miércoles, 17 de septiembre de 2014

WI-FI: la muerte invisible que está destruyendo a la generación más joven en todo el mundo


Con el auge de la conexión inalámbrica, las redes wifi nos invaden: están en los hoteles, restaurantes, bares de copas, centros comerciales, colegios, oficinas y un largo etcétera. ¿Pero suponen un riesgo para la salud?

La Agencia de Protección Sanitaria de Gran Bretaña, en un estudio realizado en 2007 constató que “la radiación de microondas en el rango de frecuencia de WiFi causa cambios de conducta, altera las funciones cognitivas, activa la respuesta de estrés e interfiere con las ondas cerebrales”. También se mencionan los posibles riesgos para la salud de los niños que asisten a escuelas con redes inalámbricas.

Y es que no hay que olvidar que la radiofrecuencia de los teléfonos móviles e inalámbricos, de las torres de telefonía móvil y de las redes WiFi emiten radiación que de una manera u otra, afecta a las personas que estén dentro de su rango de acción.

El estudio «Interphone», promovido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y publicado en «International Journal of Epidemiology», pese a no ofrecer evidencias concluyentes sobre la supuesta inocuidad de los terminales, levanta la sospecha. En una revisión del mismo realizada en Junio de 2010, se aseguraba que por cada cien horas de uso de teléfono móvil, el riesgo de meningioma –tumor cerebral– aumentaba un 26 por ciento.

Fernando Pérez, vicepresidente de la Fundación para la Salud Geoambiental apunta que los pequeños de la casa son los más vulnerables, junto a las embarazadas, personas mayores y enfermos. «Todos los estudios epidemiológicos han demostrado efectos reales de las radiaciones en la salud y el desarrollo de los niños», explica Pérez.

Por supuesto, hay otros estudios que afirman que la exposición a este tipo de radiaciones es inocua. Pero si así fuera, ¿por qué en Europa están tomando medidas?. Uno de los ejemplos más contundentes llega del vecino galo. En Francia, se están eliminando las redes WiFi en bibliotecas, colegios y lugares públicos, «pero en España la legislación data del año 2001, y establece unos límites máximos que son 4.000 veces superiores a los recomendados por los últimos estudios», apunta Pérez.

Por otro lado, existen “informes científicos” que afirman que las redes wi-fi son totalmente inofensivas pero no hay que olvidar que la mayor parte de esos “informes” están pagados por “la alianza WiFi” una asociación que representa a la industria de WLAN, integrada por mas de 200 grandes compañías.

Los síntomas de una alta exposición a redes wifi se manifiestan mediante dolor de cabeza, cansancio crónico, dificultad para dormir, palpitaciones, dolor en el oído e insomnio.

Así que lo mejor es prevenir, sólo por si acaso. Éstas son algunas medidas que pueden protegernos de las radiaciones wi-fi, tanto en la oficina como en la vivienda:

1. Desconectar la conexión cuando no se esté utilizando, especialmente durante la noche.

2. Sustituya el acceso inalámbrico, mediante cable de red, o bien un PLC que le permita usar su propia red eléctrica y enchufes como red local.

3. No abusar del teléfono móvil. Lo mejor es utilizarlo con la función de “altavoz” activada.

4. No utilice teléfonos inalambricos DECT para su vivienda, los cuales emiten grandes dosis de radiación. Si no tiene más opción que utilizar un teléfono inalambrico, mire las opciones tipo ECODECT, que al menos evitan la emisión cuando el teléfono esta descansando en la base.

5. Acudir a un médico especializado para que nos realice una descarga de la radiación que el cuerpo haya podido absorber.

NICOLÁS OLEA PROFESOR DE RADIOLOGÍA Y MEDICINA FÍSICA DE LA UGR: «EL 100% DE LA POBLACIÓN TIENE RESTOS DE PESTICIDA EN LA GRASA CORPORAL»

«El 100% de la población tiene restos de pesticida en la grasa corporal»

El especialista lleva quince años investigando los efectos indeseados sobre la salud humana de sustancias químicas presentes en alimentos y objetos de uso cotidiano

INÉS GALLASTEGUI/GRANADA

Peces que cambian de sexo. Hombres estériles. Mujeres con residuos de pesticidas en su leche materna... El profesor de Radiología y Medicina Física Nicolás Olea Serrano lleva quince años investigando los efectos de ciertas sustancias químicas sobre la salud humana. Está convencido de que la exposición ambiental a estos productos, que se encuentran en los alimentos y en decenas de objetos de uso cotidiano, es la causante de innumerables enfermedades.

-¿Qué son los disruptores endocrinos?

-Se trata de compuestos químicos contaminantes ambientales, que una vez dentro del organismo humano 'imitan' a las hormonas naturales. La mayor parte, a las hormonas sexuales femeninas o estrógenos. Otros pocos interfieren con las hormonas sexuales masculinas o andrógenos. En algún caso más, hay imitadores de las hormonas del tiroides o del control del azúcar en sangre. Los efectos descritos están relacionados con estos sistemas hormonales: infertilidad, endometriosis, malformaciones génito-urinarias, diabetes o aumento de la incidencia de algunas formas de cáncer, como mama y testículo.

-¿Qué sustancias químicas de uso cotidiano son potencialmente peligrosas para la salud?

-Si nos ceñimos al mundo de los disruptores endocrinos, el censo incluye cerca de 800 compuestos identificados como tales. Hace unos años se pensaba que tan solo algunos pesticidas de uso agrícola tenían esta propiedad. Hoy día se sabe que tanto algunos componentes del plástico, como algunos detergentes o componentes de productos cosméticos pueden ser disruptores endocrinos. Hay que tener en cuenta que la UE reconoce que de los 140.000 compuestos químicos fabricados por el hombre, sólo hay información toxicológica suficiente de 140.

-¿Es posible demostrar la relación entre la exposición a determinadas sustancias químicas y enfermedades como el cáncer, el Alzheimer o el Parkinson?

-Realmente establecer una vinculación entre exposición y enfermedad es una tarea difícil, ya que se trata, en la mayor parte de las ocasiones, de enfermedades de aparición tardía, multifactoriales y con un largo periodo de incubación (tiempo que existe entre la exposición y la manifestación clínica). A pesar de ello, las asociaciones son lo suficientemente serias como para poner en marcha el llamado principio de prevención, que viene a decir algo así como 'cautela ante la incertidumbre'.

-¿Existen estudios científicos que prueben el peligro de ciertos productos químicos?

-Existen, al menos en el mundo animal. Está el caso preocupante de los moluscos de las rías gallegas con una enfermedad que se llama imposex y que los hace estériles, o los peces del río Ebro, con un síndrome que se llama intersex y que hace indistinguibles al macho y la hembra. Como bien dice uno de los 'descubridores' de estas afectaciones, si uno piensa que nosotros somos muy diferentes de la cañaílla gallega o la carpa del Ebro, durmamos tranquilos. Ahora bien, si pensamos que navegamos en el mismo barco.

-Cada vez son más los científicos que hablan de estos temas. ¿Están respondiendo las administraciones en consonancia?

-A duras penas. La Unión Europea apostó con valentía por la hipótesis ambiental. De hecho, el próximo mes de noviembre tendremos en Helsinki la reunión de expertos para analizar los diez años de trabajo desde la primera reunión en Weybridge (Reino Unido) en la que se confió en la hipótesis y se subvencionaron trabajos de investigación. En España, hay algunos esfuerzos individuales de la mayor calidad científica en investigación animal. En humanos, se limita a lo que nuestro grupo de Granada lleva haciendo estos últimos quince años. Un hito fue la creación de la red Infancia y Medio Ambiente en la que participan Barcelona, Menorca, Valencia, Alicante y Granada, y que reclutó mas de 6.000 niños desde el embarazo de sus madres y los ha seguido hasta los cinco años de edad. Hemos tenido ocasión de analizar los productos químicos en las placentas y establecer el mapa regional de distribución de contaminantes, por ejemplo de los pesticidas DDT y endosulfán.

-¿Y la industria?

-No conseguimos hacerlos interesarse en el tema en los aspectos que creemos del mayor interés: el conocimiento científico y la prevención de la exposición humana. Aún guardo en un marco la última carta que me dedicó el presidente de la federación de industrias químicas por comentar a la prensa lo que de forma repetida le había dicho en las reuniones científicas y en publicaciones internacionales: el 100% de la población granadina tiene DDT o sus metabolitos en la grasa. Es lo mismo que ocurre en el resto de España, sólo que nosotros lo hemos investigado. A pesar de la evidencia, la industria parece no interesarse y cree que es un asunto pasado que no ha tenido consecuencias.

-Para una persona que se desenvuelve en un entorno urbano, ¿es posible evitar estas sustancias? ¿Hay una pauta de consumo para minimizar la exposición?

-La exposición es muchas veces inadvertida, ya que los disruptores endocrinos se encuentran en múltiples artículos de consumo, por ejemplo, el residuo de plaguicidas en los vegetales o el de hormonas en las carnes; los componentes de los plásticos en los biberones, recubrimientos de latas de conserva o los selladores dentales; los ablandadores del plástico en tetinas y chupetes; los antialgas en la pintura de la piscina; los componentes de la cosmética como ftalatos, parabenes, canfenos y benzofenonas... Y así hasta 800 compuestos. ¿Pautas de consumo? Agricultura sin pesticidas, reducción en el empleo de alimentos preparados y no frescos, reducción en el consumo de plásticos y en el uso de cosmética...

Científicos españoles piden al Gobierno y a la Comisión Europea una regulación más estricta respecto a las sustancias químicas sintéticas

3.800 expertos en salud pública de toda España solicitan un mayor control sobre los disruptores endocrinos (EDCs), compuestos químicos que tienen la capacidad de alterar el equilibrio del sistema hormonal de los seres humanos y de la fauna

El portavoz de este grupo de expertos, pertenecientes a la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), es el catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada Nicolás Olea

3.800 expertos en salud pública de toda España han pedido a la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, así como a la Comisión Europea, que adopten una regulación más estricta respecto a los disruptores endocrinos (EDCs), compuestos químicos que interfieren con el normal funcionamiento de las hormonas esteroideas y tiroideas, entre otras.

Todos ellos pertenecen a la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), que agrupa a 12 sociedades científicas y 3.800 profesionales y científicos del campo de la Salud Pública en España y cuya misión es contribuir a la mejora de la salud y de los servicios de atención sanitaria de la población española. El portavoz de este grupo de expertos es el catedrático de la Facultad de Medicina de la Universidad de Granada Nicolás Olea.

Los EDCs son sustancias químicas sintéticas que tienen capacidad de alterar el equilibrio del sistema hormonal de los seres humanos y de otras muchas especies de seres vivos. Los niveles de EDCs en la población española (conocidos como “contaminación interna”) son mucho más altos que en otros países, “y suponen una amenaza para la salud, el bienestar y la economía de los ciudadanos y el Estado de Bienestar”, en palabra de los expertos.

“Los disruptores endocrinos están presentes en muchos productos utilizados en nuestra vida cotidiana, como alimentos, agua, envases, juguetes, textiles, plaguicidas, productos de higiene y otros muchos artículos de consumo”. Su presencia en el cuerpo humano puede producir problemas de salud reproductiva (infertilidad, malformaciones congénitas), tumores y otras enfermedades en los órganos productores de hormonas (mama, próstata, testículos, tiroides), enfermedades metabólicas (diabetes, obesidad), trastornos inmunológicos y afectar al crecimiento y desarrollo normal, entre otros muchos problemas.

Según denuncian los miembros de SESPAS, “las fuertes presiones del lobby químico en Europa y España están obstaculizando la aplicación de los principios básicos de la Salud Pública a través de una regulación adecuada, así como la puesta en marcha de políticas de reducción de riesgos”. Estas presiones para defender sus intereses corporativos “están retrasando la acción de todas las administraciones públicas para proteger la salud de la población”.

Nicolás Olea, un referente mundial

El profesor Nicolás Olea es un referente mundial en disrupción endocrina, y lleva más de 30 años trabajando en el área de salud/enfermedad y medioambiente, concretamente en el estudio del cáncer hormono-dependiente. El “descubrimiento” de las hormonas en el medioambiente en 1987, durante su estancia como Fulbright Schoolar en Boston (EEUU), significó un cambio importante en la orientación de los objetivos de su grupo de trabajo. Luego en 1991 participó en el consenso para la definición de “disrupción endocrina” que tuvo lugar en Wingspread (EEUU) de la mano de Theo Colborn, responsable de contaminación química de WWF-US.

En la actualidad, la hipótesis de trabajo de su grupo de investigación es ligar la exposición a compuestos químicos con actividad hormonal y enfermedad. Los investigadores de la UGR tratan de demostrar la exposición inadvertida de la población general a estos compuestos químicos y otros factores ambientales de interés, y aplican marcadores de efecto combinado en estudios epidemiológicos de diferente diseño y en muy distintas patologías.

Las investigaciones que se llevan a cabo se centran en el seguimiento de la población sana (especialmente infantil), para obtener la máxima información sobre la exposición a disruptores endocrinos y sus efectos a largo plazo, que aunque sean sutiles pudieran estar relacionados con exposiciones tempranas. En definitiva, lo que se pretende es actuar preventivamente aconsejando actitudes y hábitos de menor riesgo.

En definitiva, lo que se pretende es actuar preventivamente aconsejando actitudes y hábitos de menor riesgo.
Contacto:
Nicolás Olea Serrano
Departamento de Radiología y Medicina Física. Facultad de Medicina de la Universidad de Granada.
Correo electrónico: nolea@ugr.es

lunes, 15 de septiembre de 2014

'Respiramos aire tóxico y no le damos ninguna importancia'

JORDI SUNYER Dirige el Centro de Epidemiología Ambiental
  • Es Catedrático de la Universidad Pompeu Fabra y un reconocido investigador internacional
  • Acaba de recibir el prestigioso Premio internacional John Golsmith
Jordi Sunyer lleva 30 años estudiando la relación entre medio ambiente y salud. Jordi Soteras 
15/09/2014

Planeaba vivir la medicina a través del fonendoscopio, pero el destino le sacó de la consulta y le llevó a estudiar las enfermedades del aire. Después de 30 años destapando la relación entre medio ambiente y salud, Jordi Sunyer acaba de recibir el Premio internacional John Goldsmith, el más prestigioso en epidemiología ambiental.

¿Es muy nocivo el aire que respiramos?

Es el noveno factor de riesgo respecto a la salud. Por delante está el alcohol, el tabaco, la hipertensión, y pocas cosas más. Está demostrado que la contaminación afecta al aparato respiratorio y también al cardiovascular, entre otros. De hecho, desde hace unos años estamos viendo cuál es su efecto neurotóxico. Mi investigación actual se centra en el posible papel de la contaminación en el crecimiento del cerebro, en su desarrollo.

Si existe una relación tan clara con la salud, ¿por qué recibe menos atención que otros factores?

Supongo que si lo viéramos dentro de 100 años nos llevaríamos las manos a la cabeza, porque realmente lo que está pasando es que estamos respirando un aire tóxico. Y no le damos ninguna importancia porque estamos acostumbrados y nadie cae muerto a nuestro lado. Tenemos una vida en la que el coche es un elemento de alta prioridad, socialmente representa mucho y no queremos renunciar a él.

¿Cómo podemos saber si el sitio en el que vivimos tiene unos niveles altos de contaminación?

Es muy fácil: cuanto más coches, más contaminación. Esto tiene que ver con la densidad del tráfico, así de claro. En California varios estudios demostraron que los niños que acudían a colegios cercanos a vías de tránsito muy denso tenían peor desarrollo pulmonar. Allí ya no se pueden instalar centros educativos cerca de autopistas. Y Dinamarca y otros países han hecho lo mismo.

¿En España estamos a años luz de este tipo de medidas?

Aquí no nos lo hemos tomado en serio. Y claro, en algún momento deberemos hacerlo, tendremos que cambiar porque tenemos unos niveles de contaminación que doblan a los de la mayoría de países europeos.

¿En estos 30 años ha notado cierta evolución en este sentido?

Ha aumentado mucho la cultura de la gente, el nivel educativo. De manera que hay más gente preocupada por estos temas. Y hay algunos parámetros de contaminación atmosférica que han disminuido. Pero el problema del tránsito no lo ha hecho y en Europa las cosas han sido muy diferentes. Ha habido planes de calidad del aire en más de 200 ciudades europeas, pero no aquí. Por otra parte yo no querría ser excesivamente crítico con la política. Es decir, lo que necesitamos es diálogo entre los que hemos estudiado estos fenómenos y los que pueden aportar soluciones.

Mientras llegan estas soluciones. ¿Hay algo que podamos hacer de forma individual?

Nosostros hemos publicado recientemente que los niveles de contaminación dentro de las escuelas son iguales que fuera de las escuelas, es decir, que el confinamiento no sirve para nada. Hay algunos estudios que dicen que una dieta rica en vegetales y fruta tiene un papel protector, y es útil escoger la calles menos contaminadas si vas a usar la bici o hacer jogging. Pero las soluciones han de ser colectivas, no pueden ser individuales. Es un problema colectivo y lo que necesitamos son planes de descontaminación.

¿Qué se conseguiría?

Las ciudades que han hecho estos planes tienen más conectividad social, porque la gente está más en la calle; los niños pueden jugar, hay más espacios verdes, menos ruido, la gente hace más ejercicio... Es todo un paquete de circunstancias que benefian la salud y además reducen riesgos. Por eso es clave la implicación de profesionales como los urbanistas o los arquitectos.

¿Por qué decidió estudiar este ámbito?

Todos somos esclavos del destino. Cuando terminé mi especialidad de medicina de familia y comunitaria, había hecho un master en epidemiología y en aquel momento había unas epidemias de asma en Barcelona y no había mucha gente formada para estudiarlas. Empecé haciendo este tipo de investigación a pesar de que mi vocación era ser clínico. La primera hipótesis que se planteó era que el problema se debía a la contaminación atmosférica, pero luego descubrimos que estas epidemias, que se produjeron en los años 80 y eran muy graves, estaban causadas por la descarga de soja. A partir de ahí ya cogí este camino.

¿Usted cómo se desplaza?

Yo utilizo el transporte público o ando. Andar me relaja y llego a caminar hasta 2 horas al día. 

Las ciudades de todo el Sur de Europa son perfectas para caminar o ir en bicicleta alternativamente.

¿Alguien que conoce también la relación entre contaminación y salud vive con cierta ansiedad aquí?

No, ansiedad ninguna. Pero resignación tampoco. Al contrario, vivo con mucha voluntad de seguir luchando para que se apliquen soluciones a este problema. Deben ser soluciones muy radicales. Aquí estamos hablando de cambiar el aire de las ciudades. Este será un tema que en pocos años tendrá impacto en la elección de los alcaldes. Al menos este es mi deseo.

“La industria farmacéutica está causando más muertes que los cárteles de la droga”

Allen Frances (DonnaManning)
Miguel Ayuso 09/09/2014

El Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM, por sus siglas en inglés) contiene la clasificación de las enfermedades mentales según la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, y se usa en todo el mundo para decidir quién padece una enfermedad mental y quién no.

El doctor Allen Frances (1942), catedrático emérito de la Univesidad de Durham, dirigió la penúltima edición de la conocida como “Biblia de la psiquiatría”, el DSM IV. Entonces, trató de elevar los criterios bajo los cuales se puede calificar a alguien como enfermo mental. Pero no lo consiguió. El DSM IV se empezó a utilizar, a juicio de Frances, de forma incorrecta para hacer explotar la burbuja de la inflación diagnóstica y la medicación. Hoy, sobre todo en EEUU, las cifras son preocupantes: el 20% de las personas toman un medicamento psiquiátrico a diario y una cuarta parte de la población tiene un diagnóstico de enfermedad mental.
La inflación diagnóstica no es exclusiva de la psiquiatría, es común a toda la práctica médica y es algo que debería preocuparnos

Aunque a Frances no le hacía ninguna gracia el nuevo DSM, no tenía intención de criticarlo públicamente (la polémica sería enorme entre los psiquiatras, tratándose del director de la anterior edición), pero tras una fiesta de la asociación cambió de opinión. Me horrorizaba el ingenuo entusiasmo de las personas que trabajaban en el DSM 5. Donde ellos veían magnificas oportunidades yo veía graves riesgos”, reconoce Frances en su nuevo libro,¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel), que acaba de publicarse en España. El nuevo DSM iba a ser un desastre, y su antiguo director se decidió a tomar partido.

Ayer Frances visitó Madrid y fue muy claro: si el DSM 5 tiene éxito (algo que aún está por ver) el 81% de la población de entre 11 a 21 podría ser diagnosticada con una enfermedad mental. La inflación diagnóstica puede llegar al absurdo. Y el psiquiatra cuenta con numerosos ejemplos.

“Con el nuevo DSM –explica Frances–, tan sólo dos semanas después de que alguien pierda a un ser querido, un médico puede diagnosticar depresión clínica. Si alguien tiene síntomas propios del duelo no va a acudir a un psiquiatra, va a ir al médico de cabecera, que en Estados Unidos pasa de media 7 minutos con cada paciente, cifras que no serán muy distintas a las de España. Quizás ni siquiera conozca al paciente bien”. No importa, asegura el psiquiatra, en un momento podrá (con el manual en la mano) decir que tiene depresión y recetarle antidepresivos. Y la situación se repite con numerosos trastornos que, desde la publicación del nuevo DSM (en mayo de 2013), son mucho más sencillos de diagnosticar.

Y no hay que ser un genio para darse cuenta de que el verdadero beneficiado de esta nueva situación es la industria farmacéutica. “Las farmacéuticas están alertando ya a los médicos que la depresión debe ser diagnosticada en personas que están pasando un duelo”, asegura Frances. “Es parte de su campaña de promoción”.

Una deriva muy peligrosa

En su opinión, aunque el nuevo DSM 5 genere enormes beneficios para las farmacéuticas, estas no están detrás de sus errores. Es más bien el ego y la falta de perspectiva de los psiquiatras lo que ha provocado todo esto.

“Conozco muy bien a la gente que ha trabajado en el DSM 5 y no creo que tengan un interés sea ayudar a las farmacéuticas”, asegura Frances. “Es gente de buen corazón que ha tomado decisiones muy estúpidas, pero no por la presión de las farmacéuticas, sino porque han sobrestimado la importancia de su campo de estudio, sin darse cuenta del daño que puede hacerse cuando las cosas que pueden funcionar para ellos en la universidad se lleven a la práctica clínica”.

Si las farmacéuticas hubieran pagado a los profesionales por redactar el DSM estaríamos ante un escándalo mayúsculo. Pero lo que han logrado es casi peor, ya que está más arraigado: han conseguido que todos (médicos y pacientes) creamos que las drogas son la única solución a nuestros problemas. “Esta colosal industria está lavando el cerebro a todo el mundo para que tomen pastillas, aunque no las necesiten”, explica Frances.

El psiquiatra insiste en que las farmacéuticas no han tenido ninguna influencia directa en el DSM –“no es así como van las cosas”–, pero una vez publicado van a exprimir sus posibilidades hasta la última gota: Miran hasta los márgenes, buscando cómo pueden usar los diagnósticos en su provecho. Las farmacéuticas tienen millones de dólares, y la más brillante mercadotecnia, a la espera de encontrar cualquier nuevo trastorno para convertirlo en moda. Así ocurrió con el TDAH, con la depresión, con el desorden bipolar… Tomaron la definición, que funciona bien si se usa con cautela, y la hicieron confusa en la práctica general”.

Un problema que afecta a toda la medicina

Para Frances, la inflación diagnóstica no es exclusiva de la psiquiatría, es común a toda la práctica médica y es algo que debería preocuparnos. Mucho. “Si tienes 60 años y eres mujer, es casi imposible no tener osteoporosis, porque la definición de unos huesos ‘normales’ está basada en los huesos de las mujeres de 20 años”, asegura el psiquiatra. Se ha patologizado todo”.
A las farmacéuticas no les interesa desarrollar antibióticos que la gente sólo va a tomar dos o tres días, pero van a hacer todo lo posible para vender medicamentos a los niños, porque serán consumidores para toda la vida

Pero si esto ocurre con todos los campos de la medicina, cuando hablamos de enfermedad mental la cosa se complica. En psiquiatría no hay análisis de sangre para saber si una persona es normal o no”, explica Frances. “Si la línea que separa a las personas a las que se les puede diagnosticar un trastorno y las que no se desplaza aunque sea un poco, y puedes presionar para que eso ocurra, la diferencia es de millones de pacientes”.

El ejemplo más claro de esta vergonzosa inflación diagnóstica es el trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH).La forma más fácil de predecir que un niño va a padecer TDAH es su cumpleaños”, explica Frances. “Si eres el niño más pequeño de tu clase, tienes el doble de posibilidades de padecerlo que si eres el más mayor. Estamos transformando la inmadurez en enfermedad, y en vez de tratarla en clase, estamos gastando millones de dólares en medicamentos”.

“Desde la perspectiva de la industria farmacéutica –continua Frances– esto es genial. No hay mejor cliente que un niño. A las farmacéuticas no les interesa desarrollar antibióticos que la gente sólo va a tomar dos o tres días, pero van a hacer todo lo posible para vender medicamentos a los niños, porque serán consumidores para toda la vida”. Medicamentos que, en numerosas ocasiones, causan más problemas de los que resuelven. “Los antipsicóticos hacen a los niños muy gordos”, explica el psiquiatra. “Ya tenemos una epidemia de obesidad infantil que provoca diabetes y muerte prematura”.

Hay espacio para el optimismo

Para Frances la solución a este problema es bien sencilla: hay que limitar el poder de las farmacéuticas y promover una vuelta a la práctica clínica racional, humanizada. “Cualquier problema múltiple se resuelve de forma más efectiva a través de la psicoterapia que a través de la medicación”, asegura el psiquiatra. “Sí, es más barato dar drogas a un paciente en los primeros meses, pero si tiene que estar medicado toda la vida es muy caro. Si pensamos en la vida de los pacientes es mejor gastar dinero en diagnósticos más precisos y cuidadosos y en psicoterapia, y menos dinero en aumentar los diagnósticos y la medicación”.
Los doctores están prescribiendo narcóticos como locos, y la industria está empezando a ser más peligrosa que los carteles de la droga

El psiquiatra pide sentido común en la práctica médica, y mano dura con las farmacéuticas. A veces, cuando la situación se vuelve indignante, acaba ganando el sentido común”, asegura Frances, que cree que se puede luchar contra ciertos comportamientos de la industria farmacéutica al igual que se acabó con el tabaquismo: presionando a los Gobiernos para que establezcan unas regulaciones más duras.

Las farmacéuticas venden una píldora para tratar la hepatitis C por miles de dólares a Europa y luego venden la misma píldora a Egipto por 10 dólares”, afirma Frances visiblemente enfadado. La gente tiene que empezar a darse cuenta de que esta gente no son nuestros amigos. No es gente que se preocupa por nosotros: se preocupan por sus beneficios, y debemos ser escépticos y controlarlos. Los doctores están prescribiendo narcóticos como locos, y la industria está empezando a ser más peligrosa que los cárteles de la droga, y ya está causando más muertes. Esto es tan indignante que el cambio tiene que ser inminente”.