jueves, 1 de junio de 2017

TSJC confirma condena al ICS por enfermedad causada por productos químicos

31/05/2017

Barcelona, 31 may (EFE).- El Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) ha confirmado íntegramente la sentencia de primera instancia que condenó al Instituto Catalán de la Salud (ICS) por las graves patologías que padeció una trabajadora por la exposición a los productos químicos en centros sanitarios públicos.

La mujer se vio expuesta a los productos químicos por las fumigaciones que se realizaron cuando trabajaba en los centros de atención primaria Ramón Turró y en el de Lope de Vega, en el Poblenou, de Barcelona.

La trabajadora se encuentra en situación de incapacidad laboral en grado de absoluta y padece un cuadro de Sensibilidad Química Múltiple, Fatiga Crónica y Fibromialgia, entre otras patologías, "causado por la exposición a agentes irritantes relacionados con múltiples exposiciones a bajas dosis de organofosforados en el centro CAP Lope de Vega".

Los organofosforados son considerados como los principios activos de los insecticidas más peligrosos para el organismo humano, y han sido retirados recientemente del Registro de Plaguicidas no agrícolas o biocidas del Ministerio de Sanidad y Política Social, motivo por el cual ya no pueden hacerse servir como insecticida en ambientes interiores, se indica en la sentencia.

La sentencia del TSJC obliga al ICS a abonar un recargo del 50 % sobre el importe de la prestación al constatar acreditada la existencia de responsabilidad empresarial por falta de medidas de seguridad e higiene en el trabajo.

El día 8 de marzo de 2016 el TSJC constató que un total de 7 trabajadores del CAP Ramon Turró y, con anterioridad del CAP Lope de Vega, habían contactado con la Unidad de Salud Laboral de Barcelona solicitando la determinación de contingencias de incapacidad temporal respecto diversas patologías relacionadas con el puesto de trabajo, incluyendo fibromialgia y fatiga crónica, entre otras.

Un año después de aquella resolución, el TSJC ha confirmado, con una nueva resolución, el incumplimiento por parte del ICS del deber de garantizar la salud y seguridad de sus trabajadores en relación a las patologías que afectan a una de las trabajadoras que integraban el grupo que se dirigió a la Unidad de Salud Laboral.

La resolución del TSJC considera probado que el CAP de Lope de Vega presentaba "importantes problemas de ventilación" y se "efectuaban aplicaciones sistemáticas de productos insecticidas durante buena parte de su historia (entre 1950 y 2003), especialmente a comienzos de 1990".

Los trabajadores de este centro estaban expuestos, continúa la resolución, cuando se reincorporaban a su puesto de trabajo, por vía respiratoria y vía dérmica, a través de las superficies impregnadas, a los productos aplicados".

Según dictaminó la Inspección de Trabajo, que también intervino en este caso, "la exposición accidenta a los organofosforados en las fumigaciones del centro se produjeron por la no adopción de medidas de seguridad adecuadas", siendo esta exposición la causa desencadenante del accidente laboral que ha provocado la incapacidad permanente de la trabajadora. EFE.

Tóxicos textiles: Lo que esconden tus prendas de ropa


Alicia Carrasco Rozas | Miércoles, 31 Mayo 2017

Alrededor del 2,5 por ciento de las tierras cultivables del mundo se utilizan para plantaciones de algodón que consumen, a su vez, el 25 por ciento de los pesticidas utilizados a nivel global. Un dato que, lejos de crear indiferencia, pone de manifiesto la gran cantidad de químicos tóxicos que son utilizados día tras día para fabricar tejidos y prendas de ropa de algodón.

En el caso del resto de tejidos, la realidad no mejora ya que miles de sustancias químicas son utilizadas en las diferentes fases y procesos de producción textil, tanto en tejidos naturales como sintéticos. De esta forma, químicos como los etoxilatos de nonilfenol, ftalatos, metales pesados, alquilfenoles, formaldehído Aminas, etc. se convierten en componentes habituales presentes en las prendas de ropa que utilizamos a diario.

La mayoría de estos productos químicos se encuentran dentro de la tintura y procesamiento de los textiles. “Algunas de estas sustancias pueden ser peligrosas, liberarse al entorno a través de la producción, consumo y desecho de los tejidos y tener efectos sobre el medio ambiente y la salud de las personas” explica Sara del Río, portavoz de Greenpeace España, quien concreta que “entre las sustancias químicas peligrosas que se pueden encontrar en la producción textil están algunos metales pesados, los alquilfenoles (usados durante el lavado y teñido), los ftalatos (vinculado al uso del PVC por ejemplo en estampados) o las sustancias perfluoradas (en los tratamientos finales como anti-manchas o impermeabilizante)”.

En este sentido, Karen Hausel científica medioambiental, técnico de materiales peligrosos y creadora de Sustainable Daisy especifica además que “tóxicos como el cromo VI (también conocido como cromo hexavalente, reconocido cancerígeno) se utilizan concretamente en el curtido de cuero; el formaldehído, por su parte, se usa para conseguir resistencia a las arrugas, y las aminas, funcionan como compuestos de azo para ayudar a hacer tintes super brillantes y coloridos”.

Consecuencias inevitables para la salud y el medio ambiente

Frente a esta realidad, la primera cuestión de fondo que se plantea es el efecto que el uso continuado de este tipo de químicos tóxicos puede tener sobre la salud de las personas y el entorno. Por el momento, existen medidas como la norma europea REACH cuyo objetivo es regular y limitar la exposición a ciertos químicos considerados muy tóxicos. Así por ejemplo, “se ha conseguido prohibir las importaciones de algunas sustancias químicas como los etoxilatos de nonilfenol, uno de los productos químicos más comunes utilizados en moda para conseguir impermeabilidad en los tejidos” apunta Hausel.

Sin embargo, aún no existe una regulación global estricta sobre el uso de ciertas sustancias químicas tóxicas, lo cual hace que debido a la dinámica de producción en masa, las inmensas cadenas de producción que existen en la industria textil y la falta de regulación en los propios países productores, se sigue perpetuando una situación de control muy limitado sobre cómo se están produciendo realmente las prendas de ropa.

De esta forma, “el uso de sustancias químicas durante la fabricación y su presencia en los productos textiles finales hace que la contaminación química del sector se extienda globalmente puesto que dichas sustancias se continúan liberando durante todo su ciclo de vida, incluso cuando una prenda se convierte en residuo” comenta del Río.

Un ejemplo claro de este problema medioambiental asociado a la industria textil es la liberación continuada de microfibras de origen sintético cuya degradación es muy lenta, como los plásticos que acaban contaminando el entorno y entrando en la cadena alimentaria.“Como los materiales sintéticos normalmente no pueden ser digeridos eficazmente por organismos vivos, permanecen en el ecosistema durante siglos. Este problema lejos de controlarse está aumentando acompañado de la creciente producción textil y del aumento del uso de materiales sintéticos, como el poliéster” argumenta la portavoz de Greenpeace.

Por su parte, “dependiendo de la materia prima y de cómo haya sido tratado el tejido, las sustancias que son usadas en el proceso de producción textil pasan a nuestra piel cuando las vestimos. Algunas consecuencias pueden ser dermatitis por contacto, alergias, cada día más frecuentes, o incluso más graves, en determinados casos, como la sensibilidad química múltiple” explica Àngels Biosca creadora de la plataforma de moda sostenible Slowear Project.

Prevenir el uso de tóxicos

A día de hoy algunas empresas se han comprometido a ir eliminando paulatinamente de su proceso productivo la utilización de ciertas sustancias químicas tóxicas. Por ello, mirar las etiquetas es un acto necesario para conocer la composición de las prendas y obtener así información respecto a su naturaleza y cómo ha sido tratada la materia prima.

“Los tejidos naturales orgánicos sin teñir son los que pueden darnos mayor tranquilidad. En cambio y los colores oscuros o brillantes nos indican el uso de metales pesados. Como consumidores, podemos preguntar a los fabricantes y ser activos buscando información general en blogs o publicaciones sobre moda sostenible que van haciendo pedagogía sobre la sostenibilidad” aconseja Biosca.

Aunque de momento no hay certificaciones específicas que informen exclusivamente sobre los químicos tóxicos contenidos en las prendas de ropa, sí que existen algunos sellos que garantizan la sostenibilidad en ciertos procesos de la cadena de producción como por ejemplo, Blue Sign, Textile Exchange o GOTS, entre otros, siendo la primera la más específica para la regulación de sustancias nocivas.

En este sentido, la campaña Detox de Greenpeace, ha puesto de manifiesto desde hace varios años, la necesidad de un cambio en la forma de producir moda, sobre todo haciendo hincapié en las consecuencias que esos productos tóxicos están teniendo a nivel medioambiental y de salud. “Una revisión del sector que ha evidenciado, sin embargo, que el uso de sustancias químicas es solo una parte del problema y su eliminación será solo una parte de la solución. El principal problema a solucionar es que el ciclo de producción, uso y reutilización de materiales, se cierre y ralentice para reducir la extracción de nuevos recursos naturales, la emisión de gases de efecto invernadero, la contaminación química y la generación de residuos” concluye del Río.

Foto: Lance Lee, Greenpeace Detox Campaign

viernes, 26 de mayo de 2017

Piden prohibir el uso de herbicidas en Huelva a través del Concejal 28

25 MAYO 2017

La onubense Eva Rodríguez, afectada por sensibilidad química múltiple, ha presentado una iniciativa ciudadana, a través de la figura del Concejal 28, para solicitar al pleno del Ayuntamiento la retirada del glifosato y otros herbicidas químicos de los parques, jardines, aceras, carreteras y otros espacios de uso público en Huelva capital.

Esta iniciativa ha recibido el apoyo de 189 firmas, siendo necesarias un mínimo de 146, y ha sido una campaña que ha tenido bastante acogida en redes sociales.

La idea surge, según explica Eva Rodríguez, “como persona afectada de sensibilidad química múltiple, por los perjuicios que causan en mi persona y en otras personas enfermas el uso de estos herbicidas, siendo muy consciente del daño que hacen a la población en general, tanto a usuarios como a la ciudadanía en general”.

La moción será defendida en el próximo pleno, que se celebrará en Huelva el lunes día 29 de mayo, y será incluida como primer punto del orden del día, a las 9 de la mañana.

El Real Decreto 1311/2012, de 14 de septiembre, por el que se establece el marco de actuación para conseguir un uso sostenible de los productos fitosanitarios, establece en su artículo 50, lo siguiente:

Artículo 50. Condicionamientos específicos para los ámbitos no agrarios. 1. En los espacios utilizados por el público en general, el responsable de la aplicación deberá: a) Adoptar las medidas necesarias para evitar que se produzca el acceso de terceros, tanto durante la ejecución de los tratamientos como durante el periodo de tiempo siguiente que se haya determinado necesario para cada caso. b) Realizar los tratamientos en horarios en que la presencia de terceros sea improbable, salvo que se trate de jardines cercados o que sea posible establecer una barrera señalizada que advierta al público de la prohibición del acceso al área comprendida dentro del perímetro señalizado. 2. En los espacios utilizados por grupos vulnerables, además de cumplir lo especificado en el apartado 1, se requiere el conocimiento previo del director del centro afectado conforme a lo expresado en el apartado 1.a), para que pueda adoptar las medidas preventivas que procedan. El director del centro, con al menos 48 horas de antelación al tratamiento, podrá proponer justificadamente una fecha u hora mas apropiada.

Ninguna de estas medidas se adoptan en Huelva, como pueden ver en la fotografía adjunta, en la que se ve a un operario aplicando producto fitosanitario en la zona del Molino de la Vega, a primera hora de la mañana de un día cualquiera, a principios de mayo.

Tres sociedades científicas y médicas piden al Ministerio que rechace los criterios sobre disruptores endocrinos

Unos buenos criterios de identificación de disruptores endocrinos son esenciales para proteger la salud de la población. Por esta razón, tres de las más importantes Sociedades Científicas y Médicas españolas piden al Ministerio de Agricultura que rechace los criterios propuestos por la Comisión Europea en la próxima votación del 30 de mayo.
El rechazo científico a la propuesta sobre disruptores endocrinos

Hablar de votaciones europeas y criterios de disruptores endocrinos puede parecer algo muy abstracto. Pero en realidad, está estrechamente unido a nuestra vida porque de esta votación depende la prevención de graves enfermedades.

Para las sociedades científicas firmantes de la carta está “demostrado” que la diabetes, la obesidad, el cáncer de mama o próstata y otras enfermedades endocrinas están relacionadas con la exposición a disruptores endocrinos presentes en productos de la vida diaria, como alimentos, envases, plásticos y otros productos habituales.

Por esta razón, la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad, la Sociedad Española de Diabetes y la Sociedad Internacional de Endocrinología escriben esta carta a la Ministra de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medio Ambiente, Doña Isabel García Tejerina, para mostrarle su “profunda preocupación por los criterios propuestos por la Comisión Europea para la regulación de los disruptores endocrinos“.

Según estos organismos científicos, los actuales criterios que la Comisión lleva a votación:
  • 1. no identificarán muchos de los tóxicos que alteran al sistema hormonal
  • 2. no siguen criterios científicos
  • 3. no garantizan la seguridad para la salud y el medio ambiente de la Unión Europea
La opinión de las tres organizaciones científicas, mostrada en la carta, es la misma que la de Ecologistas en Acción: la actual propuesta de identificación de disruptores endocrino no protege la salud ni el medio ambiente. España debe votar en contra.
La actual propuesta de identificación de disruptores endocrinos no protege la salud ni el medio ambiente. España debe votar en contra el próximo 30 de mayo.
Próxima votación: el 30 de mayo de 2017

Como vimos en un post anterior, en el Comité de los días 17 y 18 no se votó la propuesta, porque no se alcanzó la mayoría cualificada necesaria (mayoría de estados que representen más del 65% de la población europea).

En dicha votación no participó Francia, que acababa de celebrar sus elecciones generales. No se sabe aún si la nueva tendencia política en Francia modificará su postura de los últimos meses, contraria a la propuesta de criterios de la Comisión Europea.

En esta votación Europa se juega mucho: puede seguir el consejo de la comunidad científica y de las organizaciones de protección de la salud y el medio ambiente y rechazar los criterios de la Comisión. O puede ceder a la presión de las grandes corporaciones y países con regulaciones menos exigentes con los tóxicos, como Canadá.
De la decisión dependerá la salud y el medio ambiente de todas.

jueves, 25 de mayo de 2017

Nuevas patologías y su relación con las radiaciones electromagnéticas


by Profesor/a UOC | May 18, 2017  

La evolución tecnológica y la necesidad de sistemas de telecomunicación para la interconexión de dispositivos ha producido un cambio social y empresarial de una magnitud difícilmente imaginable años atrás. Tanto es así que actualmente resulta común en las conversaciones hablar de Wifi, Wimax, Bluetooth, 3G, 4G como algo habitual entre la población, desde los más jóvenes hasta incluso las personas mayores.

El avance tecnológico ha necesitado de un incremento generalizado de elementos radiantes para intercomunicarse y dar lugar a un conjunto de aplicaciones y sistemas inteligentes orientados principalmente a facilitar nuestra vida. No obstante, esta necesidad de comunicación nos ha llevado a vivir constantemente en un entorno lleno de radiaciones que alteran nuestro medio de vida natural. Esto ha llevado a la aparición de diferentes debates sociales sobre los beneficios y riesgos de las radiaciones sobre nuestra salud, así como a la aparición de nuevas patologías relacionadas con la electrosensibilidad.

Las radiaciones que afectan a nuestro organismo se pueden dividir entre las de bajas frecuencias y las de altas frecuencias. En bajas frecuencias, las radiaciones no ionizantes que presumiblemente poseen un riesgo mayor son aquellas que provienen de estaciones transformadoras, subestaciones de distribución eléctricas y cableados de distribución. No obstante, a nivel doméstico existen diferentes equipos que también emiten este tipo de radiaciones como pueden ser el ordenador, la vitrocerámica, secadores de pelo, frigoríficos, mantas eléctricas o el propio tendido eléctrico de la vivienda entre otros.

Entre las altas frecuencias las fuentes más comunes suelen ser las antenas de telefonía móvil, los sistemas de telefonía inalámbricos DECT, los dispositivos Bluetooth, hornos microondas, entre otros.
En este nuevo contexto están apareciendo nuevas patologías que pueden tener una relación con los efectos de las radiaciones, siendo una de las más recientes la de la hipersensibilidad electromagnética. Esta patología potencialmente relacionada con la exposición a las radiaciones afecta del orden de entre el 3 y el 5% de la población, cosa que haría que actualmente haya unos 13 millones de Europeos que pueden sufrir dicha patología.

El colegio de Médicos de Austria publicó en el año 2012 unas directrices para el diagnóstico de dicha patología, siendo Suecia el primer país que la reconoció oficialmente. A nivel Español en el año 2011 se produjo la primera sentencia de incapacidad permanente y absoluta por síndrome de hipersensibilidad electromagnética y ambiental.

La sintomatología que suele aparecer en esta patología están relacionados con sintomatología relacionada con el estrés como problemas de sueño, fatiga, agotamiento, falta de energía, inquietud, palpitaciones cardíacas, problemas de presión arterial, dolores musculares y articulares, depresión, falta de concentración, mala memoria, ansiedad, urgencia urinaria, mareos, acúfenos, etc.

El grado de la sintomatología dependerá de la hipersensibilidad de la persona, pudiendo ir desde leves cefaleas hasta síntomas incapacitantes. Este escenario debe llevarnos a la reflexión y a la prudencia a la hora de utilizar dispositivos radiantes. Ante la duda siempre es mejor ser previsores y evitar la exposición exagerada. Es bien conocido que el sol en pequeñas dosis es muy saludable, pero en exposiciones largas puede ser muy dañino para la salud. Resultaría prudente aplicar medidas de protección a la sobreexposición, especialmente para los niños pequeños que son el colectivo más vulnerable.

Ante este escenario conviene aplicar el principio de prudencia y tomar medidas que permitan limitar la exposición a radiación electromagnética en nuestro día a día, pero estas medidas las dejaremos para el siguiente post en el que entraremos en detalle en diferentes estrategias para minimizar el efecto de las radiaciones.

Jose Antonio Morán Moreno es doctor en Ingeniería de Electrónica por la Universidad Ramon Llull. Actualmente trabaja como profesor en la Universitat Oberta de Catalunya, donde es el director académico del Máster Universitario en Ingeniería de Telecomunicación.