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jueves, 25 de mayo de 2017

COAG: “PP, PSOE y Ciudadanos abren las puertas de Europa a la carne hormonada canadiense”

Foto: COAG
MAY 20, 2017 by MAR DEFEZ

El Pleno del Congreso ha ratificado el acuerdo de libre comercio de la UE con Canadá (CETA).

COAG tacha de “grave irresponsabilidad” esta decisión porque atenta contra la calidad y seguridad del modelo agroalimentario europeo.

Su puesta en marcha tendrá un impacto especialmente negativo para los productores españoles de carne de vacuno, porcino, leche y cereales.

Comunicado: El Pleno del Congreso de los Diputados ha ratificado este jueves el acuerdo de libre comercio entre la UE y Canadá, con el voto a favor de PP, PSOE, Ciudadanos, PDeCAT, PNV y Coalición Canaria. La Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) considera una grave irresponsabilidad esta decisión porque pone en peligro el modelo social y profesional de agricultura de la UE y la apuesta estratégica de nuestros productores por la calidad, la seguridad alimentaria, el bienestar animal y el respeto al medio ambiente.

En este sentido, COAG considera que igualar la normativa europea con la canadiense en materia de seguridad alimentaria y producción agraria supondría un retroceso sin precedentes en los derechos de los consumidores, al tiempo que supondría una competencia desleal para nuestros agricultores y ganaderos en base a un modelo de producción como el de Canadá que permite la inyección de anabolizantes, antibióticos y hormonas de crecimiento en ganado. “Las diferencias de concepción en la políticas de seguridad alimentaria entre la UE y Canadá son las responsables de que en la UE esté restringido el cultivo de transgénicos (mientras que Canadá sea el 5º productor mundial de los mismos), que en la UE esté prohibido el uso de ractopamina y otros promotores del crecimiento desde 1996 (mientras que en Canadá sigue utilizándose para el engorde de vacuno, porcino y pavos) y que en la UE estuviera prohibido hasta 2013 el uso de ácido láctico para la desinfección de canales bovinos, momento en el que se autorizó como parte de las concesiones de la UE a EEUU en el marco de las negociaciones del TTIP”, ha argumentado Miguel Blanco, Secretario General de COAG.

Según los diversos estudios publicados, su puesta en marcha tendrá un impacto especialmente negativo para los productores españoles de carne de vacuno, porcino, leche y cereales y para el 90% las denominaciones de origen protegidas en la UE. Además, tendrá un fuerte impacto en el medio rural ya que prevé facilitar la privatización de los servicios públicos y prohibir la remunicipalización de los servicios privatizados.

COAG subraya que la experiencia de otros acuerdos similares demuestra que la coexistencia de ambos modelos es imposible porque, en realidad, poco importa que la UE tenga los estándares de calidad y seguridad alimentaria más altos del mundo ya que las empresas multinacionales de ambos lados del Atlántico utilizarán la cooperación regulatoria para rebajar los mismos de manera generalizada.

Información adicional: intervención de 10 minutos en el Congreso de la responsable técnica del Departamento de Ganadería de COAG, Iria Costela, sobre los efectos del CETA en sector agroalimentario:

viernes, 10 de febrero de 2017

España lidera el 'ranking' de alertas por mercurio en el pescado

Pescado a la venta. Europa Press
  • Ecologistas en Acción advierte de que la presencia de este elemento, así como de cadmio o plomo afectó en 2016 "a todo tipo de alimentos"
  • De las 99 notificaciones al respecto durante el año pasado, 68 tuvieron como origen nuestro país
infoLibre Publicada 09/02/2017

La presencia de mercurio, cadmio o plomo afectó durante 2016 "a todo tipo de alimentos", incluido el pescado, según un informe de Ecologistas en Acción recogido por Europa Press que recopila todas las notificaciones sobre contaminación por metales pesados en alimentos. España es uno de los países más notificados por el peligro de contaminación con mercurio en su pescado.

La organización recopila desde 2005 los datos del sistema de alerta rápida para piensos y alimentos (RASFF, por sus siglas en inglés) y señala que este año se han presentado notificaciones que afectan "a todo tipo de alimentos".

En total, en 2016 se notificaron 148 incidencias por metales pesados en alimentos, un 7% más que el año anterior y alcanzó a un mayor número de alimentos. De estas, 53 notificaciones fueron de alerta. La presencia de mercurio en el pescado y otros productos pesqueros son la primera causa de notificación, en la mayor parte de los casos con origen español.

Las notificaciones de alerta se envían cuando hay riesgo grave de contacto con un alimento, pienso o material que está en el mercado y cuando es, o podría ser, necesaria una actuación urgente en un país distinto al país notificante.

De las notificaciones, 99 fueron por contenido en mercurio en pescado y otros productos pesqueros. Y de esas 99 notificaciones, 68 casos de superación de mercurio en pescado tuvieron como origen España, la mayor parte de las cuales fueron notificadas por Italia (55).

Ecologistas en Acción alerta de la situación de inclusión permanente de España entre los diez primeros países más notificados en los últimos años y advierte de la alta incidencia de notificaciones por niveles de mercurio superiores a los límites legalmente establecidos.

Esto se mantiene a pesar de los trabajos realizados por el punto de contacto español (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, AECOSAN) en el 2014 a partir de la experiencia española. Dichos trabajos, con la participación de España e Italia, permitirían profundizar en los aspectos técnicos de los controles que son la base para las notificaciones de mercurio en el pescado.

Por ejemplo, se han alcanzado valores "muy superiores" a los máximos permitidos, con cantidades de hasta 5,01 mg/kg en filetes congelados de pez aguja azul (Makaira nigricans) procedente de España y detectado en Polonia; 6,7 mg/kg en quelvacho (Centrophorus spp) congelado procedente de Mozambique notificado por Portugal; y de hasta 10,1 mg/kg en lomos de merlín congelados (Makaira indica), procedentes de Vietnam y detectados en Italia.

El nivel máximo de mercurio permitido según la normativa europea según la normativa comunitaria en productos pesqueros es de 0,5 miligramos por kilogramo. Sin embargo en especies como el atún se permite un nivel más alto, de un miligramo por kilogramo.

La organización advierte de que la situación es "mucho más grave" porque los límites establecidos por la Unión Europea (UE) son menos estrictos que los establecidos por el Comité Mixto FAO/OMS de Expertos en Aditivos Alimentarios (JECFA), y referidos a la ingesta máxima semanal de metilmercurio (1,6 microgramos por kg de peso corporal por semana).

Este criterio se establece para proteger al feto en desarrollo expuesto al metilmercurio a través de alimentos contaminados ingeridos por la madre embarazada.

Ecologistas en Acción y otras organizaciones ven positivo que la Comisión de Medio Ambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria del Parlamento Europeo (ENVI) haya votado por unanimidad la aprobación del texto final sobre el Reglamento de la UE sobre el mercurio, acordado por el Consejo Europeo y la Comisión Europea.

Finalmente, señala que el voto de la UE podría afectar a la aplicación del Convenio Minamata de la ONU sobre el mercurio, que entrará en vigor 90 días después de que 50 países lo hayan ratificado. Hasta el momento, 35 países han ratificado la convención, pero ninguno de la UE.

miércoles, 1 de febrero de 2017

Se demuestra que las nanopartículas de dióxido de titanio se extienden por todo el organismo

Una investigación desarrollada por expertos del Instituto Científico de Investigación Agronómica de Francia, demuestra por primera vez que las nanopartículas de dióxido de titanio (colorante E 171) se extienden por todo el organismo, afectando al sistema inmunológico e incrementando el riesgo de cáncer.

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En septiembre del año pasado la EFSA (Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea) presentó una reevaluación de los colorantes alimentarios autorizados en la UE desde el año 2009. De esta revisión, en la que se han analizado 41 colorantes, destacaba el dióxido de titanio (E 171), sustancia que se utiliza para blanquear y dar un efecto opaco a los alimentos, se utiliza sobre todo en los productos de panadería y confitería, en las salsas, en los productos lácteos, en los caramelos, etc.

Estudios realizados por otros investigadores concluían que en dosis elevadas el colorante podría causar problemas en los riñones y en el hígado, bloqueando la respiración celular. También se apuntaba que el tamaño de las partículas del dióxido de titanio podrían causar daño genético sistémico. La reevaluación determinó que las nanoparticulas provocan daños cromosómicos y aumento del riesgo de sufrir cáncer, según las pruebas realizadas con animales de laboratorio. Pero la Agencia de Seguridad Alimentaria de la Unión Europea consideró que este aditivo no representa un problema para la salud de los consumidores, apuntando que debido a la falta de datos, no se podía concretar una ingesta diaria admisible.

La EFSA apuntaba la necesidad de realizar nuevos estudios para poder eliminar muchas lagunas de conocimiento sobre los efectos perjudiciales del colorante en el organismo, pero a pesar de esas dudas, su uso sigue estando permitido. Dado que varios estudios independientes advierten sobre la peligrosidad del colorante, y que incluso la EFSA reconoce que existen riesgos como el daño cromosómico o el cáncer, quizá debería haberse aplicado el principio de precaución y prohibirse su uso hasta contar con todos los datos necesarios.

Por otro lado, hay que destacar que es una incoherencia reconocer los riesgos de este colorante y asegurar que no representa un problema para la salud de los consumidores, y además, sin que se pueda establecer una ingesta diaria admisible. El caso es que la EFSA pedía estudios para eliminar las lagunas de conocimiento existentes, pues bien, recientemente se ha presentado una investigación desarrollada en Francia en la que se demuestra por primera vez que las nanopartículas de dióxido de titanio se extienden por todo el organismo.

Según el estudio desarrollado por expertos del National Institute for Agronomic Research (Instituto Científico de Investigación Agronómica de Francia), las nanopartículas de dióxido de titanio atraviesan la barrera intestinal, pasando al torrente sanguíneo y llegando a cualquier parte del cuerpo humano. El estudio se ha realizado con animales de laboratorio y se ha constatado que en el hígado estaban presentes estas partículas que están relacionadas con trastornos en el sistema inmunitario. Por esta razón, el gobierno del país galo ha concluido que, en base a estos resultados, se lleve a cabo una reevaluación de la seguridad del colorante E171.
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Claro, que dado que la investigación se ha desarrollado con animales, los responsables de la investigación piden cautela a la hora de interpretar los datos, ya que los resultados obtenidos no se pueden extrapolar a los seres humanos. ANIA (Asociación Nacional de Industrias Alimentarias) se acoge a las palabras de los investigadores, y solicita que el debate se centre en la información objetiva, racional y completa, algo lógico, ya que el colorante es utilizado por la industria (parte interesada) y una prohibición afectaría a sus intereses.

El equipo científico de las empresas advierte que todos los ingredientes utilizados y los productos fabricados por la industria agroalimentaria están sujetos a numerosos controles y evaluaciones por parte de los organismos reguladores competentes, por lo que los productos que están en el mercado son seguros para su consumo. Pero esto no es así, la propia EFSA reconoce los riesgos del colorante, que existen muchas lagunas de información y que no puede determinar una ingesta diaria admisible, es decir, el hecho de que en principio el dióxido de titanio esté autorizado, no quiere decir que sea seguro para la salud del consumidor.

Para llevar a cabo la mencionada investigación, a un grupo de roedores de laboratorio se le proporcionaron diariamente 10 mg del colorante por kilo de peso corporal a través del agua que consumían en un periodo de 100 días. Esta dosis es similar a la de la exposición humana mediante el consumo de alimentos que contienen el colorante. Los resultados demuestran que las nanopartículas de dióxido de titanio provocaron, en cuatro de cada once roedores, lesiones preneoplásicas, un tipo de alteraciones de la normalidad en algunos tejidos, aumentando las posibilidades de desarrollar alguna neoplasia (masa anormal de tejido).

Por otro lado, en roedores que tenían algún tipo de lesión, la ingesta del colorante aumentó su desarrollo. Los expertos explican que el E171 es una fuente de nanopartículas en el intestino y en todo el organismo, afectando al sistema inmunitario y promoviendo las primeras etapas del cáncer colorrectal en los roedores. Estos resultados justifican un estudio más exhaustivo sobre el riesgo de cáncer a fin de obtener más datos que sean de ayuda para la evaluación de los riesgos en seres humanos. Es de suponer que la EFSA tendrá en cuenta estos resultados, pero probablemente esperará a las pruebas que aporte el nuevo estudio.

Lo dicho, si no se puede determinar la ingesta diaria admisible, debería haberse aplicado el principio de precaución y esperar a obtener datos para poder realizar un juicio y valoración correcta. Podéis conocer todos los detalles de la investigación a través de este artículo publicado en la página del INRA y a través de este otro publicado en la revista científica Scientific Reports.

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Sabes exactamente de qué está hecha una salchicha?

Las salchichas tradicionales están hechas de recortes de puerco y una mezcla de las sobras que quedan después de cortes de tocino, pollo y pavo. La carne se muele hasta que queda una pasta limosa y se mezcla con agua, preservativos, sabores y colores artificiales.

Las variedades rojas y café claras que casi siempre están en promoción contienen muy poca carne real. En lugar de eso están hechas 64% de pollo mecánicamente recuperado (la pasta limosa creada cuando un cadáver desprovisto ya de cortes tradicionales es forzado a una máquina aplastadora) y 17% puerco.

Muchas personas creen que comprar las salchichas más naturales y finas te permite librarte de sus infames ingredientes, pero eso no es cierto. La salchicha más natural 100% carne de res o puerco han demostrado contener exactamente los mismos ingredientes que se mencionan abajo, aunque en sus paquetes diga “natural” o “sano”.

Ingredientes de toda salchicha:

Agua fluorada: si no estás familiarizado con los peligros del flúor aquí puedes revisarlo.

Jarabe de maíz alto en fructosa: más del 60% de las marcas de salchichas contienen jarabe de maíz alto en fructosa que de acuerdo a investigaciones puede contener mercurio.

Almidón: todas las salchichas, desde las más baratas a las “de lujo” están rellenas del carbohidrato almidón. Las salchichas normalmente contienen almidón de papas transgénicas mezclado con sal. El almidón le da más volumen a la salchicha y ayuda a mezclar bien los ingredientes.

Sal: cada salchicha tienen alrededor del 2% de sal de mesa; es decir, sal decolorada y químicamente manufacturada.

Proteína de leche: añadir proteínas de leche en polvo a la mezcla de carne también ayuda a unirla.

Nitrito de sodio: la carne procesada aumenta el riesgo de cáncer de intestino y esto es en gran medida por el nitrito de sodio. Es añadido a las salchichas para evitar que se pongan grises y ahuyentar a los microbios.

Sabores: por ley, los paquetes de salchichas no tienen que decir qué sabores artificiales se les añaden. Muchos usan sabor artificial a humo y especias (donde se esconde el glutamato monosódico y no tienen que ser etiquetado).

Trifosfatos de potasio y sodio: estas son sales incoloras producidas sintéticamente que actúan como estabilizadoras, resaltantes y emulsiones. Le dan a la salchicha una textura más firme, la mantienen en una acidez correcta y permiten que los aceites y las grasas se mezclen con el agua. También son usados en detergentes como suavizantes de agua y se añaden al papel y al hule.

Polifosfatos (E452): otro aditivo común en la comida. El E452 es un emulsificador y estabilizador que mejora la textura de la salchicha y evita que la grasa se eche a perder. También ayuda a prevenir algunas bacterias porque actúa como veneno. Los polifosfatos causan una progresión más rápida de alimentos específicos y pueden dar enfermedades de riñón.

Ascorbato de sodio: una forma sintética de la vitamina C, el ascorbato de sodio es un antioxidante y regulador de acidez que previene que la carne pierda su color rojo. Cuando es tomado como suplemento puede causar irritación de piel y de pulmones.

Carmín: el carmín es el colorante rojo más popular de los productos procesados. Se obtiene de la sal de aluminio del ácido carmínico, el cual se produce por algunos insectos. El que se saca de la cochinilla es resultado de aplastar sus caparazones y luego hervirlos en amoniaco o carbonato de sodio. El carmín se usa en la manufactura de flores artificiales, pinturas, tinta roja y cosméticos. El color puede detonar reacciones alérgicas en algunas personas.

Fuente: http://www.ecoosfera.com/2013/09/sabes-exactamente-de-que-esta-hecha-una-salchicha/

viernes, 2 de noviembre de 2012

Diarrea china en la UE

Trabajadores de una fábrica de noodles (pasta) en Nanjie, la última ciudad maoísta. / J. LEE (REUTERS)
  • La invasión de alimentos baratos asiáticos dispara las alertas sanitarias en Bruselas
  • Una partida de fresas contaminadas acabó en comedores escolares alemanes
Una nube negra pende sobre las ciudades del corazón de China; los camiones circulan a toda mecha por carreteras recién asfaltadas cargados de carbón de las minas y de vigas de hierro procedentes de las fundiciones de la zona. Mientras, en los campos acaba de terminar la recolección de la guindilla y el algodón; dentro de dos semanas le toca el turno al arroz. Y en abril al ajo. Miles de campesinas se afanan ahora poniendo la semilla que impulsará un crecimiento, extraordinariamente lucrativo, de las exportaciones de productos alimenticios. China ha inundado Europa de mercancía hasta el punto de acaparar mercados como los del ajo o la miel. Pero las primeras voces de alarma han surgido ya por el nivel de contaminación de algunos de esos alimentos y la falta de controles adecuados. Hace unas semanas, escolares alemanes sufrieron diarreas y vómitos tras devorar unas fresas de Qufu, la patria de Confucio.

El país donde ya se cose nuestra ropa, se ensamblan nuestros teléfonos inteligentes y se fabrican los juguetes de nuestros niños se lanza ahora a convertirse en un importante proveedor de comida. El valor de sus exportaciones de productos alimenticios casi se ha duplicado entre 2005 y 2010, llegando a alcanzar los 41.000 millones de dólares. Como comentaba un experto del ramo, “China ha entrado en este mercado de forma asombrosamente rápida e impetuosa”.

Pero como la imagen de esta nación de sueldos bajos no goza de mucho predicamento entre los consumidores, generalmente el ramo de los productos alimenticios calla acerca del origen de sus mercancías. Mucha gente empezó a tener claro qué porcentaje de la comida que tiene en el plato ha sido cosechada y producida en China cuando hace tres semanas miles de escolares del este de Alemania fueron víctimas de las fresas chinas contaminadas con norovirus.

Fabricantes chinos han vendido guisantes teñidos de verde, orejas de cerdo falsas o aceite de mesa usado

Como siempre, China se ha adaptado rápidamente a las necesidades del mercado. Si antes llegaban a Alemania fundamentalmente especialidades, hoy en día existe un mercado en expansión de productos básicos baratos e ingredientes preelaborados, como, por ejemplo, las fresas cortadas en cubos de 10 kilos que fueron a parar a los comedores escolares alemanes.

Hay dos cosas que hacen de China un país muy interesante para los grandes consorcios como Nestlé, Unilever o Metro: el precio y las cantidades. “Naturalmente, también podríamos comparar nuestras cebollas y setas a 10 proveedores diferentes, pero eso supone un despliegue inmenso”, explica el director de un consorcio. Las empresas tienen que instruir, atender y controlar a cada uno de sus proveedores.

Las tierras de labranza chinas son inmensas, como lo es también la cantidad de mano de obra barata. “Cosechar fresas, lavarlas y cortarlas supone mucho trabajo porque apenas se puede utilizar ninguna máquina”, explica Félix Ahlers, director de la empresa de productos congelados Frosta. Por eso surtirse de fruta en Europa, como hace su consorcio, resulta caro. Pero hay fabricantes que solo tienen en cuenta el precio.

La variedad de la mercancía que ofrece China parece prácticamente ilimitada. Por ejemplo, el país se ha convertido en el mayor exportador de miel del mundo. Además, ha intensificado la fabricación de productos elaborados: los márgenes de beneficio en el mercado son aún mayores que los de las materias primas. Una parte considerable de las capturas mundiales de salmón se procesan en China para obtener, por ejemplo, salmón ahumado.

“El ajo se come en todas partes”, explica Wu Wiuqin, de 30 años, jefa de ventas de una empresa agrícola cuyo nombre, Success [éxito], es toda una declaración de principios. “Nosotros vendemos ajo en los cinco continentes”. Más del 80% del ajo comercializado en todo el mundo procede de China. Wu dice que en las ferias de alimentación comprueba que ningún país del planeta puede medirse con ellos.

Pegatinas para el transporte de animales en 
China. / K. PFAFFENBANCH (REUTERS)
Con el tiempo, la patria del pato a la pekinesa ha llegado a producir también pizzas congeladas para el mercado mundial (por la quinta parte de su precio en Alemania). Este servicio de reparto de pizzas a escala mundial no resulta demasiado preocupante medio ambientalmente. Según los cálculos del Instituto Ecológico de Friburgo, el transporte de productos congelados empeora poco el equilibrio ecológico. Por supuesto, “lo mejor es comer siempre productos locales y de temporada”, puntualiza Moritz Mottschall, miembro del Instituto Ecológico. Pero si uno tiene ganas de comer fresas en otoño, el suministro de 10 toneladas de mercancía por barco desde China produce unas emisiones de 1,3 toneladas de CO2. Ahora bien, si se acarrea en camiones esa misma cantidad de Alicante a Hamburgo se emiten 1,56 toneladas.

El mayor problema que entrañan los productos alimenticios chinos son las prácticas cotidianas de producción sobre el terreno: la carga de productos tóxicos debida al empleo de pesticidas o las dosis excesivas de antibióticos en la cría de animales, unido a veces a una total falta de escrúpulos. En 2008, un producto químico, la melamina, dañó la salud de 300.000 bebés. Los comerciantes chinos habían conseguido que la leche en polvo les cundiera más añadiendo este producto que, entre otras cosas, es perjudicial para los riñones.

Fabricantes chinos han vendido también guisantes teñidos de verde que pierden el color cuando se cocinan, orejas de cerdo falsas, col con una sustancia cancerígena como es el formaldehído y aceite de mesa usado, procedente de restaurantes, recogido en los desagües, reprocesado y vuelto a embotellar. El periódico estatal China Daily ha informado incluso de la existencia de huevos de gallina falsificados, cosa que solo resulta chistosa si uno está seguro de que jamás va a tener que comerse alguno.

En China, donde la gente no tiene esa seguridad, el activista Wu Heng se ha convertido en toda una estrella. La pasada primavera Wu leyó algo sobre un extraño polvo que los comerciantes añadían a la carne de cerdo para venderla como cara carne de vacuno. Decidió crear una página web con un mapa en el que se localizaban los escándalos de la industria alimentaria china a partir de la información facilitada por los medios de comunicación.

La supervisión de los productos vegetales es muy laxa. La mayoría llega a la UE sin pasar ningún control

Zhou Li, docente de la Universidad Renmin de Pekín que investiga la seguridad de los productos alimenticios, ha observado que, antes, los propios campesinos también comían lo que vendían. Pero ahora, una vez que han tomado conciencia de las consecuencias perjudiciales de los pesticidas, abonos, hormonas y antibióticos, producen una parte de los productos agrícolas para el mercado y el resto lo cultivan a la manera tradicional para abastecer a su familia. Hay informes que hablan de terrenos de labranza acotados donde se cultivan los vegetales que adquieren los funcionarios de alto rango.

Es cierto que en 2009 el Gobierno chino introdujo una nueva ley de seguridad alimentaria y en 2010 creó una comisión de seguridad alimentaria. Además, en el futuro, los consumidores que denuncien prácticas ilegales recibirán una recompensa.

Ahora bien, con solo volver la vista hacia Bruselas queda claro que todavía hay muchas cosas que están manga por hombro. Allí, un sistema de alarma rápida para productos alimenticios y forrajes avisa a todos los países de la UE cuando aparece un producto contaminado. Pues bien, China tiene un protagonismo desproporcionado: este año, hasta el mes pasado, se contabilizaban en Bruselas 262 avisos referentes a productos chinos. Entre ellos había pasta infestada de gusanos, gambas contaminadas con antibióticos, cacahuetes malolientes o frutas escarchadas con un contenido excesivo de azufre.

Ulrich Nöhle conoce a fondo la producción de alimentos en China. Este profesor de química alimentaria trabaja desde hace muchos años como auditor por cuenta propia en China verificando la calidad de los productos para comerciantes alemanes. Dice que lo que se recibe de China es “lo que uno ha pedido previamente”. Se debe “especificar a los socios comerciales cómo deben criar o cultivar el producto o, por ejemplo, qué requisitos implica el sello bio”. Si uno se limita a encargar en China mercancías lo más baratas posibles, sin sujeción a controles de ningún tipo, es responsable de no recibir los productos esperados.

Una vez que los productos están en camino, apenas se efectúan más controles. En el puerto de Hamburgo, donde se desembarcan la mayoría de los productos alimenticios procedentes de ultramar con destino al mercado europeo, más del 15% de los envíos con productos animales y del 20% de las mercancías vegetales proceden ya de China.

Cuando se trata de pescado, carne, miel o productos lácteos, antes de la llegada de la mercancía el importador debe registrarla en la Oficina de Control Veterinario e Importación del puerto de Hamburgo y presentar la documentación de importación. A continuación, dicha oficina decide si la mercancía se puede introducir en el país sin examinar. Los contenedores precintados solo se abren en caso de duda. Entonces los veterinarios analizan si funciona la refrigeración y si la mercancía ha sido transportada a la temperatura adecuada. A partir de ese momento, las ulteriores inspecciones son competencia de las instancias locales encargadas del control de productos alimenticios que están más familiarizadas con los chiringuitos de comida rápida y las granjas que con los flujos globales de mercancías.

Una explotación de fresas en Matou, 
al este deChina. / FANG DEHUA (AP)
La supervisión de los productos alimenticios vegetales es aún más laxa. La mayoría de las veces llegan a la UE sin pasar ningún tipo de control, a excepción de un pequeño número de productos especiales que ya han resultado problemáticos en el pasado o están bajo sospecha actualmente, como cacahuetes, soja, arroz, pasta, pomelos y té.

Este control insuficiente dificulta también la investigación de las causas cuando surgen problemas. En casi la mitad de los 3.697 casos en los que la UE lanzó advertencias durante el año pasado, los defensores de los derechos del consumidor “no pudieron rastrear la mercancía hasta llegar a sus productores originarios”, explica Nöhle, el experto en China. Por lo menos sí se ha llegado a saber quién es el proveedor de las fresas contaminadas. Estas frutas fueron cultivadas, cosechadas y congeladas en la provincia de Shandong y embarcadas rumbo a Hamburgo por la empresa Foodstuff.

Una vez en Europa, la empresa de alimentos congelados Elbfrost, un intermediario, se hizo cargo de las 44 toneladas de fruta y pagó las tasas aduaneras. Un día después, la empresa transportó las fresas en camiones hasta Mehltheuer en Sajonia. El principal cliente de Elbfrost era Sodexo, una empresa internacional de catering con sede en Francia que gestiona 65 cocinas regionales en Alemania. Funcionarios del Instituto Federal de Valoración de Riesgos y fiscales de Darmstadt investigan ahora laboriosamente en qué lugar se contaminaron las fresas.

La gerencia de Elbfrost declara que no volverá a importar mercancías de China en el futuro. La empresa dice que no puede garantizar que los proveedores chinos envíen “mercancía de calidad impecable”. Pero si la calidad es dudosa hasta ese punto, ¿por qué Elbfrost hacía pedidos a China? Hasta ahora la empresa sajona no solo ha adquirido allí fresas, sino también setas y espárragos. Elbfrost afirma que se ve abocado a importar por el “precio económico” de las mercancías chinas. El año pasado Alemania importó más de 31.000 toneladas de fresas procesadas procedentes de China a un precio medio de 1,10 euros el kilo.

Las cadenas comerciales más grandes del mundo, Walmart, Carrefour, Tesco y Metro, pero también fabricantes como Coca-Cola, Unilever, Barilla, Campbell’s o Nestlé, han reconocido que no pueden fiarse ni de los proveedores ni de los controles estatales. Pero tampoco se pueden permitir poner en circulación productos alimenticios contaminados; eso supondría un perjuicio inmenso para su imagen. Por eso los grandes del sector se han unido en la Global Food Safety Initiative [Iniciativa Mundial para la Seguridad de los Alimentos] para desarrollar controles de calidad propios.

En general, China está plenamente capacitada para fabricar productos de alta calidad, explica un controlador de productos alimenticios de Hamburgo, “pero uno recibe lo que paga”.

Artículo firmado por Susanne Amann, Charlotte Haunhorst, Udo Ludwig,Maximilian Popp, Sandra Schulz, Andreas Ulrich y Bernhard Zand.

2012 Der Spiegel. Distribuido por The New York Times Syndicate. Traducción: Newsclip