Se cumplen 20 años del nacimiento de
los medicamentos genéricos, pero la industria emplea diversas
estrategias para seguir dominando el mercado.
Hasta el 30 de diciembre de 1996, los
medicamentos genéricos no suponían ninguna amenaza para la gran
industria farmacéutica en España, simplemente porque no existían.
Veinte años después, la venta de
estos medicamentos, cuyo principio activo y efectividad es
exactamente igual al del fármaco de marca y que se producen una vez
éste ha perdido la patente, supone el 40% del mercado en número de
unidades.
Sin embargo, sigue estando muy por
debajo de la media europea, que se sitúa en torno al 60%. Y es que
la industria farmacéutica se ha armado de distintas estrategias para
no perder un mercado que le reporta miles de millones en beneficios.
Aunque las encuestas de los últimos
años muestran que un 80% de la población confía ya en los
genéricos, las campañas de desprestigio han sido constantes, sobre
todo desde que la Ley 29/2006 fomentara la prescripción por
principio activo y el Real Decreto Ley 9/2011 impusiera su
prescripción obligatoria, lo que obligaba a las farmacias a
dispensar el medicamento más barato.
"Entonces empezó el ataque de la
industria farmacéutica. Hasta entonces el genérico no era
competencia para la industria porque la mayoría de médicos recetaba
por marca", dice a Diagonal Abel Novoa, médico presidente de la
plataforma NoGracias.
"Existe la idea de que los
genéricos ‘no cumplen’ los mismos criterios de calidad que los
medicamentos de marca, lo que es falso. Desde luego, gran parte de
esa falsa creencia se debe a la presión constante de la industria de
medicamentos de marca, que ve amenazado su monopolio de facto por los
genéricos", dice Mercedes Pérez-Fernández, responsable de
ética de la Red Española de Atención Primaria y miembro del Equipo
CESCA.
Lo cierto es que un medicamento de
marca y su genérico tienen el mismo principio activo, y que el "20%
de variabilidad" por el que se los ataca no se refiere ni al
principio activo ni a la efectividad, sino a la absorción. Una
variabilidad que puede darse en genéricos pero también entre dos
lotes del mismo fármaco de marca, y que no afecta a nivel clínico.
En 2014, un estudio realizado por la
UNED concluía que existía en internet "una estrategia de
comunicación explícita con un objetivo muy claro: generar
percepciones de riesgo a su alrededor para frenar su aceptabilidad
social".
Para ello, la industria ha utilizado a
asociaciones de pacientes y consumidores, dice Novoa. Pero también,
y sobre todo, a las sociedades médicas. "Casi todas las
sociedades médicas dependen de las industrias farmacéuticas,
alimentarias, de gestión y tecnológicas para sus actividades. En
general, dichas industrias cubren el 90% y más de los presupuestos
de dichas sociedades. Quien paga manda, y por ello las sociedades
actúan de 'delegados comerciales ilustrados' de las industrias de
medicamentos de marca. Son la voz de su amo, lo que nosotros llamamos
'suciedades' científicas", añade Juan Gérvas, profesor
visitante en la Escuela Nacional de Sanidad, del Equipo CESCA y
NoGracias.
"Además, los médicos no tienen
por qué aprenderse los 'nombres de fantasía', y las industrias no
tienen por qué 'ligar' ese nombre a la corrupción del pago de
regalos, invitaciones, formación continuada y demás", añade
este médico en referencia a los regalos y beneficios que los médicos
reciben de las farmacéuticas con la intención de que prescriban sus
medicamentos.
Pero a la industria no le basta con
deslegitimar los medicamentos genéricos. Tienen diversas
estrategias, como "pagar a las empresas de genéricos para que
no saquen genéricos o para que los retrasen, y así pueden seguir
explotando en exclusividad aunque haya caducado la patente",
indica Novoa.
O, como añade Miguel Jara, del Bufete
Almodóvar & Jara, especializado en análisis de medicamentos,
"demandar por sistema a otros laboratorios que osen fabricar
productos similares a los suyos, lo que ocurrió en India con el
fármaco Glivec, aunque un tribunal dio la razón a los laboratorios
que habían hecho la copia porque la ley india de medicamentos sólo
permite patentar las verdaderas novedades". Pero una de sus
principales estrategias en los últimos años, y la más silenciosa,
ha sido la de 'alargar' la vida de las patentes, que tienen una
duración de 20 años.
'Evergreening' y 'me-too'
Me-too, "yo también". Quizá
no haya oído hablar de ellos, pero lo más probable es que los haya
consumido o los vaya a consumir en algún momento, todo por el bien
de la industria farmacéutica. "Ahora mismo la mayoría de los
medicamentos son me-too –dice Abel Novoa–. Son el 60% de todos
los medicamentos en el mercado y los más prescritos, más del 80%
del gasto se va en ellos".
El problema de los me-too es que no
curan más que los ya existentes, no suponen apenas innovación y son
mucho más caros. "Cuando va a extinguirse la patente de un
fármaco, la farmacéutica saca otro sin novedad terapéutica pero
con algún cambio insustancial que las autoridades sanitarias les
aprueban como si fuera nuevo, y por lo tanto bajo patente. Consiguen
así 'alargar' la vida en monopolio del ya existente", dice
Miguel Jara.
Forman parte, como denunciaba en mayo
el Consejo Estatal de Estudiantes de Medicina (CEEM), "del
fenómeno de evergreening o reverdecimiento, que consiste en mantener
bajo patente un compuesto de forma indefinida encadenando diferentes
patentes sobre el mismo, ya sea a través de pequeños cambios
químicos o adjudicándole nuevas indicaciones".
A menudo se trata de pequeñas
modificaciones en la formulación: la versión bucodispensable o
líquida de un fármaco en píldoras, por ejemplo. Otra son pequeños
cambios en la molécula, como ocurre con el esomeprazol, patentado
con la marca Nexium, que es la imagen especular de la molécula del
protector gástrico omeprazol. "De hecho es omeprazol, pero
cuesta 20 veces más. Nos gastamos 100 millones de euros al año en
pagar medicamentos iguales que el omeprazol pero mucho más caros. Si
lo prescribe un médico, como no tiene genérico, la farmacia tiene
que dispensarlo", dice Novoa.
Gérvas mantiene que "son
medicamentos me-too aproximadamente el 90% de los que se financian
públicamente. Es decir, se podría ofrecer excelente medicina e
innovación con el 10% de los medicamentos, y con la aprobación de
las novedades que aportan beneficios para la salud de los pacientes.
En 2014 sólo se aprobaron tres medicamentos que fueron verdadera
innovación".
Además, como denuncia la asociación
Farmacríticxs, los me-too, aunque no suponen una innovación,
absorben la mayoría de los recursos en I+D a pesar de que "están
dirigidos al 10% de la población mundial, es decir, a los países
desarrollados que pueden permitírselos".
Desde CEEM denuncian que este modelo
"ignora las principales cargas de enfermedad", ya que en la
última década "sólo el 25% de los fármacos comercializados
han presentado algún beneficio terapéutico con respecto a los
existentes". Quedan olvidadas las epidemias que asolan los
países más pobres, como sida, malaria, tuberculosis, etc., o las
enfermedades raras, que no suponen beneficios para la industria.
Pelotazos
Así, aunque los genéricos cada vez
ganan más peso y se calcula que su prescripción está ahorrando del
orden de los mil millones de euros al año en España, son los
medicamentos de marca, sean me-too o novedosos, los que se llevan una
mayor tajada del presupuesto en sanidad.
El gasto público en recetas en 2015
fue de 10.106 millones de euros, casi 2% más que el año anterior,
mientras que el gasto farmacéutico hospitalario fue de 6.668
millones, con un 26% de incremento. Este aumento vertiginoso se debe
en parte a los casi 1.100 millones que se desembolsaron a la
farmacéutica Gilead para tratar ese año a 60.000 pacientes con
hepatitis C con el fármaco sofosbuvir, marca Sovaldi, que cuesta en
nuestro país unos 13.000 euros por paciente (empezó en 43.000).
Licencias obligatorias
La OMS permite que los países emitan
"licencias obligatorias", es decir, encargar a un
laboratorio nacional la fabricación de un genérico, saltándose la
patente de un medicamento, cuando se trate de una cuestión de salud
pública.
Si el Gobierno español lo hubiera
hecho, "habría permitido tratar a los 60.000 pacientes por 12
millones de euros, o a los 700.000 infectados que se calcula hay en
el país por 140 millones", indican desde la Coordinadora
Antiprivatización de la Sanidad (CAS Madrid).
Pero "España no se ha atrevido,
porque Europa no nos ha dejado, porque la industria ha presionado
muchísimo, etc., pero Marruecos sí lo ha hecho, y allí cuesta cien
euros", dice Novoa.
Así, explica este médico, el elevado
precio del producto en España hace que se hayan establecido
condiciones restrictivas para el acceso al mismo: "Los estadios
iniciales de cirrosis no entran en principio, sólo las cirrosis
avanzadas. Esto ha provocado que muchos pacientes estén haciendo
turismo a Marruecos y Egipto para que les pongan el tratamiento
completo de sofosbuvir".
Sovaldi ha sido el gran negocio de
Gilead, que en 2014 obtuvo 13.300 millones en beneficio, un 285% más
que el año anterior, 10.000 de ellos por el fármaco anti-hepatitis
C.
Aunque las farmacéuticas justifican el
precio de los medicamentos por la "inversión en la
investigación", "casi todas las patentes provienen de
estudios financiados con dinero público en instituciones
universitarias y de investigación que todos apoyamos con nuestros
impuestos. En realidad, la industria farmacéutica ha dejado de
innovar, se limita a comprar lo que hacen los demás, generalmente
con financiación pública", dice Mercedes Pérez-Fernández.
Los últimos estudios apuntan a que los
gobiernos financian el 84% de la investigación, frente a un 12% de
los laboratorios. Además, en el caso del sofosbuvir, muchos ponen en
duda la patente, ya que está basado en un anticanceroso ya
existente.
Y el sofosbuvir no es el único con un
precio exorbitante. Ocurre lo mismo con muchos nuevos medicamentos
anticancerígenos, algunos de los cuales no muestran muchas mejoras
con respecto a los ya existentes, indica Gérvas. "Desde luego,
algunos medicamentos tienen un uso adecuado, pero los precios
exorbitantes no se justifican en ningún caso", añade.
Un proceso oscuro
Aunque en España existe un sistema de
precios de referencia, que establece el precio máximo que el Sistema
Nacional de Salud va a pagar por un medicamento incluido dentro de un
grupo, cada vez que un nuevo fármaco sale a la luz se produce una
negociación entre la Comisión Interministerial de Precios de los
Medicamentos y el laboratorio farmacéutico.
"Si el Estado es el máximo
cliente, tiene capacidad de negociar, pero el proceso de negociación
con las empresas es oscuro, muy poco transparente. Las empresas ponen
el precio de una manera aleatoria, que no tiene que ver con lo que
les ha costado desarrollar el medicamento", dice Novoa, que
añade: "La industria juega sus cartas, de presionar, de
convencer a los gobernantes de que necesitan que los medicamentos
sean caros para poder seguir investigando, estas cosas que sabemos
que no tienen que ver con la realidad, y consiguen que los gobiernos
acepten precios que están muy por encima del valor del fármaco".
Por todo ello, indica Pérez-Fernández,
"por filosofía y ciencia, por conciencia y economía, lo
conveniente es un mercado fuerte de genéricos, y de ahí la
necesidad de su utilización preferente".