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miércoles, 15 de febrero de 2017

J. Álvarez: “De las enfermedades psiquiátricas sabemos lo mismo que hace cien años: casi nada”

Por Miguel Jara 13 de febrero de 2017

Javier Álvarez es psiquiatra, jubilado hace poco. Durante casi 40 años ha trabajado en el Hospital de León donde se ha desempeñado como jefe de servicio. Siempre ha sido muy crítico con la psiquiatría convencional y ahora que tiene más tiempo tras su jubilación impulsa el movimiento Nueva psiquiatría que trata de desmedicalizar y humanizar esta disciplina médica.

Javier Álvarez.  
¿Cual cree que el “estado de la psiquiatría” en la actualidad?

-En mi opinión es catastrófico. Y ello por diferentes motivos pero sobre todo porque desde hace treinta años se ha generalizado como sistema diagnóstico el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría.

Entre otras graves consecuencias, el DSM ha llevado a que nada menos que el 50% de la población USA cumpla criterios para ser diagnosticada de un trastorno mental.

Que el DSM ha resultado ser un verdadero desastre no lo digo yo, lo dice el National Institute of Mental Health (NIMH), la Oficina Federal encargada de velar por la Salud Mental en Estados Unidos. Esta institución, refiriéndose a la quinta edición del DSM, concluye literalmente:
“su principal debilidad es su falta de validez”.

Y a partir de su publicación en 2013 el NIMH ha retirado todo apoyo económico a investigaciones basadas en diagnósticos DSM.

-Debido a ese estado los procesos de medicalización de la vida son especialmente agudos en ese ámbito y los pacientes son tratados con potentes psicofármacos cuya efectividad esté cada vez más en duda y su peligrosidad mejor documentada. ¿Es así?

De 106 trastornos mentales, que contemplaba el DSM-1, hemos pasado a más de 350 en el actual DSM-5. Ahora cualquier variante de comportamiento puede ser etiquetada de trastorno mental.

El DSM 5, por ejemplo, incluye como trastorno psiquiátrico -da casi vergüenza escribirlo- el Trastorno por Atracones, o sea: levantase por la noche, engullir ocho o diez albóndigas semicongeladas y volver para la cama molesto y arrepentido por haberse dejado llevar por la gula… ¡eso es una enfermedad mental!

Evidentemente es la industria farmacéutica la más interesada en esta psiquiatrización masiva de la sociedad occidental para así poder vender más y más psicofármacos.

A tal fin le interesa difundir la creencia de que los trastornos mentales son de naturaleza bioquímica y que su tratamiento debe ser por tanto a base de psicofármacos. No es extraño, pues, que lleven cuarenta años bombardeándonos con la idea de que se ha avanzado enormemente en el conocimiento de las causas biológicas de estos trastornos, lo cual es lisa y llanamente falso.

Es cierto que las neurociencias, sobre todo en sus aspectos técnicos, han avanzado notablemente en los últimos decenios pero a nivel de causas y mecanismos fisiológicos de las enfermedades psiquiátricas seguimos sabiendo hoy lo mismo que hace cien años: prácticamente nada.

De hecho, no disponemos todavía de un solo marcador biológico mínimamente específico o fiable para ninguna enfermedad mental.

-Ese grupo de medicamentos no son fáciles de dejar ¿cómo recomienda desmedicalizarse de los psicofármacos?

Es un tema muy complejo pues, en la misma línea de lo que decíamos anteriormente, a los psiquiatras se les ha ido inculcando la creencia de que en un gran número de trastornos psiquiátricos el tratamiento farmacológico debe ser de por vida.

Entonces resulta muy difícil dejar una medicación en contra del criterio de tu psiquiatra y de tu familia y de todo tu entorno pues comienzas un proceso en el que te sientes abandonado y recriminado por todos.

Es decir, tomar esa decisión es ya muy a menudo una fuente de culpa y de depresión. Por tanto, en mi opinión la personas que desean ir quitándose los psicofármacos deben hacérselo saber a su entorno, incluido su psiquiatra y han de intentar conseguir la colaboración de ese entorno.

Si aun así han de hacer ese proceso sin apoyo de nadie mi recomendación fundamental es que la retirada de los psicofármacos la hagan de manera muy lenta para evitar el posible efecto rebote que pueden interpretarse como que está sufriendo una recaída.

-Tras observar cómo funciona hoy la psiquiatría entran serias dudas de si su actuar es científico ¿hasta qué punto hay falta de Ciencia en la psiquiatría actual?

La psiquiatría no es, ni puede hoy por hoy, pretender ser una ciencia. Ni tampoco lo es el resto de la Medicina. La Medicina hace muy bien en servirse y apoyarse todo lo más que pueda en los avances y en los nuevos conocimientos científicos. Pero no podemos olvidar los principios que son fundamentales y de sentido común: el médico no trata una enfermedad, sino una persona que aqueja una enfermedad.

Me explico: hay millones de personas en las que a diario están ocurriendo procesos que reúnen todos los requisitos de la definición de enfermedad de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y, sin embargo, esas personas jamás se han sentido enfermas y en consecuencia jamás han ido al médico: ¿a esos sujetos hay que considerarlos enfermos o no?

La clave de este dilema radica en que el concepto enfermedad humana tiene que implicar que los síntomas de ese proceso sean lo suficientemente intensos como para producir lo que el médico y filósofo Pedro Laín Entralgo denominó “un modo de vida aflictivo”, es decir, un sufrimiento lo suficientemente intenso como para que ese sujeto busque soluciones y pida ayuda.

Por tanto, el médico no trata enfermedades sino que trata personas que aquejan y sufren una posible enfermedad. Y el trato interpersonal va siempre más allá de lo puramente científico.

Este principio, que es válido para especialidades médicas con un fuerte componente científico, lo es mucho más para la psiquiatría donde las bases físicas o químicas o genéticas o biológicas en general son prácticamente inexistentes.

-Usted y las personas que forman la Asociación Nuevapsiquiatría están trabajando por otro modelo, ¿cuáles son sus objetivos?

El objetivo primordial es luchar contra el actual modelo de asistencia psiquiátrica por considerar que en conjunto está siendo más perjudicial que beneficioso.

Nuestra herramienta principal de trabajo, aparte de dar a conocer y difundir el proyecto, es la creación de grupos estables y concatenados en los que las personas que sufren las consecuencias del actual modelo psiquiátrico, ya sean usuarios o familiares o profesionales, adquieran un conocimiento y un empoderamiento que les capacite para exigir planteamientos y actuaciones psiquiátricas más humanas, más horizontales y, en definitiva, más resolutivas que las que se les están dando hasta ahora.

Cuando se haya alcanzado una masa crítica suficiente de personas así responsabilizadas el sistema no tendrá más remedio que cambiar y plegarse a la demanda de esa conciencia colectiva.

-¿Cuál sería el enfoque correcto de las enfermedades mentales, porque entiendo que enfermedades hay -no tantas ni con la prevalencia que dice la industria- pero las hay?

A mi modo de ver el enfoque correcto de las enfermedades mentales ha de tener como punto de partida la afirmación que hizo Thomas Insel en su discurso de despedida como presidente del NIMH:
“Pongo fin a estos trece años de presidencia con dos profundas convicciones respecto a por dónde han de venir las soluciones de la psiquiatría: en primer lugar, los tratamientos de que disponemos actualmente se pueden aplicar de manera mucho más correcta y, de ese modo, salvar muchas vidas con tan sólo cerrar el hueco existente entre lo que sabemos y lo que practicamos.
En segundo lugar, debemos ser humildes y conscientes de que no sabemos lo suficiente y que la psiquiatría está todavía en pañales”.

Con tan sólo aplicar estas dos recomendaciones, que en definitiva es una sola, ya se lograría una mejoría muy notable en la asistencia psiquiátrica.

-Existe un concepto que usted ha trabajado y que sé que le fascina denominado hiperia, ¿puede contarnos en qué consiste y cuál es la importancia para la psiquiatría o al menos para el modelo que usted propugna?

La hiperia es una hipótesis bastante atrevida en la que a partir de una serie de razonamientos bastante elaborados propongo que una serie de vivencias psíquicas que aparecen en nuestra mente de manera repentina y ajena a nuestra voluntad, y que hasta el presente son consideradas o síntomas de epilepsia o síntomas de trastornos psiquiátricos, deben ser concebidas como expresión de una función fisiológica de nuestro cerebro.

Es decir, la hiperia sería la función cognitiva que nos da acceso a vivencias clarividentes y telepáticas. Como ve se trata de un planteamiento muy osado cuya aceptación por parte de la comunidad científica es poco menos que imposible.

jueves, 9 de junio de 2016

"Las farmacéuticas inventan trastornos y enfermedades mentales para tener gente adicta a sus productos"

Entrevista a Peter C. Gøtzsche, autor de 'Medicamentos que matan y crimen organizado: cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud' y 'Psicofármacos que matan y denegación organizada'.

Jordi Sabaté 08/06/2016
Foto: The BMJ  
En 2013 Peter C. Gøtzsche publicó el libro 'Medicamentos que matan y crimen organizado: cómo las grandes farmacéuticas han corrompido el sistema de salud' (Libros del Lince, 2014), donde cargaba duramente contra el sector farmacéutico, que conoce como la palma de su mano tras haber trabajado ocho años en él. La obra, en la que acusa a las compañías farmacéuticas de amañar las conclusiones de numerosas investigaciones en beneficio propio, levantó una gran controversia al ser el profesor Gøtzsche una gran autoridad en materia de diseño de estudios científicos.

Hace pocos días ha aparecido en España su último libro, titulado 'Psicofármacos Que Matan y denegación organizada' (Libros del Lince, 2015), donde Gøtzsche aborda el campo de la psiquiatría moderna y asegura que esta se ha simplificado hasta el extremo de limitarse a recetar los psicofármacos que la industria va lanzando al mercado. Siempre radical, aboga por abolirlos todos salvo en casos extremos, donde realmente se demuestre su aportación a la cura del enfermo. Para Gøtzsche, ansiolíticos, antidepresivos e incluso antipsicóticos se recetan sin tener en cuenta sus efectos dañinos.

El profesor Peter C. Gøtzsche se graduó como Máster de Ciencia en Biología y Química en 1974, y se licenció como médico en 1984. Es especialista en medicina interna, trabajó en la industria farmacéutica entre 1975 y 1983, y ejerció en hospitales de Copenhague entre 1984 y 1995. En 1993 contribuyó a la creación de la Cochrane Collaboration, una institución dedicada a revisar la veracidad de todos los estudios que se publican en el ámbito de la salud y así filtrar los intereses de las diferentes industrias en el negocio de la sanidad.

Su libro describe a los psiquiatras como profesionales dedicados a recetar medicamentos a los pacientes sin saber realmente si van a funcionar...

Una razón importante por la que la psiquiatría moderna está tan centrada en los fármacos es que la gente no sabe muy bien cuáles son ni sus beneficios ni sus daños. Yo tomé una actitud crítica respecto a estos fármacos; conseguí el acceso a estudios no publicados y fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que la industria farmacéutica, y en ocasiones también los psiquiatras, nos han engañado con sus ensayos clínicos.

¿No existen psicofármacos de beneficios comprobados?

Mediante las revisiones de muchísimos estudios he podido comprobar que el beneficio de muchos psicofármacos es dudoso, pero en cambio no existe duda de que pueden causar daños graves, que pueden incluir el suicidio, el homicidio o la muerte por otras causas. Otro problema es que probablemente todos estos fármacos son susceptibles de provocar daños permanentes en el cerebro cuando se usan a largo plazo, pero los pacientes que los quieren dejar, por lo general cuentan con muy poco apoyo por parte de sus médicos.

La psiquiatría actual reduce los problemas psicológicos a desequilibrios químicos que pueden ser curados con fármacos. ¿Hay intereses de la industria detrás de esta gran simplificación?

El cuento sobre los supuestos desequilibrios químicos fue inventado por un médico hace 61 años y la industria farmacéutica lo abrazó de inmediato. No he encontrado ninguna investigación que acredite científicamente que un desequilibrio químico es la causa de problemas psiquiátricos. Es más: los psiquiatras más relevantes son conscientes de que esto es una mentira y sin embargo muchos de ellos, tal vez la mayoría, siguen utilizándola a fin de persuadir a sus pacientes a continuar con su medicación.

El sueño de una solución rápida nunca desaparece, pero no hay soluciones rápidas en psiquiatría y los fármacos son muy raras veces la solución a los problemas de la gente. La profunda ironía es que quizás no haya un desequilibrio químico implicado salvo el que crean los propios psicofármacos, que en muchos casos funcionan como drogas adictivas.
Yo tomé una actitud crítica respecto a estos fármacos; conseguí el acceso a estudios no publicados y fue entonces cuando me di cuenta de lo mucho que la industria farmacéutica, y en ocasiones también los psiquiatras, nos han engañado con sus ensayos clínicos.

¿Podríamos decir entonces que estamos frente a una industria que inventa enfermedades para crear adictos a sus productos?

No es desacertado asegurar que la industria farmacéutica inventa enfermedades para conseguir gente enganchada a sus productos. Dicho esto, es cierto que hay muchas personas que sufren problemas mentales severos y necesitan en ocasiones un apoyo en la medicación. Pero creo que tratar estos problemas sistemáticamente con psicofármacos solo empeora la situación. La forma en que usamos las drogas psiquiátricas hoy en día sin duda causa mucho más daño que beneficio.

El 'trastorno bipolar', el 'TDAH', el 'trastorno obsesivo compulsivo', etc., son palabras que han entrado en el lenguaje común. ¿Son tales diagnósticos una simplificación de los problemas de la persona para adaptarlos a la aplicación de ciertos medicamentos?

Una de las grandes tragedias de la psiquiatría moderna es que muchos trastornos psiquiátricos son causados por los psicofármacos que se usan para tratar otro trastorno anterior; es decir, son daños colaterales, o efectos secundarios si se quiere. Por ejemplo, los efectos secundarios de la medicación para tratar el TDAH (trastorno por déficit de atención) coinciden bastante con el cuadro de diagnóstico de un trastorno bipolar.

Lo mismo ocurre con la depresión: los fármacos antidepresivos pueden provocar síntomas que cumplen con los criterios para diagnosticar un trastorno bipolar, por lo que también en este caso muchas personas sufren de efectos secundarios de los antidepresivos. Pero esto a menudo no se detecta y, por lo tanto, estas personas pueden, además, ser tratados con medicamentos antipsicóticos o de litio, o ambos.

En mi libro explico por qué no debemos ver el TDAH como un trastorno psiquiátrico, y la razón por la que la que los psiquiatras deberían centrarse en los problemas del entorno de los niños (el TDAH es más frecuente entre niños) en lugar de decir que son los propios niños el problema. Los medicamentos para el TDAH no resuelven ningún problema; de hecho, parecen agravarlos a largo plazo.

Usted sostiene que la gran mayoría de los fármacos psicoactivos deberían ser abolidos. ¿Cómo se trataría, en tal caso, una psicosis grave?

Hubo una revisión Cochrane que comparó las benzodiazepinas con los antipsicóticos para tratar la psicosis aguda. La misma mostró que los pacientes se calmaron más rápido con la benzodiazepina. El tratamiento estándar es aplicar antipsicóticos, pero he preguntado a muchos pacientes que han probado ambos tipos de fármacos, cuál preferirían en caso de sufrir un nuevo brote psicótico.

Todos los pacientes, hasta el momento, me han dicho que preferirían una benzodiazepina. Y les comprendo, ya que las benzodiazepinas no son tan tóxicas y peligrosas como antipsicóticos. Pero también es posible tratar la psicosis severa sin ningún tipo de medicamentos psiquiátricos. Sé de psiquiatras eminentes en varios países que nunca han usado un antipsicótico para tratar una psicosis. Solo han aplicado la psicoterapia, la empatía y el amor.

Muestran a los pacientes que se preocupan por ellos, que los respetan y tienen un verdadero interés en ellos, y es bien sabido que este enfoque es eficaz. Antipsicótico es un nombre demasiado engañoso, ya que estos fármacos no curan a nadie en contraste con los antibióticos, que realmente pueden salvar la vida de las personas si tienen una infección bacteriana grave. No estoy convencido de que necesitemos antipsicóticos en absoluto, ya que son muy tóxicos.

¿De verdad cree que una persona con una psicopatía severa puede tener una buena calidad de vida solo con terapia y sin medicamentos?

Está perfectamente documentado que muchas personas con psicosis graves pueden tener una buena calidad de vida sin psicofármacos. En realidad, la pregunta correcta es : ¿Pueden los medicamentos psiquiátricos empeorar la calidad de vida de las personas en promedio? Actualmente, mi grupo de investigación está estudiando la calidad de vida con y sin antidepresivos.

Hay muy pocos estudios publicados a este respecto y no tenemos acceso a los estudios no publicados por la Agencia Europea del Medicamento, aunque sabemos que no son pocos. En nuestra opinión, está claro por qué tan pocos estudios han sido publicados: sus resultados no dejan en buen lugar a la industria farmacéutica.

martes, 16 de junio de 2015

Javier Álvarez: “Místicos, artistas y enfermos mentales son muy proclives a la hiperia”

Es médico psiquiatra con 39 años de ejercicio en el Sistema Nacional de Salud. Nació en 1950, en Ponferrada, en 1973 se licenció como médico y en 1976, tras tres años de formación en el Dptº de Psiquiatría de la Cátedra de Psiquiatría de Santiago de Compostela, obtuvo el Título de Especialista en Psiquiatría. Desde entonces, y hasta junio de 2008, ha desarrollado su ejercicio profesional como psiquiatra clínico en el Complejo Asistencial Universitario de León. Desde esa fecha fue nombrado Jefe del Servicio de Psiquiatría de dicho Hospital, siendo ahora su trabajo más de gestión que clínico”.

Este psiquiatra habla de cosas que tienen mucho sentido común. Y su concepto “desmedicalizar” a los pacientes está calando hondo. Esta entrevista no tiene desperdicio, especialmente cuando se refiere a la hiperia…

LA HIPERIA Y LOS MÍSTICOS

-¿Cómo definiría exactamente la hiperia?

-Como una función cognitiva de nuestro cerebro mediante la cual, y por medio de la activación de un numeroso grupo de neuronas a la vez, accedemos a vivencias extraordinarias que se caracterizan por ser: repentinas, muy intensas, automáticas y que se acompañan, además, de sensación de clarividencia y casi siempre también de convicción telepática. Para entender mejor de qué tipo de vivencias hablamos sirve de ejemplo el déjà vu, esa convicción repentina y automática de que el instante que estamos viviendo en un momento determinado ha sido vivido ya de forma exactamente igual en el pasado. Es una vivencia que prácticamente hemos experimentado todos.

-¿Por qué compara una depresión melancólica o el trastorno bipolar con la noche del espíritu de San Juan de la Cruz?

-Porque leyendo las obras de este místico del Siglo de Oro español se comprueba que en ellas describe con todo lujo de detalles las dos fases que conforman el trastorno bipolar, a saber: la fase de depresión melancólica y la fase de exaltación maníaca. La descripción que hace este monje carmelita, tanto de la fase depresiva como de la fase de exaltación gozosa, es tan detallada y precisa que uno no puede por menos que pensar que está narrando las vivencias que él mismo ha experimentado. Pero el no las interpreta como patológicas sino como pruebas purificadoras y éxtasis religiosos que le envía Dios.
EPILEPSIA E HIPERIA

-¿Cuántas clases de epilepsias hay?

-Simplificando mucho se pueden resumir en: ataques epilépticos generalizados y ataques epilépticos parciales. Nos interesan los segundos porque en ellos la conciencia está conservada y es precisamente durante esos ataques epilépticos parciales cuando aparecen en nuestra conciencia las vivencias hipéricas, como por ejemplo: el déjà vu que acabamos de describir… pero también alucinaciones o visiones y audiciones que los demás no perciben, súbitas convicciones irrefutables, como, por ejemplo, la creencia absoluta y repentina de que soy un elegido y profeta de Dios, o aparecen ataques súbitos de melancolía junto con los contarios de éxtasis gozoso sin causa alguna que explique esos repentinos y bruscos cambios de humor. Los neurólogos interpretan esas vivencias como ataques epilépticos parciales y los psiquiatras las interpretan como síntomas de diferentes trastornos psiquiátricos. En cambio los místicos las interpretan como señales divinas y la hiperia lassinterpreta como manifestaciones cognitivas de nuestro cerebro, o sea, como intuiciones clarividentes de nuestra mente.

-¿Por qué esta clase de enfermedades suelen empezar siempre en la juventud?

-Porque la hiperia, como todas las demás funciones cognitivas (aprendizaje, memoria, inteligencia matemática o musical, capacidad motora, etc.), alcanza su máximo desarrollo hacia los 16-18 años para luego ir debilitándose progresivamente a lo largo de la vida.

-¿Qué relación hay entre místicos, artistas y enfermos mentales?

-Que todos ellos son muy proclives a la hiperia, es decir, todos ellos tienen una fuerte predisposición hereditaria a experimentar esos fenómenos hipéricos de los han dejado constancia en sus escritos. Todos tenemos un cierto grado de predisposición hereditaria para la hiperia pero esta tendencia es mucho más marcada en místicos, artistas y enfermos mentales.

SOBREDIAGNOSTICACIÓN

-¿Crees que en nuestra sociedad actual hay un abuso de diagnósticos psiquiátricos? ¿Por qué?

-Sí, mucho. Me atrevería a decir que muchísimo: no es lógico que la mitad de los norteamericanos sean diagnosticados de un trastorno psiquiátrico, tasas que son ya prácticamente iguales en todos los países occidentales. Es incomprensible y absurdo que hayamos llegado a una situación en la que cada dos personas sea diagnosticada de enfermo mental. No hay razones ni científicas ni clínicas que justifiquen ese número de diagnósticos.

-¿Hay también un uso excesivo de psicofármacos para todo tipo de enfermedades mentales y trastornos?

-Sí, claro. Lógicamente el abuso de diagnósticos que referíamos antes se traduce en un abuso similar del empleo de psicofármacos. Los actuales manuales diagnósticos (DSM-5 y CIE-10) han flexibilizados enormemente los criterios que permiten hacer un diagnóstico psiquiátrico con lo que ahora prácticamente cualquier variedad de comportamiento puede etiquetarse como un trastorno psiquiátrico que requiere tratamiento con psicofármacos, tratamiento que en muchísimos casos se recomienda que sea para toda la vida sin que haya argumentos científicos que justifiquen esos tratamientos indefinidos.

-¿Qué tipo de terapia alternativa aconsejaría a un enfermo mental?

-Cualquier tipo de terapia que promueva el desarrollo integral de la persona, es decir, cualquier técnica que contemple al ser humano, no como compuesto de cuerpo y mente por separado, sino que lo conciban como un todo indivisible y que, por tanto, tiene que ser abordado mediante herramientas dirigidas a la globalidad de la persona: estilo de vida natural con alimentación y ejercicio físico equilibrados, contacto armónico con la naturaleza, meditación y otras técnicas encaminadas a promover nuestra vida interior, etc.

DESMEDICALIZANDO

-¿Cómo se empieza la desmedicalización de un enfermo?

-Haciendo una evaluación psiquiátrica completa la cual permite decidir si se puede ir disminuyendo el suministro de los psicofármacos. Esa retirada gradual de los medicamentos ha de acompañarse de un soporte del paciente a fin de que pueda ir comprendiendo los conflictos emocionales que generaron la supuesta enfermedad mental. En muchos casos es posible retirar la medicación por completo y conseguir que el sujeto asimile lo que hasta entonces era una “etiqueta psiquiátrica” no como una enfermedad, sino como una parte de sí mismo que no había sido capaz de aceptar y manejar adecuadamente.

-¿Qué síntomas favorables acontecen en el enfermo cuando se empieza un tratamiento de desmedicalización?

-En primer lugar, desaparecen los afectos de sedación, cansancio e intensa falta de motivación que producen los psicofármacos. La segunda fase de mejoría consiste en esa aceptación e integración de problemas emocionales y psíquicos que hasta entonces le habían resultado intolerables, lo cual en gran medida era debido al estigma, sufrimiento y autodesvalorización que estaban provocando en él el diagnóstico de enfermo mental y la medicación, que anulaba su capacidad de tomar decisiones y de actuar en consecuencia.

EXPLICANDO A LOS FAMILIARES

-¿Cómo le explicaria al familiar de un enfermo mental que lo que tiene éste no es una patología sino fases de clarividencia?

-De la misma manera que se le explica al “enfermo mental”. Los familiares se encuentran en este terreno tan perdidos y desinformados como los propios “afectados”. Y como ellos, sufren enormemente con situaciones psiquiátricas que nunca acaban de resolverse sino que se prolongan de por vida.

-¿Por qué es tan necesaria la desmedicalización de miles y miles de pseudoenfermos mentales?

-Para que puedan volver a ser personas autónomas como las demás.

-¿Qué dicen otros psiquiatras de sus teorías y de abogar por la desmedicalización?

- Pues la verdad… ¡no dicen nada! Excepto unos pocos psiquiatras extranjeros —algún italiano, francés, belga, argentino, norteamerticano o un grupo de doce o trece psiquiatras japoneses que próximamente viajará a león para conocer el Servicio de Psiquiatría que dirijo— los demás, es decir, los españoles están callados como muertos. Intuyo lo que puede significar ese silencio pero lo que es decir… ¡ellos no dicen nada! ¡Al menos hasta ahora!

-¿Hay algunas plantas medicinales que pueden ayudar en los procesos de desmedicalización?

-Le confieso que mi desconocimiento sobre esa materia es absoluto. Esa pregunta debería hacérsela, por ejemplo, a mi buen amigo Josep Pàmies, quien lleva tantos años luchando por una medicina basada en remedios naturales. Luchando y sufriendo afrentas y persecuciones por parte de los diferentes poderes públicos.

UNA SOCIEDAD LOCA
TARADOS POR EL PLACER

-¿Por qué nuestra sociedad está tan loca?

-Porque se ha instaurado un sistema en el que el único valor parece ser el consumo de placeres corporales, habiéndose perdido el concepto de persona como ser que forma una unidad armoniosa con el resto del Cosmos. Quiero creer, y esa es mi esperanza, que los individuos se resisten a esta pérdida de valores. Pero el grupo, que siempre es más que la suma de los individuos que lo componen, ha llevado a la sociedad occidental por esos derroteros. Afortunadamente se vislumbran ya esperanzadoras señales de cambio.

Sara B. Peña

NUEVA PSIQUIATRÍA

MIRANDO LA PSIQUIATRÍA DESDE OTRO PUNTO DE VISTA

Se trata de una página web que se ha ido elaborando a lo largo de ocho años y que actualmente está inmersa en un movimiento de cambio y/orenovación del modelo de asistencia psiquiátrica. El nuevo enfoque propuesto pretende eliminar las principales insuficiencias del actual modelo asistencial: 1º. Abuso de diagnósticos (el 50% de la población USA tendrá al menos un diagnóstico psiquiátrico en su vida); 2º. Uso excesivo de psicofámacos con tratamientos de por vida para el trastorno bipolar y para el trastorno esquizofrénico sin razones que lo justifiquen.


A lo largo de los últimos diecisiete años el autor ha ido publicando libros y artículos en revistas neurocientíficas internacionales, en los que se preconiza una hipótesis innovadora respecto a la naturaleza e interpretación de variadas manifestaciones psíquicas. Esta bibliografía constituye el fundamento teórico de dicha hipótesis, a la que denominamos hiperia.

La hiperia es una función cerebral en la que, merced al encendido de un gran número de neuronas a la vez (automatismosmentales), aparecen en la conciencia una serie de vivencias psíquicas, las cuales se presentan siempre con las mismas características fenomenológicas: son repentinas, automáticas y muy intensas. Estas sincronías implican un corte brusco del normal discurrir de la conciencia que, quedando de pronto fuera del control de la voluntad, permite la irrupción de una penetrante vivencia pasiva que es experimentada siempre por el sujeto como algo extraordinario que le llena de asombro y extrañeza.


Hasta el presente estas vivencias psíquicas vienen siendo catalogadas, bien como síntomas de crisis epilépticas parciales, o bien como síntomas de diferentes trastornos psiquiátricos. Por el contrario, la hipótesis de la hiperia las considera normales, ya que son la expresión de una función cognitiva de nuestro cerebro, la cual todos poseemos en mayor o menor grado y que es la encargada del conocimiento intuitivo y/o telepático.


Esta nueva interpretación de lo que hasta hoy se consideraban manifestaciones psíquicas patológicas supone un cambio muy importante de toda la psiquiatría: en primer lugar en cuanto a la clasificación y al diagnóstico de los trastornos psiquiátricos, pero sobre todo respecto al enfoque terapéutico que hay que dar a estas vivencias psíquicas. De ahí la denominación de Nuevapsiquiatría. 
Esta nueva concepción, además, puede arrojar alguna luz sobre las insuficiencias y contradicciones que presenta la psiquiatría actual, las cuales no sólo lla an una y otra vez la atención de los psiquiatras con experiencia clínica, sino que incluso sorprenden a los médicos jóvenes que se inician en el estudio de dicha especialidad médica.


martes, 4 de junio de 2013

DSM-V, o cómo empezó nuestra "enfermedad mental"

por Colectivo No a O´Belen
Lunes, 03 de Junio de 2013 11:55

Es necesario articular un discurso y una estrategia de lucha contra la psiquiatrización de la sociedad.

Este año 2013, se espera la aparición del nuevo Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, DSM-V, que por lo que se conoce de su borrador, amenaza con una redacción más pobre e inconsistente que los anteriores, lo que supone una mayor patologización y medicalización de la población.

Asamblea de Majaras | Periódico CNT

¿Pero qué es el Manual Diagnóstico y Estadístico?

Se trata de una convención acordada por un grupo de psiquiatras de la Asociación Psiquiátrica Americana (APA), que recopila síntomas constitutivos de alguna "enfermedad mental" o "trastorno". En un marco de apariencia científica, psiquiatras de la corriente dominante cognitivo-conductual, formando 13 grupos de trabajo, se ponen de acuerdo en hacer una relación de hipotéticas enfermedades y revisión de las ya existentes y otras, como si fueran videntes, que están por venir.

¿Quiénes están detrás de este manual?

Si nos atenemos a quien paga los congresos psiquiátricos en lugares paradisíacos, a todo lujo y carísimos regalos, tendríamos que afirmar sin lugar a dudas que quienes financian e inspiran la creación de nuevas "enfermedades mentales" y el mantenimiento de las antiguas, son las multinacionales farmacéuticas que ya disponen de tratamientos para los "trastornos" que van a llegar.

Con el DSM-V las casi 300 patologías del manual anterior (DSM-IV), que suponía que la mitad de la población americana estuviera enferma, se multiplican de tal manera que lo difícil será encontrar una persona "sana". La utilización de estos manuales diagnósticos, supone el abandono total del estudio de patologías en psiquiatría, de manera que los diagnósticos se realizarán a través de la elección en un extenso catálogo de síntomas del padecimiento, en el que nadie estará libre de "enfermedad" y se dispondrá de una extensa gama química farmacéutica para su tratamiento. Puede parecer exageración, pero si tenemos en cuenta que el entorno de la psiquiatría es uno de los más conservadores, debería de iluminarse alguna alarma cuando el jefe de psiquiatría infantil de Ginebra, François Ansermet, comenta irónicamente que "en el futuro, ¿habrá que curar a los normales"?

Sería hasta cómico de no ser por el drama cotidiano para muchas personas y sus familiares a quienes se les niegan otras alternativas. La psiquiatría no pretende incidir en el contexto social y/o familiar, sino modificar y anular químicamente voluntades y síntomas aunque el dolor psicológico germine por dentro.

Con el DSM-V se ha reconocido que, no sólo se incrementan las tasas de trastornos mentales con nuevos diagnósticos y con umbrales más bajos, sino que debido a las graves imprecisiones, se podrán crear "decenas de millones" de "falsos positivos" con "la rúbrica de enfermedad mental" y con el peligro de ser medicados, con fármacos devastadores, de por vida.El DSM-V está planteado con tal insensibilidad, que no contempla posibilidad de mal uso o la interpretación como sucede entre jueces y la ley.

Por otra parte, incluye en su redactado una serie de diagnósticos tan absurdos como problemáticos. Aquí enumeramos sólo algunos:

- Síndrome de riesgo de psicosis. Supone que, debido a la alta tasa de "falsos positivos", "cientos de miles de adolescentes y jóvenes adultos recibirían una prescripción de antipsicóticos atípicos". La identificación temprana y su tratamiento, es un riesgo peligrosamente prematuro, pues los antipsicóticos reducen las expectativas de vida.

- Trastorno disfuncional del carácter con disforia. Hace referencia a la psiquiatrización de lo que conocemos popularmente como "mala leche".

- Trastorno cognitivo menor. Se refiere a alteraciones cognitivas que habitualmente aparecen a partir de los 50 años, convirtiendo esta etapa de la vida, en un inicio patológico.

- Trastorno de déficit de atención con o sin hiperactividad. El DSM-V, no sólo aumenta la tasa de este hipotético trastorno, sino que pretende utilizar un generalizado abuso de medicaciones estimulantes en una población especialmente vulnerable.

- Trastorno de atracones. Los millones de personas que se dan atracones una vez a la semana, pueden tener, de repente, un trastorno mental estigmatizante y cuyo tratamiento es de dudosa eficacia.

- Trastorno mixto ansioso depresivo. Convierte comportamientos habituales de la población en síntomas poco específicos, psiquiatrizando reacciones normales de la vida por las que todas hemos pasado.

- Pedohebefilia. Distorsiona la pedofilia con la pederastia, convirtiendo el abuso de menores en enfermedad y propiciando el abuso de la psiquiatría por el sistema penal.

- Trastorno de espectro de autismo. Se unifican los llamados autismos sin atender a las causas, incorporando clasificaciones diagnósticas ajenas a ellos, como el denominado síndrome de Asperger, y toda la estigmatización que conlleva.

- El trastorno de la identidad sexual pasa a ser disforia de género. No se reconoce como enfermedad, pero sí necesitada de tratamiento ya que lleva asociada un alto riesgo de sufrimiento, sin reconocer que la angustia o incapacidad es causada por el binarismo sexual cerrado que no permite otras experiencias a las asignadas en el nacimiento como sexo.

- Desaparece la categoría de trastornos sexuales, pero mantienen como desórdenes la pedofilia, el masoquismo sexual, el sadismo sexual, la eyaculación precoz o el exhibicionismo y los recolocan entre los capítulos disfunciones sexuales y desórdenes parafílicos.

- En los desórdenes parafílicos encontramos el desorden travestista que se caracteriza por excitación sexual intensa y recurrente al tener fantasías travestis. Se patologizan las fantasías y no la inexistencia de cauces que permitan expresarlas. En la parte de los trastornos coercitivos parafílicos, se corre el grave riesgo que penalidad y sanidad se confundan y trastoquen.

Entre las cuestiones que se han expresado que aparecen en este nuevo DSM, también se encuentra la eliminación de la distinción entre "abuso" y "dependencia" de sustancias, ampliando la nueva categoría de "adicción" que reemplazaría a ambas.

También se psiquiatriza la llamada hipersexualidad, así como las "adicciones conductuales" permitiendo medicalizar comportamientos y elecciones de vida como por ejemplo, las "adicciones" a los videojuegos, al sexo, a comprar, etc…

Otro de los diagnósticos que se comenta que aparecía en el borrador y del que no se habla demasiado en medios sanitarios, es el del "trastorno de oposición desafiante" que se enmarcaría dentro de los trastornos de conducta y que además de servir como otra forma más de control social de aquella población que "cuestiona la autoridad", se sumaría al trastorno disocial y al negativista desafiante, cubriendo así todo el espectro de "edades de la rebeldía". Si la represión policial y judicial no es suficiente como elemento disuasorio y coercitivo para la rebeldía, quizá un tratamiento psiquiátrico sea más efectivo.

Entre las cuestiones más preocupantes de este DSM-V, encontramos la medicalización del duelo normal, de manera que tras un suceso de pérdida importante para una persona, el estado de ánimo depresivo, la falta de apetito o de concentración, el insomnio, o la pérdida de interés por las actividades, pueden ser calificadas como "enfermedad mental". En los tiempos de precariedad que corren, con esta medicalización, los únicos beneficiarios exclusivos serán las multinacionales farmacéuticas.

Las orientaciones más influyentes de la psiquiatría siempre han sido instrumento para el control social y el sostenimiento del sistema, y en estos momentos se le exije una mayor efectividad. La industria farmacéutica que se orienta al ámbito psiquiátrico, lleva tiempo investigando, con la excusa de la curación de enfermedades, la anulación de voluntades y los cambios conductuales. Por eso no sorprende que el electroshock, haya recuperado la actividad de antaño a través de diferentes formas de estimulación magnética y la lobotomía se realice por medio de sustancias químicas. Si a todo esto le sumamos olimpíadas, fútbol o tele basura, ya tenemos democracia para 40 años más.