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miércoles, 19 de febrero de 2020

Ecologistas en Acción pide detener el despliegue del 5G

Tecnología Redacción 24/01/2020
  • Representantes de la comunidad médica y científica, de organizaciones medioambientales y más de 192.000 personas de 203 países piden a la ONU, a la OMS, a la Unión Europea, al Consejo de Europa y a los gobiernos de todas las naciones que atiendan un llamamiento que el 25 de enero se difunde en todo el planeta.
  • Ecologistas en Acción reclama con urgencia que se paralice el despliegue de la red inalámbrica de quinta generación.
Las empresas de telecomunicaciones mundiales, con el apoyo de los gobiernos, han comenzado el despliegue de la red inalámbrica de quinta generación (5G) sin garantías para la salud pública y el medio ambiente. La implantación del 5G incrementará masivamente la exposición a la radiación de radiofrecuencia (RF) de las telecomunicaciones acumulándose a la ya existente con las actuales redes 2G, 3G, 4G y wifi.

Para transmitir las enormes cantidades de datos requeridos para Internet, la tecnología 5G, cuando esté completamente implementada, utilizará ondas milimétricas, que penetran poco en el material sólido. Esto requerirá que cada operador instale estaciones base cada 100 metros en las áreas urbanas de las ciudades, utilizando el mobiliario urbano público: farolas, marquesinas, semáforos, etc. También se lanzarán al espacio miles de satélites que rodearán la Tierra a diferentes altitudes para diversos fines de telecomunicaciones, pero principalmente para la entrega de Internet. Los astrónomos hacen una llamada en la que advierten que un número tan grande de objetos emisores de radio podría hacer imposible la radioastronomía y piden evitar que el desarrollo tecnológico sin un control serio convierta la práctica de radioastronomía en una antigua ciencia extinta.

La radiación de radiofrecuencias ha demostrado ser perjudicial para los seres humanos y el medio ambiente. La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) y el Consejo de Europa, entre otros organismos, han advertido ya de los riesgos de la exposición a radiofrecuencias, así como de la especial vulnerabilidad a dicha exposición de las personas electrohipersensibles, niñas y niños, embarazadas y personas de edad avanzada o con enfermedades crónicas. El despliegue del 5G constituye un temerario experimento sobre la humanidad y el medio ambiente.

Ecologistas en Acción pide al nuevo Gobierno que tenga en cuenta las observaciones y requerimientos de la Resolución del Defensor del Pueblo de 21 de agosto de 2019, en la que reconoce que la implantación de la tecnología 5G en nuestro país no ha sido objeto de evaluación ambiental previa. No se ha hecho oficialmente una evaluación ambiental previa del Plan 5G ni de los proyectos piloto derivados del mismo. Tampoco se ha justificado la negativa del Ministerio de Economía y Empresa a hacerla, y ello a pesar de que diversas asociaciones lo solicitaron durante el trámite de información pública del Plan 5G. En este sentido el Defensor del Pueblo destaca que el Ministerio, a través de su Secretaría de Estado para el Avance Digital, ha ignorado diversos artículos de la Ley 21/2013, de Evaluación Ambiental, evitando consultar el borrador del Plan 5G y los borradores de los proyectos piloto 5G al órgano ambiental correspondiente.

Además, como reconoce el Defensor del Pueblo, en los proyectos piloto que se están llevando a cabo se va a utilizar una banda de frecuencias para la cual aún no se han fijado los límites de exposición seguros, lo que es algo totalmente opuesto al principio de precaución. Y apunta a que tampoco se ha prestado una atención especial a las personas electrosensibles ni en el Plan 5G ni en los Proyectos Piloto como pide el Defensor de Pueblo y determina la Resolución 1815 del Consejo de Europa.

Como consecuencia de lo anterior, Ecologistas en Acción pidió al Ministerio de Economía y Empresa la revisión de oficio del Plan Nacional 5G y de todos los actos que se han aprobado en desarrollo del mismo. El plan no tiene la preceptiva evaluación ambiental estratégica ni una evaluación de impacto en la salud.

Varios organismos internacionales están evaluando la exposición humana en el próximo escenario de exposición 5G, a la vez que científicas y científicos de la NTP analizan esta tecnología. Por ello Ecologistas en Acción, junto con miles de personas de todo el mundo, exigen a los gobiernos que se paralice el despliegue de esta red inalámbrica mientras no se demuestre que este producto es inocuo.

martes, 2 de julio de 2019

Alerta ante el despliegue del 5G

  • Ecologistas en Acción alerta de que el despliegue de la tecnología 5G se está haciendo sin evaluar sus posibles efectos sanitarios y ambientales, a pesar de los contundentes y numerosos llamamientos científicos a aplicar el principio de precaución.
  • No se ha realizado la evaluación de impacto sobre la salud que exige la Ley de Salud Pública, y sin que se haya puesto en marcha el Comité de Radiofrecuencias y Salud recogido en la Ley de Telecomunicaciones.
En todo el mundo se está produciendo el despliegue acelerado de la tecnología 5G. Vodafone ha anunciado en España que lanzará nuevos servicios gratuitos 5G en 15 ciudades vendiendo los primeros móviles 5G, usando a vieja estrategia de crear gratis la necesidad para más adelante cobrarla. Los medios de comunicación destacan los grandes beneficios de esta nueva tecnología, pero no nos explican que paralelamente está habiendo una verdadera movilización de científicos a nivel internacional que están alertando de sus riesgos potenciales.

Cuando se introduce una nueva tecnología en el mercado previamente se ha investigado en un laboratorio con células y animales para demostrar su inocuidad para las personas y el medio ambiente. Pero en el caso del 5G no es así. En 2017, Hardell, científico en base a cuyas investigaciones epidemiológicas la OMS declaró las tecnologías inalámbricas como cancerígeno de nivel 2B, encabezó un llamamiento firmado por 180 científicos pidiendo a la Unión Europea una moratoria del despliegue del 5G hasta que se demuestre su inocuidad, pues ya se han publicado miles de artículos científicos que evidencian el daño producido por las anteriores tecnologías inalámbricas para la salud de las personas, pero también para los animales y para las plantas. Sin embargo, el 5G no se ha investigado previamente a su introducción. En 2018 se puso en marcha un nuevo llamamiento científico firmado ya por más de 100.000 investigadores, médicos, asociaciones y ciudadanas de 187 países pidiendo a la OMS y a la ONU que se detenga el despliegue hasta contar con evidencias de inocuidad. Numerosos científicos han escrito a políticos, senadores y gobernadores pidiendo una moratoria.

A finales de 2018 el SCHEER, Comité Europeo de Riesgos Emergentes clasificó en su informe de riesgos con un 3 sobre 3 el daño potencial para la fauna salvaje que se puede producir por el aumento de contaminación electromagnética debido al despliegue del 5G.

De hecho, algunos políticos han atendido a las advertencias científicas. La ministra de Medio Ambiente de Bruselas ha bloqueado el despliegue 5G alegando que no está dispuesta a que los habitantes de Bruselas se conviertan en “conejillos de indias”. Cantones suizos, a los que pertenecen ciudades tan importantes como Ginebra o Lausana, también han bloqueado el 5G hasta que se investiguen sus posibles efectos sobre la salud. Alcaldes como el de la ciudad italiana de Morino también se han opuesto a este despliegue. Ayuntamientos como el de Florencia han firmado una moción por la que se reclama que se aplique el principio de precaución.

La ciudadanía también se está movilizando a nivel mundial. Existen más de 150 movimientos STOP 5G repartidos por todos los continentes. En EE UU el movimiento ‘Americanos por una Tecnología Responsable’ ha reunido 59 ciudades de 23 Estados. Ciudadanos y asociaciones de San Francisco, Washington, Nueva York, Santa Fe o Chicago no solo se están manifestando, también en algunos casos están emprendiendo acciones judiciales contra la FCC, organismo que regula las telecomunicaciones en EE UU, por no proteger la salud de los ciudadanos.

Ecologistas en Acción y la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética denunciaron en su día en las aportaciones públicas al Plan Nacional 5G que este se ha puesto en marcha sin realizar una evaluación de impacto sobre la salud, como determina la Ley General de Salud Pública. Llama por otra parte poderosamente la atención que la Ley de Telecomunicaciones de 2014 preveía la constitución de un Comité Interministerial sobre Radiofrecuencias y Salud, pero no se ha creado en cinco años. Y ello a pesar de que el Defensor del Pueblo ha hecho varios requerimientos para ello al Ministerio de Sanidad del gobierno del PP y al Ministerio de Industria del gobierno del PSOE. Es decir, no existe un órgano que realice un seguimiento de los posibles efectos para la salud de este despliegue.

Para que una tecnología sea social y ambientalmente apropiada debería no causar daño a las personas y a las restantes formas de vida animales y vegetales; no debería comprometer de modo irreparable el patrimonio natural y la salud de las futuras generaciones; no debería ser coercitiva, y debería respetar los derechos y las posibilidades de elección de sus usuarios voluntarios y de sus sujetos involuntarios y no debería tener efectos generalizados irreversibles, aunque estos parezcan a primera vista ser beneficiosos o neutros. Ninguno de estos requisitos los cumple la tecnología 5G. Y lo que es gravísimo, su despliegue supone un incremento exponencial de la contaminación electromagnética, tanto por un aumento en las potencias, pues el 5G se añade, no sustituye al 2G, 3G, 4G ni al wifi. Se emplearán nuevas frecuencias, también se van a desplegar millones de nuevas antenas y se van a poner en órbita miles de satélites en todo el mundo de tal modo que no existirá un rincón en la Tierra en el que se garantice que quienes necesitan preservarse de esta tecnología por motivos de salud, como las personas electrohipersensibles, puedan hacerlo.

A lo largo de la historia nos hemos equivocado muchas veces con nuestras decisiones tecnológicas. Aunque nos hayan proporcionado grandes avances en nuestra calidad de vida, también han llevado aparejados graves inconvenientes para la salud, los ecosistemas y el planeta. Hasta ahora, esos errores han sido fruto del desconocimiento. Esta va a ser la primera vez en la historia de la humanidad en la que la ciencia nos ha alertado de los potenciales y graves efectos negativos que esta nueva tecnología 5G puede tener para la vida si no se investiga previamente y se corrigen sus posibles riesgos.

Para Ecologistas en Acción estamos siendo víctimas de un “despotismo tecnológico”. Políticos y medios de comunicación, salvo honrosas excepciones, parecen estar más al servicio de la tecnología que de la ciudadanía. La tecnología debería estar sujeta a un control democrático real. La ciudadanía debería estar informada de sus ventajas, pero también de sus posibles riesgos, y entre todos deberíamos decidir si nos interesa seguir hacia adelante o si preferimos “parar un poco” para perfeccionar la nueva tecnología y no cometer errores que luego se demuestren irreversibles. Aunque nos vendan la rapidez y la baja latencia del 5G que va a permitir bajarnos una serie en segundos, lo que una vez más podemos poner en riesgo desde la inconsciencia es la vida misma. Hay que aplicar el principio de precaución y desplegar una tecnología solo cuando se garantice su inocuidad.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Arrate pide una ordenanza municipal ‘garantista’ para el 5G

El abogado experto en contaminación electromagnética reclama un estudio radiológico que delimite las zonas más ‘sensibles’ de afección en la capital

M. GALINDO 4 mayo, 2018
José Alberto Arrate y José Luis Bardasano fueron los ponentes de la jornada informativa 
organizada por la plataforma. / KAMARERO  
La designación de Segovia como ciudad piloto junto a Talavera de la Reina para iniciar el desarrollo de la tecnología 5G de telecomunicaciones ha generado una importante contestación social, cristalizada en la creación de la Plataforma Stop 5G que está llevando a cabo distintas acciones orientadas a informar sobre el riesgo potencial que la denominada ‘contaminación electomagnética’ puede suponer para la salud.

El salón de actos del IES Mariano Quintanilla fue ayer el escenario de la jornada informativa convocada por la plataforma en la que el profesor emérito de la Universidad de Alcalá de Henares José Luis Bardasano y el abogado medioambientalista José Alberto Arrate expusieron sus puntos de vista sobre el riesgo de las tecnologías inalámbricas para la salud humana, así como las alternativas que Segovia puede desarrollar para paliar sus efectos en colectivos especialmente sensibles como los niños, las personas mayores o los enfermos.

Arrate, con una dilatada experiencia en este campo, aseguró que  “no se puede decir que no hay riesgo” con la llegada del 5G, ya que “el impacto de los campos electromagnéticos para la salud no se puede discutir, y así lo han hecho constar instituciones como el Consejo de Europa o la Organización Mundial de la Salud, que han considerado este problema como de primera magnitud y piden que se apliquen medidas urgentes para paliar este problema”.

En el caso de Segovia, el abogado señaló la necesidad de realizar un concienzudo estudio radiológico para conocer los puntos más saturados de la capital, para después analizar el impacto sobre la salud, y “teniendo en cuenta a las personas electrosensibles para saber si el despliegue tecnológico puede empeorar su salud”.

Tras este estudio, Arrate recomienda la redacción de una ordenanza municipal específica que sea “garantista” y que recoja las recomendaciones del Consejo de Europa sobre los niveles mínimos de radiación electromagnética. La ordenanza debe incluir la protección de zonas sensibles como parques, guarderías o centros educativos, y estudiar la implantación de “zonas blancas” libres de radiación electromagnética para las personas con hipersensibilidad.

La adopción de estas medidas es, a juicio del abogado, “muy sencilla”, y señaló que ya hay ayuntamientos que han puesto en marcha medidas de este tipo “que no perjudican el normal funcionamiento de la telefonía móvil”. “En municipios de Castilla La Mancha se han aplicado medidas de reducción de hasta 0,1 microwatios por centímetro cuadrado, cuando en Segovia se supera esta cantidad hasta 4.500 veces”, aseguró.

El abogado aseguró que “siempre es mejor regular que prohibir, porque las telecomunicaciones están ya instauradas en la sociedad, y por eso hay que regular para compatibilizar la protección con la prestación”.

martes, 7 de noviembre de 2017

No es un bulo: el móvil emite ondas perjudiciales

Médicos, ingenieros, biólogos y físicos han firmado la Declaración Internacional de Madrid para que las autoridades regulen las emisiones de los móviles, redes wifi y otros dispositivos.

Manuel Núñez

Existen evidencias de que las microondas utilizadas por la telefonía móvil y las redes wifi, y otros tipos de contaminación electromagnética, producen efectos perturbadores sobre el organismo humano.

Esta es la conclusión de los expertos españoles que firmaron a finales de septiembre la Declaración Científica Internacional de Madrid, que insta a las autoridades sanitarias a mejorar las medidas legales para proteger la salud pública frente a las radiaciones electromagnéticas.

La declaración pide aplicar la Resolución 1815 de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, votada por España, pero nunca realmente adoptada, para reducir los límites de exposición electromagnética en la población sin afectar a la cobertura de telecomunicaciones.

Los especialistas, reunidos en la Real Academia Nacional de Medicina, denunciaron que las radiaciones de antenas y teléfonos móviles e inalámbricos, redes wifi, monitores para bebés, así como los campos electromagnéticos de muy baja frecuencia (ELF-EMF) creados por instalaciones eléctricas, producen un “indiscutible impacto sobre la salud pública”. Por ello es imprescindible y urgente realizar cambios en la legislación e informar sobre los riesgos a la opinión pública.

Efectos sobre la salud del móvil y redes wifi

La doctora Elizabeth Kelley, directora de la comunidad científica Emfscientist.org, promotora de un llamamiento realizado por 240 científicos a la ONU y la OMS, señaló que "miles de estudios documentan que los dispositivos inalámbricos están relacionados con estrés celular, aumento de radicales libres, cambios en el sistema reproductivo, daños en la memoria y el aprendizaje, trastornos neurológicos, daños genéticos y cáncer”.

Olle Johansson, médico en el Instituto Karolinska (Suecia), unos de los centros de investigación más prestigiosos del mundo, que concede los Premio Nobel de Medicina, habló del efecto pernicioso de las radiaciones electromagnéticas sobre la glándula pineal, relacionada con el control de los relojes biológicos. El sueño se altera y, a medio y largo plazo, contribuye a desarrollar trastornos severos como diabetes tipo II, alzhéimer, parkinson y cáncer, según el catedrático en fisiología Darío Acuña.

Los daños se acumulan

Emilio Mayayo, catedrático de anatomía patológica, destacó que los efectos de la contaminación electromagnética son acumulativos y que existe una gran variedad de respuestas individuales. Los síntomas pueden ir desde las dificultades respiratorias a los dolores de cabeza o musculares, sensación de debilidad, eccemas o alteraciones neurológicas.

En este sentido, Raúl de la Rosa, técnico en riesgos laborales, resaltó las dificultades de las personas electrosensibles para acceder a lugares públicos e inclusive a sus propias viviendas, ya que requieren de espacios libres de radiaciones o “espacios blancos”.

En la jornada, organizada por la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo, presidida por el doctor José Luis Bardasano, intervinieron otros expertos como el ingeniero José Manuel Amaya, que llamó la atención sobre la necesidad de humanizar el desarrollo tecnológico para “no generar más problemas de los que resuelve”, o el físico y biólogo Juan Álvarez-Ude, que describió con detalle cómo los campos magnéticos alteran las moléculas que intervienen en los procesos fisiológicos.

Es necesario reducir la potencia de antenas y móviles

A la luz de todos los problemas causados por las radiaciones electromagnéticas, los firmantes de la Declaración Internacional de Madrid exigen a las autoridades sanitarias que se establezcan unos niveles máximos de exposición en interiores a 0,1 µW/cm2, límite que disminuiría gradualmente hasta 0,01 µW/cm2. Este límite está muy por debajo del permitido por la actual legislación.

En cuanto a las emisiones de antenas de telefonía, se recomienda aplicar el principio de precaución ALARA, “tan bajo como sea razonablemente posible”.

Solicitan asimismo que se cumplan el resto de puntos de la Resolución 1815, como los que se refieren a la necesidad de proteger a los niños, a los jóvenes en edad reproductiva y a las personas electrosensibles.

En este sentido, la conferencia internacional sobre la tecnología inalámbrica en las escuelas, celebrada en Reikiavik el pasado mes de febrero, hizo un llamamiento para que se evite el uso de móvil y las redes wifi en los centros educativos, estableciendo como norma el acceso a internet por cable.

El abogado Alberto Arrate explicó en su conferencia que “no se entendería que España haya votado y apoyado esta resolución del Consejo de Europa y que no la aplicara”. El ingeniero en telecomunicaciones y sociólogo Pedro Costa, Premio Nacional de Medioambiente, concretó que “técnicamente es posible la reducción de los niveles de exposición”, pero que la industria ha preferido camuflar las antenas ante la preocupación ciudadana.

La Declaración de Madrid se encuentra en la misma línea que el reciente llamamiento realizado por más de 180 científicos a la Unión Europea para que se establezca una moratoria en el despliegue de las redes 5G, que significarán una multiplicación en la potencia de las emisiones de microondas.

Referencias

jueves, 10 de agosto de 2017

El negacionismo de la contaminación electromagnética y la electrosensibilidad

AGOSTO 9, 2017 POR MAESTROVIEJO
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 Suele ocurrir con temas polémicos, poco conocidos y/o que tocan intereses industriales que sufren el negacionismo y la falta de comprensión. A veces es por ignorancia del problema y otras por insano escepticismo (dudar de todo hasta tener pruebas me parece sano pero dudar por sistema cuando hay pruebas te convierte en tonto útil de quienes quieren que ese problema no se conozca).

La llamada electrosensibilidad está producida por la cada vez mayor contaminación electromagnética a la que estamos sometidos en las sociedades modernas los afectados crecen, como cuentan desde la asociación Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS).

Una idea centra ese tipo de publicaciones: “la electrosensibilidad es una trastorno psicológico”. Para la asociación EQSDS:

Este tipo de informaciones suponen un perjuicio para un colectivo de personas enfermas que están luchando por mejorar su salud, conseguir reconocimiento y ayudas para su supervivencia y que precisan de la comprensión de su entorno para alcanzar las adaptaciones necesarias a su condición de discapacidad”.

Y se quejan, con razón, de que no se suele ir a la fuente original en informaciones de ese tipo ni suelen contar con su experiencia; todo por los enfermos pero sin los enfermos.

Les llama también la atención que este tipo de artículos periodísticos sistemáticamente eluden ofrecer el punto de vista de los médicos e instituciones que reconocen este síndrome y que están alertando del problema de salud que representa la contaminación electromagnética.
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Aunque somos conscientes -aseguran- de que la existencia de la electrosensibilidad viene a poner en duda la seguridad de la telefonía móvil, un negocio que mueve en el mundo dos billones de dólares al año, no deja de causarnos sorpresa y estupor el tratamiento tendencioso que, desde un supuesto punto de vista científico, se ha dado a la noticia en algunos medios de comunicación”.

Y es que medios que presumen de realizar un periodismo de calidad publican artículos en los que se niega la existencia de la hipersensibilidad electromagnética y se desacredita a las personas que la padecen, omitiendo la base científica que la avala y dificultando las medidas a tomar para su adecuado tratamiento.

Los médicos que tratan habitualmente a personas electrosensibles de manera sistemática y con los protocolos adecuados, ven como los pacientes mejoran cuando consiguen vivir en un entorno con niveles muy bajos de contaminación.

También hemos observado como algunos médicos que se dedican a opinar sobre este tema no han tratado a personas con electrohipersensibilidad y algunos incluso no se dedican a la práctica clínica“, cuentan.

Actualmente hay decenas de miles de investigaciones que encuentran efectos biológicos en los niveles de exposición a los que estamos expuestos en la actualidad. Cientos de investigadores de todo el mundo expertos en bioelectromagnetismo alertan de posibles riesgos.

Un porcentaje elevado de las investigaciones científicas están financiados por la industria de telefonía móvil y los resultados de estas investigaciones coinciden con sus intereses. Algunas instituciones internacionales de referencia están en el punto de mira por denuncias de conflictos de interés, al estar sus decisiones muy mediatizadas por la industria.
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Los gobiernos son reacios a aplicar medidas de precaución que pudieran suponer un freno a la actual y rápida expansión de las tecnologías inalámbricas, así como a aumentar el gasto en prevención y tratamiento de estas nuevas enfermedades.

Los grandes medios de comunicación no parecen interesados en debatir sobre las implicaciones para la salud de las nuevas tecnologías inalámbricas.

Cunde la negación sistemática del problema, el negacionismo. Sin darse cuenta, al parecer, quienes lo promueven que así le hacen el juego a las industrias y lastran la posible curación o mejora de la calidad de vida de quienes están afectados.

Afortunadamente existen investigadores independientes, médicos comprometidos y jueces dispuestos a reconocer sus derechos a los damnificados por la otra cara de este progreso, un tipo de contaminación que no se ve pero que tiene demostrados efectos en la salud.

Es necesario difundir toda la información científica sobre los riesgos de la exposición crónica a campos electromagnéticos, realizar un consumo consciente y desarrollar políticas de salud pública.

lunes, 17 de julio de 2017

Gobierno de Rajoy desprecia criterios de salud pública y principio de precaución al asumir informe del lobby de telefonía

Por PECCEM

•El documento, que ha tenido una importante repercusión, ha sido elaborado por el CCARS, una opaca organización impulsada por el Colegio de Ingenieros de Telecomunicación. AMPAs, asociaciones de afectados, de consumidores, vecinales y ecologistas demandan al Ejecutivo una mayor neutralidad y una regulación proteccionista de la contaminación electromagnética. La postura del CCARS allana el despliegue de redes 5G y la expansión desregulada de redes y dispositivos inalámbricos, en detrimento de opciones tecnológicas biocompatibles como el cable y el LIFI.

Tras la publicación del último informe del Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS), la Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética (PECCEM), que agrupa a decenas de organizaciones sociales, y la asociación de Electro y Químico Sensibles por el Derecho a la Salud (EQSDS), reclaman prudencia y rigor a políticos y agentes sociales ante sus conclusiones, que sin ambages benefician a los intereses de la industria de la telefonía. Además, denuncian la implicación del Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital en su presentación y posterior difusión, saltándose las normas básicas de neutralidad o proporcionalidad.

Detrás del Informe sobre Radiofrecuencias y Salud 2016 se halla el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), entidad que coordina el propio CCARS. Llama la atención que una organización que NO tiene entre sus objetivos estatutarios la defensa de la salud se ocupe de este controvertido asunto, colisionando con su propio código deontológico al asesorar en competencias que le son ajenas. Hay que subrayar, además, que el CCARS no figura entre los Organismos Públicos de Investigación regulados por ley, ni cumple con los requisitos éticos básicos de transparencia, independencia y pluralidad de criterios.

Por su parte, el ministerio, con su actuación invade competencias en prevención y protección ambiental del Ministerio de Sanidad y de las comunidades autónomas, tal y como recoge el Real Decreto 1066/2001 sobre telecomunicaciones y la propia Ley General de Salud Pública de 2001 en cuanto a la evaluación y actuación de las emisiones electromagnéticas y a la aplicación del principio de precaución.

Si atendemos al contenido del documento del CCARS, este minimiza las advertencias de la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer de la OMS, que ya en 2011, tras clasificar a los campos electromagnéticos de radiofrecuencias como posibles cancerígenos, hizo un llamamiento a aplicar “medidas pragmáticas” para reducir su exposición. Advertencias que hoy se consideran ampliamente superadas en las revisiones científicas más actuales.

Además, el CCARS ningunea las alertas basadas en miles estudios (hoy recogidos en el conocido Informe Bio Initiative) como el llamamiento internacional que 225 científicos en bioelectromagnetismo de 41 países realizaron en 2015 a la OMS y a la ONU, solicitando protección ante las radiaciones electromagnéticas que “afectan a los organismos vivos”, y suponen un “aumento de riesgo de cáncer, estrés celular, aumento de radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductor, déficit en el aprendizaje y la memoria, trastornos neurológicos y efectos negativos en el bienestar general de los seres humanos”.

Por otro lado, el polémico informe del COIT coincide con la estrategia de la industria de la telefonía de impedir la aplicación del Principio de Precaución, en contra del criterio de las asociaciones sanitarias profesionales que representan a miles de médicos y de las más de 17 agencias gubernamentales desalud que apoyan la reducción de la exposición a la radiación de los móviles y otros dispositivos inalámbricos. Una estrategia que, por cierto, es casi calcada a la desplegada hace años por el lobby de la industria del tabaco.

Recordemos que la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa alerta de los efectos biológicos para la salud de estas radiaciones en su Resolución 1815. En ella recomienda aplicar el Principio de Precaución, en especial ante el peligro sobre la salud de los niños y los adolescentes de los dispositivos inalámbricos que emiten microondas (móviles, WiFi, etc.). Hoy en día estas recomendaciones están recogidas y reforzadas en el dictamen sobre “hipersensibilidad electromagnética” de la Sección TEN del Comité Económico y Social Europeo (CESE) de 2015.

En virtud de estas sugerencias, países como Francia y Chipre y municipios españoles como Hospitalet de Llobregat ya aplican alguna medida proteccionista, como prohibir las redes Wi-Fi y las tecnologías inalámbricas en escuelas infantiles o implantar sistemas de comunicación con luz visible (LIFI) en centros sanitarios (como sucede en el Hospital de Perpiñán).

Los ingenieros de telecomunicaciones niegan en su informe la existencia de la electrohipersensibilidad. Para ello, se basan en un efecto nocebo descartado por la comunidad científica independiente (2015, 2016), que siempre ha sugerido métodos más objetivos como la imagen médica y los marcadores biológicos en sangre. El citado dictamen sobre hipersensibilidad electromagnética de la Sección TEN del CESE declara que el negacionismo vulnera los derechos y libertades de las personas afectadas.

Por todo lo anterior, la PECCEM (que está formada por las principales organizaciones vecinales del Estado, colectivos ecologistas, AMPAs, organizaciones de consumidores y colectivos de afectados) y EQSDS requieren al Gobierno de Mariano Rajoy que deje de avalar actos y organizaciones de interés de parte, que vulneran ética y legalidad, y promueva un proceso participativo de las partes implicadas que proceda a una regulación proteccionista de la contaminación electromagnética para compaginar tecnología y salud.


Plataforma Estatal Contra la Contaminación Electromagnética (PECCEM)
Twitter: @PECCEM

miércoles, 19 de abril de 2017

¿Para quien trabaja el Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud (CCARS)?

(En la imagen Francisco Vargas, que se presenta como experto en la materia)

Estos días aparece en diversos medios de comunicación nacionales, regionales y locales una noticia relativa a un Informe del autodenominado “Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud”, cuyo director científico (el doctor Francisco Vargas) es un viejo conocido en España de las asociaciones que luchamos desde hace muchos años por prevenir los daños que las antenas de telefonía y los móviles provocan en las personas. Viejo conocido por su completa falta de independencia en el tema que nos ocupa.

Según las noticias que se han divulgado, el estudio ha sido presentado en sociedad por el actual Secretario de Estado para la Sociedad de la Información y la Agenda Digital, lo que supone un aval de la Administración para el citado estudio y para el señor Francisco Vargas.

El lenguaje utilizado en la presentación, según las noticias difundidas por los medios, es el habitual al que nos tienen acostumbrados en el sentido de que “No se han encontrado” o “No hay evidencias” de que los campos electromagnéticos puedan incidir en la salud de los humanos…”. Evidentemente, no se atreven a decirlo de otra forma porque saben que hay muchos científicos en España y en el extranjero, con un currículum científico en la materia mucho mayor que el del profesor Francisco Vargas, que opinan lo contrario.

Según la noticia difundida por los medios «La evidencia es sólida y contundente, llevamos entre 15 y 20 años con un uso tan masivo de estos dispositivos y, de haber alguna relación, ya se tendría que haber observado de alguna forma», conforme ha destacado el director «científico» de esta entidad, Francisco Vargas, durante la presentación de este trabajo, que ha recogido y analizado las últimas evidencias científicas sobre la materia entre 2013 y 2016.

Desde AVAATE nos preguntamos cómo es posible hacer estas declaraciones con la proliferación de cáncer y enfermedades que se están produciendo en los últimos 20 años, de forma absolutamente inusual y sin precedentes.

Por supuesto se echa la culpa del nerviosismo de la sociedad sobre este tema, únicamente a la labor que asociaciones como la nuestra realiza para divulgar en España, a pesar de las dificultades que existen para ello, los graves daños que para muchos científicos puede provocar esta tecnología. Tarea que debería precisamente ser realizada y financiada desde la propia Administración.

En cuanto a la independencia que “dicen” tiene el citado Comité Científico Asesor en Radiofrecuencias y Salud, solo hace falta señalar que en Marzo de 2016, el Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT) asumió la gestión del Comité, que renovó su estructura y composición. Es por tanto un órgano dependiente directamente de un Colegio Oficial directamente implicado por el interés de desarrollar todas estas nuevas tecnologías. No se trata de ningún organismo, como la Organización Mundial de la Salud, que deba velar por la salud de las personas.

Es desgraciadamente frecuente en el ámbito del tema que nos ocupa, que numerosos expertos que opinan sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas, hayan participado en investigaciones o programas financiados por la industria, lo que, aparte de ser muy discutible desde el punto de vista ético, puede cuestionar seriamente las conclusiones de los mismos.

El Dr. Francisco Vargas, exsubdirector de Salud Ambiental y Laboral del Ministerio de Sanidad y Ciencia, ha sido durante muchos años responsable del Área Biomédica del SATI (Servicio de Asesoramiento Técnico e Información de la Federación Española de Municipios y Provincias sobre implantación de infraestructuras de radiocomunicación). El 14 de junio de 2005 se firmó entre los entonces Presidentes de la Federación Española de Municipios y Provincias y de la Asociación de Empresas de Electrónica, Tecnologías de la Información y Telecomunicaciones de España, respectivamente, un Acuerdo de Colaboración para “el establecimiento consensuado de criterios técnicos, medioambientales y urbanísticos que favorezcan el desarrollo armónico de las infraestructuras de redes de radiocomunicación”. En dicho Acuerdo se reflejaba que el citado Servicio (SATI), entre otras cuestiones, elaboraría y publicaría “material informativo para la atención tanto de los Ayuntamientos como del público en general”. Además, daría respuesta, “a través de la asistencia de un experto de reconocido prestigio, de las consultas sobre los aspectos biomédicos para contestar” a lo que denomina “alarma social”. El responsable durante muchos años del Área Biomédica del SATI ha sido el señor Francisco Vargas Marcos, que, además de haber sido Subdirector General del Ministerio de Sanidad, fue coordinador del “Comité de Expertos” que elaboró el documento “Campos Electromagnéticos y Salud Pública (2001-2004)” y promotor y redactor de la Recomendación del Consejo de Ministros de sanidad de la Unión Europea y del Real Decreto 1066/2001 por el que se establecen límites de exposición del público en general a campos electromagnéticos.

A pesar de todo lo anterior, es importante señalar que el señor Francisco Vargas no es un auténtico experto y su principal dedicación ha sido la de escribir artículos divulgativos sobre la materia (sus artículos opinan sobre el trabajo realizado por otros investigadores).

Desde el año 2001 una parte importante de la comunidad científica internacional viene pronunciándose sobre la conveniencia de que no se sobrepase el nivel de densidad de potencia de 0,1μW/cm2, es decir, 4.500 veces menos que lo establecido en la Recomendación de 12 de julio de 1999, porque han llegado al convencimiento de que puede haber efectos biológicos a dosis superiores a ese umbral.

En 2007, la Agencia Europea de Medio Ambiente demanda la aplicación del “Principio de Precaución” ante las amenazas futuras sobre la salud plausibles y potencialmente serias derivadas de los campos CEM, basándose en pruebas suficientemente sólidas. Documento “Evaluación de los riesgos de radiación de los dispositivos en la vida diaria”.

Mediante Resolución de 4 de septiembre de 2008, el Parlamento Europeo constata también que los límites de exposición a los campos electromagnéticos establecidos para el público son obsoletos, ya que al no haber sido adaptados desde la Recomendación de 12 de julio de 1999, no tienen en cuenta la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación, las recomendaciones de la Agencia Europea de Medio Ambiente o las normas de emisión más exigentes adoptadas, por ejemplo, por Bélgica, Italia o Austria, y no abordan la cuestión de los grupos vulnerables, como las mujeres embarazadas, los recién nacidos y los niños; el Parlamento solicita así al Consejo que modifique su Recomendación 1999/519/CE, con el fin de tener en cuenta las mejores prácticas nacionales y fijar así valores límite de exposición más exigentes para todos los equipos emisores de ondas electromagnéticas en las frecuencias comprendidas entre 0,1 MHz y 300 GHz.

En 2009, Jacquie McGlade, Directora de la Agencia Europea del Medio Ambiente, demanda en la Conferencia “Teléfonos Móviles y Salud, Ciencia y Cuestiones de Políticas Públicas” reducir la exposición a los CEM de los móviles por el riesgo de tumores en la cabeza.

La Resolución del Parlamento Europeo de 2 de abril de 2009, sobre las consideraciones sanitarias relacionadas con los campos electromagnéticos, instó a la Comisión a que revisase el fundamento científico y la adecuación de los límites a los campos electromagnéticos fijados en la Recomendación 1999/519/CE. También solicitó a la Comisión Internacional de Protección contra las Radiaciones No Ionizantes y a la Organización Mundial de la Salud que se mostrasen más transparentes y abiertas al diálogo con todas las partes interesadas a la hora de fijar normas y, entre otras cosas, manifiestó su profunda preocupación por el hecho de que las compañías de seguros tiendan a excluir la cobertura de los riesgos vinculados a los campos electromagnéticos de las pólizas de responsabilidad civil, lo que significa claramente que las aseguradoras europeas ya están aplicando su propia versión del principio de cautela.

El día 27 de mayo de 2011, la Comisión Permanente del Consejo de Europa aprobó por unanimidad la Recomendación número 1815, sobre Peligros potenciales de los campos electromagnéticos y sus efectos sobre el medio ambiente, por la que entre otras cosas se acuerda “8.2.1. Establecer umbrales de prevención para los niveles de exposición a largo plazo a las microondas en todas las zonas interiores, de conformidad con el Principio de Precaución, que no superen 0,6 voltios por metro, y a medio plazo reducirlo a 0,2 voltios por metro”. Este umbral para la actualidad es equivalente a 0,1μW/cm2, 4.500 veces menor, y para medio plazo 45.000 veces menor que los permitidos en el Estado español. Es esta una Recomendación que aprobaron todos los Estados miembros del Consejo de Europa (entre ellos por supuesto España), y a la que no se ha dado cumplimiento en España desde entonces.

La legislación estatal española actualmente aplicable (Real Decreto 1066/2001, de 28 de septiembre), que se basa en la Recomendación de 12 de julio de 1999, no llega a discernir entre exposición interior/exterior de los edificios o viviendas, y no contempla los efectos no térmicos y a largo plazo.

La Agencia Internacional de Investigación del Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud, clasificó en el año 2011 los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (móviles, teléfonos inalámbricos, Wifi, Wimax,…) “como posiblemente carcinógeno para los humanos (Grupo 2B), basado en un mayor riesgo de glioma, un tipo maligno de cáncer cerebral”.

En 2013 la Agencia Europea del Medio Ambiente publica el estudio "Lecciones tardías de alertas tempranas” Volumen 2, que incluye un capítulo dedicado a los riesgos de la telefonía móvil (capitulo 21).

Durante los últimos años se ha producido un avance científico notorio en la comprensión de los efectos de las radiaciones de telefonía sobre los seres vivos y en los mecanismos biológicos subyacentes a dichos efectos. Como puedeverificarse en la web de AVAATE, los estudios de los últimos años demuestran clara y objetivamente los riesgos de la exposición a las radiaciones de telefonía móvil.

Desde la Asociación AVAATE, el 17 de diciembre de 2014 se presentó un escrito dirigido al entonces Ministro de Sanidad, Alfonso Alonso Aranegui, en el que se solicitaba la revisión de la actual normativa española en esta materia, sin que desgraciadamente hasta la fecha nadie desde el Ministerio de Sanidad español se haya dignado contestar al mismo. En dicho escrito, entre otras cuestiones, se presentaba sin ánimo exhaustivo una lista de diversos catedráticos e investigadores españoles que habían trabajado en la investigación de los efectos de los campos y radiaciones electromagnéticas sobre la salud de las personas, y que habían demostrado a través de sus propios trabajos publicados y de sus manifestaciones en foros públicos la insuficiencia de la normativa actual para proteger a las personas:
  • Dr. Darío Acuña Castroviejo, Catedrático de Fisiología Médica de la Universidad de Granada.
  • Dra. María Jesús Azanza Ruiz, Catedrática de Biología Celular y Magnetobiología. Departamento de Anatomía e Histología Humanas, Facultad de Medicina, Universidad de Zaragoza.
  • Dr. D. José Luís Bardasano Rubio, Catedrático de la Universidad de Alcalá y Director del Departamento de Especialidades Médicas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Alcalá de Henares.
  • Dr. D. Agustín del Moral, Catedrático de Física de la Materia Condensada de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Zaragoza.
  • Dr. D. Ceferino Maestu Unturbe, Director del Laboratorio de Bioelectromagnetismo, Centro de Tecnología Biomédica, Universidad Politécnica de Madrid y Director de la Fundación Europea de Bioelectromagnetismo y Ciencias de la Salud de Madrid.
  • Dr. D. Claudio Gómez-Perretta, Jefe de Sección de Investigación en Salud Pública en el Hospital Universitario La Fe de Valencia.
  • Dr. D. Manuel Portolés, investigador científico del Centro de Investigación del Hospital Universitario. La Fe de Valencia.
  • Dr. D. Enrique A. Navarro, investigador del Departamento de Física Aplicada y Electromagnetismo de la Universidad de Valencia.
  • Dr. D. Josep Ferrís i Tortajada,Pediatra especialista en Oncología infantil del Hospital Infantil Universitario La Fe. Subespecialidad en Salud Ambiental Pediátrica. Coordinador del Grupo de Trabaja de Salud Ambiental Pedíatrica de la Sociedad Valenciana de Pediatría. Responsable de PEHSU Valencia en la Coalición Internacional Health Care Without Harm. Miembro de la Coalición Internacional Healthy Environments for Children Alliance (HECA) de la OMS.
Señalar por último que por parte del Consejo de Ministros, que está siendo muy diligente a la hora de desarrollar la Ley General de Telecomunicaciones actualmente vigente, se sigue sin aprobar la Comisión prevista en dicha Ley relativa precisamente a la salud y las radiofrecuencias, lo que indica en qué orden de prioridades se desenvuelve en esta materia el Gobierno español.