lunes, 6 de febrero de 2017

Dolores Raigón: “La alimentación ecológica es mejor, ofrece más nutrientes”

Por Miguel Jara 6 de febrero de 2017

¿Qué es mejor, alimentarse con productos convencionales o ecológicos? ¿Qué dice la Ciencia? Hemos entrevistado a Mª Dolores Raigón para saberlo. Ella es Doctora en Ingeniería agrónoma por la Universidad Politécnica de Valencia, catedrática de química agrícola y presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica. Raigón lleva años investigando diferentes alimentos y ha documentado que la alimentación ecológica es mejor pues ofrece más y mejores nutrientes (y muchas cosas más). Leed.

-María Dolores, ¿hasta qué punto la alimentación convencional hoy se ha convertido en un problema de salud pública?

Es algo que está en la línea de muchos profesionales de la salud pero encontrar la relación entre causa y efecto es difícil.

Imagino que las instituciones sanitarias en sus estadísticas cuentan con los datos sobre las incidencias de sustancias fitosanitarias, concentraciones de nitratos, reacciones alérgicas y otras cuestiones relacionadas con los alimentos de producción convencional.

Los efectos sobre la salud han sido ampliamente descritos. Estas sustancias se comportan como disruptores hormonales, originan malformaciones en los fetos y dañan las células dando lugar a un número importante de cánceres. Pero para que las instituciones lo reconozcan como un problema de salud pública, todavía hay un gran recorrido por hacer.

-¿Cómo explicaría de manera sencilla lo que es la alimentación ecológica?

La alimentación ecológica es la que está basada en alimentos ecológicos, orgánicos o biológicos (porque significa lo mismo) y que se producen con técnicas en las que no se pueden emplear sustancias químicas de síntesis, ni semillas genéticamente modificadas y donde se respetan los ciclos de vida y el bienestar animal.

Es decir, unas técnicas que combinan las mejores prácticas ambientales, con incremento de la biodiversidad y preservando los recursos naturales, entre otros requisitos.

Estas técnicas se recogen en el Reglamento (CE) número 834/2007 del Consejo sobre producción, control y etiquetado de los productos ecológicos y son de obligado cumplimiento para poder ser identificados, mediante el distintivo de control que verifica el alimento con el criterio de calidad certificada ecológica.

Hoy sabemos que estas características se cumplen con la definición de alimento ecológico.

-¿La alimentación ecológica es mejor, en el amplio sentido del concepto, que la convencional?

Cuando hablamos de agricultura ecológica, tenemos que referirnos a sus principales objetivos, entre los que destaco:

1) trabajar con los ecosistemas de manera integrada

2) mantener y mejorar la fertilidad de los suelos

3) producir alimentos libres de residuos químicos

4) utilizar el mayor número de recursos renovables y locales

5) mantener la diversidad genética del sistema y de su entorno

6) evitar la contaminación resultante de las técnicas agrarias

7) permitir que los agricultores realicen su trabajo de manera saludable.

Las virtudes que acompañan a un alimento ecológico respecto a uno no ecológico son los beneficios sociales y medioambientales que nos aportan y la mayor composición nutricional.

-Usted ha ido a la esencia, ha buscado en la raíz de los alimentos hortícolas de producción ecológica, ha analizado sus principios nutritivos, puede sintetizarnos lo que ha encontrado?

Los estudios realizados se han centrado en el análisis bromatológico (su composición cualitativa y cuantitativa, el significado higiénico y toxicológico de las alteraciones y contaminaciones) de alimentos frescos (frutas y verduras) producidos bajo un diseño comparativo en técnicas de producción ecológica y convencional, evaluando el contenido en materia seca, mineral, vitaminas, proteínas y de sustancias antioxidantes.

Además, en algunas hortalizas se han analizado también la concentración de antinutrientes, como los nitratos. Con el mismo objetivo, también hemos estudiado la composición vinculada a la calidad de alimentos de origen animal, como son los huevos y la carne de conejo.

De ellos, hemos podido concluir que los alimentos ecológicos presentan mayor concentración en proteínas, (tanto en alimentos de origen animal como vegetal), mayor contenido vitamínico (en frutas y verduras), mayor contenido mineral (en frutas, verduras, y alimentos en grano, como leguminosas y cereales) y mayor nivel de sustancias antioxidantes (en frutas, verduras y en aceite de oliva).

Por otra parte, los alimentos ecológicos contienen mayor concentración en materia seca, que influye tanto en la mayor concentración nutricional, como en las mejores aptitudes en postcosecha.


-El sentido común nos lleva a pensar que la alimentación ecológica es más sana para las personas, para el medio natural y para la economía rural entre otras pero será consciente de que existen movimientos que siembran dudas sobre esas ventajas, quizá movidos por los intereses comerciales de la industria alimentaria y biotecnológica, muy en boga, ¿es así?

La alimentación es un tema estratégico a nivel mundial, es un acto de alta frecuencia en la vida del ser humano, y por lo tanto un negocio, en la medida que los alimentos se convierten en mercancía y los individuos perdemos nuestra soberanía sobre la alimentación.

Eso significa que existen grandes intereses para controlar el modelo alimentario e intentan tirar por tierra argumentos a favor del modelo agroecológico, poniendo en duda sus ventajas, incluso empleando mentiras. De manera indirecta, creo que todos los consumidores estamos expuestos a estas presiones.

-Sus investigaciones han documentado la importancia de algo en que muchas personas que consumen productos ecológicos y que no lo hacen quizá no han pensado lo suficiente: la relevancia de la producción ecológica en el fomento de la biodiversidad y en la sostenibilidad ecológica y económica; el equilibrio entre la naturaleza y las sociedades humanas que produce. ¿Qué puedo decirnos al respecto?

La base de la producción de alimentos frescos de origen vegetal es el equilibrio del suelo, en un sistema convencional, los suelos tienen muy poca función, ya que las plantas se limitan a ir absorbiendo los elementos fertilizantes que se van aportando, en muchos casos de manera excesiva y con derivas de contaminación.

En un modelo ecológico, los aportes nutricionales al suelo se realizan en formas orgánicas que deben ser degradadas por parte de los microorganismos del suelo y ese es el principio de salubridad del suelo, la presencia de los microorganismos que van proporcionando de manera gradual, las sustancias asimilables por la planta.

Así, las prácticas ecológicas de fertilización, implican mayor biodiversidad en los suelos, pero también las técnicas de sanidad vegetal van sujetas al incremento de la diversidad.

La producción ecológica (agrícola y ganadera) se apoya en el uso de variedades locales y razas ganaderas autóctonas, con mayor adaptación a las condiciones de suelo y clima locales y todas estas cuestiones son las que nos llevan a favorecer la biodiversidad.

Hay que ver el modelo productivo ecológico como un conjunto y un equilibrio, donde la fertilización no es un mero cambio de insumos, sino un sistema donde hay que mantener la diversidad biológica y el potencial nutricional del suelo.

-El principal “pero” que se le pone a la alimentación ecológica es su precio, más alto que el de la comida convencional ¿cómo se explica y justifica esta realidad?

Desgraciadamente, existen muchos factores que inciden en el precio de un alimento y que las personas no tenemos capacidad para interpretar de manera global. Algunos de ellos son:

1) Los rendimientos en ecológico son ligeramente más bajos y faltan investigaciones y técnicas para incrementar estos rendimientos.

2) El precio está muy influido por la oferta y la demanda.

3) En muchas ocasiones, el precio viene marcado por factores muy alejados de la producción y al consumo, porque los precios ni los fija el productor ni el consumidor, una manera de incidir en el precio de los alimentos es intervenir en la cadena de distribución de los mismos, activando los circuitos cortos y los mercados de cercanía.

Los alimentos ecológicos son caros dependiendo de donde se compren y cuales han sido los canales de distribución.

Nos sorprenderíamos del precio de algunos alimentos convencionales comprados en algunas medianas y grandes superficies, comparado con los precios de venta del mismo alimento en ecológico, en algunos canales alternativos.

4) Por otro lado, nunca nos planteamos los costes indirectos que presenta la producción convencional y que algún día tendremos que pagar, como por ejemplo el coste medioambiental o el coste en salud. Desde algunas instituciones se indica que por cada euro que pagamos por un alimento convencional, hay que invertir otro euro en subsanar los problemas medioambientales, más otro euro en subsanar los problemas de salud.

5) Y sobre todo, hay que considerar la mayor densidad nutritiva de los alimentos ecológicos. Los alimentos ecológicos no pueden ser caros si analizamos la cantidad de nutriente por unidad de superficie productiva.

Me explico, si las necesidades de vitamina C son de 60 mg/día y el zumo de una naranja ecológica los contiene, no necesitamos exprimir dos naranjas convencionales para llegar a estas necesidades. Si la producción de lechugas convencionales contiene un 5% más de agua, son nutrientes de menos que se consumen.

-¿Qué hay que mejorar en el ámbito de la producción ecológica?

Me gusta decir que en producción ecológica lo tenemos todo por hacer. Tenemos que seguir trabajando para aportar mejoras técnicas tanto en la agricultura, como en la ganadería, como en la transformación de alimentos ecológicos.

Pero también tenemos que seguir creando o motivando a la mayor concienciación, a la educación en valores y por tanto a ver el tema de la agricultura ecológica, no como una alternativa, sino como la solución a problemas tan graves como la mitigación del cambio climático, el uso racional de agua de riego, la producción equitativa de proteína animal y los cambios en el modelo de ingesta, etc.

Barcelona prohíbe el uso de glifosato, ¿cómo se utiliza en el resto del mundo?

ESPERANZA ESCRIBANO 03 DE FEBRERO DE 2017

Llevamos con el dilema del glifosato varias rondas de debate. Palabras clave: pesticidas, Greenpeace, la Unión Europea, Monsanto, Los Verdes… hora de poner negro sobre blanco de qué estamos hablando, por qué cada vez más está más perseguido su uso y el mapa mundial del uso de este herbicida en el mundo.
Infografía sobre el glifosato / Greenpeace  
Empezando por el principio, el glifosato es un herbicida “de amplio espectro” patentado por Monsanto, la multinacional estadounidense productora de agroquímicos, en la década de 1970. Caducada la licencia, el resto de compañías empezaron a comercializarla, pero aún así, el Roundup -nombre comercial del glifosato- de Monsanto sigue siendo el más vendido en el mundo. Es la tercera fuente de ingresos de la multinacional. El glifosato se encuentra en 750 productos diferentes que se usan en agricultura, jardinería o incluso en casa. En el caso de España se encuentra en 125 productos diferentes.

No contentos con eso, veinte años después, los amigos de Monsanto desarrollaron plantas transgénicas, las llamadas Roundup Ready, tolerantes a su herbicida, lo que permitía que se utilizara con una aplicación “más amplia”, que en principio, reduciría también el uso de estos químicos. Pero, como denuncia Greenpeace, se trataba “de una falsa promesa que ha hecho incrementar drásticamente su uso”. Con las plantas transgénicas, lo que ha ocurrido es que ha aumentado el uso del glifosato porque mata todas las plantas sobre las que se aplica excepto, claro, aquellas diseñadas para sobrevivir.

Distintas asociaciones llevan años denunciando los daños que puede tener el glifosato para la salud. En 2015, la Agencia para la Investigación sobre el Cáncer de la Organización Mundial de la Salud lo calificó como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Esto supone incluirlo en la lista 2A (en la que está también la carne roja), que significa que se ha comprobado que es cancerígeno en animales y aunque aún no en personas, la posibilidad es alta. Millones de hectáreas de tierras de cultivo, parques e incluso aceras se rocían con este herbicida cada año en todo el mundo.

¿Cómo puede que puede afectarnos a las personas? Principalmente, a través de la alimentación, pero no sólo. Para que nos hagamos una idea de hasta dónde puede llegar esta sustancia tóxica, un estudio de la Universidad de la Plata encontró glifosato en el 85% de las muestras de tampones y toallitas analizadas y en el 100% de las gasas y algodones.

Además, también hay un impacto en el medio ambiente. El glifosato contamina también los suelos y el agua. Es perjudicial tanto para organismos acuáticos como algas microscópicas o peces y moluscos, como para las lombrices de tierra o especies de plantas silvestres que en principio no son su objetivo. Aunque fuera inocuo, su uso asociado a los cultivos transgénicos ayuda a la resistencia de las “malas hierbas”, cada vez más difíciles de destruir, entrando en un peligroso círculo vicioso.

Estas son las razones que llevaron a un distintos colectivos ecologistas a pedir al Ayuntamiento de Barcelona que dejara de utilizarlo en los jardines públicos. El ejecutivo municipal recogió el guante y estableció un período de transición que terminó el pasado mes de diciembre. Para ello, apuesta por una jardinería ecológica y sostenible, evitando podas excesivas, especies no adaptadas al medio o que necesiten grandes cantidades de agua.

La decisión de Barcelona a nivel municipal es consecuencia de una triquiñuela más de la Comisión Europea. A pesar de que el Parlamento Europeo rechazó el pasado 6 de junio otorgar a Monsanto una nueva licencia para su producto estrella, el ejecutivo comunitario decidió dos semanas después renovar el permiso de utilización durante 18 meses más porque el veredicto de la Eurocámara no es vinculante. El propósito, según el Comisario Europeo de Salud, Vitenis Andriukaitis, es que la Agencia Europea de Sustancias Químicas haya tenido tiempo de publicar sus conclusiones sobre los efectos del glifosato en la salud humana.

Más allá de Europa, el herbicida se utiliza masivamente en otras zonas del mundo como Latinoamérica. Argentina lidera el ránking con 5kg por habitante al año, según el Congreso de Médicos de Pueblos Fumigados del país, seguido de Brasil con 3,5kg. En Estados Unidos, la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) se comprometió hace casi un año a investigar los efectos que pueda tener sobre la salud.

Los habitantes de Barcelona están a salvo a medias, porque el glifosato, a pesar de la lucha en su contra, sigue siendo el herbicida más utilizado en todo el mundo.

viernes, 3 de febrero de 2017

El miedo a lo desconocido en el ámbito de la salud (Por Salvador Casado)

En el universo sanitario acogemos todo tipo de catástrofes vitales. A los hospitales acuden personas cuyas narrativas incluyen penosas o graves enfermedades. A los centros de salud también, además de infinitud de vicisitudes de la vida entre las que se incluyen problemas laborales, de pareja, familiares, económicos, psicológicos, afectivos, sociales y existenciales. Se puede decir que cuando un acontecimiento vital estresante llama a nuestra puerta se disparan todas las alarmas. Cada cual lo llevará de una manera pero en muchas ocasiones una de las dificultades a afrontar será un enorme miedo a lo desconocido. Ese potente sentimiento suele bloquear la capacidad de aceptación y adaptación. Solo conseguiremos superar la situación si somos capaces de modelar este cerrojo que al ser un mecanismo antiguo de supervivencia está profundamente arraigado en las entretelas cerebrales.

El miedo a lo desconocido es un factor que manejan con frecuencia los políticos y estrategas, los gestores y directivos, todo aquel que tiene una parcela de poder que defender. Activarlo supone conseguir apoyos a favor de quien lo pulsa, en contra de algún enemigo o circunstancia a confrontar. A mayor miedo social mayor capacidad de sugestionar y manipular conciencias, voluntades y votos. La sociedad audiovisual en la que nos movemos tiene potentes herramientas para favorecer este mecanismo y dada la facilidad de generar mensajes equívocos, en la era de la postverdad, poca capacidad de regulación, crítica y ajuste de los mismos.

El miedo de base frente a la enfermedad que caracteriza nuestro tiempo favorece el consumismo sanitario y la dependencia de la ciudadanía frente a prestadores de servicios y productos de salud. La ciencia médica está siendo usada a favor de agentes que terminan ganando grandes cantidades de poder y recursos. La razón es la propia potencia del método científico para etiquetar salud y enfermedad. Si comparamos los parámetros de etiquetar enfermedad hoy con los de hace treinta años observaremos un incremento, si a su vez comparamos aquellos con los de la generación anterior todavía más. Por ponerles un ejemplo cotidiano, muchos consideran el catarro una enfermedad, lo que les hace acudir a los servicios sanitarios, consumir medicamentos o incluso quedarse en casa sin trabajar. Es cierto que en algunos casos puede producir fiebre alta que incapacite durante unas horas, pero lo habitual es que sea un proceso menor que el propio cuerpo soluciona en unos días sin mayores problemas y sin necesidad de requerir complejos cuidados. La variabilidad clínica nos dirá que aproximadamente un 80% de los casos seguirán haciendo una vida normal y un 20% se quejarán de sus evidentes limitaciones. Pero ¿qué pasaría si la proporción fuera al revés?, ¿qué ocurriría si cada vez tolerásemos peor las molestias de salud asociadas a la vida corriente?, ¿si sintiéramos miedo cada vez que nuestro cuerpo manifiesta una reacción adaptativa de salud por pequeña que sea?

Todo aquel que trabaje en el ámbito de la salud tiene un papel a la hora de gestionar el miedo que la salud y la enfermedad puedan generar. Existen perfiles profesionales e institucionales que tienden a aumentar el miedo con mensajes del tipo: “más vale prevenir que curar”, “hágase chequeos o todas las pruebas diagnósticas que pueda”, “póngase todas las vacunas posibles”, “recurra a nuestros servicios médicos al menor síntoma”. Son más frecuentes de lo que nos pensamos, en muchos casos surgen de un genuino interés por el paciente, en otros de la inseguridad del profesional y en algunos de un evidente factor de lucro. Otros perfiles lo disminuyen aunque esto es más difícil dado que requiere de tiempo suficiente para escuchar convenientemente al paciente y su acompañante, hacer una correcta historia clínica con su correspondiente exploración y generar un dictamen razonado que explique la situación en un lenguaje comprensible y responda las posibles preguntas que se generen. Las condiciones de saturación en las que frecuentemente se trabaja dificultan mucho esta labor que por otra parte no se registra ni se reconoce de ninguna manera.

Este tema merece una reflexión tanto de los que tienen algo que ver con el mundo de la salud como por todos aquellos que en alguna ocasión necesitarán sus cuidados y servicios. Vivir en una sociedad con miedo genera enfermedad. Darnos cuenta es el primer paso para modularlo.

Salvador Casado en médico de familia
@DoctorCasado

jueves, 2 de febrero de 2017

Los dos tipos de cáncer más detectados en España se relacionan con la exposición a contaminantes hormonales

Figura 2.18 del Estado de la ciencia sobre disruptores endocrinos (OMS y PNUMA)  
2 febrero, 2017

Los dos tipos de cáncer con mayor incidencia en España son el cáncer de mama en mujeres y el de próstata en hombres, ambos relacionados con la exposición a disruptores endocrinos. Sin embargo, este hecho ni se nombra en el reciente informe de la Sociedad Española de Oncología Médica.

El informe “Las cifras del cáncer2017“, de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), afirma que el número de nuevos casos de cáncer detectados (la llamada “incidencia”) aumenta de forma constante desde hace 20 años. De hecho, se alcanzan las previsiones estimadas para 2020, con casi 250.000 nuevos cánceres detectados al año (148.827 en varones y 98.944 en mujeres).

Según la SEOM, las causas del cáncer son el crecimiento de la población, la mejora de las técnicas de detección precoz y el aumento de la esperanza de vida. También cita que “alrededor de 1/3 de las muertes por cáncer son debidas a “causas evitables“, como el tabaco (responsable de hasta un 33% de los tumores a nivel global), las infecciones, el alcohol y la obesidad“.

¿Y qué ocurre con la exposición cotidiana a tóxicos?

El desarrollo de tumores se debe a una multitud de factores entre los que se encuentran los anteriores, sin duda.

Pero no se deben obviar los resultados del informe Estado de la Ciencia de los Disruptores Endocrinos, de la Organización Mundial de la Salud y el Programa sobre Medio Ambiente de Naciones Unidas, que determinan que “Las tasas globales de cánceres endocrinos (cáncer de mama, endometrio, ovario, próstata, testicular y tiroides) han aumentado en los últimos 40-50 años“.

La población se expone a diario a tóxicos: respira los humos procedentes de automóviles o industrias cercanas a sus domicilios, ingiere residuos de plaguicidas y aditivos alimentarios tóxicos junto a los alimentos y se extiende sobre la piel cremas, jabones y productos cosméticos que contienen disruptores endocrinos, sospechosos de generar cánceres en órganos relacionados con las hormonas.

Ejemplo nº1: el cáncer de mama

No parece casualidad que los dos tipos de cáncer más diagnosticados, el de próstata en hombres y el de mama en mujeres, estén directamente relacionados con la exposición a disruptores endocrinos. Numerosos estudios científicos alertan al respecto aunque no han recibido mucha atención por parte de los medios ni mucho menos de las autoridades.

La siguiente figura, del informe de la Sociedad Española de Oncología Médica, muestra que el cáncer de mama es el tumor más frecuentemente diagnosticados en las mujeres españolas:
Un estudio realizado en España por el investigador Nicolás Olea, Director del Departamento de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada, concluye que existe una fuerte asociación entre la cantidad de disruptores endocrinos en el cuerpo y el riesgo a desarrollar cáncer de mama.

El aspecto más novedoso de este estudio es que analiza el efecto combinado que tiene un conjunto de contaminantes hormonales del suero corporal, lo que destaca la importancia de evaluar mezclas de xenoestrógenos, en lugar de compuestos por separado al estudiar cánceres relacionados con hormonas.

El informe de la OMS y PNUMA antes citado realiza un repaso a las evidencias científicas sobre la relación entre disruptores y el cáncer de mama (página 126).

Ejemplo nº2: cáncer de próstata

En hombres, el tipo de cáncer con mayor incidencia en España en 2015 fue el de próstata, con 33.370 nuevos casos detectados, como muestra la figura del informe de la SEOM:
De hecho, este tipo de cáncer está creciendo de forma dramática y continua en numerosos países europeos lo que según el informe Estado de la Ciencia del PNUMA no puede explicarse sólo por una mejor detección precoz. Los estudios sobre población migrante y gemelos muestran que influyen de forma importante los factores ambientales como la dieta y la exposición química, en particular a pesticidas como el clorpirifós, el plaguicida más habitual en los alimentos españoles y presente como residuos en 20 tipos de alimentos diferentes. También se relaciona con la exposición a otros contaminantes, como el arsénico.

La exposición contaminantes hormonales que simulan funciones de estrógenos (xenoestrógenos) en la etapa prenatal del bebé puede alterar profundamente el desarrollo de la próstata, haciéndola más sensible a desarrollar cáncer en la vida adulta.

A pesar de estar demostrado científicamente que la exposición a contaminantes hormonales se relaciona con el desarrollo de los dos cánceres con mayor incidencia en España, las autoridades no llevan a cabo ninguna medida de prevención de la exposición, que “se produce por debajo de los límites legales seguros.

Pero el incremento de este tipo de enfermedades, unido a la realidad de que no existen cantidades seguras para los disruptores endocrinos y a la falta de investigación del efecto cóctel, deja a la población en una situación desprotegida.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Una nueva investigación encuentra metales pesados en las vacunas analizadas

Por Miguel Jara 1 de febrero de 2017

La revista International Journal of Vaccines & Vaccination (IJVV) -académica y especializa en investigaciones en el ámbito de las vacunas– publica un estudio que seguramente será polémico y que, de confirmarse sus resultados, puede ser un escándalo: encuentran partículas y sustancias en las vacunas no informadas en su composición y que se consideran contaminantes o tóxicas, buena parte de ellas son metales pesados.

Todos los medicamentos y las vacunas lo son, pueden ofrecer reacciones adversas. Lo he explicado en numerosas ocasiones, en el caso de las vacunas esos efectos secundarios suelen ser en la mayor parte de las ocasiones leves y sólo en casos extraordinarios graves o mortales (que también ocurre).

Existe una particularidad que hace que la investigación de los posibles daños provocados por las inmunizaciones haya de ser muy rigurosa: las vacunas se aplican a personas sanas.

Toda investigación es poca porque de la honestidad con la que se comuniquen los posibles riesgos dependerá la credibilidad de los sistemas de vacunaciones o escrito de otro modo: La ocultación de datos sobre la seguridad de las vacunas puede arruinar el mejor intencionado programa de inmunización de la población al generar desconfianza.

Con el fin de proporcionar nueva información, dos investigadores italianos -una experta en tecnologías biomédicas y un especialista en nanotecnología-, publican el mencionado trabajo basado en una investigación de microscopía electrónica.

Buscaban verificar la presencia de contaminantes sólidos en las vacunas por medio de un microscopio electrónico equipado con una microsonda de rayos X y lo que publican que han encontrado es ciertamente sorprendente.

Los resultados de esta nueva investigación muestran la presencia de partículas incluso a nivel nanomateria (tamaño de entre 1 a 100 nanómetros. El nanómetro es la millonésima parte de un milímetro). Se trata de materiales inorgánicos que no están declarados entre los componentes de las vacunas.

Una parte de esos contaminantes ya se han encontrado en este tipo de fármacos en otros estudios. La literatura científica los considera como no biodegradables y no biocompatibles y por lo tanto potencialmente tóxicos. Y como argumentan estos dos profesionales:
"Su indebida presencia es, por el momento, inexplicable”.

La vacuna del papiloma Gardasil lleva aluminio 
para potenciar su efecto.  
¿De qué materiales tratamos? De restos de aluminio, silicio, magnesio, titanio. De partículas de hierro, cromo, silicio y calcio. De plomo, acero inoxidable, tungsteno, circonio, estroncio, níquel, antimonio, zinc, bismuto. Metales pesados, un grupo de elementos químicos que presentan una densidad alta y son, en general, tóxicos para los seres humanos.

Otras sustancias observadas dan incluso para chiste, si no fuera porque de confirmarse estos resultados, los fabricantes de vacunas y las autoridades sanitarias que regulan los medicamentos, tendrían que dar muchas explicaciones, porque ¿qué hacen el oro, la plata y el platino (en cantidades ínfimas) en las vacunas?

Los investigadores insisten en que estos compuestos no se degradan de manera natural y pueden inducir efectos adversos, ya que nuestro organismo no los reconoce.

Los análisis realizados muestran estos contaminantes en todas las muestras. Son materiales ante los que nuestro organismo reacciona. Esta investigación apunta a que los controles de calidad de las vacunas deben mejorarse y que es necesario tener en cuenta nuevos aspectos a la hora de evaluar la seguridad de las inmunizaciones.

La hipótesis que manejan los dos investigadores de Italia es que esta contaminación es accidental. Que seguramente se deba al uso de componentes de las vacunas contaminados o a procedimientos industriales para producir vacunas en los que se ha descuidado (y parece ser que mucho) la limpieza.

Los laboratorios fabricantes de vacunas no han detectado dicha polución y como concluyen estos especialistas, una inspección minuciosa de los procesos de fabricación “probablemente permitiría eliminar el problema“.

¿Están ocultando información clave de seguridad los fabricantes de vacunas? En fin, hay que ser prudentes pero esto apunta a algo muy grave para la necesaria confianza que debemos de tener en los sistemas de vacunaciones. Esperemos que en breve se abra una investigación que confirme o desmienta lo que ahora conocemos.

ACTUALIZACIÓN:

Tras publicar este post, un lector atento me comenta que la revista IJVV donde está publicado el estudio que comentamos está en la lista de publicaciones“predatorias”. Dicho listado está formado por revistas en las hay que pagar por publicar (y pretenden ganar dinero publicando artículos). Para ello, en teoría, se facilita el proceso de revisión por pares (a veces no existe) y se acelera el tiempo entre que se recibe el artículo y se publica. Se han hecho investigaciones con algunas de estas revistas y así lo confirman. Pero habría que estudiar una a una. En Plos One también hay que pagar y goza de un prestigio muy alto por su independencia de las industrias. Escribiré un artículo sobre esto.