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sábado, 19 de enero de 2019

María A. Rey: "Un vertido de gasoil en el centro en el que trabajaba como médico desencadenó mi enfermedad"

Sufre Sensibilidad Química Múltiple, una dolencia crónica al alza "en una sociedad que trata con productos químicos todo, desde sus alimenos, la ropa que viste y el aire que respira", denuncia
María A. Rey (izquierda) ayer con María José Gómez. // Iñaki Osorio  
M.J.Álvarez | Ourense 18.01.2019 |

"Un vertido de gasoil en el centro donde trabajaba como médico, que se produjo el día 21 de enero de hace este mes 11 años, desencadenó mi Sensibilidad Química Múltiple (SQM). Tras varias recaídas y año y medio de baja, tuve que cambiar de centro y puesto de trabajo y no he podido ver pacientes desde entonces".

Así, en primera persona, relataba la médico ourensana María Argentina Rey, durante una charla divulgativa ofrecida anoche en la sede de la Asociación Queixumes dos Pinos de Ourense, y con una mascarilla con la que debe de protegerse de por vida, qué es la sensibilidad química múltiple: "una enfermedad crónica, persistente, compleja y muy incapacitante, que a día de hoy no tiene tratamiento curativo, por lo que evitar las exposiciones es la única medida eficaz" señaló. De ahí su compromiso por tratar de informar y formar sobre esta patología, cuyo origen es a veces difícil de diagnosticar y que cualquiera puede sufrir , por la continua exposición a la que estamos sometidos desde que nacemos a agentes químicos nocivos.

"Esta sensibilidad química es una perdida adquirida de tolerancia a productos químicos diversos, podríamos decir que existe un antes y un después; el antes es una vida totalmente normal , como la de cualquier otra persona, y el después con un montón de limitaciones al perder esa tolerancia", explica.

Acompañada por María José Gómez, otra paciente aquejada de SQM, María Argentina expone con la claridad del paciente que es además facultativo, "que vivimos en una sociedad que trata con productos químicos sus alimentos, el agua, la ropa que viste, los productos de aseo y limpieza, los cosméticos, y que contamina hasta el aire que respira, por lo que nadie está libre de padecerla en algún momento de su vida. De ahí la importancia de sustituir esos productos químicos por alternativas más saludables para prevenir su aparición".

Advierte de que la exposición única o reiterada a productos químicos que puede desencadenar la enfermedad en unos casos y en otros "un accidente laboral debido a fumigaciones o vertidos de algún producto químico". Ese fue su caso, el fatídico derrame de gasoil que dio un vuelco a su vida y la convirtió en una militante de la prevención de la SQM.

Explica que cualquier trabajador puede verse afectado, pero más aquellos que trabajan en laboratorios, con productos químicos, profesionales de la limpieza y aumenta en sanitarios. Es incapacitante, pero mutuas, empresas no colaboran y el INSS "se niega a dar la incapacidad cuando ya no se puede trabajar", lamenta.

"Te cambia la vida"

Confiesa que "la enfermedad te cambia la vida, porque una vez que la adquieres te vas sensibilizando cada vez a más productos químicos y simple colonia, un desodorante, un ambientador o cualquier producto de limpieza, van a desencadenar los síntomas que afectan a diferentes órganos y sistemas: cardiovascular, respiratorio, endocrino, hepático, inmunológico, neurocognitivo, entre otros".

Como cada exposición a esos productos, agrava la enfermedad, ayer María hizo un llamamiento a al público, para que eviten tantos productos químicos de nuestras vidas, la mayoría innecesarios.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Fallece en Argentina el icono mundial de la lucha contra Monsanto y las fumigaciones

Publicado: 7 sep 2018

Fabián Tomasi trabajó durante años expuesto a las fumigaciones en un campo argentino, situación que le produjo polineuropatía, hasta que murió este viernes por la mañana.
La figura de Fabián Tomasi se convirtió en un icono mundial de la lucha contra el uso del
glifosato. Pablo Aharonian / AFP
El mayor símbolo de la lucha contra Monsanto, el sistema de fumigaciones y el uso del glifosato en Argentina, Fabián Tomasi, falleció este viernes por la mañana (hora local) a los 53 años tras padecer una polineuropatía severa, o la 'enfermedad del zapatero'. Los ambientalistas sostienen que aquella afección la contrajo trabajando en los campos fumigados de aquel país sudamericano.

El cuerpo alterado de Tomasi, reflejado en la portada del libro 'Envenenados', se convirtió rápidamente en un icono internacional para la lucha por el medio ambiente. La enfermedad que le causó el sistema de producción agrícola alteró sus músculos y también la forma de su cuerpo: "Soy la sombra del éxito sojero", le había expresado la víctima a La Voz en una entrevista.
Falleció Fabian Tomasi. En Basavilbaso, Entre 
Ríos. Historia clave de mi libro #Envenenados, 
los agrotóxicos minaron su salud hasta este 
final. Se va un símbolo de la lucha contra 
las fumigaciones. Alguien determinante a la 
hora de entender este modelo que mata. 
Vale repasar que el uso de agroquímicos en ese país del Cono Sur se presenta en grandes cantidades debido a la expansión del cultivo de soja transgénica, cuyos brotes son resistentes a las fumigaciones que alejan a las plagas de los campos.

"Estar vivo es un milagro"

Por su parte, Tomasi comenzó a trabajar en una empresa fumigadora llamada Molina y Compañía S.L.R., en la localidad de Basavilbaso, provincia de Entre Ríos, una zona donde esa práctica es habitual. Durante años, se desempeñó manipulando las cargas químicas que luego los aviones dispersarían en las plantaciones.
Fabián Tomasi: "Lo que más duele es el silencio 
de la mayoría, y todos esos niños que nacen con 
malformaciones por los agrotóxicos en un país 
sin asistencia y que les da la espalda".
"Mi caso es extremo por haber trabajado sin ningún cuidado. Pero no hay que perder de vista que son sustancias destinadas a matar. Esto es inviable, no hay manera de tirar millones de litros de veneno al ambiente y pensar que eso no va a provocar ningún daño", había expresado en el reportaje ya citado.

"Llegábamos a casa y la cara nos ardía. Estar vivo es un milagro", relató en otro reportaje mencionado por El Día, mientras sus dolencias avanzaban. En aquella oportunidad, recordó: "Cargábamos los aviones con veneno. Abríamos los tanques de 20 litros y al sacar las tapas se te pegaba todo el veneno en las manos. Comíamos debajo de las alas de los aviones, donde el veneno goteaba", recordó en aquella oportunidad".

"Tengo miedo de morir"

En una emotiva carta publicada en marzo por La Garganta Poderosa, Tomasi explicó con exactitud el momento por el cual estaba pasando. Sobre su enfermedad, describió: "Afecta todo mi sistema nervioso y me mantiene recluido en mi casa. Mis primeros síntomas fueron dolores en los dedos, agravados por ser diabético, insulinodependiente".


Y siguió: "Luego, el veneno afectó mi capacidad pulmonar, se me lastimaron los codos y me salían líquidos blancos de las rodillas. Actualmente tengo el cuerpo consumido, lleno de costras, casi sin movilidad y por las noches me cuesta dormir, por el temor a no despertar".

Sin embargo, las dolencias físicas no fueron su único obstáculo: "Recibí muchas amenazas por visibilizar lo que nos hacen comer, respirar y beber a diario", había revelado. A su vez, prosiguió: "Ya no basta con decir 'Fuera Monsanto', porque las cadenas de maldad hoy se extienden al resto de las compañías multimillonarias y se enredan con el silencio", haciendo alusión al rol mediático sobre esta grave problemática sanitaria.

Así las cosas, tras conocerse su deceso, el perfil de Facebook del fallecido se llenó de mensajes de afecto, donde los usuarios reconocieron su larga lucha contra el uso de los agroquímicos.

sábado, 6 de mayo de 2017

España concentra el 95% de los cultivos transgénicos de Europa

Aragón, Catalunya y Extramadura son las comunidades en las que más se utiliza el maíz transgénico creado por Monsanto
Trabajador inspeccionando el crecimiento de un cultivo de maíz (shotbydave / Getty)  
JOAQUIM ELCACHO 06/05/2017

El 2016 se cultivaron en España 129.081 hectáreas con variedades vegetales transgénicas, en concreto, el maíz transgénico MON-810 creado por la multinacional Monsanto. Esta cifra representa un aumento del 19,8% respecto a la extensión cultivada con maíz transgénico en España en 2015, según el balance anual mundial elaborado por el Servicio Internacional de Adquisición de Aplicaciones de Agrobiotecnología (ISAAA, por sus siglas en inglés), una entidad sin ánimo que apoya el uso de cultivos biotecnológicos.

El informe anual de la ISAAA, por otra parte, deja en evidencia que España es el único país del continente europeo en el que los cultivos transgénicos han alcanzado una superficie agrícola relativamente significativa. De hecho, el año pasado prácticamente el 95% de los transgénicos de Europa tenían su origen en campos de nuestro país.
Evolución de los cultivos transgénicos en Europa, en hectáreas (ISAAA)  
Tras España, los únicos países europeos con transgénicos son Portugal (7.069 hectáreas en 2016), Eslovaquia (138 hectáreas) y la República Checa (75). Rumanía, Polonia y Alemania, que en años anteriores tenían pequeños cultivos transgénicos, no registraron ninguna extensión con esta variedad en 2016.

Los datos sobre cultivos transgénicos por comunidades autónomas muestran igualmente una gran concentración territorial. Del total de 129.081 hectáreas con transgénicos en España, 46.546 corresponden a Aragón, 41.567 son de campos de cultivo de Catalunya y 15.039 hectáreas de Extremadura; seguidos de Andalucia, Navarra y Castilla-La Mancha.
Superficie cultivas con maíz transgénico , por comunidades (ISAAA)
El informe del IASSS recuerda que en Europa, en la práctica, la normativa actual solo hace posible el cultivo de una variedad vegetal transgénica, el maíz MON-810 creado por la multinacional Mosanto para combatir las plagas del insecto conocido como taladro del maíz. Según esta entidad, si se autorizara la utilización de otras variedades transgénicas los agricultores europeos incrementarían el uso de este tipo de vegetales.

Problemas legales y oposición ecologista

Las exigencias legales impuestas por la Unión Europea y algunos de los países; así como las campañas de oposición lideradas por grupos ecologistas y el escaso apoyo social a este de cultivos explican el número reducido de variedades transgénicas autorizadas en Europa y el relativamente reducido peso de los cultivos del maíz transgénico (en relación con el conjunto de cultivos de variedades no transgénicas).

Frente a la escasa simpatía europea por los transgénicos, países como Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá o la India se han convertido en líderes mundial de este tipo de variedades.
El informe de la IASSS destaca que la superficie mundial cultivada con transgénicos alcanzó en 2016 la extensión total de 185,1 millones de hectáreas, algo superior a las 179,7 millones de hectáreas en 2015 y las 181,5 millones de hectáreas en 2014. “En 2016, un total de 26 países, entre los cuales se encontraban 19 países en desarrollo y 7 países industrializados, plantaron cultivos biotecnológicos [transgénicos]”, expone el resumen del informe de la IASSS.

La nota informativa difundida por la IASSS para presentar su informe anual acumula una larga lista de elogios hacia los cultivos transgénicos; una visión que contrasta con la de los grupos ecologistas, que reiteran año tras año que, en su opinión, los transgénicos son una amenaza para el medio ambiente y en conjunto no ayudan a la seguridad alimentaria mundial.
Científico y agricultor en un campo de cultivos transgénicos (Westend61 / Getty)  

sábado, 22 de abril de 2017

Sentencia del Tribunal Monsanto: “Daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio”

El martes fue el veredicto del Tribunal Internacional Monsanto, que sesionó en octubre de 2016. La multinacional fue hallada culpable por daños a la salud y el ambiente, crímenes de guerra y ecocidio.

Del 14 al 16 de octubre de 2016, en el Instituto de Estudios Sociales (ISS) en La Haya, Países Bajos, cinco jueces de distintas partes del mundo escucharon a más de treinta testigos y expertos de los cinco continentes. El Tribunal Internacional Monsanto de La Haya, de carácter exclusivamente ético, se puso como objetivo sentar bases jurídicas que permitan avanzar en un verdadero proceso contra la polémica multinacional química y agroalimentaria. Para ello se ha basado en los Principios Rectores sobre Empresas y Derechos Humanos adoptados por la ONU en 2011.

Andrés Arnone Miércoles 19 de abril  
El veredicto del tribunal

El Tribunal concluyó que Monsanto se ha involucrado en prácticas que tienen un impacto negativo en el derecho a la alimentación. Las actividades de la multinacional afectan la disponibilidad de alimentos para individuos y comunidades, e interfieren con la habilidad de los individuos y comunidades de alimentarse a sí mismos directamente o a elegir semillas no modificadas genéticamente. Además, las semillas genéticamente modificadas no siempre son costeables para los agricultores y amenazan a la biodiversidad. Las actividades y productos de Monsanto causan daño al suelo, agua y al ambiente en general. El Tribunal concluye que la soberanía alimentaria también es afectada y resalta los casos en los cuales la contaminación genética de los campos forzó a agricultores a pagar regalías a Monsanto o hasta abandonar sus cultivos no-OGM debido a esta contaminación. Efectivamente hay una infracción al derecho a la alimentación debido al mercadeo agresivo de los OGMs los cuales pueden forzar a los agricultores a comprar nuevas semillas cada año. El modelo agroindustrial dominante puede ser criticado aún más fuertemente debido a que otros modelos –como la agroecología– existen y respetan el derecho a la alimentación.

La actividad de la empresa también afecta de forma negativa el derecho a la libertad indispensable para la investigación científica recurriendo a la intimidación, desacreditación de investigación científica cuando se formulan preguntas serias sobre la protección del ambiente y salud pública.
Con respecto a la creación del Agente naranja, arma química usada por EEUU en Vietnam, que mataba toda vida vegetal y provoca malformaciones en animales y humanos hasta hoy en día, sería cómplice de crímenes de guerra por ecocidio, si la ley internacional tuviese esa figura: "Si el delito de ecocidio se reconociera en el derecho penal internacional, las actividades de Monsanto posiblemente constituirían un delito de ecocidio en la medida en que causan daños sustanciosos y duraderos a la diversidad biológica y los ecosistemas, y afectan a la vida y la salud de las poblaciones humanas", advirtió el fallo.

Nuestras vidas valen más que sus ganancias

Desde comienzos del siglo XX, Monsanto ha comercializado productos altamente tóxicos que contaminan el medioambiente de manera permanente, y ha causado enfermedades y muertes a miles de personas en todo el mundo. Entre estos productos se encuentra el PCB, que forma parte de los doce contaminantes orgánicos persistentes (COP) y afectan la fertilidad humana y animal; el 2,4,5-T, uno de los componentes del Agente Naranja, que contiene dioxina y que fue utilizado por el ejército estadounidense durante la guerra de Vietnam, causando malformaciones congénitas y cáncer hasta hoy; el Lasso, un herbicida que ahora está prohibido en Europa; y el famoso Roundup, el herbicida más utilizado en el mundo y elaborado en base a glifosato (reconocido por la IARC como potencialmente cancerígeno), que es el causante de uno de los mayores escándalos sanitario y medioambiental de la historia moderna. Este herbicida altamente tóxico, está asociado a los monocultivos transgénicos, principalmente soja, maíz y canola, destinados principalmente para la alimentación animal o para la producción de agrocombustibles.


El modelo agroindustrial promovido por Monsanto y otras empresas, además de ser responsables de enfermedades entre la población y extinción de especies, es responsable de al menos un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. También es en gran parte responsable del desgastamiento de la tierra y de la escasez de agua, de la extinción de la biodiversidad y la marginación de millones de pequeños agricultores.


En Argentina, aproximadamente 13 millones de habitantes de ciudades pequeñas y medianas están expuestos a estos agrotóxicos, con tasas de mortalidad por cáncer de hasta un 40%, más del doble que las áreas no expuestas.


Los Estados son cómplices

Ya el Ministro de Agroindustria es productor agropecuario y fue vicepresidente de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). En este marco el 50% del suelo cultivable, 15 millones de hectáreas, le pertenece solo a un puñado de 2 mil grandes propietarios, arrendando también muchas otras, llegándose a utilizar este “paquete tecnológico” mortal sobre mas de 20 millones de hectáreas.

Según un informe presentado recientemente por la ONG Greenpeace “al menos treinta funcionarios tienen vínculos con el oligopolio de la industria química”. Esta rama estaría encabezada por Monsanto-Bayer, Dow-Du Pont, Syngenta-ChemChina y BASF, que controlan el 60% del mercado mundial de semillas y el 65% de las ventas mundiales de agrotóxicos.

La lucha contra la muerte generada por el agromodelo debe ser una lucha contra el Estado y las grandes empresas del sector que lo sostienen, y para llegar hasta el final solo se puede confiar en las propias fuerzas de los trabajadores y sectores populares, así como en la coordinación con otros colectivos en lucha, independientes de los políticos que compartan intereses con empresarios y corporaciones responsables de la muerte y enfermedad de millones.

viernes, 7 de abril de 2017

GLIFOSATO: desgarradora carta antes de morir de una científica de la EPA “sí, causa cáncer”

Por Graciela Vizcay Gomez

La carta de la científica de la EPA Marion Copley, que falleció víctima de cáncer, fue descubierta en los documentos no sellados originalmente por el Tribunal del Distrito Norte de California, USA, en la “Acción Civil N° 16-MD-02741-VC Monsanto Company", sobre responsabilidad por el herbicida RoundUp”. La carta la dió a conocer el grupo anti-GMO ‘US Right to Know (USRTK), y fué publicado en el sitio Glyphosate.news.

En la carta, Copley le pide al científico Jess Rowland, llamado el “topo de Monsanto” dentro de la EPA, que “deje mentir sobre los peligros del RoundUp (Glifosato).


Marion Copley, una científica de la EPA con 30 años de carrera, con numerosos premios en su haber, escribió una carta a Rowland en marzo de 2013, dos años antes de que el debate público sobre la carcinogenicidad del glifosato comience en serio. La Dra. Copley fue toxicóloga principal en la División de Efectos de la Salud de la EPA y trabajó estrechamente con Rowland. Diagnosticada con cáncer terminal, tuvo que retirarse por razones de salud y falleció en enero de 2014. Antes de su muerte, expresó sus serias preocupaciones a Rowland sobre el manejo del glifosato por parte de EPA. Desafortunadamente, la Dra Copley murió un año después y antes de que la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC-OMS), el año siguiente, llegara a la misma conclusión sobre el herbicida: el glifosato es un carcinógeno.

La declaración moribunda de la Dr. Copley comienza nombrando no menos de catorce efectos del glifosato conocidos por la EPA, todos los cuales son mecanismos plausibles de acción que explican el aumento en el riesgo de linfoma.

-“Cualquiera de estos mecanismos por sí solos puede causar tumores, pero el glifosato causa todos ellos simultáneamente”. Copley señaló que el glifosato fue previamente clasificado por la EPA como un “POSIBLE carcinógeno humano”, y argumentó que, de acuerdo con los conocimientos de la EPA sobre el producto químico, la EPA debería re-clasificar el glifosato como “PROBABLE carcinógeno humano”.

En esta carta, Copley le pide a Jess Rowland que haga su trabajo y proteja al público en lugar de proteger los intereses de Monsanto, diciéndole : -“Por una vez en tu vida, escúchame y no hagas tu juego de connivencia política con la ciencia para favorecer a los registrantes. Por una vez haz lo correcto y no tomes decisiones basadas en cómo afecta a tu bono”. En dicha correspondencia, la toxicóloga cita pruebas de estudios en animales y escribe: “Es esencialmente cierto que el glifosato causa cáncer“.

Luego insiste en otro párrafo:

-“Jess, tú y yo hemos discutido muchas veces sobre el Comité de Revisión de la Evaluación de Cáncer de la EPA (CARC) . Usted discutió a menudo sobre temas fuera de su conocimiento, que es antiético. Su formación en 1971 en Nebraska, es muy anticuada, por lo tanto la ciencia CARC está a 10 años detrás de la literatura en los mecanismos”.

Y continúa diciendo: -”Los quelatos claramente interrumpen la señalización del calcio, una vía de señalización clave en todos los cellos y que media en la progresión del tumor. Se supone que Greg Ackerman es nuestro experto en mecanismos, pero nunca mencionó ninguno de estos conceptos en el CARC y cuando traté de discutirlo con él, me dejó fuera. ¿Greg está jugando tus juegos políticos también, es incompetente o tiene algún tipo de conflicto de intereses?”

Aquí hace referencia al científico Gregory Akerman, de la división Efectos en la Salud, Revisión sistemática y métodos de recopilación de datos, que sigue en funciones en la EPA.

También acusa a Rowland y a otra científica de la EPA, Anna Lowit , que todavía trabaja en la agencia, de involucrarse en tácticas de intimidación para obligar a los científicos y burócratas de la EPA a cambiar sus conclusiones a favor de Monsanto. -“Usted y Anna Lowit intimidaron al personal del Comité de Revisión de la Evaluación de Cáncer de la EPA (CARC) y cambiaron los reportes finales del Comité de Revisión de la Evaluación del Riesgo de la Agencia (HIARC) y del Comité de Ciencias y Política de Peligros (HASPOC) para favorecer a la industria”, dice Copley.

Esta táctica, por cierto, está alineada al 100% con la cultura corporativa profundamente malvada de Monsanto, que habitualmente se involucra en tácticas legales de intimidación a científicos y campañas de asesinato contra activistas anti-Monsanto.

Copley advierte y acusa que los científicos de la EPA son sobornados por Monsanto, diciendo: “Su colega de Nebraska recibió fondos de la industria, claramente tiene un conflicto de intereses. Simplemente prométeme que no dejará nunca a Anna (Lowit) en el comité del CARC, sus decisiones no tienen sentido racional. Si alguien en OPP está aceptando sobornos, es ella”.

Lo que es grave, es que esta científica a la que hace referencia la científica en su carta: Lowit, que además de trabajar en la EPA como asesora senior en la Oficina de Programas de Plaguicidas, es la Co-presidente del Comité Asesor Científico sobre Métodos Toxicológicos Alternativos (ICCVAM). La tarea de este organismo es:

“Establecer, siempre que sea factible, directrices, recomendaciones y reglamentos que promuevan la aceptación reglamentaria de pruebas toxicológicas nuevas o revisadas científicamente válidas que protejan la salud humana y animal y el medio ambiente, reduciendo, refinando o reemplazando ensayos con animales y garantizando la seguridad humana y la inocuidad de los productos. Eficacia”.

Es un comité permanente del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental (NIEHS), en el marco del Centro Interagencial Nacional de Evaluación de Métodos Toxicológicos Alternativos (NICEATM) del Programa Nacional de Toxicología. El ICCVAM está compuesto por representantes de 16 agencias federales de regulación y de investigación de los Estados Unidos que requieren, usan, generan o difunden información toxicológica y de pruebas de seguridad.

No solo existe un conflicto de intereses de parte de Lowit, también un trabajo fino dentro de los entes reguladores, a favor de Monsanto, una real mercenaria, cínica y sin respeto alguno por la salud de los seres humanos y del ambiente.

Los abogados de los demandantes se negaron a decir cómo obtuvieron la carta, que tiene fecha 4 de marzo de 2013. La fecha de la carta viene después de que Copley dejó la EPA en 2012 y poco antes de morir de cáncer de mama a los 66 años, en enero de 2014.

Ella acusa a Rowland de haber “intimidado al personal” para cambiar los informes para favorecer a la industria, y escribe que la investigación sobre el glifosato, el ingrediente clave del Roundup de Monsanto, muestra que el pesticida debe ser clasificado como “probable carcinógeno humano”.

Marion Copley firma con una súplica para la humanidad, sabiendo que ella está acercándose a la muerte, pero que quiere ayudar a liberar a la humanidad del producto químico tóxico “holocausto” que está siendo impulsado por Monsanto y una EPA criminal.

En otros párrafos de la carta, la científica sigue diciendo:

-“Desde que dejé la Agencia con cáncer, he estudiado extensamente el proceso del tumor y tengo algunos comentarios del mecanismo que pueden ser muy valiosos para el CARC basado en mis décadas de experiencia en patología:

*El glifosato fue originalmente diseñado como un “agente quelante” y creo firmemente que es el proceso idéntico involucrado en su formación de tumores, lo cual está altamente apoyado por la literatura.

*Los quelatos inhiben la apoptosis, el proceso mediante el cual nuestros cuerpos matan a las células tumorales

*Los quelatos son disruptores endocrinos, involucrados en la tumorigénesis

*El glifosato induce proliferación de linfocitos

*El glifosato induce la formación de radicales libres

*Los quelatos o secuestrantes, inhiben las enzimas de eliminación de radicales libres que requieren Zn, Mn o Cu para la actividad (es decir, SOD) superóxido dismutasa (antioxidante)

*Quelata el zinc, necesario para la función del sistema inmunológico

*El glifosato es genotóxico, un mecanismo clave contra el cáncer, (coincide con el Dr Robert Bellé)


-El quelato inhibe las enzimas de reparación del ADN que requieren cofactores metálicos

– Los quelatos unen Ca, Zn, Mg, etc. para hacer los alimentos deficientes de estos nutrientes esenciales

-Quelata el calcio necesario para la enzima calcineurina, para una correcta respuesta inmune

-Los quelatos a menudo dañan los riñones o el páncreas, como el glifosato, es un mecanismo para la formación de tumores

-La lesión del riñón / páncreas puede conducir a cambios en la química clínica para favorecer el crecimiento tumoral

– El glifosato mata las bacterias en el intestino y en el sistema gastrointestinal donde reside el 80% del sistema inmune

-Los quelatos suprimen el sistema inmune haciendo el cuerpo susceptible a los tumores

* Las células sanguíneas están más expuestas a quelantes, si cualquier estudio muestra proliferación de linfocitos, entonces es confirmatorio que el glifosato es un carcinógeno.

“Tengo cáncer y no quiero que estos problemas serios en MED pasen sin tratamiento antes de ir a mi tumba. He cumplido con mi deber.”

Firma : Marion Copley 4 de marzo de 2013

Rowland dirigió el trabajo de científicos que evaluaron los efectos en la salud humana de la exposición a plaguicidas como el glifosato y presidió el Comité de Revisión de la Evaluación del Cáncer (CARC) de la EPA que determinó que el glifosato “no es probable que sea cancerígeno para los seres humanos”.

Rowland dejó la EPA en 2016, poco después de que una copia del informe del CARC fuese filtrada y citada por Monsanto como evidencia de que la clasificación del IARC era defectuosa.

La EPA ha pasado los últimos años evaluando el perfil de seguridad sanitaria y ambiental del glifosato a medida que la controversia mundial sobre el producto químico ha aumentado. La agencia había planeado terminar su evaluación del riesgo de glifosato en 2015. Luego dijo que se completaría en 2016; Luego dijo que estaría terminado en el primer trimestre de 2017. Ahora la agencia dice que espera tenerla terminada a finales del tercer trimestre de 2017. Sigue dilatando un resultado, que ya es difícil de ignorar : El glifosato produce cáncer y lo saben desde hace años, pero lo ocultaron. 

La Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas (ECHA) y la European Food Safety Authority (EFSA) también son culpables, insistiendo que “no es cancerígeno”, porque analizan el glifosato solo, sin los coadyuvantes de las formulaciones del RoundUp, tal como lo advirtió el Dr Rober Bellé hace dos décadas. Eso es ECOCIDIO.-

Zero Biocidas
Imágen: MomsAcrossAmérica

miércoles, 15 de febrero de 2017

Los químicos agrícolas son arrastrados por la lluvia hasta el Mar Menor

Publicado por Germán Portillo el 13 de febrero de 2017

En la agricultura se utilizan grandes cantidades de químicos para acelerar el proceso de crecimiento de las plantas, optimizar la cosecha evitando plagas, malas hierbas, etc. Para todas estas actividades se vierten químicos sobre los cultivos. Estos químicos caen al suelo y éste lo absorbe. Lo que muchos no se imaginan, es que estos químicos nitrogenados acaban contaminando las aguas subterráneas de las que nos abastecemos.

Los episodios de lluvias más fuertes, como los que hemos tenido en estos meses, arrastran mayores cantidades de estos químicos que son perjudiciales para la salud humana. Estos químicos son arrastrados al Mar Menor. ¿Qué se puede hacer para evitar el arrastre hasta la laguna?

Químicos prohibidos por la Unión Europea

Los químicos que se vierten en la agricultura son los plaguicidas, herbicidas, fertilizantes orgánicos o aditivos de aviación. Todos estos químicos son muy tóxico para la salud humana y han sido prohibidos por la Unión Europea. En este caso, por las fuertes lluvias que los han arrastrado hasta el Mar Menor, se han visto obligados a pedir un control en origen de su uso para poder evitar la llegada de estos contaminantes al Mar Menor.

Se ha realizado un estudio sobre la presencia y distribución espacial y estacional de plaguicidas en los sedimentos marinos superficiales del Mar Menor en los años 2009 y 2010 y la influencia de fuertes lluvias. Los han realizado los investigadores del Centro Oceanográfico de Murcia, Ruben Moreno-González y Víctor Manuel León. Además, este estudio se ha publicado en Environmental Science and Pollution Research en enero de 2017.
Este estudio pone grandes esfuerzos en poder conocer el origen de estos plaguicidas y predecir su circulación en situaciones de lluvia. Tras un análisis de la procedencia de los plaguicidas que llegan a la laguna, se concluye que la mayoría de estos plaguicidas entran por la famosa rambla de El Albujón, tras episodios de fuertes lluvias.

¿Qué químicos se vierten exactamente al Mar Menor?

El estudio ha realizado un análisis detallado de todos estos químicos que se utilizan en la agricultura, pero que acaban en el Mar Menor por el arrastre de las lluvias. Entre las sustancias que se han analizado, se han encontrado altos niveles de terbutilazina, clorpirifos y tributilfosfato.

La terbutilazina es un herbicida para el control de malas hierbas, incluido en la lista negra de ISTAS de sustancias con importantes daños para la salud y al medio ambiente, por ser cancerígena, tóxica para la reproducción, disruptor endocrino, sensibilizante, neurotóxico y bioacumulativa. En el análisis se descubrió que la terbutilazina supera el estándar de calidad ambiental del clorpirifos. Esto es un insecticida organofosforado usado en la agricultura muy tóxico tanto para la salud humana como para organismos acuáticos, e incluido también en la lista negra de ISTAS, además de prohibido por biocida por la UE.

Este herbicida es arrastrado por los episodios de lluvias y llega al Mar Menor a través del canal de drenaje de las Salinas de San Pedro, por las desembocaduras de las ramblas de El Albujón, Miranda y La Maraña y por la playa de la Hita.

El otro químico detectado que llega al Mar Menor es el tributilfosfato. Se trata de un aditivo utilizado en motores de aviación y también se usa como disolvente. Está prohibido por ISTAS por ser neurotóxico. Además se encuentra en evaluación por riesgos para la salud. Entra en el Mar Menor por su uso en actividades industriales, de aviación o militares.

¿Cómo evitamos que lleguen estos contaminantes al Mar Menor?

Para poder evitar que los contaminantes lleguen al Mar Menor, se tiene que controlar desde su origen. Se tiene que controlar las concentraciones de estas sustancias y, sobre todo, el efecto combinado que hacen entre ellas. Es decir, la suma de estos químicos, contaminan más juntos, que cada uno de ellos por separado. Esto es lo que se le llama sinergia.

Las entradas más destacadas de estos contaminantes a la laguna son por la escorrentía superficial de los episodios de lluvias, por las aguas subterráneas por filtración y por deposición atmosférica.

Para destruir esta amenaza, se debe de prohibir el uso de clorpirifos y terbutilazina y otros plaguicidas en carrizales del Mar Menor y del Campo de Cartagena mediante un marco legislativo.

miércoles, 11 de enero de 2017

Guerreras del aire: mujeres que luchan contra los daños de la fumigación

Cada una en su pequeño mundo, en su provincia, se lanzó a combatir a un enemigo letal: las fumigaciones en el campo. Ellas siguen luchando por un ambiente que no enferme a su familia, a todos. Ésta es su historia contada por una periodista que colabora en Para Ti y que acaba de publicar el libro La Argentina fumigada.
Alguna vez, el ambientalista uruguayo Eduardo Gudynas no dudó en caracterizar a los conflictos por el medio ambiente como “luchas de mujeres”. En el caso de las mujeres del campo, en cada pequeña comunidad agrícola de la Argentina se desató hace veinte años (en 1996, con la llegada de los cultivos transgénicos tolerantes a herbicidas) un vendaval químico del que ellas fueron testigos forzosos. Algunas, como Andrea Kloster –de San Salvador, Entre Ríos– tomaron conciencia de que algo no estaba bien cuando notaron que cada vez más vecinos se enfermaban y morían de cáncer, lupus, hipotiroidismo. En el caso de las cordobesas Julia “Chabela” Lindon, Marcela Ferreyra, Norma Herrera y Eulalia “Vita” Aylón, el golpe fue todavía más doloroso. Vecinas del Anexo Ituzaingó, una barriada a media hora de Córdoba capital, todas tenían un familiar enfermo de gravedad. Para algunas fue un nieto nacido con una malformación; para otra, una hija con cáncer a los tres años y, finalmente, un bebé perdido. Para la maestra Ana Zabaloy, hasta hace muy poco directora de la escuela rural Nº 11 de San Antonio de Areco, todo fue claro un día, en plena clase. Allí, al paso de las fumigadoras terrestres por los lotes de trigo y soja que rodean a la escuelita, los chicos se ahogaban, convulsionaban, sangraban por la nariz. Son mujeres muy distintas a las que un flagelo común unió, y también una vocación compartida: luchar por las víctimas de un ambiente enfermo. Se volvieron, todas ellas, guerreras del aire.


ANDREA KLOSTER, LA MUJER QUE HABLÓ. A principios de 2014, la vida de Andrea Kloster (casada, mamá de tres nenas idénticas a ella) era tan diferente que hasta le cuesta recordarla. Será que en sólo tres años, su tranquila vida de esposa y emprendedora (tiene una pequeña empresa de organización de eventos) dio una vuelta campana. “Todo comenzó cuando supe a través de la hija de una enfermera del hospital que ahí estaban pasando cosas terribles. Gente enferma de cáncer, cada vez más joven y hasta chiquitos enfermos de lo mismo”, cuenta. Así fue como no sólo ella, sino también un grupo cada vez más amplio de vecinos supieron que en su calmo pueblito de San Salvador, Entre Ríos, algo malo estaba pasando. Los primeros cálculos, aun siendo caseros, eran inquietantes: entre un tercio y la mitad de la población moría de cáncer. Pensaron entonces que la mejor manera de llamar la atención de las autoridades sería hacer una marcha del silencio. Y, al cabo de unos meses, no hicieron una sino trece: con globos, bajo la lluvia, con carteles. En el medio, el marido de Andrea perdió su trabajo y casi todos los que al principio la acompañaron se fueron yendo. A Andrea ya no la llamaron así sino “la loca”. “La loca Kloster”, para ser más exactos. Finalmente, el pedido de los vecinos (la visita de una universidad pública para que hiciera un estudio en el lugar y les dijera finalmente qué era lo que estaba pasando) sucedió a principios de 2015. Casi un año después estuvieron los resultados. ¿Primera causa de muerte en la ciudad? Las “malignidades”. Esto es, diversos tipos de cáncer. “Lo que le da de comer a la gente es también lo que la está matando”, resumió luego de la presentación de los resultados Andrea, con la misma seguridad de siempre. “La loca Kloster”, después de todo, estaba en lo cierto.

ELLAS MARCHAN. Son cuatro, y tan distintas, que verlas juntas y marchando por la calle el 19 de cada mes ya debería llamarnos la atención. Pero en realidad, lo asombroso de ellas no es lo diferentes que son, sino lo parecidas que las ha vuelto la vida. Son hoy, y desde hace quince años, el Grupo de Madres del Barrio Anexo Ituzaingó, las mujeres que se animaron en 2002 a denunciar que la enfermedad asolaba su barrio, y que también tuvieron el coraje para averiguar de qué se trataba. Marcela perdió a Santiago, su bebé. Vita y Chabela tuvieron nietitos con problemas de salud graves y Norma estuvo a punto de perder a Brisa, su hija, a manos del cáncer cuando todavía usaba pañales. Pero, lejos de quedarse quietas, ellas se movieron más que nunca. Chabela, la más tímida, reconoce que salir a la calle al principio le dio mucha vergüenza, pero ya no. En 2012, la Justicia les dijo que lo que ellas siempre habían afirmado era verdad: el barrio había sido fumigado ilegalmente y hasta la Organización Panamericana de la Salud (OPS) habló en 2008 de un territorio contaminado. Hubo condenas para el dueño del campo y para el fumigador, y en 2015 el Tribunal Superior de Justicia de Córdoba confirmó el fallo. Pero ellas, que siguen viviendo ahí, no saben aún a qué se están exponiendo realmente. Por eso, para que se hagan los estudios que piden, siguen visibilizando, marchando, yendo a hablar a cuanto colegio y universidad las invite. Y tienen ganas de que nadie más vuelva a pasar por lo que ellas han sufrido.

LA METAMORFOSIS DE ANA. Ana Zabaloy entendió qué era eso de las fumigaciones y el impacto que éstas podían llegar a tener en la salud de todos el día en que, en pleno horario de clases, salió al patio y la ráfaga venenosa de una fumigadora terrestre le dio en plena cara. “Se me durmió por completo. Perdí la movilidad, fue muy desesperante”, cuenta. Por esos días, y a lo largo de algo más de un año, la escuela de Ana fue fumigada cuatro veces, con los chicos y las docentes adentro. Por suerte, en una de esas oportunidades un equipo de investigadores de la Universidad de La Plata llamado EMISA Plaguicidas estaba presente en la escuela, analizando –a pedido de Ana– qué había en el agua, en la tierra, en el aire. Los análisis de laboratorio revelaron que bebían agua contaminada con agroquímicos y que el aire que respiraban en primavera estaba también cargado de agrovenenos. Diseñaron carteles de advertencia y finalmente se habló con las autoridades. Hoy tienen una ordenanza al respecto y también algo más: mariposas, que han vuelto al parque ahora que el aliento letal de las máquinas está más lejos. “Vi el sufrimiento y el nivel de exposición de todos los que vivimos o trabajamos en zonas rurales, y especialmente los niños; por ellos, mis alumnos, fue que alcé la voz. Porque ellos no pueden mudarse o exigir a las autoridades. Están ahí, sin posibilidad alguna de defenderse. Es simple: una vez que ves, ya no podés mirar para otro lado. Y yo vi, y mi vida nunca más fue la misma”, concluye Ana.

texto FERNANDA SÁNDEZ

martes, 1 de octubre de 2013

Francia reconoce el Mal de Parkinson como enfermedad provocada por los agrotóxicos Monsanto en agricultores

Por Enildo Iglesias

Hoy la lucha de clases es algo más complejo que la lucha entre ganancias y salarios y atender los varios frentes en los que se desarrolla es quizá el mayor desafío que debe enfrentar el movimiento sindical. Sin ir más lejos, tiene la obligación de ocuparse de las causas y consecuencias del calentamiento global, que entre otras cosas es responsable del aumento en la intensidad y frecuencia de los huracanes y tormentas y cuando estos fenómenos ocurren,  son las familias proletarias y las clases sociales más bajas de la población las que resultan más afectadas.

Otro frente importante es la defensa de la salud y la vida de los trabajadores y trabajadoras de la agricultura, abierto para enfrentar las consecuencias de la llamada revolución verde, especialmente aquellas causadas por los agrotóxicos. En este frente que se acaba de obtener un significativo avance que nos interesa divulgar1.

El pasado febrero, la victoria de Paul François, un productor de granos que había iniciado un proceso contra Monsanto, abrió un precedente en Francia. La empresa fue encontrada responsable de la intoxicación del productor, el que inhaló restos del herbicida Lasso cuando estaba limpiando su pulverizador2. El 30 de abril el Estado fue condenado a indemnizar a otro productor de granos que sufre el síndrome mieloproliferativa3. Inicialmente reconocida como enfermedad profesional, la patología es ahora asociada al uso de productos que contienen benceno.

Finalmente el 7 de mayo entró en vigor un decreto que reconoce al Mal de Parkinson como enfermedad profesional y establece explícitamente un nexo de causalidad entre la dolencia -segunda mayor enfermedad neurodegenerativa en Francia después del Alzheimer- y la utilización de agrotóxicos.

La inclusión del Mal de Parkinson en la lista de enfermedades ocupacionales genera el derecho a una indemnización para los enfermos, pero el principal progreso reside en el vínculo legal  entre el uso de los agrotóxicos y esta enfermedad, algo que nunca había sido reconocido.

Es bueno recordar que el mencionado decreto fue aprobado en los últimos días del gobierno de Nicolas Sarkozy, algo que deberían tener en cuenta los autoproclamados gobiernos progresistas de nuestro continente.

Por otra parte, para Yves Cosset, médico del trabajo y asistente nacional de salud de la Mutual de Salud de los Agricultores (MSA), las listas de enfermedades profesionales en la agricultura “están evolucionando con el conocimiento de la ciencia. No obstante, la mayoría de las enfermedades relacionadas a los agrotóxicos van a ocurrir en intervalos diferentes, diez, veinte y hasta treinta años después del inicio de su utilización. En la medicina del trabajo se comenzó a hablar del amianto en la década de 1960 y este producto solo fue mencionado en estas listas en 1998 para los cánceres. En consecuencia, no debe excluirse que otras enfermedades puedan surgir y ser reconocidas en el futuro”.

Lo cual significa que pese al pequeño avance que comentamos, la lucha debe continuar.

Autor: Enildo Iglesias desde Montevideo, Uruguay

Fuente: REL-Uita

1-Tomado de un artículo de Angela Bolis, publicado en el periódico francés Le Monde el pasado 9 de mayo, reproducido por EcoDebate el 18 de mayo y traducido del portugués por el autor.

2-Ver “Monsanto condenada por intoxicación de un agricultor francés” en

3-El síndrome mieloproliferativo es un conjunto heterogéneo de neoplasias hematológicas que tienen como característica común la proliferación descontrolada de los precursores medulares de alguna de las células sanguíneas animales, incluyendo los humanos. A su vez, las neoplasias hematológicas son un grupo heterogéneo de enfermedades malignas que afectan a la sangre, la médula ósea y los ganglios linfáticos y, como los tres sistemas están conectados por el sistema inmune, una enfermedad maligna hematológica que involucre a uno, afectará a los otros dos.

Fuente: http://comunicacionpopular.com.ar/francia-reconoce-el-mal-de-parkinson-como-enfermedad-provocada-por-los-agrotoxicos-monsanto-en-agricultores/

sábado, 29 de septiembre de 2012

"No quiero que los agrotóxicos maten más bebés"

Sofía Gatica, luchadora contra los agrotóxicos

"No quiero que los agrotóxicos maten más bebés"

Tengo 45 años. Nací y vivo en Argentina. Soy ama de casa. Estoy casada y tengo tres hijos, de 14 a 21 años. Me llaman revolucionaria. No soy muy religiosa. Mi hija Nandy murió por fumigaciones con agrotóxicos en sembrados de maíz. Mi hija tendría ahora 16 años.


Qué tiene usted contra los agroquímicos?

¡Mataron a mi hijita!

¿Cómo murió?


A los ocho meses de mi embarazo, la niña padecía una malformación del riñón. Los médicos creyeron poder operarla al nacer, pero Nandy murió con tres meses.


Lo lamento.
El médico me la puso en brazos: "Agárrela, que aún está calentita. Pero está muerta".


Cruel.


¡Yo la quería viva! No he dejado de pensar en ella ni un día: Nandy tendría hoy 16 años.


¿Cuál fue el diagnóstico?


Malformación congénita. Sin más explicaciones, regresé a casa. ¡Pero no me resigné!


¿Qué hizo?


Darle vueltas a la cabeza. Mi barrio, Ituzaingó, muy humilde, en las afueras de Córdoba (Argentina), colinda con amplias extensiones de soja transgénica, fumigadas dos veces al año con un herbicida...


Ya.


Al poco, murió el bebé de Susana, una vecina. Y descubrí que no eran casos únicos.


¿Relacionó muertes y fumigaciones?


Recorrí casa por casa y pregunté...


¿Y qué encontró?


Niños con leucemias, tumores diversos, cánceres varios (mama, riñón, intestino, recto...), dolencias respiratorias, intestinales y neuronales, vértigos, patologías dermatológicas... Y malformaciones embrionarias y daños en los órganos reproductores.


¿Y empezó a sospechar?


Mi vecina Ángela me contó que después de cada fumigación, dos entre noviembre y febrero, a su hijo le pasaba algo extraño...


¿Qué le pasaba?


Se quedaba con los músculos paralizados, sin poder moverse, y con los ojos en blanco, vueltos hacia atrás. El médico aliviaba al chico y se recuperaba..., pero recaía coincidiendo con cada fumigación.


Y ahí sí estableció una conexión.


Nos juntamos 16 madres, vecinas del barrio, con enfermedades sospechosas en casa. Marcamos en un mapa nuestras casas, direcciones, nombres, edades, enfermedades...


¿Para qué?

Lo enviamos al Ministerio de Salud, para que lo investigasen. Ni caso. Fue en el 2002.


¿Cómo se lo tomó usted?


Salí a la calle, me manifesté, pedí ayuda, y la televisión me entrevistó. El ministerio determinó que el agua corriente estaba contaminada. La cortó. Todo el barrio quedó sin agua. ¡Más de 5.000 habitantes sin agua!


Lo solucionarían rápido, supongo.


¡Los vecinos estaban desesperados! Me quejé al ministerio y me propusieron un acuerdo: colocarían válvulas y filtros nuevos y yo renunciaba a acciones judiciales. ¡Firmé!


¿Por qué?


¡Lo primero era que la gente tuviese agua! Los vecinos, agradecidos, se sumaron a mi causa. Y el ministro encargó otro estudio.


¿Con qué resultado, esta vez?


Jamás se publicó. Y una noche llamó a la puerta de mi casa un desconocido. Quería hablar conmigo. ¡Era uno de los médicos que habían participado en el estudio!


¿Y qué le dijo?
"¡Señora, váyanse de este barrio, que se están muriendo todos!". Era el doctor Mario Carpio.


Qué miedo, oír eso...


Encargamos otro estudio y afloraron 300 casos de cáncer en una población de 6.000 personas. El gobierno contraatacó con otro, según el cual estábamos sanos. Y decidimos mostrar a nuestros enfermos en público...


Es usted una luchadora.


La lucha sigue. El gobierno municipal, previo estudio, declaró el barrio "inhabitable", y el gobierno central replicó que ese estudio era infundado.


Qué cascada de estudios e informes...


La presidenta Cristina Fernández de Kirschner ha encargado otro: hay un 33% de muertes por cáncer, y un 80% de niños tiene más agrotóxicos en sangre de lo normal.


¿Cómo llegan esas sustancias al cuerpo humano?


Los suelos están contaminados. Y las aguas. Y el aire, en la temporada de fumigaciones.


¿Qué sustancias son contaminantes?


Glisofato, en el herbicida más vendido en el mundo, de la multinacional Monsanto.


¿No podrían cambiar de herbicida?


La soja transgénica está diseñada para resistirlo, y hay que usar este. ¡Y esa soja la importan ustedes para alimentar a sus cerdos!


¿Toda?


Toda la importan ustedes. También ustedes tienen maíz transgénico Mon 810: 100.000 hectáreas, la mitad en Catalunya.


¿Debo preocuparme?


La alteración genética del maíz genera tóxicos. Y con ese maíz se hace pienso para cerdos, igual que con la soja transgénica argentina. ¡Y el cerdo se lo come usted!


Habrá que encargar otro informe...


He denunciado en la Casa Blanca este genocidio encubierto, y tengo una carta timbrada del propio presidente Obama: "Nada puedo hacer legalmente, pero les animo a seguir luchando".


Algo es algo.


El Parlamento de la Unión Europea prohibirá el glisofato en el año 2015. ¿Por qué no ya, y así evitará muertes de europeos?


¿Ha logrado usted algo en Argentina?


Que se prohíba fumigar a menos de 2,5 kilómetros de poblaciones, pozos o escuelas. ¡Alguna niña como Nandy no morirá!

Transgénicos

Sofía Gatica ha sido galardonada con el premio Ambiental Goldman, el Nobel del Medio Ambiente. Escucho su testimonio de madre luchadora contra herbicidas y plaguicidas que podrían ser dañinos para la salud humana, como afirma que sucedió con su hijita. La controversia sobre perjuicios o inocuidad de los cultivos transgénicos continúa en Europa, con resultados opinables. Juan Carrasco (Juanfe36@gmail.com), experto independiente en agricultura y bioteconología, acompaña a Gatica y me informa de que se vierten cincuenta millones de litros de agrotóxicos en campos argentinos. Y me asegura que el ministro Cañete promueve el uso de semillas transgénicas. Le preguntaré.

Fuente: http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120929/54351322830/la-contra-sofia-gatica.html