domingo, 16 de noviembre de 2014

Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y Salud Laboral

Boletín Nº 11 OCTUBRE 2014 CIG GABINETE TÉCNICO CONFEDERAL DE SAÚDE LABORAL

Sensibilidad Química Múltiple (SQM) y Salud Laboral

Aunque en el Estado español la SQM no está reconocida como enfermedad y se desconoce el número concreto de afectados, se estima que el 15% de la población, en mayor o menor grado, sufren Sensibilidad Química Múltiple (SQM). A pesar del cual, aun es muy grande el desconocimiento que se tiene sobre esta enfermedad.

La sensibilidad química múltiple (SQM) es un síndrome complejo que se presenta como un conjunto de síntomas vinculados a diversos agentes y componentes que se encuentran en el medio, y que terminan por producir diversas reacciones como consecuencia de bajos niveles de exposición, en muchos casos tolerados por la mayoría de las personas. 

 La cada vez más frecuente aparición en el ámbito laboral de casos relacionados con la SQM, afecta e implica de una manera directa e incuestionable a la salud laboral y a la política preventiva.

La SQM tiene en la actualidad una dificultad diagnóstica, derivada en parte de las limitaciones de los criterios empleados para la misma, así como de los innumerables factores determinantes en la aparición de los casos, lo que unido al hecho de que puede afectar no solamente a los/as trabajadores/as que manipulan productos químicos, sino también a aquellos que realizan activida- des en principio carentes de este tipo de agentes, la convierten en motivo de controversia científica, a la vez que se amplía el ámbito de incidencia de nuevos casos a prácticamente todo el campo de la actividad laboral.

Acontece que muchos de los casos detectados tienen pocos aspectos comunes y presentan síntomas y grados de afectación muy diversos, lo que no contribuye a la clarificación diagnóstica de este síndrome, que por lo estudiado hasta ahora, es más frecuente en las mujeres que en los hombres, y en muchos casos va asociado a la fibromialgia y al síndrome de la fatiga crónica; afecciones estas, que están relacionadas con procesos de sensibilización central que presentan diferentes manifestaciones clínicas.

Aunque este síndrome afecta cada vez a más personas y especialmente a más trabajadores y trabajadoras, a día de hoy la SQM no está reconocida como una enfermedad profesional.

Dicho esto, es evidente la necesidad que en relación a la SQM desde los Servicios de Prevención de Riesgos Laborales se evalúen y controlen los riesgos, valorando un cambio de puesto de trabajo del trabajador/a afecta- do/a en el caso de considerarse necesario, valorando la conveniencia de una incapacidad laboral temporal en fases sintomáticas de agudización o permanente, dependiendo de la gravedad de los síntomas y su profesión; siendo en todo caso fundamental la reintegración a su vida familiar, social y laboral cuando se produzca una mejoría suficiente.

En cualquier caso, en términos preventivos y especial- mente en el ámbito laboral, reducir la exposición a los contaminantes ambientales, sigue mostrándose como la medida más adecuada, cuando no imprescindible para disminuir la incidencia de la SQM y la carga de enferme- dad atribuible a este tipo de exposiciones. Esta evitación de exposición del trabajador/a a los desencadenantes, mejorará los síntomas, disminuirá el número de crisis y evitará en lo posible la aparición de nuevas intolerancias.

Esta medida, a veces compleja de aplicar, dado el amplio uso de químicos en todos los ámbitos, puede generar el desarrollo de comportamientos evitativos en la persona afectada.

En el ámbito laboral esta complejidad se multiplica, siendo absolutamente necesario la consideración de las personas afectadas como trabajadores/as especialmente sensibles, reforzando la aplicación de los principios de la acción preventiva descritos en los lugares de trabajo, evitando a toda costa la reexposición a los agentes desencadenantes.

Mas siendo esta una medida preventivo-terapéutica difícilmente cuestionable, a mayores se hace necesario avanzar en el conocimiento científico de la etiopatogenia de la SQM, así como impulsar una reconceptualización de la evaluación de los riesgos asociados, promoviendo una revisión de las dosis de exposición y concentración hasta ahora aceptadas.

Desgraciadamente hasta el momento, poco o nada de esto se ha hecho en el espacio de la salud laboral europea, claramente influenciada en su evolución, tanto por la deprimida coyuntura económica como por el contexto político actualmente dominante. Contexto nada favorable a adoptar medidas de esta índole, primando y favoreciendo los factores de carácter económico sobre los factores de la prevención y la salud.

Mas, en tanto en cuanto, va avanzándose en la obtención de respuestas adecuadas y en la adopción de nuevos criterios preventivos, sería importante cuando menos, impulsar la coordinación de los proyectos estatales existentes en materia de vigilancia y control sanitarios sobre el empleo de productos químicos, derivados de la implantación de la legislación existente en materia de productos químicos en el conjunto de Europa, con el objetivo de avanzar lo más posible en esta materia.

De todas maneras y pese a quien pese, en el Estado español la Ley 31/1995 de Prevención de Riesgos Labora- les (LPRL), establece que los/as trabajadores/as tienen derecho a una protección eficaz en materia de seguridad y salud en el trabajo. Este derecho supone la existencia de un correlativo deber de la empresa de protección frente a los riesgos laborales que, en cumplimiento del deber de protección, deberá garantizar la seguridad y la salud del personal a su servicio en todos los aspectos relacionados con el trabajo, conforme a los principios generales estipulados en su artículo 15. Al mismo tiempo, en su artículo 25, la misma Ley hace referencia a la protección del personal especialmente sensible a determinados riesgos.

Tal y como queda establecido en los artículos 3 y 4 del Reglamento de los Servicios de Prevención, la evaluación de los riesgos laborales es el proceso dirigido a estimar la magnitud de aquellos riesgos que no pudieran evitar- se, obteniendo la información necesaria para que la empresa esté en condiciones de tomar una decisión apropiada sobre la necesidad de adoptar medidas
preventivas y, en tal caso, sobre el tipo de medidas que deben adoptarse.

En el caso de la SQM es característico que la persona afectada desarrolle síntomas al exponerse a niveles en los que el químico está muy por debajo de los rangos establecidos como Límites de Exposición Profesional para Agentes Químicos; viéndose en muchos casos incluso afectada por exposiciones que no son considera- das como riesgos profesionales, pero que pueden desencadenar la sintomatología, a través de la presencia de productos tan variados como perfumes, fragancias, productos de limpieza, papel impreso, obras o mobiliario nuevo en el ambiente de trabajo, entre otros.

El reconocimiento de la SQM como una enfermedad profesional 

A pesar del desconocimiento, la poca visibilidad y el escaso apoyo con el que cuentan los/as trabajadores/as afectados/as de SQM, recientemente la Justicia se puso de parte de los/as afectados/as de esta poco comprendida enfermedad. 

Así, en uno de los casos, el Juzgado del Social nº 3 de Córdoba concedió el 4 de julio de 2013 la Incapacidad Permanente Absoluta a una trabajadora afectada de SQM en contra de lo dispuesto anteriormente por el Instituto Nacional de la Seguridad Social y la Tesorería Nacional d e la Seguridad Social . En este caso la trabajadora demandante, que padecía Sensibilidad Química Múltiple, Síndrome de Fatiga Crónica, Fibromialgia y Trastorno Depresivo Asociado, fue declarada en situación de incapacidad permanente absoluta para todo tipo de trabajo.

En otro caso, el Juzgado de lo Social número 4 de Valencia reconoció a una ex-empleada del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de Valencia, que la Sensibilidad Química Múltiple (SQM) que padece -y por la que quedó incapacitada para trabajar- tiene origen profesional como consecuencia de la exposición continuada a plaguicidas. De esta manera, en una sentencia -datada el 10 de junio del presente año- se estima la demanda interpuesta por una trabajadora del Centro de Investigación para que se le reconociera como enfermedad laboral la dolencia que padecía, y que ella atribuía a que entre agosto de 2004 y septiembre de 2006 realizó tratamientos con plaguicidas, en concreto fitosanitarios, en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas.

La sentencia recoge que en un informe del propio Servicio de Prevención del CSIC, se señalaba que el riesgo de exposición a agentes químicos en dicho puesto era "muy elevado en relación a ocho plaguicidas". En su argumentación, la jueza hace notar que en este caso "no se cuestionan las patologías que presenta la mujer, declarada afecta de incapacidad permanente absoluta, sino el origen laboral de dichas patologías que consisten en síndrome de sensibilidad química, síndrome de fatiga crónica y síndrome de ojo seco, considerando que su origen se encuentra en su exposición a diferentes agentes químicos mientras prestó servicios en el Instituto de Biología Molecular".

Asimismo, la magistrada cree que "sí resulta posible considerar la existencia de enfermedad profesional desde el momento en el que en el período 2004-2006 la trabajadora estuvo en contacto en el invernadero con plaguicidas". "El contacto de la trabajadora con dichos productos se encuentra acreditado documentalmente y a partir de agosto de 2006 se inician las molestias, con un primer proceso de incapacidad temporal, que de hecho, se reconoce por contingencias profesionales precisa- mente por el contacto de plaguicidas; tras la reincorporación a su puesto de trabajo, la trabajadora pasó al laboratorio, donde igualmente se utilizan agentes con frase R asociada al riesgo de vía inhalatoria e incluso en el 2010, cuando pasa a prestar servicios en el almacén, este se encuentra anexo al laboratorio donde emplean los referidos productos químicos", relata la resolución.

En este sentido, añade que "hasta que no se produjo la exposición a dichos productos no consta la aparición de los síntomas en la trabajadora, sin que se acreditara la existencia de una predisposición o patología de base que pudiera inclinar la enfermedad". De hecho, añade, "el informe de valoración médica sitúa el cuadro clínico en 2006". Por consiguiente, "la exposición a los productos fitosanitarios que dan origen a la patología invalidante se produjo en 2004-2006 con independencia de que no sea hasta fecha posterior cuando se efectúe el diagnóstico de SQM". 

En consecuencia, la sentencia -contra la cual cabe recurso de suplicación- estima la demanda de la trabajadora frente al Instituto Nacional de la Seguridad Social, la Mutua y el CSIC, por lo que declara que la incapacidad permanente absoluta reconocida a la mujer tiene su origen en una enfermedad profesional, y condena a los demandados a estar y a pasar por dicha declaración, y al INSS a abonar una prestación equivalente al cien por cien de la base reguladora mensual con las mejoras y revalorizaciones que procedan".

El hecho de que la Sensibilidad Química Múltiple continúe sin ser incluida en el listado de enfermedades profesionales obliga a las personas enfermas como esta extrabajadora del CSIC a recurrir a la vía judicial para estable- cer el origen profesional de su enfermedad y, por lo tanto, el derecho a ver satisfecho el incremento de su prestación que la Ley determina para las enfermedades derivadas de la actividad laboral.

Según diversos especialistas en la materia, estas sentencias son de hecho, las primeras que admiten el origen profesional de un caso de Sensibilidad Química Múltiple".

Es paradójico o cuando no, totalmente inaceptable, que sean las propias instituciones públicas que tienen la obligación legal de velar por el bienestar de los/as trabajadores/as, como es el caso de las Mutuas o la propia Seguridad Social, las que día a día y cada vez con mayor frecuencia, vuelven la espalda a trabajadores y trabajadoras, enfermos/as crónicos afectados por su exposición a tóxicos en sus ámbitos laborales y que terminan viéndose socavados y vulnerados en sus derechos más elementales.

Para ver las sentencias anteriores relativas al reconocimiento de la SQM como enfermedad profesional, puedes visitar la dirección: http://www.cigsaudelaboral.org/


Paginas: 7 y 8

Finalizada la campaña, continúa la polémica

Fumigaciones aéreas

La conselleria de Agricultura y Medio Ambiente defiende el tratamiento contra la procesionaria, mientras que ciudadanos y grupos ecologistas se quejan de sus posibles efectos

16.11.2014

Una avioneta fumigando por distintas zonas
forestales de Mallorca.Diario de Mallorca  
Lluc Garcia Palma Ni las quejas, ni la alarma social, ni las posibles consecuencias medioambientales han podido parar los 61.284,72 litros del producto fitosanitario Dimilin Oleoso B que recientemente se han esparcido desde avionetas y helicópteros sobre las zonas forestales de Mallorca. Las fumigaciones aéreas contra la procesionaria de los pinos que han tenido lugar del 11 al 29 de octubre han causado un gran revuelo entre la sociedad.

Un total de 20.428,24 hectáreas de la isla han sido rociadas por este insecticida que según la conselleria de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio "no es cancerígeno y no afecta a parasitoides ni a otros depredadores, ya que no comen el producto. El insecticida tiene la categoría mínima de afección a los humanos y a la fauna".

A esta declaración, Toni Muñoz –portavoz del grupo ecologista GOB– responde que "el producto con el que han fumigado afecta a cualquier insecto. Si algún parásito se encuentra en un árbol infectado en el momento de hacer la muda o está allí, morirá".

Para realizar la desinfección de la procesionaria en los pinos, el Govern ha llevado a cabo un plan de tratamiento aéreo que "se ha ajustado a la legislación vigente, y fue aprobado por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, por lo tanto es falso que estén prohibidos este tipo de tratamientos", aseveran fuentes de la Conselleria.

Sin embargo, Muñoz no opina lo mismo: "El ministerio dejó que se fumigara mediante aviación, pese a que el sistema aéreo está prohibido en Europa".

Por otra parte, David Abril, diputado del grupo Més, ha mostrado su desacuerdo ante el producto y el tipo de tratamiento utilizado: "Es la propuesta más cara, en total el Govern se ha gastado un millón de euros solo para el producto en Mallorca. En realidad, quien ha salido beneficiado ha sido la única empresa en España que vende este insecticida".

Una vez terminadas las fumigaciones muchos quiere saber si se ha notado algún cambio persistente. "No se conocerán los efectos porque no hay ningún programa de seguimiento", apunta Muñoz. Por su lado, un portavoz de la conselleria de Agricultura prevé que "en febrero o marzo del año que viene se verá cómo ha disminuido la plaga" de las orugas.

Los pinos no han sido los únicos que han entrado en contacto con el producto químico. "Estas fumigaciones han creado un gran impacto social, ya que han fumigado encima de casas, pinares o jardines con medios aéreos", explica Muñoz.

Eduardo Casasnovas, que padece sensibilidad química múltiple, enfermedad que le provoca una mayor afección a este tipo de producto, explica que "los primeros cuatro días que estaban fumigando cerca de mi zona noté una faringitis terrible. No puedo verificar que el motivo sean las fumigaciones, únicamente son los síntomas que tuve. El insecticida avanza a muchos kilómetros, aunque no se huela, nos acabamos intoxicando".

En cuanto a los responsables sanitarios, desde el hospital de Son Espases aseguran que no han atendido a ninguna persona infectada por las fumigaciones.

Protestas

La conselleria de Agricultura, Medio Ambiente y Territorio ha recibido 83 quejas de ciudadanos referentes a las fumigaciones a través de distintos canales.

Varios ayuntamientos de la part forana de Mallorca también han mostrado su rechazo ante este tratamiento. Entre ellos están el de Esporles, que condena la fumigación del pueblo con insecticidas como el Dimilin. El alcalde de Puigpunyent, Gabriel Ferrà, ha protestado contra las fumigaciones aéreas para erradicar la procesionaria. Y el de Pollença también rechaza este tipo de desinfección.

Dentro de su campaña de protesta, miembros de Més per Mallorca realizaron una performance con varios activistas disfrazados de fumigadores delante del Consolat. Entre ellos se encontraba Albert Abad, líder de las juventudes de Més, que critica tanto las fumigaciones como las formas con las que ha actuado el Govern: "No entendemos por qué tienen esta obsesión en hacer este tipo de fumigaciones si existen otras alternativas menos dañinas". Según un comunicado de IniciativaVerds d'Artà, "cincuenta investigadores del Museo de Ciencias Naturales han expresado su rotundo rechazo a una medida que consideran no sólo innecesaria sino también obsoleta y perjudicial para el medio ambiente".

El veterinario
Animales con problemas digestivos

José Angosto, veterinario en Felanitx, se ha encontrado varios casos de perros y gatos con diarreas y vómitos durante la polémica campaña. "En el mes que fumigaron por la zona hubo más animales con problemas digestivos, sin embargo no puedo afirmar que sea debido a este insecticida", matiza.

Los animales que últimamente ha visto afectados con alguno de estos síntomas, no podrá saber cual ha sido su causa porque: "El único caso que tenía más dudas finalmente tenía otro problema", remarca el veterinario, y añade que :"Supongo que es debido a un producto químico que ahora mismo desconozco, porque los animales al cabo de dos días volvían a estar bien".

Desde que los aviones y helicópteros no esparcen insecticida cerca de este pueblo , "los casos de vómitos y diarreas se han parado bastante".

No obstante, el veterinario de José, no ha sido el único que ha visto a sus animales afectados por esta situación. "Otra veterinaria también me comentó que le venían varios casos de animales con problemas estomacales durante el periodo de desinfección de plagas de procesionaria", comenta Angosto.

Sin embargo, quiere dejar en constancia que, "no puedo verificar que todo lo que le han ocurrido a los animales durante estos días lo hayan provocado los insecticidas". lluc garcia

martes, 11 de noviembre de 2014

Los expertos abogan por la agricultura sostenible contra el hambre en África

El auditorio Alfredo Kraus acoge desde ayer y hasta el miércoles el III Congreso Mundial de Nutrición con la presencia de más de mil especialistas de 90 países

Alberto García Saleh 09.11.2014

Un momento de la inauguración, ayer, 
en el auditorioAlfredo Kraus. 
ANDRÉS CRUZ  
Antes de trabajar en la Organización Mundial de la Salud, María Neira fue coordinadora de Médicos Sin Fronteras para los refugiados de El Salvador y Honduras y trabajó como vicepresidenta de la Agencia de Seguridad Alimentaria Española.

Los expertos abogan por la agricultura sostenible como una solución al hambre en África. Esta es una de las principales conclusiones a las que se llegó ayer, en la inauguración del III Congreso Mundial de Nutrición y Salud Pública en el Auditorio Alfredo Kraus, que se desarrollará hasta el 12 de noviembre.

El congreso, que cuenta con la presencia de más de 1.000 especialistas de 90 países, tratará cuestiones como la nutrición infantil, los últimos avances en nutrición o la necesidad de un partenariado entre el ámbito público y el ámbito privado en nutrición. También se abordarán aspectos relacionados con las encuestas alimentarias, la sostenibilidad en los sistemas alimentarios, aspectos económicos relacionados con la nutrición como los impuestos alimentarios, el azúcar, la inmunidad nutricional, la nutrición fetal, la malnutrición en casos de pobreza y en casos del primer mundo, el balance energético, diferentes aspectos de la dieta mediterránea, la hidratación o la nutrición en el espacio.

Saludable

La directora del Departamento de Salud Pública de la Organización Mundial de la Salud, María Neira, señaló, durante la presentación, que la OMS está detrás de los objetivos de desarrollo sostenible que empezarán a funcionar a partir de septiembre del año que viene, y apoyo para sobre todo acabar con la malnutrición y el hambre en el mundo. "En África", señaló, la nutrición y el refuerzo de los sistemas sanitarios nos ayudarán a lidiar mejor con los problemas de salud de muchísimo países. La agricultura sostenible busca poder crear ambiente más saludables".

La miembro del Programa de Alimentos Mundiales de la ONU, Isatou Jallow, fue la encargada de pronunciar una de las lecciones inaugurales sobre La mejora de la nutrición en África y las mujeres. Isatou Jallow trabajó como nutricionista durante ocho años en Gambia. "Durante muchos años he defendido que la nutrición tendría que estar entre los objetivos del milenio para el desarrollo", aclaró. "Hasta entonces nunca ha habido la suficiente voluntad para incluir a la nutrición en la agenda, pero ahora sí y es un área en el que poner más hincapié", añadió.

Jallow recordó que hasta ahora las intervenciones nutricionales se había centrado en la mujer lactante y el niño, pero también había que centrarse en toda la vida de la mujer, en su vida adulta.

El director del Grupo de Nutrición Internacional MRC, Andrew Prentice, ofreció a los asistentes la otra lección inaugural del congreso sobre La investigación en nutrición y su desarrollo en África.

Andrew Prentice también trabaja en Gambia y habló de las dificultades con las que se encuentra. "Soy un científico e investigo la relación entre la alimentación y enfermedad, un ámbito en el que aún hay mucho por descubrir". Prentice recordó que esta investigación se hace en colaboración con 
Estados Unidos y Europa. "Pero no una colaboración a distancia o vía satélite", subrayó, "ya que lo realmente complicado es cómo se construyen estos cambios en el propio país de una forma continuada en los centros de investigación"

El experto recordó un aspecto muy importante publicado en uno de sus trabajos más difundidos en el que se demuestra la influencia de la nutrición materna en el niño ya desde la preconcepción y cómo esta in fluía en su genética para toda la vida adulta. "Ese periodo tan corto de tiempo condiciona la salud del niño para el futuro".

África es, para Prentice, el hogar de los problemas en busca de solución. "Y tecnológicamente, las naciones avanzadas tienen soluciones en busca de problemas, por lo que la fusión de estos dos extremos puede ser beneficiosa para fomentar la investigación y el descubrimiento a nivel mundial".

Para que tenga éxito la investigación nutricional en África, según el experto, primero hay que reclutar a las mejores mentes mundiales con apetito por la ciencia y el descubrimiento: médicos, biólogos moleculares, genetistas, científicos conductuales, programadores informáticos, matemáticos. Sin embargo, el director del Grupo de Nutrición Internacional MRC indicó que "África no debe ser solo un hotel de la investigación" sino que debe negociar en igualdad de condiciones para la investigación de la nutrición. "Esto requiere el fortalecimiento de las instituciones indígenas en todos los niveles de competencias, sobre todo en la gestión financiera, de forma que los organismos otorgantes de subvenciones puedan tener confianza en el desembolso de fondos directos a las universidades e institutos africanos, en lugar de canalizarlos a través de los socios occidentales".

Para Andrew Prentice, "África tiene un enorme potencial sin explotar para la investigación en nutrición", y por eso la ayuda al continente resulta más importante.

“En 2025, la mitad de los niños serán autistas por el glifosato”

Cada año se producen más diagnosis de autismo. ¿A qué se debe? (Stock)

El de la doctora Stephanie Seneff es uno de los nombres más polémicos de la ciencia estadounidense, especialmente después que denunciase que los alimentos genéticamente modificados (OGM) han disparado el número de enfermedades crónicas, así como las alergias alimentarias y otras dolencias como la diabetes, el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis múltiple o el síndrome de colon irritable, entre muchos otros. Los últimos trabajos de esta científica del MIT ponen su foco en el autismo, una enfermedad cada vez más frecuente y de la que, sin embargo, aún disponemos de poca información.

Según la presentación que realizó el pasado mes de junio, el glifosato, componente principal del herbicida Roundup, es el principal causante de que estas enfermedades se hayan disparado de forma tan rápida, así como la intolerancia al gluten. El problema es que dicho herbicida es producido por Monsanto, el mayor fabricante mundial de semillas transgénicas y una de las multinacionales más poderosas del mundo, que ha defendido la seguridad de su producto en su propia página web. Muchos no han tardado en desacreditar la teoría de Seneff, como ocurre con la veterana periodista de nutrición Tamar Haspel en las páginas de The Huffington Post. En dicho artículo, la autora recuerda que no se trata más que pura especulación, no refrendada por ningún dato y, además, desvela que Seneff está especializada en ciencia computacional e ingeniería eléctrica, y que su interés por la alimentación es reciente.

Sea como sea, lo que es innegable es que la prevalencia del autismo ha aumentado sensiblemente durante las últimas décadas, y aún no hemos sido capaces de llegar a un consenso sobre la misma. Actualmente, alrededor de uno de cada 175 niños de todo el mundo nace con este trastorno, aunque varía en cada país. En Estados Unidos, la prevalencia se encuentra actualmente en el 1,5%, mientras que en 1975, tan sólo uno de cada 5.000 niños tenía autismo, según los datos publicados por K. Wintraub en un artículo publicado en Nature. Seneff utiliza este cuadro para trazar su previsión y asegurar que, si el crecimiento sigue estable, para el año 2025 la mitad de los niños podría sufrir autismo. "Al ritmo actual, uno de cada dos niños será autista", anunció en la conferencia celebrada en Groton, Massachusetts.
Uno de los principales problemas con el autismo es que, en la mayor parte de casos, sus causas son desconocidas. Como explicaba dicho artículo de Wintraub, en un 46% es imposible explicar el origen del trastorno, aunque aduce otras razones por las que se haya disparado el número de diagnósticos. Es el caso de que algunos de los que simplemente habrían sido considerados como víctimas de retraso mental ahora se clasifican como autistas (25%) o aquellos que encajan en la descripción por un mayor conocimiento de la enfermedad (15%). No existe un consenso sobre los orígenes de la enfermedad, que se atribuyen tanto a causas genéticas (los hermanos mellizos suelen desarrollar de igual manera la enfermedad) o alteraciones neurológicas.

El estudio presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque la correlación no tiene por qué significar causalidad

Más preocupante aún resulta que el autismo se deba a agentes ambientales, como la exposición a determinadas sustancias durante el embarazo, algo se encontrarían en sintonía con la tesis defendida por Seneff. Esta presenta una correlación casi perfecta entre el aumento de la utilización de glifosatos y la prevalencia del autismo aunque, como de costumbre, la correlación no tiene por qué significar causalidad. Según la teoría de la científica del MIT, el glifosato inhibe las encimas CYP (citopromo p450), activas en muchos procesos metabólicos, y daña la ruta del ácido skihímico, que sin embargo sólo es llevado a cabo por bacterias, plantas, algas y hongos, pero no por animales, algo que sus detractores o la propia Monsanto han planteado como una importante inconsistencia. Seneff aclara, a tal respecto, que la bacteria estomacal sí realiza dicho proceso, y que es necesaria para proveernos con aminoácidos esenciales.
Otra dificultad con la que se encuentran dichas investigaciones es que no han podido demostrar la correlación entre el compuesto y su supuesto efecto pernicioso entre hombres. Pero Seneff recuerda que este efecto es acumulativo, y que es imposible que se refleje en estudios a corto plazo, como los que se han realizado hasta el momento. Tan sólo una investigación a largo término podría demostrar dicha vinculación. El estudio publicado en la revista Entropy y realizado junto a Anthony Sampel fue calificado como “falaz” por un artículo en The Examiner, que recordaba que este no había aportado ninguna información, sino que se había limitado a revistar otros estudios previos, algunos de los cuales habían sido desacreditados, como aquel en el que Gilles-Eric Sérallini aseguraba que las comidas genéticamente modificadas provocaban la aparición de tumores en ratas.

La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura

El glifosato, explican los investigadores, puede encontrarse en la orina y en la sangre de las embarazadas. En Estados Unidos, estos niveles son 10 veces superiores a los de Europa. Y algunos de los biomarcadores del autismo como el mal funcionamiento de la bacteria estomacal, la deficiencia en metionina, el desorden mitocondrial o el síndrome de deficiencia de la aromatasa pueden ser producto de una única causa, el tan peligroso glifosato. En una entrevista con Alternet, Seneff aclaraba que en Sri Lanka o El Salvador, muchos trabajadores del campo morían jóvenes de problemas renales causados por el glifosato, lo que ha provocado su prohibición en dichos países. La única solución, para Seneff, es esa: prohibir por completo la utilización del glifosato en agricultura.

Como cada vez que aparece una disputa semejante, es complicado saber quién tiene razón y quién no, y sobre todo, hasta qué punto. Ni siquiera un experto en química y nutrición podría asegurar la falsedad o verosimilitud de dichas investigaciones sin dedicarse, por su cuenta, a investigarlo, y ni aun así llegaría a una conclusión definitiva. Además, siempre quedará la sospecha de la influencia que grandes corporaciones ejercen no sólo sobre diversos científicos a nivel individual, sino también cómo esto condiciona a la comunidad científica en general. Mientras tanto, el número de autistas, probablemente, seguirá creciendo.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

¿Comer sano es de ricos?

Comer sano es buenísimo para la salud, pero hace daño al bolsillo. El pasado octubre, un estudio del Centro para la Investigación de la Dieta y la Actividad (CEDAR) de la Universidad de Cambridge (Reino Unido) reveló que la diferencia de precio entre los alimentos considerados saludables y los que no lo son es cada vez mayor. Los responsables de este estudio tomaron como muestra 1.000 calorías procedentes de varios lotes de alimentos saludables (salmón, latas de atún, leche semidesnatada, tomates, yogures) y los compararon, calculadora en mano, con 1.000 calorías de comida poco saludable (pizza congelada, beicon, refrescos de cola, donuts, helados). El primer lote costaba de media 9,53 euros, mientras que el segundo se podía adquirir por solo 3,18. O lo que es lo mismo, una diferencia de 6,35 euros; diez años antes, esta era solo de 4,94 euros.

Ese creciente margen ha provocado que, en tiempos de crisis, aumente el consumo de alimentos económicos (que con frecuencia son los menos saludables). Esther Vivas, profesora del Máster de Agricultura Ecológica de la Universidad de Barcelona, coautora del informe Impacto de la crisis en el derecho a una alimentación sana,publicado por la revista científica de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) Gaceta Sanitaria el pasado junio, y artífice del libro El negocio de la comida, que se publica este mes, confirma que esto es así y lo expresa de forma categórica: “Hay una cuestión de clase social que determina la alimentación. Hay comida para ricos y comida para pobres”.

En su informe para SESPAS, que Esther Vivas firma con el profesor de Sociología Josep María Antentas, confiesa que era una situación previsible. “Los estudios sobre la crisis económica asiática a finales de la década de 1990 muestran que las familias reducen primero el gasto en los alimentos más caros, como los de origen animal, la fruta y la verdura”, expone.

¿A qué es debida esta asincronía en los precios? Esther Vivas apunta a que las instituciones, a la hora de destinar sus ayudas, inclinan la balanza del lado de las grandes empresas que producen alimentos de forma industrial, propiciando que el precio de estos pueda mantenerse bajo. “Los vínculos entre la administración pública y las grandes empresas privadas son muy estrechos: lo estamos viendo con el sistema bancario o las constructoras. También en agricultura y alimentación”, asegura Vivas. “Las ayudas a la agricultura benefician a los grandes empresarios y no al pequeño campesino, y mucho menos a la agricultura ecológica”.

El estudio de la Universidad de Cambridge no entra en las posibles causas de esta tendencia en los precios, pero sí recuerda que la política agrícola del gobierno del Reino Unido ha venido subvencionando la producción de lácteos, granos, aceites y azúcar, lo que ha provocado una notable reducción en el consumo de otros productos sin subsidios, como frutas y verduras.

A finales de 2013, otro estudio similar realizado por investigadores de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) señaló como posible causa la influencia de décadas de políticas agrícolas que han favorecido la producción y venta de productos alimenticios altamente procesados para obtener la máxima rentabilidad. Ese mismo informe sugería que subvencionar los alimentos sanos y gravar los poco saludables sería una buena forma de corregir el desequilibrio en los precios y empujar a la gente hacia una dieta más saludable.

Muchos de los alimentos más sanos proceden de la pequeña agricultura o ganadería, sujetas a unos costes elevados. “La producción de alimentos en el campo es menor, porque se tiende a no forzar la naturaleza. Cada tierra vale para una cosa. No se utilizan fertilizantes ni herbicidas”, explica Ana Isabel López, técnico agrario y socia de Ecogermen, una cooperativa creada por consumidores de Valladolid que se unieron para comprar comida de calidad directamente a los productores.

Una cuestión de educación

Los expertos detectan también un problema de educación: estamos “programados” para preferir la comida menos saludable. “No nos enseñan a comer bien”, sostiene Esther Vivas. “La sociedad promueve la comida barata y rápida y esto impacta en capas sociales con menos recursos e inquietudes. De hecho, las comunidades autónomas con mayores índices de paro concentran las cifras más altas de población con exceso de peso”.

"Creemos que decidimos lo que comemos, pero en realidad comemos lo que nos dicen. Entre un 25 % y un 55 % de lo que compramos en el supermercado tiene un carácter impulsivo, viene determinado por impactos y marcado por lo que hemos visto anunciado en la televisión”, dice Vivas.

Las administraciones públicas tienen capacidad para solucionarlo, pero según la especialista se quedan en la teoría. “Se elaboran programas basados en consejos y pautas pero fallan cuando se trata de poner los medios para que se lleven a la práctica”. Y pone como ejemplo los comedores escolares. “En vez de promover en ellos la alimentación saludable se conciertan acuerdos con empresas de catering que elaboran sus menús con alimentos que en muchos casos dejan bastante que desear, como por ejemplo, los congelados”.

Ana Isabel López, de Ecogermen, coindice: “Nos han enseñado que hay una sola forma de consumir. Y existen otras que a veces no son más caras, pero sí requieren un esfuerzo por nuestra parte”.

Su salud se lo agradecerá

Cuando comer sano implique rascarse la billetera, conviene pensar que estamos invirtiendo en salud, Una consecuencia evidente del hecho de que los alimentos más sanos sean inaccesibles para un amplio sector de la población es que genera desigualdad social en el ámbito de la nutrición, así como un aumento de enfermedades derivadas de la alimentación y, a su vez, del gasto público para curarlas. “Vivimos en un mundo de obesos y famélicos”, subraya Esther Vivas. “Hay tanta gente en el planeta con sobrepeso como con problemas de desnutrición”.

Conseguir alimentos saludables a un precio razonable es posible, aunque no tan fácil como hacerlo en el súper de la esquina: es a eso a lo que se refiere Ana Isabel López cuando dice que requiere “un pequeño esfuerzo”. Hay que investigar y, a veces, organizarse. Un modo de hacerlo es a través de una cooperativa de consumidores. Al ser comida adquirida directamente al productor, los costes se abaratan. Por ejemplo, en Ecogermen, un kilo de coliflor cuesta 1,70 euros, y de calabacines, 2,30.  Eso sí: hay que desplazarse hasta su tienda de Valladolid o a la ciudad donde la cooperativa tenga su sede. Si quiere primar el criterio de la cercanía, otra opción es la de los grupos de consumo, vecinos que se unen en la búsqueda de productos locales, ecológicos y de temporada. Algunos surgieron del impulso del movimiento 15-M. Descartan hacer la compra en supermercados y grandes superficies y contactan directamente con los productores. En ocasiones, adquieren un terreno y lo explotan ellos mismos. Solo en Madrid capital se han fundado cerca de cincuenta grupos de consumo; más de treinta, entre grupos y cooperativas, en Barcelona. Y siempre será de gran ayuda entender la etiqueta de todos los productos que adquiera. Porque comer saludable no es un capricho, sino un pilar imprescindible para el bienestar humano.