.es.

Así se refiere constantemente esta campesina indígena a su cultivo: "Nuestro trabajo". Lo hace como una lección aprendida, como si de una reivindicación se tratara contra quienes quisieron aprovecharse, años atrás, de sus largas jornadas laborales como productora de quinoa. Este pseudocereal milenario para las comunidades andinas se ha convertido en los últimos años en una de las comidas saludables de moda en EEUU y los países europeos, entre ellos España.

"Nos robaban, no nos valoraban"

"Procesábamos manualmente la quinoa, a veces nos sangraban las manos, era muy duro, un sacrificio enorme. Tardábamos una semana para 100 libras (unos 45 kilogramos). Cuando llegábamos al mercado, después de haber pesado los sacos en casa, nos decían que solo eran 80 libras (36 kilos) o que no estaba buena. Nos estafaban y nos robaban", asegura. "Muchas familias se desanimaron a trabajar en el campo y por necesidad salieron a diferentes ciudades, migraron. Quedamos pocas".

Pero las mujeres de su pequeña comunidad, Cumandá el Molino, dieron un golpe encima de la mesa hace diez años. "Nuestras familias viven de esto y dependíamos del mercado, pero no valoraban nuestro trabajo y no teníamos suficientes ingresos", recuerda. "Los necesitábamos para que nuestros hijos pudieran estudiar y trabajar en otra cosa. Nuestros padres no nos pudieron mandar a la universidad y nosotras no queríamos que nuestros hijos tuvieran el mismo problema, así que buscamos nuevos mercados", recalca.

Entonces decidieron participar en Maquita Cushunchic, una organización ecuatoriana que exporta productos de comercio justo y agrupa a 250.000 familias. "Nos ha devuelto la oportunidad de soñar. Pagan el precio de nuestros productos, tenemos nuestros ingresos y es un mercado seguro. También llega a otros países como España", defiende la productora, que ha visitado Madrid esta semana. Como ella, más de dos millones de personas trabajan dentro de la red internacional de Comercio Justo, con organizaciones repartidas en África, Asia y América Latina.
Imagen de archivo: variedades de quinua se exhiben en la feria gastronómica Mistura
en Lima (Perú).EFE  
La quinoa es un cultivo en expansión en el mundo y toda una tendencia en los países occidentales por sus propiedades nutritivas. Algunas voces apuntan que, detrás de este boom, se esconde un aumento de los precios que ha atraído a grandes empresas y ha provocado que parte de la población local en países productores como Bolivia no se pueda permitir consumirla.

Frente a ellas están los pequeños agricultores como Sagñay, que no solo cultiva para vender, sino para alimentar a su familia. "Nuestras condiciones no son las mismas que quienes producen para grandes empresas. Meten químicos, así que sacan mucha más producción, el doble que nosotros, por eso hay gente que no se suma a nosotras", comenta. Para crecer, la quinoa necesita unas condiciones muy específicas. En sus plantaciones, insiste Sagñay, apuestan por el cuidado del medio ambiente a través de la producción orgánica.

"Nosotras tenemos compromiso de cuidar nuestra madre tierra, no contaminamos. Cuidamos de nuestra salud y la de los consumidores. Es un producto misk'i mikhuy [suculento]".

En los últimos años han podido mecanizar parte de su trabajo y ganar tiempo para otras actividades, pero también utilizan técnicas que ya usaban sus abuelos. "Ponemos agua hirviendo con unas plantas. Las tapamos con plástico para que se pudra y con eso fumigamos para controlar las plagas", explica la agricultora.

Poder conservar la cultura y las tradiciones de sus antepasados es, a juicio de Sagñay, una de las mayores ventajas de participar en la red de comercio justo. Entre ellas está el rito sagrado para celebrar la cosecha, que comenzará en julio y durará hasta septiembre. Durante estos días beben chicha de quinoa [bebida típica de la zona] y entonan con fuerza sus cantos tradicionales: "Jahuay, jahuay, jahuay". "Nuestros abuelitos la cantaban y nosotros también lo hacemos. Nuestra cosecha es una fiesta para nosotros, esperamos más de siete meses para tener nuestro producto. Y cantamos: 'Todos con las manos arriba, sigamos cortando con ánimo".

Lucha contra el machismo

La labor de Sagñay va más allá del campo. Es líder de su comunidad y presidenta de una organización formada por 32 mujeres que, con el apoyo de Maquita, luchan por acabar con el machismo que las rodea. "Hemos cambiado muchísimo. Antes, nuestros propios padres nos discriminaban. Decían que solo servíamos para cuidar casas, no nos mandaban a estudiar. Solo nuestros hermanos podían participar en reuniones, solo se tenía en cuenta su opinión. Teníamos miedo a los esposos", critica.

En todo este tiempo, han observado algunos cambios. "Las mujeres eran tímidas, tenían miedo de hablar con otras personas. Ahora preparamos a nuestras hijas para que no pasen por la misma situación, para que sepan que sí puede, que sí podemos. Ya no decimos que los hombres no tienen que cocinar porque es cosa de mujeres. Ahora tienen que hacerlo por igual. Algunos maridos comenzaron a apoyarnos con ideas. No tenemos tantas dificultades como antes. Y yo ya no tengo miedo", sentencia.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Mi solidaridad y apoyo, hoy 8 de Marzo también paro desde mi cama

Una pequeña entrada dedicada al ser humano …  #8deMarzo #NosotrasParamos #VivasNosQueremos, desde mi blog me uno a la lucha de tod@s, como mujer y enferma activista, desde esta ventana que me une al mundo exterior. 

Imposible poner todos los eslóganes, fotos, colectivos, etc. etc. solo una pequeña muestra de que nos seguimos moviendo y luchando. 

Si de todas formas estoy dolorida... ¡¡¡Prefiero que me duela por luchar que por callar!!! Si de todas formas estoy agotada... ¡¡¡Prefiero estar agotada por luchar que por callar!!! ¡¡¡No nos callarán...!!! ¡¡Si no luchamos..... ya hemos perdido de antemano!!!  











martes, 6 de enero de 2015

Dra. Carme Valls Llobet

4 de enero de 2015

Dra. Carme Valls Llobet: materiales.

La Doctora Carme Valls es Licenciada en Medicina y Cirugía en el año 1968 por la facultad de Medicina por la Universidad de Barcelona y se dedica a la asistencia en Medicina Interna y Endocrinología.

La Doctora Valls se ha especializado en medicina de género, habiendo dirigido el programa Mujer, Salud y Calidad de vida del CAPS (Centro de Análisis y Programas Sanitarios) de Cataluña. Dicho programa está dedicado a la investigación y docencia sobre temas de salud, mujeres y género, desde que el año 1990 se celebrase el Simposio Internacional sobre "Mujer y Calidad de vida".

Carme Valls denuncia y explica cómo el cuerpo la mujer ha sido objeto histórico de un tipo de discriminación cultural que denomina cómo "patologización del cuerpo femenino":

“El cuerpo de las mujeres ha sido considerado culpable de los males sociales y personales en casi todas las culturas. Los fenómenos fisiológicos como la menstruación han sido tabú para muchos pueblos primitivos. La salud física y mental de las mujeres no ha sido investigada por la medicina androcéntrica. La separación de cuerpo y mente, dando prioridad a la primera, ha considerado como patológico cualquier manifestación de los síntomas en el cuerpo, y se han medicalizado acontecimientos naturales como la menstruación o la menopausia. El malestar de la mujer, fruto de las condiciones de vida y trabajo, sometida al doble o el triple de jornada, se ha querido atribuir a la ansiedad y depresión, sin considerar los efectos que el estrés físico y mental causan en el cuerpo humano. La salud de las mujeres aún permanece INVISIBLE PARA LA MEDICINA, y su cuerpo es objeto de la mercadotecnia cosmética y de la cirugía estética”.

Hoy en día nos parecen normales cosas que no lo son en absoluto. En concreto, y desde la medicina, están ocurriendo situaciones como estas:
  • el 85% de los psicofármacos (ansiolóticos y antidepreseivos) recetados en España se administran a mujeres. El dolor físico y los síntomas que manifiesta una mujer se infravaloran y se la trata mentalmente
  • se invisiviliza la menstruación y se recetan con alegría anticonceptivos hormonales para cualquier dolencia y edad tapando el síntoma
  • se trata de eliminar la menstruación (info)
  • se mitifican los anticonceptivos hormonales sin advertir de sus efectos secundarios (info)
  • se medicaliza e interviene excesivamente en partos normales (palabra de la OMS)
  • no se estudia adecuadamente las nuevas enfermedades autoinmunes por exposiciones ambientales que afectan en mayor medida a las mujeres (info)
  • se discrimina a las mujeres en enfermedades coronarias
  • solo el 38% de las investigaciones médicas incluyen a mujeres
Desde el CAPS, ha sido organizadora de numerosos eventos:

- Workshop sobre Mujeres, Trabajo y Salud, Barcelona, 1993.

- Forum de Mujeres, Trabajo y Salud con expertas y asociaciones de mujeres, Barcelona 1995.

- Primer Congreso Internacional Mujer, Trabajo y Salud, Barcelona, 1996.

Con la participación de sesenta países, este congreso inauguró una línea que tuvo continuidad en el II Congreso en Rio de Janerio 1999, III Congreso en Estocolmo 2002, IV Congreso en Nueva Delhi 2005, V Congres en Zacatecas, México 2008.

Dentro de esta línea de investigación y trabajo, la Doctora Valls comenzó a interesarse por el estudio de las enfermedades ambientales vinculadas al género femenino. Os enlazó su artículo "Contaminación ambiental y salud de las mujeres", que comparto del blog de María José Moya, Mi Estrella de Mar.

CONTAMINACIÓN AMBIENTAL Y SALUD DE LAS MUJERES. Dra. Carmen Valls-Llobet (2010) by María José Moya (Mi Estrella de Mar)

Otra de las líneas de investigación de la Dra. Valls dentro de la medicina ambiental es la de la Electrohipersensibilidad.

Ponencia: "Cambios fisiopatológicos y terapias frente a los campos electromagnéticos."  

Asimismo, la Doctora Valls ha escrito dos libros sobre la especificidad de las enfermedades en la mujer: "Mujeres invisibles" y "Mujeres, salud y poder".
Podéis leer el capítulo XV de Mujeres, salud y poder titulado "La invisibilidad de las mujeres en los tratamientos" AQUÍ.

Por último, aquí tenéis un artículo en el que se estudian los riesgos de padecer Sensibilidad Química Múltiple que tiene la mujer.

Riesgo Químico Un Enfoque de Género-Valls-llobet by M Del Mar Rosa

domingo, 16 de diciembre de 2012

El Gobierno fuerza el cierre de ONU Mujeres en España

  • No es un recorte: la oficina no suponía coste alguno para el Estado.
  • Más de 70 países cuentan con una delegación de este organismo, que se dedica a promover políticas de igualdad y colaborar con la sociedad civil.
La directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet. EFE
La oficina de ONU Mujeres, el organismo dedicado al impulso de la igualdad de género, cierra en España. Y no por falta de fondos, sino porque el Gobierno así lo quiere. Fuentes de las Naciones Unidas han confirmado a eldiario.es el cierre de su delegación en España "por invitación" del Ejecutivo de Mariano Rajoy. Es infrecuente que un país 'invite' a marcharse a una agencia de la ONU sin que haya mediado conflicto alguno.

"El diálogo de este Gobierno con las agencias de la ONU no ha sido fácil por muchos motivos. Una vez que se pusieron en marcha las reuniones de alto nivel entre ONU Mujeres y el Gobierno, no ha habido un buen entendimiento", explican fuentes de las Naciones Unidas. En la oficina de ONU Mujeres en Madrid confirman el cierre pero prefieren no pronunciarse al respecto. El cierre se confirmó en una reunión rutinaria que tuvo lugar el pasado 6 de diciembre en Nueva York entre el secretario general de Cooperación, Gonzalo Robles, y una delegación de este organismo de las Naciones Unidas.

La oficina de ONU Mujeres en España, que se abrió hace cinco años, no suponía coste alguno para el Gobierno, ya que se encontraba dentro las instalaciones de la Oficina Mundial del Turismo y bajo su seguridad. La financiación de la oficina procedía de los fondos corrientes de ONU Mujeres -tal y como sucede en todas sus delegaciones- y el Ejecutivo únicamente ha contribuido económicamente en proyectos concretos. El Gobierno español sí ha sido durante años uno de los principales financiadores de ONU Mujeres, pero también de otras agencias de la ONU como la FAO o el PNUD.

En la oficina de Madrid trabajaban hasta ahora cinco personas. Su actividad pública ya ha terminado y el cierre formal se producirá a finales de año.

"Es una pena que España desproveche ahora la influencia internacional que ha conseguido en los temas de igualdad, va a tener un perfil más bajo en el sistema de Naciones Unidas", dicen fuentes de la ONU. La exministra de Igualdad, Bibiana Aído, trabaja como asesora de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Michelle Bachelet.

"En la actual coyuntura económica, el Gobierno de España ha revisado el acuerdo estratégico con ONU Mujeres y ha decidido que por ahora lo mejor para su colaboración con ONU Mujeres es comunicarse directamente con la sede en Nueva York. Por lo tanto ONU Mujeres está cerrando su oficina de enlace en Madrid, y espera seguir manteniendo una buena colaboración con España", dice la hasta ahora directora de ONU Mujeres en España, Rocío Rodríguez, en un mail de despedida al que ha tenido acceso eldiario.es

ONU Mujeres cuenta con 70 oficinas repartidas por todo el mundo. En el caso de España, su delegación nunca tuvo un acuerdo de sede, esto es, un reconocimiento diplomático similar al que se produce con las embajadas. Sí contaba con un acuerdo marco con el Reino de España.

domingo, 11 de marzo de 2012

Aurora boreal

REPORTAJE
  • La testosterona de sus banqueros y sus bravuconadas económicas hicieron caer a Islandia
  • Las mujeres se han hecho cargo de la isla y han puesto en valor un concepto: sostenibilidad

A la izquierda, la primera ministra islandesa, Jóhanna
Sigurdardóttir, y Katrin Jakobsdottir, siguen el resultado
electoral, en abril de 2009. / BOB STRONG (REUTERS)
En Reikiavik hay un espléndido edificio de cristal negro, grande y hermoso frente al mar, en un lugar en el que hace tres años no existía más que un solar vacío. Lo sé porque estuve allí hace tres años, en un momento terrible para Islandia, un país arruinado por la excesiva testosterona de sus banqueros, el primero en sucumbir a la recesión, el que sufrió la caída más dura. En aquellos primeros meses de la crisis, la pequeña, rota y desesperada Islandia (población: 320.000) constituyó un anuncio del Apocalipsis para las grandes naciones de Europa occidental. Sin embargo, hoy, ahí está ese edificio nuevo y reluciente, una imagen de opulencia y modernidad tan extraordinaria como el Museo Guggenheim de Bilbao, estrambóticamente fuera de lugar en esta Lilliput nórdica de casitas de Lego pintadas de rojo, amarillo y azul. No podía apartar la vista del edificio, ni de día ni —sobre todo— de noche, cuando su multitud de ventanas asimétricas y marcos irregulares cambiaba continuamente de colores, como en una imitación líquida de la aurora boreal.

¿Qué ocurrió en Islandia? ¿Qué ha ocurrido en estos tres años para que surja, de las cenizas del desastre económico, una construcción tan extravagante? Lo que ha ocurrido es que las mujeres se han hecho cargo del país y lo han arreglado. Y ese edificio, el primer auditorio nacional de conciertos en la historia de Islandia, donde la compañía nacional de ópera representa en estos días, con el aforo completo, La Bohème de Puccini, es la encarnación del cambio que se ha vivido. Porque nos dice que Islandia no se hundió, que el país ha vuelto a levantarse; y porque la persona que decidió construirlo o, más bien (y con algo más de polémica), no interrumpir su construcción después delcrash financiero, fue una mujer.

El presupuesto estatal está casi equilibrado, las exportaciones superan a las importaciones y la moneda es estable

Quería conocer a esa mujer. No por los motivos habituales que empujan a los periodistas a escribir sobre mujeres poderosas — porque hubiera triunfado en un mundo de hombres—, sino precisamente por todo lo contrario. Porque esa mujer simboliza una tendencia en Islandia, o, más que una tendencia, una revolución, un golpe de Estado. Desde que se produjo la crisis, y como reacción directa y deliberada ante ella, las mujeres se han adueñado de las palancas del poder, y lo han hecho en los ámbitos que más importan, en los que más influencia se ejerce sobre el destino nacional: el Gobierno, la banca y, en creciente medida, la empresa.

Los tres bancos principales de Islandia quebraron en octubre de 2008 y dejaron deudas que ascendían a más de 10 veces el PIB del país. Islandia, que hasta entonces ocupaba el primer puesto en el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (es decir, el mejor sitio para un ser humano en el planeta Tierra), se encontró mucho más allá de la bancarrota. Y se echó la culpa a los hombres. Los hombres le echaron la culpa a los hombres. En el partido del Gobierno dominaban los hombres, los banqueros casi sin excepción eran hombres y los temerarios, absurdamente ambiciosos, impulsos que condujeron a una pequeña nación de pescadores a creer que todos se estarían bañando en champán francés por el resto de sus días eran categóricamente, exclusivamente, decididamente masculinos. Así que entonces, como comentó el Financial Times en aquel momento, aparecieron las mujeres para arreglar el lío. El primer ministro fue sustituido por la primera mujer en la historia de Islandia en ocupar el cargo, Jóhanna Sigurdardóttir (gay y casada, con dos hijos de un fallido matrimonio anterior con un hombre), que continúa ejerciéndolo hoy. Las mujeres constituyen la mayoría del Gobierno, cinco carteras ministeriales, frente a cuatro hombres. Se despidió a los consejeros delegados (todos varones) de los bancos que habían quebrado, se cambió de nombre a las entidades y se colocó en sus cargos a mujeres. Cada vez más mujeres se hacen empresarias o empiezan a aparecer en los consejos de administración de empresas privadas. Por escoger entre numerosos ejemplos, la consejera delegada de la mayor compañía de seguros de Islandia en la actualidad es una mujer, igual que la responsable para el país de Rio Tinto Alcan, que encabeza el poderoso sector nacional del aluminio.

Somos un país con mucha determinación y mucha ambición

El tópico, desde Margaret Thatcher, es que las mujeres en puestos de poder son, por necesidad, damas de hierro, que triunfan a base de pensar como hombres. La proposición que me planteé explorar en Islandia fue si el cambio había sido lo suficientemente profundo como para que a los hombres no les haya quedado más remedio ahora que pensar como mujeres.

En Islandia, todo el mundo conoce a todo el mundo. Todos son primos, de una forma u otra. De modo que, cuando pregunté a varias personas si me podían poner en contacto con la mujer de la sala de conciertos, cuyo título exacto es, desde febrero de 2009, ministra de Educación, Ciencia y Cultura, todo el mundo sonrió de inmediato: “¡Ah, Katrin!”.

“Se quedará asombrado cuando la vea”, me dijeron. “Tiene tres hijos, pero nadie lo diría”. “Es muy brillante”. “Sí, tremendamente inteligente”. “¡Pero parece que tiene 12 años!”.

Esto último era una exageración. La persona que se me acercó, con la mano extendida, cuando estaba sentado en una pequeña sala de espera del ministerio tenía aspecto de tener 16 años, por lo menos. Menos mal que me lo habían advertido, pensé; si no, nunca habría creído que era quien decía ser, la ministra Katrin Jakobsdottir, por si fuera poco vicepresidenta del partido socialdemócrata —oficialmente denominado Verdes de Izquierda—, que ocupa el poder. Botas Dr. Martens, vaqueros marrones, pelo lacio, esbelta, menuda: parecía una becaria en su primer día en la oficina, o la hermana menor, más dulce y menos seca, de la chica del dragón tatuado de Stieg Larsson. En realidad tenía 36 años y acababa de volver de disfrutar de su permiso de maternidad tras el nacimiento de su tercer hijo. Totalmente segura de sí misma (si sentía alguna incomodidad al tener como despacho un imponente salón ministerial, no lo delató) y tan lista como me habían dicho que era, no necesitó que le hiciera ni una pregunta para saber cuál era el primer tema que quería abordar con ella.

La sociedad islandesa está estructurada de tal forma que las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia

“Una de las primeras decisiones que tuve que tomar en este puesto fue si seguir adelante con el auditorio nacional o no”, dijo. Cuando asumió el cargo, hace tres años, me explicó, los cimientos estaban construidos, pero no había nada visible sobre tierra. El problema no era solo que la economía nacional estuviera destruida; el multimillonario que había concebido el proyecto, un hombre llamado Bjorgolfur Gudmundsson, que, entre otros excesos, había comprado el equipo de fútbol West Ham United, de Londres, se había quedado sin un céntimo. “Así que me reuní con la gente del Ayuntamiento de Reikiavik para decidir si debíamos seguir adelante con fondos públicos, suspender la construcción hasta que llegaran tiempos mejores o dar por terminado el proyecto. Decidimos seguir adelante”.

¿Por qué? “En parte, porque había 600 personas involucradas en la obra, en parte, porque llevábamos 40 años hablando de construir una sala de conciertos para nuestra orquesta sinfónica y pensamos que, si no lo hacíamos ahora, nunca lo haríamos, pero también porque pensamos que no seguir con el proyecto daría a la gente la sensación de que se prolongaba la crisis”. ¿Habría sido malo para la moral nacional que se interrumpiera, entonces? ¿Seguir adelante tenía un valor añadido que era superior al coste? “Sí. Exacto. Nos vimos obligados a hacer grandes recortes presupuestarios en todo el sector público, pero decidimos seguir. En su momento hubo mucha controversia, pero creo que ahora está desapareciendo. El auditorio se inauguró en la primavera de 2011 y, desde entonces, han acudido más de 800.000 visitantes. A la gente le encanta. Islandia es un país con una gran vida musical, y también somos un país con mucha determinación y mucha ambición. El edificio ha sido un símbolo y una inspiración para los islandeses”.

"Las cosas podrían estar mucho peor"

Un símbolo, entre otras cosas, del regreso a la salud económica. Jakobsdottir reconoció que las cosas podrían estar mejor, que la deuda hipotecaria de la gente corriente sigue siendo elevada, que las inversiones son bajas y que en Islandia, hoy, hay desempleo (justo por debajo del 7%), mientras que antes, no. El nivel de vida, en otro tiempo el más alto del mundo, ha caído, y la gente trabaja más por menos dinero. Pero, como observó el premio Nobel de economía Paul Krugman tras una visita reciente a Islandia, “las cosas podrían estar mucho peor” y aunque ese “no es el eslogan más estimulante del mundo..., cuando todo el mundo preveía un desastre total, equivale a un triunfo político”.

Mujeres en un balneario a 40 kilómetros
de la capital isandesa. / T. ORN
KRISTMUNDSSON (AFP)
Las cifras apuntan a un grado de solidez casi inimaginable hace tres años. El presupuesto estatal está casi equilibrado, las exportaciones superan a las importaciones, la moneda es estable y, el año pasado, el FMI publicó un informe halagüeño. Por hablar de cosas que se entienden sin que haga falta saber nada de economía, la nueva sala de conciertos no es más que la señal más visible de una larga lista de éxitos. En mi reciente visita, asistí al festival gastronómico anual de Islandia, Food and Fun, que se celebra desde 2002 pero estuvo a punto de ser suspendido, por falta de dinero, en 2009, 2010 y 2011. Este año ha vuelto a florecer, con la participación de 30 cocineros de tres continentes y 25.000 islandeses que pagan 40 euros por cabeza en los restaurantes locales (hay un 50% más de locales de comida en Reikiavik que hace tres años) para saborear sus platos. Icelandair ha duplicado sus rutas desde 2009 y ha aumentado el número de pasajeros en un 20% anual. Se ha creado una línea aérea nueva, WOW, y el turismo también está en auge; las plazas hoteleras para julio y agosto de este año están ya prácticamente todas vendidas. Los precios de las viviendas acaban de subir un 10% y las ventas de Mercedes Benz, según me dijeron fuentes fiables, han aumentado de repente. En cuanto a la sanidad y la educación públicas, tan buenas que ni siquiera los fugaces multimillonarios de la época del boom sintieron la necesidad de pasarse a las privadas, no han sufrido en calidad pese a los recortes presupuestarios que ha tenido que hacer el Gobierno. Como prueba de la normalidad que se ha instalado donde antes acechaba el Apocalipsis, el debate fundamental entre los partidos de izquierda y derecha en el Parlamento es hoy la eterna y rutinaria cuestión de si hay que subir o bajar los impuestos. O si, después de haber recurrido con éxito a la devaluación de la moneda como mecanismo para recobrar la salud, ahora convendría incorporarse al euro.

Pero en lo que todos los parlamentarios están de acuerdo es en que la época del capitalismo de enriquecimiento rápido se ha terminado. La palabra clave, hoy, es sostenibilidad, y todos los partidos la repiten en sus declaraciones públicas. Y la sostenibilidad, en opinión de la ministra Jakobsdottir, es un concepto más femenino que masculino. Ella lo explica así: “Mucha gente achacó los excesos de los banqueros que nos causaron tantos problemas a una cultura masculina”. “En 2009, todo el mundo decía: ‘Lo que necesitamos es menos pensamiento de chulería masculina y más mujeres con ideas pragmáticas y estratégicas’. Lo que hemos aprendido desde entonces es que si queremos permanecer alejados de la crisis y construir, todos sabemos que hay que pensar no en el futuro inmediato, sino en los próximos 10 o 20 años. Esa no es la forma de pensar de un Gobierno dominado por hombres; esa es una manera de pensar femenina”.

"Nosotras hablamos de los sectores creativos"

Le pedí que me dijera en qué terrenos concretos se podían detectar estos cambios. “Hay muchos ejemplos. En general la influencia femenina se ve en este énfasis que le damos al desarrollo sostenible, en construir la economía pensando a largo plazo, de manera fiable y segura. Las mujeres piensan en esos términos porque está en su naturaleza. Un ejemplo más específico: cómo estamos encarando los temas de los impuestos y los presupuestos. La idea es analizar los diferentes impactos que el sistema tiene sobre los hombres y las mujeres, y ver cómo podemos ajustarlo para generar más igualdad entre los géneros. También se ve la influencia femenina en la discusión sobre el empleo. Los hombres se centran en cosas como la industria del aluminio. Nosotras hablamos de los sectores creativos. Hemos llegado a la conclusión de que las artes —en especial la música y la literatura— aportan tanto dinero al país como la extracción de aluminio. No creo que a los hombres se les hubiera ocurrido ni pensarlo”.

El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el Gobierno

Un dato que asombra en Islandia es que un país de 320.000 habitantes posea tal abundancia de talento artístico, sobre todo en la música, donde, aparte de una ópera nacional y una orquesta sinfónica nacional, existen numerosos grupos contemporáneos que producen todo tipo de cosas, desde la globalmente aclamada Björk hasta el trabajo experimental y esotérico de Kria Brekkan, que ha triunfado en Nueva York y con quien me encontré por casualidad delante del auditorio nacional. Aproveché la oportunidad para preguntarle si ella estaba de acuerdo en que las mujeres habían cambiado Islandia. Ojalá hubiera grabado su respuesta, porque fue de una lucidez cristalina, pero, en resumen, vino a decir que sí, “la fuerza masculina” que había definido el periodo en el que los islandeses habían intentado jugar a los bancos y convertirse en el pueblo más rico del mundo había sido reemplazada por una “fuerza femenina que está en la tierra, que no apunta a las estrellas, y que busca plantar raíces y trabajar para un futuro seguro”.

Hablé con muchas otras mujeres, y todas expresaron variaciones de la misma idea. Audur Bjork Gudmundsdottir, directora ejecutiva en una compañía de seguros, dijo que los problemas de Islandia partían de que la gente había estado corriendo demasiado de prisa, lanzándose a grandes aventuras sin pararse a examinar los detalles de lo que estaba haciendo. “Hoy, en los consejos de administración de las empresas, en los que se ve cada vez a más mujeres, se hace hincapié en la responsabilidad, no en correr riesgos ni en intentar hacer mucho dinero muy rápido”.

Birna Einarsdottir, una de las consejeras delegadas de bancos nombradas para desplazar a los hombres inmediatamente después de la crisis de 2008, dice que la gran lección que han aprendido los islandeses mientras salían de la recesión y entraban en el crecimiento ha sido: “Atenernos a lo que sabemos; no pasarnos de listos”. “¿Quién dijo que los islandeses eran los mejores banqueros del mundo? ¿De dónde salió esa idea? De modo que, ahora, la regla es ser humildes, conocer nuestras limitaciones y aprovechar nuestras ventajas. Y, en vez de pensar que sabemos todo, hacer preguntas; pedir ayuda”. Que es lo que hacen las mujeres; no los hombres.

De lo que de verdad entienden los islandeses, dijo Einarsdottir, es de pesca, que hoy tiene muchos más beneficios que antes de la crisis. Un ejemplo es una mujer de nombre impronunciable, Sjöfn Sigurgisladottir, que dejó en 2009 su puesto de directora ejecutiva de un organismo estatal dedicado a la seguridad alimentaria para crear una empresa de pesquería y piscifactoría con otras dos socias. Calculan que, para 2014, habrán creado 100 puestos de trabajo y estarán vendiendo más de 2.000 toneladas anuales de tilapia nórdica (un pescado de origen africano).

“Estamos entrando en una industria que antes era exclusivamente masculina”, me dijo una sonriente Sigurgisladottir, “y eso es sintomático de lo que está ocurriendo en Islandia desde la crisis. Las mujeres están asumiendo un papel mucho más activo en la economía, asumiendo más responsabilidad, y también nos apoyamos mucho más unas a otras, creando clubes de mujeres, aprovechando oportunidades más que nunca”.

Ayuda, continuó Sigurgisladottir, el hecho de que la sociedad esté estructurada de tal forma que, en Islandia, las mujeres no tienen que escoger entre el trabajo y la familia. Tanto desde el punto de vista cultural (al parecer, los vikingos se tomaban con bastante relajo que sus mujeres concibieran y se reprodujeran mientras ellos estaban lejos, dedicados a violar y saquear) como desde el de las leyes del Estado sobre custodia de los hijos y permiso de maternidad o paternidad, las mujeres islandesas han avanzado más que nadie. Según el último informe del Fondo Económico Mundial sobre igualdad de género, Islandia ocupa el primer lugar del mundo. (“Yo vivo parte del tiempo en Suiza”, me dijo Sigurgisladottir, “y la diferencia con el lugar que ocupan allí las mujeres en la sociedad es escandalosa”).

Las mujeres de Islandia habían alcanzado estos logros incluso antes de que la crisis financiera golpeara. Lo que ha ocurrido desde entonces es que han complementado la igualdad en el hogar y en el trabajo con un nuevo grado de influencia y autoridad en el corazón del poder político y económico. Siendo madre de tres niños de menos de ocho años, siendo la ministra responsable de educación, ciencia y cultura y la número dos en el partido de Gobierno (lo cual hace pensar que es una probable futura primera ministra), Katrin Jakobsdottir es la Amazona diminutiva que encarna estos grandes cambios.

Fue ella la que me dio la respuesta a la pregunta que me había planteado al llegar a Islandia esta vez. El cambio más grande de los últimos años era que, efectivamente, los hombres sí estaban pensando más como mujeres. “Tener un Gabinete con la mitad hombres y la mitad mujeres, y ahora con más mujeres, ha marcado la diferencia”, me explicó. “El centro de atención político cambia cuando hay más mujeres en el Gobierno; quiero decir que hay una diferencia en lo que se debate. Por eso en estos últimos tres años ha ocurrido algo grande e importante, y en lo que no creo que haya posibilidad de dar marcha atrás. Hemos cambiado la naturaleza de la discusión”.

jueves, 8 de marzo de 2012

La persistente lucha por la igualdad de la mujer en el mundo

Varias mujeres
De izquierda a derecha: una mujer trabajando en una fábrica de Valladolid, una joven protestando en Egipto, una vendedora de fruta en Sudáfrica y una eurodiputada. (ARCHIVO)
EFE. 08.03.2012

Las mujeres avanzan día a día hacia la igualdad y mientras en Europa pelean por ocupar más cargos directivos, en Oriente Medio su voz se escucha en las revueltas, en América ganan terreno en política, y en Asia impulsan cambios en la realeza.

Manifestación de mujeres en EgiptoEn el Día Internacional de la Mujer Trabajadora, que se conmemora este jueves, las estadísticas vuelven a mostrar que la desigualdad de género se manifiesta en todos los ámbitos y que las barreras sociales, culturales y económicas siguen excluyendo a las mujeres, que además tienen que afrontar la violencia.

Las barreras en Europa

En Europa, sorprende que en un país como Alemania, donde la última palabra la tiene la canciller Angela Merkel, las mujeres ganaran en 2010 un 23 % de media menos que los hombres y que en 2011 solo el 3 % de los cargos directivos en las 200 compañías más importantes correspondiera a mujeres.

En Francia se ha aprobado una ley sobre la representación equilibrada de hombres y mujeres en los consejos de administración, que instaura una cuota mínima del 40 por ciento del sexo menos representado. También se ha eliminado el término "señorita" ("mademoiselle") de los formularios oficiales.

En el Reino Unido, un 12,5% de los cargos directivos de las empresas que cotizan en la Bolsa de Londres son mujeres, frente al 21% de empresas con Consejos de Administración formados solo por hombres.

Según estadísticas oficiales, en España las mujeres comienzan pisando fuerte en la etapa universitaria al obtener mejores calificaciones que los hombres, pero en la vida laboral ocupan la mayoría de los empleos a tiempo parcial, perciben menos salario y ocupan menos puestos de responsabilidad en las empresas y ámbitos de decisión.

La mujer trabajadora española lo tiene más difícil que la mayoría de sus homólogas europeas, a la vista de los datos. Cobran, de media, un salario un 22% menor que los hombres (cifras del INE) y gozan de una de las tasas de empleo más bajas de la Unión Europea (52,3%, frente a los hombres, un 64,7%). Además, apenas un 19% ocupan algún tipo de cargo de dirección y no superan el 5% para los puestos de presidencia.

En Portugal se han multiplicado las voces que denuncian un mayor impacto sobre la mujer de la grave crisis económica y el aumento del desempleo. Un 52,4% de los beneficiarios de prestaciones sociales son mujeres.

Las mujeres también salieron a la calle en Italia para pedir la dimisión de Silvio Berlusconi, a raíz del escándalo por el caso Ruby, en el que se le juzga por supuesto abuso de poder e incitación a la prostitución de menores.

América Latina, violencia machista

Aunque América Latina cuenta con tres presidentas, la brasileña Dilma Rousseff, lacostarricense Laura Chinchilla y la argentina Cristina Fernández, la exmandataria de Chile Michelle Bachelet, y en México, Josefina Vázquez, del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), puede convertirse en la primera presidenta del país ya que tiene opciones reales de triunfo en los comicios de julio, el camino por recorrer aún es largo.

Unas mujeres de Colombia iniciaron una huelga de relaciones sexuales

La principal preocupación en estos países gobernados por mujeres sigue siendo la violencia de género, y pese a que en todos ellos se han aprobado leyes, no se ha logrado reducir significativamente los índices de violencia.

Aunque las mujeres han ganado presencia en el poder en Bolivia, el presidente Evo Morales ha sido criticado por bromas y comentarios machistas en actos públicos.

En Centroamérica, el Gobierno de Nicaragua ha propuesto una reforma de la Ley de Municipios que busca ceder a las mujeres el 50% de las candidaturas en elecciones municipales, mientras que en Honduras grupos de mujeres han exigido al Parlamento que apruebe una ley que les garantice la mitad de los escaños.

La situación de la mujer ha ganado un mayor relieve en Panamá gracias al protagonismo de la cacica del pueblo Ngäbe Buglé, Silvia Carrera Concepción, en las negociaciones con el Gobierno sobre actividad minera y proyectos hidroeléctricos.

También en Cuba el presidente Raúl Castro ha abogado por fomentar la participación de mujeres en cargos de dirección del Estado, junto a otras minorías como negros o mestizos.

Mientras en Paraguay, las dificultades que afrontan las mujeres ha empujado a muchas a la emigración, principalmente a España y a Argentina.

En Colombia el movimiento "Piernas Cruzadas", que surgió cuando unas mujeres de Barbacoas iniciaron una particular huelga de relaciones sexuales con sus parejas para reclamar la adecuación de una carretera, en la que se invierten diez horas para recorrer sus 56 kilómetros, inició recientemente un huelga de hambre por el incumplimiento del Gobierno en pavimentar esa vía.

EE UU, anticonceptivos y aborto

El Día Internacional de la Mujer Trabajadora se celebra en EEUU en medio de la polémica sobre la cobertura de los gastos en anticonceptivos por parte de las empresas y con más de 14.000 nuevos puestos para mujeres recién estrenados en las Fuerzas Armadas.

Asia, ocupando parcelas

En Japón, el gobierno acogió en febrero pasado su primer debate sobre si las mujeres de la familia imperial deberían retener su estatus real en caso de contraer matrimonio con un plebeyo.

El movimiento feminista más llamativo de las últimas semanas en China ha sido la iniciativa "ocupa el WC", en la que mujeres, sobre todo estudiantes universitarias, ocuparon lavabos masculinos en ciudades como Pekín o Cantón, reclamando que se construyan más lavabos públicos para las féminas.

Mundo árabe, escasa representatividad

Pese a los avances que han supuesto las revueltas para la democracia en el mundo árabe, no ha habido una mejora significativa de los derechos de las mujeres, que incluso han perdido representación en las nuevas instituciones.

Según el Mapa Mundial de la Mujer en la Política 2012, recientemente presentado en la ONU, solo un 10,7 % de los miembros del Parlamento son mujeres en los países árabes, la región del mundo con menor presencia femenina en este ámbito.

En el Yemen, una de las protagonistas de la revuelta contra el entonces presidente, Ali Abdalá Saleh, fue la activista Tawakul Karman, que el año pasado fue premiada con el Nobel de la Paz.

Una mujer egipcia, Asmaa Mahfuz, y otra siria, Razan Zeituneh, recibieron también el premio Sajárov de Libertad de Conciencia que concede el Parlamento Europeo por su activismo contra los regímenes dictatoriales en sus respectivos países durante la llamada Primavera Árabe.

En Marruecos, solo una de las 31 carteras ministeriales está ocupada por una mujer.

Aunque Turquía está en el vagón de cola en la igualdad de la mujer, alguno de los mayores bancos, así como la patronal turca TUSIAD, están dirigidas por mujeres.

Los ataques en Israel a la igualdad de género de los extremistas religiosos, que imponen en determinadas zonas segregación por géneros y modestia extrema en los atuendos femeninos llevaron al primer ministro, Benjamín Netanyahu, a asegurar que "la exclusión de la mujer de los espacios públicos contradice el espíritu del judaísmo".